Heme aquí
En el servicio del domingo pasado
exploramos el tema de cómo todo creyente fiel tiene que
responderle a Dios. Ese estudio nos llevo a la
conclusión que cómo creyentes fieles no podemos esconder
los talentos o bendiciones que Dios nos ha entregado,
sino que tenemos que compartirlos con aquellos que nos
rodean. En el estudio de la semana pasada concluimos
que tenemos que invertir los talentos que Dios nos ha
entregado en Su obra, para de esa manera producir el
crecimiento del Cuerpo de Cristo aquí en la tierra.
Pero antes que podamos hacer esto, antes que podamos
tener esa convicción, existen dos cosas que tenemos que
poseer y desarrollar. Estas dos cosas son la obediencia
y el sometimiento. Así que éste será nuestro tema de
hoy. Hoy estaremos explorando el tema de la obediencia
y sometimiento absoluto a Dios, y el resultado tan
bendecido que estas acciones producen en la vida de un
creyente fiel. Para hacer esto, hoy estaremos
examinando el mejor ejemplo que podemos encontrar acerca
de éste tema en la Palabra de Dios; hoy estaremos
examinando unos acontecimientos en la vida de Abraham.
Pasemos ahora a la lectura de la Palabra.
Génesis 22:1-12
- Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a
Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac,
a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí
en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
3Y Abraham se levantó muy de mañana, y
enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a
Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se
levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 4Al
tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de
lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus siervos:
Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos
hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6Y
tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre
Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el
cuchillo; y fueron ambos juntos. 7Entonces
habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él
respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el
fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el
holocausto? 8Y respondió Abraham: Dios se
proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban
juntos. 9Y cuando llegaron al lugar que Dios
le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso
la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar
sobre la leña. 10Y extendió Abraham su mano y
tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11Entonces
el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo:
Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12Y
dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le
hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por
cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
Como siempre digo, para tener un
mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para
nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un
breve repaso de historia. Abraham creció en la ciudad
de Ur, la cual era la ciudad más importante de los
Caldeos. Digo que era la ciudad más importante porque
ellos tenían un gran comercio con otras ciudades, y
también tenían una librería bien extensa; fue aquí donde
Abraham obtuvo su educación. Luego la familia decidió
mudarse a Canaán, pero al llegar a Harán se detuvieron e
hicieron morada en esa tierra. Fue aquí donde Abraham
recibió su herencia, como era la costumbre en ese
entonces, después de la muerte de su padre Taré. Esto
es algo que queda bien reflejado en
Génesis 11:31-32 cuando
leemos, “Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de
Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de
Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos,
para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y
se quedaron allí. 32Y fueron los días de Taré
doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.” Así
que basado en esto podemos decir confiadamente que en
éste punto de la historia Abraham estaba bastante
cómodo. Pero cuando más cómodo él aparentaba estar,
cuando más completa aparentaba su vida, Dios lo llamo a
que dejara esa comodidad y seguridad. Esto es algo que
queda muy bien declarado en
Génesis 12:1 cuando leemos, “Pero Jehová había
dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de
la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.”
Ahora bien, algo bien importante que debemos notar es
que Dios le pidió a Abraham que hiciera algo bien
difícil. Digo que fue algo bien difícil porque cuando
Abraham recibió el llamado, él no era un hombre joven.
Abraham recibió el llamado de Dios siendo ya un anciano
de setenta y cinco años de edad, y el viaje a Canaán no
seria nada fácil; pero no obstante eso, Abraham se
sometió y obedeció para cumplir con lo que Dios le había
encomendado. Esto es algo que queda bien declarado en
Génesis 12:4 cuando
leemos, “Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot
fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años
cuando salió de Harán.”
Una vez que llegaron a Canaán,
ellos hicieron morada allí, y debido a su obediencia
comenzaron a recibir las bendiciones de Dios. Así que
cuando llegamos a éste punto de la historia vemos que
todo marchaba bien en la vida de Abraham; su esposa Sara
finalmente había dado a luz al hijo que Dios le había
prometido; como encontramos
Génesis 21:1-2 al leer, “Visitó Jehová a Sara,
como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había
hablado. 2Y Sara concibió y dio a Abraham un
hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.”
