Edificando murallas
No se cuantos de ustedes están atentos a las noticias,
pero con solo prestar un poco de atención no es difícil
llegar a la conclusión de que estamos viviendo en
tiempos bien difíciles. Estamos viviendo en tiempos
cuando la vida tiene solo el valor de lo que podamos
llevar puesto. Estamos viviendo en tiempos cuando a
cualquiera lo matan por solo robarle una cadena, un
reloj, o un dólar del bolsillo. En otras palabras
estamos viviendo en tiempos donde la fibra moral del ser
humano casi no existe. Nuestra sociedad está llena de
perversidad, corrupción, e inmoralidad. Los principios
Cristianos están siendo atacados grandemente, y están
desmoronándose a nuestro alrededor. Es por esta razón
que al mundo le es mucho más fácil aceptar explicaciones
conjuradas por hombres basadas en la sabiduría humana,
que en la verdad de Dios. Al mundo le es mucho más
fácil aceptar las excusas y justificaciones que buscan
destruir las pocas y ultimas fibra moral restantes, que
volverse a Dios y buscar Su rostro. ¿Qué debemos hacer
nosotros ante todo esto? Éste es el tema que estaremos
explorando en el día de hoy. Pasemos ahora a la Palabra
de Dios.
Nehemías 4:12-17
- Pero sucedió que cuando venían los judíos que
habitaban entre ellos, nos decían hasta diez veces: De
todos los lugares de donde volviereis, ellos caerán
sobre vosotros. 13Entonces por las partes
bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios
abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas,
con sus lanzas y con sus arcos. 14Después
miré, y me levanté y dije a los nobles y a los
oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de
ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead
por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras
hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.
15Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo
habíamos entendido, y que Dios había desbaratado el
consejo de ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a
su tarea. 16Desde aquel día la mitad de mis
siervos trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía
lanzas, escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos
estaban los jefes de toda la casa de Judá. 17Los
que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que
cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la
otra tenían la espada.
Como acostumbro a decir, para tener un mejor
entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros
en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve
repaso de historia. Estos acontecimientos que estamos
explorando en el día de hoy tomaron lugar
aproximadamente unos 500 años antes de Cristo. Ahora
debemos preguntarnos, ¿quién fue éste hombre llamado
Nehemías? Nehemías fue un hombre común y corriente,
pero si gozaba de una posición única. Nehemías era el
copero del rey Artajerjes, y aunque él no ejercía gran
poder, Nehemías si ejercía gran influencia ya que el rey
dependía y confiaba en él. Esta relación y
dependencia es algo que queda muy bien reflejado en la
conversación que él tuvo con el rey, cual fue la que le
condujo a éste punto en la historia que estamos
explorando en el día de hoy, como encontramos en
Nehemías 2:1-2 cuando
leemos, “Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte
del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de
él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había
estado antes triste en su presencia. 2me dijo
el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás
enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces
temí en gran manera.” Lo que había entristecido a
Nehemías es que él había recibido noticias de que las
murallas que rodeaban la gran ciudad de Jerusalén aun
continuaban destruidas; esto es algo que encontramos en
Nehemías 1:3 cuando
leemos, “Y me dijeron: El remanente, los que quedaron
de la cautividad, allí en la provincia, están en gran
mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus
puertas quemadas a fuego.” Esto por supuesto causo
una gran preocupación en éste hombre ya que como todos
sabemos, las cosas en ese entonces eran muy diferentes a
hoy en día. En otras palabras, las ciudades de
antigüedad eran muy diferentes a las ciudades de hoy.
Demás esta decir que en ese entonces no existían todas
las protecciones modernas que nosotros disfrutamos hoy.
Esto significa que de la única manera que una ciudad
podía ofrecerle algún tipo de protección a sus
habitantes, la ciudad tenia que tener paredes o murallas
a su alrededor. Paredes o murallas con portones fuertes
que podían detener un ataque, y las paredes de Jerusalén
habían quedado destruidas por el rey Nabucodonosor en el
586 a.C, y todavía no habían sido reconstruidas. ¿Por
qué es necesario que sepamos estas cosas?
Es necesario saber estos breves detalles porque ellos
nos revelan dos cosas muy importantes. Número uno, nos
revela el estado de aflicción que existía en el corazón
del pueblo de Dios de ese entonces; dicho estado de
aflicción no es muy diferente al estado que muchos están
experimentando hoy en día al ver como el mundo continua
en el camino de la perdición. Número dos, estos breves
detalles nos dejan saber que no tenemos que ser personas
grandes y poderosas para poder cumplir la voluntad de
Dios, lo único que tenemos que hacer es permitir que el
amor, misericordia, y poder de nuestro Señor sean
reflejados en todo lo que somos, y otros serán
influenciados por Él. Así que manteniendo estas cosas
en mente, continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.
