Si se acuerdan, la semana antes pasada según hice el
llamado, les dije que miraran a su alrededor y les
pedí que se fijaran bien en todas las sillas vacías
que había. Les pedí que hicieran esto porque
necesitamos darnos cuenta que todos aquí necesitamos
trabajar para engrandecer el reino de Dios. Todos
aquí necesitamos reconocer que somos responsables de
cumplir con la misión que Dios nos ha encargado.
Necesitamos reconocer que hablar acerca del reino de
Dios a otras personas no es una simple sugerencia,
hablar acerca del reino de Dios es un mandato.
Necesitamos reconocer que hablar acerca del reino de
Dios es una obligación. Propagar el evangelio de
Jesucristo, y hablar acerca del amor, la gracia, y
la misericordia de Dios descansa en cada uno de
nosotros y no solamente en los hombros de los
pastores, diáconos, y ministros. Ayudar en la obra
de nuestro Dos aquí en la tierra es algo que
descansa sobre cada uno de nosotros porque la
salvación de Dios es para todos en el mundo. Así
que con esto en mente vamos a estudiar hoy un
acontecimiento histórico que muchos encuentran
difícil de creer. Hoy vamos a examinar lo que le
sucedió a Jonás para ver si existe una lección que
debemos aprender. Porque el tiempo que compartimos
es corto, no les leeré todos los versículos sino más
bien estaremos usando los más claves que nos
demostraran el mensaje de hoy. Pasemos ahora a
Jonás.
En realidad la historia de Jonás es algo que desafía
el entendimiento humano. Como les dije hace un
breve momento, esta historia es una que muchos
encuentran difícil de creer, pero no obstante lo que
piense el hombre, esto aquí no es una fabula o mito
como muchos desean hacerle lucir. Esto aquí ocurrió
como escrito, y prueba de ello lo encontramos en las
palabras de Jesucristo en
Mateo 12:40 cuando leemos “Porque como
estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y
tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el
corazón de la tierra tres días y tres noches.”
¿Por qué les he dicho esto? Se los he dicho porque
existen muchos que dudan lo que aconteció aquí, y
otros simplemente no lo creen y solo lo ven como una
alegoría. Pero todo el que ve lo que aconteció aquí
de esa manera, en esencia le dice mentiroso a Dios,
y no cree en Su palabra. Digo esto porque en
Lucas 18:27
encontramos que Jesús nos dice “…Lo que es
imposible para los hombres, es posible para Dios.”
Pero no quiero desviarme mucho del tema que
estaremos estudiando hoy, así que continuemos
nuestro estudio del día de hoy. Hoy no quiero
hablar acerca de la duda, ese es otro tema para otro
día.
Para poder lograr un mejor entendimiento del mensaje
que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos
será necesario profundizar un poquito en las
circunstancias y detalles de ese tiempo. Como
podemos ver, Dios llamo a Jonás para que fuera a la
ciudad llamada Nínive y les llevara Su palabra. Esto
es algo que queda bien claro en
Jonás 1:1-2 cuando
leemos “Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de
Amitai, diciendo: 2Levántate y ve a
Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella;
porque ha subido su maldad delante de mí.” Si
leemos esto por arribita y no tomamos el tiempo de
examinarlo a más profundidad, lo único que veremos
es que Dios le llamo a predicar a una ciudad
grande. Pero cuando lo examinamos detalladamente, y
tomamos el tiempo de investigar las circunstancias y
detalles de ese tiempo, entonces nos damos cuenta
que lo que sucedió aquí fue mucho más que un simple
llamado a predicar en una gran ciudad. Digo esto
porque cuando tomamos el tiempo de investigar un
poco las escrituras, nos damos cuenta que Nínive era
una gran ciudad, pero no solo esto, sino que era la
capital del imperio asirio. Es importante conocer
este detalle porque el imperio asirio era grande y
pervertido, pero lo más importante de todo, es que
era temido por el pueblo Judío debido a las
atrocidades que había cometido. ¿Por qué debemos
saber esto? Lo debemos saber porque esto significa
que Jonás desde su niñez había sido enseñado a odiar
a los asirios y su autoridad. Jonás había crecido
odiando y despreciando a este pueblo, así que cuando
Dios le llamo él no podía aceptar lo que había
escuchado. Con esto en mente continuemos examinando
lo que aconteció y como se aplica a nuestra vida hoy
en día.
Después de recibir el llamado de Dios, Jonás hizo
algo que muchos de nosotros casi siempre hacemos al
recibir el llamado, él corrió. Fíjense bien como
esto queda bien claro en
Jonás 1:3 cuando leemos “Y Jonás se
levantó para huir de la presencia de Jehová a
Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que
partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en
ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la
presencia de Jehová.” Dile al hermano que
tienes a tu lado, Jonás huyo. Pero Jonás no solo
huyo, sino que se dirigió en dirección opuesta a
donde Dios le había llamado. Digo esto porque la
ciudad de Nínive estaba al este de donde se
encontraba Jonás, y él se fue en dirección oeste a
Jope. ¿Por qué huyo? Él huyo porque no podía
perdonar en su corazón a estas personas por lo que
habían echo en el pasado.
