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Detenidos en el tiempo
La
semana pasada les hable acerca del temor; vimos como el
temor puede y detiene a muchos de vivir la vida que Dios
quiere que vivamos.
Pero
el temor no es lo único que nos detiene, existe algo más
que también es responsable de detener nuestro
crecimiento, y de detener las bendiciones de Dios para
Su pueblo. Todos sabemos que estamos llamados a ser
criaturas nuevas; todos sabemos que tenemos que cambiar
todo lo que somos si decimos que somos Cristianos, pero
no todos pueden hacerlo. Como les he dicho en numerosas
ocasiones, existen grandes enseñanzas en la historia.
En la historia podemos encontrar los errores cometidos
por otros, y si prestamos atención, y escuchamos
consejo, entonces nosotros podemos prevenir que nos pase
a nosotros. Hoy examinemos la historia del pueblo de
Dios y veamos que fue lo que detuvo que ellos recibieran
la bendición que Él tenia esperándoles.
Éxodo 32:1-4 - Viendo
el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se
acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate,
haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a
este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de
Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2
Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están
en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y
de vuestras hijas, y traédmelos. 3 Entonces
todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en
sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4 y él
los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con
buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces
dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de
la tierra de Egipto.
Repasemos un poco lo que le había acontecido a este
pueblo antes de llegar a este punto en la historia.
Quiero que examinemos bien estas escrituras porque
existe un gran paralelo entre este pueblo y el mundo hoy
en día. Dios había liberado de la esclavitud al pueblo
de Israel usando a Moisés, (Éxodo
3:7-10). La liberación que ellos recibieron no
fue cosa fácil de obtener; Moisés no llego y el faraón
les soltó. Cuando examinamos la historia vemos que Dios
endureció el corazón del faraón, y creo que Él ha hecho
lo mismo con el hombre hoy en día a causa de la rebeldía
y maldad. El faraón tuvo que aprender unas lecciones muy
difíciles antes de soltar a ese pueblo que él mantenía
esclavo (Éxodo 7:17;
8:5;
8:16-17;
8:24;
9:6;
9:10;
9:23-24;
10:14-15;
10:21-22;
11:5), y el mundo
también tendrá que aprender lecciones muy difíciles en
esto tiempos. Las cosas para Moisés no le fueron nada
fácil, pero la realidad del caso es que las cosas que
verdaderamente importan nunca son nada fáciles. Moisés
se dejo guiar por Dios, Moisés cumplió con lo que Dios
le había encomendado, aunque déjenme decirles que no lo
hizo sin antes protestar y poner excusas (Éxodo
3:11; 4:1;
4:10;
4:13). Pero para Dios no
existen excusas (Éxodo 3:12;
4:2-9;
4:11-12;
4:14-16.) Cuando leemos
lo que aconteció aquí, si lo leemos rápidamente, si lo
leemos sin estudiarlo, entonces muchos de nosotros no
veremos mucho más que un escrito acerca de la historia
del pueblo de Israel. Pero como les dije, aquí existe
una gran enseñanza para nosotros hoy en día. Moisés
subió al monte Horeb, él subió para entrar en
confraternidad con Dios y para recibir Sus leyes, pero
¿qué sucedió? Aquí vemos como este pueblo que había sido
liberado y bendecido por Dios, una vez que perdieron a
Moisés de vista cayeron nuevamente en el pecado. Ellos
se rebelaron contra Dios. Moisés les había dicho que le
esperaran (Éxodo 24:12-14,)
y ellos sabían exactamente donde él estaba y lo que
estaba haciendo (Éxodo 24:16-17.)
Ellos sabían que Moisés se encontraba ante la presencia
de Dios, pero ellos se dejaron llevar por las
tradiciones, ellos se dejaron llevar por los impulsos de
la carne, ellos no le esperaron pacientemente, ellos
regresaron a la esclavitud. Preguntémonos, ¿Por qué
hicieron ellos esto? La respuesta es fácil, lo hicieron
porque su espíritu estaba detenido en el pasado. Al
principio de la jordana, el pueblo estaba bien alegre,
estaban bien felices de finalmente ser libres, pero todo
esto cambio. Este pueblo comenzó a cambiar, o mejor
dicho, el espíritu de estas personas comenzó a cambiar
cuando vieron que delante de ellos existía un camino
difícil. El animo del pueblo pronto se convirtió de
gozo y a alegría a rebeldía y conspiración. Esto
sucedió porque ellos meditaron más en su pasado que en
lo que estaba por venir.
