Cuando el fuego se enciende
Como
les dije el jueves en la noche, necesitamos un avivamiento.
Necesitamos que muchos de nosotros dejemos de ser conformistas,
que dejemos nuestra comodidad, y que empecemos a obrar
para el Señor tal como Él lo desea. ¿Cuántos desean cumplir
con Dios en el día de hoy? ¿Cuántos desean encender
ese fuego que mora en nosotros a todo dar? Las respuestas
a estas dos preguntas siempre son positivas; todos decimos
amen, pero en realidad, ¿sabemos a lo que le estamos diciendo
amen? Este es el tema que quiero que analicemos en el día
de hoy. Quiero que nos demos cuenta de lo que sucede una
ves que ese fuego es encendido y arde con fuerza. Pasemos
ahora a la Palabra de Dios.
Hechos
28:1-6
- Estando ya a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. 2
Y los naturales nos trataron con no poca humanidad; porque
encendiendo un fuego, nos recibieron a todos, a causa de la
lluvia que caía, y del frío. 3 Entonces, habiendo
recogido Pablo algunas ramas secas, las echó al fuego; y una víbora,
huyendo del calor, se le prendió en la mano. 4
Cuando los naturales vieron la víbora colgando de su mano, se
decían unos a otros: Ciertamente este hombre es homicida, a
quien, escapado del mar, la justicia no deja vivir. 5
Pero él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún daño
padeció. 6 Ellos estaban esperando que él se
hinchase, o cayese muerto de repente; mas habiendo esperado
mucho, y viendo que ningún mal le venía, cambiaron de parecer
y dijeron que era un dios.
Como
siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que
Dios tiene para nosotros, es necesario hacer un breve repaso de
historia. Cuando leemos lo que estaba aconteciendo con
Pablo antes de llegar a estos versículos que estaremos
utilizando en el día de hoy, vemos que él era un prisionero
en camino a Roma para ser juzgado por Cesar. En el
capitulo 25 encontramos que los principales sacerdotes y los
judíos más influénciales se presentaron en su contra, y
planeaban su muerte (Hechos 25:1-3).
También encontramos que aunque todos deseaban matarle, ninguno
podía decir nada que justificara tal acción (Hechos
25:17-21). Después vemos como en el capitulo 26
Pablo se defiende ante el rey Agripa, y su testimonio es uno
que casi logra que el mismo rey se convierta al
cristianismo (Hechos
26:28). En si ellos no tenían nada porque
detenerle, Pablo no había cometido ningún crimen (Hechos
26:30-31), él solo estaba cumpliendo con la misión que
Jesús le había encargado, él estaba predicando el evangelio.
Pero al no comprometer su fe, al no negar a Cristo, al no
faltarle a Dios, él ahora se encontraba prisionero en ese
mundo de incredulidad y maldad. Entonces más o menos
llegamos a este punto en la historia; en los versículos que
acabamos de leer encontramos que Pablo había sido enviado por
el rey Agripa y luego a Roma para ser juzgado por el César.
Pero el viaje no fue nada fácil (Hechos
27:14), el barco fue azotado por fuertes tormentas y
finalmente naufragaron en esta isla llamada Malta. Aquí
es donde ellos permanecerían por los próximos meses.
Ellos tuvieron que nadar desde el barco a la playa, ellos
llegaron finalmente a la tierra, seguramente estaban agotados y
sabemos que tenían frió. Entonces vemos que fueron
recibidos por los nativos, y que Pablo estaba en el proceso de
encender un fuego. Es aquí donde comienza nuestra lección
en el día de hoy.
Muchos
dirían que esto que le paso a Pablo es demasiado; primero, fue
hecho prisionero sin razón o delito; segundo, fue enviado a
Roma para ser juzgado por Cesar; tercero, la embarcación donde
iba se hundió y naufragaron en esta isla; cuarto, como si todo
esto no fuera lo suficiente, el pobre hombre estaba en el
proceso de encender un fuego para calentarse un poco, y de
repente salio una víbora que se le prendió de la mano, ¿qué
cosas verdad? Cuando hacemos una comparación entre
lo que le sucedió a Pablo en ese entonces y lo que esta
sucediendo en las vidas de muchos hoy en día, encontraremos
que existe un gran paralelo. Tal como Pablo se encontró
en esa isla, agotado, con frió, y con todas las demás
necesidades, en el mundo existen numerosas personas que se
encuentran igual. Encontramos que existen numerosas
personas que andan sin rumbo o dirección, encontramos que
existen muchos que buscan la solución a ese vació que sienten
en lugares no apropiados. En lugares como las drogas, el
alcohol, los vicios, la lascivia y la lujuria. Pero
lo triste de todo esto es que no solo se aplica al mundo, es
decir a los no creyentes.
