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Dios no se equivoca
En
ocasiones nos llegan situaciones verdaderamente
difíciles y no sabemos por qué, ni mucho menos cómo
enfrentarlas. Generalmente nos olvidamos de que el
propósito de Dios para con nosotros, es siempre el
mejor, aunque en el preciso momento no alcancemos a
entenderlo.
Como
una solución al problema, debe estar presente la fe y
confianza a Dios que ya sabemos que nunca se equivoca.
Él quiere que le entreguemos todas nuestras cargas, y si
éstas quedarán en sus manos, de seguro que todo saldrá,
no como queremos, posiblemente; pero si de manera
perfecta, porque todo lo que Dios hace, es perfecto.
He
recibido algo alegórico a este tema desde Cuba, que me
han enviado los hermanos Luisito y Margarita, y que
además quiero compartir con ustedes. Por esto lo estoy
reflejando exactamente como lo recibí.
Dios
no se equivoca.
Hace
mucho tiempo, en un reino distante, un monarca no creía
en la bondad de Dios. Tenía, sin embargo, un súbdito que
siempre le recordaba acerca de esa verdad. En todas las
situaciones decía:
¡Rey
mío, no se desanime, porque todo lo que Dios hace es
perfecto. El nunca se equivoca! Un día el rey salió a
cazar junto con su súbdito, y una fiera de la jungla le
atacó. El súbdito consiguió matar al animal, pero no
evitó que Su Majestad perdiese el dedo meñique de la
mano derecha. El rey, furioso por lo que había ocurrido,
y sin mostrar agradecimiento por los esfuerzos de su
siervo para salvarle la vida, le preguntó a este:
Y
ahora, ¿qué me dices? ¿Dios es bueno? Si Dios fuese
bueno yo no hubiera sido atacado, y no hubiera perdido
mi dedo.
El
siervo respondió:
Rey
mío, a pesar de todas esas cosas, solamente puedo
decirle que Dios es bueno, y que quizás eso, perder un
dedo, sea para su bien. Todo lo que Dios hace es
perfecto. ¡El nunca se equivoca!
El
rey, indignado con la respuesta del súbdito, mandó que
fuese preso a la celda más oscura y más fétida del
calabozo.
Después de algún tiempo, el rey salió nuevamente para
cazar, y fue atacado, esta vez, por una tribu de indios
que vivían en la selva. Estos indios eran temidos por
todos, pues se sabía que hacían sacrificios humanos para
sus dioses. Inmediatamente después que capturaron al
rey, comenzaron a preparar, llenos de júbilo, el ritual
del sacrificio. Cuando ya tenían todo listo, y el rey
estaba delante del altar, el sacerdote indígena, al
examinar a la víctima, observó furioso:
¡Este
hombre no puede ser sacrificado, pues es defectuoso! ¡Le
falta un dedo!
Luego, el rey fue liberado. Al volver al palacio, muy
alegre y aliviado, liberó a su súbdito y pidió que fuera
a su presencia. Al ver a su siervo, le abrazó
afectuosamente diciendo:
¡Querido siervo, Dios fue realmente bueno conmigo! Tú
debes haberte enterado que escapé justamente porque no
tenía uno de mis dedos.
Pero
ahora tengo una gran duda en mi corazón: si Dios es tan
bueno, ¿por qué permitió que estuvieses preso, que tanto
lo defendiste?
El
siervo sonrió, y dijo:
Rey
mío, si yo hubiera estado junto con usted en esa caza,
seguramente habría sido sacrificado en su lugar, ¡ya que
no me falta ningún dedo! Por lo tanto, acuérdese
siempre: ¡todo lo que Dios hace es perfecto, él nunca se
equivoca!
"Y
sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les
ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su
propósito son llamados."
Romanos 8:28.
© Copyright Antonio J.
Fernández |