Este
pueblo alcanzo ver señales poderosas, asta alcanzaron ha
oír a Jehová hablándole a Moisés (Éxodo
19:9; 18-19;
20:18-19), pero aunque
ellos habían salido de Egipto, Egipto no había salido de
ellos. Ellos estaban detenidos en el pasado. Como les he
dicho en otras ocasiones, el campo principal de batalla
es nuestra mente. En nuestra menta nacen los
sentimientos de ira, contienda, avaricia, venganza y
temor. En nuestra mente nacen los sentimientos de
culpabilidad, lastima propia, descorazonamiento, y
duda. En nuestra mente es peleada esa batalla entre el
bien y el mal, y si no tenemos mucho cuidado, si no
reconocemos los ataques del enemigo, entonces no seremos
victoriosos, sino seremos derrotados. Eso mismo fue lo
que le sucedió al pueblo de Israel, sus mentes fueron
llenas de solo los momentos fáciles, fueron llenas de
solo los momentos cuando se sentaban a comer y demás.
El demonio mentiroso lleno sus mentes con deseos y
memorias mundanas, y se robo la bendición que Dios tenia
para ese pueblo (Deuteronomio
34:4.) Este pueblo que Dios libero de las manos
del faraón nunca entro en la tierra prometida.
Como
el pueblo de Dios que somos, nosotros no estamos
llamados a detenernos en nuestro caminar o a retroceder,
estamos llamados a avanzar (Filipenses
3:13.) Estamos llamados a conquistar, estamos
llamados a vencer. El enemigo quiere que pensemos
diferente, el enemigo quiere que pensemos que no podemos
enfrentarnos y vencer, el enemigo quiere hacer la
batalla lucir mucho más difícil de lo que es, pero
nosotros tenemos las promesas de Dios (Juan
16:33; Romanos 8:37-39;
Apocalipsis 17:14.)
Nosotros tenemos la victoria que Cristo murió en la cruz
para entregarnos. No siendo merecedores Su sangre nos
limpio de todo pecado. No siendo merecedores Su
sacrificio nos redimió ante los ojos de Dios; díselo al
que esta a tu lado. Como el pueblo de Dios tenemos que
aprender que Dios no nos quiere sentados, Dios no nos
quiere acampados en el conocimiento de nuestra
salvación. Dios quiere que siempre estemos en un
movimiento hacia delante. Dios quiere que avancemos
confiando que Él esta presente, que Él esta en control,
que Él nos entregara la victoria. Dios no te quiere
detenido en el pasado, Dios no te acusa (Juan
8:10-11; Apocalipsis
12:10.) Una persona que profesa ser Cristiana no
puede ser tal como era, tiene que haber un cambio
completo, en la manera de actuar, hablar y pensar. Si
no existe un cambio completo en nuestra vida, entonces
no nos podemos llamar Cristianos (1
Corintios 10:21-22.) Este pueblo ciertamente no
entendió esto, este pueblo dijo: “Entonces dijeron:
Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la
tierra de Egipto.” Este pueblo cambio la verdad de
Dios por la mentira del diablo. Ellos no cambiaron,
ellos no avanzaron, ellos se detuvieron en su pasado y
regresaron a la idolatría pagana que practicaban en
Egipto.
No
podemos permitir que nuestros pensamientos nos alejen de
Dios (1 Pedro 1:13-16).
