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Pedid, y se os dará - Predicaciones Escritas

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Lo primero que tenemos que hacer es reconocer que somos pecadores. Esto es algo que queda extremadamente claro en Romanos 3:23 cuando leemos: “…por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios…” Tenemos que dejar de tratar de justificar nuestras malas acciones y reconocer que no somos perfectos y que nunca lo seremos. Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras del apóstol Pablo en Filipenses 3:12 cuando leemos: “…No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús...”  Aquí Pablo nos está hablando acerca de la perfección absoluta; en otras palabras el estándar perfecto de Dios, y la madurez espiritual absoluta.

Lo segundo que tenemos que hacer es reconocer que la religión no causa que Dios nos escuche. ¿Por qué menciono la palabra religión? Menciono la palabra religión porque parte de la definición de esta palabra es: “…Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber…”[1]. ¿Qué les quiero decir con esto? Lo que les quiero decir con esto es que nuestras oraciones no deben ser porque pensamos que es una obligación o deber. Nuestras oraciones tienen que ser porque deseamos hablar con nuestro Padre.

Lo tercero que tenemos que hacer es llegar ante Su santa y divina presencia con un corazón genuinamente arrepentido, pidiendo perdón, y completamente dispuesto a confiar en Él. En otras palabras orar recordando lo que Él nos dice en 2 Crónicas 7:14 cuando leemos: “…si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra…” 

Y por último, tenemos que orar completamente confiando en que Su Palabra y presencia nos fortalecen en todo momento. En otras palabras, siempre decir y confiar en que: “…Todo lo puedo en Cristo que me fortalece…” (Filipenses 4:13).

Como les dije al inicio, mi hija y yo jugábamos a los escondidos cuando ella era una niña. Yo me escondía, ella me buscaba, y una vez que me encontraba entonces yo corría y ella me perseguía. Pero por mucho que ella trataba, ella no podía alcanzarme. Solo cuando yo me dejaba alcanzar era que ella podía llegar a mí, y una vez que esto sucedía entonces comenzaba la mejor diversión.

La realidad es que ninguno de nosotros podemos alcanzar el entendimiento de Dios. Fíjense bien como esto es algo que queda bien expresado en Isaías 40:28 cuando leemos: “…¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance…” 

Por mucho que nosotros queramos, ninguno de nosotros lograremos ver los caminos exactos, ni entenderemos todos los pensamientos de Dios. No es porque lo diga yo, sino que Él nos lo dice claramente en Isaías 55:8-9 cuando leemos: “…Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos…”  Pero esto no nos debe detener o desalentar.

Al igual que mi hija no se descorazonaba y dejaba de perseguirme porque no podía alcanzarme, nosotros tenemos que hacer igual en cuanto a nuestra relación con Dios. Tenemos que hacer igual porque al igual que yo me dejaba alcanzar, y ella se divertía aun más en nuestro juego, cuando nosotros perseveramos, Dios permite que le alcancemos, y cuando le alcanzamos entonces podemos experimentar Su gloria, misericordia y amor. Ahora la pregunta restante es: ¿cómo podemos alcanzar a Dios?

En Deuteronomio 4:29 encontramos que se nos dice: “…Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma…” Podemos alcanzar a Dios cuando lo buscamos de todo corazón y con toda nuestra alma. Podemos alcanzar a Dios a través de la oración. Podemos alcanzar a Dios a través de congregarnos, para alabar y bendecir Su nombre. Podemos alcanzar a Dios siendo ese rayo de luz en medio de este mundo de tinieblas. Podemos alcanzar a Dios perseverando en mantener nuestra relación personal con Él. Tú también puedes hallar y alcanzar a Dios. ¿Cómo puedes lograr esto? La respuesta es fácil: “…lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma…”

Para concluir. Alcanzar a Dios no es una cosa de juego; alcanzar a Dios es algo muy serio, y no se puede lograr sin perseverar. Si queremos alcanzar a Dios, entonces nuestra fe tiene que ser inmovible, recordando siempre lo que encontramos en Hebreos 11:6 cuando leemos: “...Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan…” Dile a la persona que tienes a tu lado: confía en Dios.

Si queremos alcanzar a Dios, nuestra vida tiene que cambiar, tiene que haber un arrepentimiento genuino, y tenemos que perseverar en la santidad; recordando siempre lo que encontramos en Hebreos 12:14 cuando leemos: “…Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor…”  Dile a la persona que tienes a tu lado, persevera en la santidad.

Si queremos alcanzar a Dios, tenemos que darle el lugar que Él merece en nuestra vida; tenemos que darle el lugar número uno. Dios quiere que le alcancemos, Dios quiere bendecir nuestra vida. En Jeremías 29:11el Señor nos dice: “…Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza…” Así que la pregunta ahora es: ¿estás dispuesto a buscarle y caerle atrás?

Quizás pienses que no le puedes alcanzar, quizás pienses que es algo imposible, pero recuerda lo que Él nos dice en Proverbios 8:17 cuando leemos: “…Yo amo a los que me aman, Y me hallan los que temprano me buscan…”  Recuerda que si le buscas de todo corazón le hallaras, y Él se detendrá para tomarte en Sus brazos. ¿Quieres alcanzar a Dios? Recuerda sus palabras: “…Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá…” cuando nos veamos en situaciones difíciles, cuando nos encontremos orando por algo y la respuesta no aparente estar en el horizonte, cuando Dios no aparente ser hallado o alcanzado, no desmayemos, sino ¡PERSEVEREMOS!

[1] Diccionario de la Real Academia Española

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“…¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios…” 1 Corintios 6:9-10

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