No le conocen
Como
les dije la semana pasada, estamos viendo cosas suceder que nos
dejan atónitos. Estamos
viendo el mover del poder del maligno, cual esta cegando y
conduciendo al hombre hacia el camino de la perdición.
La humanidad esta siendo conducida a todo lo que es
opuesto a Dios, y esta aceptando las mentiras de Satanás como
cosa normal, esta aceptando las mentiras del maligno como algo
que tiene que suceder, y que mañana se solucionara solo. Problemas graves y cosas feas, pero las preguntas que debemos
hacernos es ¿qué podemos hacer?
Para contestarnos esa pregunta pasemos ahora a la
Palabra de Dios.
Hechos
17:16-23
- Mientras Pablo los
esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad
entregada a la idolatría. 17 Así que discutía en
la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día
con los que concurrían. 18 Y algunos filósofos de
los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían:
¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es
predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio
de Jesús, y de la resurrección. 19 Y tomándole,
le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es
esta nueva enseñanza de que hablas? 20 Pues traes a
nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué
quiere decir esto. 21 (Porque todos los atenienses y
los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se
interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) 22
Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo:
Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; 23
porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también
un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO
CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a
quien yo os anuncio.
Antes
de proceder con el estudio de hoy, hagamos ahora un pequeño
repaso de historia para poder entender bien lo que estaba
aconteciendo en este instante, y para que veamos como este
pequeño momento en la historia nos enseña y responde nuestra
pregunta de hoy. A
través de la historia antigua, Atenas había sido una de las
ciudades más gloriosa en el mundo.
La literatura, la arquitectura, el arte, la filosofía,
y la prosperidad abundaban en esta ciudad.
Algo de esta ciudad impacto a Pablo grandemente, pero
quiero que nos fijemos bien que no fue la arquitectura, no fue
el arte, no fueron las universidades, no fue el esplendor de
los edificios, no fue la prosperidad del pueblo o los avances
en la ciudad. Lo
que impacto a Pablo fue la abundante idolatría que existía,
la Palabra nos dice: “su espíritu se enardecía viendo la
ciudad entregada a la idolatría.”
La ciudad completa estaba llena de ídolos. Según
historiadores, existían miles de miles de ídolos; existía más
de un ídolo por persona. La ciudad estaba completamente cubierta por imágenes en
todos los sitios. No
se podía caminar sin tropezar con uno o más.
El espíritu de Pablo se enardeció al ver el abuso de
la gloria de Dios que existía, al ver la ceguera espiritual
del hombre, al ver la esclavitud al demonio.
Con este pequeño recuento en mente continuemos ahora
con el estudio de hoy.
Haciendo
una comparación entre esa ciudad y nosotros aquí hoy en día
veremos que no existe mucha diferencia.
Hoy en día todas estas cosas que abundaban en ese
entonces abundan en este país, abundan en esta ciudad, abundan
en este mundo. Aquí
abunda la ciencia, el arte, la arquitectura, y la prosperidad.
Como estudiamos la semana pasada, ese mismo fue el caso con el
pueblo judío, ellos gozaban de la prosperidad e ignoraban las
advertencias de quien les había bendecido con esa prosperidad.
Ahora, no quiero que nadie me mal interprete, no estoy
diciendo que es malo prosperar, tampoco estoy diciendo que es
malo gozarse en la prosperidad, lo que si estoy diciendo es que
no podemos concentrarnos tanto en nuestra prosperidad y bienes
materiales que perdamos a Dios de vista (Lucas
12:15; 1 Timoteo 6:17.) Dios quiere que seamos prósperos y que vivamos vidas
gozosas, Dios nos da vida y vida en abundancia (Juan
10:9-10.) Pero
el problema esta en que esta abundancia en muchas ocasiones nos
hace complacientes. Cuando
nos volvemos complacientes, entonces nuestra fe sufre y dejamos
de caminar en el fuego del espíritu Santo.
Nuestra fe se vuelve en una fe fingida, hacemos las
cosas no para agradar a Dios, sino hacemos las cosas para
quedar bien con el hombre (Efesios
4:22-24.)
En
otras palabras nuestra fe se convierte en una fe tibia; creo
que no tengo que hablar mucho de lo que esto significa y lo que
Cristo nos dijo de esta condición espiritual (Apocalipsis
3:15-16.) Cuando
nos volvemos complacientes entonces se nos hace muy fácil
desobedecer a Dios, se nos hace bien fácil racionalizar y
justificar el pecado, se nos hace muy fácil volvernos como esa
ciudad, se nos hace muy fácil convertirnos en idolatras. Sé que muchos están pensando que eso jamás les sucederá, sé
que muchos están diciendo que nunca servirán a un ídolo echo
por el hombre, pero también sé que los ídolos no tienen que
ser necesariamente estatuas de piedra o yeso; la idolatría
abarca muchas cosas (Colosenses 3:5.)
