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Atravesando el desierto
¿A cuantos les ha tocado pasar por
situaciones difíciles? Este es el tema que estaremos
tratando en el día de hoy. Hoy estaremos analizando las
situaciones que se presentan en nuestra vida que suelen
causarnos preocupaciones o sufrimientos. Situaciones o
circunstancias que con frecuencia causan que muchos
duden o desconfíen en Dios. En el mundo existen muchas
personas que se encuentran totalmente sin esperanza,
personas que están atravesando por situaciones o
problemas sin la menor esperanza de una solución. Pero
esto no es algo que solo se aplica al mundo,
desafortunadamente en el Pueblo de Dios también se puede
encontrar un gran numero de personas que han perdido su
camino; en el pueblo de Dios también se puede encontrar
a una gran grupo de personas que no logran avanzar, que
no logran obtener la victoria que Dios desea
entregarles. Pasemos ahora a la Palabra de Dios y
encontremos una muy buena ilustración acerca de este
tema que estaremos estudiando hoy.
Deuteronomio 8:1-6
-
Cuidaréis de poner por obra todo mandamiento que yo os
ordeno hoy, para que viváis, y seáis multiplicados, y
entréis y poseáis la tierra que Jehová prometió con
juramento a vuestros padres. 2 Y te acordarás
de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios
estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para
probarte, para saber lo que había en tu corazón, si
habías de guardar o no sus mandamientos. 3 Y
te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con
maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían
conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá
el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová
vivirá el hombre. 4 Tu vestido nunca se
envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos
cuarenta años. 5 Reconoce asimismo en tu
corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así
Jehová tu Dios te castiga. 6 Guardarás, pues,
los mandamientos de Jehová tu Dios, andando en sus
caminos, y temiéndole.
Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios
nos tiene, nos será necesario hacer un breve repaso de
historia. Lo que estaba sucediendo en este momento es
que Moisés había reunido al pueblo de Dios cerca del rió
Jordán a poca distancia de esa gran ciudad llamada
Jericó; ellos estaban a punto de entrar a la tierra
prometida. Entonces aquí encontramos a Moisés hablándole
al pueblo, recordándoles que les había tomado cuarenta
años llegar. ¿Se pueden imaginar cuarenta años en el
desierto? Estamos hablando de un viaje que no toma más
de dieciocho días, pero a ellos les tomo cuarenta años.
La pregunta que debemos hacernos es ¿por qué sucedió
así? La respuesta es fácil. En el camino, el pueblo que
Dios libero, el pueblo que Dios amo, el pueblo que
debería estar agradecido con cada paso que daban, cuando
llegaron las pruebas y dificultades, se rebelo en contra
de Dios. El pueblo se rebelo en contra de Dios, y
menosprecio todo lo que Dios había hecho por ellos. Ese
pueblo rebelde menosprecio los milagros y señales que
Dios hizo para liberarles de la esclavitud, y la
consecuencia fue que ese pueblo no llego a poner pie en
la tierra prometida. Ese pueblo todo murió en el
desierto, pero ahora sus descendientes ocuparían la
tierra que Dios le había prometido. Fíjense bien como lo
dice Números 14:28-31 -
Diles: Vivo yo, dice
Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré
yo con vosotros. 29 En este desierto caerán
vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron
contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los
cuales han murmurado contra mí. 30 Vosotros a
la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi
mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a
Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun. 31
Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que
serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán
la tierra que vosotros despreciasteis. Es por
esta razón que vemos como Moisés les da esta gran
advertencia antes de que cruzaran el rió y entraran en
la tierra prometida. Él no quería que según ellos se
acomodaran y empezaran a disfrutar de las bendiciones
que Dios les había dado, se olvidaran de la razón por la
que ellos estaban ahí. Aquí vemos como Moisés les
advierte la importancia de mantener las leyes de Dios, y
les dice en ningunos términos inciertos que ellos habían
llegado hasta este punto solo por obra y gracia de Dios.
Teniendo este breve conocimiento de las circunstancias
de ese entonces, continuemos ahora con nuestro estudio
de hoy y veamos como esta advertencia se aplica a
nuestra vida. Veamos la importancia que tiene este
desierto por el que ellos tuvieron que atravesar en
nuestro diario vivir.
