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Obispo José R. Hernández

Atravesando el desierto

¿A cuantos les ha tocado pasar por situaciones difíciles?  Este es el tema que estaremos tratando en el día de hoy.  Hoy estaremos analizando las situaciones que se presentan en nuestra vida que suelen causarnos preocupaciones o sufrimientos.  Situaciones o circunstancias que con frecuencia causan que muchos duden o desconfíen en Dios.  En el mundo existen muchas personas que se encuentran totalmente sin esperanza, personas que están atravesando por situaciones o problemas sin la menor esperanza de una solución. Pero esto no es algo que solo se aplica al mundo, desafortunadamente en el Pueblo de Dios también se puede encontrar un gran numero de personas que han perdido su camino; en el pueblo de Dios también se puede encontrar a una gran grupo de personas que no logran avanzar, que no logran obtener la victoria que Dios desea entregarles. Pasemos ahora a la Palabra de Dios y encontremos una muy buena ilustración acerca de este tema que estaremos estudiando hoy.   

Deuteronomio 8:1-6 - Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con juramento a vuestros padres. 2 Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. 3 Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. 4 Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. 5 Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga. 6 Guardarás, pues, los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y temiéndole.

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios nos tiene, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Lo que estaba sucediendo en este momento es que Moisés había reunido al pueblo de Dios cerca del rió Jordán a poca distancia de esa gran ciudad llamada Jericó; ellos estaban a punto de entrar a la tierra prometida. Entonces aquí encontramos a Moisés hablándole al pueblo, recordándoles que les había tomado cuarenta años llegar. ¿Se pueden imaginar cuarenta años en el desierto?  Estamos hablando de un viaje que no toma más de dieciocho días, pero a ellos les tomo cuarenta años. La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué sucedió así? La respuesta es fácil. En el camino, el pueblo que Dios libero, el pueblo que Dios amo, el pueblo que debería estar agradecido con cada paso que daban, cuando llegaron las pruebas y dificultades, se rebelo en contra de Dios.  El pueblo se rebelo en contra de Dios, y menosprecio todo lo que Dios había hecho por ellos.  Ese pueblo rebelde menosprecio los milagros y señales que Dios hizo para liberarles de la esclavitud, y la consecuencia fue que ese pueblo no llego a poner pie en la tierra prometida.  Ese pueblo todo murió en el desierto, pero ahora sus descendientes ocuparían la tierra que Dios le había prometido. Fíjense bien como lo dice Números 14:28-31 - Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. 29 En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. 30 Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. 31 Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. Es por esta razón que vemos como Moisés les da esta gran advertencia antes de que cruzaran el rió y entraran en la tierra prometida. Él no quería que según ellos se acomodaran y empezaran a disfrutar de las bendiciones que Dios les había dado, se olvidaran de la razón por la que ellos estaban ahí. Aquí vemos como Moisés les advierte la importancia de mantener las leyes de Dios, y les dice en ningunos términos inciertos que ellos habían llegado hasta este punto solo por obra y gracia de Dios. Teniendo este breve conocimiento de las circunstancias de ese entonces, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy y veamos como esta advertencia se aplica a nuestra vida. Veamos la importancia que tiene este desierto por el que ellos tuvieron que atravesar en nuestro diario vivir. 

