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El Camillero y el Huérfano
Conectado a Dios rogando,
En camilla y con esmero
Llevaba el buen camillero
Al joven que iba llorando.
Casi al entrar al quirófano,
Una luz iluminó
Al camillero que oró
Por el pobre joven huérfano.
“¡Bisturí!”, habla el cirujano;
Una enfermera asistente
Accede muy complaciente,
Cuando alguien paró su mano.
“¡Se disparó la presión!”
Advierte el anestesista
Quien no perdía de vista
Un paro del corazón.
Detienen la operación
Para al joven rescatar,
Afuera alguien sin cesar
Ofrece su corazón.
No se encontró otra salida
Que tener que trasplantar,
Para poderle salvar
Al triste huérfano su vida.
Y ya en su convalecencia
No olvidó a su camillero,
Al gallardo caballero
Que actuaba con indulgencia.
Extraña la coincidencia
Que quien a él muy fiel le fue
No estuviera ahora de pie,
A su lado con paciencia.
“¿Qué hay de aquel guardián sincero?”;
Sin entender preguntó
El que un corazón cobró
De un humilde camillero.
Podría parecernos inverosímil el hecho sobre
el cual se basa el mensaje de estos versos; pero la historia
nos dice que muchos han ofrendado sus vidas para otros
vivan, y el caso más notorio es éste:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su
Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna.
Juan 3:16
© Copyright Antonio J.
Fernández |