Lo primero que vemos aquí es que se nos dice, “Pero
sucedió que cuando venían los judíos que habitaban entre
ellos, nos decían hasta diez veces: De todos los lugares
de donde volviereis, ellos caerán sobre vosotros.”
¿Qué estaba sucediendo aquí? Lo que estaba sucediendo
aquí es que el enemigo continuaba su ataque en contra de
éste pueblo; el enemigo estaba tratando de detener el
progreso de la obra a través de la intimidación y el
temor. Ésta táctica del enemigo no ha cambiado mucho;
no ha cambiado porque el temor en toda ocasión nos
conducirá lejos de la presencia de Dios. El espíritu de
temor nos detendrá de obrar para Dios, y hará que
caigamos muertos en el espíritu. El espíritu de temor
no nos permitirá crecer y desarrollar la vida que Dios
desea para nosotros. El espíritu de temor nos mantendrá
callados y nunca testificaremos del poder y gracia de
Dios. Pero nosotros siempre tenemos que recordarnos de
que fuimos comprados por un precio muy alto, y tenemos
que glorificar a Dios en todo lo que somos. Esto es
algo que queda claramente expresado en
1 Corintios 6:20 cuando
leemos, “Porque habéis sido comprados por precio;
glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro
espíritu, los cuales son de Dios.” Así que nosotros
tenemos que testificar de Su poder; NO podemos
permanecer en silencio. Como cristianos nuestra
responsabilidad es de llevar la verdad al mundo. ¿Cómo
podemos lograr esto? De la única manera que podremos
lograr esto es fortificando nuestra posición. Podemos
lograr esto cuando primero comenzamos a reparar o
construir las murallas defensoras a nuestro alrededor.
Las murallas que una vez rodeaban a Jerusalén eran de
piedra y cemento, pero las murallas que nos sirven de
protección a nosotros son las promesas de Dios y nuestra
fe. Nehemías deseaba que Jerusalén quedase protegida de
la mejor manera posible, pero las murallas de protección
de ésta ciudad estaban dañadas grandemente o destruidas
por sección. En realidad la condición de estas murallas
con frecuencia puede ser usada para describir la
condición espiritual de muchas personas. Existen muchas
personas que debido a los ataques del enemigo, y debido
a las situaciones difíciles que se presentan en el
transcurso de la vida, se encuentran en una condición
espiritual destruida o gravemente dañada. En otras
palabras sus defensas están bajas o no existen. Como
les dije al inicio, estamos viviendo en tiempos
peligrosos. Estamos viviendo en tiempos en que la vida de
una persona no tiene valor alguno, y es por eso que digo
que tenemos que comenzar a edificar murallas. En el
tiempo de antigüedad las murallas eran edificadas de
piedras y cemento para proteger a los habitantes;
murallas fuertes y gruesas que detenían el ataque de un
enemigo. Pero aun teniendo estas murallas, las ciudades
podían caer, tal como fue el caso con éste pueblo.
¿Saben por qué? Porque las murallas solo son tan
fuertes como aquellos que la defienden. Si no existen
soldados parados en las murallas para repeler el ataque
de una fuerza invasora, entonces las murallas pueden ser
derribadas o escaladas, y una u otra de estas cosas
permiten que el enemigo penetre la ciudad. Continuando
leemos, “Entonces por las partes bajas del lugar,
detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al
pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y
con sus arcos. 14Después miré, y me levanté y
dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del
pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor,
grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por
vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras
mujeres y por vuestras casas.” Aquí leemos que el
pueblo fue posicionado en lugares estratégicos para que
pudieran defender la ciudad; ellos estaban armados y
listos para defender lo que Dios les había entregado.
Ellos estaban armados con lanzas, espadas, y arcos para
repeler cualquier ataque del enemigo que se pudiera
levantar, y nosotros tenemos que prepararnos y armarnos
igual. Nosotros estamos siendo atacados constantemente
por lo que aparenta ser una fuerza superior, y es tiempo
de edificar y/o reconstruir murallas. Es tiempo de
edificar murallas para proteger a nuestra familia; es
tiempo de edificar murallas para proteger a nuestros
hijos; es tiempo de edificar murallas para proteger
nuestros hogares; es tiempo de edificar murallas para
detener que penetren las fuerzas del enemigo en todo lo
que somos.
¿Cómo podemos edificar murallas? La respuesta la
encontramos en los siguientes versículos cuando leemos,
“Y cuando oyeron nuestros enemigos que lo habíamos
entendido, y que Dios había desbaratado el consejo de
ellos, nos volvimos todos al muro, cada uno a su tarea.
16Desde aquel día la mitad de mis siervos
trabajaba en la obra, y la otra mitad tenía lanzas,
escudos, arcos y corazas; y detrás de ellos estaban los
jefes de toda la casa de Judá. 17Los que
edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que
cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la
otra tenían la espada.” Aquí encontramos los dos
pasos a seguir que nos permitirán construir murallas con
ladrillos de fe a nuestro alrededor, cementadas con las
promesas de nuestro Dios.