Desdichadamente,
con mucha frecuencia encontramos tales actitudes dentro del
mismo Cuerpo de Cristo. ¿Por qué sucede esto?
Estas cosas suceden dentro del Cuerpo de Cristo porque nosotros
nos dejamos intimidar. Fíjense bien lo que sucedió aquí:
“Entonces, habiendo recogido Pablo algunas ramas secas,
las echó al fuego; y una víbora, huyendo del calor, se le
prendió en la mano” Sin duda alguna todos podemos
decir que lo que aconteció fue algo intimidante, huyendo del
fuego una víbora se le prendió a Pablo de la mano, algo que
no solamente estaba diseñado con el propósito de intimidar y
alarmar, sino también de matar al siervo de Dios. Esta
es una táctica que nuestro enemigo continua utilizando en todo
momento. El fuego del Espíritu Santo, el fuego del
avivamiento, comienza a arder con fervor en nosotros, pero de
buenas a primeras salen esas víboras que nos atacan. Al
demonio no le importa cuando estamos frió, al demonio no le
importa que nos sintamos indiferentes, no le importa que seamos
complacientes, al demonio no le importa que dejemos pasar por
alto las bendiciones de Dios, pero cuando el fuego del
avivamiento llega a nosotros, cuando alimentamos el fuego
consumidor del Espíritu Santo, el demonio tal como hizo con
Pablo, nos atacara. El demonio nos atacara con el propósito
de matarnos; quiero detenerme aquí por unos segundos y aclarar
algo. Cuando digo matarnos, no me refiero a la muerte física
porque Satanás no tiene potestad de matarnos físicamente,
solo uno tiene potestad sobre la muerte y la vida y su nombre
es Jesús (Apocalipsis 1:18),
pero si lo permitimos, el demonio si nos puede matar
espiritualmente cual es mucho peor. El enemigo si tiene
potestad sobre las cosas de este mundo (Lucas
4:6), el enemigo si puede tentarnos a dejar los caminos
y la voluntad de Dios ofreciéndonos placeres y deseos de la
carne cuales son su reino aquí en la tierra; reino cual no es
duradero, es más ya esta vencido (Apocalipsis
20:10). Así que su ataque será con ese propósito
en mente, será como el veneno de una víbora, veneno que
matara nuestra relación con Dios.
El
veneno en nuestras vidas pueden ser muchas cosas; en el caso de
Pablo leemos: “Cuando los naturales vieron la víbora
colgando de su mano, se decían unos a otros: Ciertamente este
hombre es homicida, a quien, escapado del mar, la justicia no
deja vivir.” Claramente aquí vemos que el veneno
de esta víbora es no muy diferente al de las víboras que
andan prendiéndose de los creyentes hoy en día. No es
muy diferente al veneno que esta afectando la vida de muchas
personas en el mundo y en la iglesia hoy en día. ¿De
que veneno les hablo? Les hablo del veneno del temor a lo que
se pueda pensar de nosotros; este, en mi opinión, es el temor
más grande que todos compartimos. Quiero que nos fijemos bien
en algo aquí, inmediatamente que estas personas vieron que la
víbora colgaba de la mano de Pablo, tal como leímos, ellos
todos llegaron a su propias conclusión, ellos todos comentaron
y los comentarios no fueron nada bueno. En ese momento
Pablo pudo haberse tomado la mano y llorar del dolor, el
pudiera haber hecho que ellos le cogieran lastima, pero este no
fue el caso. Si en ese momento el no hubiese estado firme
en su fe, entonces los comentarios lo hubieran detenido de
continuar. Pero nada de esto detuvo a Pablo, no lo que
pudieran pensar o decir, no el dolor que pudiese haber sentido,
la palabra nos dice: “Pero él, sacudiendo la víbora en
el fuego, ningún daño padeció.” ¿Por qué pudo
Pablo hacer esto? La razón es fácil, lo pudo hacer
porque él sabia en quien él había confiado. Cuando
confiamos en Dios y nos mantenemos fiel a Su palabra, Él no
nos abandona (Juan 14:21; 1
Juan 3:24). El enemigo no quiere que veamos esto,
el enemigo quiere que pensemos que estamos solos, que no existe
nada que podemos hacer, que no existe nadie quien nos pueda
ayudar, pero reprendamos esto en el nombre poderoso de Jesús,
atemos a esos demonios mentirosos que quieren envenenar
nuestros pensamientos, que quieren envenenar nuestros espíritus.
