El vigilante
Deseo iniciar el servicio haciendo una advertencia; el
mensaje que les traigo hoy no es un mensaje para los
débiles de corazón. En otras palabras, es un mensaje
que muchos encontraran un poco fuerte. Digo que es un
mensaje fuerte porque hoy estaremos analizando nuestro
papel como cristianos. Ahora, antes de pasar a la
lectura de la palabra que estaremos estudiando hoy,
deseo hacer una pregunta. No es una pregunta para que me
la conteste nadie, sino es una pregunta con el propósito
de hacernos reflexionar. ¿Has recibido alguna vez un
mensaje que no te ha agradado? Reflexionemos brevemente
en nuestro pasado y busquemos en nuestro presente; ¿ha
acontecido esto alguna vez en nuestra vida? Hago ésta
pregunta porque existen numerosas personas que al
recibir un mensaje fuerte, o un mensaje que no
concuerda con su manera de pensar o sentir, lo primero
que hacen es enfadarse y no miran más aya del mensaje
que recibieron. En otras palabras, permiten que los
impulsos de la carne les conduzcan a un estado de
rebeldía y desobediencia. Pero existe una pregunta que
todos debemos hacernos cuando escuchamos un mensaje
fuerte o un mensaje que no concuerda con nuestra manera
de pensar; existe una pregunta que debemos hacernos al
recibir un mensaje que quizás nos enfade, ésta pregunta
es, ¿por qué permite Dios que esto suceda? Pasemos
ahora a la Palabra de Dios para descubrir la respuesta.
Ezequiel 3:16-21
- Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí
palabra de Jehová, diciendo: 17Hijo de
hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel;
oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás
de mi parte. 18Cuando yo dijere al impío: De
cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares,
para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin
de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su
sangre demandaré de tu mano. 19Pero si tú
amonestares al impío, y él no se convirtiere de su
impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad,
pero tú habrás librado tu alma. 20Si el justo
se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere
yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le
amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que
había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre
demandaré de tu mano. 21Pero si al justo
amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto
vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu
alma.
Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios
tiene para nosotros, será necesario conocer un poco
mejor a éste hombre llamado Ezequiel. Ezequiel fue un
sacerdote y profeta, y le toco ministrar durante los
días más negros de la historia de Judá; digo esto porque
ellos soportaron setenta años bajo el cautiverio de
Babilonia. Ezequiel fue llevado cautivo antes del
asalto final en contra de Jerusalén, y él uso profecías,
parábolas y señales para dramatizar el mensaje de Dios
para Su pueblo. Al igual que la mayoría de los otros
profetas, los mensajes de Ezequiel estaban divididos en
dos partes, la condenación y la consolación. Y por
ultimo, algo que también debemos saber es que Ezequiel
hizo gran énfasis en la soberanía, gloria, y fidelidad
de Dios. Así que conociendo a este siervo un poco
mejor continuemos ahora nuestro estudio de hoy.
Lo primero que vemos aquí es que Dios le habla diciendo
“Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí
palabra de Jehová, diciendo: 17Hijo de
hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel;
oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás
de mi parte.” Pero, ¿qué significa la palabra
"atalaya?" ¿Qué nos dice ésta palabra a nosotros? Para
poder entender el significado de ésta palabra tendremos
que transportarnos al pasado por un breve momento. Como
todos sabemos, las ciudades de antigüedad eran muy
diferentes a las ciudades de hoy en día. Hoy encontramos
numerosas ciudades llenas de habitantes, pero en ese
entonces las ciudades eran pequeñas en comparación.
Demás esta decir que en ese entonces tampoco existían
todas las protecciones que nosotros tenemos ahora. Esto
significa que de la única manera que un gobernador podía
proteger a sus habitantes era construyendo paredes o
murallas alrededor de la ciudad. Paredes o murallas con
portones fuertes que podían detener un ataque.
