Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

En sus manos

Si se acuerdan, la semana pasada estudiamos acerca de la importancia de estar preparados para ese momento cuando llegaremos a estar cara a cara con Dios.  Una realidad es que toda persona necesita revisar a diario su vida, y descubrir esas áreas que pueden encontrarse débil, o esas áreas que podemos mejorar.  Digo esto porque todos aquí en momentos determinados nos confrontamos a situaciones en nuestra vida que no manejamos de la manera apropiada, o mejor dicho, no manejamos de la menara que Dios desea que hagamos las cosas.  En otras palabras, el objetivo de todo creyente fiel siempre debe ser actuar de manera que el amor, misericordia, y gracia de Dios sea reflejado en todo lo que somos.  Pero una gran realidad también es que ninguno de nosotros lograremos este objetivo si no permitimos que Dios tome un completo control de todo lo que somos.  Una gran realidad es que nunca lograremos este objetivo si no permitimos que Dios nos moldee según Su voluntad y no la nuestra.  Así que en el día de hoy vamos a estudiar acerca de quedar completamente en Sus manos, y permitir que Él nos moldee según Su voluntad y no la nuestra.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.

Jeremías  18:1-11 - Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: 2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. 3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. 4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel. 7 En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. 8 Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, 9 y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. 10 Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle.11 Ahora, pues, habla luego a todo hombre de Judá y a los moradores de Jerusalén, diciendo: Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios; conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras.

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios nos tiene,  nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Así que con esto en mente, tomemos ahora un breve momento para conocer un poco mejor a este hombre llamado Jeremías.  Jeremías nació durante tiempos bien difíciles; eran tiempos cuando la apostasía, la idolatría y los rituales paganos florecían en el Pueblo de Dios, y Su paciencia se estaba agotando.  Esto es algo que queda bien reflejado en Jeremías 17:1-4 cuando leemos “El pecado de Judá escrito está con cincel de hierro y con punta de diamante; esculpido está en la tabla de su corazón, y en los cuernos de sus altares,  2mientras sus hijos se acuerdan de sus altares y de sus imágenes de Asera, que están junto a los árboles frondosos y en los collados altos,  3sobre las montañas y sobre el campo. Todos tus tesoros entregaré al pillaje por el pecado de tus lugares altos en todo tu territorio. 4Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá.”  Jeremías le ministro a este pueblo por un periodo de más de cuarenta años.  ¿Por qué pudo este siervo permanecer fiel por tanto tiempo?  La razón es porque él era un siervo obediente, y completamente dedicado a predicar la verdad de Dios.  Esto es algo que queda bien reflejado en los versículos que describen su llamado como encontramos en Jeremías 1:4-8 cuando leemos “Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 6Y yo dije: !!Ah! !!ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.  7Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.”  ¿Por qué es necesario que sepamos estos pequeños detalles?  Es necesario para que estemos consiente de las  condiciones y circunstancias que existían en ese entonces, ya que esto nos demuestra el amor, misericordia, y gracia de Dios.  Esto nos muestra que Dios no deja de amar a Su pueblo, aun cuando Su pueblo le ha abandonado a Él.  Con esto en mente continuemos nuestro estudio de hoy. 

Ahora, antes de proceder deseo hacer una pregunta.  ¿Cuantos han trabajado con barro alguna vez?  ¿Cuantos han hecho vasijas o cosas semejantes de barro?  La realidad es que la mayoría de nosotros no tenemos ni la más mínima idea de cómo se hace eso.  La mayoría de nosotros si no todos, cuando deseamos una vasija o algún adorno o cosa semejante de barro, nos dirigimos a los centros de comercio miramos hasta encontrar el que más nos gusta, y lo compramos.  Compramos este articulo que nos ha agradado y no pensamos en quien lo hizo, o como lo hizo.  Nunca nos ponemos a pensar en el proceso de su fabricación y distribución, y definitivamente, al no ser que sea nuestro pasatiempo o afición,  no tenemos ni la más mínima idea de como funciona la rueda del alfarero.  Por esta razón deseo hacer una breve pausa y describir la función de esta herramienta.  Esta herramienta consiste de dos ruedas, una encima de otra, conectadas por un bastón en el centro que separa las ruedas a una distancia de dos o tres pies, que hace de esto como una sola pieza.  Esta pieza  entonces es montada sobre una especie de mesa o banco, donde puede girar libremente.  La rueda de abajo es utilizada por el alfarero para generar la rotación con sus pies, y en la rueda superior se pone el barro para trabajarlo y moldearlo con las manos.  Con esto en mente continuemos examinando el mensaje. 