De nuestros corazones dice el Señor salen malos
pensamientos, pero esto es solo si nuestros corazones y
nuestras mentes no están concentradas en Dios (Romanos
12:2.) Este fue el caso de ese pueblo, ellos no
estaban concentrados en Dios, ellos estaban concentrados
en Moisés, estaban concentrados en las cosas de este
mundo. Como el p[pueblo de Dios que somos tenemos que
buscar más de Dios en todo momento (Isaías
55:6-7.) Mirando a nuestro alrededor podemos ver
que las cosas en este mundo no están nada buenas. ¿Por
qué es esto? Las cosas están como están porque el mundo
no busca de Dios. Esto es la verdad para todo aquel que
vive en el mundo, pero también es la verdad para muchas
personas en el cuerpo de Cristo. Si hermanos es la
verdad porque en el cuerpo de Cristo existen muchas
personas que no buscan más de Dios. Lo que sucede en
muchas ocasiones es que tal como el pueblo de Israel en
este entonces, nosotros estamos tan preocupados con las
cosas que nos rodean, que se nos olvida que servimos a
un Dios justo (Salmos 145:7;
Isaías 30:18.) Lo que
sucede es que muchas personas piensan que conocen la
voluntad de Dios. También existen muchos que piensan que
tienen suficiente tiempo para conocerle en el futuro,
piensan que como han recibido el regalo de la salvación
no necesitan hacer mas nada. Pero les digo que toda
persona que piense así esta muy equivocada. Toda persona
que piense que existe suficiente tiempo en el futuro de
conocerle esta muy equivocada. Recordemos que el día de
mañana no se la garantiza a nadie (Proverbios
27:1; Santiago 4:13-14.)
El cambio tiene que ser ahora, en este mismo momento.
Si no
estamos dispuestos a cambiar, si no cambiamos nuestra
manera de pensar, si no dejamos el pasado en su lugar, y
nos concentramos en el futuro que Dios nos tiene,
entonces nunca estaremos dispuestos a atravesar por esos
desiertos. Nunca permitiremos ser guiados hacia los
lugares mayores y mejores que Dios tiene para nosotros.
No podemos permitir que el enemigo acampe en nuestro
corazón y mente. Tenemos que confiar que nuestro Padre
celestial va delante de nosotros, que nuestro Padre
celestial pelea por nosotros (Deuteronomio
3:22; Josué 23:10.)
Tenemos que permitir que Él se glorifique en esas
situaciones cual nosotros pensamos perdidas. Como
iglesia tenemos que movernos hacia delante, avanzar y
conquistar. Como iglesia tenemos que hacer un
compromiso genuino con Dios, no podemos mas hacer las
cosas a media. Sepamos que ¡si queremos ser bendecidos,
tenemos que bendecir! (2
Corintios 9:6) ¡Si queremos ser victoriosos,
tenemos que pelear! (1 Timoteo
6:12) ¡Si queremos avanzar, tenemos que marchar
y ser valientes! (Josué 1:9.)
¡Si queremos ser perdonados, tenemos que perdonar! (Mateo
6:14-15; 18-21-22.)
Para concluir. Es hora de
que el pueblo de Dios se someta a Dios sin condiciones.
No podemos permitir que las cosas de este mundo, que las
dudas, o la desconfianza detengan la obra de Dios en
cada uno de nosotros. No existe poder ni potestad que
pueda derrumbar lo que Dios ha hecho (Romanos
8:38-39), no existe poder ni potestad que nos
pueda quitar la victoria que Cristo murió en la cruz
para darnos. No podemos detenernos en el pasado, tenemos
que confiar que Dios esta con nosotros en todo momento.
Tenemos que tomar control de la batalla, reprender esos
pensamientos, y llenar nuestras mentes con Su santa y
divina Palabra. La batalla puede ser difícil, pero la
guerra ya la ha ganado Cristo por nosotros. Cristo le
venció con Su sacrificio en la cruz (Hebreos
2:14) pero recordemos que aunque el demonio fue
derrotado, todavía esta tratando de engañarnos en todo
momento (Apocalipsis 12:9.)
Su hora llegara, con cada día que pasa más se acerca su
fin, se acerca el día cuando Cristo establecerá Su reino
aquí en la tierra (Apocalipsis
11:15;) cuando el demonio mentiroso no podrá
engañar más al mundo. Pero asta ese entonces, velemos
cautelosamente, cuidemos nuestros corazones y
reprendamos esos pensamientos que no edifican sino
destruyen y contaminan. Examínate hoy en día, y
pregúntate, ¿qué detiene la bendición de Dios para mi
vida? ¿Estas atrapado en el pasado? Entrégaselo hoy a
Cristo y recibe liberación (Mateo
11:28-30.) No permitas que el demonio mentiroso
te mantenga afuera de la tierra prometida.
© Copyright José R. Hernández |