Nunca más me acordaré
Hoy deseo hablarles acerca de un tema crucial en nuestra
vida como cristianos. Hoy deseo que estudiemos acerca del
perdón. Esta es una pequeña palabrita, pero contiene un
gran poder. Para que puedan entender bien el poder que
contiene esta pequeña palabrita, examinemos su significado.
La palabra perdón viene de la palabra griega “afesis” que
significa, liberado de la esclavitud o prisión; olvidarse de
pecados (como si nunca hubiesen ocurrido); remisión de
penalidad. Como pueden ver esta pequeña palabrita contiene
un fuerte significado, pero esta acción es algo que muchos
rehúsan hacer. La razón principal por esto es porque en
realidad no entienden el significado y las condiciones
referentes a este tema. Ahora, todos aquí sabemos que una
vez que llegamos a Cristo, todos nuestros pecados fueron
perdonados, ¿verdad? Pero debemos preguntarnos, ¿cómo
perdona Dios? ¿Existen condiciones acerca del perdón?
¿Cuanto debemos perdonar? ¿A quien debemos perdonar? Y
finalmente, ¿qué significado tiene todo esto? Estas son las
preguntas que vamos a explorar en el día de hoy. Pasemos
ahora a la palabra de Dios.
Hebreos 10:16-17
- Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos
días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en
sus mentes las escribiré, 17 añade: Y nunca más
me acordaré de sus pecados y transgresiones.
Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del
mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos
será necesario hacer un breve repaso de historia. En
realidad el autor de esta carta es desconocido, y existe una
pequeña controversia acerca de todo esto. Los eruditos de
la palabra no alcanzan llegar a un acuerdo porque algunos
declaran que el autor fue Pablo, pero otros lo atribuyen a
Bernabé, o a Lucas, o a Clemente. Pero la realidad es que
no existe un manuscrito que pruebe la identidad del autor.
De lo que si se puede estar seguro es que el autor no fue
alguien desconocido a la iglesia. Esto es algo que queda
bien reflejado en Hebreos 13:18
cuando leemos “Orad por nosotros; pues confiamos en que
tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo.”
Así que podemos decir con certeza que esta carta fue
dirigida a un grupo de creyentes, y definitivamente ellos
conocían a esta persona. Algo que también queda bien
reflejado en Hebreos 3:1
cuando leemos “Por tanto, hermanos santos, participantes
del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo
sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús.” Existe
también una pequeña polémica acerca de este grupo, ya que
tampoco se puede decir con certeza el lugar donde ellos
recibieron esta carta. Pero la mayoría de los estudiantes
de la Biblia se sienten cómodos diciendo que la carta fue
dirigida a los creyentes en Roma. Esta opinión popular esta
basada en Hebreos 13:24 que
declara “Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los
santos. Los de Italia os saludan.” Y el tema principal
de esta carta fue de demostrarles a ellos la superioridad de
Jesucristo por encima del sistema judío que existía. En
otras palabras demostrar que Jesucristo era superior a los
ángeles, ya que los ángeles le adoraban, algo que queda bien
declarado en Hebreos 1:6
cuando leemos "
Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo,
dice: Adórenle todos los ángeles de Dios.”
Demostrar que Él era superior a Moisés, ya que Él le había
creado, algo que queda bien reflejado en
Hebreos 1:10 cuando leemos “Y:
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, Y los
cielos son obra de tus manos.” Demostrar que Él era
superior al sacerdocio de Aarón, ya que Su sacrificio fue
una vez y para siempre; algo que queda bien reflejado en
Hebreos 10:10-12 cuando
leemos “En esa voluntad somos santificados mediante la
ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.
11 Y ciertamente todo sacerdote está día tras día
ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos
sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12
pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo
sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de
Dios.” Demostrar que Él era superior a la ley mosaica,
ya que Él había establecido un nuevo pacto; algo que queda
bien declarado en Hebreos 12:23-24
cuando leemos "a la congregación de los primogénitos que
están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a
los espíritus de los justos hechos perfectos, 24
a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada
que habla mejor que la de Abel."
Ahora, sé que seguramente algunos ya deben estar haciéndose
esa pregunta ¿por qué es necesario que sepamos esto? Es
necesario que mantengamos esto en mente porque al igual que
la iglesia de hoy, la iglesia en Roma estaba compuesta de
una gran diversidad de personas. Es decir estaba compuesta
de romanos, judíos, griegos, y demás. Esto significa que al
igual que hoy, existía una gran diversidad de costumbres,
tradiciones, y maneras de pensar. Todo esto tendrá más
sentido según continuemos nuestro estudio.
