El creyente a medias
Sentado sobre el borde de la cama, el creyente a medias
tomó los zapatos para calzarse mientras observaba que
las uñas de sus pies estaban más crecidas de lo normal.
-A
veces pienso que Dios no es todo lo perfecto que se
dice. Yo amo al Señor; pero de cuando en cuando
múltiples preguntas sin respuestas me abordan la mente.
Reconozco que las uñas de las manos juegan un gran
papel; sin ellas no podríamos recoger minúsculas
partículas, rascarnos cuando nos pica la piel, etc. En
cambio, ¿para qué sirven las de los pies? Me parece que
Dios, antes de la creación, no tuvo en cuenta que éstas
sólo nos darían dolores al tropezar con algún objeto.
Con un gesto de desaprobación, movió la cabeza
negativamente para terminar de calzarse. Se puso las
medias, después los zapatos y por último se ajustó los
cordones. Se dejó caer hacia atrás sobre la cama y
continuó meditando sobre las imperfecciones de Dios.
-Pienso que las muelas cordales son piezas que están
demás en la boca. El apéndice, por ejemplo, a muchos se
les extrae y continúan su vida perfectamente bien. ¿Y
qué me dicen del bazo? Resulta que los que se deshacen
de este órgano se sienten con más aire para hacer sus
ejercicios.
Comenzó a notar una vibración dentro del zapato del pie
derecho; pero no le dio importancia pensando que
experimentaba algún calambre debido a la presión del
muslo contra el borde de la cama. Pronto sintió que algo
húmedo cubría los dedos de ese pie y esto último hizo
que revisara con urgencia lo que estaba ocurriendo. Por
unos instantes permaneció atónito viendo que un alacrán
se desvanecía agotando todo su veneno tras la inútil
tarea de aguijonear la impenetrable uña del dedo gordo
del pie. Cuando pudo reaccionar, dijo:
-¡Dios es perfecto!
Amado lector, no sea un creyente a medias, Dios es
perfecto. Mateo 5:48 -
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que
está en los cielos es perfecto.
© Copyright Antonio
J. Fernández