Y ellos gozaron por muchos años la prosperidad y la paz;
ellos gozaron por muchos años de las bendiciones que
Dios derramo sobre ellos. Seguramente que algunos ya
deben estar preguntándose, ¿por qué debemos saber estas
cosas? Debemos saber estas cosas porque esto breves
detalles de la vida de Abraham establecen la fundación
del mensaje de hoy dejándonos saber dos cosas. Número
uno, nos dejan saber que Dios no siempre nos llamara a
acción cuando nosotros queremos, sino que nos llamara a
acción según Su voluntad. Número dos, estos breves
detalles claramente ilustran que Dios no tiene
limitaciones. Así que manteniendo estos detalles en
mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.
Continuando leemos, “Aconteció
después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le
dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y
dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas,
y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto
sobre uno de los montes que yo te diré.” El texto
de estos versículos en ocasiones causa que muchos no
logren entender su verdadero significado. Digo esto
porque como podemos ver, aquí Dios le dijo a Abraham que
tenia que ofrecer a su hijo primogénito como un
holocausto, y esto es algo que causa que el
entendimiento de muchos se cierre, ya que ofrecer a un
humano, especialmente a un hijo como sacrificio es algo
que todos aquí encontramos completamente inaceptable.
Pero la pregunta que debemos hacernos ahora es, ¿demanda
Dios holocaustos humanos? La respuesta es absolutamente
¡NO! Dios condena esa práctica; esto es algo que queda
muy bien reflejado en Levíticos
20:1-2 cuando leemos, “Habló Jehová a Moisés,
diciendo: 2Dirás asimismo a los hijos de
Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los
extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de
sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la
tierra lo apedreará.” Entoces si Dios condena
holocaustos humanos, ¿qué es lo que Dios demando aquí de
Abraham? Lo que Dios demando aquí de Abraham fue que él
le entregara lo mejor de él.
Ahora examinemos nuestra vida y
preguntémonos, ¿entregamos nosotros a Dios lo mejor de
nosotros? En nuestro caminar cristiano siempre
existirán ocasiones cuando nos será difícil mantenernos
fiel; en nuestro caminar cristiano siempre surgirán
circunstancias cuando nos será difícil confiar y
obedecer a Dios. Siempre existirán momentos cuando
llegaremos a pensar que Dios nos esta conduciendo de
manera incorrecta. Existirán momentos cuando llegaremos
a pensar que lo que demanda Dios de nosotros es mucho;
llegaremos a pensar que el precio de seguirle es muy
costoso, y que el precio que tenemos que pagar es muy
alto. Les he dicho estas cosas porque cuando
genuinamente nos sometemos y obedecemos a Dios, cuando
decidimos seguir a Cristo, siempre existirá un precio
que tendremos que pagar. Cristo pago el precio de
nuestra salvación por completo y por adelantado con su
sacrificio en la cruz, pero entonces, ¿qué precio
tendremos que pagar? El precio que todos tendremos que
pagar queda muy bien reflejado en las Palabras de
nuestro Señor en Mateo 10:14
cuando leemos, “Y si alguno no os recibiere, ni oyere
vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y
sacudid el polvo de vuestros pies.” ¿Qué nos dice
aquí el Señor con esto? El Señor aquí nos dice que el
precio que tenemos que pagar es mantenernos fiel a
Dios.
Mantenernos fiel a Dios significa
que en ocasiones tendremos que apartarnos de familiares
y amistades; significa que tendremos que dejar atrás
tradiciones y costumbres; significa que tenemos que
dejar atrás la religión y superstición. Dile a la
persona que tienes a tu lado, “sacudid el polvo de
vuestros pies.” Si no estamos dispuestos a pagar
ese precio, si pensamos que el precio es muy alto,
entonces tenemos que reconocer que aquí es donde
comienza nuestro gran error.
Yo diría que error más común
cometido por un buen número de creyentes es pensar que
conocemos el propósito de Dios en nuestra vida con
exactitud. Digo que esto es un error porque la realidad
es que por mucho que nosotros tratemos, nuestro
entendimiento humano nunca lograra entender
completamente la mente de Dios. Esto no es algo que lo
he inventado yo, Dios mismo lo dice claramente en
Isaías 55:8-9 cuando
leemos, “Porque mis pensamientos no son vuestros
pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo
Jehová. 9Como son más altos los cielos que la
tierra, así son mis caminos más altos que vuestros
caminos, y mis pensamientos más que vuestros
pensamientos.” Así que, aquí Dios nos deja saber
que por mucho que nosotros tratemos, nunca conoceremos
el propósito exacto de Dios en determinadas
circunstancias. Pero cuando lleguen a nuestra vida esas
determinadas circunstancias donde tendremos que hacer
una decisión difícil, esto es, decidir servir a Dios o
continuar sirviendo al mundo, recordemos siempre lo que
sucedió con Abraham. Recordemos que cuando Dios hizo la
demanda de Abraham, él no cuestiono, él no titubeo, él
obedeció. Abraham estaba listo y dispuesto para
entregarle a Dios lo mejor de su vida. Ante ésta
demanda que en su mente seguramente no tenia sentido él
dijo: “Heme aquí.”
