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Como el volcán
En varias ocasiones nosotros hemos
estudiado acerca del avivamiento, y la verdad es que lo
que este mundo más necesita es un avivamiento genuino.
Sin embargo, la realidad es que este mundo nunca
experimentara un avivamiento genuino al no ser que este
primero suceda en cada uno de nosotros, es decir, la
iglesia (el Cuerpo de Cristo).
Aunque hay varios factores que
pueden producir un avivamiento, yo diría que los tres
factores predominantes son: la predicación de la Palabra
de Dios sin adulterar; la aceptación de la convicción
que el Espíritu Santo nos da, y permitir que la
presencia de Dios nos llene en todo momento. En otras
palabras, es como la analogía que uno de los hermanos de
nuestra congregación siempre usa cuando habla del
avivamiento, él siempre dice que un avivamiento tiene
que suceder como una erupción volcánica.
Digo esto porque los tres factores
que he mencionado son bastante similares a los
precursores de una erupción volcánica. ¿Cuáles son los
precursores de una explosión volcánica? Los tres
factores predominantes que existen antes de una erupción
volcánica[1] son; número uno: el
ascenso del magma (roca fundida, material dentro de la
tierra. [La predicación de la Palabra de Dios sin
adulterar; Él es fuego consumidor.
Hebreos 12:29]).
Número dos: presión de los gases que producen la
separación en el magma [las personas] de los minerales
[el pecado] en un punto crítico de la temperatura.
[Necesidad de aceptar la convicción que el Espíritu
Santo nos da; el Espíritu Santo nos guiará en dirección
contraria al pecado. (Juan
16:13-14)]. Número tres: la inyección de
un nuevo lote de magma en una cámara de magma que está
llena. [Las personas tienen que permitir ser llenas de
la presencia de Dios en todo momento; tienen que
construir sobre el cimiento que se ha establecido (Judas
1:20-21), así podremos cumplir con lo que Dios
nos ha encomendado]). Pasemos ahora a la Palabra de Dios
y descubramos cómo podemos nosotros producir una
explosión volcánica en nuestra vida, y en el mundo.
Salmos 85:7-13
- Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y danos tu
salvación. 8Escucharé lo que hablará Jehová
Dios; Porque hablará paz a su pueblo y a sus santos,
Para que no se vuelvan a la locura. 9Ciertamente
cercana está su salvación a los que le temen, Para que
habite la gloria en nuestra tierra. 10La
misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y
la paz se besaron. 11La verdad brotará de la
tierra, Y la justicia mirará desde los cielos. 12Jehová
dará también el bien, Y nuestra tierra dará su fruto.
13La justicia irá delante de él, Y sus pasos
nos pondrá por camino.
Como acostumbro a decir, para tener
un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para
nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un
breve repaso de historia. Alrededor del 586 a.C, el rey
Nabucodonosor invadió y conquisto a Jerusalén. La
ciudad fue completamente saqueada, y el Templo quedo
completamente destruido. El pueblo de Dios fue llevado
cautivo a Babilonia, y el cautiverio duro por un periodo
de setenta años. Este exilio fue un castigo de Dios
debido a la rebeldía e idolatría. Unos cincuenta años
después de la caída de Jerusalén, Ciro de Persia
conquisto a Babilonia, y el imperio babilónico dejo de
existir. Alrededor del 538 a.C, el rey Ciro publicó un
decreto formal que permitió que los israelitas dejaran
su exilio y regresaran a Jerusalén para reconstruir el
Templo. Esto es algo que queda bien resumido en
Esdras 1:2 cuando leemos:
“…Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de
los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y
me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que
está en Judá…”
En el libro de Esdras también
encontramos que el primer regreso fue bajo la dirección
de Zorobabel, y que en el año 536 a.C el trabajo de la
reconstrucción del Templo comenzó con entusiasmo, pero
que fue detenido debido a la amenaza de Samaria. Esto
es algo que podemos encontrar en
Esdras 4:23-24 cuando leemos: “…Entonces,
cuando la copia de la carta del rey Artajerjes fue leída
delante de Rehum, y de Simsai secretario y sus
compañeros, fueron apresuradamente a Jerusalén a los
judíos, y les hicieron cesar con poder y violencia.
24Entonces cesó la obra de la casa de Dios que
estaba en Jerusalén, y quedó suspendida hasta el año
segundo del reinado de Darío rey de Persia…” De
acuerdo al consenso de una buena porción de los
estudiantes y eruditos de la Palabra, el Salmo que
estamos explorando hoy fue escrito durante estos
momentos en la historia; es decir, alrededor del año 520
a.C. ¿Por qué les he mencionado estos detalles?
La razón principal por la que les
he mencionado estos detalles es para que nos demos
cuenta de que aunque la obra de reconstrucción había
comenzado en el año 536 a.C con entusiasmo, este
entusiasmo fue detenido en el 534 a.C; y ahora en el
520 a.C, el Templo todavía no había sido terminado.
Esto quiere decir que unos dieciséis años después de
iniciar el proceso de la reconstrucción, el pueblo no
había logrado terminar el proyecto. ¿Por qué no lo
habían terminado? No lo habían terminado porque ellos
permitieron que la influencia del mundo detuviera la
obra de Dios. Manteniendo estos detalles en mente,
continuemos ahora con nuestro estudio de hoy, y
descubramos lo que el salmista nos indica será el
precursor de un avivamiento.
Continuando con nuestro estudio
leemos: “…Muéstranos, oh Jehová, tu misericordia, Y
danos tu salvación. 8Escucharé lo que hablará
Jehová Dios; Porque hablará paz a su pueblo y a sus
santos, Para que no se vuelvan a la locura…” Ahora
debemos preguntarnos: ¿cómo nos demuestra Dios su
misericordia, y nos entrega la salvación? No creo que
exista una persona aquí que no sepa la respuesta a esta
pregunta; la respuesta es la Palabra de Dios.
A través de Su Palabra Dios nos
demuestra Su amor, Su misericordia, y lo que tenemos que
hacer para obtener la salvación. Esto es algo que queda
bien claro en Efesios 2:4-8
cuando leemos: “…Pero Dios, que es rico en
misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun
estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida
juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y
juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo
sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
7para mostrar en los siglos venideros las
abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con
nosotros en Cristo Jesús. 8Porque por gracia
sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros,
pues es don de Dios…” Pero en este Salmo también
existe una condición a cumplir; esta condición queda
claramente expuesta aquí cuando leemos: “…Escucharé
lo que hablará Jehová Dios; Porque hablará paz a su
pueblo y a sus santos, Para que no se vuelvan a la
locura…” ¿Por qué digo que esto es una condición a
cumplir?
La razón por la que digo que esto
es una condición a cumplir es porque la gran realidad es
que en el mundo existen numerosas doctrinas falsas; es
decir, doctrinas sin fundamentos bíblicos que solo
sirven para desviar al hombre de los caminos de Dios.
Doctrinas sin fundamentos bíblicos que solo sirven para
tratar de confundir al creyente, y para agradar el oído
del hombre. Es por eso que en
Hebreos 13:8-10 se nos dice claramente: “…Jesucristo
es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. 9No
os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas;
porque buena cosa es afirmar el corazón con la gracia,
no con viandas, que nunca aprovecharon a los que se han
ocupado de ellas…” En otras palabras, tenemos que
fortalecernos en la verdad de Dios, y no en las
religiones y mentiras que existen en el mundo que nunca
han ayudado, ni podrán ayudar a nadie.
Por ejemplo; [Católicos] - por
muchas velas que tú le enciendas a un “santo”, o por
mucho que tú te “confieses” a un hombre, o por mucho
que tú reces un “rosario”, Dios no te escuchara. Esto
es algo que queda bien claro en las palabras del Señor
en Juan 14:6 cuando
leemos: “…Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí…”
[Testigos de Jehová] - Por mucho
que tú salgas por las calles a llevar el “supuesto”
evangelio de Jesucristo, de nada te valdrá si no crees
que Jesucristo es el Hijo de Dios y que solo en Él
descansa la salvación del hombre[2]. Esto es
algo que queda bien claro en
Juan 3:16 cuando leemos: “…Porque de tal
manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo
unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna…”
[Adventistas del Séptimo Día] - Por
mucho que observes el sábado como el día oficial de
reposo, la estricta observancia de este día no te valdrá
de nada; si decides vivir bajo la ley, entonces tienes
que guardar todas las leyes (más de 600). Es como nos
dice Gálatas 3:10 cuando
leemos: “…Porque todos los que dependen de las obras
de la ley están bajo maldición, pues escrito está:
Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las
cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas…”
Recordemos también lo que encontramos en
Romanos 10:4 que nos
dice: “…porque el fin de la ley es Cristo, para
justicia a todo aquel que cree…” La Traducción en
Lenguaje Actual de la Biblia traduce este versículo de
la siguiente manera: “…Dios ya no nos acepta por
obedecer la ley; ahora sólo acepta a los que confían en
Cristo. Con Cristo, la ley llegó a su cumplimiento…”
[Iglesia de Jesucristo de los
Santos de los Últimos Días (Mormones)] - Por mucho que
salgas por las calles a llevar el “supuesto” evangelio
de Jesucristo, de nada te valdrá si piensas que un
hombre es la autoridad final de tu salvación; digo esto
porque de acuerdo a su doctrina, “…ningún hombre o mujer
en esta dispensación entrara en el Reino celestial de
Dios sin el consentimiento de Joseph Smith…”[3].
Pero la realidad es que el hombre no tiene nada que ver
con nuestra salvación, y esta doctrina va completamente
en contra de lo que la Palabra de Dios nos enseña. Digo
esto porque en Hechos 4:11-12
encontramos que se nos dice: “…Este Jesús es la
piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual
ha venido a ser cabeza del ángulo. 12Y en
ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre
bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser
salvos…”
¿Por qué les he citado estos
ejemplos? Les he citado estas doctrinas o religiones
porque estas son las más populares en la actualidad; son
doctrinas y religiones que si no estamos completamente
convencidos de la Palabra de Dios, si no permitimos que
la Palabra de Dios sea ese fuego consumidor que prueba
toda verdad, entonces le será fácil al enemigo
desviarnos de los caminos de Dios. Así que el primer
factor predominante que tiene que existir para que
podamos experimentar un avivamiento, es permitir que la
Palabra de Dios sin adulterar continúe creciendo y
fluyendo en nuestra vida. En otras palabras, permitir
que la Palabra de Dios se enaltezca por encima de todas
las cosas.
Continuando con nuestro estudio
leemos: “…Ciertamente cercana está su salvación a los
que le temen, Para que habite la gloria en nuestra
tierra. 10La misericordia y la verdad se
encontraron; La justicia y la paz se besaron…” ¿Qué
vemos reflejado en estos versículos? Lo que encontramos
reflejado en estos versículos es un corazón puro y
dispuesto; lo que vemos reflejado en estos versos es el
corazón de un pueblo que había recibido y aceptado la
convicción de sus pecados, y lo que es la oración de un
pueblo dispuesto a dejarse guiar por Dios. En otras
palabras: “…la fe de la comunidad judía después del
exilio y la esperanza de que la presencia amorosa de
Dios podía ser la gran diferencia en su situación
desesperada.”[4].
Desdichadamente, hoy en día existen
muchos que no tienen este tipo de actitud, sino que han
permitido que su corazón se contamine con las cosas del
mundo. Hoy en día existen muchos cristianos que le dan
más importancia a las cosas del mundo que a su relación
con Dios. Pero recordemos lo que nos dice la Palabra en
Colosenses 3:1-2 cuando
leemos: “…Si, pues, habéis resucitado con Cristo,
buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a
la diestra de Dios. 2Poned la mira en las
cosas de arriba, no en las de la tierra…” Hermanos,
si no tenemos un corazón completamente dispuesto a
aceptar que la presencia de Dios en nuestra vida puede
ser, y es la gran diferencia en todo, entonces no
estamos confiando completamente en Dios. Si no estamos
dispuestos a escuchar la convicción que el Espíritu
Santo nos da, entonces nunca agradaremos a Dios. ¿Qué
les estoy tratando de decir con todo esto?
Lo que les estoy diciendo es que
tenemos que estar atentos a lo que sucede a nuestro
alrededor, pero lo que no podemos permitir es que estas
cosas contaminen nuestro corazón. No podemos permitir
que las cosas que nosotros no podemos controlar nos
desvíen de los caminos de Dios. Sino que tenemos que
fortalecer lo que nosotros podemos controlar. ¿Qué
podemos nosotros controlar? Nosotros podemos controlar
de la manera que servimos a Dios. Nosotros podemos
controlar de la manera que amamos a Dios. Nosotros
podemos escoger escuchar al Espíritu Santo cuando nos da
convicción de error y pecado, y arrepentirnos.
En otras palabras, elegir a Dios
por encima de todo y en toda ocasión. Por lo tanto
tenemos que hacer como nos dice la Palabra en
Isaías 55:6-7 cuando
leemos: “…Buscad a Jehová mientras puede ser hallado,
llamadle en tanto que está cercano. 7Deje el
impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y
vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y
al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar...”
La realidad es que si las personas estuvieran más
ocupadas en las cosas de Dios, el mundo no estaría en
las condiciones en que se encuentra. Así que el segundo
factor predominante que tiene que estar presente para
que podamos experimentar un avivamiento genuino en
nuestra vida, es acercarse a Dios con un corazón
dispuesto a escuchar la convicción que el Espíritu Santo
nos da; acercarse a Dios con un corazón que confía en
que Él es nuestra única esperanza y salvación. Dile a la
persona que tienes a tu lado: Dios es la diferencia.
Continuando con nuestro estudio
leemos: “…La verdad brotará de la tierra, Y la
justicia mirará desde los cielos. 12Jehová
dará también el bien, Y nuestra tierra dará su fruto.
13La justicia irá delante de él, Y sus pasos
nos pondrá por camino…” Aquí encontramos el último
factor predominante que tiene que existir para que una
erupción volcánica de avivamiento se produzca en nuestra
vida. ¿Cuál es el factor predominante? El factor
predominante lo encontramos aquí cuando leemos: “…La
verdad brotará de la tierra…” En otras palabras,
nosotros somos la tierra, y la verdad de Cristo tiene
que brotar desde nuestro interior en todo momento. Esta
es una de las razones por la que no me canso de decir
que nuestro testimonio habla mucho más fuerte, y con
mucho más sabiduría que cualquier cosa que nosotros
podamos expresar con palabras. Y por eso les repito hoy,
si decimos que somos cristianos, entonces tenemos que
ser el ejemplo a seguir. Quizás no seamos maestros,
quizás no seamos eruditos, pero nada de esto debe
detenernos de ser el ejemplo a seguir. Quizás nos
consideramos bebes en el evangelio, pero esto tampoco
nos debe detener se ser el ejemplo a seguir.
La tarea de ser el ejemplo a seguir
no es un asunto simple, y mucho menos fácil. No es
fácil porque significa que tendremos que permanecer en
constante obediencia a la Palabra de Dios. Y es por eso
que siempre debemos examinarnos y preguntarnos: ¿qué
ejemplo doy? Debemos examinarnos y preguntarnos: ¿doy
un ejemplo digno del evangelio? Debemos examinarnos y
preguntarnos: ¿doy un ejemplo que refleja el amor,
misericordia, y poder de Dios en mi vida?
Si al contestar estas preguntas
encuentras que el ejemplo que demuestras no es digno del
evangelio, entonces tienes que reconocer que la verdad
nunca podrá brotar de ti. ¿Por qué no? La razón la
encontramos en 1 Juan 1:5-6
cuando leemos: “…Este es el mensaje que hemos oído de
él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas
tinieblas en él. 6Si decimos que tenemos
comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no
practicamos la verdad…” Es imposible perseverar en
una vida de pecado, y pensar que nuestro ejemplo atraerá
a otros a los caminos de Dios. Es imposible perseverar
en una vida de pecado, y decir que estamos en comunión
con Dios. ¿Qué tenemos que hacer para llegar a ser el
ejemplo que Dios nos ha escogido que seamos? (Mateo
5:14). Tenemos que edificar sobre la fundación
que Él echó en nuestra vida. Tenemos que reconocer
nuestras faltas y errores, arrepentirnos, y perseverar
en una vida de santidad. Una vez que hagamos esto
entonces: “…Jehová dará también el bien, Y nuestra
tierra dará su fruto. 13La justicia irá
delante de él, Y sus pasos nos pondrá por camino…”
Para concluir.
No sé cuántos de ustedes han visto el resultado que una
erupción volcánica produce, pero puedo decirles que es
algo devastador. Digo esto porque el fluir de magma no
puede ser detenido por nada, ni por nadie, y arrasa por
completo con todo lo que esté en su camino.
Volviendo a la analogía que nuestro
hermano usa para describir el avivamiento, en la que él
nos dice que un avivamiento sólo ocurrirá como la
explosión de un volcán, es decir, de las profundidades
de la tierra hacia afuera; entonces podemos decir que
para que podamos experimentar un avivamiento genuino,
los tres factores principales que lo producen tienen que
estar presentes en nuestra vida.
Número uno;
tenemos que permitir que la Palabra de Dios sin
adulterar (fuego consumidor) continúe creciendo y
fluyendo en nuestra vida. En otras palabras, permitir
que la Palabra de Dios se eleve por encima de todas las
cosas.
Número dos;
tenemos que estar dispuestos a escuchar y respetar la
convicción que el Espíritu Santo no da, la cual nos
separa del pecado para que nuestro corazón siempre esté
dispuesto a aceptar y aplicar la Palabra de Dios en todo
lo que somos.
Número tres;
tenemos que ser el ejemplo a seguir en todo momento; al
hacer esto entonces estaremos cumpliendo con lo que Dios
nos ha encomendado.
Cuando estos tres factores están
presentes, entonces experimentaremos una explosión
volcánica de avivamiento en nuestra vida. Un avivamiento
que brotara de muy dentro de nosotros, que como el magma
de un volcán no podrá ser detenido. Un avivamiento que
como el magma de un volcán arrasara con toda fuerza del
enemigo que se encuentre en su camino. Ahora la
pregunta que queda es: ¿serás tú ese volcán?
[1] Scientificamerican.com
[2] "You Can Live Forever in Paradise on Earth-But How?"
Watchtower, Feb. 15, 1983, page 12.
[3] LDS president and prophet Brigham Young, Journal of
Discourses, vol. 7, p. 289
[4] Eerdmans commentary on the Bible By James D. G.
Dunn, John William Rogerson, p.406
© Copyright José R. Hernández
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