Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

Danos un rey que nos juzgue

Como he dicho en  numerosas ocasiones, ninguno de nosotros somos perfectos.  La gran realidad es que todos aquí cometemos errores, y somos culpables de hacer decisiones impulsivas, en otras palabras, nos dejamos llevar por nuestros sentimientos, y lo más malo aun, nos dejamos llevar por las cosas de éste mundo.  Esto causa que muchos lleguen a la dolorosa conclusión de que las cosas en su vida hubieran sido mucho mejor si hubieran tomado decisiones más sabias. Reconocer esto en nuestra vida no es algo fácil, ya que a ninguno de nosotros nos gusta admitir que estamos equivocados, y esto es algo extremadamente frustrante;  especialmente cuando estamos atravesando por una dificultad que en muchas ocasiones nosotros mismos hemos producido en nuestra vida. Existe un refrán muy popular que dice, “aquellos que ignoran la historia están condenados a repetirla,” y es éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy.  Hoy vamos ha aprender una valiosa lección de una terrible decisión.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

1 Samuel 8:4-7 - Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, 5y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. 6Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios nos tiene, nos será necesario hacer un breve repaso de la historia.  El primer libro de Samuel describe la transición de liderazgo en Israel de jueces a reyes, en otras palabras de la teocracia a la monarquía.  Como podemos ver aquí en estos versículos que estamos usando en el día de hoy, Samuel tuvo la distinción de ser el último juez que tuvo Israel, pero también tuvo la distinción de ser el primer profeta [1].  Esto es algo que queda bien claro en 1 Samuel 3:19-21 cuando leemos, “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.” En este punto de la historia, Israel se había acomodado en la tierra prometida.  Ellos no tenían un rey que los gobernaba, no existía un gobierno central que dictaba leyes, exigía impuestos y que mantenía un ejército.  La razón por la que nada de eso existía es porque no les hacia falta, ellos tuvieron jueces levantados por Dios, y Él les protegía en todo momento.   Esto es algo que queda bien claro en Jueces 2:18 cuando leemos, “Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían.” En realidad éste pueblo debió haber estado extremadamente gozoso ya que Dios mismo era quien les guiaba y protegía, pero aparentemente esto no fue lo suficiente. Manteniendo estos breves detalles en mente, continúenos ahora con nuestro estudio de hoy. 

En estos versículos leemos “Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, 5y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.”  Como podemos ver aquí, éste pueblo no estaba satisfecho con que Dios fuera quien reinara sobre ellos; éste pueblo no estaba satisfecho de ser extremadamente diferentes al resto del mundo, sino que ellos querían ser tal como el mundo.  Dios les había escogido para que fuesen algo muy diferente al mundo; esto es algo que queda extremadamente claro en Deuteronomio 7:6 cuando leemos, “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra,” pero ellos ignoraron todo esto. 

Ignorar o no prestar atención a la Palabra de Dios es algo que continúa siendo un grave problema dentro del pueblo de Dios de hoy. Digo esto porque ese pueblo fue escogido para ser algo extremadamente diferente y especial, y nosotros también fuimos escogidos de la misma manera.  Esto es algo que queda bien claro en 1 Pedro 2:9 cuando leemos, “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”  Pero no obstante esto, existen muchos dentro del pueblo de Dios que insisten en no ser diferentes del resto del mundo.  La mayor razón por esto es porque la mayoría de nosotros necesitamos ser aceptados por aquellos que nos rodean.  El problema que existe en esto es que para que esto suceda, entonces tenemos que formar parte de la mezcla.  Esto significa que nuestra manera de pensar y actuar será influenciada más por las circunstancias y situaciones que nos rodean, envés de por la Palabra de Dios.   Esto significa que nuestra manera de pensar y actuar será influenciada más por lo que es comúnmente aceptado por el mundo, envés de lo que es aceptado por Dios.  Una vez que hacemos esto, entonces nuestra fe flaqueara y demás está decir que hacer flaquear la fe de un creyente es un plan muy bien orquestado por nuestro enemigo. 

La gran realidad es que nuestro enemigo sabe muy bien que él no puede contra Dios; él sabe que no tiene nada a su alcance que pueda utilizar para vencer a Dios, y él sabe muy bien cual será su final.  Su final es como encontramos en Apocalipsis 20:10 cuando leemos, “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”  Con toda su sabiduría, y poder, el diablo no puede echar abajo el reino de Dios, pero si puede tratar de destruir la fe en Dios.  Cuando tomamos el tiempo de meditar en las escrituras que estamos explorando hoy, no es difícil discernir que éste fue el caso con éste pueblo.  El enemigo pudo derrumbar la fe de éste pueblo porque ellos no aprendieron de la historia.  Ahora bien, deseo detenerme aquí y hacer una breve aclaración.  En realidad no exista nada de malo en lo que ellos pedían, digo esto porque Dios les había prometido que un día tendrían un rey.  Esto es algo que queda bien ilustrado en Deuteronomio 17:14-15 cuando leemos, “Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; 15ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano.” Pero ellos no estaban dispuestos a esperar, ellos quitaron su mirada del que en realidad les guiaba y protegía, y la pusieron en los hombres; ellos preferían tener a un hombre que pidieran ver y escuchar, en vez de a Dios.   Ésta decisión trágica les condujo a que no experimentaran la perfecta voluntad de Dios. 

