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Para seguir a Jesús
Sin duda alguna todos los que estamos aquí reconocemos que
somos pecadores, salvos solo por obra y gracia de Dios.
Pero el problema que encontramos es que según nos acomodamos
en nuestra salvación, entonces lentamente dejamos de pensar
más en Dios, y nos concentramos más en nosotros mismos. Son
en momentos como esos que dejamos de depender de Dios, y
dependemos más en nuestra propia habilidad; dejamos de
depender en Dios, y confiamos más en nuestra propia
opinión; dejamos de depender de Dios, y somos guiados por
nuestro orgullo y arrogancia. Pero, ¿es esto lo que Dios
espera de nosotros? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Marcos 10:17-25
- Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo,
e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro
bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18
Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno,
sino sólo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes:
No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso
testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.
20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro,
todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21
Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te
falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres,
y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu
cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se
fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
!!Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que
tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron
de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a
decirles: Hijos, !!cuán difícil les es entrar en el reino de
Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más
fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que
entrar un rico en el reino de Dios.
Como siempre digo para tener un mejor entendimiento del
mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos
será necesario hacer un breve reparo de historia. En este
punto de la historia Jesús había comenzado a hacer milagros,
y su popularidad crecía a diario. Esto es algo que
encontramos bien reflejado en Marcos
7:36-37 "Y les mandó que no lo dijesen a nadie;
pero cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.
37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo:
bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos
hablar." Tampoco podemos ignorar como le dio de comer a
cuatro mil como encontramos en
Marcos 8:5-9 cuando leemos "El les preguntó:
¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: Siete. 6
Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y
tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió,
y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los
pusieron delante de la multitud. 7 Tenían también
unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también
los pusiesen delante. 8 Y comieron, y se
saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado,
siete canastas. 9 Eran los que comieron, como
cuatro mil; y los despidió." No continuaremos citando
todas las señales y milagros que Jesús había hecho, pero
creo que ya todos tienen muy buena idea de que con estos dos
simple ejemplos Jesús se le estaba manifestando al pueblo
por quien Él era. Jesús se les estaba manifestando como el
hijo de Dios. Es por esta misma razón que vemos que este
joven le salio al encuentro y le dijo “Maestro bueno,
¿qué haré para heredar la vida eterna?” Así que con
esto en mente continuemos ahora nuestro estudio de hoy.
Cuando meditamos en lo que estaba sucediendo en estos
versículos, creo que todos nos podemos dar cuenta de que no
existe mucha diferencia entre este hombre y muchos de
nosotros aquí reunidos. Digo esto porque como podemos
notar, existía una gran urgencia en lo que hacia. La
palabra nos dice que vino corriendo hacia Jesús. Esto nos
demuestra que él estaba ansioso de conocer como podría
obtener la bendición que solo Jesús le podía brindar, que él
estaba ansioso de saber como podía obtener la vida eterna.
En realidad nosotros no somos muy diferentes a este hombre.
Digo esto porque cuando primero llegamos a los pies de
Jesús, estamos ansiosos, estamos deseosos de saber, estamos
impacientes por conocer más y más. En muchas ocasiones
nosotros hacemos tal como hizo él, nosotros corremos hacia
Jesús. Muchos le llaman a esto el primer amor, y esto es
algo extremadamente bello. Pero el problema esta en lo que
sucede después. El problema comienza a surgir cuando nos
acomodamos de tal manera en nuestra salvación, que dejamos
de depender de Dios para muchas cosas.
Como podemos ver claramente en estos versículos, este hombre
le pregunta a Jesús lo que debería hacer para heredar la
vida eterna, y es aquí donde se empieza a poner buena la
cosa. Digo que es aquí donde se pone buena la cosa porque
aquí Jesús le deja saber claramente a este hombre y a todos
nosotros que para obtener la vida eterna se necesita mucho
más de solo seguir la ley. Jesús empieza diciéndole que
debe seguir los diez mandamientos, a lo que este hombre
prontamente contesto que esto era algo que lo había hecho
toda su vida. En otras palabras, igual que todos los que
estamos aquí, este hombre conocía muy bien la diferencia
entre el bien y el mal; este hombre tal como todos nosotros
aquí había sido criado de manera que obedecía las leyes de
Dios. Todos aquí conocemos los diez mandamientos y sabemos
que son la ley de Dios, pero tener conocimiento de ellas no
es suficiente. Solo seguir los diez mandamientos no es
suficiente. Ahora, deseo detenerme aquí por un breve
momento y hacer una aclaración. Yo no estoy diciendo que no
debemos seguir los diez mandamientos. Es más, debemos
tenerlos memorizados,
pero esto solamente no es lo
suficiente. Permítanme explicárselo de otra manera.
