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Obispo José R. Hernández

Heme aquí

En el servicio del domingo pasado exploramos el tema de cómo todo creyente fiel tiene que responderle a Dios.  Ese estudio nos llevo a la conclusión que cómo creyentes fieles no podemos esconder los talentos o bendiciones que Dios nos ha entregado, sino que tenemos que compartirlos con aquellos que nos rodean.  En el estudio de la semana pasada concluimos que tenemos que invertir los talentos que Dios nos ha entregado en Su obra, para de esa manera producir el crecimiento del Cuerpo de Cristo aquí en la tierra.  Pero antes que podamos hacer esto, antes que podamos tener esa convicción, existen dos cosas que tenemos que poseer y desarrollar.  Estas dos cosas son la obediencia y el sometimiento.  Así que éste será nuestro tema de hoy.  Hoy estaremos explorando el tema de la obediencia y sometimiento absoluto a Dios, y el resultado tan bendecido que estas acciones producen en la vida de un creyente fiel.  Para hacer esto, hoy estaremos examinando el mejor ejemplo que podemos encontrar acerca de éste tema en la Palabra de Dios; hoy estaremos examinando unos acontecimientos en la vida de Abraham.  Pasemos ahora a la lectura de la Palabra.   

Génesis 22:1-12 - Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. 3Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 4Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. 7Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.  9Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Abraham creció en la ciudad de Ur, la cual era la ciudad más importante de los Caldeos.  Digo que era la ciudad más importante porque ellos tenían un gran comercio con otras ciudades, y también tenían una librería bien extensa; fue aquí donde Abraham obtuvo su educación.  Luego la familia decidió mudarse a Canaán, pero al llegar a Harán se detuvieron e hicieron morada en esa tierra.  Fue aquí donde Abraham recibió su herencia, como era la costumbre en ese entonces, después de la muerte de su padre Taré.  Esto es algo que queda bien reflejado en Génesis 11:31-32 cuando leemos, “Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán; y vinieron hasta Harán, y se quedaron allí. 32Y fueron los días de Taré doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.”  Así que basado en esto podemos decir confiadamente que en éste punto de la historia Abraham estaba bastante cómodo.  Pero cuando más cómodo él aparentaba estar, cuando más completa aparentaba su vida, Dios lo llamo a que dejara esa comodidad y seguridad.  Esto es algo que queda muy bien declarado en Génesis 12:1 cuando leemos, “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.”  Ahora bien, algo bien importante que debemos notar es que Dios le pidió a Abraham que hiciera algo bien difícil.  Digo que fue algo bien difícil porque cuando Abraham recibió el llamado, él no era un hombre joven.  Abraham recibió el llamado de Dios siendo ya un anciano de setenta y cinco años de edad, y el viaje a Canaán no seria nada fácil; pero no obstante eso, Abraham se sometió y obedeció para cumplir con lo que Dios le había encomendado.  Esto es algo que queda bien declarado en Génesis 12:4 cuando leemos, “Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.”   

Una vez que llegaron a Canaán, ellos hicieron morada allí, y debido a su obediencia comenzaron a recibir las bendiciones de Dios.  Así que cuando llegamos a éste punto de la historia vemos que todo marchaba bien en la vida de Abraham; su esposa Sara finalmente había dado a luz al hijo que Dios le había prometido; como encontramos Génesis 21:1-2 al leer, “Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. 2Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.”  Y ellos gozaron por muchos años la prosperidad y la paz; ellos gozaron por muchos años de las bendiciones que Dios derramo sobre ellos.  Seguramente que algunos ya deben estar preguntándose, ¿por qué debemos saber estas cosas?  Debemos saber estas cosas porque esto breves detalles de la vida de Abraham establecen la fundación del mensaje de hoy dejándonos saber dos cosas.  Número uno, nos dejan saber que Dios no siempre nos llamara a acción cuando nosotros queremos, sino que nos llamara a acción según Su voluntad.  Número dos, estos breves detalles claramente ilustran que Dios no tiene limitaciones.  Así que manteniendo estos detalles en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy. 

Continuando leemos, “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”  El texto de estos versículos en ocasiones causa que muchos no logren entender su verdadero significado.  Digo esto porque como podemos ver, aquí Dios le dijo a Abraham que tenia que ofrecer a su hijo primogénito como un holocausto, y esto es algo que causa que el entendimiento de muchos se cierre, ya que ofrecer a un humano, especialmente a un hijo como sacrificio es algo que todos aquí encontramos completamente inaceptable.  Pero la pregunta que debemos hacernos ahora es, ¿demanda Dios holocaustos humanos? La respuesta es absolutamente ¡NO! Dios condena esa práctica; esto es algo que queda muy bien reflejado en Levíticos 20:1-2 cuando leemos, “Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará.” Entoces si Dios condena holocaustos humanos, ¿qué es lo que Dios demando aquí de Abraham?  Lo que Dios demando aquí de Abraham fue que él le entregara lo mejor de él.   

Ahora examinemos nuestra vida y preguntémonos, ¿entregamos nosotros a Dios lo mejor de nosotros?  En nuestro caminar cristiano siempre existirán ocasiones cuando nos será difícil mantenernos fiel; en nuestro caminar cristiano siempre surgirán circunstancias cuando nos será difícil confiar y obedecer a Dios.  Siempre existirán momentos cuando llegaremos a pensar que Dios nos esta conduciendo de manera incorrecta.  Existirán momentos cuando llegaremos a pensar que lo que demanda Dios de nosotros es mucho; llegaremos a pensar que el precio de seguirle es muy costoso, y que el precio que tenemos que pagar es muy alto.  Les he dicho estas cosas porque cuando genuinamente nos sometemos y obedecemos a Dios, cuando decidimos seguir a Cristo, siempre existirá un precio que tendremos que pagar.  Cristo pago el precio de nuestra salvación por completo y por adelantado con su sacrificio en la cruz, pero entonces, ¿qué precio tendremos que pagar?  El precio que todos tendremos que pagar queda muy bien reflejado en las Palabras de nuestro Señor en Mateo 10:14 cuando leemos, “Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.”  ¿Qué nos dice aquí el Señor con esto?  El Señor aquí nos dice que el precio que tenemos que pagar es mantenernos fiel a Dios.   

Mantenernos fiel a Dios significa que en ocasiones tendremos que apartarnos de familiares y amistades; significa que tendremos que dejar atrás tradiciones y costumbres; significa que tenemos que dejar atrás la religión y superstición.  Dile a la persona que tienes a tu lado, “sacudid el polvo de vuestros pies.”  Si no estamos dispuestos a pagar ese precio, si pensamos que el precio es muy alto, entonces tenemos que reconocer que aquí es donde comienza nuestro gran error.   

Yo diría que error más común cometido por un buen número de creyentes es pensar que conocemos el propósito de Dios en nuestra vida con exactitud.  Digo que esto es un error porque la realidad es que por mucho que nosotros tratemos, nuestro entendimiento humano nunca lograra entender completamente la mente de Dios.  Esto no es algo que lo he inventado yo, Dios mismo lo dice claramente en Isaías 55:8-9 cuando leemos, “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”  Así que, aquí Dios nos deja saber que por mucho que nosotros tratemos, nunca conoceremos el propósito exacto de Dios en determinadas circunstancias.  Pero cuando lleguen a nuestra vida esas determinadas circunstancias donde tendremos que hacer una decisión difícil, esto es, decidir servir a Dios o continuar sirviendo al mundo, recordemos siempre lo que sucedió con Abraham.  Recordemos que cuando Dios hizo la demanda de Abraham, él no cuestiono, él no titubeo, él obedeció.  Abraham estaba listo y dispuesto para entregarle a Dios lo mejor de su vida.  Ante ésta demanda que en su mente seguramente no tenia sentido él dijo: Heme aquí.”   

