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Siete bendiciones

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No creo que exista una persona aquí que no haya visto por los canales de televisión los eventos tan deprimentes que han ocurrido en estas ultimas semanas. Les hablo de los huracanes tan poderos que han abatido las islas del caribe como Haití y Cuba. La verdad es que ver las imagines de la destrucción tan grande y la perdida de vida que han causado estas tormentas son cosas que deprimen a cualquiera. Son cosas que en ocasiones nos pueden dejar tan desalentados que impiden que alcancemos ver las bendiciones de Dios que en realidad tenemos. Es por eso que en el día de hoy vamos a estudiar acerca de las bendiciones. Una gran realidad es que cuando se habla de las bendiciones, en la mayoría de los casos, lo primero que llega a la mente de una persona son las posesiones materiales.

Lo primero que llega a la mente son las cosas como el automóvil, la casa, el trabajo, la cuenta de ahorro, y todas esas demás cosas que nosotros tenemos la oportunidad de poseer debido a nuestro esfuerzo humano. Pero la realidad del caso es que las bendiciones de Dios son mucho más que cualquier cosa material que podamos poseer. Las bendiciones de Dios no son materiales, sino celestiales y espirituales. Así que pasemos ahora a la Palabra de Dios y descubramos las bendiciones que Él ha derramado sobre todo creyente fiel

Efesios 1:3-14 - Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Ahora, cómo acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia. Pablo escribió esta carta durante su primer encarcelamiento Romano alrededor del 60-62 d.C. Su encarcelamiento es algo que queda bien declarado en Efesios 3:1 cuando leemos “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles.” Demás esta decir que cuando él escribió todo esto, él estaba pasando por unos momentos muy difíciles en su vida, ya que las prisiones de ese entonces no eran nada como hoy en día. Recordemos que en ese entonces no existían los grupos y movimientos de derechos humanos, y que la crueldad y maltrato en las prisiones era algo común. Pero a pesar de toda mala situación, Pablo no permitió que nada detuviera el propósito de Dios en su vida. Él no se desanimo ni se desalentó, sino que continuo su ministerio y escribió esta carta a este grupo de creyentes que siendo extremadamente ricos en Cristo, vivían derrotados y como mendigos porque no tenían el crecimiento para reconocer las bendiciones espirituales que Dios les había entregado. Fíjense bien como el apóstol deja esto muy bien ilustrado Efesios 2:4-7 cuando leemos “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” 

cuando tomamos el tiempo de estudiar la epístola a la iglesia en Efeso, pronto encontramos que ésta epístola no fue escrita con el propósito de corregir un problema específico en la iglesia. La epístola fue escrita con el propósito de prevenir que surgieran problemas, y para alentar a los creyentes a madurar en Cristo. En otras palabras, la espitota fue escrita con el propósito de guiar a los creyentes a conducir su vida de forma agradable a Dios, y para motivarles a que se conectaran al poder de su fuente espiritual. Porque solamente a través de esta conexión es que el creyente recibe la fortaleza que nos ayuda en nuestro comportamiento diario. Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras del apóstol cuando leemos Efesios 4:1-2que nos dice: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.” Las palabras claves en este pequeño versículo son: “como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.” Digo que estas son las palabras claves porque si tuviéramos que describir todos los problemas que enfrenta la iglesia hoy en día en solo uno, yo diría que la falta de caminar dignos de la vocación con la que fuimos llamados seria la mejor descripción. Y es por eso que no es fuera de lo común escuchar como muchos, al igual que este pueblo, siendo ricos viven como mendigos, y teniendo la victoria viven derrotados. Manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Como les dije al inicio, las bendiciones de Dios son más espirituales y celestiales que materiales. Con esto no quiero decir que Dios no nos bendice en lo material, sino les estoy diciendo que lo material en si no es de gran importancia. Lo más importante es lo espiritual. Esto es algo que queda bien declarado en los versículos que estamos examinando en el día de hoy cuando leemos: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo." Sin embargo, existe un buen número de creyentes que no permanece consiente de esto. Desdichadamente, la mayoría de las personas no ven las bendiciones de Dios debido a situaciones o circunstancias difíciles por las que puedan estar pasando. Como seres humanos al fin, en ocasiones nosotros nos podemos sentir mal. En ocasiones podemos estar deprimidos o tristes. En ocasiones nos podemos sentir oprimidos por situaciones o circunstancias. Pero si nuestro espíritu esta fuerte, y si nuestra fe y confianza en Cristo no flaquea, entonces podemos levantarnos y conquistar cualquier situación que pueda surgir. Es como nos dice la palabra en Filipenses 4:13 cuando leemos: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” En otras palabras, podemos conducir una vida en victoria porque sabemos que Cristo nos fortalece para conquistar cualquier situación. Pero, si nuestra condición espiritual esta débil, o si no estamos parados firmes en la Palabra de Dios, entonces no importa cuantas veces vallamos a la iglesia y escuchemos los mensajes. No importa donde estemos o quien nos acompañe; nada de esto será de importancia porque pase lo que pase, siempre nos sentiremos desamparados y solos. La gran realidad acerca de nuestro Dios es que este no es Su plan para nuestra vida. Dios no quiere que Su pueblo viva desanimado y desalentado; Dios no quiere que vivamos derrotados y a la merced de este mundo de maldad.

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“…¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios…” 1 Corintios 6:9-10

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