Cuando tomamos el tiempo de reflexionar en lo que
aconteció en este momento en la historia, pronto
encontraremos que en realidad no existe mucha
diferencia entre este hombre de antigüedad y mucho
de nosotros hoy en día. Digo esto porque todos aquí
sin excepción de uno al aceptar a Jesucristo como
nuestro Rey y Salvador personal recibimos un llamado
de Dios. Esto es algo que queda bien reflejado en
las palabras de nuestro Señor como encontramos en
Mateo 28:19-20
cuando leemos “Por tanto, id, y haced discípulos
a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del
Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles
que guarden todas las cosas que os he mandado; y he
aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el
fin del mundo. Amén.” Pero lo que sucede es que
tal como Jonás, el temor, el prejuicio y quizás el
odio nos detiene de hacer la voluntad de Dios. Como
vimos en las palabras de nuestro Señor, todos fuimos
llamados a dejar nuestra ciudad y a entrar en
Nínive; fuimos llamados a predicar la Palabra de
Dios pero este llamado es uno que muchos ignoran o
tal como Jonás simplemente rehúsan cumplir. El
resultado es que al igual que Jonás tratamos de huir
y escaparnos; no hacemos Su voluntad. Lo más cómico
del caso es que siempre pensamos que tenemos una
buena excusa para no cumplir con lo que se nos ha
encomendado. Es por eso que con frecuencia se
escucha como muchos dicen, “es que yo no estoy
capacitado para hablar del reino de Dios.” Pero si
has usado esa excusa, escucha bien lo que nos dice
la Palabra en 1 Corintios
1:26-27 cuando leemos “Pues mirad,
hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos
sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni
muchos nobles; 27sino que lo necio del
mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y
lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a
lo fuerte.” En otras palabras, Dios no escogió
a los capacitados en este mundo, sino Dios capacita
a los escogidos. También prestemos mucha atención a
lo que nos dice el Señor en
Lucas 12:11-12 cuando leemos “Cuando os
trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y
las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué
habréis de responder, o qué habréis de decir;
12porque el Espíritu Santo os enseñará en la
misma hora lo que debáis decir.” Dile al
hermano que tienes a tu lado, Dios te capacita, y el
Espíritu Santo te guía.
La realidad es que no tenemos excusa alguna. La
realidad es que cuando no se cumple con lo que Dios
nos ha encomendado es porque Dios no ocupa el lugar
debido en nuestra vida. Esto en ocasiones es
directamente relacionado a nuestros temores o
terquedad. Esto en numerosas ocasiones es
directamente relacionado con nuestras previas
experiencias y sentimientos, pero también es
ocasionado porque muchos son los que piensan que
Dios demanda mucho de nosotros. Estoy seguro que
ese fue uno de los pensamiento que entro en la mente
de Jonás al recibir el llamado; seguramente pensó
que Dios demandaba mucho de él al hacer esta
petición. Después de todo, Dios le estaba llamando a
que le ofreciera la salvación a su enemigo. Pero
hermanos la realidad del caso es que Dios desea que
todos en el mundo se vuelvan a Él, y que todos
alcancen la salvación. Fíjense bien como esto queda
bien reflejado en 1 Timoteo
2:3-4 cuando leemos “Porque esto es bueno
y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4el
cual quiere que todos los hombres sean salvos y
vengan al conocimiento de la verdad.” Y es por
esta misma razón que ninguno de nosotros podemos
dejar de hablarles a las personas del reino de
Dios. Dile al hermano que tienes a tu lado,
pregonemos el evangelio. Hermanos, tenemos que ser
obedientes a nuestro Dios y cumplir con lo que nos
manda, porque no hacerlo puede traer un gran
desorden a nuestra vida.
Fíjense bien lo que le sucedió a este hombre cuando
decidió no hacer lo que Dios le había encomendado.
