Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

Ceguera espiritual

Existe un refrán muy popular y ese es “hay que ver para creer.”  ¿Lo ha escuchado alguien alguna vez? 

Estoy seguro que todos nosotros hemos escuchado este refrán en varias ocasiones, ya que describe muy bien de la manera que el hombre piensa.  Desdichadamente tomar las cosas por fe no es algo común en el mundo, las personas siempre desean prueba, desean algo sólido en que basar una decisión, desean primero tener algo tangible, y es por eso que en muchas ocasiones se le hace un poco difícil al Cristiano el evangelizar.  Digo que se nos hace difícil evangelizar porque nuestra manera de pensar y ver las cosas es muy diferente a la manera que lo ve el mundo.  Nosotros vivimos y servimos a Dios por fe, y esto es algo que muchos no pueden entender, y demandan prueba.  Demandan ver para creer, y es de esto mismo que deseo hablarles en el día de hoy, ya que esto no es un problema nuevo.  Esta forma de pensar y ser es algo que ha existido desde el principio.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios y veamos un ejemplo de lo que les hablo. 

Juan 9:35-39 - Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró. 39 Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados. 

Para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, y para poder entender bien lo que esta aconteciendo aquí, nos será necesario hacer un pequeño repaso de este capitulo.  Hagamos ahora un repaso, pero a la misma vez hagamos un contraste con lo sucedido en ese entonces y lo que sucede en nuestra vida hoy en día.  Cuando repasamos el capitulo desde el inicio encontramos que existía un grupo de personas con el mismo problema del cual les hable; encontramos que existía un grupo de personas que tenían que ver para creer.  Aunque este es un problema bien serio en si, el problema en este caso es mucho mayor.  El problema es mucho mayor porque este grupo de personas fueron testigos del milagro de Jesús en este instante, pero aunque habían visto aun no creían (Juan 9:6-10.)  Este es un problema que como les dije podemos encontrar a nuestro alrededor.  Cuando un Cristiano testifica del poder de Dios, cuando un Cristiano testifica de la misericordia y gracia de Dios, la primera reacción que siempre encuentra es que no es creído (Juan 9:18-21.)  La primera reacción que las personas tienen es dudar de lo que se esta testificando, tal como en el caso de este hombre.  La segunda reacción que encontramos con frecuencia es la acusación (Juan 9:24.)  En este caso Jesús fue acusado de ser pecador, y el hombre de no ser ciego.  En el caso del creyente el mundo utiliza nuestro pasado para con el acusarnos y desacreditarnos; es por eso que les he dicho en numerosas ocasiones que nuestro testimonio tiene que ser limpio, ya que nuestro testimonio habla más que nuestras palabras.  

Cuando mantenemos nuestra posición, cuando defendemos nuestra creencia, con frecuencia perdemos amistades, familiares, y compañeros de trabajo y demás.  Este mismo fue el caso en este instante, este hombre por mantener su posición fue expulsado de la sinagoga (Juan 9:31-34.)  A primera vista el ser expulsado de la sinagoga puede lucir como algo sin importancia, pero recordemos que en ese entonces las cosas no eran como hoy en día.  En ese entonces no existían iglesias en todas las esquinas como podemos encontrar hoy.  Ser expulsado de la sinagoga llevaba implicaciones pesadas; ser expulsado forzaba a la comunidad que le evitara. Ser expulsado significaba que la persona había perdido todos los privilegios a la adoración en la sinagoga, tanto como todos los privilegios del sistema de sacrificios. En otras palabras, el ser expulsado de la sinagoga significaba que la persona ya no tendría disponible ningún medio de encontrar el perdón del pecado.  Nosotros no seremos expulsados de una sinagoga como fue este hombre, pero como les dije, si seremos expulsados de algunos círculos sociales (amistades, familiares, compañeros de trabajo) cuando mantenemos nuestra posición y nos paramos firmes en la fe.  No perderemos el privilegio del perdón del pecado, ya que esto es algo que no se logra a través de sacrificios o rituales, esto es algo que es derramado sobre todo creyente por obra y gracia de Dios, pero si que duele perder a un familiar o a un amigo(a) de muchos años, ¿verdad?  Con estas cosas en mente continuemos nuestro estudio de hoy. 

