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Obispo José R. Hernández

Cuando el fuego se enciende

Como les dije el jueves en la noche, necesitamos un avivamiento.  Necesitamos que muchos de nosotros dejemos de ser conformistas, que dejemos nuestra comodidad,  y que empecemos a obrar para el Señor tal como Él lo desea. ¿Cuántos desean cumplir con Dios en el día de hoy?  ¿Cuántos desean encender ese fuego que mora en nosotros a todo dar?  Las respuestas a estas dos preguntas siempre son positivas; todos decimos amen, pero en realidad, ¿sabemos a lo que le estamos diciendo amen?  Este es el tema que quiero que analicemos en el día de hoy.  Quiero que nos demos cuenta de lo que sucede una ves que ese fuego es encendido y arde con fuerza.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Hechos 28:1-6 - Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. 2 Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que caía, y del frío. 3 Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4 Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5 Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer y dijeron que era un dios. 

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros, es necesario hacer un breve repaso de historia.  Cuando leemos lo que estaba aconteciendo con Pablo antes de llegar a estos versículos que estaremos utilizando en el día de hoy, vemos que él era un prisionero en camino a Roma para ser juzgado por Cesar.  En el capitulo 25 encontramos que los principales sacerdotes y los judíos más influénciales se presentaron en su contra, y planeaban su muerte (Hechos 25:1-3).  También encontramos que aunque todos deseaban matarle, ninguno podía decir nada que justificara tal acción (Hechos 25:17-21).  Después vemos como en el capitulo 26 Pablo se defiende ante el rey Agripa, y su testimonio es uno que casi logra que el mismo rey se convierta al cristianismo (Hechos 26:28).  En si ellos no tenían nada porque detenerle, Pablo no había cometido ningún crimen (Hechos 26:30-31), él solo estaba cumpliendo con la misión que Jesús le había encargado, él estaba predicando el evangelio.  Pero al no comprometer su fe, al no negar a Cristo, al no faltarle a Dios, él ahora se encontraba prisionero en ese mundo de incredulidad y maldad.  Entonces más o menos llegamos a este punto en la historia; en los versículos que acabamos de leer encontramos que Pablo había sido enviado por el rey Agripa y luego a Roma para ser juzgado por el César.  Pero el viaje no fue nada fácil (Hechos 27:14), el barco fue azotado por fuertes tormentas y finalmente naufragaron en esta isla llamada Malta.  Aquí es donde ellos permanecerían por los próximos meses.  Ellos tuvieron que nadar desde el barco a la playa, ellos llegaron finalmente a la tierra, seguramente estaban agotados y sabemos que tenían frió.  Entonces vemos que fueron recibidos por los nativos, y que Pablo estaba en el proceso de encender un fuego.  Es aquí donde comienza nuestra lección en el día de hoy.   

Muchos dirían que esto que le paso a Pablo es demasiado; primero, fue hecho prisionero sin razón o delito; segundo, fue enviado a Roma para ser juzgado por Cesar; tercero, la embarcación donde iba se hundió y naufragaron en esta isla; cuarto, como si todo esto no fuera lo suficiente, el pobre hombre estaba en el proceso de encender un fuego para calentarse un poco, y de repente salio una víbora que se le prendió de la mano, ¿qué cosas verdad?   Cuando hacemos una comparación entre lo que le sucedió a Pablo en ese entonces y lo que esta sucediendo en las vidas de muchos hoy en día, encontraremos que existe un gran paralelo.  Tal como Pablo se encontró en esa isla, agotado, con frió, y con todas las demás necesidades, en el mundo existen numerosas personas que se encuentran igual.  Encontramos que existen numerosas personas que andan sin rumbo o dirección, encontramos que existen muchos que buscan la solución a ese vació que sienten en lugares no apropiados.  En lugares como las drogas, el alcohol, los vicios, la lascivia y la lujuria.   Pero lo triste de todo esto es que no solo se aplica al mundo, es decir a los no creyentes. 

Desdichadamente, con mucha frecuencia encontramos tales actitudes dentro del mismo Cuerpo de Cristo.  ¿Por qué sucede esto?  Estas cosas suceden dentro del Cuerpo de Cristo porque nosotros nos dejamos intimidar.  Fíjense bien lo que sucedió aquí: “Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le prendió en la mano”  Sin duda alguna todos podemos decir que lo que aconteció fue algo intimidante, huyendo del fuego una víbora se le prendió a Pablo de la mano, algo que no solamente estaba diseñado con el propósito de intimidar y alarmar, sino también de matar al siervo de Dios.  Esta es una táctica que nuestro enemigo continua utilizando en todo momento.  El fuego del Espíritu Santo, el fuego del avivamiento, comienza a arder con fervor en nosotros, pero de buenas a primeras salen esas víboras que nos atacan.  Al demonio no le importa cuando estamos frió, al demonio no le importa que nos sintamos indiferentes, no le importa que seamos complacientes, al demonio no le importa que dejemos pasar por alto las bendiciones de Dios, pero cuando el fuego del avivamiento llega a nosotros, cuando alimentamos el fuego consumidor del Espíritu Santo, el demonio tal como hizo con Pablo, nos atacara.  El demonio nos atacara con el propósito de matarnos; quiero detenerme aquí por unos segundos y aclarar algo.  Cuando digo matarnos, no me refiero a la muerte física porque Satanás no tiene potestad de matarnos físicamente, solo uno tiene potestad sobre la muerte y la vida y su nombre es Jesús (Apocalipsis 1:18), pero si lo permitimos, el demonio si nos puede matar espiritualmente cual es mucho peor. El enemigo si tiene potestad sobre las cosas de este mundo (Lucas 4:6), el enemigo si puede tentarnos a dejar los caminos y la voluntad de Dios ofreciéndonos placeres y deseos de la carne cuales son su reino aquí en la tierra; reino cual no es duradero, es más ya esta vencido (Apocalipsis 20:10).  Así que su ataque será con ese propósito en mente, será como el veneno de una víbora, veneno que matara nuestra relación con Dios.   