Esta advertencia de Moisés a ese pueblo es tan fuerte
hoy como en ese entonces. Esta advertencia es una que
todos debemos tener muy en mente y permitir que penetre
profundamente en nuestro corazón. Como pudimos ver aquí,
a ellos les tomo 40 años atravesar este pequeño tramo de
desierto. Pero debemos preguntarnos ¿cuál fue la razón
principal por esto? En realidad la respuesta a esta
pregunta es bien fácil; la razón por la que ellos
estuvieron en ese desierto por tanto tiempo es porque
ellos salieron de Egipto, pero Egipto no había salido de
ellos. ¿Cómo así? Pensemos en lo que les acabo de
decir. En su caminar hacia la tierra prometida ellos
dudaron de Dios, se fueron en rebeldía en contra de
Dios, y hasta quisieron regresar a Egipto a la
esclavitud. Estas declaraciones que les acabo de hacer
las encontramos bien reflejadas
Números 14:2-4
cuando leemos “se quejaron contra Moisés y contra
Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la
multitud: !!Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o
en este desierto ojalá muriéramos! 3 ¿Y por
qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y
que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa?
¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? 4 Y
decían el uno al otro: Designemos un capitán, y
volvámonos a Egipto.” Imaginémonos esto, este
pueblo después de haber visto señales y milagros, en vez
de concentrarse en lo que Dios había hecho y estaba
haciendo, solo se podía concentrar en los breve momentos
de comodidad que habían experimentado; esto es algo que
lo podemos encontrar bien reflexionado en la declaración
que encontramos en
Números 11:5-6
cuando leemos “Nos acordamos del pescado que comíamos
en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los
puerros, las cebollas y los ajos; 6 y ahora
nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven
nuestros ojos.” Digo que fueron breve momentos de
comodidad porque después de todo, ellos fueron esclavos
de Egipto por 430 años. Otra cosa también a notar aquí
es que el concentrar su mirada en solo esos momentos de
placer les condujo a que despreciaran la bendición que
Dios derramaba sobre ellos, fíjense bien en como ellos
decían “y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino
este maná ven nuestros ojos.”
Hermanos, si
hacemos una comparación entre este pueblo, y el pueblo
de Dios hoy en día, pronto encontraremos que no existe
mucha diferencia. Digo esto
porque en muchas ocasiones el pueblo de Dios de hoy hace
lo mismo que hizo este pueblo, en otras palabras dejamos
de concentrarnos en Cristo y nos concentramos solo en el
desierto. Quizás algunos piensen que lo que les digo no
tiene sentido, pero preguntémonos, ¿qué es un desierto?
Un desierto es un lugar desolado, un lugar caliente, un
lugar donde el vivir es algo casi imposible. Un lugar
árido donde no existe sombra, donde no se encuentra agua
para saciar la sed, un lugar que causa un gran
sufrimiento. Creo que todos estaremos de acuerdo cuando
digo que esta es la mejor descripción de un desierto,
¿verdad? Pero ahora preguntémonos, ¿qué puede ser un
desierto en nuestra vida? Un desierto puede ser el
sentirnos mal, estar deprimidos y tristes, sentirnos
oprimidos por situaciones con nuestros familiares, o
quizás en nuestros trabajos. En si, un desierto es todo
aquello que nos causa una tribulación o preocupación. En
otras palabras es el estar viviendo derrotados,
angustiados, y tristes. Pero si nos encontramos viviendo
así, entonces tenemos que saber que ese no es el plan de
Dios para ninguno de nosotros. Dios no quiere que su
pueblo viva en un desierto, Dios quiere que su pueblo
viva en su reino.
La mayor razón por la que muchos viven
en esos desiertos es porque su fe no esta fortalecida.
En otras palabras, la fe les falla y debido a eso, al
llegar los momentos de tribulaciones y pruebas, o como
les podemos llamar, desiertos, entonces no pueden
atravesarlas en solo unos días, o con brevedad sino que
terminan perdiéndose en ellos. Si hermanos, en muchas
ocasiones el pueblo elegido por Dios, el pueblo que Dios
quiere bendecir, el pueblo por quien Dios entrego a su
hijo unigénito para que pudiese recibir la salvación se
pierde en el desierto de las tribulaciones y pruebas. Sé
que antes de recibir a Cristo, todos los que estamos
aquí en un punto u otro en nuestra vida estuvimos
perdidos en el desierto que es el mundo. Estoy seguro
que todos podemos recordarnos de estar en búsqueda de
algo, completamente perdidos sin rumbo o propósito,
sedientos de algo, pero no sabíamos de que. Tratamos
todas las soluciones a nuestro alcance tratando de salir
de ese sufrimiento, y tratamos de llenar ese vació, pero
nada trabajo. Estuvimos sin rumbo cargando todos
nuestros problemas y sufrimientos sobre nuestros hombros
asta el día que aceptamos a Jesús. Ese día cuando se nos
fue demostrado el camino a la tierra prometida, ese día
cuando renunciamos a la ciudadanía del mundo y pasamos a
ser ciudadanos en el reino de Dios.
