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Examinando el camino

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Después del servicio de oración del miércoles hable con uno de los hermanos de la iglesia, y caímos en el tema de la evangelización y del crecimiento de la iglesia. Como todos sabemos, todo creyente está llamado a evangelizar, en otras palabras, a dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo; sin embargo, son muy pocos los que aceptan este llamado. Una de las razones principales por esto es porque el demonio tiene a un buen número de creyentes completamente convencidos que NO saben lo suficiente, o que NO están capacitados para hablarles a otros de la Palabra de Dios y del evangelio de Jesucristo. Pero la realidad es que evangelizar no es algo fácil para nadie.

Digo que no es algo fácil para nadie porque existen muchos que retaran lo que decimos; existen muchos que se han apartado de los caminos de Dios debido a la corrupción que existe en el ministerio, y su corazón se ha endurecido de tal manera que hasta nos tratan groseramente; y por ultimo existen muchos que han quedado completamente convencidos por el demonio que lo que importa no es en lo que se cree, sino en cómo vives tu vida.  Pero son en momentos como estos cuando el Señor desea glorificarse en tu vida. Son en momentos como estos que el Señor desea usarnos como instrumentos de cirujano para cortar y extraer esas raíces de duda, rencor, amargura, y malas opiniones. Son en momentos como esos que el Señor desea usarnos para que le demostremos a todos esos que se han extraviado, o que están aun completamente perdidos que Jesucristo es la única repuesta, y el único camino que existe para llegar a Dios. Lo triste de todo, y lo que descorazona a muchos que intentan evangelizar, es que no siempre lograremos cambiar la mente o la opinión de las personas; pero en realidad eso NO nos debe concernir. Digo que NO nos debe concernir porque esa parte le corresponde a Dios. A nosotros solo nos corresponde cumplir con nuestro llamado; en otras palabras, mantenernos en el camino que Dios nos ha trazado y desea que nosotros sigamos.

Después de nuestra conversación él se fue con su familia a su casa, pero yo me quede pensando en lo que habíamos conversado, y es por eso que hoy deseo que examinemos el camino en que nos encontramos. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Hebreos 12:1-2 - Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Como todos sabemos, aunque existen numerosos caminos que podemos tomar a lo largo de nuestra vida, al final, solo existen dos destinos. Esto es algo que queda bien claro en las palabras del Señor según encontramos en Mateo 25:46 cuando leemos: “…E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna…” La decisión de a cual destino llegaremos es nuestra. Dile a la persona que tienes a tu lado: Dios NO obligara a nadie a aceptar la salvación. Pero Él si nos ha dejado un mapa bien detallado de cómo podremos llegar a Su presencia, y este mapa es Su Palabra. Esto es algo que queda bien resumido en las palabras del Señor según encontramos en Juan 8:51 cuando leemos: “…De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte….” El problema que existe es que muchos no reconocen la Palabra de Dios como el mapa que es, y otros descartan por completo la brújula que nos permite y ayuda a mantenernos en rumbo en todo momento quien es Jesucristo.  Fíjense bien como esto es algo que queda bien claro en Juan 14:6 cuando leemos: “…Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí...” Dile a la persona que tienes a tu lado: Jesús es nuestra brújula.

Aunque de la manera que vivimos es de suma importancia, y es algo que podemos ver a primera vista en estos versículos que estamos empleando en el día de hoy aquí cuando leemos: “….Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante…” Otra traducción de este mismo versículo nos dice así: “…¡Todas esas personas están a nuestro alrededor como testigos! Por eso, en los años que nos quedan de vida debemos dejar de pecar, y dejar también de lado lo que nos estorba para vivir confiando totalmente en Dios. Porque la vida es como una carrera, y el pecado es como un estorbo que se nos enreda en los pies y no nos deja correr…” (Biblia en Lenguaje Sencillo).   Dile a la persona que tienes a tu lado: el pecado no te permite correr. En estos versículos encontramos que para llegar al destino que todos deseamos llegar, existen tres cosas que debemos hacer. Número uno aceptar a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador personal; número dos, dejar de pecar; y número tres, perseverar en la fe. Como les dije, esto es lo que se ve a primera vista, y son cosas conocidas por todo creyente, así que hasta el momento no les he dicho hada nuevo.

Pero lo que encontré bien interesante es la comparación que el apóstol hace aquí a la vida con una carrera. Digo esto porque cuando reflexionamos en lo que es la vida moderna, creo que la mayoría de nosotros llegaríamos a la misma conclusión de que es una carrera constante. No sé si a ustedes le pasa lo mismo que a mí, pero les puedo decir que entre el ministerio de evangelización que tenemos en el Internet, la iglesia, la familia, y todas las otras cosas que son importantes en mi vida, yo me paso la vida corriendo de un lado a otro. Creo que todos aquí estamos más o menos en la misma situación, ¿verdad? Llevamos una vida apresurada, llevamos una vida complicada, y dependiendo de nuestro compromiso y devoción a Dios, las circunstancias nos pueden conducir a la entrada de diferentes caminos. Así que la pregunta que todos debemos hacernos ahora es: ¿qué camino tomare?