Hermanos, Dios espera lo mismo de
nosotros. Dios espera que nosotros le entreguemos lo
mejor de nosotros. Aunque la situación o circunstancia
aparente sin sentido, aunque la situación o
circunstancia éste un poco confusa, aunque el precio
aparente ser muy costoso o alto, nosotros tenemos que
confiar en Dios y estar dispuestos ha entregar lo mejor
de nosotros en todo momento. Lo que Dios pidió de
Abraham fue algo que seguramente lo dejo bastante
confundido, después de todo, Dios le estaba pidiendo que
le entregara a Isaac. Dios le estaba pidiendo que le
entregara la misma promesa que Él le había entregado.
¿Se pueden imaginar ustedes lo que significa ofrecer a
un hijo como holocausto? Yo no quiero ni pensarlo, pero
Abraham si tuvo bastante tiempo de hacerlo. Abraham
tuvo por lo menos tres días para pensar en lo que
haría. Fíjense bien en lo que aconteció a continuación,
“Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su
asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su
hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y
fue al lugar que Dios le dijo. 4Al tercer día
alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5Entonces
dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y
yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y
volveremos a vosotros. 6Y tomó Abraham la
leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él
tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos
juntos.” Estoy seguro que estos tres días tuvieron
que ser los días más difíciles en la vida de éste
hombre; estoy seguro que él estuvo estos tres días
atribulado y angustiado; pero no obstante su condición
mental o emocional él persistió en su fe.
Uno de los problemas más serio que
enfrenta el pueblo de Dios es que con frecuencia muchos
de nosotros no perseveramos en la fe. En muchas
ocasiones si las cosas no suceden de inmediato nuestra
fe flaquea. Muchos no persistimos y perseveramos, sino
más bien sucumbimos en las pruebas. ¿Por qué
sucumbimos? Porque no damos lo mejor de nosotros. Sé
que muchos ya deben estarse preguntando ¿qué es lo mejor
de nosotros? Lo mejor de nosotros es nuestra fe, lo
mejor de nosotros es el tiempo que le dedicamos a Él.
Pero lo que sucede es que cuando llega el tiempo de
entregar lo mejor de nosotros a Dios, nosotros
escatimamos, nosotros dudamos, nosotros titubeamos.
Cuando llega el tiempo de entregar a Dios lo mejor de
nosotros, la mayoría de las veces no lo hacemos. Si nos
sobra el tiempo vamos a la iglesia, si nos sobra el
dinero ofrendamos, si no estamos muy cansados alabamos,
si no estamos muy preocupados oramos. Ahora les
pregunto, ¿damos lo mejor de nosotros cuando actuamos de
esa manera? ¿Estamos demostrando una fe genuina? Claro
que ¡NO! La mayoría de los creyentes da a Dios lo que
le sobra, no da a Dios lo mejor sino las migajas. Pero
Dios no quiere las migajas, Dios quiere lo mejor de
nosotros.
¿Cómo podemos entregarle a Dios lo
mejor de nosotros? Lo hacemos a través de la
perseverancia en nuestra fe. Lo hacemos a través de
nuestra obediencia y sometimiento en todo momento.
Abraham tuvo tres días para pensar bien lo que Dios
había demandado de él. Abraham tuvo tiempo de cambiar
su mente y tratar de huir del llamado, pero él no hizo
esto; Abraham se sometió y obedeció la voluntad de
Dios.
Ahora examinémonos y preguntémonos,
¿obedecemos y nos sometemos a Dios? ¿Estamos atentos a
Su Palabra y hacemos lo que Él demanda de nosotros? Lo
que sucede es que con frecuencia Dios obra en nuestra
vida de manera que nos pueden dejar un poco confuso;
Dios puede obrar en nuestra vida de manera que nos deje
pensando, pero no obstante esto, Él espera que nuestra
fe no flaquee. Dios espera y demanda nuestro
sometimiento y obediencia en todo momento. La fe de
Abraham fue probada en ese entonces, y les digo que
nuestra fe también es probada a diario.