Así que aquí tenemos a este hombre que por mucho tiempo estuvo incapacitado, por mucho tiempo estuvo ciego y a la merced de los que le rodeaban; dependía de la bondad del mundo para sobrevivir, pero ahora un milagro había sucedido y finalmente había recibido una liberación.  Ahora el no tendría que depender más de otros, él ahora podría valerse por si mismo, pero esta liberación tenia un precio adjunto.  Este hombre ahora seria rechazado por todos aquellos que una vez le ayudaron.  Ciertamente podemos deducir que fue en uno de los momentos más difíciles de su vida que Cristo llego a él.  Preguntémonos ahora, ¿estamos pasando por momentos difíciles?    Como les dije al inicio, muchos demandan ver para poder creer, pero ahora les digo que para ver, primero tenemos que creer. 

Fíjense bien lo que sucedió aquí, “Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?”  No tendremos que mirar muy lejos y encontraremos que existen muchas personas que se encuentran atravesando por momentos difíciles; encontraremos que existen personas que se encuentran atravesando por situaciones atormentadoras, y que han buscado o están buscando una solución pero no la pueden encontrar.  La razón por la cual no la pueden encontrar es porque no pueden creer que la solución sea una cosa tan simple como creer en el Hijo de Dios.  Esto es algo que ciertamente se aplica a todos aquellos que aun no conocen a Cristo como su rey y salvador personal, pero desafortunadamente también se aplica a muchos creyentes.  Jesús aquí le hizo una pregunta muy importante a este hombre, Él le pregunto “¿Crees tú en el Hijo de Dios?”  Esta es una pregunta que todos debemos hacernos porque no es una simple pregunta, esta pregunta es mucho más profunda; esta pregunta es una que nos fuerza a examinar nuestra posición espiritual, esta pregunta nos fuerza a examinar nuestra fe.  Muchos conocemos los principios básicos de Jesús; conocemos que Jesús entrego Su vida en rescate por el mundo (Juan 3:16), conocemos que Él intercede por el pecador ante el Padre (1 Timoteo 2:5), conocemos Él es el Hijo de Dios (Mateo 3:16-17), pero la pregunta persiste, “¿crees tú en el Hijo de Dios?”  Cuando esta pregunta fue hecha a este hombre seguramente él ya había escuchado acerca de las enseñanzas de Jesús, seguramente él ya había escuchado que muchos le llamaban un profeta (Juan 6:14; 7:40), mientras que los religiosos de ese tiempo le llamaban maestro (Juan 8:3-4); seguramente el ya había escuchado a los religiosos de ese tiempo hablar de este hombre que clamaba ser enviado por Dios (Juan 6:37-39; 7:15-16; 7:28-29.)  Así que podemos estar seguros de que este hombre tenía conocimientos básicos acerca de Jesús, pero él no le conocía.  Evidencia de esto que les acabo de decir es de la manera que este hombre contesto esa pregunta; aquí encontramos que él dijo: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?”   

Ahora, quiero que nos fijemos bien en lo que aconteció próximamente.  En estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.”  Aquí vemos que Jesús se le revela a este hombre, e inmediatamente él creyó y le adoro.  Este hombre tenía un conocimiento acerca de Jesús, pero ahora creía verdaderamente en Jesús.  El ahora creía en la obra de Jesús y le reconocía por quien Él era.  Aquí encontramos un principio muy importante, aquí encontramos que Jesús puede ser la diferencia en la vida de toda persona.  Este hombre estaba ciego, este hombre había nacido ciego, pero ahora él podía ver.  Hermanos, cuando verdaderamente creemos en Jesús, Él puede ser y en toda ocasión es la diferencia en nuestra vida.  Para los ojos ciegos, Él es la diferencia.  Existen muchos en el pueblo de Dios que tienen un conocimiento básico acerca de Jesús, pero desdichadamente no pueden ver la diferencia que Él puede ser.  El demonio ciega a muchos creyentes para que no puedan ver que solamente Jesús es la solución a las dificultades en los hogares.  El demonio ciega a muchos creyentes para que no puedan ver que solamente Jesús es la solución a las preocupaciones.   Como les dije, en toda situación Jesús puede ser y es la diferencia a todo obstáculo que debemos superar.  Cuando Jesús se le revelo a este hombre, su fe inmediatamente progreso a un nivel más alto, él paso de ser uno más que conocía acerca de Él a ser un verdadero creyente en Él.  Ahora te pregunto, ¿se ha revelado Jesús en tu vida?  Quizás algunos digan que no, pero te digo en el día de hoy que Jesús se nos ha revelado a todos aquí. 