Lo primero que podemos encontrar en estos versículos que
estamos usando en el día de hoy, es que existe una gran
diferencia entre el perdón de Dios y el perdón humano. El
perdón de Dios es muy diferente al perdón humano porque el
perdón de Dios es incondicional. ¿Cuántos han escuchado esa
expresión, perdonar y olvidar? Creo firmemente que esa
expresión nació de cuando leemos aquí “Y nunca más me
acordaré de sus pecados é iniquidades.” Pero este
concepto de perdonar y olvidar es algo que se le hace muy
difícil a la mayoría de las personas. Una gran realidad es
que las palabras “te perdono” en muchas ocasiones fluyen con
facilidad de nuestra boca, pero olvidar lo que ha acontecido
raramente ocurre. ¿A cuantos le ha pasado algo similar? Es
extremadamente fácil decir “te perdono” pero es bien difícil
poder hacerlo de la misma manera que lo hace Dios. Digo esto
porque nosotros todos podemos decir que hemos perdonado una
ofensa, pero en la mayoría de los casos cuando a nuestra
memoria llega el incidente ocurrido, la primera reacción es
sentir el mismo dolor, o rencor e ira. Es por esa misma
razón que no es fuera de lo común como muchos cristianos
suelen decir lo que encontramos en
Éxodo 21:24 cuando leemos "ojo por ojo, diente por
diente, mano por mano, pie por pie." Yo diría que este
es el versículo mejor memorizado por toda persona, y
definitivamente es el mejor reconocido por el mundo. Pero
debemos preguntarnos, ¿provienen estos pensamientos y
sentimientos de Dios? La respuesta por supuesto es no.
Esa era la actitud de todo el que vivía bajo el pacto de la
ley, pero como se enfatiza en esta epístola, Jesucristo
estableció un nuevo pacto y ahora vivimos bajo el pacto de
la gracia. Es por esa razón que nunca podemos menospreciar
o ignorar lo que el Señor nos enseña acerca del perdón
cuando leemos Mateo 6:14-15
“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os
perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;
15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas,
tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” Y
aun más claro en Mateo 5:38-39
cuando leemos "Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y
diente por diente. 39 Pero yo os digo: No
resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera
en la mejilla derecha, vuélvele también la otra." En
realidad aquí no existe ni una palabra que pueda ser mal
interpretada o mal entendida. Dile al hermanos que tienes a
tu lado, pare ser perdonado hay que perdonar. Esta es la
condición del perdón, si no puedes perdonar, no serás
perdonado. Hermanos una gran realidad es que el perdón es
el elemento crucial de nuestra salvación. Así que como les
dije, estos pensamientos no provienen de Dios, sino del
demonio que desea separarnos de la presencia de Dios. Pero
el perdón no se detiene en solo perdonar a aquellos que nos
han ofendido, también tenemos que perdonarnos a nosotros
mismos. Yo no se cuantas veces he escuchado a personas
decir “lo que yo he hecho no tiene perdón de Dios.” Esto es
algo que el demonio mentiroso pone en tu mente; fíjense bien
como queda esto bien reflejado en
Apocalipsis 12:10 cuando leemos "Entonces oí una
gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la
salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la
autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el
acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de
nuestro Dios día y noche."
El demonio mentiroso pone pensamientos de ira,
remordimiento, y de rencor en la mente de las personas
porque desea que conduzcan una vida angustiada, triste, y
llenas de sufrimiento. Pero si a tu mente han llegado
estos pensamientos o cosas similares, te voy a decir algo.
Si has llegado a ante la presencia de Dios arrepentido
genuinamente, presta mucha atención porque Dios no solo te
ha perdonado, sino que también se ha olvidado de tu
trasgresión. Escucha hoy Su palabra que te dice “Y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” Es
por esa razón que cuando a nosotros lleguen esos
pensamientos de ira, rencor, y remordimiento, tenemos que
reconocerlo por lo que son. Son un ataque del enemigo para
separarnos de la presencia de Dios.
