Cuestionando a Dios
Si se acuerdan, la semana pasada les dije que una de las
cosas que debemos hacer para alcanzar ver la mano de
Dios en todo es que tenemos que retener ciertas
cualidades de los niños. Si se acuerdan, use el ejemplo
de esa pregunta que los niños siempre nos hacen, que yo
llamo la pregunta sin fin. Los niños siempre preguntan
¿por qué?, y les dije que esto es algo que nosotros
debemos hacer con nuestro Padre. Debemos hacer esto
porque una gran realidad es que Dios siempre nos
proporciona una oportunidad para aprender, y de la única
manera que aprenderemos es preguntado por que. Pero,
¿está correcto cuestionar a Dios? Ésta es la pregunta
que estaremos explorando en el día de hoy, y para
contestarla estaremos examinando un libro en la Biblia
que muy pocos suelen usar, o estudiar. Para encontrar
la respuesta a nuestra pregunta hoy vamos a explorar el
libro de uno de los profetas menores, hoy estaremos
estudiando el libro de Habacuc. Porque el tiempo que
compartimos es limitado no estaremos leyendo el libro
completo, sino que estaremos analizando los versículos
claves que contestaran nuestra pregunta. Pero antes de
proceder deseo que todos tengamos una imagen clara de
cómo se compone éste libro. El libro solo contiene tres
capítulos, y les invito a que tomen el tiempo de
examinarlo detalladamente en su tiempo de reflexión. El
libro está dividido en dos secciones: un diálogo con
Dios en los capítulos 1 y 2 y un himno de alabanza en el
capítulo 3. Y como podremos ver a continuación, el
diálogo consiste de preguntas de Habacuc a Dios.
La primera pregunta que él le hace a Dios es una que
muchos hoy en día continúan haciendo, y ésta pregunta es
¿por qué no es castigada la maldad?, y en si ésta
pregunta es hecha debido a la aparente lentitud de Dios
en castigar a los malvados entre Su pueblo escogido. La
segunda es una que también continua siendo hecha por
muchos, y ésta pregunta es ¿no es el remedio peor que la
enfermedad? y en si ésta pregunta tiene que ver con la
severidad del castigo que Dios usa para disciplinar al
pecador. Pero hoy aprenderemos tres cosas muy
importantes. Lo primero que aprenderemos del ejemplo de
Habacuc es que no existe nada malo en cuestionar a Dios;
segundo, aprenderemos que aunque Dios pueda aparentar
lento, Él si está atento a nuestras inquietudes y
responde nuestras preguntas; tercero, aprenderemos que
aunque Dios nos ama como nadie jamás podrá amarnos, Él
castiga el pecado severamente. Manteniendo éstas cosas
en mente procedamos ahora a nuestro estudio y abramos la
Biblia al libro de Habacuc.
Habacuc 1:1-4
- La profecía que vio el profeta Habacuc. 2¿Hasta
cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a
ti a causa de la violencia, y no salvarás? 3¿Por
qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia?
Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y
contienda se levantan. 4Por lo cual la ley es
debilitada, y el juicio no sale según la verdad; por
cuanto el impío asedia al justo, por eso sale torcida la
justicia.
Lo primero que queda bien reflejado aquí es la respuesta
a nuestra pregunta inicial que es, ¿está correcto
cuestionar a Dios? Como podemos ver en estos primeros
cuatro versículos, éste hombre nos demuestra que no
existe nada malo en cuestionar a Dios, y esto es porque
una pregunta siempre promueve un dialogo, y una gran
realidad es que todos nosotros debemos buscar establecer
un dialogo diario con nuestro Padre celestial. Pero,
¿quién era éste hombre? Habacuc es una figura vaga, sin
parentela ni época indicada en la profecía. Aunque la
identidad de Habacuc está en duda, su carácter es claro.
Él era un seguidor devoto y sincero de Jehová; y como
podemos apreciar, una de sus cualidades es que él no
solamente se sometía a la voluntad de Dios, sino que
también buscaba el por qué cuando pensaba que Dios
estaba ignorando Sus propias promesas. Al igual que Job,
Habacuc no titubeo en cuestionar a Dios, pero él
cuestiono a Dios por diferentes razones. Digo esto
porque cuando Job cuestiono a Dios, él lo hizo
sosteniendo su inocencia, y preguntando por qué estaba
siendo castigado. Pero la pregunta de Habacuc fue algo
muy opuesta. Habacuc no trato de encubrir el pecado del
pueblo, o trato de implicar que eran inocentes de sus
faltas, sino que pregunto ¿por qué no son castigados los
malvados? Como les dije al inicio, ésta pregunta es una
que estoy seguro muchos de nosotros nos hemos hecho, o
le hemos hecho a Dios en numerosas ocasiones.
Especialmente cuando vemos esas cosas tan horribles que
continúan sucediendo a nuestro alrededor.
Ahora, sé que existen muchos que consideran que
cuestionar a Dios es pecaminoso, pero los libros de
Habacuc y Job nos muestran claramente que éste no es el
caso. No es el caso porque la realidad de todo es que a
través de nuestra vida surgirán dudas y/o inquietudes
honestas, y la mejor manera de aclararlas es consultando
a Dios. No obstante a lo que muchos piensen u opinen,
Dios si responde nuestras preguntas. Éste fue el caso de
Habacuc; él estaba viendo la maldad de los hombres, la
injusticia, la idolatría, y la falta a las leyes de Dios
por el pueblo de Israel y se sentía frustrado. Es por
eso que vemos que él dice: "¿Hasta cuándo, oh Jehová,
clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la
violencia, y no salvarás?" En otras palabras él
estaba preguntándole a Dios ¿por qué estas moviéndote
tan lento?
Hoy en día, al igual que en el tiempo de Habacuc, no
tendremos que mirar muy lejos y encontraremos que
existen grandes problemas en el pueblo de Dios. Uno de
los problemas más grande que confronta el pueblo de Dios
es que existen muchos que con frecuencia le pasan la
mano al pecado. Esto sucede porque la mayoría del pueblo
de Dios le ha asignado grados al pecado. En otras
palabras tratan de ponerlo en nuestra propia perspectiva
y le llaman cosas como pecado menor o pecado mortal. El
problema que sucede cuando se hace esto es que entonces
comenzamos ha aprobar el pecado. Pero quiero que nos
demos cuenta de algo de suma importancia; aquí vemos que
el profeta en vez de aprobar el pecado, o de pedir que
sea ignorado, él clama por el castigo. En realidad lo
que estaba sucediendo en el tiempo de Habacuc no es muy
diferente a lo que continua sucediendo hoy en día. En el
tiempo de Habacuc, el pueblo de Israel se había
convertido extremadamente tolerante de lo que estaba
sucediendo entre ellos; cosas que ellos sabían muy bien
que eran cosas que iban en contra de la voluntad de
Dios, tal como estaba revelado en Su palabra.
Permítanme ilustrarles el punto que deseo hacer de otra
manera.
Como todos sabemos, nosotros tenemos la responsabilidad
de restaurar al pecador. Y esto es algo que queda muy
bien ilustrado en las palabras del Señor según
encontramos en Lucas 15:4
cuando leemos, “¿Qué hombre de vosotros, teniendo
cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa
y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió,
hasta encontrarla?” Pero lo que sucede con
frecuencia es que muchos, al tratar de cumplir con éste
llamado, se afanan u obsesionan de tal manera que se
siegan parcialmente a la realidad. El problema que
existe es que cuando esto sucede, en la mayoría de los
casos, terminamos aprobando el pecado o por lo menos le
asignamos diferentes grados. En otras palabras,
tratamos de reducir la severidad de la consecuencia
negativa que el pecado produce en la vida de todo
creyente. Y la severidad del pecado queda muy bien
declara en Romanos 6:23
cuando leemos, “Porque la paga del pecado es muerte,
mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús
Señor nuestro”. Hermanos, la realidad es que una
falta de confrontación, en lugar de restaurar al
pecador, da permiso a continuar pecando. Y una gran
realidad es que como el pueblo de Dios que somos,
nosotros no estamos llamados a aprobar el pecado.
Nosotros no estamos llamados a justificar el pecado;
nosotros no estamos llamados a ignorar el pecado.
