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Obispo José R. Hernández

No le conocen

Como les dije la semana pasada, estamos viendo cosas suceder que nos dejan atónitos.  Estamos viendo el mover del poder del maligno, cual esta cegando y conduciendo al hombre hacia el camino de la perdición.  La humanidad esta siendo conducida a todo lo que es opuesto a Dios, y esta aceptando las mentiras de Satanás como cosa normal, esta aceptando las mentiras del maligno como algo que tiene que suceder, y que mañana se solucionara solo.  Problemas graves y cosas feas, pero las preguntas que debemos hacernos es ¿qué podemos hacer?   Para contestarnos esa pregunta pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Hechos 17:16-23 - Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. 17 Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. 18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. 19 Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? 20 Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. 21 (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) 22 Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; 23 porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. 

Antes de proceder con el estudio de hoy, hagamos ahora un pequeño repaso de historia para poder entender bien lo que estaba aconteciendo en este instante, y para que veamos como este pequeño momento en la historia nos enseña y responde nuestra pregunta de hoy.  A través de la historia antigua, Atenas había sido una de las ciudades más gloriosa en el mundo.  La literatura, la arquitectura, el arte, la filosofía, y la prosperidad abundaban en esta ciudad.  Algo de esta ciudad impacto a Pablo grandemente, pero quiero que nos fijemos bien que no fue la arquitectura, no fue el arte, no fueron las universidades, no fue el esplendor de los edificios, no fue la prosperidad del pueblo o los avances en la ciudad.  Lo que impacto a Pablo fue la abundante idolatría que existía, la Palabra nos dice: “su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.”  La ciudad completa estaba llena de ídolos. Según historiadores, existían miles de miles de ídolos; existía más de un ídolo por persona.  La ciudad estaba completamente cubierta por imágenes en todos los sitios.  No se podía caminar sin tropezar con uno o más.  El espíritu de Pablo se enardeció al ver el abuso de la gloria de Dios que existía, al ver la ceguera espiritual del hombre, al ver la esclavitud al demonio.  Con este pequeño recuento en mente continuemos ahora con el estudio de hoy. 

Haciendo una comparación entre esa ciudad y nosotros aquí hoy en día veremos que no existe mucha diferencia.  Hoy en día todas estas cosas que abundaban en ese entonces abundan en este país, abundan en esta ciudad, abundan en este mundo.  Aquí abunda la ciencia, el arte, la arquitectura, y la prosperidad. Como estudiamos la semana pasada, ese mismo fue el caso con el pueblo judío, ellos gozaban de la prosperidad e ignoraban las advertencias de quien les había bendecido con esa prosperidad.  Ahora, no quiero que nadie me mal interprete, no estoy diciendo que es malo prosperar, tampoco estoy diciendo que es malo gozarse en la prosperidad, lo que si estoy diciendo es que no podemos concentrarnos tanto en nuestra prosperidad y bienes materiales que perdamos a Dios de vista (Lucas 12:15; 1 Timoteo 6:17.)  Dios quiere que seamos prósperos y que vivamos vidas gozosas, Dios nos da vida y vida en abundancia (Juan 10:9-10.)  Pero el problema esta en que esta abundancia en muchas ocasiones nos hace complacientes.  Cuando nos volvemos complacientes, entonces nuestra fe sufre y dejamos de caminar en el fuego del espíritu Santo.  Nuestra fe se vuelve en una fe fingida, hacemos las cosas no para agradar a Dios, sino hacemos las cosas para quedar bien con el hombre (Efesios 4:22-24.) 

En otras palabras nuestra fe se convierte en una fe tibia; creo que no tengo que hablar mucho de lo que esto significa y lo que Cristo nos dijo de esta condición espiritual (Apocalipsis 3:15-16.)  Cuando nos volvemos complacientes entonces se nos hace muy fácil desobedecer a Dios, se nos hace bien fácil racionalizar y justificar el pecado, se nos hace muy fácil volvernos como esa ciudad, se nos hace muy fácil convertirnos en idolatras.  Sé que muchos están pensando que eso jamás les sucederá, sé que muchos están diciendo que nunca servirán a un ídolo echo por el hombre, pero también sé que los ídolos no tienen que ser necesariamente estatuas de piedra o yeso; la idolatría abarca muchas cosas (Colosenses 3:5.)  El verdadero creyente en el evangelio de Cristo no es atraído por dioses de piedra o yeso, pero si es atraído y desdichadamente en numerosas ocasiones seducido por ídolos materiales, religiosos, emocionales e intelectuales.  Sé que ya muchos están pensando que estos no son ídolos, pero les digo en el día de hoy que sin lo son y muchos le sirven.  ¿No los puedo convencer?  ¿No lo pueden ver?  Profundicemos un poco en este tema.   

Primero que todo preguntémonos, ¿qué es un ídolo?  Según la definición que encontramos en el diccionario, un ídolo es definido como “figura de un dios al que se adora; persona o cosa excesivamente amada o admirada.”  Claramente la definición de un ídolo abarca la estatua de cemento o yeso, pero claramente también abarca una innumerable cantidad de cosas.  Examinemos ahora brevemente algunos de los ídolos que muchos sirven sin darse cuenta de ellos.  El ídolo materialista.  El materialismo es un problema que prevalece en un país como el nuestro, porque en lugar de poner nuestra confianza en el Señor, confiamos en nuestra cuenta bancaria o en nuestros ahorros, en nuestra educación, y en nuestras posesiones.  Esto nos conduce a pasar la vida entera persiguiendo lo material, y nos parece que nunca tenemos lo suficiente.  El ídolo del apetito. Permítanme una pregunta, no me la contesten, contéstesela a usted mismo, ¿cuántos compramos cosas sin necesidad?  Es decir ¿cuántos compramos cosas porque esta de moda o porque es algo popular?  No existe nada malo en querer lo más nuevo, no existe nada malo en querer superarse, pero cuando nos sobrepasamos en nuestros gastos entonces comenzamos a servir a nuestro apetito.  En esencia comenzamos hacer tesoros en la tierra en lugar del cielo (Mateo 6:19-20.)  Cuando disminuimos lo que contribuimos para la obra del Señor para gastar en nuestros pasatiempos, estamos sirviendo al ídolo de nuestro apetito.  El ídolo de la ambición.  La realidad es que muchos permiten que sus carreras y sus ambiciones se conviertan en un ídolo. Sepamos que si nuestro deseo supremo es tener éxito en nuestra carrera, somos culpables de idolatría. Muchos proclaman no ser culpables de esto, pero sus sueños despiertos, sus ilusiones, fantasías, y sus temas de conversación sólo tienen que ver con son su carrera, con el dinero o con sus posesiones materiales. Se preocupan muy poco o nada por la obra del Señor y dedican la mayor parte de sus esfuerzos buscando la prosperidad económica y la satisfacción de sus ambiciones (Colosenses 3:2.)   La lista de ídolos pudiera continuar y continuar para nunca acabar, pero creo que ya todos tienen una buena idea de que el ídolo no es solamente una estatua de piedra o yeso; como podemos ver, la idolatría abarca mucho más territorio que esto.  Pablo encontró que en Atenas existía más de un ídolo por persona; hoy encontramos que en este mundo también existe más de un ídolo por persona.  Como pudimos ver en los tres ejemplos que les puse, estos ídolos son muy comunes, y son unos que podemos encontrar fácilmente en el mundo, pero desdichadamente, también se pueden encontrar en el pueblo de Dios.  Hermanos, si cuando reflexionamos en nuestra vida encontramos que estamos sirviendo a uno o más de estos ídolos, reprendámoslo en el nombre de Jesús, y sirvamos y adoremos al Dios verdadero. 

La pregunta que les hice al inicio fue ¿qué podemos hacer?   Hermanos, lo que podemos hacer y lo que tenemos que hacer es ser valientes como Pablo.  En estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy leemos: “Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. 18 Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.  Aquí Pablo nos demuestra su valentía, aquí vemos una confrontación directa con cuatro grupos de personas de ese entonces, y nos enseña a ser valientes con este mismo grupo que existe aun en nuestros días.

Los cuatro grupos de personas a quien Pablo confronto ese entonces, y que existen hoy, son los religiosos, los devotos, los no creyentes, y los intelectuales.  Aquí Pablo le ministro a los religiosos, representados por los judíos; ellos atendían los servicios con regularidad, conocían de Dios, tenían un buen entendimiento de las escrituras y las enseñanzas, pero confiaban en los ritos y ceremonias.  Segundo vemos que le ministró a los devotos, representados por los piadosos; este era un grupo de personas con temor de Dios pero no eran judíos.  Existía un gran grupo de personas de este tipo en el mundo antiguo, existía un gran número de personas que estaban artos de la inmoralidad e injusticia de la sociedad y las religiones politeistitas, ellos entonces buscaban el judaísmo.  Tercero vemos que le ministro a los no creyentes, representado por los que cada día concurrían a la plaza; estos eran todos aquellos que no pensaban ni le daban mucha importancia a la verdad; ellos solo querían ser aceptados por aquellos que le rodeaban, fueran morales o inmorales, fueran justos o injustos, a ellos no le importaba.  Ellos solo le daban importancia al diario vivir y nada más.  Cuarto vemos que le ministro a los intelectuales, representado por los filósofos epicúreos y estoicos. Los epicúreos vivían bajo la filosofía del placer de la carne; ellos no creían que existía el cielo o el infierno, así que tenían que tomar todos los placeres de este mundo antes de morir.  Los estoicos vivían bajo la filosofía del racionalismo,  y eran bien disciplinados; ellos pensaban que todo lo que sucedía era porque así estaba destinado y no hacían nada para influenciar su futuro o mejor dicho mejorar su futuro.   Quizás no estemos en Atenas, pero estos grupos todavía pueden ser encontrados a nuestro alrededor. 

Continuando leemos: “Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas? 20 Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. 21 (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) 22 Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; 23 porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio.  Pablo aquí fue llevado a Areópago, para los que desconocen el significado de este lugar, les daré una breve descripción.  Este lugar era una colina rocosa en la ciudad de Atenas opuesta a la sección occidental de Acrópolis.  Este era el lugar donde se reunían los jueces que tenían jurisdicción sobre las ofensas capitales tal como el asesinato, envenenamiento, delito de incendiar, y brecha de usos religiosos establecidos.  Nuevamente vemos un acto de valentía; Pablo no se dejo intimidar, no permitió que la multitud y la oposición de detuviera, Pablo les hablo del Dios desconocido.  El mundo hoy en día se encuentra tal como este pueblo.  Todos están en busca de respuestas a sus preguntas, todos están buscando la solución y ansiosos de que alguien les guié, y como el pueblo de Dios que somos tenemos que tomar posesión de nuestro lugar.  Tenemos que ejercer el ministerio que Dios nos ha llamado a cumplir.  En ese entonces existían muchos perdidos en las cosas de este mundo, y a estos Pablo les ministro.  Hoy en día existen muchos en este mundo perdidos en las religiones y sectas (2 Timoteo 4:3.)  Existen muchos en este mundo que aun no conocen la verdad (Juan 8:31-32.)  Existen muchos en este mundo que se han desviado de los caminos de Dios (Mateo 7:13-14.)  Existen muchos en este mundo que piensan que tienen todas las respuestas y racionalizan las acciones y condiciones de su alrededor (Romanos 1:22.)  Existen muchos en este mundo idolatra que solo sirven al dios de este mundo y no al Rey de Reyes y Señor de Señores (Mateo 6:24.)   

Para concluir.  Pregunto nuevamente, ¿qué podemos hacer?  Les digo que tenemos que ministrarle al religioso porque la religión no puede salvar, solo Cristo salva (Hechos 4:11-12.)  Tenemos que ministrarle a los devotos porque no siempre estamos en los caminos adecuados (1 Tesalonicenses 5:14), es por eso que estamos llamados a enseñar, redargüir, y a corregir (2 Timoteo 4:2.)  Tenemos que ministrarle a todos aquellos que aun no le conocen, ministrarle a todos aquellos que aun andan perdido en este mundo de tinieblas, llamarles a lo que nosotros fuimos llamados, llamarles al arrepentimiento (Marcos 1:15; Hechos 3:19), llamarles a la santidad (1 Corintios 1:2), llamarles a la paz y amor que solo Cristo les puede dar (Juan 14:27.)  Tenemos que sentir ese mismo ardor que sintió Pablo en su corazón al ver como estaban las cosas en esa ciudad.  Hermanos las cosas en esta ciudad, las cosas en este país, las cosas en este mundo no están muy diferentes a lo que Pablo vio en ese entonces.  El hombre siempre le da más importancia a las cosas del mundo que a las cosas de Dios.  ¡Los creyentes tenemos que ministrar sin cesar!  Los creyentes tenemos que pararnos todos juntos, protegernos y ayudarnos los unos a los otros en todo momento; esto significa que lo haremos aun cuando esto no sea lo más popular, aun cuando se nos ridiculiza.  Esto mismo fue lo que paso con Pablo, los filósofos, los intelectuales, lo trataron de poner en ridículo, pero esto no lo detuvo.  Se valiente, no temas pararte y hablar la verdad.  El mundo esta en busca de respuestas, preséntale pues a ese Dios que aun no conocen.  Predica “ AL DIOS NO CONOCIDO.”

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Predicado:  29 de Febrero del 2004

email: José R. Hernández
 

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