Danos un rey que nos juzgue
Como he dicho en numerosas ocasiones, ninguno de
nosotros somos perfectos. La gran realidad es que todos
aquí cometemos errores, y somos culpables de hacer
decisiones impulsivas, en otras palabras, nos dejamos
llevar por nuestros sentimientos, y lo más malo aun, nos
dejamos llevar por las cosas de éste mundo. Esto causa
que muchos lleguen a la dolorosa conclusión de que las
cosas en su vida hubieran sido mucho mejor si hubieran
tomado decisiones más sabias. Reconocer esto en nuestra
vida no es algo fácil, ya que a ninguno de nosotros nos
gusta admitir que estamos equivocados, y esto es algo
extremadamente frustrante; especialmente cuando estamos
atravesando por una dificultad que en muchas ocasiones
nosotros mismos hemos producido en nuestra vida. Existe
un refrán muy popular que dice,
“aquellos que ignoran la historia están condenados a
repetirla,” y es éste es el tema que estaremos
explorando en el día de hoy. Hoy vamos ha aprender una
valiosa lección de una terrible decisión. Pasemos ahora
a la Palabra de Dios.
1 Samuel 8:4-7
- Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron,
y vinieron a Ramá para ver a Samuel, 5y le
dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan
en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey
que nos juzgue, como tienen todas las naciones. 6Pero
no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un
rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 7Y
dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo
que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí
me han desechado, para que no reine sobre ellos.
Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del
mensaje que Dios nos tiene, nos será necesario hacer un
breve repaso de la historia. El primer libro de Samuel
describe la transición de liderazgo en Israel de jueces
a reyes, en otras palabras de la teocracia a la
monarquía. Como podemos ver aquí en estos versículos
que estamos usando en el día de hoy, Samuel tuvo la
distinción de ser el último juez que tuvo Israel, pero
también tuvo la distinción de ser el primer profeta
[1]. Esto es algo que queda bien claro en
1 Samuel 3:19-21 cuando
leemos, “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y
no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. 20Y
todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que
Samuel era fiel profeta de Jehová. 21Y Jehová
volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a
Samuel en Silo por la palabra de Jehová.” En este
punto de la historia, Israel se había acomodado en la
tierra prometida. Ellos no tenían un rey que los
gobernaba, no existía un gobierno central que dictaba
leyes, exigía impuestos y que mantenía un ejército. La
razón por la que nada de eso existía es porque no les
hacia falta, ellos tuvieron jueces levantados por Dios,
y Él les protegía en todo momento. Esto es algo que
queda bien claro en Jueces 2:18
cuando leemos, “Y cuando Jehová les levantaba jueces,
Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los
enemigos todo el tiempo de aquel juez; porque Jehová era
movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que
los oprimían y afligían.” En realidad éste pueblo
debió haber estado extremadamente gozoso ya que Dios
mismo era quien les guiaba y protegía, pero
aparentemente esto no fue lo suficiente. Manteniendo
estos breves detalles en mente, continúenos ahora con
nuestro estudio de hoy.
En estos versículos leemos “Entonces todos los
ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para
ver a Samuel, 5y le dijeron: He aquí tú has
envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por
tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como
tienen todas las naciones.” Como podemos ver aquí,
éste pueblo no estaba satisfecho con que Dios fuera
quien reinara sobre ellos; éste pueblo no estaba
satisfecho de ser extremadamente diferentes al resto del
mundo, sino que ellos querían ser tal como el mundo.
Dios les había escogido para que fuesen algo muy
diferente al mundo; esto es algo que queda
extremadamente claro en
Deuteronomio 7:6 cuando leemos, “Porque tú
eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te
ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos
los pueblos que están sobre la tierra,” pero ellos
ignoraron todo esto.
Ignorar o no prestar atención a la Palabra de Dios es
algo que continúa siendo un grave problema dentro del
pueblo de Dios de hoy. Digo esto porque ese pueblo fue
escogido para ser algo extremadamente diferente y
especial, y nosotros también fuimos escogidos de la
misma manera. Esto es algo que queda bien claro en
1 Pedro 2:9 cuando
leemos, “Mas vosotros sois linaje escogido, real
sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios,
para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de
las tinieblas a su luz admirable.” Pero no obstante
esto, existen muchos dentro del pueblo de Dios que
insisten en no ser diferentes del resto del mundo. La
mayor razón por esto es porque la mayoría de nosotros
necesitamos ser aceptados por aquellos que nos rodean.