El primer paso es que tenemos que estar concientes de
las intenciones del enemigo. Tenemos que estar
concientes de que él desea separarnos de la presencia de
Dios, y que no descansa en su ataque. Esto es algo que
el Señor nos advierte en Juan
10:10 cuando leemos, “El ladrón no viene sino
para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que
tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Todos nosotros debemos estar muy concientes de que nos
encontramos en medio de una guerra espiritual. Esto es
algo que se nos ha advertido claramente en
Efesios 6:12 cuando
leemos, “Porque no tenemos lucha contra sangre y
carne, sino contra principados, contra potestades,
contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo,
contra huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes.” Ahora bien, creo que la mayoría de
nosotros sino todos diríamos que la guerra espiritual
consiste de la batalla por nuestra mente. ¿Por qué ésta
batalla por nuestra mente? La batalla es porque nuestro
enemigo sabe muy bien que si él puede controlar lo que
pensamos y creemos, entonces podrá controlar como
vivimos y como actuamos. La palabra aquí nos dice que
nosotros no peleamos contra “sangre y carne.”
Esto nos deja saber claramente que la guerra en que nos
encontramos no es contra personas, gobiernos,
instituciones religiosas o políticas. Así que de nada
nos sirve edificar algo físico, sino que tenemos que
fortalecer nuestro espíritu en todo momento. Tenemos que
edificar murallas espirituales de fe porque las cosas
que en ocasiones aparentan ser insignificantes, tienen
la tendencia de crecer y crecer hasta llegar al punto de
apartarnos de Dios.
El segundo paso es que tenemos que obrar para Dios y
permanecer concientes de la defensa. La Palabra aquí
nos dice que ellos obraban en la muralla armados con
espadas, lanzas y arcos, y nosotros tenemos que obrar de
la misma manera. Dios nos ha llamado a todos nosotros a
participar de Su obra, pero nunca podemos hacerlo
desarmados. Recordemos siempre que un soldado desarmado
no es un soldado, un soldado desarmado es una baja. ¿De
qué arma les hablo? Les hablo acerca del arma más
poderosa que existe en el universo, y con la única que
nosotros podemos defendernos. Les hablo de la Palabra
de Dios. Nosotros tenemos la Palabra de Dios que es el
arma más poderosa que existe en el universo. Fíjense
bien en el poder de ésta arma como la encontramos
descrita en Hebreos 4:12
cuando leemos “Porque la palabra de Dios es viva y
eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y
penetra hasta partir el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos
y las intenciones del corazón.” El problema que
existe es que en la mayoría de los casos, los creyentes
no tienen la menor idea de cómo usar ésta arma. La
mayoría de los cristianos no son expertos o ni tan
siquiera competentes en la Palabra, y la razón es porque
no practican. En otras palabras, la mayoría de los
creyentes no toman el tiempo de leerla, estudiarla, y
meditar en ella. La mayoría de los creyentes viven
contentos con solo leer la Palabra de Dios el domingo
durante el servicio. Pero la realidad del caso es que
un arma no nos sirve para nada si no la sabemos usar.
Es más, un arma en manos de un inexperto es algo
peligroso; es algo peligroso porque en la mayoría de los
casos al inexperto confrontarse en contra de un
adversario, el arma será arrebata de las manos del
inexperto y será usada en su contra. Es por esta razón
que podemos encontrar que existen numerosos creyentes
que han sido desviados de los caminos de Dios por
aquellos que tergiversan y manipulan la Palabra para su
propio beneficio.
Para concluir.
Estamos viviendo en tiempos peligrosos, tiempos cuando
nuestras creencias y fe están siendo atacadas
constantemente por lo que aparenta ser una fuerza
superior, y es tiempo comenzar a edificar y/o reparar
nuestras murallas. Es tiempo de edificar murallas y
levantar nuestra espada usándola con la autoridad que
Dios nos ha dado. Es tiempo de edificar murallas y
pararnos encima de ellas para defender a nuestra
familia; es tiempo de edificar murallas y pararnos
encima de ellas para defender a nuestros hijos; es
tiempo de de edificar murallas y pararnos encima de
ellas para defender nuestros hogares; es tiempo de de
edificar murallas y pararnos encima de ellas para
detener que las fuerzas del enemigo penetren nuestra
vida. La tarea que Nehemías emprendió no fue nada
fácil, él estaba confrontado con numerosas oposiciones.
Pero no obstante la oposición, él cumplió con su misión,
y la muralla que rodeaba a Jerusalén fue construida en
solo cincuenta y dos días; esto es algo que queda bien
claro en Nehemías 6:15
cuando leemos, “Fue terminado, pues, el muro, el
veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días.”
Ahora la pregunta que queda es, ¿comenzaras a edificar
tu?
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