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Obispo José R. Hernández

En el principio

En el día de hoy vamos a examinar una pequeña porción de las escrituras que estoy seguro que todos hemos leído.  Es la sección más básica que existe en nuestra fe, ya que son los versículos que describen como éste mundo en que vivimos llego a existir. Cuando leemos la Biblia encontramos que Génesis 1:1-31 describe como Dios creo al mundo, y en el capitulo 2 vemos que en el séptimo día descanso.  Todos sabemos esto, todos sabemos que Dios creo el universo y el mundo, pero se ha preguntado alguien alguna vez, ¿por qué se demoro siete días?  Esto es una pregunta valida ya que si nosotros servimos al Dios omnipotente, omnipresente y omnisciente, el pudo haber creado todo en solo un instante.  ¿No es así?  Pero, ¿por qué no lo hizo todo en un abrir y cerrar de ojos?  Éste es el tema que estaremos examinando en el día de hoy.  Ahora bien, debido a que el tiempo que compartimos es corto, no estaremos leyendo todos los versículos que describen el inicio de la creación, sino que estaremos seleccionando los versículos más claves que nos ayudaran a responder nuestras preguntas hoy.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.   

Génesis 1:1-3 - En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.   

Cuando tomamos el tiempo de meditar en lo que encontramos aquí en estos tres pequeños versículos, pronto descubrimos que ellos contienen las respuestas a las preguntas que hemos hecho hoy.  La palabra clave aquí que responde nuestras preguntas es “desordenada.”  Ésta pequeña palabra responde nuestras preguntas de hoy, y también nos provee la respuesta a todas esas preguntas que con frecuencia llegan a nuestra mente. Digo esto porque en ocasiones nuestros deseos o pasiones nos conducen a pensar de manera desordenada, en otras palabras de manera que nos aleja de la presencia de Dios.  En ocasiones nuestros deseos o pasiones nos conducen a tomar determinaciones o a actuar de manera que cedemos a los impulsos de la carne, y dejamos de seguir la perfecta voluntad de Dios.  Es por esa misma razón que el Señor nos deja una gran advertencia acerca de esto según encontramos en Mateo 7:21 cuando leemos “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Ahora bien, lo más evidente en estos pequeños versículos acerca de la creación es que Dios es un Dios de orden.  Digo esto porque Dios pudo haber creado el universo, la tierra, las plantas, los animales, el hombre, la mujer, y todo lo demás que podemos encontrar en este mundo en un abrir y cerrar de ojos, Él pudo haberlo pensado y en un instante creado, pero no fue así, Él creo todo ordenadamente. 

Pensemos por un instante en éste asunto.  ¿Le suena conocido esto a alguien aquí?  Pregunto esto porque cuando tomamos el tiempo de meditar en estos versículos, no nos será muy difícil llegar a la conclusión que en ellos encontramos una excelente descripción de nuestra vida antes de llegar a los caminos de Jesús.  Es una excelente descripción del estado en que estábamos antes de recibirle como nuestro Rey y Salvador.  Digo esto porque al reflexionar en nuestra vida la mayoría de nosotros encontraremos que nos encontrábamos igual que la tierra en el principio.  Nos daremos cuenta de que las tinieblas, o mejor dicho, los poderes de la tinieblas, regían nuestro diario vivir y controlaban nuestra vida.  Una gran realidad es que un gran por ciento de lo creyentes llegamos a los caminos de Dios porque estábamos necesitados de algo; muchos llegamos a los caminos de Dios porque estábamos desesperados buscando una solución; muchos llegamos a los caminos de Dios cuando nuestra vida estaba en caos, y ¿por qué buscamos de Dios?  Buscamos de Dios porque queríamos orden en nuestra vida, queríamos la paz que solo Él nos puede dar, buscábamos una solución y la encontramos en el orden de Dios.   Encontramos consuelo, amor y esperanza en Su palabra, y podemos descansar confiadamente en Su misericordia y poder.  Llegamos a los caminos de Dios porque escuchamos Su voz que nos dijo como encontramos en Mateo 11:28 cuando leemos “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”  Pero éste descanso no es algo fácil de obtener, y aun más difícil de retener una vez que lo recibimos.  Es difícil de retener porque a nuestro alrededor con frecuencia suceden cosas que nos dejan perplejos y cuestionando. 

Pero una gran realidad es que Dios no es un Dios de duda; Dios no es un Dios de confusión, Dios no es un Dios de desorden; ¡Dios es un Dios de orden!  Todo lo demás es del enemigo.  Fíjense bien como esto es algo que queda muy bien ilustrado en la advertencia del apóstol en 2 Corintios 11:14-15 cuando leemos “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. 15Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”   A todos nos tocara atravesar por situaciones o circunstancias que pueden causar que a nuestra mente lleguen interrogatorios o dudas, pero recordemos siempre que Dios tiene un propósito con cada uno de nosotros.  Dios quiere usarnos, y quiere glorificarse en nuestra vida, pero todo tiene un orden.  

En estos versículos leemos “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios separo la luz de las tinieblas.  Lo primero que Dios hizo fue separar la luz de las tinieblas.  Ahora pregunto, ¿ha sucedido esto en nuestra vida?  La respuesta es un absoluto ¡SI!  Lo primero que Dios hace cuando nos entregamos a Él es esto exactamente.  En el primer día, ese día cuando aceptamos a Cristo como nuestro Rey y Salvador, Él separo la luz de las tinieblas en nuestra vida.  Esto es algo que nuestro Señor nos deja saber claramente en Juan 8:12 cuando leemos “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Así que podemos decir confiadamente que una vez que aceptamos a Jesús como nuestro Rey y Salvador personal, nosotros pasamos de vivir en las tinieblas, a vivir en la luz que alumbra al mundo.  El problema que existe es que un buen número de creyentes permiten que el enemigo extinga ésta luz de su vida.  Digo esto porque en numerosas ocasiones muchos permiten que el enemigo entre en su vida, y que desordene o destruya lo que Dios ha creado y está creando.  Muchos permiten que a su vida llegue ese vacío que Él había llenado. Nuestra única esperanza de no caer en semejante posición es la Palabra de Dios; la Palabra de Dios es lo único que puede mantenernos firmes en nuestro caminar.  Esto es algo que queda bien ilustrado en Isaías 55:11 cuando leemos “Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.”    