El verdadero creyente en el evangelio de Cristo no es
atraído por dioses de piedra o yeso, pero si es atraído y
desdichadamente en numerosas ocasiones seducido por ídolos
materiales, religiosos, emocionales e intelectuales.
Sé que ya muchos están pensando que estos no son ídolos,
pero les digo en el día de hoy que sin lo son y muchos le
sirven. ¿No los puedo convencer?
¿No lo pueden ver?
Profundicemos un poco en este tema.
Primero
que todo preguntémonos, ¿qué es un ídolo?
Según la definición que encontramos en el diccionario,
un ídolo es definido como “figura de un dios al que se
adora; persona o cosa excesivamente amada o admirada.”
Claramente la definición de un ídolo abarca la estatua
de cemento o yeso, pero claramente también abarca una
innumerable cantidad de cosas.
Examinemos ahora brevemente algunos de los ídolos que
muchos sirven sin darse cuenta de ellos.
El ídolo materialista.
El materialismo es un problema que prevalece en un país
como el nuestro, porque en lugar de poner nuestra confianza en
el Señor, confiamos en nuestra cuenta bancaria o en nuestros
ahorros, en nuestra educación, y en nuestras posesiones.
Esto nos conduce a pasar la vida entera persiguiendo lo
material, y nos parece que nunca tenemos lo suficiente.
El ídolo del apetito. Permítanme una pregunta,
no me la contesten, contéstesela a usted mismo, ¿cuántos
compramos cosas sin necesidad?
Es decir ¿cuántos compramos cosas porque esta de moda
o porque es algo popular?
No existe nada malo en querer lo más nuevo, no existe
nada malo en querer superarse, pero cuando nos sobrepasamos en
nuestros gastos entonces comenzamos a servir a nuestro apetito.
En esencia comenzamos hacer tesoros en la tierra en
lugar del cielo (Mateo 6:19-20.)
Cuando disminuimos lo que contribuimos para la obra del
Señor para gastar en nuestros pasatiempos, estamos sirviendo
al ídolo de nuestro apetito.
El ídolo de la ambición.
La realidad es que muchos permiten que sus carreras y
sus ambiciones se conviertan en un ídolo. Sepamos que si
nuestro deseo supremo es tener éxito en nuestra carrera, somos
culpables de idolatría. Muchos proclaman no ser culpables de
esto, pero sus sueños despiertos, sus ilusiones, fantasías, y
sus temas de conversación sólo tienen que ver con son su
carrera, con el dinero o con sus posesiones materiales. Se
preocupan muy poco o nada por la obra del Señor y dedican la
mayor parte de sus esfuerzos buscando la prosperidad económica
y la satisfacción de sus ambiciones (Colosenses
3:2.) La
lista de ídolos pudiera continuar y continuar para nunca
acabar, pero creo que ya todos tienen una buena idea de que el
ídolo no es solamente una estatua de piedra o yeso; como
podemos ver, la idolatría abarca mucho más territorio que
esto. Pablo encontró que en Atenas existía más de un ídolo por
persona; hoy encontramos que en este mundo también existe más
de un ídolo por persona.
Como pudimos ver en los tres ejemplos que les puse,
estos ídolos son muy comunes, y son unos que podemos encontrar
fácilmente en el mundo, pero desdichadamente, también se
pueden encontrar en el pueblo de Dios.
Hermanos, si cuando reflexionamos en nuestra vida
encontramos que estamos sirviendo a uno o más de estos ídolos,
reprendámoslo en el nombre de Jesús, y sirvamos y adoremos al
Dios verdadero.
La
pregunta que les hice al inicio fue ¿qué podemos hacer?
Hermanos, lo que podemos hacer y lo que tenemos que
hacer es ser valientes como Pablo.
En estos versículos que estamos estudiando en el día
de hoy leemos: “Así
que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en
la plaza cada día con los que concurrían. 18 Y
algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos
disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este
palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses;
porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección.”
Aquí Pablo nos demuestra su valentía, aquí vemos una
confrontación directa con cuatro grupos de personas de ese
entonces, y nos enseña a ser valientes con este mismo grupo
que existe aun en nuestros días.
Los
cuatro grupos de personas a quien Pablo confronto ese entonces,
y que existen hoy, son los religiosos, los devotos, los no
creyentes, y los intelectuales.
Aquí Pablo le ministro a los religiosos, representados
por los judíos; ellos atendían los servicios con regularidad,
conocían de Dios, tenían un buen entendimiento de las
escrituras y las enseñanzas, pero confiaban en los ritos y
ceremonias. Segundo vemos que le ministró a los devotos, representados
por los piadosos; este era un grupo de personas con temor de
Dios pero no eran judíos.
Existía un gran grupo de personas de este tipo en el
mundo antiguo, existía un gran número de personas que estaban
artos de la inmoralidad e injusticia de la sociedad y las
religiones politeistitas, ellos entonces buscaban el judaísmo.
Tercero vemos que le ministro a los no creyentes,
representado por los que cada día concurrían a la plaza;
estos eran todos aquellos que no pensaban ni le daban mucha
importancia a la verdad; ellos solo querían ser aceptados por
aquellos que le rodeaban, fueran morales o inmorales, fueran
justos o injustos, a ellos no le importaba.
Ellos solo le daban importancia al diario vivir y nada más.
Cuarto vemos que le ministro a los intelectuales,
representado por los filósofos epicúreos y estoicos. Los epicúreos
vivían bajo la filosofía del placer de la carne; ellos no creían
que existía el cielo o el infierno, así que tenían que tomar
todos los placeres de este mundo antes de morir.
Los estoicos vivían bajo la filosofía del
racionalismo, y
eran bien disciplinados; ellos pensaban que todo lo que sucedía
era porque así estaba destinado y no hacían nada para
influenciar su futuro o mejor dicho mejorar su futuro.
Quizás no estemos en Atenas, pero estos grupos todavía
pueden ser encontrados a nuestro alrededor.
Continuando
leemos: “Y tomándole,
le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es
esta nueva enseñanza de que hablas? 20 Pues traes a
nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué
quiere decir esto. 21 (Porque todos los atenienses y
los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se
interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.) 22
Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo:
Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; 23
porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también
un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO
CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a
quien yo os anuncio.”
Pablo aquí fue llevado a Areópago, para los que
desconocen el significado de este lugar, les daré una breve
descripción. Este
lugar era una colina rocosa en la ciudad de Atenas opuesta a la
sección occidental de Acrópolis.
Este era el lugar donde se reunían los jueces que tenían
jurisdicción sobre las ofensas capitales tal como el
asesinato, envenenamiento, delito de incendiar, y brecha de
usos religiosos establecidos.
Nuevamente vemos un acto de valentía; Pablo no se dejo
intimidar, no permitió que la multitud y la oposición de
detuviera, Pablo les hablo del Dios desconocido.
El mundo hoy en día se encuentra tal como este pueblo.
Todos están en busca de respuestas a sus preguntas,
todos están buscando la solución y ansiosos de que alguien
les guié, y como el pueblo de Dios que somos tenemos que tomar
posesión de nuestro lugar.
Tenemos que ejercer el ministerio que Dios nos ha
llamado a cumplir. En ese entonces existían muchos perdidos en las cosas de
este mundo, y a estos Pablo les ministro.
Hoy en día existen muchos en este mundo perdidos en las
religiones y sectas (2 Timoteo 4:3.)
Existen muchos en este mundo que aun no conocen la
verdad (Juan 8:31-32.)
Existen muchos en este mundo que se han desviado de los
caminos de Dios (Mateo 7:13-14.)
Existen muchos en este mundo que piensan que tienen
todas las respuestas y racionalizan las acciones y condiciones
de su alrededor (Romanos 1:22.)
Existen muchos en este mundo idolatra que solo sirven al
dios de este mundo y no al Rey de Reyes y Señor de Señores (Mateo
6:24.)
Para concluir.
Pregunto nuevamente, ¿qué podemos hacer?
Les digo que tenemos que ministrarle al religioso porque
la religión no puede salvar, solo Cristo salva (Hechos
4:11-12.) Tenemos que ministrarle a los devotos porque no siempre
estamos en los caminos adecuados (1
Tesalonicenses 5:14), es por eso que estamos llamados a
enseñar, redargüir, y a corregir (2
Timoteo 4:2.) Tenemos
que ministrarle a todos aquellos que aun no le conocen,
ministrarle a todos aquellos que aun andan perdido en este
mundo de tinieblas, llamarles a lo que nosotros fuimos
llamados, llamarles al arrepentimiento (Marcos
1:15; Hechos 3:19),
llamarles a la santidad (1 Corintios
1:2), llamarles a la paz y amor que solo Cristo les
puede dar (Juan 14:27.)
Tenemos que sentir ese mismo ardor que sintió Pablo en
su corazón al ver como estaban las cosas en esa ciudad.
Hermanos las cosas en esta ciudad, las cosas en este país,
las cosas en este mundo no están muy diferentes a lo que Pablo
vio en ese entonces. El
hombre siempre le da más importancia a las cosas del mundo que
a las cosas de Dios. ¡Los
creyentes tenemos que ministrar sin cesar!
Los creyentes tenemos que pararnos todos juntos,
protegernos y ayudarnos los unos a los otros en todo momento;
esto significa que lo haremos aun cuando esto no sea lo más
popular, aun cuando se nos ridiculiza.
Esto mismo fue lo que paso con Pablo, los filósofos,
los intelectuales, lo trataron de poner en ridículo, pero esto
no lo detuvo. Se
valiente, no temas pararte y hablar la verdad.
El mundo esta en busca de respuestas, preséntale pues a
ese Dios que aun no conocen.
Predica “ AL DIOS NO CONOCIDO.”
© Copyright José R. Hernández