Lo normal era que los portones se mantuvieran abiertos
para que los habitantes y visitantes pudiesen entrar y
salir libremente. Pero estos portones eran cerrados para
prevenir que el enemigo pudiese tomar la ciudad siempre
y cuando existiera una advertencia. En otras palabras,
los soldados y o los ciudadanos podían proteger la
ciudad siempre y cuando no fuesen sorprendidos, porque
en realidad ésta era la única manera de tomar una ciudad
fácilmente. De otra manera los invasores tendrían que
sitiar la ciudad, y éste proceso podía durar meses. Y
es aquí es donde entra el papel del atalaya. El atalaya
era la persona o personas responsables para que la
ciudad no fuese tomada por sorpresa. Estamos hablando
acerca de personas que tenían, en mi opinión, el trabajo
más importante en toda la ciudad. Digo esto porque el
bienestar de los cuídanos y de la ciudad dependían de
ellos. Estas personas tenían la responsabilidad de
estar constantemente vigilando y buscando señales de
actividad en los alrededores. No importaba si el tiempo
estaba bueno o malo, si llovía o soleaba, si tronaba o
relampagueaba, el atalaya no podía abandonar su posición
en ningún momento. El atalaya no se podía quedar
dormido, y más importante de todo, no podía desatender
su posta en ningún momento. El atalaya tenia que
mantener sus ojos abiertos en todo momento, buscando en
la distancia señales que pudiesen indicar el peligro de
una invasión. Si veían alguna señal que indicara
peligro, su deber era de sonar una trompeta de alarma
para que los portones pudiesen ser cerrados y para que
los soldados se subieran en las murallas para defender
la ciudad. Así que podemos concluir que el trabajo del
atalaya era de vigilar y advertir. Manteniendo esto en
mente continuemos ahora con nuestro estudio.
¿Cómo se aplica esto a nuestra vida en el día de hoy? En
estos versículos encontramos que Ezequiel recibió una
gran responsabilidad; él no fue llamado a ser el atalaya
de una ciudad, sino que fue llamado a ser el atalaya de
la nación del pueblo de Dios. Él fue llamado a llevar la
Palabra de Dios a todos aquellos que se habían rebelado
en contra de Dios; fue llamado a llevar el mensaje de
Dios a todos aquellos que vivían en pecado. Y les digo
que su misión no fue nada fácil; digo que no fue nada
fácil porque él no siempre les presentaba mensajes que
alentaban, él no siempre les presentaba mensajes que
eran populares. Él les llevaba mensajes y palabras
fuertes de Dios. Les pregunto, ¿es esto muy diferente a
nosotros hoy? En realidad no existe diferencia alguna
entre el tiempo de Ezequiel y el nuestro. Cuando hacemos
un examen de las condiciones en la que el mundo se
encuentra hoy en día, no nos será difícil encontrar que
existen numerosas personas que se han rebelado en contra
de Dios. No nos será difícil encontrar un buen número de
creyentes que se encuentran haciendo la voluntad de la
carne, y no la de Dios. Estamos hablando de personas que
han permitido que el enemigo entre en su vida lentamente
y por sorpresa.
Hermanos, en estos versículos Dios le habla a Su pueblo
en el día de hoy. Como les dije al comienzo, estoy
seguro que todos nosotros en un punto de nuestro caminar
cristiano hemos recibido un mensaje que no nos agrado.
Estoy seguro que muchos de nosotros hemos recibido
mensajes que nos enfadaron. Esto es especialmente la
verdad para los ministros y para todo creyente que ha
tomado en serio la misión que Dios nos ha dado aquí en
la tierra. Digo esto porque toda persona que ha tomado
en serio la misión que Dios nos ha dado no siempre
presentara un mensaje popular. Hermanos, creo que puedo
hablar por la mayoría de todo ministro y de todo
predicador cuando digo que nosotros no preparamos un
mensaje con una persona especifica en mente. Yo les
puedo garantizar que no lo hago. El preparar un mensaje
es una cosa que toma mucho tiempo, y más que nada, mucha
oración. Digo esto porque si presentamos un mensaje sin
antes orar y pedir la guianza del Espíritu Santo,
entonces no estamos haciendo la voluntad de Dios, sino
que nos estamos dejando llevar por los impulsos de la
carne.