Jonás 1:4 “Pero
Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y
hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó
que se partiría la nave.” Esto aquí es algo
serio, la nave en la que viajaba Jonás se encontraba
en este momento en gran peligro, la tormenta le
agitaba de lado a lado, y estaba a punto de
hundirse. Pero ahora quiero que notemos algo de
suma importancia aquí que quizás se le ha escapado a
muchos, y lo que debemos notar es que Jonás no
estaba solo en esta nave. Dile al hermano que
tienes a tu lado, Jonás no estaba solo. ¿Por qué
debemos notar esto? Lo tenemos que notar porque una
gran realidad es que nuestra desobediencia a Dios no
solo afectara nuestra vida, sino también afectara la
vida de aquellos que nos rodean. La desobediencia o
no cumplir con lo que Dios nos ha encomendado no
solo pondrá en peligro nuestra vida, sino también la
vida de todos nuestros seres queridos. La
desobediencia a Dios y no cumplir con lo que Él nos
ha mandado causara que se levanten tormentas que
pueden costarnos la vida. Ahora bien, deseo
detenerme aquí por un breve momento y hacer una
aclaración. No estoy diciendo que nuestra
desobediencia causara que caigamos muertos
físicamente, aunque esto si puede suceder, sino más
bien me estoy refiriendo a morir espiritualmente
cosa que es mucho peor. Digo que es peor porque
cuando se muere espiritualmente, la persona se
aparta de los caminos del Señor y se vuelve a la
podredumbre del mundo, de esta manera despreciando y
rechazando la salvación que Dios le ha dado. Es por
esta misma razón que en
Filipenses 2:12 encontramos que se nos dice “Por
tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido,
no como en mi presencia solamente, sino mucho más
ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación
con temor y temblor.” Así que tenemos que
cuidar nuestra condición espiritual en todo momento,
porque de no hacer esto podemos caer muertos en el
espíritu. Dile al hermano que tienes a tu lado, la
desobediencia mata. La desobediencia eventualmente
causara nuestra muerte, y desdichadamente causara la
muerte de aquellos que nos rodean, pero la
obediencia traerá gran bendición a nuestra vida.
En Jonás 3:3-5
leemos “Y se levantó Jonás, y fue a Nínive
conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad
grande en extremo, de tres días de camino. 4Y
comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un
día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días
Nínive será destruida. 5Y los hombres
de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se
vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor
de ellos.” Como podemos ver aquí, Jonás
eventualmente obedeció a Dios, pero esto no sucedió
antes que el pasara por una gran tribulación. Algo
que podemos ver bien reflejado en
Jonás 1:17 cuando
leemos “Pero Jehová tenía preparado un gran pez
que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre
del pez tres días y tres noches.” Jonás
eventualmente obedeció a Dios y recibió una gran
bendición. Fíjense bien lo que nos dice la Palabra
en Jonás 3:10 cuando
leemos “Y vio Dios lo que hicieron, que se
convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del
mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.”
¿Quién puede ver la bendición que él recibió? Para
aquellos que aun no la pueden ver, les digo que la
gran bendición que este hombre recibió es que él fue
el responsable de salvarle la vida a todos los que
vivían en esa ciudad. Todos aquí también podemos
ser la diferencia en la vida de aquellos que nos
rodean. Todos aquí podemos ser la diferencia entre
la vida y la muerte de toda persona que conocemos.
¿Cuántos quieren recibir una gran bendición de
Dios? Entonces escucha cuidadosamente a lo que nos
dice la Palabra en Santiago
5:19-20 cuando leemos “Hermanos, si alguno
de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y
alguno le hace volver, 20sepa que el que
haga volver al pecador del error de su camino,
salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de
pecados.” Pero para poder recibir esta gran
bendición, tenemos que ser obedientes, y permitir
que el Espíritu Santo nos use para cumplir el
propósito de Dios. Dile al hermano que tienes a tu
lado, seamos obedientes.
Para concluir.
Al igual que Jonás fue llamado a que llamara al
arrepentimiento a ese pueblo despreciado y odiado,
todos nosotros aquí hemos recibido ese mismo
llamado. Todos los que estamos aquí fuimos llamados
por nuestro Padre celestial para que sirvamos de luz
en este mundo de tinieblas. Fíjense bien como nos
dice el Señor en Mateo
5:14-16 cuando leemos “Vosotros sois la
luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no
se puede esconder. 15Ni se enciende una
luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el
candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
16Así alumbre vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras, y
glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
Es por esta misma razón que les digo que todos los
que estamos aquí reunidos tenemos la responsabilidad
y obligación de pregonar el evangelio de
Jesucristo. Jonás tuvo que aprender una gran
lección, y todos nosotros aquí también tenemos que
aprender nuestra lección de hoy. De Jonás tenemos
que aprender que las cosas de Dios no son para
ignorarlas, y que lo que Él nos ha llamado hacer no
es un juego. De Jonás tenemos que aprender que todos
fuimos llamados a predicar el evangelio a todas las
partes del mundo. Fuimos llamados a Su servicio,
pero no como esclavos, sino como sus hijos. Fíjense
bien como lo que encontramos en
Efesios 5:8 cuando
leemos “Porque en otro tiempo erais tinieblas,
mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de
luz.” Él nos ha llamado a que le sirvamos y
como hijos que aman a su Padre tenemos que hacerlo
sin titubear. Les digo en el día de hoy que es
tiempo de dejar de correr. Jonás corrió y huyo, y
todos aquí podemos correr y huir, pero tal como
Jonás, nunca nos podremos esconder de la presencia
de Dios. Es hora de dejar de correr y de reconocer
que somos el pueblo de Dios y que debemos obedecerle
como hijos fieles. Dejemos de correr y hagamos lo
que Él nos mando hacer.