¡Ay!
En muchas ocasiones he escuchado decir "yo conozco la
Palabra de Dios y la aplico a mi vida a mi manera según
la interpreto" o quizás algo como "hasta ahora Dios no
me ha desamparado ni se ha apartado de mí, Él me conoce
como soy porque Él así me creo." Yo estoy aquí para
decirles que toda persona que piense de ésta manera en
un hipócrita. Digo esto porque ésta manera de pensar es
algo inspirado por nuestro enemigo que solo busca
apartarnos de la presencia de Dios y de destruir la
bendición que Él nos ha proporcionado de conocer Su
santa y divina Palabra. Como vengo diciéndoles por tres
semanas seguidas, Dios no habita en el pecado. Cuando
permitimos que el pecado rija nuestra vida, entonces el
diablo es quien dirige nuestras acciones y determina
nuestro futuro. Hermanos, la realidad de todo es que
Dios nunca cambiara Su Palabra para agradar al hombre,
el hombre es quien tiene que cambiar su vida para
agradar a Dios. Si no fuese así, entonces, ¿qué sentido
tendría recopilar las sagradas escrituras que nos
revelan la identidad y propósito de Dios? ¿Qué sentido
tendría haberle hablado a los profetas indicándoles que
le enseñaran al pueblo lo que agrada y desagrada a Dios?
La realidad de todo es que a través de Su santa y divina
Palabra Dios nos amonesta y advierte diariamente. A
través de la Palabra de Dios nosotros aprendemos Su
propósito y voluntad, y de ésta forma podemos trabajar a
diario en corregir nuestras imperfecciones. Pero de no
reconocer esto, entonces nos estamos mintiendo a
nosotros mismos ya que permitimos que nuestras
imperfecciones nos separen de la voluntad de Dios. En
otras palabras nos convertimos en hipócritas. Pasemos
ahora a la Palabra de Dios y examinemos lo que nos dice
el Señor acerca de la hipocresía a nosotros mismos.
Exploremos detalladamente lo que nos dice el Señor
acerca de cuando tratamos de engañar a Dios
justificándonos ante Él con la interpretación de Su
Palabra.
Mateo 23:27-31
- ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por
fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro
están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.
28Así también vosotros por fuera, a la
verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por
dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. 29¡Ay
de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque
edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los
monumentos de los justos, 30y decís: Si
hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no
hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los
profetas. 31Así que dais testimonio contra
vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que
mataron a los profetas.
Como acostumbro a decir, para tener un mejor
entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros
en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve
repaso de historia. Durante Su ministerio aquí en la
tierra, Jesús fue retado por los fariseos y saduceos.
Esto es algo que queda muy bien ilustrado en
Mateo 16:1 cuando leemos,
“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle,
y le pidieron que les mostrase señal del cielo.”
Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos
religiosos más influénciales que existía en el tiempo
durante el ministerio de Jesús. No estaremos examinando
con detalle las diferencias y costumbres entre estos dos
grupos religiosos, pero si debemos conocer algunos
pequeños detalles acerca de los fariseos. Los fariseos
ejercían gran influencia en el pueblo, pero tenían un
gran defecto, tal como lo tiene toda religión. Los
fariseos creían en un Dios personal y en las escrituras
como la Palabra de Dios, pero ellos le añadían a la
Palabra. Ellos añadían reglas y regulaciones, rituales
y ceremonias, imponiendo así restricciones a las
personas. Esto les condujo a dos grandes errores. El
primero es que estaban conduciendo al pueblo a creer que
con un buen comportamiento y a través de rituales serian
aceptable a Dios. Segundo, es que conducían al pueblo a
una religión de respeto social. En otras palabras, si
una persona era respetada socialmente y hacia las cosas
bien hechas, entonces era considerado como aceptable a
Dios. Pero la realidad del caso es que ellos eran unos
hipócritas porque ellos profesaban una cosa, pero
practicaban otra. Esto todo es algo que queda bien
claro cuando leemos Mateo 23:13
cuando el Señor les dijo “Mas !!ay de vosotros,
escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino
de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis
vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.”