La razón por la cual algunos contestaran que no es porque no le pueden ver.  Ahora fijémonos bien en la respuesta de Jesús, aquí Él nos dice: “Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados.”  Esto aquí nos puede sonar como un traba lengua, pero en reliada no lo es.  Aquí Jesús esta usando la ceguera para ilustrar la condición espiritual que el pecado trae a la vida de las personas.   Como les he dicho en numerosas ocasiones, el hombre en muchas ocasiones justifica el pecado en su mente, el hombre pretende conocer la mente de Dios, y muchos perseveran en el pecado pensando que Dios esta con ellos, pero esto no es la verdad.  En el mundo existen muchas personas que piensan que pase lo que pase o hagan lo que hagan, Dios esta con ellos.  Existen muchas personas que piensan que una vez que aceptaron a Cristo pueden continuar pecando y que Dios les guía y los bendice en todo momento.  Esta es la mentira más grande que existe (Romanos 6:1-2.)  La mayor causa por la cual muchas personas caen en esta trampa es porque han escuchado de Cristo, pero no conocen a Cristo.  Cuando conocemos a Cristo, cuando tomamos el tiempo para conocer a Dios, no tendremos que buscar mucho antes de poder encontrar la verdad; la verdad siendo que no podemos decir que servimos a Dios si continuamos en el pecado.  No podemos servir a Dios si vivimos en pecado (1 Corintios 10:21-23.)  Los religiosos de ese tiempo pensaban conocer la mente de Dios, pero ellos estaban bien lejos de la verdad.  Digo esto porque ellos rehusaron reconocer que ellos eran pecadores (Mateo 23:27-28;) los religiosos rehusaban ver la verdad acerca de ellos mismos.  Ellos estaban ciegos espiritualmente; aunque tenían prueba del milagro que Jesús había hecho, ellos no pudieron verlo por lo que era, un milagro hecho por el Hijo de Dios.  Ellos no eran ciegos, ellos tenían la luz del mundo frente a ellos (Juan 8:12), pero aunque esa luz resplandecía, ellos no la podían ver.  Sin embargo, aquel hombre que había nacido ciego, aquel hombre quien había estado a la merced de aquellos que le rodeaban, aquel hombre que andaba en una oscuridad completa, él si vio esa luz que alumbra al mundo.  Este hombre no solamente pudo ver, lo que le rodeaba, ahora vio al hijo de Dios. “Para que los que no ven, vean” a esto vino Cristo al mundo, a llamar a todos aquellos que se encuentran en la oscuridad a la luz; para darle vista a todos aquellos que viven cegados por el pecado.   

Para concluir.  ¿Qué vio este hombre cuando recupero su vista?  Él vio a un amigo cuando todos los demás le rechazaban.  Los religiosos de ese entonces le rechazaron y lo expulsaron de la sinagoga.  Vio que sus propios padres no le ayudaron por temor a lo que les podía suceder a ellos.  Vio que los vecinos y amistades que una vez le habían ayudado no le recocían (Juan 9:8.)  Vio todo esto porque la ceguera fue levantada de sus ojos, y ahora veía la luz que alumbra al mundo.  ¿Qué vio este hombre?  Él vio la gracia de Dios, en una situación desesperada.  Él vio la compasión de Dios en momentos de dificultad.  Él vio que la salvación existía en una persona, y no en una institución o religión (Juan 5:39-40.)  Como les dije al inicio, en ocasiones al creyente se le hace difícil testificar de Dios porque el mundo demanda prueba; el mundo demanda ver para creer.  Pero si no podemos ser creídos, entonces reconozcamos eso por lo que es, una indicación de peligro.   Digo esto porque cuando verdaderamente creemos en Cristo, cuando verdaderamente nos entregamos a Él, entonces es imposible que aquellos que nos rodean no le vean en todo lo que hacemos y somos.  Cuando verdaderamente nos entregamos a Él, y a Él adoramos, entonces nuestra vida deja de ser como era, y la gloria de Dios es reflejada en todo.  Ahora te pregunto, ¿puedes ver tú, o estás ciego?  ¿Puedes ver la misericordia, gracia, y amor de Dios en tu vida, o estas cegado en las tinieblas del pecado?  ¿Necesitas ver para creer?  Te digo hoy, primero necesitas creer para poder ver.  ¿Quieres ver hoy la gracia, misericordia y amor de Dios en tu vida?  Entonces cree en Cristo como tu Rey y Salvador, y adórale.  

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

Predicado:  15 de Febrero del 2004

email: José R. Hernández
 

  © Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved.