El llamado
Si se acuerdan hace unas semanas atrás estudiamos acerca
del avivamiento, y descubrimos lo primero que tiene que
suceder antes que una congregación pueda
experimentarlo. En otras palabras, nosotros analizamos
las condiciones que tienen que existir para que podamos
experimentar un avivamiento en el pueblo de Dios, y un
crecimiento en la congregación. Creo sin duda alguna
que nosotros estamos comenzando a experimentar un
crecimiento y avivamiento, y esto es algo que nos trae
mucho gozo, pero tenemos que estar muy concientes de
algo. De lo que debemos estar muy concientes es que
para que una congregación pueda debidamente cumplir con
la responsabilidad de cuidar las almas que el Señor
envía, personas dispuestas a trabajar hombro a hombro en
la obra tienen que dar un paso al frente; nuevos obreros
tienen que pararse y asumir responsabilidades. Es por
esta misma razón que en el día de hoy vamos a examinar
lo que es el llamado. Ya hemos hablado acerca del
avivamiento y las condiciones que existen para que
suceda, hoy hablaremos acerca del llamado y las
condiciones que existen en el llamado. Pasemos ahora a
la Palabra de Dios para encontrar de los que le hablo.
Ezequiel 2:1-8
- Me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y
hablaré contigo. 2Y luego que me habló, entró
el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al
que me hablaba. 3Y me dijo: Hijo de hombre,
yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que
se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han
rebelado contra mí hasta este mismo día. 4Yo,
pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido
corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.
5Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen,
porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo
profeta entre ellos. 6Y tú, hijo de hombre,
no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te
hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones;
no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de
ellos, porque son casa rebelde. 7Les
hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de
escuchar; porque son muy rebeldes. 8Mas tú,
hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde
como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te
doy.
Como todos podemos observar en estos versículos
encontramos el llamado a Predicar la Palabra de Dios del
profeta Ezequiel, y en éste llamado encontramos lo
principal que Dios desea que sepamos. En este llamado
encontramos las condiciones que existen en el llamado, y
el resultado de cuando lo aceptamos. Pero antes de
proceder será necesario establecer que el llamado a
predicar la Palabra de Dios no es la responsabilidad
exclusiva de un pequeño número de personas. Lo que ha
sucedido a través del tiempo es que la mayoría del
pueblo de Dios ha determinado que no tienen un llamado.
La mayoría del pueblo de Dios ha determinado que el
llamado solo se aplica a los pastores y lideres de la
congregación, pero en realidad éste no es el caso. Digo
que éste no es el caso porque antes de partir de ésta
tierra el Señor nos dejo un mandato a cumplir. Fíjense
bien como nos dice en Mateo
28:18-20 cuando leemos “Y Jesús se acercó y
les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo
y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced
discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
20enseñándoles que guarden todas las cosas que os
he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo. Amén.” Ahora bien,
algunos piensan que esto aquí estaba solo dirigido a los
apóstoles, y por la tanto un simple creyente no tiene la
responsabilidad de cumplir con este mandato. Algunos
piensan o han llegado a la conclusión que la
responsabilidad de predicar el evangelio descansa sobre
los hombros de un pequeño numero, pero ésta manera de
pensar está muy lejos de la verdad. Para que entiendan
bien porque les digo esto será necesario que examinemos
el significado de la palabra “discípulo”. Según el
diccionario de la Real Academia Española, la definición
de la palabra “discípulo” - 1. Persona que aprende una
doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un
maestro. 2. Persona que sigue la opinión de una
escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a
los maestros que la establecieron. Siguiendo ésta
definición entonces podemos fácilmente comprender que
éste mandato del Señor no está dirigido a un pequeño
numero de personas, es decir a los lideres de las
congregaciones, sino que éste mandato está dirigido a
toda persona que proclame ser creyente. Así que como
podemos deducir, todos nosotros que estamos aquí fuimos
llamados a obrar para el reino de Dios. Dile a la
persona que tienes a tu lado, fuiste llamado. Con esto
en mente continuemos ahora con nuestro estudio.
Como les dije al inicio el llamado tiene condiciones.
