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Confía en su poder
Como les dije la semana pasada,
existen grandes lecciones para nosotros en la historia.
Existen lecciones en los errores, que debemos aprender,
para evitar que lo mismo nos suceda; también existen
lecciones de actuaciones correctas que debemos imitar o
hacer.
A través de la historia siempre
encontramos personas que han triunfado aun cuando las
situaciones y las opresiones estaban completamente en su
contra. Este tipo de situación no es algo fuera de lo
común, es decir, a muchos de nosotros nos sucede lo
mismo. Muchos de nosotros hemos pasado, o estamos
pasando por situaciones o circunstancias en nuestra vida
que aparenta como si todos los habitantes del mundo
están en nuestra contra. ¿Se ha sentido alguien así
alguna vez? El problema cuando nos sentimos de esta
manera, o cuando nos toca pasar por situaciones
difíciles, es que no sabemos en quien confiar. Estoy
seguro que muchos de nosotros nos hemos sentido de esta
manera en algún punto de nuestra vida, y es por eso que
quiero que hoy examinemos un acontecimiento en la
historia que trata con este mismo tema. Examinemos una
situación critica, y examinemos en quien debemos
confiar. Pasemos ahora a la palabra de Dios.
2 Crónicas
32:7-8 - Esforzaos y
animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria,
ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay
con nosotros que con él. 8 Con él está el
brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro
Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el
pueblo tuvo confianza en las palabras de Ezequías rey de
Judá.
Examinemos detalladamente los
eventos que nos conducen a este punto de la historia.
Un nuevo rey llamado Senaquerib había asumido el trono
en Asiría. El reino abarcaba un área bien grande que
incluía la tierra de los Filisteos, Fenecios,
Babilonia, Palestina, y la parte norte de Judá, pero el
reino estaba perdiendo el control y algunas regiones
habían comenzado a rebelarse. Como podemos ver,
existían serios problemas en el reino; una de las
primeras cosas que hizo el rey fue edificar un fuerte
ejercito con más de 250,000 hombres para poder combatir
los actos de insurrección y mantener control. Su
ejército obtuvo su primera victoria en Babilonia, cuando
él destruyó la ciudad y la regreso bajo el control de su
gobierno. Luego de esta victoria él se concentro en la
naciones al oeste y atacó a los Filisteos y Fenecios.
Después de obtener la victoria en estas grandes
batallas, el ejército de Senaquerib aparentaba
indestructible y estas naciones estaban firmemente bajo
el poderoso yugo de Senaquerib nuevamente. A causa de
estas grandes victorias Senaquerib se sintió invencible,
y clamaba haber consultado con su dios Asur quien le
había asegurado la victoria total. Como les dije, la
parte norte del reino de Judá había sido también
conquistada; las diez tribus que ocupaban esta región
habían dejado de existir, y solamente la capital,
Samaria, había quedado en existencia (2
Reyes 18:9-11.) Los Israelitas que quedaron
vivos fueron forzados a unirse a otros grupos étnicos y
religiosos; nosotros les conocemos como los Samaritanos
en el nuevo testamento. Ahora solo quedaba el reino del
sur de Judá como la última fortaleza de Israel y la
última esperanza de supervivencia para el pueblo elegido
de Dios. Después de derrotar a todos sus otros enemigos
y al ejército egipcio, Senaquerib giró su atención hacia
Judá y dispuso tomar Jerusalén. El profeta Isaías le
había advertido al rey Ezequías de no implicarse en el
levantamiento en contra de Senaquerib, pero el rey no
escucho. Él hizo un tratado con Egipto en contra de
Asiría y cuando el ejercito egipcio fue derrotado,
Ezequías y su pequeño ejército quedaron solos para
detener el poderoso ejército de Senaquerib. El reino sur
de Judá comenzó a caer bajo el dominio de los asirios;
ciudad tras ciudad fue derrotada hasta que finalmente
solo quedaba Jerusalén para obtener un triunfo total (2
Reyes 18:13.) Para tratar de salvar a Jerusalén,
Ezequías decidió rendirse al yugo del rey asirio (2
Reyes 18:14-16.) Pero aunque el se rindió esta
paz no duraría mucho tiempo (2
Reyes 18:17.) Ahora Judá estaba en peligro de
ser completamente destruida; ellos estaban a punto de
sufrir el mismo destino que habían sufrido las diez
tribus del reino del norte. El ejercito asirio ahora
rodeaba a Jerusalén, y no había oportunidad de escape;
ellos ahora tendrían que pelear en contra de un ejercito
mucho superior a ellos o dejar de existir como una
nación. Esto nos conduce más o menos a este punto en la
historia.