Esta advertencia de Moisés a ese pueblo es tan fuerte hoy como en ese entonces. Esta advertencia es una que todos debemos tener muy en mente y permitir que penetre profundamente en nuestro corazón. Como pudimos ver aquí, a ellos les tomo 40 años atravesar este pequeño tramo de desierto. Pero debemos preguntarnos ¿cuál fue la razón principal por esto? En realidad la respuesta a esta pregunta es bien fácil; la razón por la que ellos estuvieron en ese desierto por tanto tiempo es porque ellos salieron de Egipto, pero Egipto no había salido de ellos.  ¿Cómo así? Pensemos en lo que les acabo de decir. En su caminar hacia la tierra prometida ellos dudaron de Dios, se fueron en rebeldía en contra de Dios, y hasta quisieron regresar a Egipto a la esclavitud. Estas declaraciones que les acabo de hacer las encontramos bien reflejadas Números 14:2-4 cuando leemos “se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: !!Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! 3 ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? 4 Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.”  Imaginémonos esto, este pueblo después de haber visto señales y milagros, en vez de concentrarse en lo que Dios había hecho y estaba haciendo, solo se podía concentrar en los breve momentos de comodidad que habían experimentado; esto es algo que lo podemos encontrar bien reflexionado en la declaración que encontramos en Números 11:5-6 cuando leemos “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; 6 y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.”  Digo que fueron breve momentos de comodidad porque después de todo, ellos fueron esclavos de Egipto por 430 años.  Otra cosa también a notar aquí es que el concentrar su mirada en solo esos momentos de placer les condujo a que despreciaran la bendición que Dios derramaba sobre ellos, fíjense bien en como ellos decían “y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos.” 

Hermanos, si hacemos una comparación entre este pueblo, y el pueblo de Dios hoy en día, pronto encontraremos que no existe mucha diferencia.  Digo esto porque en muchas ocasiones el pueblo de Dios de hoy hace lo mismo que hizo este pueblo, en otras palabras dejamos de concentrarnos en Cristo y nos concentramos solo en el desierto.  Quizás algunos piensen que lo que les digo no tiene sentido, pero preguntémonos, ¿qué es un desierto? Un desierto es un lugar desolado, un lugar caliente, un lugar donde el vivir es algo casi imposible. Un lugar árido donde no existe sombra, donde no se encuentra agua para saciar la sed, un lugar que causa un gran sufrimiento. Creo que todos estaremos de acuerdo cuando digo que esta es la mejor descripción de un desierto, ¿verdad? Pero ahora preguntémonos, ¿qué puede ser un desierto en nuestra vida? Un desierto puede ser el sentirnos mal, estar deprimidos y tristes, sentirnos oprimidos por situaciones con nuestros familiares, o quizás en nuestros trabajos.  En si, un desierto es todo aquello que nos causa una tribulación o preocupación. En otras palabras es el estar viviendo derrotados, angustiados, y tristes. Pero si nos encontramos viviendo así, entonces tenemos que saber que ese no es el plan de Dios para ninguno de nosotros. Dios no quiere que su pueblo viva en un desierto, Dios quiere que su pueblo viva en su reino.    

La mayor razón por la que muchos viven en esos desiertos es porque su fe no esta fortalecida.  En otras palabras, la fe les falla y debido a eso, al llegar los momentos de tribulaciones y pruebas, o como les podemos llamar, desiertos, entonces no pueden atravesarlas en solo unos días, o con brevedad  sino que terminan perdiéndose en ellos. Si hermanos, en muchas ocasiones el pueblo elegido por Dios, el pueblo que Dios quiere bendecir, el pueblo por quien Dios entrego a su hijo unigénito para que pudiese recibir la salvación se pierde en el desierto de las tribulaciones y pruebas. Sé que antes de recibir a Cristo, todos los que estamos aquí en un punto u otro en nuestra vida estuvimos perdidos en el desierto que es el mundo.  Estoy seguro que todos podemos recordarnos de estar en búsqueda de algo, completamente perdidos sin rumbo o propósito, sedientos de algo, pero no sabíamos de que. Tratamos todas las soluciones a nuestro alcance tratando de salir de ese sufrimiento, y tratamos de llenar ese vació, pero nada trabajo.  Estuvimos sin rumbo cargando todos nuestros problemas y sufrimientos sobre nuestros hombros asta el día que aceptamos a Jesús. Ese día cuando se nos fue demostrado el camino a la tierra prometida, ese día cuando renunciamos a la ciudadanía del mundo y pasamos a ser ciudadanos en el reino de Dios.  