Lo primero que podemos apreciar en estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy es otra demostración de la obediencia de este siervo.  Estamos hablando de una obediencia total, aun cuando lo que había escuchado quizás no tuviera mucho sentido en su mente.  Digo esto porque estoy bastante seguro de que cuando Dios le dijo “Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras,”  esto le tiene que haber sonado un poco extraño, después de todo, si Dios le estaba hablando en ese momento, ¿por qué no continuar su mensaje sin hacerle mover de lugar?  Pero no obstante lo raro que esta petición de Dios le pudo haber lucido, él obedeció.  Aquí es donde comienza el mensaje que Dios tiene para nosotros.  Digo esto porque la desobediencia siempre ha sido el problema más severo que la humanidad ha enfrentado.  La mayor evidencia de esto la encontramos en el huerto del Edén, cuando Dios le dijo a Adán y Eva que no comieran del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, pero no obstante esto, en Génesis 3:6 encontramos que se nos dice “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”  Claro esta en que la razón por la que esto sucedió fue porque fueron influenciados por Satanás, pero la razón por la que el enemigo pudo influenciarles fue porque quizás lo que Dios les había dicho no hacia mucho sentido en sus mentes.  

La realidad de todo es que obedecer a Dios en ocasiones se nos hace difícil, y existen numerosas razones por la que esto sucede.  Pero yo diría que la razón principal es porque con frecuencia muchos no entienden por qué suceden las cosas.  El resultado final siempre es el mismo, el resultado final es que caemos en un estado de desobediencia y rebeldía, y esto detiene que podamos escuchar la voz de Dios.  Como he dicho en numerosas ocasiones, Dios nos habla en todo momento.  Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios te habla.  Dios nos habla a través de personas y eventos, pero de la mayor manera que Dios nos habla es a través de los mensajes que Él le revela a los lideres de las iglesias.  Esto es algo que queda bien reflejado en 1 Pedro 4:10 cuando leemos “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”  Es por esta misma razón que es tan importante que nos congreguemos y asistamos a los cultos de la iglesia.  Quizás la idea de asistir a la iglesia sea algo que muchos no puedan entender; después de todo, una vez que desarrollamos una genuina relación con Dios, Él siempre esta con nosotros.   Pero tal como Jeremías fue llamado a la casa del alfarero para escuchar la palabra de Dios, Dios nos llama a congregarnos para escuchar Su palabra.  Es por esta misma razón que en Hebreos 10:25 encontramos que se nos dice “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”  Como les dije, Dios desea comunicarse con cada uno de nosotros, pero si dejamos de congregarnos, si dejamos de reunirnos tal como Él quiere en su templo, entonces, ¿cómo escucharemos lo que Él desea decirnos o advertirnos?  ¿Cómo entenderemos Su propósito en nuestra vida?  Les pregunto, ¿puede moldear el alfarero el barro sin primero ponerlo en la rueda?  La respuesta es un absoluto NO.  Estoy seguro que algunos ya deben estar pensando que todo esto esta muy bien, pero quizás no han hecho la conexión entre la rueda del alfarero y nosotros.  Quizás algunos no han hecho la conexión entre el alfarero y el barro.  Hermanos, simplemente puesto, la rueda representa la iglesia, la rueda es donde nos congregamos, donde recibimos Palabra de Dios y somos amoldados; nosotros somos ese barro en la rueda, y Dios es el alfarero.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado en  Isaías 64:8 cuando leemos “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.”

Continuando con nuestro estudio encontramos que la Palabra nos dice: "He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano."  Una gran realidad es que todo creyente fiel puede ser usado grandemente por Dios. Esto es algo que quede bien reflejado en 2 Timoteo 2:19-21 cuando leemos “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. 20Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. 21Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” Pero para poder ser utilizados por Dios, primero tenemos que permitir que Dios nos amolde según Su voluntad.     

En estos versículos que estamos examinando hoy encontramos un mensaje bien impactante.  La Palabra nos dice “Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla."  Digo que esto es algo impactante porque como podemos ver, aquí la vasija se hecho a perder, pero el alfarero no desecho el proyecto.  El alfarero lo reconstruyo.  Esto exactamente es lo que muchos dentro del pueblo de Dios necesitan.  Necesitamos que Dios nos rompa completamente y nos haga de nuevo.  Necesitamos que Dios rompa de la manera que somos y nos haga según Su voluntad.  Dios nos puede rehacer, Dios puede obrar en nuestra vida, podemos ser nuevas criaturas según Su voluntad.  Fíjense bien lo que encontramos en Ezequiel 34:16 cuando leemos “Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia.”  Pero para poder ser guiados, primero tenemos que permitir que nuestro corazón sea del tipo de barro que Dios pueda amoldar.  Pensemos en esto por un momento.  Como les dije al inicio, no sé cuantos han trabajado con barro, pero para poder trabajar con barro, el barro tiene que poseer dos cualidades. 