El problema que existe en esto es que para que esto
suceda, entonces tenemos que formar parte de la mezcla.
Esto significa que nuestra manera de pensar y actuar
será influenciada más por las circunstancias y
situaciones que nos rodean, envés de por la Palabra de
Dios. Esto significa que nuestra manera de pensar y
actuar será influenciada más por lo que es comúnmente
aceptado por el mundo, envés de lo que es aceptado por
Dios. Una vez que hacemos esto, entonces nuestra fe
flaqueara y demás está decir que hacer flaquear la fe de
un creyente es un plan muy bien orquestado por nuestro
enemigo.
La gran realidad es que nuestro enemigo sabe muy bien
que él no puede contra Dios; él sabe que no tiene nada a
su alcance que pueda utilizar para vencer a Dios, y él
sabe muy bien cual será su final. Su final es como
encontramos en Apocalipsis
20:10 cuando leemos, “Y el diablo que los
engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde
estaban la bestia y el falso profeta; y serán
atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”
Con toda su sabiduría, y poder, el diablo no puede echar abajo
el reino de Dios, pero si puede tratar de destruir la fe
en Dios. Cuando tomamos el tiempo de meditar en las
escrituras que estamos explorando hoy, no es difícil
discernir que éste fue el caso con éste pueblo. El
enemigo pudo derrumbar la fe de éste pueblo porque ellos
no aprendieron de la historia. Ahora bien, deseo
detenerme aquí y hacer una breve aclaración. En
realidad no exista nada de malo en lo que ellos pedían,
digo esto porque Dios les había prometido que un día
tendrían un rey. Esto es algo que queda bien ilustrado
en Deuteronomio 17:14-15
cuando leemos, “Cuando hayas entrado en la tierra que
Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la
habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las
naciones que están en mis alrededores; 15ciertamente
pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios
escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti;
no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea
tu hermano.” Pero ellos no estaban dispuestos a
esperar, ellos quitaron su mirada del que en realidad
les guiaba y protegía, y la pusieron en los hombres;
ellos preferían tener a un hombre que pidieran ver y
escuchar, en vez de a Dios. Ésta decisión trágica les
condujo a que no experimentaran la perfecta voluntad de
Dios.
Continuando con nuestro estudio leemos “Pero no
agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey
que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová” Como podemos
ver, la acción inmediata de Samuel nos demuestra que él
vio claramente que lo que éste pueblo pedía estaba muy
mal. ¿Por qué estaba mal? Samuel pudo ver claramente
que lo que ellos pedían estaba mal porque Samuel no se
olvido de la historia. Samuel se acordó muy bien de lo
que encontramos en Levíticos
20:23 cuando leemos, “Y no andéis en las
prácticas de las naciones que yo echaré de delante de
vosotros; porque ellos hicieron todas estas cosas, y los
tuve en abominación.” Dios les había llamado a ser
diferentes, pero ahora ellos pedían ser iguales a otras
naciones. Ellos estaban rechazando a Samuel como juez,
pero más importante que todo estaban rechazando a Dios
como rey. Fíjense bien en este detalle, aquí leemos “Y
dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo
que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí
me han desechado, para que no reine sobre ellos. 8Conforme
a todas las obras que han hecho desde el día que los
saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a
dioses ajenos, así hacen también contigo.” Estaban
rechazando a aquel quien les había levantado por encima
de toda nación. Fíjense bien como les dijo el Señor en
Deuteronomio 14:2 cuando
leemos, “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y
Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único
de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.”
Cuando hacemos una comparación entre el pueblo de Dios
de ese entonces y el pueblo de Dios de hoy, pronto
veremos que no existe mucha diferencia entre ellos y
muchos hoy en día.
