En el principio
En el día de hoy vamos a examinar una pequeña porción de
las escrituras que estoy seguro que todos hemos leído.
Es la sección más básica que existe en nuestra fe, ya
que son los versículos que describen como éste mundo en
que vivimos llego a existir. Cuando leemos la Biblia
encontramos que Génesis 1:1-31
describe como Dios creo al mundo, y en el capitulo 2
vemos que en el séptimo día descanso. Todos sabemos
esto, todos sabemos que Dios creo el universo y el
mundo, pero se ha preguntado alguien alguna vez, ¿por
qué se demoro siete días? Esto es una pregunta valida
ya que si nosotros servimos al Dios omnipotente,
omnipresente y omnisciente, el pudo haber creado todo en
solo un instante. ¿No es así? Pero, ¿por qué no lo
hizo todo en un abrir y cerrar de ojos? Éste es el tema
que estaremos examinando en el día de hoy. Ahora bien,
debido a que el tiempo que compartimos es corto, no
estaremos leyendo todos los versículos que describen el
inicio de la creación, sino que estaremos seleccionando
los versículos más claves que nos ayudaran a responder
nuestras preguntas hoy. Pasemos ahora a la Palabra de
Dios.
Génesis 1:1-3
- En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
2Y
la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas
estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios
se movía sobre la faz de las aguas.
3Y
dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
Cuando tomamos el tiempo de meditar en lo que
encontramos aquí en estos tres pequeños versículos,
pronto descubrimos que ellos contienen las respuestas a
las preguntas que hemos hecho hoy. La palabra clave
aquí que responde nuestras preguntas es “desordenada.”
Ésta pequeña palabra responde nuestras preguntas de hoy,
y también nos provee la respuesta a todas esas preguntas
que con frecuencia llegan a nuestra mente. Digo esto
porque en ocasiones nuestros deseos o pasiones nos
conducen a pensar de manera desordenada, en otras
palabras de manera que nos aleja de la presencia de
Dios. En ocasiones nuestros deseos o pasiones nos
conducen a tomar determinaciones o a actuar de manera
que cedemos a los impulsos de la carne, y dejamos de
seguir la perfecta voluntad de Dios. Es por esa misma
razón que el Señor nos deja una gran advertencia acerca
de esto según encontramos en
Mateo 7:21 cuando leemos “No todo el que me
dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los
cielos.” Ahora bien, lo más evidente en estos
pequeños versículos acerca de la creación es que Dios es
un Dios de orden. Digo esto porque Dios pudo haber
creado el universo, la tierra, las plantas, los
animales, el hombre, la mujer, y todo lo demás que
podemos encontrar en este mundo en un abrir y cerrar de
ojos, Él pudo haberlo pensado y en un instante creado,
pero no fue así, Él creo todo ordenadamente.
Pensemos por un instante en éste asunto. ¿Le suena
conocido esto a alguien aquí? Pregunto esto porque
cuando tomamos el tiempo de meditar en estos versículos,
no nos será muy difícil llegar a la conclusión que en
ellos encontramos una excelente descripción de nuestra
vida antes de llegar a los caminos de Jesús. Es una
excelente descripción del estado en que estábamos antes
de recibirle como nuestro Rey y Salvador. Digo esto
porque al reflexionar en nuestra vida la mayoría de
nosotros encontraremos que nos encontrábamos igual que
la tierra en el principio. Nos daremos cuenta de que
las tinieblas, o mejor dicho, los poderes de la
tinieblas, regían nuestro diario vivir y controlaban
nuestra vida. Una gran realidad es que un gran por
ciento de lo creyentes llegamos a los caminos de Dios
porque estábamos necesitados de algo; muchos llegamos a
los caminos de Dios porque estábamos desesperados
buscando una solución; muchos llegamos a los caminos de
Dios cuando nuestra vida estaba en caos, y ¿por qué
buscamos de Dios? Buscamos de Dios porque queríamos
orden en nuestra vida, queríamos la paz que solo Él nos
puede dar, buscábamos una solución y la encontramos en
el orden de Dios. Encontramos consuelo, amor y
esperanza en Su palabra, y podemos descansar
confiadamente en Su misericordia y poder. Llegamos a
los caminos de Dios porque escuchamos Su voz que nos
dijo como encontramos en Mateo
11:28 cuando leemos “Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Pero éste descanso no es algo fácil de obtener, y aun
más difícil de retener una vez que lo recibimos. Es
difícil de retener porque a nuestro alrededor con
frecuencia suceden cosas que nos dejan perplejos y
cuestionando.
