Predicaciones escritas, sermones, bosquejos, cristianos
Sed imitadores de mí
¿Cuántos aquí se han perdido alguna vez? Hago esta pregunta porque no todos tenemos el mismo sentido de orientación que otros. Existen personas que a pesar de recibir instrucciones específicas de cómo llegar a un lugar, se pierden. Eso no es debido a que la persona sea menos inteligente que otra, sino más bien se debe a la indecisión, especialmente si nos encontramos en un área o región desconocida. En otras palabras, en ocasiones llegamos a lugares donde tenemos que hacer una decisión; es decir, tendremos que cambiar nuestro rumbo, porque de no hacerlo entonces nos encontraremos en el camino equivocado. ¿Qué sucede entonces?
Tres cosas pueden suceder. Número uno; nos atrasamos en llegar a nuestro punto de destino, y si tenemos una cita importante con alguien, llegar tarde nunca deja una buena impresión. Número dos, alargamos el camino, y dependiendo que ruta tomemos esto significa que sufriremos en los tranques de trafico que se forman de buenas a primera, y que nos puede causar frustración. Número tres; nos perdemos completamente, y nunca llegamos a donde teníamos que llegar. ¿Le ha sucedido esto a alguien alguna vez? Yo creo que esto le ha sucedido a tantas personas en el mundo, sean cristianas o no, que este fue el motivo por el que inventaron los dispositivos de posicionamiento global, y la razón por la que han tenido gran éxito en el mundo entero. Así que hoy deseo que enfoquemos el estudio bíblico de hoy en nuestro dispositivo de posicionamiento global.
Vamos a basar la predicación de hoy en el tema del camino de la vida. El mundo está lleno de personas, pero todas las personas en el mundo están limitadas a solo dos caminos. En el mundo existen numerosas autopistas, calles, avenidas, y rutas que nos pueden llevar a un punto de destino. Sin embargo, el ser humano, sea cristiano o no, al final de todo solo tiene dos caminos a escoger en el camino de la vida.
El tema de hoy les puede sonar un poco fuerte, pero tenemos que completamente entender, que en esta vida solo existen dos caminos que podemos tomar. Tenemos que comprender que a pesar de que existen numerosas rutas, autopistas, y calles en el camino de la vida, como cristianos nosotros no tenemos alternativas, para nosotros solo existe un camino en el que debemos y tenemos que transitar. Vamos a abrir ahora nuestra Biblia para dar inicio a la predicación de hoy, y descubrir el mensaje que Dios tiene para Su pueblo.
Sed imitadores de mí - MP3
La razón principal es porque queramos admitirlo o no, la mirada del mundo está puesta en cada uno de nosotros. Todos los cristiano somos personas influénciales en este mundo. Quizás esto es algo que no deseemos, ya que existe un incontable número de personas que no desean ser el centro de atracción, o lideres, pero de la manera que los cristianos vivimos y actuamos influencian a otras personas. Nuestros hijos, familiares y amistades todos son influenciados según nuestro comportamiento. Es por eso que nosotros tenemos que trazar nuestros caminos cuidadosamente.
En el versículo 17 Pablo nos dice: “…Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros…” Pero, ¿qué quiere decir esto?
El Opossum y Sus Acompañantes
La noche había aparecido súbitamente y Lelo Boqueletau, quien aun estaba muy afectado por el impacto de la lección recibida tras el incidente con el gato de Arfili, su esposa, recordó que el siguiente día sería jueves de recogida de basura y reciclaje en su vecindad. Dejando a un lado la computadora, se puso en función de este quehacer antes que su cónyuge se lo tuviera que señalar. Así fue como llegó al pasillo lateral del patio de la casa donde se encontraban los dos contenedores, el de la basura y el del reciclaje, ambos atiborrados de deshechos. “El de la basura es más grande, déjame salir primero de éste.” –Dijo Lelo por sólo una simple elección.
Abrió la portada del patio completamente para tener suficiente espacio al pasar el contenedor y tiró de éste hasta llegar a la línea donde se unen la calle y el césped de la casa, lugar donde él solía colocarlo. Entonces fue cuando escuchó un alarido de dolor, como de una persona que se quejase con lamentos verdaderamente indecibles. De pronto pensó que fuera alguien herido y necesitado de ayuda. La noche era oscura pero la luz de la farola de la ciudad, a cierta distancia, le facilitó en algo la visibilidad. El espectáculo que Lelo presenciaba era triste e indescriptible: Sobre la misma calle, sentado sobre sus patas traseras en medio de un charco de sangre y babaza; con el cuerpo erguido y su mirada hacia arriba… un opossum adulto clamaba desesperadamente por auxilio. Esperaba, seguramente, que alguno de los suyos viniera a rescatarlo; sin embargo, en lugar de estos, cuatro melancólicos gatos lo rodeaban. Lelo observaba la escena sin poder salir del asombro. Primero pensó que los gatos se comerían al opossum y esperaban que éste expirara para comenzar su festín. Quiso espantarlos, pero se detuvo al verlos ante una rara situación que los mantenía exánimes, patéticos y expectantes.