¿Se pueden acordar de ese día? Pero la pregunta mas importante es ¿estamos todos en ese camino hoy? Estoy seguro que todos aquí podemos contestar positivamente a ambas preguntas.  Estoy seguro que nuestra futura residencia esta bien segura como encontramos en la promesa de Jesús en Juan 14:2 cuando leemos “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”  Pero una gran realidad del caminar cristiano es que tendremos que pasar por situaciones feas; tendremos tribulaciones y pruebas.  Hermanos, a todos nos tocara atravesar desiertos de vez en cuando, pero no existe razón alguna para que nos tome 40 años. No existe ninguna razón para que nos quedemos perdidos, hambrientos y sedientos en un lugar desolado. Aquí vemos que Moisés les recordó que Dios les había proporcionado mana del cielo cuando tuvieron hambre; pero si te encuentras en medio de un desierto en el día de hoy, recuerda que Dios le ha proporcionado a Su pueblo algo mucho mejor. Dios envió a su hijo unigénito para que fuese Él quien nos guiara a través de los desiertos que tendríamos que atravesar, que nos guiara a través de las tribulaciones que tendremos que sufrir.  Fíjense bien como nos dice Jesús en Juan 8:12 cuando leemos “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”  Hermanos cuando fijamos nuestra mirada en Jesús, Él es quien nos guía hacia la paz.  Él es quien nos guía al lugar de victoria. 

El pueblo de Dios en ese entonces tuvo a Moisés, quien fue un gran hombre de Dios, pero nosotros tenemos a Cristo.  Tenemos a quien nunca nos abandona según su promesa en Mateo 28:20 cuando leemos  “…y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”    Tenemos a quien siempre esta dispuesto a estrechar Sus manos y guiarnos en toda situación. Las palabras de Moisés en ese entonces fueron una fuerte advertencia para ese pueblo, pero esa advertencia nos habla a nosotros también.  Hermanos, como todos sabemos el demonio con su ejercito de tinieblas no descansa; él solo quiere separarnos de la presencia y voluntad de Dios. El solo quiere mantenernos perdidos en el desierto para que dudemos de Dios, porque él sabe que la duda es como tierra fértil donde se puede sembrar la rebeldía.  No permitas ser desviado del camino que Dios a trazado en tu vida.  No permitas que el demonio te pierda en el desierto de la tristeza; no permitas que el demonio te pierda en el desierto de la depresión; no permitas que el demonio te pierda en el desierto de la desobediencia.   

En ocasiones si tendremos que pasar por situaciones difíciles, si tendremos tribulación, pero no podemos permitir que en medio de la tribulación, que a mitad del camino en ese desierto que tendremos que atravesar llegue el enemigo y nos desvié del camino seguro. Porque de algo que si podemos estar bien seguros es que llegara y nos tratara de perder. Tratara de convencernos que al aceptar a Cristo cometimos un gran error, nos acusara en nuestra propia mente de haber perdido amistades de muchos años porque ya no compartimos con ellos en las cosas del mundo; nos acusara de causar división en nuestra familia porque ya no somos como éramos sino que ahora servimos a Dios. Nos acusara y tratara de hacernos ver que antes que aceptáramos a Cristo estábamos mucho mejor. Pero esto no es más que una decepción, esto no es más que un plan para que el pueblo de Dios no pueda atravesar por el desierto en poco tiempo, sino para que nos perdamos y nos mantengamos lejos de Dios.  Esto no es más que una decepción para que regresemos a la esclavitud de la que fuimos liberados; es por eso que tenemos que fortalecernos en la Palabra de Dios en todo momento.  Fíjense bien como dice Gálatas 5:1 cuando leemos “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” 

Para concluir.  No podemos permitir ser guiados en dirección contraria a Dios. Fuimos liberados de la esclavitud, recibimos el regalo más grande que podíamos recibir, recibimos la vida eterna en Cristo Jesús. Fuimos escogidos por Dios para servirle, y debemos tener siempre en mente todos esos años que pasamos perdidos en el desierto del mundo, el sufrimiento, los dolores, esa carga tan pesada que una vez teníamos. Tenemos que acordarnos que Dios y solo Dios nos dio descanso,  y alivio nuestras penas. Hermanos, no podemos permitirle al demonio que nos pierda por esos desiertos que tendremos que atravesar, y siempre recordar que estos solo sirven para refinarnos y probar cuan fuerte es nuestra fe.

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