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Cuando la bendición luce maldición
La semana antes pasada estudiamos la vida de Jacob
brevemente. Si se acuerdan vimos como él compro la
primogenitura de su hermano Esaú, y luego engaño a su
padre, Isaac, y recibió la bendición que le pertenecía a
Esaú. En esa predica aprendimos el resultado que trae
el menos preciar las bendiciones de Dios. En el día de
hoy estaremos estudiando un poco más a esta familia, y
su descendencia. En el día de hoy estaremos estudiando
la vida de José, hijo de Jacob. Seria imposible cubrir
la historia completa en este pequeño espacio de tiempo
que compartimos, así que estaré utilizando solamente los
versículos claves para demostrarles como en ocasiones,
lo que al hombre le parece como una maldición o algo
malo, en realidad no lo es, siempre y cuando nos
mantengamos fiel a Dios y a su Palabra. Con esto en
mente comencemos el estudio del día de hoy.
Génesis 37:23-28
- Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus
hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de
colores que tenía sobre sí; 24 y le tomaron y
le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba
vacía, no había en ella agua. 25 Y se
sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he
aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y
sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a
llevarlo a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a
sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro
hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y
vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre
él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne.
Y sus hermanos convinieron con él. 28 Y
cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos
a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le
vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y
llevaron a José a Egipto.
Hagamos ahora un repaso de historia para lograr tener un
mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para
nosotros. Como pudimos ver en la predica de la semana
antes pasada, Jacob tuvo que dejar la tierra de su
padre, ya que Esaú buscaba matarle (Génesis
27:41.) Él fue enviado por su padre a Padan-aram,
tierra de Labán, hermano de su madre (Génesis
28:1-2.) Cuando continuamos estudiando lo que
aconteció con esta familia vemos que Esaú cayo en un
estado de rebeldía en contra de su padre (Génesis
28:8-9), pero Jacob fue obediente, y recibió la
bendición de Dios (Génesis
28:13-15.) A continuación encontramos que Jacob
se enamora de la hija menor de Labán, e hizo un trato
con él; Jacob se comprometió a trabajar para Labán por
un periodo de siete años para recibir el permiso de
casarse con Raquel (Génesis
29:17.)
Todo hasta ahí esta muy lindo y honesto, pero de la
misma manera que Jacob engaño a su padre, Labán le
engaño a él, y en vez de entregarle a Raquel, Labán le
entrego a Lea, la hija mayor, y Jacob tuvo que servir a
Labán otros siete años para poder lograr casarse con
Raquel (Génesis 29:23-27.)
Aquí entonces tenemos el inicio de la línea de Jacob.
Mientras le estuvo sirviendo a Labán, un periodo que
duro veinte años, Jacob tuvo once hijos, pero solo uno
era de la mujer que él mas amaba, solo uno era de
Raquel. Después del nacimiento de José, Jacob deseo
regresar a la tierra de su padre (Génesis
30:23-25.) Pero porque Labán había enriquecido
mucho gracias a Jacob (Génesis
30:27), Labán trato nuevamente de engañarle o
hacerle trampa para que no se fuera, pero Dios no lo
permitió (Génesis 31:11-13.)
Finalmente Jacob se escapa de Labán y regresa a su
tierra. Continuando encontramos que después de hacer la
paz con su hermano Esaú, Jacob fue nuevamente bendecido
por Dios por su perseverancia en la fe (Génesis
35:9-10.) Luego encontramos que Jacob tuvo otro
hijo con Raquel, pero ella murió durante el parto (Génesis
35:17-18.) He llegado a este punto porque
deseaba que supieran que Jacob tuvo doce hijos;
mantengan esto en mente porque es de suma importancia
cuando vayamos a concluir. Concentrémonos ahora en la
vida de José, el hijo preferido de Jacob.
Como podemos ver aquí en los versículos que estamos
estudiando en el día de hoy, los hermanos de José le
odiaban grandemente, y procuraban matarle. Pero Dios no
permitió que esto sucediera, ya que Dios tenía un
propósito con la vida de este joven, tal como Dios tiene
un propósito con la vida de todo aquel que le sirve
fielmente. Dios no permitió que le mataran, pero si
podemos ver que permitió que José fuera vendido por sus
hermanos a la esclavitud.
El odio que ellos sintieron, y el repudio que
demostraron tuvo su inicio en solo una palabra, tuvo su
inicio en el celo. Ellos estaban celosos de él, ya que
como les dije previamente, él era el hijo preferido de
Jacob (Génesis 37:3-4.)
