Estoy
seguro que todos nosotros hemos escuchado este refrán en
varias ocasiones, ya que describe muy bien de la manera que el
hombre piensa. Desdichadamente tomar las cosas por fe no
es algo común en el mundo, las personas siempre desean
prueba, desean algo sólido en que basar una decisión, desean
primero tener algo tangible, y es por eso que en muchas
ocasiones se le hace un poco difícil al Cristiano el
evangelizar. Digo que se nos hace difícil evangelizar
porque nuestra manera de pensar y ver las cosas es muy
diferente a la manera que lo ve el mundo. Nosotros
vivimos y servimos a Dios por fe, y esto es algo que muchos no
pueden entender, y demandan prueba. Demandan ver para
creer, y es de esto mismo que deseo hablarles en el día de
hoy, ya que esto no es un problema nuevo. Esta forma de
pensar y ser es algo que ha existido desde el principio.
Pasemos ahora a la Palabra de Dios y veamos un ejemplo de lo
que les hablo.
Juan
9:35-39 - Oyó Jesús que le
habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el
Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién
es, Señor, para que crea en él? 37 Le dijo Jesús:
Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38
Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39 Dijo Jesús:
Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no
ven, vean, y los que ven, sean cegados.
Para
tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para
nosotros en el día de hoy, y para poder entender bien lo que
esta aconteciendo aquí, nos será necesario hacer un pequeño
repaso de este capitulo. Hagamos ahora un repaso, pero a
la misma vez hagamos un contraste con lo sucedido en ese
entonces y lo que sucede en nuestra vida hoy en día.
Cuando repasamos el capitulo desde el inicio encontramos que
existía un grupo de personas con el mismo problema del cual
les hable; encontramos que existía un grupo de personas que
tenían que ver para creer. Aunque este es un problema
bien serio en si, el problema en este caso es mucho mayor.
El problema es mucho mayor porque este grupo de personas
fueron testigos del milagro de Jesús en este instante, pero
aunque habían visto aun no creían (Juan
9:6-10.) Este es un problema que como les dije
podemos encontrar a nuestro alrededor. Cuando un
Cristiano testifica del poder de Dios, cuando un Cristiano
testifica de la misericordia y gracia de Dios, la primera
reacción que siempre encuentra es que no es creído (Juan
9:18-21.) La primera reacción que las personas
tienen es dudar de lo que se esta testificando, tal como en el
caso de este hombre. La segunda reacción que
encontramos con frecuencia es la acusación (Juan
9:24.) En este caso Jesús fue acusado de ser
pecador, y el hombre de no ser ciego. En el caso del
creyente el mundo utiliza nuestro pasado para con el acusarnos
y desacreditarnos; es por eso que les he dicho en numerosas
ocasiones que nuestro testimonio tiene que ser limpio, ya que
nuestro testimonio habla más que nuestras palabras.
Cuando
mantenemos nuestra posición, cuando defendemos nuestra
creencia, con frecuencia perdemos amistades, familiares, y
compañeros de trabajo y demás. Este mismo fue el caso
en este instante, este hombre por mantener su posición fue
expulsado de la sinagoga (Juan
9:31-34.) A primera vista el ser expulsado de la
sinagoga puede lucir como algo sin importancia, pero
recordemos que en ese entonces las cosas no eran como hoy en día.
En ese entonces no existían iglesias en todas las esquinas
como podemos encontrar hoy. Ser expulsado de la sinagoga
llevaba implicaciones pesadas; ser expulsado forzaba a la
comunidad que le evitara. Ser expulsado significaba que la
persona había perdido todos los privilegios a la adoración
en la sinagoga, tanto como todos los privilegios del sistema
de sacrificios. En otras palabras, el ser expulsado de la
sinagoga significaba que la persona ya no tendría disponible
ningún medio de encontrar el perdón del pecado.
Nosotros no seremos expulsados de una sinagoga como fue este
hombre, pero como les dije, si seremos expulsados de algunos círculos
sociales (amistades, familiares, compañeros de trabajo)
cuando mantenemos nuestra posición y nos paramos firmes en la
fe. No perderemos el privilegio del perdón del pecado,
ya que esto es algo que no se logra a través de sacrificios o
rituales, esto es algo que es derramado sobre todo creyente
por obra y gracia de Dios, pero si que duele perder a un
familiar o a un amigo(a) de muchos años, ¿verdad? Con
estas cosas en mente continuemos nuestro estudio de hoy.
