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Obispo José R. Hernández

Cuando la bendición luce maldición

La semana antes pasada estudiamos la vida de Jacob brevemente.  Si se acuerdan vimos como él compro la primogenitura de su hermano Esaú, y luego engaño a su padre, Isaac, y recibió la bendición que le pertenecía a Esaú.  En esa predica aprendimos el resultado que trae el menos preciar las bendiciones de Dios.  En el día de hoy estaremos estudiando un poco más a esta familia, y su descendencia.  En el día de hoy estaremos estudiando la vida de José, hijo de Jacob.  Seria imposible cubrir la historia completa en este pequeño espacio de tiempo que compartimos, así que estaré utilizando solamente los versículos claves para demostrarles como en ocasiones, lo que al hombre le parece como una maldición o algo malo, en realidad no lo es, siempre y cuando nos mantengamos fiel a Dios y a su Palabra.  Con esto en mente comencemos el estudio del día de hoy.   

Génesis 37:23-28 - Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; 24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. 25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. 28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto. 

Hagamos ahora un repaso de historia para lograr tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros.  Como pudimos ver en la predica de la semana antes pasada, Jacob tuvo que dejar la tierra de su padre, ya que Esaú buscaba matarle (Génesis 27:41.)  Él fue enviado por su padre a Padan-aram, tierra de Labán, hermano de su madre (Génesis 28:1-2.)   Cuando continuamos estudiando lo que aconteció con esta familia vemos que Esaú cayo en un estado de rebeldía en contra de su padre (Génesis 28:8-9),  pero Jacob fue obediente, y recibió la bendición de Dios (Génesis 28:13-15.)  A continuación encontramos que Jacob se enamora de la hija menor de Labán, e hizo un trato con él; Jacob se comprometió a trabajar para Labán por un periodo de siete años para recibir el permiso de casarse con Raquel (Génesis 29:17.) 

Todo hasta ahí esta muy lindo y honesto, pero de la misma manera que Jacob engaño a su padre, Labán le engaño a él, y en vez de entregarle a Raquel, Labán le entrego a Lea, la hija mayor, y Jacob tuvo que servir a Labán otros siete años para poder lograr casarse con Raquel (Génesis 29:23-27.)  Aquí entonces tenemos el inicio de la línea de Jacob.  Mientras le estuvo sirviendo a Labán, un periodo que duro veinte años, Jacob tuvo once hijos, pero solo uno era de la mujer que él mas amaba, solo uno era de Raquel.  Después del nacimiento de José, Jacob deseo regresar a la tierra de su padre (Génesis 30:23-25.)  Pero porque Labán había enriquecido mucho gracias a Jacob (Génesis 30:27), Labán trato nuevamente de engañarle o hacerle trampa para que no se fuera, pero Dios no lo permitió (Génesis 31:11-13.)  Finalmente Jacob se escapa de Labán y regresa a su tierra.  Continuando encontramos que después de hacer la paz con su hermano Esaú, Jacob fue nuevamente bendecido por Dios por su perseverancia en la fe (Génesis 35:9-10.)  Luego encontramos que Jacob tuvo otro hijo con Raquel, pero ella murió durante el parto (Génesis 35:17-18.)  He llegado a este punto porque deseaba que supieran que Jacob tuvo doce hijos; mantengan esto en mente porque es de suma importancia cuando vayamos a concluir.  Concentrémonos ahora en la vida de José, el hijo preferido de Jacob.   

Como podemos ver aquí en los versículos que estamos estudiando en el día de hoy, los hermanos de José le odiaban grandemente, y procuraban matarle.  Pero Dios no permitió que esto sucediera, ya que Dios tenía un propósito con la vida de este joven, tal como Dios tiene un propósito con la vida de todo aquel que le sirve fielmente.  Dios no permitió que le mataran, pero si podemos ver que permitió que José fuera vendido por sus hermanos a la esclavitud.   

