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La vid y el labrador

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Así que no se puede decir que somos cristianos al no ser que un cambio drástico suceda en nuestra vida. Pero les advierto desde ahora que Cuando  esto sucede, pronto seremos etiquetados como fanáticos religiosos. Para realmente ser cristiano, un cambio drástico tiene que suceder en nuestra vida. Digo esto porque cristiano genuino, una persona que verdaderamente ha experimentado un encuentro con Jesucristo es una persona completamente cambiada.  Una persona que ha hecho un compromiso genuino con Dios es una rama de la vid que no deja de llevar frutos. Pero, ¿qué es el fruto? El fruto de todo creyente genuino es nuestro testimonio. El fruto de todo creyente genuino es de la manera que nos comportamos y actuamos. El fruto de un Cristiano genuino es tener la fortaleza para decir NO Cuando  a nosotros lleguen las tentaciones. El fruto de un Cristiano genuino es el permitir que la gloria, misericordia y poder de Dios sea reflejado en todo lo que hacemos. El fruto de un cristiano genuino es cumplir con la misión que el Señor nos ha encargado. El fruto de un Cristiano genuino es servir de luz en éste mundo de tinieblas. Pero nada de esto le es posible a una persona que solo profesa ser cristiano. Para que estas cosas sean posibles, para que podamos llevar frutos, tiene que existir un compromiso genuino con Dios. De no tener un compromiso genuino, de no mantenernos en comunicación con Dios constante, entonces sepamos que: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará”.

Segundo. Como les dije al inicio, existen muchas personas que no entienden por qué existen ocasiones por las que atravesamos que nos producen dolor. Existen muchos creyentes genuinos; en otras palabras, existen muchos creyentes que dan buenos frutos pero que no comprenden porque les toca sufrir por una situación o situaciones. Si has encontrado que esto te ha pasado a ti, te digo en el día de hoy que el dolor por el que estás pasando o has pasado no es necesariamente porque tu vida está siendo atacada por los poderes de las tinieblas. Si al examinar tu vida encuentras que has hecho un compromiso genuino con Dios y que le eres fiel, entonces regocíjate en medio del dolor. Regocíjate porque Dios esta haciendo en ti algo mayor. ¿Cómo así pastor?  La respuesta la encontramos aquí cuando leemos: “y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.”  Como les dije al inicio, la obra del labrador es cuidar y mantener la viña. Dentro de ésta responsabilidad cae la tarea de cortar toda rama que no está dando fruto, y podar aquellas ramas que dan frutos para que se fortalezcan y den aun mejor fruto. Las ramas fructuosas no son cortadas, son podadas para promover mayor crecimiento y productividad.

Deseo que nos fijemos en un aspecto aquí que es de suma importancia; éste aspecto es el hecho de que el Señor nos dice que todos necesitamos ser limpiados. Todos sin excepción de uno necesitamos que Dios ponga Su mano en nuestra vida, y que pode de nosotros esas cosas que nos detienen. Fíjense bien como nos dice el Señor aquí cuando leemos: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.” Con esto aquí Jesucristo nos deja saber que una vez que le aceptamos como nuestro Rey y Salvador, que una vez que permitimos que Su palabra penetre en nuestro corazón, Él nos redime, Él nos justifica, Él nos limpia, pero que el proceso de ser un cristiano genuino no se detiene ahí. Recordemos que el labrador de una viña no solamente siembra la semilla; el labrador de una viña tiene que siempre estar revisando y dando un mantenimiento a la viña si desea la viña sea fructuosa. Nuestro Padre celestial en su infinita gracia y misericordia es igual. Día tras día Él cuida de nosotros; día tras día Dios obra en nuestra vida, y va podando de nosotros esas cosas que detienen nuestro crecimiento, va podando esas cosas que nos sirven de piedra de tropiezo y corrompen nuestro testimonio. Pero esto es algo que en ocasiones nos puede causar dolor. Digo esto porque la realidad de todo es que no es fácil perder a una amistad de muchos años; no es fácil ser repudiado por nuestros familiares; no es fácil ser repudiado por nuestros hijos; no es fácil soportar burlas y palabras ofensivas, y todo por el simple echo que ahora seguimos a Jesús.  Nada de esto es fácil, y todo es doloroso, pero recordemos que Jesús sufrió mucho más que todo esto en la cruz por ti y por mí. Pero sé que siempre nos preguntamos: ¿cómo podemos soportar todo esto? ¿Cómo podemos pasar por estas dolencias sin que nuestra fe sea afectada?

Para poder soportar los dolores y continuar llevando frutos existe una condición que tenemos que cumplir. La palabra aquí nos dice: Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. 8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Aquí el Señor nos dice exactamente lo que tenemos que hacer para que podamos atravesar por cualquier problema o situación y que continuemos llevando frutos. Él nos dice: “Permaneced en mí.”

Lo precioso de permanecer en Cristo es que Él nos enseña el camino que debemos tomar. Fíjense bien como esto es algo que queda bien reflejado en Mateo 7:13 Cuando  Él nos dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.” Cuando  hacemos un compromiso con Dios, Él nos da la visión que debemos seguir. Esto es una parte muy importante de nuestra vida Cristiana; y es por eso que la visión que Dios nos da y el camino que Él nos muestra, nunca debe ser comprometido por nada ni nadie.  No podemos dejar que nada nos aparte de los caminos de Dios. No podemos permitir que las oposiciones nos desvíen de conocer a Cristo íntimamente. Recordemos siempre que la comunión con Cristo es la fuente de todo fruto, y aparte de ésta comunión no podremos hacer nada. Una vida de fe en el Hijo de Dios es sin comparación la vida más excelente que un ser humano puede conducir. Pero si no estamos en comunión con Cristo, entonces poco a poco, tal como las ramas enfermas en la viña, dejaremos de llevar frutos, y nos secaremos hasta el punto que seremos disciplinados fuertemente por Dios, o seremos cortados de la viña por completo.

Para concluir. Examinemos nuestra vida y reflexionemos en nuestra condición. Preguntémonos, ¿estamos llevando frutos? ¿Gozamos de una comunión genuina con Dios? Si encontramos que nuestra respuesta ha sido NO a ambas o una de estas preguntas, entonces reconozcamos que estamos enfermos espiritualmente o quizás hemos quedados secos. Si encontramos que éste es el caso, entonces pidámosle a Dios que ponga su mano en nuestra vida; pidámosle a Dios que pode de nuestra vida todo lo que detiene nuestro crecimiento. Pidámosle a Dios que nos pode con Su palabra.

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“…¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios…” 1 Corintios 6:9-10

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