Basado en estos versículos vemos que los ancianos de
Israel se juntaron y pidieron un rey, de esa forma
desechando que Dios reinara sobre ellos. Ellos tenían
al rey de reyes, ellos tenían a Jehová de los ejércitos,
ellos tenían a Dios todopoderoso quien les libraba de
todo mal, pero ellos eligieron confiar más en el hombre
que en Dios. Es lamentable decirlo, pero ésta actitud
es fácilmente encontrada en nuestra sociedad. Hoy en
día tal como en ese entonces, el pueblo prefiere confiar
más en el hombre que en Dios. Digo esto porque existen
muchos que han abandonado el lugar de bendición por ir
detrás de las comodidades. Existen muchos que se han
apartado de la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y
han aceptado doctrinas de demonios. Hoy en día podemos
encontrar una generación que constantemente está creando
doctrinas que tratan de eliminar a Dios de todo. Existen
numerosas doctrinas creadas por el diablo con el
propósito de alejar al hombre de Dios, y nos seria
imposible cubrirlas todas en este pequeño espacio de
tiempo que compartimos, pero creo que todos tienen muy
buena idea de lo que les hablo. En otras palabras, tal
como en ese entonces, el mundo de hoy está sirviendo a
dioses ajenos y alejándose de la voluntad de Dios.
Cuando leemos este capitulo completo, vemos que algo muy
importante sucedió, vemos que Dios le advierte a éste
pueblo que lo que pedían no seria nada bueno para ellos,
pero no obstante la advertencia, ellos decidieron no
confiar en Dios. El resultado de su decisión fue algo
catastrófico, digo esto porque sucedió exactamente lo
que se les había advertido.
Para concluir.
La nación de Israel eventualmente tuvo 41 reyes, de
estos solamente 11 siguieron a Dios, y siete de ellos se
olvidaron de Dios por completo en los últimos tiempos de
su reinado. Ésta rebelión espiritual condujo a que la
nación de Israel fuese capturada por otras naciones, y
que eventualmente dejase de existir. Todos debemos
aprender de esta lección tan dura que este pueblo
obtuvo. De ésta lección debemos aprender que la
respuesta a nuestros problemas nunca puede descansar en
el hombre, sino que tenemos que confiar en Dios. Éste
pueblo tenia problemas y dificultades, éste pueblo tenía
a naciones a su alrededor que les invadían, éste pueblo
tenía enemigos que deseaban destruirles. Pero ellos
también tenían a Dios quien les protegía y guiaba en
todo instante. El problema nunca fue que Dios se
olvido de ellos, o que Dios dejo de hablarles; el
problema siempre fue que éste pueblo se olvido de Dios,
y dejaron de escucharle.
Hermanos, existe un poder fuerte en éste mundo que desea
eliminar la fe en Dios. Existen legiones de demonios
con el propósito de alejar al hombre de la voluntad de
Dios. Esto es algo que se nos advierte claramente en
Efesios 6:12 cuando
leemos, “Porque no tenemos lucha contra sangre y
carne, sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo,
contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes.” Sé que no les estoy diciendo nada nuevo,
todos aquí sabemos que estamos en un estado de guerra,
pero es necesario que se los recuerde porque tenemos que
pelear. La influencia de un ser poderoso es la que
desea destruir la fe en Dios. La influencia de un ser
poderoso fue quien tentó y logro su propósito en llevar
a una nación en una completa rebeldía, y que rechazaran
a Dios como su rey. No nos dejemos intimidar, existe un
ser poderoso que desea derrumbar la obra de Dios, pero
recordemos que nosotros no servimos a un ser poderoso,
nosotros servimos al todopoderoso, y su nombre es
Jesús. Fíjense bien lo que encontramos en
Filipenses 2:9-11 cuando
leemos, “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo
sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre,
10para que en el nombre de Jesús se doble toda
rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra,
y debajo de la tierra; 11y toda lengua
confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios
Padre.” Aprendamos de los errores de éste pueblo, y
estemos atentos a la voz de nuestro Señor. Escuchemos
sus advertencias, y dejémonos guiar por Él en todo
momento. Busquemos hoy la solución a nuestras
dificultades, busquemos hoy la solución a nuestros
problemas, no en el hombre como hizo éste pueblo.
Busquemos la solución solamente en Dios, y démosle
gracias a diario que no nos ha dado un rey que nos
juzgue, sino que nos ha dado el rey que nos salva.
Recordemos siempre lo que nos dice el Señor en
Juan 12:47 cuando
leemos, “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo
no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino
a salvar al mundo.” Escucha hoy Sus palabras y tu
salvación será asegurada.
© Copyright José R. Hernández