¿Se pueden acordar de ese día? Pero la
pregunta mas importante es ¿estamos todos en ese camino
hoy? Estoy seguro que todos aquí podemos contestar
positivamente a ambas preguntas. Estoy seguro que
nuestra futura residencia esta bien segura como
encontramos en la promesa de Jesús en
Juan 14:2 cuando leemos
“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no
fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar
lugar para vosotros.” Pero una gran realidad del
caminar cristiano es que tendremos que pasar por
situaciones feas; tendremos tribulaciones y pruebas.
Hermanos, a todos nos tocara atravesar desiertos de vez
en cuando, pero no existe razón alguna para que nos tome
40 años. No existe ninguna razón para que nos quedemos
perdidos, hambrientos y sedientos en un lugar desolado.
Aquí vemos que Moisés les recordó que Dios les había
proporcionado mana del cielo cuando tuvieron hambre;
pero si te encuentras en medio de un desierto en el día
de hoy, recuerda que Dios le ha proporcionado a Su
pueblo algo mucho mejor. Dios envió a su hijo unigénito
para que fuese Él quien nos guiara a través de los
desiertos que tendríamos que atravesar, que nos guiara a
través de las tribulaciones que tendremos que sufrir.
Fíjense bien como nos dice Jesús en
Juan 8:12 cuando leemos
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz
del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino
que tendrá la luz de la vida.” Hermanos cuando
fijamos nuestra mirada en Jesús, Él es quien nos guía
hacia la paz. Él es quien nos guía al lugar de
victoria.
El pueblo de Dios en ese entonces tuvo a
Moisés, quien fue un gran hombre de Dios, pero nosotros
tenemos a Cristo. Tenemos a quien nunca nos abandona
según su promesa en Mateo 28:20
cuando leemos “…y he aquí yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo.” Tenemos
a quien siempre esta dispuesto a estrechar Sus manos y
guiarnos en toda situación. Las palabras de Moisés en
ese entonces fueron una fuerte advertencia para ese
pueblo, pero esa advertencia nos habla a nosotros
también. Hermanos, como todos sabemos el demonio con su
ejercito de tinieblas no descansa; él solo quiere
separarnos de la presencia y voluntad de Dios. El solo
quiere mantenernos perdidos en el desierto para que
dudemos de Dios, porque él sabe que la duda es como
tierra fértil donde se puede sembrar la rebeldía. No
permitas ser desviado del camino que Dios a trazado en
tu vida. No permitas que el demonio te pierda en el
desierto de la tristeza; no permitas que el demonio te
pierda en el desierto de la depresión; no permitas que
el demonio te pierda en el desierto de la
desobediencia.
En ocasiones si tendremos que pasar por
situaciones difíciles, si tendremos tribulación, pero no
podemos permitir que en medio de la tribulación, que a
mitad del camino en ese desierto que tendremos que
atravesar llegue el enemigo y nos desvié del camino
seguro. Porque de algo que si podemos estar bien seguros
es que llegara y nos tratara de perder. Tratara de
convencernos que al aceptar a Cristo cometimos un gran
error, nos acusara en nuestra propia mente de haber
perdido amistades de muchos años porque ya no
compartimos con ellos en las cosas del mundo; nos
acusara de causar división en nuestra familia porque ya
no somos como éramos sino que ahora servimos a Dios. Nos
acusara y tratara de hacernos ver que antes que
aceptáramos a Cristo estábamos mucho mejor. Pero esto no
es más que una decepción, esto no es más que un plan
para que el pueblo de Dios no pueda atravesar por el
desierto en poco tiempo, sino para que nos perdamos y
nos mantengamos lejos de Dios. Esto no es más que una
decepción para que regresemos a la esclavitud de la que
fuimos liberados; es por eso que tenemos que
fortalecernos en la Palabra de Dios en todo momento.
Fíjense bien como dice Gálatas
5:1 cuando leemos “Estad, pues, firmes en la
libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis
otra vez sujetos al yugo de esclavitud.”
Para concluir.
No podemos permitir ser guiados en dirección contraria a
Dios. Fuimos liberados de la esclavitud, recibimos el
regalo más grande que podíamos recibir, recibimos la
vida eterna en Cristo Jesús. Fuimos escogidos por Dios
para servirle, y debemos tener siempre en mente todos
esos años que pasamos perdidos en el desierto del mundo,
el sufrimiento, los dolores, esa carga tan pesada que
una vez teníamos. Tenemos que acordarnos que Dios y solo
Dios nos dio descanso, y alivio nuestras penas.
Hermanos, no podemos permitirle al demonio que nos
pierda por esos desiertos que tendremos que atravesar, y
siempre recordar que estos solo sirven para refinarnos y
probar cuan fuerte es nuestra fe.
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