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Más podremos nosotros que ellos

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Continuando leemos: “…Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. 33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos...” Como podemos apreciar, ellos se fijaron en que la tierra contenía un gran número de habitantes, ciudades con murallas fortificadas y gigantes que habitan en ella. Les pregunto, ¿existe esto en nuestra vida hoy? Les puedo decir con toda confianza que sí. Existen muchas personas que hacen igual que estos hombres en este instante. Existen muchas personas que en vez de concentrarse en las promesas de Dios, se concentran en las situaciones y quitan su mirada de Dios; una vez que hacemos esto entonces nuestra fe flaquea y comenzamos a sucumbir en la tentación y la rebeldía.

Cuando hacemos como este pueblo, cuando comenzamos a confiar más en nuestra habilidad que en el poder de Dios, entonces no veremos la bendición que Dios nos envía, sino que solo veremos lo negativo. ¿Tendremos que conquistar ciudades fortificadas, y derrumbar murallas? ¿Tendremos que enfrentarnos a gigantes? La respuesta a ambas preguntas es si. Quizás algunos estén pensando que no existen ciudades fortificadas o murallas a nuestro alrededor, pero pensemos en lo que es una ciudad. Una ciudad es un lugar donde se habita, ¿verdad? Pero ahora examinemos nuestra vida y preguntémonos, ¿Cuál es tu dirección espiritual?, ¿Vives en el: 10 Avenida Pecado, ciudad: Desobediencia, provincia: Rebeldía?

Si al examinarnos encontramos que esa es nuestra dirección espiritual, entonces sepamos que el pecado, la desobediencia y la rebeldía causan que caigamos nuevamente en la esclavitud de este mundo. El pecado, la desobediencia y la rebeldía detienen las bendiciones que Dios desea enviarnos. Este pueblo no recibió las bendiciones de Dios de inmediato porque fijaron su vista en lo negativo. Fijaron su vista en las ciudades fortificadas y los gigantes. Ahora hagámonos dos preguntas; ¿Qué representan las ciudades fortificadas para nosotros? ¿Qué representa un gigante para nosotros?

¿Qué representan las ciudades fortificadas para nosotros? Las ciudades fortificadas son las poderosas instituciones religiosas, políticas, y sociales que tratan de ahogar la verdad de Dios. Las ciudades fortificadas son las poderosas instituciones religiosas, políticas, y sociales que tratan de adoctrinarnos para que veamos lo bueno como lo malo, y lo malo como lo bueno. Les digo en el día de hoy, existen numerosas ciudades fortificadas que como iglesia tenemos que derrumbar.

¿Qué representa un gigante para nosotros? Un gigante es todo aquello que aparenta invencible que trata de separarnos de la voluntad de Dios. ¿Qué gigante enfrenta la iglesia de hoy? Existen dos poderosos gigantes que como iglesia enfrentamos. El primer gigante es la duda o incredulidad. Si nos ponemos a pensar en lo que aconteció en este caso, veremos que esto fue exactamente lo que le sucedió a este pueblo, y lo que sucede con muchos de nosotros. Quiero que se fijen bien en un detalle muy importante; cuando estos hombres fueron enviados a reconocer la tierra, ellos no fueron enviados para ver si esta era la tierra o no. Dios sabía que esta era la tierra que Él tenía para este pueblo. Dios sabía que Él les daría la victoria sobre toda oposición, pero ellos dudaron, ellos no creyeron en la Palabra de Dios. Solamente hubo uno de ellos que dijo: "…Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos..." Caleb creyó sin dudar que Dios les entregaría la victoria. Desdichadamente muchos de nosotros hacemos igual que ese pueblo, muchos de nosotros al vernos confrontados con problemas o situaciones, al vernos cara a cara con esos gigantes que vienen a robarnos la paz que Dios nos ha dado, simplemente dudamos de Su poder. Pero hermanos recordemos que dudar o no creer no nos permitirá ver la grandeza de nuestro Dios y aumentara nuestras propias debilidades

El segundo gigante que enfrentamos como iglesia es el temor. En el caso de este pueblo, el temor de las ciudades fortificadas, el temor de los habitantes, y el temor de los gigantes fue mucho mayor que la promesa de Dios. Este pueblo se vio como "langostas", se vio mucho inferior a ellos, se vieron insignificantes. Nosotros en muchas ocasiones hacemos igual, en vez de ver los problemas o situaciones como insignificantes en los ojos de Dios, vemos los problemas y situaciones como gigantes que nos causan temor. Estos hombres llegaron a ver la tierra prometida, la tierra que fluía con leche y miel como la “…tierra que traga a sus moradores…” Esto es exactamente lo que el temor causa. El temor causa que veamos las cosas completamente opuestas a lo que son. El temor causa que no veamos las bendiciones. Tenemos que reconocer el temor por lo que es, un gigante que quiere alejarnos de Dios. Un gigante que quiere robarse las bendiciones que Él tiene para nosotros.

Para concluir. Les pregunto, ¿en qué dirección nos estamos moviendo? Cuándo examinamos nuestra vida, cuando examinamos nuestra iglesia, ¿estamos viendo gigantes o vemos el poder de Dios? Cuándo miramos hacia nuestro futuro, ¿estamos en camino hacia la tierra prometida o estamos en camino al desierto? No podemos permitir que nada ni nadie nos desvié o conduzca en dirección opuesta a Dios.

Tenemos que siempre recordar que Dios nos dio descanso, y alivio nuestras penas. Hermanos, no podemos permitirle al demonio que nos desvié de nuestro caminar, o que interrumpa nuestro progreso. Como iglesia tenemos que atacar esas ciudades, derrumbar esas murallas, y enfrentar esos gigantes. El pueblo de Dios en ese entonces tuvo a Moisés, quien fue un gran hombre de Dios, pero nosotros tenemos a Cristo, tenemos al que nunca nos abandona, y que siempre esta dispuesto a estrechar Sus manos y guiarnos en toda situación. Nunca te olvides: “…más podremos nosotros que ellos…”

[1] Éxodo 13:14
[2] Éxodo 13:21-22
[3] Éxodo 14:21-22
[4] Números 13:1-3
[5] Números 13:27
[6] Números 13:28-29
[7] Éxodo 3:7-8
[8] Mateo 5:14

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“…¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios…” 1 Corintios 6:9-10

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