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Pedid, y se os dará

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Quiero comenzar en el día de hoy con un pequeño testimonio. Como todos ustedes saben, yo me jubile de mi profesión secular; pero lo que algunos de ustedes no saben es que yo he continuado trabajando tiempo completo en asuntos de Internet dedicados a Dios. La realidad es que entre mis responsabilidades ministeriales en la iglesia, y mi segundo trabajo, en ocasiones a mí el tiempo se me hace corto.

Para todos ustedes que están más o menos en la misma situación, es decir para aquellos que tienen dos trabajos, les puedo decir que conozco muy bien por lo que están pasando. Pero aunque en ocasiones el tiempo aparente no alcanzar para hacer todo lo que queremos, siempre debemos apartar tiempo para dedicarle a nuestra familia, y más que todo a Dios.

En mi casa desde hace ya muchos años, yo instituí un día a la semana, que pase lo que pase, yo se lo dedico a mi hija. Ella y yo lo titulamos “día de padre e hija.” En este día yo me olvido de todas las cosas de este mundo, y ella y yo hacemos lo que ella desee. Cuando ella era una niña, una vez por semana yo me convertía en un niño; íbamos al parque, jugábamos a las casitas, montábamos bicicleta, patinábamos, jugábamos a las muñecas, y cualquier otra cosa que ella deseaba hacer. Pero como todos saben, mi niña ya no es una niña, sino que es una preciosa señorita. Ya no nos sentamos a jugar a las muñecas, o a compartir de juegos infantiles, pero eso no quiere decir que hemos dejado de disfrutar el “día de padre e hija”; solo quiere decir que ahora compartimos diferentes actividades.

Ahora cocinamos juntos, y hacemos todo tipo de diferentes platos, pero en especial, todos los viernes hacemos pizza; ella salió igual que su preciosa madre, y le encanta la repostería, así que también hacemos unos dulces deliciosos; durante las vacaciones del verano nos escapamos a la playa, o a la piscina; pero más importante de todo es que a través de los años hemos desarrollado una comunicación extraordinaria. Esos momentos que pasábamos, y que continuamos pasando a solas, fueron y son, los que han causado que ella y yo disfrutemos de esta relación tan especial, y lo que siempre ha mantenido a nuestro núcleo familiar muy unido. Nosotros tres raramente hemos dejado de dedicar el día para hacer otras cosas que no sean las mencionadas, pero cuando ha sucedido, siempre ha sido para compartir de alguna actividad juntos. La unión familiar es algo extremadamente importante, especialmente en esta sociedad que vivimos.

Ahora, ¿sabían ustedes que nuestro Padre celestial quiere lo mismo con cada uno de nosotros? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Mateo 7:7-12 - Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? 12Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

En más de una ocasión yo les he dicho que la oración es imprescindible en nuestra vida cristiana; como he dicho en numerosas ocasiones, y continuare diciendo, la oración es la única arma que podemos usar al ser atacados por los poderes de las tinieblas. Pero, desdichadamente, no todo cristiano persevera en la oración; no todo cristiano establece y mantiene una línea de comunicación abierta con Dios en todo momento. Sin duda alguna este es el punto principal que Jesús está haciendo en estos versículos. En estos versículos encontramos bien reflejado que el Señor busca que nosotros estemos dispuestos a perseverar en la oración, para que podamos soportar las diferentes pruebas y tentaciones que llegaran a nosotros[1]. ¿Por qué es esto tan importante?

La razón por la que esto es tan importante es porque queramos admitirlo o no, todo cristiano sufre persecución. Ahora bien, no les estoy hablando de la persecución que eventualmente llegara a la iglesia; no les estoy hablando acerca de la persecución apocalíptica de la que todos hemos leído y estudiado en otras ocasiones, pero si sufrimos persecución. Todos tenemos sufrimientos, dolores y dificultades, debido a nuestra fe. Digo esto porque en ocasiones somos rechazados y repudiados, aun por nuestra propia familia; se burlan y hacen chistes de nosotros; se ríen de nuestra creencia y nos mofan.

Como les dije no estamos viendo la persecución apocalíptica que ha de venir a la iglesia, pero si vemos como el mundo prefiere que vivamos en pecado en vez de que guardemos los mandamientos de Dios.  ¿Por qué vemos esto? Lo vemos porque el gobernador de este mundo, Satanás[2], se satisface grandemente cuando puede destruir lo que Dios ha comenzado en nosotros. El demonio se satisface grandemente cuando puede apartarnos de la voluntad de Dios. El demonio se satisface cuando caemos en su trampa, y cuando puede interrumpir nuestra relación y comunicación con Dios. Dile al hermano que tienes a tu lado “tenemos que perseverar en nuestras oraciones.”

Y la realidad es que como fieles creyentes, nosotros no podemos darle ese gusto a nuestro enemigo, sino que tenemos que confiar que Dios nos escucha, y tenemos que perseverar en la oración. Tenemos que perseverar en nuestra relación y comunicación con Dios, y nunca permitir que nada interrumpa nuestro aparte con Él. Ahora debemos hacernos dos preguntas; ¿cuándo debemos orar?, y ¿cómo debemos orar? Examinemos estas dos preguntas detalladamente.

¿Cuándo debemos orar? La respuesta la encontramos aquí cuando leemos: “…Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá…” La clave que responde nuestra pregunta la encontramos aquí cuando  el Señor dice: “pedid”, “buscad”, “llamad”. ¿Por qué digo que esta es la clave que responde nuestra pregunta? Lo digo porque como podemos apreciar, todas estas palabras usadas por el Señor son en término presente. En otras palabras, el cuándo, es ahora.

Ahora bien, existen algunos que dicen que no oran porque no saben orar, y es por eso que si se les pide que oren en voz alta durante una reunión, o cualquier otro evento, rehúsan hacerlo, y escuchamos “es que yo no sé”. Pero esta noción es la más absurda que puede existir. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque lo más importante de la oración no es que usemos palabras o términos grandes; Dios no va ser impresionado por nuestro vocabulario. Tampoco es la razón por la que estemos orando; Dios sabe lo que necesitamos antes de que abramos nuestra boca[3]. Lo más importante de la oración no es que recitemos pasajes o citas bíblicas. ¿Qué es lo más importante de la oración? Lo más importante de la oración es que la hagamos de todo corazón.

La oración no puede empezar en la mente, la oración tiene que comenzar y salir del corazón. Recordemos que cuando Dios nos escucha, que cuando Él nos mira, lo que Él está examinando no es nuestro conocimiento ni dominio de un idioma, lo que Él está examinando es nuestro corazón[4]. En otras palabras, Él examina nuestra devoción, sinceridad, y amor. Podemos tratar de lucirnos frente a otros, y hablar palabras elocuentes, pero si nuestro corazón no esta en el lugar adecuado, entonces no tendremos la atención completa de nuestro Padre. Pero cuando nuestro corazón esta en el lugar adecuado, y cuando perseveramos en la oración, tenemos promesa de que seremos escuchado. Fíjense bien como nos dice el Señor: “se os dará”, “hallaréis”, y “se os abrirá”

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“…¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios…” 1 Corintios 6:9-10

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