Hermanos, Dios espera lo mismo de nosotros.  Dios espera que nosotros le entreguemos lo mejor de nosotros.  Aunque la situación o circunstancia aparente sin sentido, aunque la situación o circunstancia éste un poco confusa, aunque el precio aparente ser muy costoso o alto, nosotros tenemos que confiar en Dios y estar dispuestos ha entregar lo mejor de nosotros en todo momento. Lo que Dios pidió de Abraham fue algo que seguramente lo dejo bastante confundido, después de todo, Dios le estaba pidiendo que le entregara a Isaac.  Dios le estaba pidiendo que le entregara la misma promesa que Él le había entregado.  ¿Se pueden imaginar ustedes lo que significa ofrecer a un hijo como holocausto?  Yo no quiero ni pensarlo, pero Abraham si tuvo bastante tiempo de hacerlo.  Abraham tuvo por lo menos tres días para pensar en lo que haría.  Fíjense bien en lo que aconteció a continuación, “Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. 4Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. 5Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.”  Estoy seguro que estos tres días tuvieron que ser los días más difíciles en la vida de éste hombre; estoy seguro que él estuvo estos tres días atribulado y angustiado; pero no obstante su condición mental o emocional él persistió en su fe.   

Uno de los problemas más serio que enfrenta el pueblo de Dios es que con frecuencia muchos de nosotros no perseveramos en la fe.  En muchas ocasiones si las cosas no suceden de inmediato nuestra fe flaquea.  Muchos no persistimos y perseveramos, sino más bien sucumbimos en las pruebas.  ¿Por qué sucumbimos?  Porque no damos lo mejor de nosotros.  Sé que muchos ya deben estarse preguntando ¿qué es lo mejor de nosotros?  Lo mejor de nosotros es nuestra fe, lo mejor de nosotros es el tiempo que le dedicamos a Él.  Pero lo que sucede es que cuando llega el tiempo de entregar lo mejor de nosotros a Dios, nosotros escatimamos, nosotros dudamos, nosotros titubeamos.  Cuando llega el tiempo de entregar a Dios lo mejor de nosotros, la mayoría de las veces no lo hacemos.  Si nos sobra el tiempo vamos a la iglesia, si nos sobra el dinero ofrendamos, si no estamos muy cansados alabamos, si no estamos muy preocupados oramos.  Ahora les pregunto, ¿damos lo mejor de nosotros cuando actuamos de esa manera?  ¿Estamos demostrando una fe genuina?  Claro que ¡NO!  La mayoría de los creyentes da a Dios lo que le sobra, no da a Dios lo mejor sino las migajas.  Pero Dios no quiere las migajas, Dios quiere lo mejor de nosotros.   

¿Cómo podemos entregarle a Dios lo mejor de nosotros?  Lo hacemos a través de la perseverancia en nuestra fe. Lo hacemos a través de nuestra obediencia y sometimiento en todo momento.  Abraham tuvo tres días para pensar bien lo que Dios había demandado de él.  Abraham tuvo tiempo de cambiar su mente y tratar de huir del llamado, pero él no hizo esto; Abraham se sometió y obedeció la voluntad de Dios.    