La primera condición la encontramos en el primer
versículo cuando leemos “Me dijo: Hijo de hombre,
ponte sobre tus pies, y hablaré contigo.” ¿Cuál es
la primera condición? La primera condición es que al
recibir el llamado de Dios tenemos que pararnos
firmemente. Si queremos ver el poder de nuestro Padre
celestial reflejado en nuestra vida, y deseamos escuchar
Su voz, entonces tenemos que pararnos firmemente en Su
santa y divina Palabra. Tenemos que pararnos firmemente
sobre la roca, y no permitir que nada ni nadie nos
desvié de los caminos de Dios. Dile a la persona que
tienes a tu lado “ponte sobre tus pies.” El
problema más grande que existe es que muchos han
reconocido que han recibido un llamado, pero no han
respondido efectivamente, en otras palabras no se han
puesto en pie. Muchos han permito que las
circunstancias y que las excusas le detengan la
bendición y el privilegio que es el ser llamado. Digo
esto porque si analizamos bien las cosas, no es difícil
discernir que servir a Dios es un gran privilegio, y una
tremenda bendición. Pensemos en esto por un momento
para determinar si lo que les digo tiene sentido. Dios
pudo haber mandado a un ángel o a legiones de ángeles a
que predicaran Su Palabra, pero no lo hizo así.
Nosotros servimos a un Dios omnipotente, lo que quiere
decir que Él puede causar que Su voz sea escuchada por
todos en el mundo a la misma vez, pero no lo ha hecho
así. En Mateo 5:14-16
encontramos que el Señor nos dice “Vosotros sois la
luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se
puede esconder. 15Ni se enciende una luz y se
pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y
alumbra a todos los que están en casa. 16Así
alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que
vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro
Padre que está en los cielos.” En otras palabras,
Dios nos escogió a nosotros, seres imperfectos,
pecadores, para que seamos nosotros los que edifiquemos
Su reino. Ahora pregunto, ¿no es esto un privilegio?
Nosotros obramos, y representamos al creador de los
cielos y la tierra; nosotros somos los representantes
del Dios omnipotente, omnisciente y omnipresente. ¿No es
esto una gran bendición? Yo no sé lo que algunos aquí
piensen, pero poder ser el representante de Dios aquí en
la tierra es al privilegio y la bendición más grande que
podemos recibir. Dios tiene a su alcance innumerable
seres y recursos que puede usar, pero Él nos ha escogido
a nosotros. ¿Cuántos pueden levantar un grito de jubilo
y decir Gloria a Dios? Dile a la persona que tienes a
tu lado, Dios te escogió. Hermanos, tal como escogió a
Ezequiel, Él también nos ha escogido a nosotros. Y
cuando nos podemos en pie, algo maravilloso sucede.
La Palabra nos dice: “Y luego que me habló, entró el
Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que
me hablaba.” Ezequiel se puso en pie y en ese
instante algo grandioso ocurrió, Dios le hablo en su
Espíritu. Algo grandioso sucedió, Dios le fortaleció la
Palabra nos dice: “entró el Espíritu en mí y me
afirmó sobre mis pies.” Igual sucede con nosotros,
cuando nos ponemos en pie Dios nos llena de su Santo
Espíritu y empezamos a escuchar su voz. En el caso de
Ezequiel, Dios le hablo y le dijo que Él lo enviaba a
los hijos de Israel que se habían rebelado en contra
suya, y éstas palabras tienen el mismo significado en el
día de hoy como en ese entonces. Digo esto porque no es
difícil llegar a la conclusión que el mundo se ha
rebelado en contra de Dios. Como les he dicho en otras
ocasiones, el mundo está siendo engañado por doctrinas
falsas, y esto es debido a que el ser humano está
buscando la solución por manos del hombre. Pero nosotros
que servimos a Dios conocemos la verdad. Conocemos la
verdad porque hemos comenzado a escuchar la voz de Dios,
pero lo que sucede es que con frecuencia no nos hemos
puesto en pie. Sin duda alguna todos aquí queremos ser
bendecidos, ¿cuántos dicen amen? Todos queremos ver un
crecimiento y un avivamiento en el pueblo de Dios, pero
el problema está en que en muchas ocasiones preferimos
que sea otro el que haga el trabajo. Al escuchar el
llamado decimos “heme aquí, envía a mi hermano.”
La segunda condición del llamado es perseverar en todo
momento; la misión que fue encomendada a Ezequiel no fue
nada fácil; fíjense bien en lo que le dijo el Señor
cuando leemos “Yo, pues, te envío a hijos de duro
rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha
dicho Jehová el Señor.” Dile a la persona que
tienes a tu lado, no era fácil. Y la misión que Dios
nos ha encomendado tampoco es nada fácil. Fíjense bien
como nos dice el Señor en Lucas
10:2-3 cuando leemos “Y les decía: La mies a
la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto,
rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.
3Id; he aquí yo os envío como corderos en
medio de lobos.” Dile a la persona que tienes a tu
lado, no es fácil. Éste miso es el problema, porque
trabajar para la obra de Dios en ocasiones trae
dificultad a nuestra vida cotidiana, muchos dejan de
trabajar para la obra; en otras palabras no perseveran
en la voluntad de Dios. Muchos permiten que la
bendición y privilegio de obrar para Dios sea arrebatada
de ellos. Pero ¿espera Dios eso de nosotros?
Absolutamente ¡NO! Dios espera que perseveremos y nos
mantengamos firmes sin importar las situaciones o
circunstancias. Fíjense bien en lo que Dios le dijo
cuando leemos “Acaso ellos escuchen; pero si no
escucharen, porque son una casa rebelde, siempre
conocerán que hubo profeta entre ellos. 6Y
tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus
palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y
moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras,
ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.
7Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o
dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.” Con
esto aquí Dios estaba exaltando a Ezequiel a que
continuara llevando Su Palabra, y nos exalta a cada uno
de nosotros a que llevemos el mensaje de salvación al
mundo. Dios nos esta diciendo, lleven mi Palabra a esos
duros de corazón; lleven mi palabra a todos; prediquen y
no se preocupen por nada; témanle a nada. Dios nos dice
que lo importante no es que nos presten atención o no,
lo importante es que ellos sepan "que hubo profeta
entre ellos." En otras palabras, lo importante es
que sepan que el Reino de Dios todavía está a su
alcance. Esto en si es el mensaje principal, el mundo
tiene que saber que el Reino de Dios todavía está a su
alcance. Porque déjenme decirles que existen muchas
personas en el mundo que piensan que no pueden ser
salvadas. Existen muchas personas en el mundo que
piensan que han hecho cosas tan malas que no pueden ser
perdonados, que nunca podrán entrar en el Reino de
Dios. Pero todo esto lo reprendemos en el nombre de
Jesús. El mundo tiene que saber que Dios esta presente
y dispuesto a perdonar nuestras ofensas y derramar su
gracia sobre nosotros. Pero la razón por la que existen
tantos en el mundo que piensan de ésta manera es porque
muchos dejan de perseverar. Muchos se dan por vencido,
y no se mantienen de pie. Pero cuando decidimos tomar
en serio el llamado de Dios, cuando nos mantenemos
parados firmes en la roca y atentos a Su voz sin
importarnos las circunstancias o situaciones, entonces
algo maravilloso sucede.
El resultado de mantenernos parados firme en la roca es
como encontramos aquí cuando leemos “Mas tú, hijo de
hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la
casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.”
Cuando dejamos nuestra rebeldía, tomamos en serio el
llamado que se nos ha hecho, y estamos atentos a la voz
de Dios, entonces Él nos nutrirá con Su palabra. Cuando
nos ponemos en pie y tomamos en serio el llamado que
Dios nos ha dado, entonces seremos fortalecidos y
podremos resistir y derrotar los ataques del enemigo.
Cuando somos nutridos por la Palabra de Dios, entonces
seremos dirigidos por el Espíritu Santo, y cuando el
Espíritu Santo guía nuestros pasos y pensamientos,
entonces cuando surjan las dificultades y tentaciones
será como encontramos en
Deuteronomio 28:7 cuando leemos “Jehová
derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti;
por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos
huirán de delante de ti.”
Para concluir.
Dios nos llamo, Dios nos escogió. Él nos da de comer Su
Palabra, nos bendice con Su Santo Espíritu, y nos exalta
a que prediquemos el evangelio. Tenemos que pararnos,
y estar atentos a Su voz. Tenemos que dejarle saber al
mundo que el Reino de Dios todavía está a su alcance.
Tenemos que dejarle saber al mundo que Dios es un Dios
de justicia, un Dios de amor. Tenemos que dejarle saber
al mundo que Dios está dispuesto a perdonar nuestros
pecados, no importa cuan grande o cuan chico. Él está
dispuesto a limpiarnos y darnos una vida nueva, y aun
más; Él nos ha dado la salvación a través de su hijo
Jesucristo. No confundamos el llamado con el liderazgo,
existe una gran diferencia entre uno y el otro. No
todos estamos llamados a ser líderes, pero todos si
estamos llamados a obrar para el reino de Dios.
© Copyright José R. Hernández