Nosotros estamos llamados a apartarnos por completo del
pecado. Fíjense bien como éste sentimiento queda muy
bien reflejado en las Palabras del apóstol según
encontramos en 1 Corintios
5:11-13 cuando leemos, “Más bien os escribí
que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano,
fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o
borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. 12Porque
¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera?
¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? 13Porque
a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese
perverso de entre vosotros.” Como podemos ver aquí
claramente, aunque nosotros estamos llamados a tratar de
restaurar a nuestros hermanos caídos, nunca nos podemos
hacer participes de sus pecados. Pero no quiero
profundizar mucho en éste tema en el día de hoy, sino
que lo dejaremos para otro día.
Cuando tomamos el tiempo de leer el
libro de Habacuc completo, no es difícil discernir que
él estaba genuinamente preocupado por el pueblo de
Israel. Él estaba preocupado por el futuro de éste
pueblo porque ellos conocían muy bien la ley, pero la
realidad es que éste conocimiento no les condujo a la
santidad. El conocimiento de la ley, no produjo lo que
ellos tanto necesitaban, un crecimiento espiritual.
Hermanos, el conocimiento de la ley, no produjo fe.
Ellos tenían un buen conocimiento de la ley, pero
desafortunadamente no conocían a Dios.
Desdichadamente éste es un problema que
aun permanece en el pueblo de Dios de hoy. Existen
muchos que están tan aferrados a las leyes y tradiciones
que nunca logran conocer a Dios de la manera que deben
conocerle, sino que limitan Su gracia y solo alcanzan
conocerle a su manera; esto es, basado en sus propias
opiniones y demás. En otras palabras vemos nuestras
faltas con nuestros ojos, y a nuestra manera de ver, en
vez de mirar las cosas de la manera que Dios lo ve. Y
cuando esto sucede entonces terminamos justificando
nuestras faltas, comparándolas a otras faltas, y dejamos
de reconocer que de cualquier manera que miremos las
cosas, ante los ojos de Dios el pecado es pecado. Como
les dije, esto es algo que sucede con frecuencia, y es
por eso que no es fuera de lo común escuchar como
algunos dicen, “yo no he matado a nadie”, pero viven en
fornicación. No es fuera de lo común escuchar como
algunos dicen “yo no le he robo a nadie”, pero viven en
adulterio. No es fuera de lo común escuchar como
algunos dicen “yo no le hago daño a nadie”, pero viven
codiciando. No es fuera de lo común escuchar como
algunos dicen “yo no miento”, pero continúan viviendo en
idolatría. En otras palabras, justificamos nuestras
acciones pretendiendo conocer la mente de Dios. Pero la
pregunta que debemos hacernos es: ¿aprueba Dios el
pecado? La respuesta es ¡NO! El pecado es pecado y Dios
lo aborrece. El pecado será castigado y el pecador no
entrara en el reino de Dios. Esto es algo que queda muy
bien declarado en 1 Corintios
6:9-10 cuando leemos “¿No sabéis que los
injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni
los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni
los afeminados, ni los que se echan con varones, 10ni
los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los
maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de
Dios.” Dile a la persona que tienes a tu lado, no
erréis.
Habacuc cuestiono a Dios, y Dios le contesto, pero no
creo que el profeta recibió la respuesta que él buscaba.
Fíjense en la respuesta que Dios le dio como encontramos
en Habacuc 1:5-6 cuando
le dijo, "Mirad entre las naciones, y ved, y
asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que
aun cuando se os contare, no la creeréis 6Porque
he aquí, yo levanto a los caldeos, nación cruel y
presurosa, que camina por la anchura de la tierra para
poseer las moradas ajenas."
Yo no creo que Habacuc esperaba ésta respuesta, digo
esto porque cuando continuamos leyendo, en los
versículos del 12 al 17 encontramos que él protesta la
severidad del castigo. Vemos que él cuestiona a Dios
nuevamente, pero ésta vez le pregunta, ¿no es el remedio
peor que la enfermedad? En vez de regocijarse por la
respuesta de Dios a su clamor de justicia, Habacuc
inicia una protesta. Él hace ésta protesta porque en su
mente Dios estaba a punto de derramar un castigo que
parecía injusto, ya que Él había escogido a ésta nación
malvada para castigar y juzgar al propio pueblo de Dios.