En momentos determinados, todos aquí tendremos que hacer decisiones; en otras palabras, tendremos que tomar caminos que tendrán su consecuencia. En determinados momentos nuestra acciones, y o falta de ellas, hablaran mucho más alto que cualquier palabra que podamos decir; en otras palabras testificaran de nuestra fe con mayor vigor del que nosotros podamos emplear. Para que entiendan bien el mensaje que Dios tiene para cada uno de nosotros en el día de hoy, permítanme exponerles dos ejemplos de áreas de suma importancia para todo ser humano.

En el hogar y/o la familia. Pensemos en la situación más grave que pueda existir; digamos que nuestra pareja es inconversa; digamos que nuestros hijos están completamente en el mundo; digamos que somos repudiados por nuestros familiares por ser cristianos. ¿Cuántos dirían que les he pintado una imagen bien fea con todo esto? Desdichadamente la realidad es que existen muchos en el Cuerpo de Cristo que sufren de una o de todas estas condiciones que les he mencionado.

Nuestro trabajo. Esta es otra área muy importante para toda persona, ya que aparte de la familia, la mayoría de nuestro tiempo es compartido con nuestros compañeros de trabajo. Ahora, nuevamente pensemos en las condiciones más graves que puedan existir en nuestro lugar de empleo. Digamos que en nuestro lugar de empleo existe el chisme; digamos que en nuestro lugar de empleo se distraen haciendo chistes vulgares; digamos que en nuestro lugar de empleo abunda la desfachatez y la depravación. ¿Cuántos dirían que les he pintado una imagen bien fea con todo esto? Nuevamente les digo que desdichadamente existen muchos creyentes que trabajan en lugares donde existe una o más de estas condiciones. Creo que todos ya tienen una buena idea de a donde me dirijo con todo esto, ¿verdad?

Estas condiciones que pueden existir en nuestra vida, eventualmente nos conducirán a actuar en una de dos maneras. Nos conducirán a actuar de manera que agrada al hombre, pero que desagrada a Dios; o que agrada a Dios, pero que desagrada al hombre. Tomar la decisión correcta no debería ser difícil para ninguno de nosotros, ya que nosotros estamos llamados a agradar a Dios y no al hombre. Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Gálatas 1:10 cuando leemos: “…Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo…” Y también en 1 Tesalonicenses 2:4 cuando leemos: “…sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones…” Pero desdichadamente en muchas ocasiones al creyente se le hace difícil escoger y/o escoge el camino malo. Dile a la persona que tienes a tu lado: cuidado al escoger.

Debemos tener mucho cuidado al escoger porque uno de los errores más grande que en ocasiones todos cometemos, es que comprometemos nuestro testimonio. Es decir, comprometemos nuestro testimonio porque deseamos agradar o quedar bien con una familiar, esposo, esposa, hijo, hija, amigo, amiga, o compañero de trabajo. ¿Cómo comprometemos nuestro testimonio? Comprometemos nuestro testimonio cuando dejamos de darle a Dios el lugar que Él demanda, y merece en nuestra vida. ¿Qué lugar demanda Dios en nuestra vida? La respuesta a esta pregunta queda bien clara en Éxodo 20:3 cuando leemos: “…No tendrás dioses ajenos delante de mí…” cuando cedemos a las presiones de este mundo, en esencia estamos quitándole a Dios el lugar que Él merece y demanda en nuestra vida, y le estamos cediendo control al diablo nuevamente. Como les dije hace un breve momento, hacer las decisiones correctas no debe ser algo difícil para ningunos de nosotros, ya que cada uno de nosotros poseemos el mapa perfecto que nos guía por el camino que Dios desea que sigamos; sin embargo, hacer las decisiones correctas se les hace muy difícil a muchos. Reflexionemos en esto por un breve momento.

Preguntémonos: ¿es posible perderse con un mapa en la mano? La respuesta es si, y existen dos razones comunes por la que esto puede suceder. La primera razón es porque no se sabe leer el mapa, y la segunda es no prestarle atención a los letreros en el camino.  La realidad de todo es que una persona que lea un mapa por primera vez seguramente no lo entienda. Una persona que use un mapa por primera vez seguramente se confundirá grandemente, especialmente si no presta atención a los letreros en el camino. Pero una persona que lee mapas con frecuencia, una persona que traza caminos, esa persona siempre llegara a su destino sin problema alguno. Llegara a su destino sin problema alguno porque esa persona sabe que tiene que seguir el rumbo trazado, en otras palabras seguir la dirección de la brújula, y que tiene que prestar atención a los letreros en la carretera. La Biblia es igual, si no tomamos el tiempo de estudiarla, si no tomamos el tiempo de meditar en la Palabra, entonces nunca lograremos entender lo que Dios desea de nosotros, y nunca encontraremos el camino que Él desea que tomemos.

Ahora bien, aunque un mapa es de suma importancia, los letreros en el camino no pueden ser ignorados. Digo esto porque en un mapa nosotros podemos ver las calles que debemos tomar, podemos ver las autopistas que nos conducirán a nuestro destino, podemos ver el rumbo que tenemos que seguir, pero si no deseamos perdernos, entonces no podemos dejar de prestar atención a los letreros en el camino, porque de hacer esto puede ser que de momento nos encontremos en un lugar no deseado.

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“…¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios…” 1 Corintios 6:9-10

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