La primera cualidad es que el barro no puede estar seco; el barro tiene que estar mojado y suave.  Como les dije al inicio, la desobediencia es algo que nos separa por completo de la presencia y voluntad de Dios.  La desobediencia causa que nuestra vida espiritual se seque, y una vez que esto sucede, el resultado final siempre en el mismo.  Una vez que nuestra vida espiritual se seca, nuestra vida física regresa a lo que fuimos.  Regresamos a ser solo tierra sucia.  Digo esto porque esto es exactamente lo que el barro es antes de que se le añada agua; el barro no es nada más que tierra sucia.  Es por eso que todos nosotros siempre debemos buscar más de Dios, es por eso que todos nosotros debemos escuchar más Su Palabra.  Cuando dejamos de hacer esto, entonces nuestra vida comenzara a secarse hasta llegar el momento que nada podrá penetrar.  Puede ser que sigamos viniendo a la iglesia, puede ser que sigamos oyendo los mensajes, pero nada nos afectara porque hemos permitido que nuestra vida espiritual se seque, en otras palabras regresamos al lugar de donde Dios nos saco y cuando esto sucede todo nos será mucho peor.  Este concepto queda bien reflejado en 2 Pedro 2:20-21 cuando leemos “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.”  Quizás algunos de nosotros aquí podemos estar de esta manera.  Quizás podamos estar secos, pero si te encuentra en esa condición, tengo buenas noticias para ti hoy.  Dios esta aquí para rescatarte  y Dios esta aquí para transformarte de algo sucio y seco, a algo bello y limpio.  Pero quizás de la manera que Él lo haga no sea algo que nos agrade.  Quizás no sea algo que nos agrade porque una gran realidad es que para poder salvarnos, Él primero tiene que rompernos.  Dios tiene que rompernos y hacernos de nuevo.  Dios tiene que romper nuestro orgullo, nuestra avaricia, nuestra lujuria, nuestra arrogancia, nuestra hipocresía, y nuestro apetito por las cosas de este mundo.  De la única manera que podemos ser rescatados es que Dios rompa en nosotros todas esas cosas que no le agradan, cosas que no edifican sino destruyen.  

La segunda cualidad que el barro tiene que poseer es que el barro no puede contener bolsillos de aire escondido.  Antes de que el alfarero comience a moldear el barro, él primero tiene que mezclarlo, y luego aplastarlo muy bien.  Este proceso es algo que se lleva a cabo usando una pequeña mandarria de madera.  El alfarero tiene que procesar el barro de esta manera para asegurarse de que no existan pequeños bolsillos de aire en el barro que utilizara.  El barro no puede contener bolsillos de aire porque si contiene bolsillos de aire escondidos, entonces cuando la pieza es puesta en el orno, el calor causa que los bolsillos de aire exploten.  En ocasiones a nosotros nos toca pasar por momentos difíciles, momentos que aparentan que del cielo nos caen los golpes, pero cuando confiamos en Dios y nos entregamos en sus manos, entonces sabemos que en todo existe un propósito y que cuando cumplimos su propósito todo nos servirá para bien.  Es como encontramos en Romanos 8:28 cuando leemos “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”  En ocasiones nos sentimos como el barro en las manos del alfarero, siendo aplastado por fuertes golpes, pero sepamos que estos golpes solo son para sacar de nosotros esos pequeños bolsillos de aire escondido que se puedan encontrar en nuestra vida.  ¿Qué son los bolsillos de aire escondido que pueden existir en nuestra vida?   Estos bolsillos son el pecado escondido que existe en la vida de muchos creyentes.  Pero porque este escondido de la vista de los hombres, esto no significa que esta escondido de Dios.  Recordemos que para Dios no existe nada oculto.  Recordemos como nos dice la Palabra en Salmos 69:5 cuando leemos “Dios, tú conoces mi insensatez, Y mis pecados no te son ocultos.” Y también en Salmos 139:7-10 cuando leemos “... ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.  Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra..."  No existe lugar que la mirada de Dios no llegue, Él lo ve todo y nos ve a todos.  Fíjense bien como esto queda declarado en Proverbios 15:3 cuando leemos "…Los ojos de Jehová están en todo lugar, Mirando a los malos y a los buenos…”   Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios todo lo ve.  Todos aquí tenemos la habilidad de engañar a muchos, pero a Dios nunca le podremos engañar.  En ocasiones nos parece que del cielo nos caen los golpes, pero recordemos que todo esto es para deshacer de nuestra vida esos bolsillos de aire escondido, no sea que cuando llegue el momento de la prueba, o es decir, el momento de ser pasados por el orno de fuego que es la tentación, exploten esos bolsillos de aire y se arruine lo que Dios de nosotros ha creado.    

Para concluir.  El Señor aquí nos dice “He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.”  Dios desea amoldarnos en sus manos; Él desea reconstruirnos a algo nuevo y precioso.  Él quiere bendecir a toda persona en este mundo, de no ser así, Él nunca hubiese enviado a Cristo para salvarnos.  Fíjense bien lo que encontramos en Lucas 19:10 cuando leemos “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”   Él quiere hacer de cada uno de nosotros una creación bella, Él quiere amoldarnos para que seamos instrumentos que Él pueda usar en todo momento.  Pero para que esto pueda suceder, primero tenemos que someternos a Su voluntad.  Tenemos que obedecerle en todo momento.  Dios le hablo al pueblo de Israel a través de Jeremías, Él les advirtió que si no se convertían de sus malas obras y caminos ellos recibirían Su ira.  Pero no obstante esto ellos le desobedecieron y la nación de Israel dejo de existir.  No permitas que esto suceda hoy en tu vida, sino entrégate hoy en las manos de Dios.  Dios desea hacer de ti una bella obra que manifieste Su gracia, misericordia, y poder.  Ahora la pregunta es, ¿te dejaras moldear?

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

 
email: José R. Hernández
 

Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved