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Obispo José R. Hernández

El llamado

Si se acuerdan hace unas semanas atrás estudiamos acerca del avivamiento, y descubrimos lo primero que tiene que suceder antes que una congregación pueda experimentarlo.  En otras palabras, nosotros analizamos las condiciones que tienen que existir para que podamos experimentar un avivamiento en el pueblo de Dios, y un crecimiento en la congregación.  Creo sin duda alguna que nosotros estamos comenzando a experimentar un crecimiento y avivamiento, y esto es algo que nos trae mucho gozo, pero tenemos que estar muy concientes de algo.  De lo que debemos estar muy concientes es que para que una congregación pueda debidamente cumplir con la responsabilidad de cuidar las almas que el Señor envía, personas dispuestas a trabajar hombro a hombro en la obra tienen que dar un paso al frente; nuevos obreros tienen que pararse y asumir responsabilidades.  Es por esta misma razón que en el día de hoy vamos a examinar lo que es el llamado.  Ya hemos hablado acerca del avivamiento y las condiciones que existen para que suceda, hoy hablaremos acerca del llamado y las condiciones que existen en el llamado.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios para encontrar de los que le hablo.

Ezequiel 2:1-8 - Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo. 2Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba. 3Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. 4Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. 5Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. 6Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. 7Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes. 8Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.

Como todos podemos observar en estos versículos encontramos el llamado a Predicar la Palabra de Dios del profeta Ezequiel, y en éste llamado encontramos lo principal que Dios desea que sepamos.  En este llamado encontramos las condiciones que existen en el llamado, y el resultado de cuando lo aceptamos.  Pero antes de proceder será necesario establecer que el llamado a predicar la Palabra de Dios no es la responsabilidad exclusiva de un pequeño número de personas.  Lo que ha sucedido a través del tiempo es que la mayoría del pueblo de Dios ha determinado que no tienen un llamado.  La mayoría del pueblo de Dios ha determinado que el llamado solo se aplica a los pastores y lideres de la congregación, pero en realidad éste no es el caso.  Digo que éste no es el caso porque antes de partir de ésta tierra el Señor nos dejo un mandato a cumplir.  Fíjense bien como nos dice en Mateo 28:18-20 cuando leemos “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”  Ahora bien, algunos piensan que esto aquí estaba solo dirigido a los apóstoles, y por la tanto un simple creyente no tiene la responsabilidad de cumplir con este mandato.  Algunos piensan o han llegado a la conclusión que la responsabilidad de predicar el evangelio descansa sobre los hombros de un pequeño numero, pero ésta manera de pensar está muy lejos de la verdad.  Para que entiendan bien porque les digo esto será necesario que examinemos el significado de la palabra “discípulo”.  Según el diccionario de la Real Academia Española, la definición de la palabra “discípulo” - 1. Persona que aprende una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro.  2. Persona que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la establecieron.  Siguiendo ésta definición entonces podemos fácilmente comprender que éste mandato del Señor no está dirigido a un pequeño numero de personas, es decir a los lideres de las congregaciones, sino que éste mandato está dirigido a toda persona que proclame ser creyente.  Así que como podemos deducir, todos nosotros que estamos aquí fuimos llamados a obrar para el reino de Dios.  Dile a la persona que tienes a tu lado, fuiste llamado.  Con esto en mente continuemos ahora con nuestro estudio.

Como les dije al inicio el llamado tiene condiciones.  La primera condición la encontramos en el primer versículo cuando leemos “Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo.”  ¿Cuál es la primera condición?  La primera condición es que al recibir el llamado de Dios tenemos que pararnos firmemente.  Si queremos ver el poder de nuestro Padre celestial reflejado en nuestra vida, y deseamos escuchar Su voz, entonces tenemos que pararnos firmemente en Su santa y divina Palabra.  Tenemos que pararnos firmemente sobre la roca, y no permitir que nada ni nadie nos desvié de los caminos de Dios. Dile a la persona que tienes a tu lado “ponte sobre tus pies.”  El problema más grande que existe es que muchos han reconocido que han recibido un llamado, pero no han respondido efectivamente, en otras palabras no se han puesto en pie.  Muchos han permito que las circunstancias y que las excusas le detengan la bendición y el privilegio que es el ser llamado.  Digo esto porque si analizamos bien las cosas, no es difícil discernir que servir a Dios es un gran privilegio, y una tremenda bendición.   Pensemos en esto por un momento para determinar si lo que les digo tiene sentido.  Dios pudo haber mandado a un ángel o a legiones de ángeles a que predicaran Su Palabra, pero no lo hizo así.  Nosotros servimos a un Dios omnipotente, lo que quiere decir que Él puede causar que Su voz sea escuchada por todos en el mundo a la misma vez, pero no lo ha hecho así.  En Mateo 5:14-16 encontramos que el Señor nos dice “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” En otras palabras, Dios nos escogió a nosotros, seres imperfectos, pecadores, para que seamos nosotros los que edifiquemos Su reino.  Ahora pregunto, ¿no es esto un privilegio? Nosotros obramos, y representamos al creador de los cielos y la tierra; nosotros somos los representantes del Dios omnipotente, omnisciente y omnipresente. ¿No es esto una gran bendición?  Yo no sé lo que algunos aquí piensen, pero poder ser el representante de Dios aquí en la tierra es al privilegio y la bendición más grande que podemos recibir.  Dios tiene a su alcance innumerable seres y recursos que puede usar, pero Él nos ha escogido a nosotros.  ¿Cuántos pueden levantar un grito de jubilo y decir Gloria a Dios?  Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios te escogió.  Hermanos, tal como  escogió a Ezequiel, Él también nos ha escogido a nosotros.  Y cuando nos podemos en pie, algo maravilloso sucede. 