Es igual que los miles de personas que existen en el mundo
en estos momentos que están perdidos y sin esperanza alguna
de la salvación. Estoy seguro que todos aquí conocemos a
alguien que no quiere aceptar a Jesús como su Señor y
Salvador personal, y las excusas siempre son las mismas,
cosas como: "Yo no hago mal.” “yo no mato, yo no robo.”
“Yo mantengo los diez mandamientos, así que Dios y yo no
tenemos problemas." ¿Ha escuchado alguien esto o cosas
similares alguna vez? Estoy seguro que todos nosotros lo
hemos escuchado. Pero déjenme decirles que esta es la mejor
mentira que el diablo ha inventado. Digo que es la mejor
mentira que el diablo ha inventado porque
Juan 14:6 nos dice algo muy
diferente. Fíjense bien lo que encontramos cuando leemos “Jesús
le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie
viene al Padre, sino por mi.” Con esta declaración
aquí el Señor nos deja saber sin rodeo alguno que no es
suficiente conocer la ley. El Señor nos deja saber aquí que
no es suficiente cumplir la ley, después de todo, no existe un
hombre que pueda cumplir toda la ley de Dios. Esto es algo
que queda bien reflejado en Romanos
3:23 cuando leemos “por cuanto todos pecaron, y
están destituidos de la gloria de Dios.” Hermanos y si
no cumplimos con toda las leyes de Dios, entonces somos
culpables de romperlas todas. Fíjense bien como esto queda
bien aclarado en Gálatas 3:10
cuando leemos "Porque todos los que dependen de las obras
de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito
todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas
en el libro de la ley, para hacerlas." Así que todo
esto significa que para recibir la vida eterna no solo
tenemos que hacer el bien. Para recibir la vida eterna
tenemos que tener a Jesús en nuestro corazón.
Cuando este hombre le contesto a Jesús diciéndole que él
cumplía la ley, la palabra nos dice que Jesús lo miro con
amor en Sus ojos. Él hizo esto porque Él vio dentro del
corazón de este hombre. Es como encontramos en
Romanos 8:27 cuando leemos "Mas
el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del
Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede
por los santos." Dile al hermano que tienes a tu lado,
Dios escudriña tu corazón. Así que Jesús sabia muy bien que
este hombre estaba siendo sincero en su pregunta, pero Él
también sabia que esto no seria lo suficiente. Jesús le
dijo a este
hombre
que era bueno que siguiera la ley, pero
que ahora tendría que hacer más de eso, que ahora tenía que
seguirle. Ahora, detengámonos por un breve momento, y
pensemos en lo que se le estaba pidiendo a este hombre aquí.
Una gran realidad es que no todos nosotros somos ricos en
las cosas materiales, pero lo poco que tenemos lo cuidamos y
no queremos perderlo, ¿verdad? Entonces aquí tenemos este
hombre que era rico y tenia muchas posesiones. Rico en cosas
materiales y estoy seguro que tal como nosotros, sus padres
y él tuvieron que luchar mucho para poder llegar a donde
estaba. Pero ahora a él se le estaba pidiendo que apartara
todo eso a un lado, que vendiera todo lo que tenia y que lo
regalara. “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres.”
Ahora bien, como les dije previamente no todos somos ricos
en cosas materiales, pero somos ricos de muchas otras
maneras. Digo esto porque todos aquí somos ricos en muchas
cosas que el dinero no puede comprar. Tenemos a nuestra
familia, esposa, esposo, hijos, hijas, y amistades. Todas
estas son cosas que el dinero no puede comprar, es por esta
razón que existen muchos ricos que nunca alcanzan la
felicidad.