El odio que ellos sintieron, y el repudio que demostraron tuvo su inicio en solo una palabra, tuvo su inicio en el celo.  Ellos estaban celosos de él, ya que como les dije previamente, él era el hijo preferido de Jacob (Génesis 37:3-4.)  El celo es una emoción fuerte, una emoción capaz de destruir matrimonios, capaz de destruir familias, y capaz de destruir la vida de una persona robándole la paz.  Ahora, no quiero entrar mucho en el tema del celo, eso es otra predica para otro día.  A primera vista, cuando analizamos lo que le sucedió a José creo que muchos aquí dirían que fue una maldición.  Después de todo, José fue vendido a la esclavitud, José fue separado de su familia, fue desterrado, y no recibiría la parte que le correspondía de su herencia.  José pasaría de tener una vida cómoda y llena de paz, a ser un esclavo, maltratado y obligado a trabajar sin esperanza de recibir gratificación alguna.  Digo esto porque normalmente esa era la vida de un esclavo en manos de los egipcios.  Pero, ¿es esto lo que Dios tenía en mente para José?  ¿Había abandonado Dios a este joven?  La respuesta es NO (Génesis 39:2-4.)    Dios no le había abandonado, y aun a través se su sufrimiento, Dios le continuaría bendiciendo.  Digo que sufrió porque después de todo, él había sido apartado de su familia, y a él le tocaría pasar por momentos difíciles.  

Continuando encontramos que José comenzó a tener dificultades, encontramos que fue acusado injustamente.  La mujer de su amo lo acuso de tratar de violarla (Génesis 39:11-14.)  Oyendo esta tan grave acusación su amo entonces lo sentencio a una prisión egipcia (Génesis 39:19-20.)  Nuevamente, a primera vista, creo que todos aquí diríamos que esto que le sucedió a este joven fue una maldición, y que ciertamente Dios se había olvidado de él.  Pero, ¿fue este el caso?  La respuesta es nuevamente NO (Génesis 39:21-23.)  En muchas ocasiones al creyente le toca pasar por momentos difíciles, nos toca sufrir debido a situaciones injustas.  No es fuera de lo común que nosotros seamos aborrecidos por nuestros familiares, nuestros amigos, y por el mundo en general solo por el simple hecho de que somos cristianos (Mateo 10:22.)  Se hablaran cosas malas de nosotros, se levantaran calumnias, seremos acusados injustamente de querer dividir y destruir la paz que pueda existir entre familiares y demás.  Seremos desterrados y apartados de aquellos que amamos, nos tocara sufrir y pasar por momentos dolorosos.  Pero aun en ese sufrimiento, y por muy doloroso que sea, el creyente nunca debe abandonar su misión; son en momentos como estos que nunca nos podemos olvidar que Dios no nos abandona (Mateo 28:19-20.)  José estuvo más de dos años en la prisión, pero en ese tiempo Dios nuevamente se glorifico en su vida, y él le sirvió de bendición a unos servidores del faraón, le sirvió de bendición interpretando unos sueños que ellos habían tenido.  Cuando leemos el capitulo 40 completo encontramos que la interpretación de los sueños fueron exactas, y que se cumplió lo que José les había dicho.   Uno de estos hombres fue restaurado a su antigua posición, y el otro fue sentenciado a muerte.   

Continuando encontramos que el faraón comenzó a tener unos sueños que le perturbaron grandemente y que nadie se los podía interpretar (Génesis 41:8.)  En esto encontramos nuevamente la mano de Dios, encontramos que Dios se glorificaría una vez más en la vida de José.  Aquel hombre a quien José le había servido de bendición interpretando su sueño ahora testificaría del poder de Dios al mismísimo faraón (Génesis 41:10-12.)  Al escuchar el faraón de que sus sueños podían ser interpretados, él envió por José a la cárcel, y fue traído a la corte donde el faraón le contó sus sueños (Génesis 41:14-16.)  Dios nuevamente se glorifica en la vida de José y le permite interpretar los sueños del faraón.  José le explico que Dios le había revelado al faraón que existirían siete años de prosperidad en la tierra, pero que serian seguido por siete años de hambre (Génesis 41:27-28.)  Fue en ese entonces que el faraón reconoció el poder de Dios en la vida de José, y lo elevo a una posición de gran poder, José paso de ser un esclavo, paso de ser un prisionero, a ser un gobernador de Egipto (Génesis 41:37-40.)  Hermanos, en muchas ocasiones el creyente permite ser encerrado en prisiones de pecado, permite ser condenado y sentenciado a una vida de sufrimiento por nuestro enemigo.  En muchas ocasiones no reconocemos las advertencias de Dios, no sabemos interpretar lo que Él nos trata de decir a través de los mensajes que escuchamos, no sabemos interpretar lo que Él nos trata de decir a través de su santa y divina palabra.  Tal como el faraón buscamos las respuestas en lugares no apropiados, buscamos las respuestas en las cosas de este mundo, pero la realidad del caso es que nunca las encontraremos en esos lugares. 