Te digo hoy, tú tienes autoridad para negarle al enemigo
esta avenida de ataque. Cuando lleguen estos pensamientos
átalos, repréndelos, y échalos fuera de tu vida en el nombre
de Jesús. Recuerda que Jesús no vino para acusarte, Él vino
a salvarte. Fíjense bien como lo dijo en
Lucas 18:11 cuando leemos "Porque
el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había
perdido."
Hasta ahora hemos cubierto cómo perdona Dios, la condición
del perdón, y a quien debemos perdonar, pero ¿cuanto debemos
perdonar?, y ¿qué significado tiene todo esto? La respuesta
a la primera pregunta es fácil de encontrar en lo que nos
enseña el Señor como encontramos en
Mateo 18:21-22 cuando leemos “Entonces se le
acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi
hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22
Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta
setenta veces siete.” ¿Qué nos deja saber esto? Esto
nos deja saber claramente que no podemos limitar nuestro
perdón. Pero esto es algo que solo se puede lograr cuando
existe el amor de Cristo en nuestro corazón. Yo vi un
documental hace un tiempo atrás acerca de un hombre que
había asesinado brutalmente al hijo único de una pareja de
ancianos. Este hombre había sido juzgado y encontrado
culpable del crimen. Pero esto en si no fue lo que me
impacto. Lo que me impacto fue que esta pareja había
perdonado a este hombre. Hermanos, esta pareja acudió al
juez el día de la sentencia, y le rogaron que no lo
condenaran al asesino a muerte. A causa de las suplicas de
esta pareja, el juez no condeno a este asesino a muerte,
sino le impuso una larga sentencia. Pero esperen un momento
porque esto se pone aun mejor. Después que todo fue
terminado y demás, esta pareja visito el asesino en la
prisión y le llevaron el mensaje de salvación. Les cuento
que este hombre malvado no solo acepto a Jesucristo como su
Rey y Salvador, sino ahora tiene un ministerio en la
prisión. ¿Cuántos dicen gloria a Dios? Hermanos esto es
algo que solo pudo suceder porque ellos tenían el amor de
Cristo en sus corazones. Solo cuando tenemos un amor
genuino de Cristo en nuestro corazón podemos perdonar
genuinamente.
Para concluir.
Nos queda la ultima pregunta, ¿qué quiere decir todo esto?
Reflexionemos en algo para contestar esta última pregunta.
¿Dónde estaríamos hoy si Dios no nos hubiese perdonado? No
creo que tengamos que pensar mucho en el asunto para poder
decir que estuviéramos completamente perdidos y sin
esperanza alguna de salvación, ya que la ley no nos puede
salvar. La ley tiene un lugar en nuestra vida, porque solo
a través de la ley conocimos lo que es pecado, pero la ley
no nos puede salvar ni justificarnos. Esto es algo que
queda bien reflejado en Romanos
3:20 cuando leemos "ya que por las obras de la ley
ningún ser humano será justificado delante de él; porque por
medio de la ley es el conocimiento del pecado." Dios
mando a su hijo unigénito para que muriera por nuestros
pecados como encontramos en Juan
3:16 cuando leemos “Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.”
Él nos ha perdonando todas nuestras ofensas y nos ha dado la
salvación que no nos merecemos. Fue solo a través de Su
gracia y amor que ahora podemos ser considerados justos ante
Dios. Quiero que ahora tomemos un momento y reflexionemos
en esta palabrita tan poderosa, reflexionemos en el perdón.
Pensemos en esos incidentes donde hemos encontrado difícil
el perdonar. Esos incidentes que no hemos podido olvidar.
Repasemos estos incidentes en nuestra mente y oremos por
esas personas a las que quizás les guardamos rencor, para
que Dios les envíe Su palabra y ellos también lleguen a
obtener convicción de sus acciones. La palabra nos declara
en Efesios 4:31 “Quítese
de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y
maledicencia y toda malicia. Antes sed benignos unos con
otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios
también os perdonó a vosotros en Cristo”. Recordemos
que la santidad de Dios es tan grande que no acepta ningún
pecado y a la hora de perdonarte no mide el tamaño de ellos,
Dios perdona y olvida el pecado de toda persona arrepentida,
y bendice a todo siervo fiel. No permitas que el demonio te
aparte de recibir esto. No permitas que el demonio te parte
de las bendición de Dios, sino en el día de hoy vamos a
perdonar y olvidar.
© Copyright José R. Hernández