La razón por la que existen muchos ricos pero infelices es
porque el hombre es lujurioso. En otras palabras, mientras
más tenemos más queremos. En muchas ocasiones no es porque
tengamos necesidad, sino porque queremos más. A este hombre
Jesús le dijo que regalara todas sus riquezas y que le
siguiera. Pero, ¿quería Jesús que este hombre regalara
todo, o buscaba otra cosa? Yo creo que con esto aquí Jesús
le estaba enseñando a este hombre, y nos enseña a nosotros
hoy en día que para ser un verdadero seguidor de Él, tenemos
que abandonar todas esas cosas que nos sujetan a este
mundo. Ahora, no me mal interpreten, no estoy diciendo que
abandonemos nuestro hogar, o que regalemos nuestra casa. Lo
que si estoy diciendo, y lo que Jesús nos dice que hagamos
es que abandonemos las cosas de la carne que son
desagradables a Dios. Cosas que quizás en otros tiempos nos
pudieron dar un gran placer, cosas que podamos haber sido
muy ricos en ellas. Él nos ha pedido que no solo sigamos la
ley, Él nos ha pedido que le sigamos a Él.
Esto quiere decir tomar el tiempo de conocer a Dios, tomar
el tiempo de conocer su palabra. Esto quiere decir tomar el
tiempo de orar diariamente, tomar el tiempo de alabarle a Él
y solo a Él. Quiere decir dejar de hacer todas esas cosas
que antes nos daban placer pero que ahora sabemos que
desagradan a Dios. Es como encontramos en
1 Corintios 6:12 cuando
leemos “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas
convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me
dejaré dominar de ninguna.” Tenemos que empezar a
acumular nuestras riquezas no en la tierra sino en el reino
de Dios. Fíjense como lo dijo el Señor en
Mateo 6:19-20 cuando leemos “No
os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín
corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20
sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el
orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.”
Pero el problema esta en que en muchas ocasiones nosotros no
hacemos esto. No buscamos acumular nuestro tesoro en el
cielo, sino buscamos atesorar lo material. Buscamos
atesorar todo lo que se puede perder en un abrir y cerrar de
ojos. El problema esta en que en muchas ocasiones no
estamos dispuestos a abandonar las riquezas que tenemos en
la tierra para seguirle. Ahora, quiero que quede bien claro
que no les estoy hablando necesariamente de las riquezas
materiales y del dinero. Les estoy hablando acerca de
nuestra comodidad y conveniencia. Permítanme exponerles
algunos ejemplos para que me entiendan bien. Si no nos hace
sentir muy incómodos entonces saldremos a las calles y
evangelizaremos. Si no es muy inconveniente, pues entonces
asistiremos a la iglesia los domingos. Si no estamos muy
cansados iremos a las clases bíblicas. ¿Se están dando
cuenta de lo que les habo? Al hacer estas cosas o pensar de
esa manera, el mensaje que estamos enviando es que nuestras
necesidades, lujurias y deseos son más importantes que
seguir a Jesús. Que todas estas cosas son más importantes
que conocerle verdaderamente en toda Su gloria. Hermanos,
cuando nosotros asistimos a la iglesia por mucho que
tengamos y demos, si ayudamos al crecimiento de la obra,
pero venimos a recibir de Dios porque nada tenemos que Él no
nos haya entregado primero. Cuando asistimos a la iglesia
aprendemos como seguir a Cristo. Cuando asistimos a la
iglesia recibimos las bendiciones que Dios tiene para
nosotros en ese día, porque sus bendiciones son frescas cada
mañana para los que le buscan y aman.
Para concluir.
Lo que le paso a este hombre no es muy diferente a lo que
nos pasa a nosotros hoy en día. Él tenía el deseo en su
corazón, él reconoció que Jesús era bueno, que Él era el
Salvador. Pero él no quiso deshacerse de sus riquezas y de
su comodidad para seguirle. Muchos de nosotros también
reconocemos que Él es nuestro Rey y Salvador, reconocemos
que Él es el único que nos puede salvar; pero en muchas
ocasiones no estamos dispuestos a deshacernos de nuestras
comodidades, no estamos dispuestos a deshacernos de las
cosas que sabemos que no agradan a Dios. Por eso les digo en
el día de hoy que como el pueblo de Dios tenemos que
limpiar nuestro corazón y empezar a seguir los pasos de
nuestro Señor Jesucristo. Queremos recibir bendiciones,
queremos recibir todas las bendiciones que Dios tiene
apartadas para nosotros, pero primero tenemos que seguirle.
Siempre debemos estar listos para seguirle sin importar las
circunstancias y confiar que Él suplirá. Empecemos a
acumular nuestras riquezas no aquí en la tierra, sino en el
Reino de Dios.
© Copyright José R. Hernández
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