Hagámoslo confiadamente sabiendo que tenemos la potestad de
hacerlo (Lucas 10:19), sabiendo
que no existe nada ni nadie más poderoso que nuestro salvador
(Filipenses 2:9-11; 1
Pedro 3:21-22). Cristo
murió en la cruz por nosotros, Él murió en la cruz para que
podamos ser liberados, en su muerte nosotros recibimos liberación,
sanidad y paz (Mateo 8:17).
Él nos dejos el fuego del Espíritu Santo cual mora en
todo creyente para que arrase con todo lo malo que existe en
nosotros. Pero de ese fuego huirán las víboras, y si no
estamos atentos, esas víboras venenosas atacaran a los que nos
rodean. Esas víboras comenzaran a esparcir su veneno en
nuestros hogares, familiares, hijos, hijas, esposos y esposas.
Si no nos mantenemos fuertes en Su Palabra, si no nos
mantenemos fuerte en nuestra fe, entonces tarde o temprano el
enemigo regresara, solo que esta ves será mucho mas fuerte el
ataque (Mateo 12:43-45).
Del
fuego del Espíritu Santo tendrán que huir esas víboras y si
no estamos prestando atención, si no estamos vigilando y
orando, si no estamos completamente confiados en Cristo Jesús,
entonces también se nos prenderán a nosotros de las manos.
Para
concluir.
Les pregunto, ¿te ha mordido la víbora de religiosidad, de
desanimo, de impotencia, de complacencia, de indiferencia, de
cobardía? ¿Te has dejado intimidar por las víboras
que han salido huyendo del fuego y andan a tu alrededor?
¿Tienes una víbora prendida de tu mano en este momento?
Si has respondido que si a algunas de estas preguntas, para ti
tengo muy buenas noticias en el día de hoy. Hoy te digo
que el mismo Dios que permitió que Pablo sacudiese esa víbora
de su mano esta presente para que la sacudas de la tuya.
El veneno de una víbora es algo que en muchas ocasiones no
mata a una persona instantáneamente, es algo que se tiene que
dispersar por el cuerpo por unos minutos antes de que sea
letal. ¿Por qué les digo esto? Se los digo porque quizás
llevemos un tiempo sufriendo con algo, quizás llevemos un
tiempo sufriendo con una penita, raíz de amargura, o
espina clavada en nuestro corazón; quizás exista un veneno
que se esta esparciendo en nuestras vidas, pero hoy Cristo te
dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y
cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo
sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30
porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo
11:28-29. Este es el Dios que nosotros servimos,
el Dios que nos ama, el Dios que nos cuida, el Dios que nos ha
perdonado (Colosenses 1:13-14).
El Señor mismo ha sido quien nos ha reconocido a cada uno de
nosotros individualmente. Él ha llegado a nuestras vidas no
por casualidad sino porque quiere pastorearnos hacia donde
mejor le podemos servir (Salmos 40:1-3).
Quiere llevarnos hacia donde Él quiere que estemos y
tengamos la paz y el gozo de vivir en su Reino (Juan
14:27). Él nos trajo juntos en el día de hoy con
un propósito. Nos trajo juntos en el día de hoy para
que compartiéramos con Él. Cuando buscamos de Dios, el
Espíritu Santo nos cubre completamente. Cuando buscamos
de Dios, el espíritu Santo nos libera. ¡Sacude hoy esa víbora
de tu mano!
© Copyright José R. Hernández