El celo es una emoción fuerte, una emoción capaz de
destruir matrimonios, capaz de destruir familias, y
capaz de destruir la vida de una persona robándole la
paz. Ahora, no quiero entrar mucho en el tema del celo,
eso es otra predica para otro día. A primera vista,
cuando analizamos lo que le sucedió a José creo que
muchos aquí dirían que fue una maldición. Después de
todo, José fue vendido a la esclavitud, José fue
separado de su familia, fue desterrado, y no recibiría
la parte que le correspondía de su herencia. José
pasaría de tener una vida cómoda y llena de paz, a ser
un esclavo, maltratado y obligado a trabajar sin
esperanza de recibir gratificación alguna. Digo esto
porque normalmente esa era la vida de un esclavo en
manos de los egipcios. Pero, ¿es esto lo que Dios tenía
en mente para José? ¿Había abandonado Dios a este
joven? La respuesta es NO (Génesis
39:2-4.) Dios no le había abandonado, y aun a
través se su sufrimiento, Dios le continuaría
bendiciendo. Digo que sufrió porque después de todo, él
había sido apartado de su familia, y a él le tocaría
pasar por momentos difíciles.
Continuando encontramos que José comenzó a tener
dificultades, encontramos que fue acusado injustamente.
La mujer de su amo lo acuso de tratar de violarla (Génesis
39:11-14.) Oyendo esta tan grave acusación su
amo entonces lo sentencio a una prisión egipcia (Génesis
39:19-20.) Nuevamente, a primera vista, creo que
todos aquí diríamos que esto que le sucedió a este joven
fue una maldición, y que ciertamente Dios se había
olvidado de él. Pero, ¿fue este el caso? La respuesta
es nuevamente NO (Génesis
39:21-23.) En muchas ocasiones al creyente le
toca pasar por momentos difíciles, nos toca sufrir
debido a situaciones injustas. No es fuera de lo común
que nosotros seamos aborrecidos por nuestros familiares,
nuestros amigos, y por el mundo en general solo por el
simple hecho de que somos cristianos (Mateo
10:22.) Se hablaran cosas malas de nosotros, se
levantaran calumnias, seremos acusados injustamente de
querer dividir y destruir la paz que pueda existir entre
familiares y demás. Seremos desterrados y apartados de
aquellos que amamos, nos tocara sufrir y pasar por
momentos dolorosos. Pero aun en ese sufrimiento, y por
muy doloroso que sea, el creyente nunca debe abandonar
su misión; son en momentos como estos que nunca nos
podemos olvidar que Dios no nos abandona (Mateo
28:19-20.) José estuvo más de dos años en la
prisión, pero en ese tiempo Dios nuevamente se glorifico
en su vida, y él le sirvió de bendición a unos
servidores del faraón, le sirvió de bendición
interpretando unos sueños que ellos habían tenido.
Cuando leemos el capitulo 40 completo encontramos que la
interpretación de los sueños fueron exactas, y que se
cumplió lo que José les había dicho. Uno de estos
hombres fue restaurado a su antigua posición, y el otro
fue sentenciado a muerte.
Continuando encontramos que el faraón comenzó a tener
unos sueños que le perturbaron grandemente y que nadie
se los podía interpretar (Génesis
41:8.) En esto encontramos nuevamente la mano de
Dios, encontramos que Dios se glorificaría una vez más
en la vida de José. Aquel hombre a quien José le había
servido de bendición interpretando su sueño ahora
testificaría del poder de Dios al mismísimo faraón (Génesis
41:10-12.) Al escuchar el faraón de que sus
sueños podían ser interpretados, él envió por José a la
cárcel, y fue traído a la corte donde el faraón le contó
sus sueños (Génesis 41:14-16.)
Dios nuevamente se glorifica en la vida de José y le
permite interpretar los sueños del faraón. José le
explico que Dios le había revelado al faraón que
existirían siete años de prosperidad en la tierra, pero
que serian seguido por siete años de hambre (Génesis
41:27-28.) Fue en ese entonces que el faraón
reconoció el poder de Dios en la vida de José, y lo
elevo a una posición de gran poder, José paso de ser un
esclavo, paso de ser un prisionero, a ser un gobernador
de Egipto (Génesis 41:37-40.)
Hermanos, en muchas ocasiones el creyente permite ser
encerrado en prisiones de pecado, permite ser condenado
y sentenciado a una vida de sufrimiento por nuestro
enemigo. En muchas ocasiones no reconocemos las
advertencias de Dios, no sabemos interpretar lo que Él
nos trata de decir a través de los mensajes que
escuchamos, no sabemos interpretar lo que Él nos trata
de decir a través de su santa y divina palabra. Tal
como el faraón buscamos las respuestas en lugares no
apropiados, buscamos las respuestas en las cosas de este
mundo, pero la realidad del caso es que nunca las
encontraremos en esos lugares.