El veneno en nuestras vidas pueden ser muchas cosas; en el caso de Pablo leemos: “Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir.”  Claramente aquí vemos que el veneno de esta víbora es no muy diferente al de las víboras que andan prendiéndose de los creyentes hoy en día.  No es muy diferente al veneno que esta afectando la vida de muchas personas en el mundo y en la iglesia hoy en día.  ¿De que veneno les hablo? Les hablo del veneno del temor a lo que se pueda pensar de nosotros; este, en mi opinión, es el temor más grande que todos compartimos. Quiero que nos fijemos bien en algo aquí, inmediatamente que estas personas vieron que la víbora colgaba de la mano de Pablo, tal como leímos, ellos todos llegaron a su propias conclusión, ellos todos comentaron y los comentarios no fueron nada bueno.  En ese momento Pablo pudo haberse tomado la mano y llorar del dolor, el pudiera haber hecho que ellos le cogieran lastima, pero este no fue el caso.  Si en ese momento el no hubiese estado firme en su fe, entonces los comentarios lo hubieran detenido de continuar.  Pero nada de esto detuvo a Pablo, no lo que pudieran pensar o decir, no el dolor que pudiese haber sentido, la palabra nos dice: “Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño padeció.”  ¿Por qué pudo Pablo hacer esto?  La razón es fácil, lo pudo hacer porque él sabia en quien él había confiado.  Cuando confiamos en Dios y nos mantenemos fiel a Su palabra, Él no nos abandona (Juan 14:21; 1 Juan 3:24).  El enemigo no quiere que veamos esto, el enemigo quiere que pensemos que estamos solos, que no existe nada que podemos hacer, que no existe nadie quien nos pueda ayudar, pero reprendamos esto en el nombre poderoso de Jesús, atemos a esos demonios mentirosos que quieren envenenar nuestros pensamientos, que quieren envenenar nuestros espíritus.  Hagámoslo confiadamente sabiendo que tenemos la potestad de hacerlo (Lucas 10:19), sabiendo que no existe nada ni nadie más poderoso que nuestro salvador (Filipenses 2:9-11; 1 Pedro 3:21-22).  Cristo murió en la cruz por nosotros, Él murió en la cruz para que podamos ser liberados, en su muerte nosotros recibimos liberación, sanidad y paz (Mateo 8:17).  Él nos dejos el fuego del Espíritu Santo cual mora en todo creyente para que arrase con todo lo malo que existe en nosotros.  Pero de ese fuego huirán las víboras, y si no estamos atentos, esas víboras venenosas atacaran a los que nos rodean.  Esas víboras comenzaran a esparcir su veneno en nuestros hogares, familiares, hijos, hijas, esposos y esposas.  Si no nos mantenemos fuertes en Su Palabra, si no nos mantenemos fuerte en nuestra fe, entonces tarde o temprano el enemigo regresara, solo que esta ves será mucho mas fuerte el ataque (Mateo 12:43-45). 

Del fuego del Espíritu Santo tendrán que huir esas víboras y si no estamos prestando atención, si no estamos vigilando y orando, si no estamos completamente confiados en Cristo Jesús, entonces también se nos prenderán a nosotros de las manos.   

Para concluir.  Les pregunto, ¿te ha mordido la víbora de religiosidad, de desanimo, de impotencia, de complacencia, de indiferencia, de cobardía?   ¿Te has dejado intimidar por las víboras que han salido huyendo del fuego y andan a tu alrededor?  ¿Tienes una víbora prendida de tu mano en este momento?  Si has respondido que si a algunas de estas preguntas, para ti tengo muy buenas noticias en el día de hoy.  Hoy te digo que el mismo Dios que permitió que Pablo sacudiese esa víbora de su mano esta presente para que la sacudas de la tuya.  El veneno de una víbora es algo que en muchas ocasiones no mata a una persona instantáneamente, es algo que se tiene que dispersar por el cuerpo por unos minutos antes de que sea letal.  ¿Por qué les digo esto? Se los digo porque quizás llevemos un tiempo sufriendo con algo, quizás llevemos un tiempo sufriendo con una penita, raíz de amargura,  o espina clavada en nuestro corazón; quizás exista un veneno que se esta esparciendo en nuestras vidas, pero hoy Cristo te dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.Mateo 11:28-29.  Este es el Dios que nosotros servimos, el Dios que nos ama, el Dios que nos cuida, el Dios que nos ha perdonado (Colosenses 1:13-14).  El Señor mismo ha sido quien nos ha reconocido a cada uno de nosotros individualmente. Él ha llegado a nuestras vidas no por casualidad sino porque quiere pastorearnos hacia donde mejor le podemos servir (Salmos 40:1-3).  Quiere llevarnos hacia donde Él quiere que estemos  y tengamos la paz y el gozo de vivir en su Reino (Juan 14:27).  Él nos trajo juntos en el día de hoy con un propósito.  Nos trajo juntos en el día de hoy para que compartiéramos con Él.  Cuando buscamos de Dios, el Espíritu Santo nos cubre completamente.  Cuando buscamos de Dios, el espíritu Santo nos libera. ¡Sacude hoy esa víbora de tu mano!

© Copyright José R. Hernández

  

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Predicado: 9 de Febrero del 2003

email: José R. Hernández
 

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