Así
que aquí tenemos a este hombre que por mucho tiempo estuvo
incapacitado, por mucho tiempo estuvo ciego y a la merced de
los que le rodeaban; dependía de la bondad del mundo para
sobrevivir, pero ahora un milagro había sucedido y finalmente
había recibido una liberación. Ahora el no tendría
que depender más de otros, él ahora podría valerse por si
mismo, pero esta liberación tenia un precio adjunto.
Este hombre ahora seria rechazado por todos aquellos que una
vez le ayudaron. Ciertamente podemos deducir que fue en
uno de los momentos más difíciles de su vida que Cristo
llego a él. Preguntémonos ahora, ¿estamos pasando por
momentos difíciles? Como les dije al
inicio, muchos demandan ver para poder creer, pero ahora les
digo que para ver, primero tenemos que creer.
Fíjense
bien lo que sucedió aquí, “Oyó Jesús que le habían
expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de
Dios?” No tendremos que mirar muy lejos y
encontraremos que existen muchas personas que se encuentran
atravesando por momentos difíciles; encontraremos que existen
personas que se encuentran atravesando por situaciones
atormentadoras, y que han buscado o están buscando una solución
pero no la pueden encontrar. La razón por la cual no la
pueden encontrar es porque no pueden creer que la solución
sea una cosa tan simple como creer en el Hijo de Dios.
Esto es algo que ciertamente se aplica a todos aquellos que
aun no conocen a Cristo como su rey y salvador personal, pero
desafortunadamente también se aplica a muchos creyentes.
Jesús aquí le hizo una pregunta muy importante a este
hombre, Él le pregunto “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”
Esta es una pregunta que todos debemos hacernos porque no es
una simple pregunta, esta pregunta es mucho más profunda;
esta pregunta es una que nos fuerza a examinar nuestra posición
espiritual, esta pregunta nos fuerza a examinar nuestra fe.
Muchos conocemos los principios básicos de Jesús; conocemos
que Jesús entrego Su vida en rescate por el mundo (Juan
3:16), conocemos que Él intercede por el pecador ante
el Padre (1 Timoteo 2:5),
conocemos Él es el Hijo de Dios (Mateo
3:16-17), pero la pregunta persiste, “¿crees tú
en el Hijo de Dios?” Cuando esta pregunta fue
hecha a este hombre seguramente él ya había escuchado acerca
de las enseñanzas de Jesús, seguramente él ya había
escuchado que muchos le llamaban un profeta (Juan
6:14; 7:40), mientras
que los religiosos de ese tiempo le llamaban maestro (Juan
8:3-4); seguramente el ya había escuchado a los
religiosos de ese tiempo hablar de este hombre que clamaba ser
enviado por Dios (Juan 6:37-39;
7:15-16; 7:28-29.)
Así que podemos estar seguros de que este hombre tenía
conocimientos básicos acerca de Jesús, pero él no le conocía.
Evidencia de esto que les acabo de decir es de la manera que
este hombre contesto esa pregunta; aquí encontramos que él
dijo: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”
Ahora,
quiero que nos fijemos bien en lo que aconteció próximamente.
En estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy
leemos: “Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que
habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor;
y le adoró.” Aquí vemos que Jesús se le revela
a este hombre, e inmediatamente él creyó y le adoro.
Este hombre tenía un conocimiento acerca de Jesús, pero
ahora creía verdaderamente en Jesús. El ahora creía
en la obra de Jesús y le reconocía por quien Él era.
Aquí encontramos un principio muy importante, aquí
encontramos que Jesús puede ser la diferencia en la vida de
toda persona. Este hombre estaba ciego, este hombre había
nacido ciego, pero ahora él podía ver. Hermanos,
cuando verdaderamente creemos en Jesús, Él puede ser y en
toda ocasión es la diferencia en nuestra vida. Para los
ojos ciegos, Él es la diferencia. Existen muchos en el
pueblo de Dios que tienen un conocimiento básico acerca de
Jesús, pero desdichadamente no pueden ver la diferencia que
Él puede ser. El demonio ciega a muchos creyentes para
que no puedan ver que solamente Jesús es la solución a las
dificultades en los hogares. El demonio ciega a muchos
creyentes para que no puedan ver que solamente Jesús es la
solución a las preocupaciones. Como les dije, en
toda situación Jesús puede ser y es la diferencia a todo
obstáculo que debemos superar. Cuando Jesús se le
revelo a este hombre, su fe inmediatamente progreso a un nivel
más alto, él paso de ser uno más que conocía acerca de Él
a ser un verdadero creyente en Él. Ahora te pregunto,
¿se ha revelado Jesús en tu vida? Quizás algunos
digan que no, pero te digo en el día de hoy que Jesús se nos
ha revelado a todos aquí.