¿Por qué les estoy diciendo todo esto? Se lo estoy
diciendo porque quiero que quede bien claro que si al
recibir un mensaje sentimos que se nos esta regañando,
quiero que nos demos cuenta que no es el hombre
haciéndolo sino Dios con Su poderosa palabra. Fíjense
como esto es algo que se nos deja bien declarado en
Hebreos 4:12 cuando
leemos “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y
más cortante que toda espada de dos filos; y penetra
hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los
tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones
del corazón.” Dile a la persona que tienes a tu
lado, la Palabra de Dios te da convicción.
Pero también debemos tener mucho cuidado en éstas
ocasiones. Digo esto porque es en esos momentos es que
el papel del atalaya, en otras palabras, el papel de
todo Cristiano fiel es desarrollado. Como he dicho en
numerosas ocasiones, el enemigo empleara toda táctica y
estrategia a su disposición con el propósito de entrar
nuevamente en nuestra vida, para de esa manera
apartarnos de la presencia de Dios. Es por eso que no
me canso de repetir que como fieles creyentes nosotros
tenemos que saber discernir entre las cosas de Dios y
las cosas del hombre o de la carne. Tenemos saber
discernir entra las doctrinas del hombre y la doctrina
de nuestro Rey y Salvador. Fíjense bien como esto es
algo que queda muy bien reflejado en la advertencia del
apóstol Pablo según encontramos en
2 Corintios 11:13-15
cuando leemos “Porque éstos son falsos apóstoles,
obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de
Cristo. 14Y no es maravilla, porque el mismo
Satanás se disfraza como ángel de luz. 15Así
que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan
como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus
obras.” Como hemos visto, el papel del atalaya es
de vigilar en todo momento, es estar atento y de sonar
la trompeta al ver una señal de un ataque eminente. ¿Por
qué les repito esto? Se los repito porque como fieles
creyentes, nosotros tenemos que cuidar celosamente las
bendiciones que Dios nos ha dado, no sea que llegue el
enemigo y nos agarre de sorpresa. Así que dile a la
persona que tienen a tu lado, vigila.
Continuando vemos que Dios se refirió a Ezequiel como "Hijo
de hombre." Fíjense bien la importancia que tiene
esto aquí. Dios podía haber escogido a un ángel o a
legiones de ángeles, pero no lo hizo así. Dios escogió a
un simple hombre, Él escogió a Ezequiel para llevar Su
mensaje a ese pueblo. De igual manera Dios nos ha
escogido a cada uno de nosotros; esto es algo que queda
claramente declarado en el mandato de nuestro Señor como
encontramos en Marcos 16:15
cuando leemos “Y les dijo: Id por todo el mundo y
predicad el evangelio a toda criatura.” Dile a la
persona que tienes a tu lado, Dios nos escogió. Todos
nosotros que hemos decidido servir a Dios fuimos
escogidos y llamados a ser los atalayas de éste mundo.
Al igual que los profetas de antigüedad, los mensajes
que Dios nos inspira a predicar no siempre serán lo más
popular, en otras palabras no siempre serán predicas que
agradaran a las personas. Pero la realidad del caso es
que ningún verdadero obrero de Dios esta llamado a
complacer a todos en todo tiempo. Esto es algo que
queda muy bien reflejado en
Gálatas 1:10 cuando leemos, “Pues, ¿busco
ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de
agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los
hombres, no sería siervo de Cristo.” Nosotros no
estamos llamados ha agradar al hombre, nosotros estamos
llamados a servir a Dios, y como verdadero obrero de
Dios estamos llamados a predicar la verdad. No estamos
llamados a pasarle la mano al pecado, no estamos
llamados a ignorar las cosas; como verdaderos obreros de
Dios nuestra responsabilidad es de llevar la verdad
donde existe la mentira; nuestra responsabilidad de
llevar la luz a las tinieblas.
Existen muchos que porque no sirven en un puesto en la
iglesia piensan que no tienen responsabilidad alguna en
la obra de Dios, pero si piensa así deseo informarte que
te equivocas. Todo creyente debe estar muy conciente de
algo, y esto es que todos fuimos llamados al servicio de
Dios. Esto quiere decir que es nuestra responsabilidad
y obligación predicar la verdad de Dios, ¿Por qué
tenemos que predicarla? Es como encontramos en Su santa
y divina Palabra en Juan 8:32
cuando leemos “y conoceréis la verdad, y la verdad os
hará libres.” La verdad de Dios es lo único capaz
de liberar al hombre de la esclavitud al pecado; la
verdad de Dios es lo único que puede liberar al hombre de la
condenación eterna a la salvación. Pero siempre debemos
tener muy en mente que la verdad también es que algún
día todos nos encontraremos cara a cara con nuestro
Dios, y tendremos que dar cuenta de lo que hemos hecho o
dejado de hacer. Tendremos que dar cuenta de lo que
hemos ignorado; tendremos que dar cuenta de lo que hemos
asumido no nos correspondía a nosotros hacer. ¿Por qué
les digo esto? Les digo esto porque Dios juzgara al
atalaya según su fidelidad. Algo que es muy evidente
aquí es que el atalaya será juzgado no solo por sus
acciones, sino por las acciones de los demás. Volvamos
a leer esto nuevamente para que entiendan bien éste
detalle. La Palabra de Dios dice: “Cuando yo dijere
al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni
le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal
camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad,
pero su sangre demandaré de tu mano. 19Pero
si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su
impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad,
pero tú habrás librado tu alma. 20Si el justo
se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere
yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le
amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que
había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre
demandaré de tu mano. 21Pero si al justo
amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto
vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu
alma.” ¿Qué quiere decir esto?
Esto quiere decir que si nosotros vemos algo mal, si
nosotros vemos cosas que sabemos son en contra de la
voluntad de Dios y no hacemos algo para corregirlo, o al
menos demostrarle a la persona que lo que esta haciendo
esta mal hecho, entonces seremos culpado de su sangre.
Es por esto que todo predicador o ministro de la Palabra
tiene que llevar el mensaje que Dios ha puesto en su
corazón. Es por esto que toda persona que profesa ser
creyente, toda persona que ha hecho un compromiso con
Cristo tiene que llevar siempre la verdad. La verdad no
es fácil, y en ocasiones ofende; la Palabra de Dios no
es fácil, pero si es vida. Dile a la persona que tienes a tu lado, la Palabra de
Dios es vida. La Palabra de Dios puede ser
y es la diferencia en la vida de toda persona. El
atalaya, el creyente, el predicador, que no suena la
trompeta de alerta, el que no lleva la verdad, el que no
diga las cosas tal como son, entonces no esta sirviendo
a Dios como Dios desea que le sirvamos.
Para concluir. Tenemos que ser siervos fieles a Dios. Nuestra obra como
el pueblo de Dios aquí en la tierra es algo bien serio.
Como he dicho en otras ocasiones, el creyente puede ser
la diferencia entra la vida y la muerte de una persona.
No por nuestra propia fuerza o habilidad, sino por el
sacrificio perfecto de nuestro Rey y Salvador en la cruz
del calvario. Recordemos que Dios aborrece al maligno,
pero restaura la vida de toda persona que acude a Él.
Siempre tengamos muy en mente que ésta responsabilidad
que se nos ha encargado no es algo que podemos hacer
cuando tenemos ganas; no es algo que podemos hacer de
vez en cuando; sino que tenemos que cumplirlo en todo
momento. Siempre tengamos muy en mente que aunque en
ocasiones una predica nos pueda doler, aunque en
ocasiones un mensaje no nos agrade, aunque el toque de
la trompeta nos cause sentir mal porque ha revelado
nuestros pecados y o heridas, nunca cerremos nuestros
oídos a ellos. No podemos cerrar nuestros oídos porque
en esa trompeta, en ese mensaje existe el mensaje de
vida. En ese mensaje que nos hizo analizarnos, Dios nos
ha revelado lo que tenemos que cambiar y/o lo que
tenemos que superar. En ese mensaje que nuestra carne ha
odiado, Dios te ha revelado el peligro que se acerca.
© Copyright José R. Hernández