Ahora examinémonos y preguntémonos, ¿obedecemos y nos sometemos a Dios?  ¿Estamos atentos a Su Palabra y hacemos lo que Él demanda de nosotros?  Lo que sucede es que con frecuencia Dios obra en nuestra vida de manera que nos pueden dejar un poco confuso; Dios puede obrar en nuestra vida de manera que nos deje pensando, pero no obstante esto, Él espera que nuestra fe no flaquee.  Dios espera y demanda nuestro sometimiento y obediencia en todo momento.  La fe de Abraham fue probada en ese entonces, y les digo que nuestra fe también es probada a diario.  Desdichadamente, existen muchos que no logran pasar estas pruebas, y solo pueden hacer excusas.  Al igual que Abraham tuvo que pasar por está prueba tan difícil, todos aquí seremos probados.  ¿Por qué?  La razón es porque Dios está buscando a hombres y mujeres dispuestos ha enfrentarse a la batalla sin temor.  Hombres y mujeres dispuestos hacer grandes cosas por Su reino, buscando a hombres y mujeres dispuestos a entregar lo mejor de ellos.  No tenemos que ser perfectos, no tenemos que ser sabios, solo tenemos que estar dispuestos a confiar en Su Palabra.  Solo tenemos que estar dispuestos a dejarnos guiar.   Solo tenemos que aprender a obedecer y someternos a Su voluntad.   Pasaremos por situaciones difíciles, pasaremos por situaciones donde quizás no podamos entender el propósito de Dios en todo, pero reconozcamos que existe un propósito de Dios en todo.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en Salmos 138:8 cuando leemos, “Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.”  Dios espera que conquistemos nuestros temores y derrotemos nuestros desánimos para que alcancemos ver la manifestación de Su Gloria, Poder y Gracia en nuestra vida y en las de aquellos que nos rodean.    

La fe de Abraham fue probada en ésta situación, y él paso la prueba con un 100%.  Cuando Dios llamo a Abraham, Abraham dijo “Heme aquí.”  Dios quiso probar la fe de Abraham porque Él quería ver si él era digno de las bendiciones que Él derramaría sobre ellos.  Abraham tuvo tiempo de retroceder, tuvo tiempo de dudar, pero no lo hizo así.  Fíjense bien en lo que sucedió cuando leemos, “Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.”  Abraham le daría a Dios lo mejor de él; Abraham le entregaría a Dios lo que Dios le había pedido.  Abraham no escatimo, Abraham no titubeo, y debido a esto es que nosotros hoy podemos llamarnos hijos de Dios.  ¿Cómo así?  Hermanos, la gran realidad es que de la semilla de Abraham nació Jesucristo, y solo por medio de Jesucristo obtuvimos la salvación.  Dios no permitiría que Abraham sacrificara a su hijo unigénito; la Palabra aquí nos dice, “Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.”  Sin embargo en Juan 3:16 encontramos, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”  No podemos permitir que nuestra fe flaquee, no podemos dejar de persistir en nuestro caminar con Cristo.  Situaciones podrán surgir, dificultades podrán aparecer de repente, pero Cristo nos da la fortaleza para vencer.    

Para concluir.  Abraham solamente tenía un hijo, Dios solamente tuvo un hijo.   Abraham amaba a su hijo, Dios amaba inmensamente a Su hijo.  Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo en el monte de Moriah, lugar que luego pasaría a ser Jerusalén, pero Dios no lo permitió.  Dios no permitió la muerte del hijo unigénito de Abraham como holocausto, pero entrego a Su hijo unigénito como holocausto por nosotros. Dios entrego lo mejor de Él, Dios entrego a su hijo unigénito para que muriese por nuestros pecados.  Dios dio lo mejor de Él para que en el día de hoy nosotros podamos compartir en Su reino. Nuestra fe y obediencia a Dios serán recompensada al igual que Dios recompenso a Abraham, pero solo si nos mantenemos firmes.  Solamente cuando permanecemos obedientes y sometidos a Dios a pesar de lo difícil o costoso que una situación pueda aparentar, veremos Su mano en todo lo que somos.   

Abraham fue grandemente bendecido como encontramos en Génesis 22:15-18 cuando leemos, “Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; 17de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.” Nuestra vida fue bendecida debido a su obediencia y sometimiento, y la vida de toda persona que habita en éste mundo puede ser bendecida a través de nuestro Señor Jesucristo.  Nuestra vida fue bendecida a través de su obediencia y sometimiento, y la vida de todos aquellos que nos rodean también puede ser bendecida por nosotros; todo lo que tenemos que hacer para lograr esto es decirle a Dios, “Heme aquí.”

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