Cuatro razones
Hoy vamos a iniciar el servicio con un poco de humor.
Había un niño que su padre le había prohibido ir a
nadar, pero su padre lo encontró nadando en el arroyo.
Al ver a su padre parado en la orilla mirándole el niño
se sorprendió y rápidamente dijo: yo no quise entrar a
nadar, a lo que el padre respondió: ¿por qué entonces
trajiste tu traje de baño? Oh, rápidamente contesto el
niño, lo traje por si acaso era tentado. Yo diría que
el tema de la tentación es el tema tratado con más
frecuencia por la mayoría de los predicadores.
Definitivamente aquí hemos hablo acerca de la tentación
en más de una ocasión, y de algo que podemos estar
completamente seguros es que la tentación no origina de
Dios. Esto es algo que queda bien aclarado en
Santiago 1:13 cuando
leemos “Cuando alguno es tentado, no diga que es
tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser
tentado por el mal, ni él tienta a nadie”. Pero
entonces la pregunta que queda siempre es: ¿qué causa la
tentación? Una gran realidad es que todos aquí nos
enfrentamos a tentaciones diariamente, pero lo triste de
todo es que a menudo nos rendimos a ellas y terminamos
haciendo lo malo. Es por esa razón que en el día de hoy
deseo que exploremos la causa de la tentación. Hoy
vamos a examinar unos versículos que nos revelaran
cuatro razones que con frecuencia nos conduce a
rendirnos a las tentaciones, pero más importante que
todo, en estos versículos también encontraremos como
podemos ser victoriosos sobre ellas. Manteniendo éstas
cosas en mente pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Santiago 4:1-10
- ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre
vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales
combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y
no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis
alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que
deseáis, porque no pedís. 3Pedís, y no
recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros
deleites. 4!!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis
que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?
Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se
constituye enemigo de Dios. 5¿O pensáis que
la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho
morar en nosotros nos anhela celosamente? 6Pero
él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los
soberbios, y da gracia a los humildes. 7Someteos,
pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.
8Acercaos a Dios, y él se acercará a
vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los
de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9Afligíos,
y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en
lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10Humillaos
delante del Señor, y él os exaltará.
La primera causa de la tentación queda bien reflejada en
las palabras de Santiago en el primer versículo. Aquí
encontramos reflejado que la primera causa de la
tentación es la lujuria o pasión; en otras palabras el
deseo de satisfacer los deseos de la carne. Esto es una
batalla interna que todos nosotros peleamos
constantemente, y lo que sucede es que si no estamos
parados firmemente en la roca de nuestra salvación,
entonces caeremos fácilmente. Una gran realidad es que
la lujuria y la pasión son cosas difíciles de controlar,
y muy pocas personas lo pueden hacer. Permítanme
explicarles esto de otra manera. ¿Cuantos aquí dirían
que no les alcanza el tiempo para hacer todas las cosas
que desean hacer? Les puedo decir que hace unos días
atrás yo le comentaba a mi esposa que uno no se da
cuenta del poco tiempo que tiene para hacer las cosas
que realmente le gusta, hasta que encontramos algo que
realmente nos gusta hacer. ¿Por qué digo esto? Digo
esto porque yo sé que muchos de nosotros tenemos un
deseo genuino de hacer cosas para la obra de Dios, pero
con frecuencia no podemos encontrar el tiempo de
hacerlas. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede porque
muchos aun no han reconocido que nuestra mente es un
campo de batalla constante. Muchos no han reconocido que
a diario nos enfrentamos a batallas diseñadas con el
propósito de apartarnos de la voluntad de Dios. Dejamos
de reconocer la batalla en que nos encontramos porque en
muchas ocasiones estamos tan preocupados con obtener más
bienes, más dinero, mejor nivel social o más
reconocimiento que perdemos de vista lo importante, y
ponemos las cosas de Dios en segundo, tercero, o cuarto
lugar. En muchas ocasiones se nos olvida las palabras
de nuestro Señor como encontramos en
Mateo 16:26 al leer “Porque
¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y
perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por
su alma?” Nos olvidamos de estas palabras y le
damos más importancia a las pasiones y a nuestra lujuria
que a las cosas de Dios.
Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento y
hacer una aclaración. Con esto no les estoy diciendo
que querer mejorarse es algo malo; con esto no les estoy
diciendo que para agradar a Dios tenemos que vivir en
pobreza o pasando necesidades. Pero lo que si les estoy
diciendo es que cuando esas pasiones y lujurias se
convierten en el punto principal en nuestra vida,
entonces debemos reconocer que una furiosa batalla
interna está siendo peleada, y estamos perdiendo.
Estamos perdiendo porque la obra y voluntad de Dios
siempre tienen que ocupar el primer lugar en nuestra
vida. Una gran realidad es que Dios no desea que
nosotros vivamos en un estado de guerra. Dios no quiere
que vivamos angustiados o atormentados; Dios quiere y
nos ofrece la paz. Fíjense bien como esto es algo que
queda bien reflejado en Juan
14:27 cuando leemos “La paz os dejo, mi paz os
doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe
vuestro corazón, ni tenga miedo.” Pero muchos de
nosotros no podemos obtener esa paz; muchos de nosotros
no la alcanzamos y la razón principal es porque
desconfiamos. Esto nos conduce a la segunda razón que
nos facilita ceder a la tentación.
Aquí vemos que Santiago nos dice: "No tenéis, porque
no pedís." Pero, ¿qué quiere decir esto?
Ciertamente algo que todos sabemos hacer muy bien es
pedir, ¿amen? Pero, entonces ¿qué nos está tratando de
decir con esto aquí? Lo que esto nos está diciendo aquí
es que el hombre desconfía de Dios y no clama a Dios.
Ahora bien, no estoy hablando acerca de clamar a Dios
por las cosas materiales; como dije todos sabemos pedir
y lo hacemos con frecuencia. Todos sabemos pedir
mejores salarios, mejores empleos, mejores autos,
mejores casas, más dinero, etc. etc. Pero, ¿es esto lo
que debemos estar pidiendo y buscando constantemente?
La respuesta es No. Lo que debemos estar buscando y
pidiendo continuamente es poder desarrollar una relación
personal con Dios. Nuestro Señor Jesucristo dejo esto
bien declarado en Mateo 6:31-33
cuando leemos “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué
comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque
los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro
Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas
cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán
añadidas.” Lo triste del caso es que muchos de
nosotros no hemos tomado el tiempo para desarrollar una
relación personal con Dios. No hemos tomado el tiempo
para conocerle de tal manera que podemos hablar con Él
para que supla todas nuestras necesidades, y una gran
realidad es que todos necesitamos mucho más de lo
material. En otras palabras tenemos que confiar en Sus
promesas. ¿Qué promesas nos ha hecho Dios? El Señor
deja esto bien claro en Mateo
5:3-12 cuando leemos “Bienaventurados los
pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los
cielos. 4Bienaventurados los que lloran,
porque ellos recibirán consolación. 5Bienaventurados
los mansos, porque ellos recibirán la tierra por
heredad. 6Bienaventurados los que tienen
hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque
ellos alcanzarán misericordia. 8Bienaventurados
los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9Bienaventurados
los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de
Dios. 10Bienaventurados los que padecen
persecución por causa de la justicia, porque de ellos es
el reino de los cielos. 11Bienaventurados
sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y
digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
12Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es
grande en los cielos; porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes de vosotros.” Dile a la
persona que tienes a tu lado, tenemos promesas de Dios.
Tenemos que aprender a confiar en que Él nos guiara a
través de toda situación. No importa lo insignificante
que pueda aparentar, o lo difícil que pueda lucir.
Cuando confiamos en Dios, Él nos guía a través de toda
situación y suple todas nuestras necesidades. ¿Cómo
podemos aprender a confiar en Él? La respuesta es fácil,
lo podemos lograr todo estudiando Su palabra y a través
de la oración. Pero debemos tener mucho cuidado en cómo
oramos ya que ésta es la tercera razón que nos facilita
ceder a la tentación.