Pero una gran realidad es que Dios no es un Dios de
duda; Dios no es un Dios de confusión, Dios no es un
Dios de desorden; ¡Dios es un Dios de orden! Todo lo
demás es del enemigo. Fíjense bien como esto es algo
que queda muy bien ilustrado en la advertencia del
apóstol en 2 Corintios 11:14-15
cuando leemos “Y no es maravilla, porque el mismo
Satanás se disfraza como ángel de luz. 15Así
que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan
como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus
obras.” A todos nos tocara atravesar por
situaciones o circunstancias que pueden causar que a
nuestra mente lleguen interrogatorios o dudas, pero
recordemos siempre que Dios tiene un propósito con cada
uno de nosotros. Dios quiere usarnos, y quiere
glorificarse en nuestra vida, pero todo tiene un orden.
En estos versículos leemos “Y dijo Dios: Sea la luz;
y fue la luz.” Dile a la persona que tienes a tu
lado, Dios separo la luz de las tinieblas. Lo primero
que Dios hizo fue separar la luz de las tinieblas.
Ahora pregunto, ¿ha sucedido esto en nuestra vida? La
respuesta es un absoluto ¡SI! Lo primero que Dios hace
cuando nos entregamos a Él es esto exactamente. En el
primer día, ese día cuando aceptamos a Cristo como
nuestro Rey y Salvador, Él separo la luz de las
tinieblas en nuestra vida. Esto es algo que nuestro
Señor nos deja saber claramente en
Juan 8:12 cuando leemos
“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz
del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino
que tendrá la luz de la vida.” Así que podemos decir
confiadamente que una vez que aceptamos a Jesús como
nuestro Rey y Salvador personal, nosotros pasamos de
vivir en las tinieblas, a vivir en la luz que alumbra al
mundo. El problema que existe es que un buen número de
creyentes permiten que el enemigo extinga ésta luz de su
vida. Digo esto porque en numerosas ocasiones muchos
permiten que el enemigo entre en su vida, y que
desordene o destruya lo que Dios ha creado y está
creando. Muchos permiten que a su vida llegue ese vacío
que Él había llenado. Nuestra única esperanza de no caer
en semejante posición es la Palabra de Dios; la Palabra
de Dios es lo único que puede mantenernos firmes en
nuestro caminar. Esto es algo que queda bien ilustrado
en Isaías 55:11 cuando
leemos “Así será mi palabra que sale de mi boca; no
volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y
será prosperada en aquello para que la envié.”
Dios es justo y en Él no existe
tinieblas; esto es algo que queda claramente declarado
en 1 Juan 1:5 cuando
leemos “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os
anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en
él.” ¿Por qué les he dicho esto? Se los he dicho
porque cómo les dije previamente, existen muchos que
permiten que el enemigo les confunda, y que les conduzca
nuevamente al reino de las tinieblas. Esto es algo que
sucede porque con frecuencia la mentira o maldición
llega a nosotros disfrazada. Por ejemplo, ¿cuántos han
sido tentados a dejar de asistir los servicios de la
iglesia? Ésta es la tentación que con más frecuencia
llega al creyente. A nuestra mente llegan esos
pensamientos como, trabajaste muy duro durante la
semana, no te levantes temprano, quédate en la casa
hoy. O quizás, disfruta un poco hoy, vete a pescar. O
quizás, no vayas hoy, ya todo lo que ese pastor va a
decir tú lo sabes. Pero ahora pregunto, son estos
pensamientos de Dios. Con solo consultar las escrituras
descubrimos que no. Fíjense bien lo que encontramos en
Hebreos 10:24-25 cuando
leemos “Y considerémonos unos a otros para
estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por
costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis
que aquel día se acerca.” Hermanos, la Palabra de
Dios nos revela lo que es de Dios y lo que no es de
Dios. Solo tenemos que prestar atención y podremos
distinguir sin dificultad alguna. En ocasiones nosotros
nos desviamos y dejamos de escuchar la voz de Dios, pero
solo con la Palabra de Dios podremos recuperarnos de
esto. La Palabra de Dios fue la que tomo control del
desorden que existía en la tierra. La Palabra de Dios
formo del vació y el desorden un lugar precioso y lleno
de vida. Dios no creo un lugar desolado, no creo un
lugar sin orden, Dios creo un mundo con un propósito,
creo a toda criatura con un propósito. Dios tiene un
propósito en tu vida, y es por eso que debemos estar
siempre muy atentos a Su Palabra. Tengamos siempre en
mente que si nuestra manera de pensar o actuar nos
conduce a violar el orden que Dios ha establecido y
creado en nuestra vida, entonces hemos permitido que el
enemigo nos engañe. Si nuestra manera de pensar o
actuar nos conduce a violar el orden que Dios ha
establecido, entonces hemos abandonado la luz para
entrar nuevamente en tinieblas. Demás esta decir que
Dios no quiere esto para nosotros.
