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Obispo José R. Hernández

¡Ay!   

En muchas ocasiones he escuchado decir "yo conozco la Palabra de Dios y la aplico a mi vida a mi manera según la interpreto" o quizás algo como "hasta ahora Dios no me ha desamparado ni se ha apartado de mí, Él me conoce como soy porque Él así me creo."  Yo estoy aquí para decirles que toda persona que piense de ésta manera en un hipócrita.  Digo esto porque ésta manera de pensar es algo inspirado por nuestro enemigo que solo busca apartarnos de la presencia de Dios y de destruir la bendición que Él nos ha proporcionado de conocer Su santa y divina Palabra.  Como vengo diciéndoles por tres semanas seguidas, Dios no habita en el pecado.  Cuando permitimos que el pecado rija nuestra vida, entonces el diablo es quien dirige nuestras acciones y determina nuestro futuro.  Hermanos, la realidad de todo es que Dios nunca cambiara Su Palabra para agradar al hombre, el hombre es quien tiene que cambiar su vida para agradar a Dios.  Si no fuese así, entonces, ¿qué sentido tendría recopilar las sagradas escrituras que nos revelan la identidad y propósito de Dios?  ¿Qué sentido tendría haberle hablado a los profetas indicándoles que le enseñaran al pueblo lo que agrada y desagrada a Dios? La realidad de todo es que a través de Su santa y divina Palabra Dios nos amonesta y advierte diariamente.  A través de la Palabra de Dios nosotros aprendemos Su propósito y voluntad, y de ésta forma podemos trabajar a diario en corregir nuestras imperfecciones. Pero de no reconocer esto, entonces nos estamos mintiendo a nosotros mismos ya que permitimos que nuestras imperfecciones nos separen de la voluntad de Dios.  En otras palabras nos convertimos en hipócritas.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios y examinemos lo que nos dice el Señor acerca de la hipocresía a nosotros mismos.  Exploremos detalladamente lo que nos dice el Señor acerca de cuando tratamos de engañar a Dios justificándonos ante Él con la interpretación de Su Palabra.  

Mateo 23:27-31 - ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. 28Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. 29¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, 30y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. 31Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. 

Como acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Durante Su ministerio aquí en la tierra, Jesús fue retado por los fariseos y saduceos.  Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Mateo 16:1 cuando leemos, “Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.”  Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos religiosos más influénciales que existía en el tiempo durante el ministerio de Jesús. No estaremos examinando con detalle las diferencias y costumbres entre estos dos grupos religiosos, pero si debemos conocer algunos pequeños detalles acerca de los fariseos. Los fariseos ejercían gran influencia en el pueblo, pero tenían un gran defecto, tal como lo tiene toda religión.  Los fariseos creían en un Dios personal y en las escrituras como la Palabra de Dios, pero ellos le añadían a la Palabra.  Ellos añadían reglas y regulaciones, rituales y ceremonias, imponiendo así restricciones a las personas. Esto les condujo a dos grandes errores. El primero es que estaban conduciendo al pueblo a creer que con un buen comportamiento y a través de rituales serian aceptable a Dios. Segundo, es que conducían al pueblo a una religión de respeto social. En otras palabras, si una persona era respetada socialmente y hacia las cosas bien hechas, entonces era considerado como aceptable a Dios. Pero la realidad del caso es que ellos eran unos hipócritas porque ellos profesaban una cosa, pero practicaban otra.  Esto todo es algo que queda bien claro cuando leemos Mateo 23:13 cuando el Señor les dijo “Mas !!ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.”  Y también en Mateo 23:25 cuando el Señor también dijo “!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.” Manteniendo estos breves detalles en mente, continuemos examinando lo que Jesús nos está enseñando aquí en el día de hoy.  

Aquí vemos que el Señor dijo, "porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia." ¿Qué les estaba diciendo el Señor a ellos en ese entonces?  Él les estaba llamando a quitarse la mascara de religión, y a seguir la verdadera Palabra de Dios.  Creo que no tenemos que analizar esto muy de cerca para encontrar que esto aquí describe muy bien a muchas personas.  Digo esto porque no es difícil encontrar personas, tanto en el pueblo de Dios como en el mundo, que aparentan ser una cosa pero que en realidad son otra. Los que encontramos en el mundo no nos deben sorprender, ya que ellos no conocen la verdad; los que viven en el mundo no sirven a Dios.  Pero lo triste del caso es que existen muchas personas en el pueblo de Dios que también caen dentro de ésta descripción. Estamos hablando de todos aquellos que a diario se ponen la mascara de religión, personas que por afuera aparentan ser una cosa, pero que en el interior están llenos de inmundicia, llenos de pecado. Pero sepamos que el que usa la mascara de religión está destinado a fracasar, ya que Dios no puede ser burlado.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en Proverbios 28:13 cuando leemos, “El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”  La mascara de religión no engañara a Dios, y es por eso que aquí el Señor dice “¡Ay!”  Dile a la persona que tienes a tu lado, se está poniendo bueno esto. 

Aquí el Señor dice “¡Ay!” porque la realidad del caso es que en el mundo solamente existen dos tipos de personas.  En el mundo solo existen los que son de Cristo y los que no. Es triste pensar de ésta manera, pero la realidad de todo es que no existe otra manera de pensar.  Esto es algo que queda muy bien declarado en Juan 14:6 cuando leemos, “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Por si queda duda alguna, Él también lo dice muy claro en Mateo 12:30 cuando leemos, “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.” La triste realidad es que la tierra está llena de personas igual que los escribas y fariseos a los que el Señor se dirigía en ese entonces.  Personas que aparentan ser una cosa, pero que en realidad son otra.  La tierra está llena de personas que profesan ser cristianos, que profesan ser hombres y mujeres de Dios, pero la realidad del caso es que no se pueden encontrar más lejos de Dios porque seria algo imposible.  Como les dije al inicio, existen muchas personas que piensan que pase lo que pase o hagan lo que hagan, Dios está con ellos. Existen muchas personas que piensan que una vez que aceptaron a Cristo, pueden continuar pecando y que Dios les guía y los bendice en todo momento. Pero si piensas así escucha hoy porque El Señor dice: “¡Ay!”  

Es triste pensar que todos nosotros conocemos a personas dentro del cuerpo de Cristo que piensan de ésta manera. Es triste pensar que existen tantas personas que se pierden a diario; es triste pensar que existen tantas personas que se engañan a diario, entregándole al enemigo las bendiciones que Dios le entrega a Su pueblo. Es triste pensar que tantas personas se pierden porque no conocen la verdad. Es triste pensar que tantas almas se alejan de Dios a causa de doctrinas, rituales y religiones inventadas por los hombres cuales fueron inspiradas por demonios mentirosos. Es triste pensar que muchas almas no conocen la verdad porque existen muchos en el cuerpo de Cristo que temen el predicar la verdad. Si lo oyeron bien, existen muchos en el cuerpo de Cristo que temen predicar la verdad.  ¿Por qué temen predicar la verdad?  

La verdad es algo impactante, y la realidad es que la verdad no siempre es aceptada por el hombre.  Es por eso mismo que no es fuera de lo común ver como muchos se apartan de la doctrina sana, y escogen seguir doctrinas que solo sirven para alejar al hombre de la presencia de Dios.  Muchos cambian la verdad de Dios por las mentiras del hombre.  En realidad esto no es nada nuevo, sino que éste problema ha existido desde el inicio.  Digo esto porque Dios en ningún momento le mintió al hombre, sino que el hombre escogió no creer.  Esto es algo que queda muy bien ilustrado en Génesis 2:16-17 cuando leemos, “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.  Lo mismo sucedió con nuestro Señor Jesucristo; Él vino a traer la verdad al hombre, pero el hombre no le creyó. La verdad es algo impactante que no siempre será aceptada, pero la verdad es lo único que nos separa a nosotros de las tinieblas.   

La verdad no es fácil de aceptar y difícil de predicar.  Digo que es difícil de predicar porque en ocasiones predicar la verdad causara que se vacíen numerosas sillas en la congregación.  En ocasiones predicar la verdad causara que algunos se ofendan, ya que muchos están convencidos de son perfectos.  Pero no obstante esto, la verdad de Dios tiene que ser predicada en todo momento.  La verdad es que como el pueblo de Dios que somos tenemos que comenzar a asumir responsabilidad por nuestras acciones, y tenemos que dejar de echarle la culpa al diablo por todos nuestros errores y faltas.  La verdad es que al diablo se le está dando mucho más merito de lo que merece.  Digo esto porque el diablo no nos puede obligar a pecar, es más, tenemos promesa de Dios que tendrá que huir de todo creyente fiel.  Esto es algo que queda muy claro en Santiago 4:7 cuando leemos, “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”  La verdad es que el pecado origina en nosotros; esto es algo que queda muy bien declarado en Santiago 1:14 cuando leemos, “sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.”  Ahora, no quiero que me vallan a mal interpretar; el diablo si nos puede tentar, pero nuestro Dios no nos desampara en medio de una tentación. La verdad es que Dios fortalece y ayuda a todo creyente fiel para que pueda resistir y vencer.  Esto es algo que queda claramente expuesto en 1 Corintios 10:13 cuando leemos, “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” El diablo no nos pude forzar a hacer las cosas involuntariamente, el diablo ni el mundo nos puede forzar a faltarle a nuestro Rey y Salvador.  Dile a la persona que tienes a tu lado, ¡Ay! 

Los escribas y fariseos de ese entonces escucharon que el Señor les dijo ¡Ay!, y hoy nosotros debemos escuchar igual. Tenemos examinarnos a profundidad para encontrar donde se encuentra nuestro corazón hoy en día. Tenemos que examinarnos profundamente para determinar si estamos cumpliendo con la voluntad de Dios o si estamos haciendo las cosas a nuestra manera.  Tenemos que hacer esto porque tarde o temprano todos tendremos que darle cuenta al Señor; esto es algo que queda muy bien reflejado en las Palabras de nuestro Señor como encontramos en Mateo 12:36 cuando leemos, “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Tenemos que reconocer que nuestra opinión o lo que es aceptado por el mundo, no siempre concuerda con lo que nos dice la Palabra.  Esto es algo que queda muy bien ilustrado en 1 Corintios 10:23 cuando leemos, “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.”  Estoy seguro que ninguno de nosotros deseamos escuchar que el Señor nos diga, “¡Ay de vosotros!”  Y es por eso mismo que debemos examinarnos profundamente para descubrir si en realidad estamos usando la mascara de religión.  Examinarnos profundamente para descubrir si tenemos que deshacernos de la mascara de religión, rituales, e inmundicias.  Es hora de guardar lo que Dios nos ha dado. La verdad es que es hora de amar a nuestro prójimo de la misma manera que nos amamos a nosotros mismos. La verdad es que es hora de asumir la responsabilidad que se nos ha encargado a cada uno de nosotros que estamos aquí;  tanto joven como adulto tiene la responsabilidad de hacer la voluntad de Dios.  Cada uno de nosotros aquí necesitamos buscar Su rostro, y divina presencia en nuestra vida.  Dejemos de doblar rodilla pidiéndole a Dios que nos provea lo material, sino roguémosle que nos bendiga y fortalezca con Su presencia.  Nunca nos olvidemos de lo que el Señor nos dice en Mateo 6:33 cuando leemos, “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” La hora ha llegado de atacar al enemigo; la hora ha llegado de montar un plan de rescate por todas esas almas que están perdidas en las justificaciones, e ignorancia. De no hacer esto entonces no estamos cumpliendo con lo que Dios nos ha encomendado.  No estamos cumpliendo con sus mandamientos, no estamos cumpliendo con la tarea que Jesús nos dejo aquí en la tierra. Estamos siendo hipócritas, y de no cambiar escucharemos "¡Ay!"  

Para concluir. Hermanos, cuando Cristo llega a nuestra vida Él abre nuestro corazón, Él derrumba las murallas que existían en nosotros y empezamos a conocerle. Pero el resto es nuestra responsabilidad.  Nosotros somos responsables de conocerle íntimamente. Es tiempo de que nos demos cuenta que no podemos vivir fuera de la voluntad de Dios. No podemos ignorar lo que Él nos está diciendo. Si seguimos en éste mismo camino no tendremos bendiciones, si no maldiciones.  No podemos dejar que el demonio nos quite las bendiciones que Dios tiene para cada uno de nosotros. Tenemos que ser obedientes a Su palabra, estar dispuestos a escucharle, y prestarle atención a las advertencias.  

Nosotros no podemos dejar que lo que Dios nos de sea arrebatado de nuestras manos. Dios envió la luz al mundo, Dios envió a su Hijo Unigénito para que nunca más estuviésemos perdidos en las tinieblas.  Existe un potencial inmenso en cada uno de nosotros, pero tenemos que estar dispuestos para que Dios lo pueda cultivar. Pero esto es algo que solo podremos lograr cuando reconocemos todas esas cosas que en ocasiones nos hacen desviar. No permitamos que las cosas de éste mundo, y que los poderes de las tinieblas tomen autoridad en nuestra vida nuevamente. No queramos escuchar que nuestro Padre diga "!Ay!" sino que diga "ahí." Que nuestro Rey y Salvador diga: ahí está un verdadero siervo. Evitemos escuchar ¡Ay! y busquemos escuchar que Él nos confiese ante el Padre.  Busquemos lo que encontramos en Lucas 12:8 cuando leemos, “Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.” Busquemos que el Señor confiese nuestro nombre delante del Padre por haber mantenido Su Palabra, por habernos mantenidos obedientes.  Los escribas y fariseos tenían puesta una mascara de religión, y por eso vemos que el Señor les dijo “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!”  Examina hoy tu vida; examina tu relación con Dios.  Mírate bien en el espejo, no sea que tú también tengas una mascara. 

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