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Obispo José R. Hernández

Despreciando las bendiciones

En el servicio del martes les hable brevemente acerca de las trabas más comunes que detienen las bendiciones de Dios para cada uno de nosotros.  Vimos como en muchas ocasiones nuestro cuestionar a Dios, nuestro dudar de Su grandeza y poder, y no darle el lugar que Él merece en nuestra vida causa que las bendiciones sean detenidas.  Quizás sean cosas que hacemos inconscientemente, cosas como las que discutimos el martes, preguntas que en nuestra mente lucen insignificante y sin mala intención, pero como descubrimos el martes, cuando le damos cabida a estas cosas en nuestra mente, en esencia lo que estamos haciendo es creando una barrera entre Dios y nosotros.  ¿Por qué? Simplemente porque estamos dudando de que Él esta en control en todo momento.  Como les dije, todo puede ser algo que hacemos inconscientemente, y es por eso que debemos orar y clamar Su misericordia y perdón diariamente.  Pero, tal como en ocasiones hacemos estas cosas inconscientemente, preguntémonos, ¿despreciamos la bendición de Dios concientemente?  Desdichadamente existen muchos creyentes que si lo hacen.  Existen muchos que concientemente desprecian la bendición que Dios tiene para su vida.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios y encontremos un ejemplo de lo que les hablo, y aprendamos del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy. 

Génesis 25:29-34 - Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura. 34 Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura. 

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que el Señor nos tiene en el día de hoy debemos conocer el significado de la primogenitura.  Como todos aquí sabemos, primogénito significa el primer hijo nacido de una madre. Pero también se emplea asimismo de manera figurativa en sentido de prioridad, superioridad, o excelencia. El varón primogénito de una familia debía sujetarse a ciertos ritos y gozaba de privilegios. Ser el primogénito significaba que recibiría una doble porción de la herencia paterna (Deuteronomio 21:17.) Ahora, ¿por qué esta aclaración?  Les hago esta aclaración porque cuando leemos este capitulo desde el inicio encontramos que Jacob y Esaú eran los hijos de Isaac hijo de Abraham.  Haciendo un breve repaso de historia encontramos que cuando Isaac tomo por mujer a Rebeca, ello no podía engendrar.  Al encontrarse en esta posición, Isaac pudo haber sido impaciente tal como lo fue Abram, pero este no fue el caso, Isaac se aferro a la promesa de Dios (Génesis 17:4-6.)  Isaac oro y Dios le concedió su oración (Génesis 25:21.)  Rebeca engendró dos varones, engendró a gemelos.  Ambos eran querido por su padre, pero Esaú era el primogénito y el preferido (Génesis 25:25-28.)  En otras palabras encontramos que Esaú había sido bendecido por Dios desde el vientre de su madre, él recibiría privilegios y doble porción de la herencia paternal.   Manteniendo estas cosas en mente continuemos con el estudio de hoy. 

Cuando estudiamos las escrituras encontramos que Dios nos ha entregado numerosas bendiciones.  Cuando estudiamos las escrituras encontramos que Dios nos ha entregado una gran herencia no merecida (Romanos 8:16-17; Gálatas 3:28-29.)  Encontramos que nos ha dejado una herencia cual no se puede igualar a ninguna otra, una herencia que no se puede medir o valorizar, Dios nos ha entregado la vida eterna (Juan 3:16.)  Encontramos que Dios nos ha entregado la victoria sobre el pecado a través de nuestro Rey y Salvador Jesucristo (Romanos 8:2-4; 2 Corintios 5:21.)  Encontramos que Dios tiene un lugar muy especial reservado para todo creyente fiel (Juan 14:1-3.) Encontramos que Dios nos ha entregado paz aun en tiempos difíciles (Juan 14:26-27; Filipenses 4:6-7.)  Encontramos que Dios nos ha entregado la paz en momentos de aflicción (Juan 16:33.)  Encontramos que Dios proveerá todo lo que necesitamos cuando le damos el lugar que Él merece en nuestra vida, cuando buscamos su rostro en todo momento (Mateo 6:31-33.) 

Encontramos que una fe genuina es capaz de vencer y hacer desaparecer todo obstáculo, toda barrera, y todo tropiezo que podamos encontrar (Lucas 17:6.)  ¿Cuántos dicen amen?  Si me pusiera a enumerar todas las bendiciones que Dios derrama sobre todo creyente no tendría para cuando acabar.  Pero ahora preguntemonos, ¿menospreciamos nosotros las bendiciones de Dios?  ¿Hacemos nosotros igual que Esaú y cambiamos nuestra herencia por un plato de potaje de lentejas?  No creo que exista nada aquí que diga que si, pero preguntemos ¿cuál es el significado de esto en nuestra vida?  Simple y claramente, el significado de esto es el ceder a los impulsos de la carne, el ceder al apetito por las cosas de este mundo.   

En estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, 30 dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. 31 Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. 32 Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura? 33 Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.”  Sin duda alguna todos podemos ver que Esaú hizo una decisión precipitada, y las decisiones precipitadas siempre conducen a los pesares.  Quiero que notemos bien lo que le condujo a esta decisión, quiero que notemos muy bien cuando él dice “He aquí yo me voy a morir; ¿Para qué, pues, me servirá la primogenitura?”  ¿A caso iba a morir él en ese instante si no comía?  La respuesta es no, después de todo él era un buen cazador, y solo tendría que salir y cazar, y comería (Génesis 25:27.)  Pero se dejo dominar por su apetito, se dejo dominar por los impulsos de la carne, se dejo dominar por su necesidad momentánea, y desprecio la bendición que Dios le había entregado desde el vientre de su madre.  Todos tenemos mucho que aprender de aquí, todos debemos aprender a ver los peligros que existen cuando cedemos al apetito por las cosas de este mundo (Proverbios 22:3.)  En otras palabras, tenemos que ser sabios al tomar decisiones, no podemos tomar decisiones precipitadas que luego nos conducirán al lamento, al sufrimiento, y a las lágrimas.   