Continuando con nuestro estudio leemos: "Pedís, y no
recibís; porque pedís mal, para gastarlo en vuestros
placeres." En otras palabras Santiago nos esta
advirtiendo que en muchas ocasiones pedimos
indebidamente. ¿Qué les quiero decir con esto? Como les
dije hace un breve instante, en muchas ocasiones
nuestras oraciones son codiciosas, son oraciones en las
que pedimos satisfacer nuestras pasiones y lujurias.
Éstas son oraciones indebidas, son oraciones que no
alcanzan los oídos de nuestro Padre celestial. Digo esto
porque Él sabe muy bien lo que necesitamos, Él conoce lo
que es bueno para nosotros y lo que no. Fíjense bien
como esto queda bien reflejado en las palabras de
nuestro Señor en Mateo 7:7-11
cuando leemos “Pedid, y se os dará; buscad, y
hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque
todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al
que llama, se le abrirá. 9¿Qué hombre hay de
vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una
piedra? 10¿O si le pide un pescado, le dará
una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo
malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,
¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará
buenas cosas a los que le pidan?” Es por ésta razón
que debemos tener mucho cuidado de no postrarnos ante
Su presencia pidiendo cosas que no necesitamos, pero que
pensamos que las merecemos. Dios sabe exactamente lo que
cada uno de nosotros necesita y merece. ¿Qué es una
oración correcta? Una oración correcta a Dios es una
oración que pide solamente Su gloria y voluntad para
nuestra vida. Fíjense bien como esto queda bien
reflejado en 1 Juan 5:14
cuando leemos “Y esta es la confianza que tenemos en
él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad,
él nos oye.” En muchas ocasiones nosotros le
pedimos al Padre con mucha insistencia. Le pedimos y
pedimos, y le volvemos a pedir, pero no pedimos Su
gloria sino hacemos oraciones que solo sirven para
satisfacer nuestros deseos de la carne. Oraciones que
solo sirven para satisfacer los deseos de este mundo, y
esto nos conduce a la cuarta razón que nos facilita
ceder a la tentación. La mundanería.
En el versículo cuatro leemos: "¡Gente adúltera! ¿No
sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con
Dios? Por tanto, cualquiera que quiere ser amigo del
mundo se constituye enemigo de Dios." Aquí vemos
que Santiago usa unas palabras bien fuerte, palabras que
nos hacen reflexionar. Pero, ¿de qué adulterio nos está
hablando Santiago? En la Palabra de Dios podemos
encontrar numerosos versículos que describen la segunda
venida de Cristo como la boda del Cordero. Así que al
leer esto podemos ver que aquí Santiago no se está
refiriendo a un adulterio físico, sino a un adulterio
espiritual. Pensemos en esto por un momento para ver
si lo que les digo tiene sentido. ¿Qué estamos haciendo
cuando permitimos que las cosas de éste mundo tomen la
prioridad en nuestra vida? Cuando esto sucede lo que le
estamos diciendo a Dios es que no le necesitamos. Esto
me recuerda de un chiste que escuche hace un tiempo
atrás.
Un día un grupo de científicos se reunió y decidió que
el hombre había avanzado de tal manera que no necesitaba
más a Dios. Entonces escogieron a un científico para que
fuera a decirle a Dios que ya no hacia falta. El
científico caminó hasta Dios y dijo, "Dios, hemos
decidido que nosotros no le necesitamos más. Hemos
avanzado al punto en que a través de la ciencia podemos
clonar y reproducir a las personas y hacer muchas otras
cosas milagrosas, así que mejor que se valla y se
pierda. Dios escuchó muy pacientemente y amablemente al
hombre y después de que el científico termino de hablar
Dios dijo, "muy bien, porque no hacemos algo, hagamos
una competencia de hacer un hombre.” A lo que el
científico contestó, "¡acepto, fantástico! Entonces Dios
agrego, “pero lo haremos tal como lo hice en la
antigüedad en los días de Adán.” El científico dijo,
"seguro, ningún problema" y con eso se dobló y se asió
de un puñado de tierra. Dios entonces le miro y le dijo,
"no, no, no. Vaya y consiga su propia tierra.” Cuando
permitimos que las cosas de éste mundo tomen prioridad
en nuestra vida, estamos rechazando toda Su gloria y
poder. Esto significa que
le estamos siendo infiel. Es fácil caer en ésta trampa,
es fácil pensar que podemos resolverlo todo por nuestra
propia habilidad. Y ésta es una trampa que ha sido
diseñada con el propósito de alejarnos de Dios, y es por
eso que no podemos permitir que nuestros deseos y
lujurias controlen nuestra vida. No podemos darle una
espada al enemigo la cual pueda usar en contra nuestra.
Porque el tener amistad con el mundo implica buscar
placer a expensas de los demás y desobedecer a Dios.
¿Qué podemos hacer para evitar caer en esta trampa?
La respuesta la encontramos en los versículos cinco y
seis que nos dicen: “¿O pensáis que la Escritura dice
en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros
nos anhela celosamente? 6 Pero él da mayor
gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y
da gracia a los humildes." Aquí encontramos algo que
todo creyente tiene que creer sin que exista duda
alguna. Hermanos, ¡el Espíritu Santo mora en nosotros!
Dile a la persona que tienes a tu lado, el Espíritu
Santo mora en mí. El Espíritu Santo mora en nosotros y
nos anhela celosamente en todo momento. Cuando creemos
esto sin que exista duda, no existe tentación que no
podamos resistir, no existe batalla que no podamos
ganar. Dios ha permitido que el Espíritu Santo more en
cada uno de nuestros corazones para que podamos vencer
las tentaciones, y podamos ser guiados a través de las
pruebas de ésta vida. Él ha permitido que el Espíritu
Santo more en nosotros para que nos de convicción de las
cosas que hacemos que están mal hechas. El Espíritu
Santo nos cuida celosamente para que nunca nos apartemos
de Dios. Dios quiere derramar su gracia sobre nosotros,
Dios quiere lo mejor para cada uno de sus hijos, pero si
continuamos viviendo en pecado, si endurecemos nuestro
corazón y nos rebelamos contra Dios; entonces no
recibiremos nada de Dios. Pero Dios si derrama Su gracia
sobre el humilde; toda persona que le da la espalda a
las cosas de este mundo, toda persona que confía en Dios
en todo instante recibirá bendiciones, tras bendiciones,
y su infinita gracia.
Para concluir.
Hemos visto cuatro razones que nos facilitan ceder a la
tentación; éstas razones son la pasión o lujuria, la
desconfianza, orar indebidamente y la mundanería. Pero
más importante de todo hemos visto que podemos obtener
la victoria sobre todas estas cosas. Podemos obtener la
victoria porque el Espíritu Santo mora en nosotros y nos
cuida celosamente. Pero solo podremos obtener la
victoria si no dudamos, solo podremos obtener la
victoria cuando hacemos tal como nos dice Santiago en
los versículos del siete al diez: "Someteos, pues, a
Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8Acercaos
a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad
las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad
vuestros corazones. 9Afligíos, y lamentad, y
llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro
gozo en tristeza. 10Humillaos delante del
Señor, y él os exaltará." Es hora de que el pueblo
de Dios se someta a Dios sin condiciones. No podemos
permitir que las cosas de este mundo, que las dudas, o
la desconfianza detengan la obra de Dios en cada uno de
nosotros. No existe poder ni potestad que pueda
derrumbar lo que Dios ha hecho, no existe poder ni
potestad que nos pueda quitar la victoria que Cristo
murió en la cruz para entregarnos. No podemos ser
personas de doble ánimo, tenemos que confiar que Dios
está con nosotros en todo momento. Humillémonos delante
del Señor, reconozcamos nuestros pecados y tal como nos
dice la Palabra: "y él os exaltará."
© Copyright José R. Hernández