La
razón por la cual algunos contestaran que no es porque no le
pueden ver. Ahora fijémonos bien en la respuesta de Jesús,
aquí Él nos dice: “Dijo Jesús: Para juicio he venido
yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven,
sean cegados.” Esto aquí nos puede sonar como un
traba lengua, pero en reliada no lo es. Aquí Jesús
esta usando la ceguera para ilustrar la condición espiritual
que el pecado trae a la vida de las personas. Como
les he dicho en numerosas ocasiones, el hombre en muchas
ocasiones justifica el pecado en su mente, el hombre pretende
conocer la mente de Dios, y muchos perseveran en el pecado
pensando que Dios esta con ellos, pero esto no es la verdad.
En el mundo existen muchas personas que piensan que pase lo
que pase o hagan lo que hagan, Dios esta con ellos.
Existen muchas personas que piensan que una vez que aceptaron
a Cristo pueden continuar pecando y que Dios les guía y los
bendice en todo momento. Esta es la mentira más grande
que existe (Romanos 6:1-2.)
La mayor causa por la cual muchas personas caen en esta trampa
es porque han escuchado de Cristo, pero no conocen a Cristo.
Cuando conocemos a Cristo, cuando tomamos el tiempo para
conocer a Dios, no tendremos que buscar mucho antes de poder
encontrar la verdad; la verdad siendo que no podemos decir que
servimos a Dios si continuamos en el pecado. No podemos
servir a Dios si vivimos en pecado (1
Corintios 10:21-23.) Los religiosos de ese tiempo
pensaban conocer la mente de Dios, pero ellos estaban bien
lejos de la verdad. Digo esto porque ellos rehusaron
reconocer que ellos eran pecadores (Mateo
23:27-28;) los religiosos rehusaban ver la verdad
acerca de ellos mismos. Ellos estaban ciegos
espiritualmente; aunque tenían prueba del milagro que Jesús
había hecho, ellos no pudieron verlo por lo que era, un
milagro hecho por el Hijo de Dios. Ellos no eran ciegos,
ellos tenían la luz del mundo frente a ellos (Juan
8:12), pero aunque esa luz resplandecía, ellos no la
podían ver. Sin embargo, aquel hombre que había nacido
ciego, aquel hombre quien había estado a la merced de
aquellos que le rodeaban, aquel hombre que andaba en una
oscuridad completa, él si vio esa luz que alumbra al mundo.
Este hombre no solamente pudo ver, lo que le rodeaba, ahora
vio al hijo de Dios. “Para que los que no ven, vean”
a esto vino Cristo al mundo, a llamar a todos aquellos que se
encuentran en la oscuridad a la luz; para darle vista a todos
aquellos que viven cegados por el pecado.
Para
concluir. ¿Qué vio
este hombre cuando recupero su vista? Él vio a un amigo
cuando todos los demás le rechazaban. Los religiosos de
ese entonces le rechazaron y lo expulsaron de la sinagoga.
Vio que sus propios padres no le ayudaron por temor a lo que
les podía suceder a ellos. Vio que los vecinos y
amistades que una vez le habían ayudado no le recocían (Juan
9:8.) Vio todo esto porque la ceguera fue
levantada de sus ojos, y ahora veía la luz que alumbra al
mundo. ¿Qué vio este hombre? Él vio la gracia
de Dios, en una situación desesperada. Él vio la
compasión de Dios en momentos de dificultad. Él vio
que la salvación existía en una persona, y no en una
institución o religión (Juan
5:39-40.) Como les dije al inicio, en ocasiones
al creyente se le hace difícil testificar de Dios porque el
mundo demanda prueba; el mundo demanda ver para creer.
Pero si no podemos ser creídos, entonces reconozcamos eso por
lo que es, una indicación de peligro. Digo esto
porque cuando verdaderamente creemos en Cristo, cuando
verdaderamente nos entregamos a Él, entonces es imposible que
aquellos que nos rodean no le vean en todo lo que hacemos y
somos. Cuando verdaderamente nos entregamos a Él, y a
Él adoramos, entonces nuestra vida deja de ser como era, y la
gloria de Dios es reflejada en todo. Ahora te pregunto,
¿puedes ver tú, o estás ciego? ¿Puedes ver la
misericordia, gracia, y amor de Dios en tu vida, o estas
cegado en las tinieblas del pecado? ¿Necesitas ver para
creer? Te digo hoy, primero necesitas creer para poder
ver. ¿Quieres ver hoy la gracia, misericordia y amor de
Dios en tu vida? Entonces cree en Cristo como tu Rey y
Salvador, y adórale.