Si nos ponemos a hacer un contraste
entre este pueblo y el pueblo de Dios hoy en día veremos
que no existe mucha diferencia. No estoy diciendo que
tendremos que defender una ciudad en contra de un
poderoso ejercito, pero si tenemos que defender nuestras
familias y hogares en contra de los poderes de las
tinieblas que nos rodean y atacan a diario (Efesios
6:12.) El rey Ezequías ahora se encontraba en
una situación grave, su reino estaba a punto de ser
eliminado, y peor que todo, la nación estaba a punto de
perder su identidad. El ejercito de Asiría tenia la
ciudad completamente rodeada, el rey estaba tratando de
convencer a Ezequías para que se rindieran y blasfemaba
el nombre de Dios (2 Reyes
19:10-13.) ¿Qué hizo Ezequías? Ezequías le
entrego el problema a Dios (2
Reyes 19:14.) Ezequías aprendió su lección
rápidamente, la lección siendo que tenia que confiar en
Dios. Su confianza no podía descansar en su propio
poder o el poder de su ejercito, su confianza solo podía
descansar en el poder de Dios. Su confianza descansó en
el Dios de Israel, así que él inclino su rostro en
oración a Él, y Dios no le fallaría (2
Reyes 19:32-35.) No existe nadie ni nada más
poderoso que nuestro Dios. Dios era mucho más poderoso
que el ejercito de Asiría en ese día, y Dios peleo por
Israel. Reflexionemos en estos acontecimientos,
preguntémonos ¿qué lección podemos sacar de ellos?
Preguntémonos, ¿cuántas veces nos
hemos visto rodeados por los poderes de nuestro enemigo,
y todo aparenta estar perdido? La realidad del caso es
que nosotros no podemos vencer a nuestro enemigo por
nuestras propias fuerzas. Aunque es un ser derrotado,
el no deja de ser un ser poderoso quien nosotros no
podemos derrotar por nuestra propia habilidad o fuerza.
Muchos están bajo el falso concepto de que una ves que
somos Cristianos los problemas desaparecen; es un
concepto completamente falso porque cuando decidimos
hacer un compromiso con Dios es en ese momento que los
ataques intensifican. El enemigo nos ataca porque hemos
hecho un compromiso con Dios y ahora le servimos solo
Él. Ezequías no pudo detener el ataque de Senaquerib
contra Jerusalén pagándole tributos; la realidad del
caso es que ninguno de nosotros podemos detener los
ataques de nuestro enemigo tampoco. Lo que debemos
preguntarnos es ¿qué haremos cuando lleguen los ataques?
¿Qué haremos cuando a nosotros lleguen esos pensamientos
tal como lo que encontramos en la carta que Senaquerib
le envío a Ezequías? ¿Cómo contestaremos cuando el
enemigo nos diga que nuestra fe en Dios no vale nada?
¿Cómo contestaremos cuando el enemigo nos diga que no
existe solución o seamos llevados a soluciones que
sabemos desagradan a Dios? ¿Cómo contestaremos al
vernos rodeados por su ejercito de maldad listo para
atacarnos en el momento que saquemos la cabeza? Como
les dije al inicio, tenemos mucho que aprender de la
historia. Debemos aprender que cuando lleguen estos
momentos en nuestra vida, tenemos que actuar tal como
Ezequías, tenemos que orar, tenemos que pedirle a Dios
que derrame su misericordia sobre nuestra vida (Isaías
37:15-17.) Tenemos que confiar en Su promesa.
Tenemos que pararnos firmes en la roca de nuestra
salvación, tenemos que pararnos firmes en Jesús.
Tenemos que asegurarnos que nuestra fe este construida
en la roca que es Cristo Jesús. Nuestra fe tiene que
ser inmovible, tiene que ser constante. Una fe
inmovible vence toda oposición (Romanos
8:37.)
Ezequías e Israel no perecerían
ante el ataque del rey Senaquerib, porque ellos tenían
promesa de Dios. Te digo en el día de hoy que nosotros
tenemos las mismas promesas; Ezequías le dijo a ese
pueblo “Esforzaos y
animaos; no temáis, ni tengáis miedo del rey de Asiria,
ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay
con nosotros que con él. 8 Con él está el
brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro
Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas;
“ el Señor nos dice a nosotros “La paz os dejo, mi paz
os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe
vuestro corazón, ni tenga miedo.” (Juan
14:27.) El Señor nos dice a nosotros “Estas
cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el
mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al
mundo, (Juan 16:33.)
Dios nos ayuda a estar firme en
nuestra. Ezequías oro, y Dios le respondió; a través de
la oración, ayuno, y alabanza, Dios nos fortalece; Dios
nos ayuda a combatir toda situación (Santiago
5:16.) Ezequías sabia que el ejercito que le
rodeaba era mucho superior, sabia que ellos nunca lo
podrían derrotar. Recordemos que el ejercito que nos
rodea es mucho superior a nosotros, recordemos que el
hombre tiene limites, pero Dios no; tenemos que estar
firmes en Jesús (Romanos 14:4.)
El enemigo utilizara todo lo
que este a su alcance para tratar de mantenernos
engañados, y nos dirá que Dios se ha olvidado de
nosotros.
El trata por todos los medios
habidos y por haber de que no vivamos en el reino de
Dios. Que vivamos atormentados, preocupados y nos
olvidemos de nuestro Rey y Salvador. Que nos olvidemos
que vivimos en el reino de Dios. Pero eso, nosotros
como cristianos, lo reprendemos. Reprendemos todo
demonio de depresión, pobreza, enfermedad; reprendemos y
echamos fuera en el nombre de Jesús todo tipo de ataque
que nos trate de quitar la felicidad de vivir en el
reino de Dios. No podemos permitir que se turben
nuestras mentes, tenemos que mantenernos firmes sabiendo
que el Señor no nos abandona. Al vernos rodeados
recordemos que tenemos promesa del Señor: “De cierto,
de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis,
y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis
tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo.” (Juan
16:20.)
Cristo nos dice aquí algo muy importante, nos
esta diciendo “no dejes que el demonio te quite lo que
te he prometido.” No permitas que las cosas del mundo
endurezcan tu corazón o turben tus pensamientos. Cuando
seguimos al Señor, y hacemos Su voluntad estamos
viviendo en el reino de Dios. El amor de Dios nos
alcanza en todo momento y Sus promesas nunca son
quitadas (2 Corintios 1:20.)
La Palabra nos dice: “Porque se
levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y harán
señales y prodigios, para engañar, si fuese posible, aun
a los escogidos.” (Marcos
13:22) Nos dice: “Sed sobrios, y velad;
porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente,
anda alrededor buscando a quien devorar” (1
Pedro 5:8.) Nos dice: “Y no es maravilla,
porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.”
(2 Corintios 11:14.)
Todo esto se nos dice para advertirnos de que Satanás
atacara nuestra vida. Su ejercito de demonios rodeará
nuestro diario vivir y tratarán de encontrar nuestra
debilidad. Seremos atacados y que de esto no quepa
duda, él lanzara los dardos de fuego a nuestro corazón
para así destruir lo que Dios ha iniciado. Es por eso
que como Cristianos nunca podemos dejar de vestirnos con
la armadura de Dios todos los días de nuestra vida (Efesios
6:13-17.)
Para concluir.
Hoy en día debemos tener la fe de Ezequías para poder
combatir los males de nuestra sociedad y los poderes del
infierno que atacan nuestra vida. Dios quiere que
nosotros usemos todo medio a nuestra disposición para
luchar contra nuestro enemigo, pero Él también quiere
que nosotros realicemos que nuestra supervivencia está
en Sus manos (Salmos 7:1.)
Si colocamos nuestra confianza en nuestra propia fuerza,
seremos vencidos. Sólo Dios puede ganar la batalla (Salmos
27:3.) Satanás puede andar como un león rugiente,
buscando aquellos que permitirán que él los devore a
causa de su idolatría, desobediencia, y o su confianza
en su propia fuerza, pero él es un enemigo derrotado;
derrotado por el poder de Dios, vencido por la sangre
del Cordero. Cuando los ataques de Satanás lleguen a
nuestra vida con toda la intensidad del infierno,
recordemos que Jesucristo es capaz de destruir
completamente todo poder de las tinieblas y de todos
aquellos que trabajen para el maligno (Filipenses
2:9-10.) Las palabras de Ezequías deben
resonar siempre en nuestras mentes, él dijo: “porque
más hay con nosotros que con él.” Recordemos que
dentro de nosotros existe uno mayor que todo problema o
situación (1 Juan 4:4.)
Recordemos que Dios envió un ángel quien destruyo al
ejercito que estaba acampado a las afueras de Jerusalén
(Isaías 37:36;) si Dios
pudo hacer esto con solo un ángel, ¿qué no podrá hacer
el Espíritu Santo que ahora mora en ti?
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