El faraón no encontró las respuestas a sus sueños en los sabios, la encontró al reconocer el poder de Dios en la vida de José.  Nosotros nunca encontraremos las respuestas a esas cosas que nos molestan, a esos pensamientos que nos perturban en las cosas de este mundo; las respuestas solo pueden ser encontradas cuando descansamos en el poder de Dios (Mateo 11:28.)   

Continuando encontramos que tal como José había dicho se cumplió; hubo siete años de prosperidad y abundancia seguido por siete años de hambre, pero en Egipcio no hubo escasez de nada (Génesis 41:53-54.)  Quiero que nos fijemos bien que el hambre que hubo no se limito solamente a Egipto (Génesis 41:57.)  Aquí es donde se comienza a poner buena la cosa.  Les digo que se comienza a poner buena la cosa porque el hambre que existía también se sentía en la tierra de Canaán, en otras palabras en la tierra de Jacob, el padre de José (Génesis 42:1-3.) Los diez hermano descendieron a Egipto para comprar alimento, y a continuación encontramos que sucedieron una serie de eventos, entre los cual hubo uno donde los hermanos de José recibieron una fuerte convicción del mal que ellos le habían hecho a su hermano cuando le vendieron a la esclavitud (Génesis 42:21-22.)  Ahora, quiero que notemos bien que José podía haber tomado esta oportunidad para vengarse, él tenía el poder de hacer que todos sus hermanos fuesen capturados y hechos esclavos, pero este no fue el caso.  El amor de Dios que existía dentro de José fue mayor que todo espíritu de venganza.  Hermanos, es solamente a través del amor de Dios que nosotros podemos resistir y vencer en momentos difíciles.  Cuando permitimos que el amor de Dios se refleje en nuestras vidas, cuando permitimos que su misericordia se revele en todo lo que somos, entonces podremos sobrevenir todo impulso de la carne.  Cuando nos dejamos guiar por Dios y confiamos en Él en todo momento entonces veremos su mano en todo; ciertamente este fue el caso con José (Génesis 45:5-8.)  Fue el amor que él sentía que le dio la fortaleza para perdonar, y olvidar su dolor.   

Para concluir.  Lo que aconteció en la vida de este joven fueron cosas que a primera vista aparentaron como maldiciones.  José fue odiado por sus hermanos, él fue maltratado y echado en un pozo, él fue vendido a la esclavitud, él fue acusado sin delito, él fue sentenciado a una prisión injustamente; y todas estas son cosas que nos pueden hacer pensar que en ocasiones Dios se había olvidado de este joven.  Pero como hemos podido ver, en todo esto que aparentaba malo, la mano de Dios estaba sobre él.  Hermanos, en muchas ocasiones nosotros no entendemos el por qué de las cosas, pasamos por momentos difíciles y pensamos que Dios de ha olvidado de nosotros, pensamos que Dios no ve nuestra angustia y dolor, pero recordemos siempre que cuando nos mantenemos fiel, cuando descansamos en su gloria y poder, todo lo que nos suceda será para bien (Romanos 8:28.) 

Se recuerdan que les dije al inicio que mantuvieran en mente que Jacob tuvo doce hijos, ¿verdad?  Les dije que esto era de suma importancia, y la razón es porque ellos fueron las doce tribus de Israel (Génesis 49:28.)  Pensemos en esto por unos segundos, ¿qué le hubiese sucedido si José no hubiese pasado por todo lo que paso?  La respuesta es fácil, seguramente la mayoría de ellos hubiesen muerto debido al hambre que cayo sobre la tierra.  En el día de hoy hemos cubierto bastante historia, y hemos visto que en algunas ocasiones Jacob tuvo que pasar por momentos difíciles que a primera vista, o mejor dicho, en los ojos del hombre pueden aparentar ser cosas malas o maldición.  También hemos visto que a José le toco pasar por momentos difíciles, que también a primera vista pueden lucir como maldición, pero creo que les he demostrado que Dios ve las cosas de manera muy diferente.  Quizás en ciertas ocasiones no logramos ver el propósito de Dios de inmediato, pero recordemos que esto no significa que Dios se ha olvidado de nosotros (Isaías 55:8-9.)  A través de la historia de José encontramos dolor, sufrimiento, y amargura, pero ¿saben lo que no encontramos?  No encontramos que José le fue infiel a Dios.  No encontramos que José maldijo a Dios.  Lo que si encontramos es que no obstante la adversidad, no obstante la situación, no obstante las circunstancias, José dio el 100 % de el en todo momento.  Aprende hoy de esta lección, y recuerda que por muy difícil que aparenten las cosas, por muy dolorosa que sea la situación, Dios no te abandona y se glorificara en tu vida si te mantienes fiel a Él.

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