Desdichadamente, existen muchos que no logran pasar
estas pruebas, y solo pueden hacer excusas. Al igual
que Abraham tuvo que pasar por está prueba tan difícil,
todos aquí seremos probados. ¿Por qué? La razón es
porque Dios está buscando a hombres y mujeres dispuestos
ha enfrentarse a la batalla sin temor. Hombres y
mujeres dispuestos hacer grandes cosas por Su reino,
buscando a hombres y mujeres dispuestos a entregar lo
mejor de ellos. No tenemos que ser perfectos, no
tenemos que ser sabios, solo tenemos que estar
dispuestos a confiar en Su Palabra. Solo tenemos que
estar dispuestos a dejarnos guiar. Solo tenemos que
aprender a obedecer y someternos a Su voluntad.
Pasaremos por situaciones difíciles, pasaremos por
situaciones donde quizás no podamos entender el
propósito de Dios en todo, pero reconozcamos que existe
un propósito de Dios en todo. Esto es algo que queda
muy bien reflejado en Salmos
138:8 cuando leemos, “Jehová cumplirá su
propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para
siempre; No desampares la obra de tus manos.” Dios
espera que conquistemos nuestros temores y derrotemos
nuestros desánimos para que alcancemos ver la
manifestación de Su Gloria, Poder y Gracia en nuestra
vida y en las de aquellos que nos rodean.
La fe de Abraham fue probada en
ésta situación, y él paso la prueba con un 100%. Cuando
Dios llamo a Abraham, Abraham dijo “Heme aquí.”
Dios quiso probar la fe de Abraham porque Él quería ver
si él era digno de las bendiciones que Él derramaría
sobre ellos. Abraham tuvo tiempo de retroceder, tuvo
tiempo de dudar, pero no lo hizo así. Fíjense bien en
lo que sucedió cuando leemos, “Y cuando llegaron al
lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un
altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo
puso en el altar sobre la leña. 10Y extendió
Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su
hijo.” Abraham le daría a Dios lo mejor de él;
Abraham le entregaría a Dios lo que Dios le había
pedido. Abraham no escatimo, Abraham no titubeo, y
debido a esto es que nosotros hoy podemos llamarnos
hijos de Dios. ¿Cómo así? Hermanos, la gran realidad
es que de la semilla de Abraham nació Jesucristo, y solo
por medio de Jesucristo obtuvimos la salvación. Dios no
permitiría que Abraham sacrificara a su hijo unigénito;
la Palabra aquí nos dice, “Entonces el ángel de
Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham,
Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12Y dijo:
No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas
nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no
me rehusaste tu hijo, tu único.” Sin embargo en
Juan 3:16 encontramos, “Porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna.” No podemos permitir
que nuestra fe flaquee, no podemos dejar de persistir en
nuestro caminar con Cristo. Situaciones podrán surgir,
dificultades podrán aparecer de repente, pero Cristo nos
da la fortaleza para vencer.
Para concluir.
Abraham solamente tenía un hijo, Dios solamente tuvo un
hijo. Abraham amaba a su hijo, Dios amaba inmensamente
a Su hijo. Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su
hijo en el monte de Moriah, lugar que luego pasaría a
ser Jerusalén, pero Dios no lo permitió. Dios no
permitió la muerte del hijo unigénito de Abraham como
holocausto, pero entrego a Su hijo unigénito como
holocausto por nosotros. Dios entrego lo mejor de Él,
Dios entrego a su hijo unigénito para que muriese por
nuestros pecados. Dios dio lo mejor de Él para que en
el día de hoy nosotros podamos compartir en Su reino.
Nuestra fe y obediencia a Dios serán recompensada al
igual que Dios recompenso a Abraham, pero solo si nos
mantenemos firmes. Solamente cuando permanecemos
obedientes y sometidos a Dios a pesar de lo difícil o
costoso que una situación pueda aparentar, veremos Su
mano en todo lo que somos.
Abraham fue grandemente bendecido como encontramos en
Génesis 22:15-18 cuando
leemos, “Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por
segunda vez desde el cielo, 16y dijo: Por mí
mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho
esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;
17de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu
descendencia como las estrellas del cielo y como la
arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia
poseerá las puertas de sus enemigos. 18En tu
simiente serán benditas todas las naciones de la tierra,
por cuanto obedeciste a mi voz.” Nuestra vida fue
bendecida debido a su obediencia y sometimiento, y la
vida de toda persona que habita en éste mundo puede ser
bendecida a través de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra
vida fue bendecida a través de su obediencia y
sometimiento, y la vida de todos aquellos que nos rodean
también puede ser bendecida por nosotros; todo lo que
tenemos que hacer para lograr esto es decirle a Dios,
“Heme aquí.”
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