La Palabra nos dice: “Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba.”  Ezequiel se puso en pie y en ese instante algo grandioso ocurrió, Dios le hablo en su Espíritu.  Algo grandioso sucedió, Dios le fortaleció la Palabra nos dice: “entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies.”  Igual sucede con nosotros, cuando nos ponemos en pie Dios nos llena de su Santo Espíritu y empezamos a escuchar su voz.  En el caso de Ezequiel, Dios le hablo y le dijo que Él lo enviaba a los hijos de Israel que se habían rebelado en contra suya, y éstas palabras tienen el mismo significado en el día de hoy como en ese entonces.  Digo esto porque no es difícil llegar a la conclusión que el mundo se ha rebelado en contra de Dios. Como les he dicho en otras ocasiones, el mundo está siendo engañado por doctrinas falsas, y esto es debido a que el ser humano está buscando la solución por manos del hombre. Pero nosotros que servimos a Dios conocemos la verdad.  Conocemos la verdad porque hemos comenzado a escuchar la voz de Dios, pero lo que sucede es que con frecuencia no nos hemos puesto en pie.  Sin duda alguna todos aquí queremos ser bendecidos, ¿cuántos dicen amen?  Todos queremos ver un crecimiento y un avivamiento en el pueblo de Dios, pero el problema está en que en muchas ocasiones preferimos que sea otro el que haga el trabajo.  Al escuchar el llamado decimos “heme aquí, envía a mi hermano.”    

La segunda condición del llamado es perseverar en todo momento; la misión que fue encomendada a Ezequiel no fue nada fácil; fíjense bien en lo que le dijo el Señor cuando leemos “Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, no era fácil.  Y la misión que Dios nos ha encomendado tampoco es nada fácil.  Fíjense bien como nos dice el Señor en Lucas 10:2-3 cuando leemos “Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.  3Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, no es fácil.  Éste miso es el problema, porque trabajar para la obra de Dios en ocasiones trae dificultad a nuestra vida cotidiana, muchos dejan de trabajar para la obra; en otras palabras no perseveran en la voluntad de Dios.  Muchos permiten que la bendición y privilegio de obrar para Dios sea arrebatada de ellos.  Pero ¿espera Dios eso de nosotros?  Absolutamente ¡NO! Dios espera que perseveremos y nos mantengamos firmes sin importar las situaciones o circunstancias.  Fíjense bien en lo que Dios le dijo cuando leemos “Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos. 6Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. 7Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.”  Con esto aquí Dios estaba exaltando a Ezequiel a que continuara llevando Su Palabra, y nos exalta a cada uno de nosotros a que llevemos el mensaje de salvación al mundo.  Dios nos esta diciendo, lleven mi Palabra a esos duros de corazón; lleven mi palabra a todos; prediquen y no se preocupen por nada; témanle a nada.  Dios nos dice que lo importante no es que nos presten atención o no, lo importante es que ellos sepan "que hubo profeta entre ellos." En otras palabras, lo importante es que sepan que el Reino de Dios todavía está a su alcance.  Esto en si es el mensaje principal, el mundo tiene que saber que el Reino de Dios todavía está a su alcance. Porque déjenme decirles que existen muchas personas en el mundo que piensan que no pueden ser salvadas.  Existen muchas personas en el mundo que piensan que han hecho cosas tan malas que no pueden ser perdonados, que nunca podrán entrar en el Reino de Dios.  Pero todo esto lo reprendemos en el nombre de Jesús.  El mundo tiene que saber que Dios esta presente y dispuesto a perdonar nuestras ofensas y derramar su gracia sobre nosotros.  Pero la razón por la que existen tantos en el mundo que piensan de ésta manera es porque muchos dejan de perseverar.  Muchos se dan por vencido, y no se mantienen de pie.  Pero cuando decidimos tomar en serio el llamado de Dios, cuando nos mantenemos parados firmes en la roca y atentos a Su voz sin importarnos las circunstancias o situaciones, entonces algo maravilloso sucede.   

El resultado de mantenernos parados firme en la roca es como encontramos aquí cuando leemos “Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.”  Cuando dejamos nuestra rebeldía, tomamos en serio el llamado que se nos ha hecho, y estamos atentos a la voz de Dios, entonces Él nos nutrirá con Su palabra.  Cuando nos ponemos en pie y tomamos en serio el llamado que Dios nos ha dado, entonces seremos fortalecidos y podremos resistir y derrotar los ataques del enemigo.  Cuando somos nutridos por la Palabra de Dios, entonces seremos dirigidos por el Espíritu Santo, y cuando el Espíritu Santo guía nuestros pasos y pensamientos, entonces cuando surjan las dificultades y tentaciones será como encontramos en Deuteronomio 28:7 cuando leemos “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti.” 

Para concluir.  Dios nos llamo, Dios nos escogió. Él nos da de comer Su Palabra, nos bendice con Su Santo Espíritu, y nos exalta a que prediquemos el evangelio.  Tenemos que pararnos,  y estar atentos a Su voz.  Tenemos que dejarle saber al mundo que el Reino de Dios todavía está a su alcance.  Tenemos que dejarle saber al mundo que Dios es un Dios de justicia, un Dios de amor. Tenemos que dejarle saber al mundo que Dios está dispuesto a perdonar nuestros pecados, no importa cuan grande o cuan chico.  Él está dispuesto a limpiarnos y darnos una vida nueva, y aun más; Él nos ha dado la salvación a través de su hijo Jesucristo.  No confundamos el llamado con el liderazgo, existe una gran diferencia entre uno y el otro.  No todos estamos llamados a ser líderes, pero todos si estamos llamados a obrar para el reino de Dios.

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