Dios es justo y en Él no existe tinieblas; esto es algo que queda claramente declarado en 1 Juan 1:5 cuando leemos “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.”  ¿Por qué les he dicho esto?  Se los he dicho porque cómo les dije previamente, existen muchos que permiten que el enemigo les confunda, y que les conduzca nuevamente al reino de las tinieblas.  Esto es algo que sucede porque con frecuencia la mentira o maldición llega a nosotros disfrazada.  Por ejemplo, ¿cuántos han sido tentados a dejar de asistir los servicios de la iglesia?  Ésta es la tentación que con más frecuencia llega al creyente.  A nuestra mente llegan esos pensamientos como, trabajaste muy duro durante la semana, no te levantes temprano, quédate en la casa hoy.  O quizás, disfruta un poco hoy, vete a pescar.  O quizás, no vayas hoy, ya todo lo que ese pastor va a decir tú lo sabes.  Pero ahora pregunto, son estos pensamientos de Dios.  Con solo consultar las escrituras descubrimos que no.  Fíjense bien lo que encontramos en Hebreos 10:24-25 cuando leemos “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”  Hermanos, la Palabra de Dios nos revela lo que es de Dios y lo que no es de Dios.  Solo tenemos que prestar atención y podremos distinguir sin dificultad alguna.  En ocasiones nosotros nos desviamos y dejamos de escuchar la voz de Dios, pero solo con la Palabra de Dios podremos recuperarnos de esto.   La Palabra de Dios fue la que tomo control del desorden que existía en la tierra.  La Palabra de Dios formo del vació y el desorden un lugar precioso y lleno de vida.  Dios no creo un lugar desolado, no creo un lugar sin orden, Dios creo un mundo con un propósito, creo a toda criatura con un propósito.  Dios tiene un propósito en tu vida, y es por eso que debemos estar siempre muy atentos a Su Palabra.  Tengamos siempre en mente que si nuestra manera de pensar o actuar nos conduce a violar el orden que Dios ha establecido y creado en nuestra vida, entonces hemos permitido que el enemigo nos engañe.  Si nuestra manera de pensar o actuar nos conduce a violar el orden que Dios ha establecido, entonces hemos abandonado la luz para entrar nuevamente en tinieblas.  Demás esta decir que Dios no quiere esto para nosotros.

Dios quiere restaurarnos a una relación completa con Él, y es por eso que en 1 Corintios 1:9 encontramos que se nos dice “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”  A través de las escrituras Él nos habla cuando nuestra vida se encuentra desordenada y vacía, y Él causara que del vació, que del caos, que del desorden algo nuevo sea formado.  Él causara que algo excelente suceda, Su poder, Su amor y Su palabra nos llenara.  Él hará con nosotros tal como hizo con la tierra en el principio, de la nada, de lo vació, pasaremos a ser criaturas nuevas.  Es cómo nos dice la Palabra en 2 Corintios 5:17 cuando leemos “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”  Y para que esto suceda lo único que tenemos que hacer es abrazarle; todo lo que tenemos que hacer es permitir que Él separe la luz de las tinieblas.  Desdichadamente existen muchos que encuentran esto algo difícil de hacer.  Esto sucede porque las tinieblas, es decir la vagancia, la vanagloria, los celos, la rebeldía, el ego, y todas esas otras cosas que pueden y son consideradas como tinieblas, son cosas difíciles de combatir y superar cuando usamos nuestra propia fuerza.  La razón por eso es porque son espíritus inmundos que han tomado potestad en nuestra vida, y que de forma inconciente hemos alimentado y fortificado.  ¿Podemos vencer estas potestades y servir a Dios correctamente?   ¿Podemos abrazar la luz y dejar las tinieblas?  ¡Sí!  Solo tenemos que permitir que la Palabra de Dios penetre en nuestro corazón para que todo quede en orden.  Dios desea renovarnos, Dios desea restaurarnos al nivel que tenemos que estar para poder ser utilizados.   

Para concluir.   La Palabra nos dice “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.”  Una gran realidad es que todos nosotros necesitamos dirección y orden.  Todos nosotros necesitamos escuchar la voz de Dios.  Recordemos que los poderes de las tinieblas no tienen potestad alguna en la vida de un creyente fiel.  Es como nos dice la Palabra en Juan 1:5 cuando leemos “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”  De la única manera que las tinieblas pueden prevalecer en contra de la luz es si tú la apagas.  De la única manera que las tinieblas prevalecen en contra de la luz es si tú permites que el enemigo tome nuevamente potestad legal en tu vida.  La Palabra nos dice: "Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz."  Hermanos, Dios envió la luz al mundo, Dios envió a su hijo unigénito para que nunca más estuviésemos perdidos en las tinieblas.  Y ésta luz es la que ilumina nuestro caminar, y nos revela todo aquello que en ocasiones nos hacen tropezar. No permitamos que las cosas de este mundo, que los poderes de las tinieblas tomen autoridad en nuestra vida nuevamente.  Dios dijo “Sea la luz; y fue la luz”, dejemos que la luz sea brille en cada uno de nosotros, busquemos el orden de Dios y sirvámosle en obediencia.

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