Y también en Mateo 23:25
cuando el Señor también dijo “!!Ay de vosotros,
escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de
fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis
llenos de robo y de injusticia.” Manteniendo estos
breves detalles en mente, continuemos examinando lo que
Jesús nos está enseñando aquí en el día de hoy.
Aquí vemos que el Señor dijo, "porque sois semejantes
a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se
muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos
de muertos y de toda inmundicia." ¿Qué les estaba
diciendo el Señor a ellos en ese entonces? Él les
estaba llamando a quitarse la mascara de religión, y a
seguir la verdadera Palabra de Dios. Creo que no
tenemos que analizar esto muy de cerca para encontrar
que esto aquí describe muy bien a muchas personas. Digo
esto porque no es difícil encontrar personas, tanto en
el pueblo de Dios como en el mundo, que aparentan ser
una cosa pero que en realidad son otra. Los que
encontramos en el mundo no nos deben sorprender, ya que
ellos no conocen la verdad; los que viven en el mundo no
sirven a Dios. Pero lo triste del caso es que existen
muchas personas en el pueblo de Dios que también caen
dentro de ésta descripción. Estamos hablando de todos
aquellos que a diario se ponen la mascara de religión,
personas que por afuera aparentan ser una cosa, pero que
en el interior están llenos de inmundicia, llenos de
pecado. Pero sepamos que el que usa la mascara de
religión está destinado a fracasar, ya que Dios no puede
ser burlado. Esto es algo que queda muy bien reflejado
en Proverbios 28:13
cuando leemos, “El que encubre sus pecados no
prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta
alcanzará misericordia.” La mascara de religión no
engañara a Dios, y es por eso que aquí el Señor dice “¡Ay!”
Dile a la persona que tienes a tu lado, se está poniendo
bueno esto.
Aquí el Señor dice “¡Ay!” porque la realidad del
caso es que en el mundo solamente existen dos tipos de
personas. En el mundo solo existen los que son de
Cristo y los que no. Es triste pensar de ésta manera,
pero la realidad de todo es que no existe otra manera de
pensar. Esto es algo que queda muy bien declarado en
Juan 14:6 cuando leemos,
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la
vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Por si
queda duda alguna, Él también lo dice muy claro en
Mateo 12:30 cuando
leemos, “El que no es conmigo, contra mí es; y el que
conmigo no recoge, desparrama.” La triste realidad
es que la tierra está llena de personas igual que los
escribas y fariseos a los que el Señor se dirigía en ese
entonces. Personas que aparentan ser una cosa, pero que
en realidad son otra. La tierra está llena de personas
que profesan ser cristianos, que profesan ser hombres y
mujeres de Dios, pero la realidad del caso es que no se
pueden encontrar más lejos de Dios porque seria algo
imposible. Como les dije al inicio, existen muchas
personas que piensan que pase lo que pase o hagan lo que
hagan, Dios está con ellos. Existen muchas personas que
piensan que una vez que aceptaron a Cristo, pueden
continuar pecando y que Dios les guía y los bendice en
todo momento. Pero si piensas así escucha hoy porque El
Señor dice: “¡Ay!”
Es triste pensar que todos nosotros conocemos a personas
dentro del cuerpo de Cristo que piensan de ésta manera.
Es triste pensar que existen tantas personas que se
pierden a diario; es triste pensar que existen tantas
personas que se engañan a diario, entregándole al
enemigo las bendiciones que Dios le entrega a Su pueblo.
Es triste pensar que tantas personas se pierden porque
no conocen la verdad. Es triste pensar que tantas almas
se alejan de Dios a causa de doctrinas, rituales y
religiones inventadas por los hombres cuales fueron
inspiradas por demonios mentirosos. Es triste pensar que
muchas almas no conocen la verdad porque existen muchos
en el cuerpo de Cristo que temen el predicar la verdad.
Si lo oyeron bien, existen muchos en el cuerpo de Cristo
que temen predicar la verdad. ¿Por qué temen predicar
la verdad?
La verdad es algo impactante, y la realidad es que la
verdad no siempre es aceptada por el hombre. Es por eso
mismo que no es fuera de lo común ver como muchos se
apartan de la doctrina sana, y escogen seguir doctrinas
que solo sirven para alejar al hombre de la presencia de
Dios. Muchos cambian la verdad de Dios por las mentiras
del hombre. En realidad esto no es nada nuevo, sino que
éste problema ha existido desde el inicio. Digo esto
porque Dios en ningún momento le mintió al hombre, sino
que el hombre escogió no creer. Esto es algo que queda
muy bien ilustrado en Génesis
2:16-17 cuando leemos, “Y mandó Jehová Dios al
hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17mas del árbol de la ciencia del bien y del
mal no comerás; porque el día que de él comieres,
ciertamente morirás. Lo mismo sucedió con nuestro
Señor Jesucristo; Él vino a traer la verdad al hombre,
pero el hombre no le creyó. La verdad es algo impactante
que no siempre será aceptada, pero la verdad es lo único
que nos separa a nosotros de las tinieblas.
La verdad no es fácil de aceptar y difícil de predicar.
Digo que es difícil de predicar porque en ocasiones
predicar la verdad causara que se vacíen numerosas
sillas en la congregación. En ocasiones predicar la
verdad causara que algunos se ofendan, ya que muchos
están convencidos de son perfectos. Pero no obstante
esto, la verdad de Dios tiene que ser predicada en todo
momento. La verdad es que como el pueblo de Dios que
somos tenemos que comenzar a asumir responsabilidad por
nuestras acciones, y tenemos que dejar de echarle la
culpa al diablo por todos nuestros errores y faltas. La
verdad es que al diablo se le está dando mucho más
merito de lo que merece. Digo esto porque el diablo no
nos puede obligar a pecar, es más, tenemos promesa de
Dios que tendrá que huir de todo creyente fiel. Esto es
algo que queda muy claro en
Santiago 4:7 cuando leemos, “Someteos, pues, a
Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” La
verdad es que el pecado origina en nosotros; esto es
algo que queda muy bien declarado en
Santiago 1:14 cuando
leemos, “sino que cada uno es tentado, cuando de su
propia concupiscencia es atraído y seducido.”
Ahora, no quiero que me vallan a mal interpretar; el
diablo si nos puede tentar, pero nuestro Dios no nos
desampara en medio de una tentación. La verdad es que
Dios fortalece y ayuda a todo creyente fiel para que
pueda resistir y vencer. Esto es algo que queda
claramente expuesto en 1
Corintios 10:13 cuando leemos, “No os ha
sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero
fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo
que podéis resistir, sino que dará también juntamente
con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
El diablo no nos pude forzar a hacer las cosas
involuntariamente, el diablo ni el mundo nos puede
forzar a faltarle a nuestro Rey y Salvador. Dile a la
persona que tienes a tu lado, ¡Ay!
Los escribas y fariseos de ese entonces escucharon que
el Señor les dijo ¡Ay!, y hoy nosotros debemos escuchar
igual. Tenemos examinarnos a profundidad para encontrar
donde se encuentra nuestro corazón hoy en día. Tenemos
que examinarnos profundamente para determinar si estamos
cumpliendo con la voluntad de Dios o si estamos haciendo
las cosas a nuestra manera. Tenemos que hacer esto
porque tarde o temprano todos tendremos que darle cuenta
al Señor; esto es algo que queda muy bien reflejado en
las Palabras de nuestro Señor como encontramos en
Mateo 12:36 cuando
leemos, “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa
que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día
del juicio.” Tenemos que reconocer que nuestra
opinión o lo que es aceptado por el mundo, no siempre
concuerda con lo que nos dice la Palabra. Esto es algo
que queda muy bien ilustrado en
1 Corintios 10:23 cuando leemos, “Todo me es
lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero
no todo edifica.” Estoy seguro que ninguno de
nosotros deseamos escuchar que el Señor nos diga, “¡Ay
de vosotros!” Y es por eso mismo que debemos
examinarnos profundamente para descubrir si en realidad
estamos usando la mascara de religión. Examinarnos
profundamente para descubrir si tenemos que deshacernos
de la mascara de religión, rituales, e inmundicias. Es
hora de guardar lo que Dios nos ha dado. La verdad es
que es hora de amar a nuestro prójimo de la misma manera
que nos amamos a nosotros mismos. La verdad es que es
hora de asumir la responsabilidad que se nos ha
encargado a cada uno de nosotros que estamos aquí;
tanto joven como adulto tiene la responsabilidad de
hacer la voluntad de Dios. Cada uno de nosotros aquí
necesitamos buscar Su rostro, y divina presencia en
nuestra vida. Dejemos de doblar rodilla pidiéndole a
Dios que nos provea lo material, sino roguémosle que nos
bendiga y fortalezca con Su presencia. Nunca nos
olvidemos de lo que el Señor nos dice en
Mateo 6:33 cuando leemos,
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” La
hora ha llegado de atacar al enemigo; la hora ha llegado
de montar un plan de rescate por todas esas almas que
están perdidas en las justificaciones, e ignorancia. De
no hacer esto entonces no estamos cumpliendo con lo que
Dios nos ha encomendado. No estamos cumpliendo con sus
mandamientos, no estamos cumpliendo con la tarea que
Jesús nos dejo aquí en la tierra. Estamos siendo
hipócritas, y de no cambiar escucharemos "¡Ay!"
Para concluir.
Hermanos, cuando Cristo llega a nuestra vida Él abre
nuestro corazón, Él derrumba las murallas que existían
en nosotros y empezamos a conocerle. Pero el resto es
nuestra responsabilidad. Nosotros somos responsables de
conocerle íntimamente. Es tiempo de que nos demos cuenta
que no podemos vivir fuera de la voluntad de Dios. No
podemos ignorar lo que Él nos está diciendo. Si seguimos
en éste mismo camino no tendremos bendiciones, si no
maldiciones. No podemos dejar que el demonio nos quite
las bendiciones que Dios tiene para cada uno de
nosotros. Tenemos que ser obedientes a Su palabra, estar
dispuestos a escucharle, y prestarle atención a las
advertencias.
Nosotros no podemos dejar que lo
que Dios nos de sea arrebatado de nuestras manos. Dios
envió la luz al mundo, Dios envió a su Hijo Unigénito
para que nunca más estuviésemos perdidos en las
tinieblas. Existe un potencial inmenso en cada uno de
nosotros, pero tenemos que estar dispuestos para que
Dios lo pueda cultivar. Pero esto es algo que solo
podremos lograr cuando reconocemos todas esas cosas que
en ocasiones nos hacen desviar. No permitamos que las
cosas de éste mundo, y que los poderes de las tinieblas
tomen autoridad en nuestra vida nuevamente. No queramos
escuchar que nuestro Padre diga "!Ay!" sino que
diga "ahí." Que nuestro Rey y Salvador diga: ahí está un
verdadero siervo. Evitemos escuchar ¡Ay! y busquemos
escuchar que Él nos confiese ante el Padre. Busquemos
lo que encontramos en Lucas 12:8
cuando leemos, “Os digo que todo aquel que me
confesare delante de los hombres, también el Hijo del
Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.”
Busquemos que el Señor confiese nuestro nombre delante
del Padre por haber mantenido Su Palabra, por habernos
mantenidos obedientes. Los escribas y fariseos tenían
puesta una mascara de religión, y por eso vemos que el
Señor les dijo “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas!” Examina hoy tu vida; examina tu
relación con Dios. Mírate bien en el espejo, no sea que
tú también tengas una mascara.
© Copyright José R. Hernández