El faraón no encontró las respuestas a sus sueños en los
sabios, la encontró al reconocer el poder de Dios en la
vida de José. Nosotros nunca encontraremos las
respuestas a esas cosas que nos molestan, a esos
pensamientos que nos perturban en las cosas de este
mundo; las respuestas solo pueden ser encontradas cuando
descansamos en el poder de Dios (Mateo
11:28.)
Continuando encontramos que tal como José había dicho se
cumplió; hubo siete años de prosperidad y abundancia
seguido por siete años de hambre, pero en Egipcio no
hubo escasez de nada (Génesis
41:53-54.) Quiero que nos fijemos bien que el
hambre que hubo no se limito solamente a Egipto (Génesis
41:57.) Aquí es donde se comienza a poner buena
la cosa. Les digo que se comienza a poner buena la cosa
porque el hambre que existía también se sentía en la
tierra de Canaán, en otras palabras en la tierra de
Jacob, el padre de José (Génesis
42:1-3.) Los diez hermano descendieron a Egipto
para comprar alimento, y a continuación encontramos que
sucedieron una serie de eventos, entre los cual hubo uno
donde los hermanos de José recibieron una fuerte
convicción del mal que ellos le habían hecho a su
hermano cuando le vendieron a la esclavitud (Génesis
42:21-22.) Ahora, quiero que notemos bien que
José podía haber tomado esta oportunidad para vengarse,
él tenía el poder de hacer que todos sus hermanos fuesen
capturados y hechos esclavos, pero este no fue el caso.
El amor de Dios que existía dentro de José fue mayor que
todo espíritu de venganza. Hermanos, es solamente a
través del amor de Dios que nosotros podemos resistir y
vencer en momentos difíciles. Cuando permitimos que el
amor de Dios se refleje en nuestras vidas, cuando
permitimos que su misericordia se revele en todo lo que
somos, entonces podremos sobrevenir todo impulso de la
carne. Cuando nos dejamos guiar por Dios y confiamos en
Él en todo momento entonces veremos su mano en todo;
ciertamente este fue el caso con José (Génesis
45:5-8.) Fue el amor que él sentía que le dio la
fortaleza para perdonar, y olvidar su dolor.
Para concluir.
Lo que aconteció en la vida de este joven fueron cosas
que a primera vista aparentaron como maldiciones. José
fue odiado por sus hermanos, él fue maltratado y echado
en un pozo, él fue vendido a la esclavitud, él fue
acusado sin delito, él fue sentenciado a una prisión
injustamente; y todas estas son cosas que nos pueden
hacer pensar que en ocasiones Dios se había olvidado de
este joven. Pero como hemos podido ver, en todo esto
que aparentaba malo, la mano de Dios estaba sobre él.
Hermanos, en muchas ocasiones nosotros no entendemos el
por qué de las cosas, pasamos por momentos difíciles y
pensamos que Dios de ha olvidado de nosotros, pensamos
que Dios no ve nuestra angustia y dolor, pero recordemos
siempre que cuando nos mantenemos fiel, cuando
descansamos en su gloria y poder, todo lo que nos suceda
será para bien (Romanos 8:28.)
Se
recuerdan que les dije al inicio que mantuvieran en
mente que Jacob tuvo doce hijos, ¿verdad? Les dije que
esto era de suma importancia, y la razón es porque ellos
fueron las doce tribus de Israel (Génesis
49:28.) Pensemos en esto por unos segundos, ¿qué
le hubiese sucedido si José no hubiese pasado por todo
lo que paso? La respuesta es fácil, seguramente la
mayoría de ellos hubiesen muerto debido al hambre que
cayo sobre la tierra. En el día de hoy hemos cubierto
bastante historia, y hemos visto que en algunas
ocasiones Jacob tuvo que pasar por momentos difíciles
que a primera vista, o mejor dicho, en los ojos del
hombre pueden aparentar ser cosas malas o maldición.
También hemos visto que a José le toco pasar por
momentos difíciles, que también a primera vista pueden
lucir como maldición, pero creo que les he demostrado
que Dios ve las cosas de manera muy diferente. Quizás
en ciertas ocasiones no logramos ver el propósito de
Dios de inmediato, pero recordemos que esto no significa
que Dios se ha olvidado de nosotros (Isaías
55:8-9.) A través de la historia de José
encontramos dolor, sufrimiento, y amargura, pero ¿saben
lo que no encontramos? No encontramos que José le fue
infiel a Dios. No encontramos que José maldijo a Dios.
Lo que si encontramos es que no obstante la adversidad,
no obstante la situación, no obstante las
circunstancias, José dio el 100 % de el en todo
momento. Aprende hoy de esta lección, y recuerda que
por muy difícil que aparenten las cosas, por muy
dolorosa que sea la situación, Dios no te abandona y se
glorificara en tu vida si te mantienes fiel a Él.
© Copyright José R. Hernández |