Pero algo de suma importancia que debemos notar aquí es
que Habacuc no estaba discutiendo que si Dios tenía la
razón o no, ya que él mismo estaba pidiendo el castigo
de los pecadores, sino que él pensaba que el castigo era
muy fuerte. Y algo que también debemos notar es que
aunque él cuestiono a Dios, su fe nunca disminuyo.
Habacuc nos enseña que cuestionar a Dios es aceptable, y
que rehusar confiar en Dios, o sea, la falta de fe, es
lo que causa la caída.
Hermanos una gran realidad es que nuestra fe es lo único
que nos puede separar del pecado. Nuestra fe es como
una barrera invisible, y cuando la fortalecemos a través
de la Palabra de Dios, entonces podemos resistir los
ataques del enemigo. Una fe fortalecida es la que nos
detiene de caer nuevamente en la pudrición de la cual
Dios nos saco. Creo que éste sentimiento queda muy bien
explicado en Habacuc 2:4
cuando leemos, “He aquí que aquel cuya alma no es
recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá".
La fe de Habacuc fue lo único que le salvo de no caer en
los mismos pecados que había caído el pueblo de Israel.
Y nuestra fe en Dios es lo único que nos puede librar de
regresar a una vida pecaminosa, nuestra fe es lo único
que nos libera de la tentación. ¿Cuan grande fue la fe
de Habacuc? La respuesta la encontramos en
Habacuc 3:17-19 cuando
leemos, “Aunque la higuera no florezca, Ni en las
vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y
los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean
quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales;
18Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me
gozaré en el Dios de mi salvación. 19Jehová
el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de
ciervas, Y en mis alturas me hace andar.” Ahora
tomemos un momento de reflexión, y preguntémonos,
¿podemos nosotros decir lo mismo? ¿Podemos decir igual
que Habacuc que pase lo que pase, nos regocijaremos en
Dios? Porque esto mismo es lo que él está diciendo
aquí. Él está diciendo que no importa lo mal que se
pueda poner la situación, él confía en Dios y se
regocija en Su gloria y Su poder. Hermanos, no podemos
permitir que nuestra fe flaquee, no podemos permitirle
al enemigo que nos confunda; nunca dejemos de confiar en
Dios para todo, y en todo.
Para Concluir.
Lo que aprendemos de ésta pequeña porción de las
escrituras es que no existe nada malo en preguntarle a
Dios el por que de las situaciones; segundo es que
aunque a nosotros nos pueda aparentar lento, Él si
responde nuestras inquietudes; tercero, es que aunque
Dios nos ama como nadie jamás podrá amarnos, el pecado
siempre será castigado severamente. Hermanos recordemos
siempre que Dios siempre responde nuestras preguntas, y
que Él no actúa en secreto, sino que se revela a los
creyentes que le buscan. Fíjense bien en como esto
queda muy reflejado en Amós 3:7 cuando leemos “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin
que revele su secreto a sus siervos los profetas.”
Al igual que Habacuc nosotros esperamos respuestas a
nuestras preguntas y necesidades, pero tenemos que
confiar en que Él responderá. Él le respondió a Habacuc,
y Él nos ha respondido a nosotros igual. De no ser de
ésta manera, nosotros no estaríamos reunidos aquí en día
de hoy. Él nos llamo, nos escogió, y permitió que Su
palabra llegara a nosotros. Él ha perdonado nuestros
pecados, fuimos lavados por la sangre de su Hijo
Jesucristo, justificados por Su gracia, y ahora somos
considerados hijos de Dios. Recordemos siempre que surja
el problema que surja, ya sean actos de entidades
nacionales, como en el caso de Habacuc, o por causa de
malas acciones individuales, Dios está presente y
observando. Dios está dispuesto a contestar nuestras
preguntas y el pecador, tarde o temprano, será
castigado. La justicia de Dios no siempre será cumplida
en el tiempo que nosotros pensamos o de la manera que
pensamos, pero de lo que si podemos estar seguro es que
se cumplirá.
© Copyright José R. Hernández