Dios quiere restaurarnos a una relación completa con Él,
y es por eso que en 1 Corintios
1:9 encontramos que se nos dice “Fiel es Dios,
por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo
Jesucristo nuestro Señor.” A través de las
escrituras Él nos habla cuando nuestra vida se encuentra
desordenada y vacía, y Él causara que del vació, que del
caos, que del desorden algo nuevo sea formado. Él
causara que algo excelente suceda, Su poder, Su amor y
Su palabra nos llenara. Él hará con nosotros tal como
hizo con la tierra en el principio, de la nada, de lo
vació, pasaremos a ser criaturas nuevas. Es cómo nos
dice la Palabra en 2 Corintios
5:17 cuando leemos “De modo que si alguno está
en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas.” Y para que esto
suceda lo único que tenemos que hacer es abrazarle; todo
lo que tenemos que hacer es permitir que Él separe la
luz de las tinieblas. Desdichadamente existen muchos
que encuentran esto algo difícil de hacer. Esto sucede
porque las tinieblas, es decir la vagancia, la
vanagloria, los celos, la rebeldía, el ego, y todas esas
otras cosas que pueden y son consideradas como
tinieblas, son cosas difíciles de combatir y superar
cuando usamos nuestra propia fuerza. La razón por eso
es porque son espíritus inmundos que han tomado potestad
en nuestra vida, y que de forma inconciente hemos
alimentado y fortificado. ¿Podemos vencer estas
potestades y servir a Dios correctamente? ¿Podemos
abrazar la luz y dejar las tinieblas? ¡Sí! Solo
tenemos que permitir que la Palabra de Dios penetre en
nuestro corazón para que todo quede en orden. Dios
desea renovarnos, Dios desea restaurarnos al nivel que
tenemos que estar para poder ser utilizados.
Para concluir.
La Palabra nos dice “En el principio creó Dios los
cielos y la tierra.
2Y
la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas
estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios
se movía sobre la faz de las aguas.
3Y
dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”
Una gran realidad es que todos nosotros necesitamos
dirección y orden. Todos nosotros necesitamos escuchar
la voz de Dios. Recordemos que los poderes de las
tinieblas no tienen potestad alguna en la vida de un
creyente fiel. Es como nos dice la Palabra en
Juan 1:5 cuando leemos “La
luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no
prevalecieron contra ella.” De la única manera que
las tinieblas pueden prevalecer en contra de la luz es
si tú la apagas. De la única manera que las tinieblas
prevalecen en contra de la luz es si tú permites que el
enemigo tome nuevamente potestad legal en tu vida. La
Palabra nos dice: "Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la
luz." Hermanos, Dios envió la luz al mundo, Dios
envió a su hijo unigénito para que nunca más
estuviésemos perdidos en las tinieblas. Y ésta luz es
la que ilumina nuestro caminar, y nos revela todo
aquello que en ocasiones nos hacen tropezar. No
permitamos que las cosas de este mundo, que los poderes
de las tinieblas tomen autoridad en nuestra vida
nuevamente. Dios dijo “Sea la luz; y fue la luz”,
dejemos que la luz sea brille en cada uno de nosotros,
busquemos el orden de Dios y sirvámosle en obediencia.
© Copyright José R. Hernández