Cuando nos dejamos guiar por el apetito por las cosas de este mundo entonces cederemos a la tentación y fallaremos toda prueba.  Al igual que Esaú menosprecio la bendición de Dios por rendirse a su apetito, existen muchos en el cuerpo de Dios que hacen exactamente lo mismo.  Existen muchos creyentes que cambian las bendiciones de Dios venideras por satisfacer un placer ahora.  Existen muchos creyentes que cambian su herencia por andar satisfaciendo los placeres temporarios (Gálatas 5:19-21.)  Estoy seguro que todos aquí estamos de acuerdo cuando digo que Esaú no pensó muy bien lo que estaba haciendo, no pensó en el valor que tenía su primogenitura y su herencia.  Hermanos, esto que le sucedió a Esaú es algo que encontramos que le sucede a muchos, y la razón es porque muchos no toman el tiempo para pensar en las consecuencias de las acciones y decisiones que toman (Marcos 8:36.)  Cuando no se toma el tiempo de meditar en todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida, entonces se nos hace fácil menospreciar las bendiciones.  Cuando no tomamos el tiempo de poner todo lo que Dios ha hecho por cada uno de nosotros en perspectiva, entonces menospreciamos nuestra herencia y bendición.  Ahora, pensemos en las bendiciones que Dios nos ha dado.  Estoy casi seguro que lo primero que viene a la mente de muchos son cosas como nuestro hogar, casa, automóvil, empleo y demás.  En si, muchos se consideran bendecidos por Dios porque tienen cosas materiales, cosas que se pueden ver y tocar. Pero en si, las bendiciones de Dios son mucho más que cualquier cosa que podemos poseer. Las bendiciones de Dios no son solamente materiales, sino celestiales y espirituales (Efesios 1:3.)  Es por esta misma razón que digo que no podemos tomar acciones y decisiones precipitadas, tenemos que tomar nuestras determinaciones y basar nuestras acciones siempre pensando en nuestro futuro como creyente.   

Desdichadamente con frecuencia encontramos que muchos creyentes no toman el tiempo de meditar, y de pensar en el significado de su herencia.  Con frecuencia muchos se pierden las bendiciones que Dios desea derramar sobre todo creyente e invitan las maldiciones en su vida.  Tenemos que tomar el tiempo de pensar en las cosas y preguntarnos antes de actuar ¿le agradaría lo que estoy haciendo o voy a hacer a Dios?  Tenemos que tomar el tiempo de escuchar la voz del Espíritu Santo que ahora mora en nosotros (Lucas 24:49.)  

Tenemos que mantenernos en una comunicación constante, mantenernos en paso con nuestro Padre celestial (Gálatas 5:25.)  Sé que en ocasiones se nos hace difícil mantenernos siempre en el espíritu, sé que la batalla contra nuestra carne es difícil, pero también sé que si podemos ganar esa batalla cuando le damos a Dios el lugar que Él merece en nuestra vida (Filipenses 4:13.)  Tenemos que deshacernos de esa manera de pensar que sabemos no agrada a Dios, cosas como el celo, la lujuria, le envidia, la venganza, la lascivia y todos esos otros pensamiento impuros y negativos que estoy seguro que todos, en momentos determinados, hemos tenido.  Tenemos que permitir que Dios se glorifique en todo momento, tenemos que permitir que el Espíritu Santo guié cada uno de nuestros pasos.  Como hijos de Dios y coherederos con Cristo tenemos que aprender a caminar en el espíritu y a dominar los impulsos de la carne (Romanos 8:13-15.)     

Para concluir.  Esaú cambio su herencia, cambio su futuro, cambio la bendición que Dios le había dado por satisfacer su apetito.  Debemos tener mucho cuidado de no permitir que nuestro apetito por las cosas de este mundo nos roben las bendiciones espirituales que Dios tiene para nosotros.  No podemos concentrarnos en los placeres de este mundo, sino concentrarnos en las promesas de Dios. Tenemos que aprender a ser pacientes y esperar en Dios; Esaú en este instante no fue paciente, él podía haber esperado y comer más tarde, pero no fue así, él cedió a la necesidad inmediata, él cedió a los dolores de hambre.  Esaú hizo una decisión que le ayudaría inmediatamente, él saciaría su apetito al instante y cambio su primogenitura.  Esaú cambio las bendiciones venideras por un placer momentáneo.  Las consecuencias de su decisión no le afectaron de inmediato, pero finalmente si le afectaron grandemente.  Hermanos toda decisión, y toda acción que tomamos tarde o temprano tendrá su consecuencia.  Cuando llego el tiempo, Esaú trato de obtener la bendición de Dios, pero no la pudo obtener (Génesis 27:34; Hebreos 12:17.)  Aprendamos de este ejemplo, aprendamos que cuando nos concentramos más en nuestras necesidades o deseos inmediatos entonces se nos hará muy fácil olvidarnos de nuestra obligación a Dios.  Los dejo con esta pregunta, ¿has cambiado la bendición de mañana por satisfacer tu apetito hoy?

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