Continuando con nuestro estudio leemos “Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová”  Como podemos ver, la acción inmediata de Samuel nos demuestra que él vio claramente que lo que éste pueblo pedía estaba muy mal. ¿Por qué estaba mal?  Samuel pudo ver claramente que lo que ellos pedían estaba mal porque Samuel no se olvido de la historia.  Samuel se acordó muy bien de lo que encontramos en Levíticos 20:23 cuando leemos, “Y no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los tuve en abominación.”  Dios les había llamado a ser diferentes, pero ahora ellos pedían ser iguales a otras naciones.  Ellos estaban rechazando a Samuel como juez, pero más importante que todo estaban rechazando a Dios como rey.  Fíjense bien en este detalle, aquí leemos “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. 8Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.”  Estaban rechazando a aquel quien les había levantado por encima de toda nación.  Fíjense bien como les dijo el Señor en Deuteronomio 14:2 cuando leemos, “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.” Cuando hacemos una comparación entre el pueblo de Dios de ese entonces y el pueblo de Dios de hoy, pronto veremos que no existe mucha diferencia entre ellos y muchos hoy en día.   

Basado en estos versículos vemos que los ancianos de Israel se juntaron y pidieron un rey, de esa forma desechando que Dios reinara sobre ellos.  Ellos tenían al rey de reyes, ellos tenían a Jehová de los ejércitos, ellos tenían a Dios todopoderoso quien les libraba de todo mal, pero ellos eligieron confiar más en el hombre que en Dios.  Es lamentable decirlo, pero ésta actitud es fácilmente encontrada en nuestra sociedad.  Hoy en día tal como en ese entonces, el pueblo prefiere confiar más en el hombre que en Dios.  Digo esto porque existen muchos que han abandonado el lugar de bendición por ir detrás de las comodidades.  Existen muchos que se han apartado de la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y han aceptado doctrinas de demonios.  Hoy en día podemos encontrar una generación que constantemente está creando doctrinas que tratan de eliminar a Dios de todo. Existen numerosas doctrinas creadas por el diablo con el propósito de alejar al hombre de Dios, y nos seria imposible cubrirlas todas en este pequeño espacio de tiempo que compartimos, pero creo que todos tienen muy buena idea de lo que les hablo.  En otras palabras, tal como en ese entonces, el mundo de hoy está sirviendo a dioses ajenos y alejándose de la voluntad de Dios.  Cuando leemos este capitulo completo, vemos que algo muy importante sucedió, vemos que Dios le advierte a éste pueblo que lo que pedían no seria nada bueno para ellos, pero no obstante la advertencia, ellos decidieron no confiar en Dios.   El resultado de su decisión fue algo catastrófico, digo esto porque sucedió exactamente lo que se les había advertido.   

Para concluir.  La nación de Israel eventualmente tuvo 41 reyes, de estos solamente 11 siguieron a Dios, y siete de ellos se olvidaron de Dios por completo en los últimos tiempos de su reinado.  Ésta rebelión espiritual condujo a que la nación de Israel fuese capturada por otras naciones, y que eventualmente dejase de existir.  Todos debemos aprender de esta lección tan dura que este pueblo obtuvo.  De ésta lección debemos aprender que la respuesta a nuestros problemas nunca puede descansar en el hombre, sino que tenemos que confiar en Dios.  Éste pueblo tenia problemas y dificultades, éste pueblo tenía a naciones a su alrededor que les invadían, éste pueblo tenía enemigos que deseaban destruirles.  Pero ellos también tenían a Dios quien les protegía y guiaba en todo instante.   El problema nunca fue que Dios se olvido de ellos, o que Dios dejo de hablarles; el problema siempre fue que éste pueblo se olvido de Dios, y dejaron de escucharle.   

Hermanos, existe un poder fuerte en éste mundo que desea eliminar la fe en Dios.  Existen legiones de demonios con el propósito de alejar al hombre de la voluntad de Dios.  Esto es algo que se nos advierte claramente en Efesios 6:12 cuando leemos, “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”  Sé que no les estoy diciendo nada nuevo, todos aquí sabemos que estamos en un estado de guerra, pero es necesario que se los recuerde porque tenemos que pelear.  La influencia de un ser poderoso es la que desea destruir la fe en Dios.  La influencia de un ser poderoso fue quien tentó y logro su propósito en llevar a una nación en una completa rebeldía, y que rechazaran a Dios como su rey.  No nos dejemos intimidar, existe un ser poderoso que desea derrumbar la obra de Dios, pero recordemos que nosotros no servimos a un ser poderoso, nosotros servimos al todopoderoso, y su nombre es Jesús.  Fíjense bien lo que encontramos en Filipenses 2:9-11 cuando leemos, “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”  Aprendamos de los errores de éste pueblo, y estemos atentos a la voz de nuestro Señor.  Escuchemos sus advertencias, y dejémonos guiar por Él en todo momento.  Busquemos hoy la solución a nuestras dificultades, busquemos hoy la solución a nuestros problemas, no en el hombre como hizo éste pueblo.  Busquemos la solución solamente en Dios, y démosle gracias a diario que no nos ha dado un rey que nos juzgue, sino que nos ha dado el rey que nos salva.  Recordemos siempre lo que nos dice el Señor en Juan 12:47 cuando leemos, “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.”  Escucha hoy Sus palabras y tu salvación será asegurada.

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

 
email: José R. Hernández
 

Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved