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Obispo José R. Hernández

Cuatro razones

Hoy vamos a iniciar el servicio con un poco de humor.  Había un niño que su padre le había prohibido ir a nadar, pero su padre lo encontró nadando en el arroyo. Al ver a su padre parado en la orilla mirándole el niño se sorprendió y rápidamente dijo: yo no quise entrar a nadar, a lo que el padre respondió: ¿por qué entonces trajiste tu traje de baño?  Oh, rápidamente contesto el niño, lo traje por si acaso era tentado.  Yo diría que el tema de la tentación es el tema tratado con más frecuencia por la mayoría de los predicadores.  Definitivamente aquí hemos hablo acerca de la tentación en más de una ocasión, y de algo que podemos estar completamente seguros es que la tentación no origina de Dios.  Esto es algo que queda bien aclarado en Santiago 1:13 cuando leemos “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie”.  Pero entonces la pregunta que queda siempre es: ¿qué causa la tentación? Una gran realidad es que todos aquí nos enfrentamos a tentaciones diariamente, pero lo triste de todo es que a menudo nos rendimos a ellas y terminamos haciendo lo malo.  Es por esa razón que en el día de hoy deseo que exploremos la causa de la tentación.   Hoy vamos a examinar unos versículos que nos revelaran cuatro razones que con frecuencia nos conduce a rendirnos a las tentaciones, pero más importante que todo, en estos versículos también encontraremos como podemos ser victoriosos sobre ellas. Manteniendo éstas cosas en mente pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Santiago 4:1-10 - ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. 3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. 4!!Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. 5¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 6Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. 7Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. 

La primera causa de la tentación queda bien reflejada en las palabras de Santiago en el primer versículo.  Aquí encontramos reflejado que la primera causa de la tentación es la lujuria o pasión; en otras palabras el deseo de satisfacer los deseos de la carne. Esto es una batalla interna que todos nosotros peleamos constantemente, y lo que sucede es que si no estamos parados firmemente en la roca de nuestra salvación, entonces caeremos fácilmente.  Una gran realidad es que la lujuria y la pasión son cosas difíciles de controlar, y muy pocas personas lo pueden hacer. Permítanme explicarles esto de otra manera. ¿Cuantos aquí dirían que no les alcanza el tiempo para hacer todas las cosas que desean hacer?  Les puedo decir que hace unos días atrás yo le comentaba a mi esposa que uno no se da cuenta del poco tiempo que tiene para hacer las cosas que realmente le gusta, hasta que encontramos algo que realmente nos gusta hacer.  ¿Por qué digo esto?  Digo esto porque yo sé que muchos de nosotros tenemos un deseo genuino de hacer cosas para la obra de Dios, pero con frecuencia no podemos encontrar el tiempo de hacerlas. ¿Por qué sucede esto?  Esto sucede porque muchos aun no han reconocido que nuestra mente es un campo de batalla constante. Muchos no han reconocido que a diario nos enfrentamos a batallas diseñadas con el propósito de apartarnos de la voluntad de Dios.  Dejamos de reconocer la batalla en que nos encontramos porque en muchas ocasiones estamos tan preocupados con obtener más bienes, más dinero, mejor nivel social o más reconocimiento que perdemos de vista lo importante, y ponemos las cosas de Dios en segundo, tercero, o cuarto lugar.  En muchas ocasiones se nos olvida las palabras de nuestro Señor como encontramos en Mateo 16:26 al leer “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”  Nos olvidamos de estas palabras y le damos más importancia a las pasiones y a nuestra lujuria que a las cosas de Dios.

Ahora bien, deseo detenerme aquí por un breve momento y hacer una aclaración.  Con esto no les estoy diciendo que querer mejorarse es algo malo; con esto no les estoy diciendo que para agradar a Dios tenemos que vivir en pobreza o pasando necesidades.  Pero lo que si les estoy diciendo es que cuando esas pasiones y lujurias se convierten en el punto principal en nuestra vida, entonces debemos reconocer que una furiosa batalla interna está siendo peleada, y estamos perdiendo.  Estamos perdiendo porque la obra y voluntad de Dios siempre tienen que ocupar el primer lugar en nuestra vida.  Una gran realidad es que Dios no desea que nosotros vivamos en un estado de guerra.  Dios no quiere que vivamos angustiados o atormentados; Dios quiere y nos ofrece la paz.  Fíjense bien como esto es algo que queda bien reflejado en Juan 14:27 cuando leemos “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”  Pero muchos de nosotros no podemos obtener esa paz; muchos de nosotros no la alcanzamos y la razón principal es porque desconfiamos. Esto nos conduce a la segunda razón que nos facilita ceder a la tentación. 

Aquí vemos que Santiago nos dice: "No tenéis, porque no pedís." Pero, ¿qué quiere decir esto?  Ciertamente algo que todos sabemos hacer muy bien es pedir, ¿amen?  Pero, entonces ¿qué nos está tratando de decir con esto aquí?  Lo que esto nos está diciendo aquí es que el hombre desconfía de Dios y no clama a Dios.   Ahora bien, no estoy hablando acerca de clamar a Dios por las cosas materiales; como dije todos sabemos pedir y lo hacemos con frecuencia.  Todos sabemos pedir mejores salarios, mejores empleos, mejores autos, mejores casas, más dinero, etc. etc. Pero, ¿es esto lo que debemos estar pidiendo y buscando constantemente?  La respuesta es No.  Lo que debemos estar buscando y pidiendo continuamente es poder desarrollar una relación personal con Dios.  Nuestro Señor Jesucristo dejo esto bien declarado en Mateo 6:31-33 cuando leemos “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? 32Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. 33Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”   Lo triste del caso es que muchos de nosotros no hemos tomado el tiempo para desarrollar una relación personal con Dios. No hemos tomado el tiempo para conocerle de tal manera que podemos hablar con Él para que supla todas nuestras necesidades, y una gran realidad es que todos necesitamos mucho más de lo material.  En otras palabras tenemos que confiar en Sus promesas.  ¿Qué promesas nos ha hecho Dios?  El Señor deja esto bien claro en Mateo 5:3-12 cuando leemos “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. 5Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. 6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. 7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. 8Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. 9Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, tenemos promesas de Dios. Tenemos que aprender a confiar en que Él nos guiara a través de toda situación. No importa lo insignificante que pueda aparentar, o lo difícil que pueda lucir. Cuando confiamos en Dios, Él nos guía a través de toda situación y suple todas nuestras necesidades. ¿Cómo podemos aprender a confiar en Él? La respuesta es fácil, lo podemos lograr todo estudiando Su palabra y a través de la oración. Pero debemos tener mucho cuidado en cómo oramos ya que ésta es la tercera razón que nos facilita ceder a la tentación. 

Continuando con nuestro estudio leemos: "Pedís, y no recibís; porque pedís mal, para gastarlo en vuestros placeres." En otras palabras Santiago nos esta advirtiendo que en muchas ocasiones pedimos indebidamente. ¿Qué les quiero decir con esto? Como les dije hace un breve instante, en muchas ocasiones nuestras oraciones son codiciosas, son oraciones en las que pedimos satisfacer nuestras pasiones y lujurias. Éstas son oraciones indebidas, son oraciones que no alcanzan los oídos de nuestro Padre celestial. Digo esto porque Él sabe muy bien lo que necesitamos, Él conoce lo que es bueno para nosotros y lo que no.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado en las palabras de nuestro Señor en Mateo 7:7-11 cuando leemos “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. 9¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? 10¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? 11Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”  Es por ésta razón que  debemos tener mucho cuidado de no postrarnos ante Su presencia pidiendo cosas que no necesitamos, pero que pensamos que las merecemos. Dios sabe exactamente lo que cada uno de nosotros necesita y merece. ¿Qué es una oración correcta? Una oración correcta a Dios es una oración que pide solamente Su gloria y voluntad para nuestra vida.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado en 1 Juan 5:14 cuando leemos “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.”  En muchas ocasiones nosotros le pedimos al Padre con mucha insistencia. Le pedimos y pedimos, y le volvemos a pedir, pero no pedimos Su gloria sino hacemos oraciones que solo sirven para satisfacer nuestros deseos de la carne. Oraciones que solo sirven para satisfacer los deseos de este mundo, y esto nos conduce a la cuarta razón que nos facilita ceder a la tentación.  La mundanería. 

En el versículo cuatro leemos: "¡Gente adúltera! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, cualquiera que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios."  Aquí vemos que Santiago usa unas palabras bien fuerte, palabras que nos hacen reflexionar. Pero,  ¿de qué adulterio nos está hablando Santiago? En la Palabra de Dios podemos encontrar numerosos versículos que describen la segunda venida de Cristo como la boda del Cordero. Así que al leer esto podemos ver que aquí Santiago no se está refiriendo a un adulterio físico, sino a un adulterio espiritual. Pensemos en esto por un momento para ver si lo que les digo tiene sentido.  ¿Qué estamos haciendo cuando permitimos que las cosas de éste mundo tomen la prioridad en nuestra vida?  Cuando esto sucede lo que le estamos diciendo a Dios es que no le necesitamos.  Esto me recuerda de un chiste que escuche hace un tiempo atrás.  Un día un grupo de científicos se reunió y decidió que el hombre había avanzado de tal manera que no necesitaba más a Dios. Entonces escogieron a un científico para que fuera a decirle a Dios que ya no hacia falta.  El científico caminó hasta Dios y dijo, "Dios, hemos decidido que nosotros no le necesitamos más.  Hemos avanzado al punto en que a través de la ciencia podemos clonar y reproducir a las personas y hacer muchas otras cosas milagrosas, así que mejor que se valla y se pierda.  Dios escuchó muy pacientemente y amablemente al hombre y después de que el científico termino de hablar Dios dijo, "muy bien, porque no hacemos algo, hagamos una competencia de hacer un hombre.”   A lo que el científico contestó, "¡acepto, fantástico! Entonces Dios agrego, “pero lo haremos tal como lo hice en la antigüedad en los días de Adán.”  El científico dijo, "seguro, ningún problema" y con eso se dobló y se asió de un puñado de tierra. Dios entonces le miro y le dijo, "no, no, no. Vaya y consiga su propia tierra.”  Cuando permitimos que las cosas de éste mundo tomen prioridad en nuestra vida, estamos rechazando toda Su gloria y poder.  Esto significa que le estamos siendo infiel. Es fácil caer en ésta trampa, es fácil pensar que podemos resolverlo todo por nuestra propia habilidad. Y ésta es una trampa que ha sido diseñada con el propósito de alejarnos de Dios, y es por eso que no podemos permitir que nuestros deseos y lujurias controlen nuestra vida. No podemos darle una espada al enemigo la cual pueda usar en contra nuestra. Porque el tener amistad con el mundo implica buscar placer a expensas de los demás y desobedecer a Dios. ¿Qué podemos hacer para evitar caer en esta trampa? 

La respuesta la encontramos en los versículos cinco y seis que nos dicen: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes." Aquí encontramos algo que todo creyente tiene que creer sin que exista duda alguna. Hermanos, ¡el Espíritu Santo mora en nosotros! Dile a la persona que tienes a tu lado, el Espíritu Santo mora en mí.  El Espíritu Santo mora en nosotros y nos anhela celosamente en todo momento.  Cuando creemos esto sin que exista duda, no existe tentación que no podamos resistir, no existe batalla que no podamos ganar. Dios ha permitido que el Espíritu Santo more en cada uno de nuestros corazones para que podamos vencer las tentaciones, y podamos ser guiados a través de las pruebas de ésta vida. Él ha permitido que el Espíritu Santo more en nosotros para que nos de convicción de las cosas que hacemos que están mal hechas. El Espíritu Santo nos cuida celosamente para que nunca nos apartemos de Dios. Dios quiere derramar su gracia sobre nosotros, Dios quiere lo mejor para cada uno de sus hijos, pero si continuamos viviendo en pecado, si endurecemos nuestro corazón y nos rebelamos contra Dios; entonces no recibiremos nada de Dios. Pero Dios si derrama Su gracia sobre el humilde; toda persona que le da la espalda a las cosas de este mundo, toda persona que confía en Dios en todo instante recibirá bendiciones, tras bendiciones, y su infinita gracia. 

Para concluir. Hemos visto cuatro razones que nos facilitan ceder a la tentación; éstas razones son la pasión o lujuria, la desconfianza, orar indebidamente y la mundanería. Pero más importante de todo hemos visto que podemos obtener la victoria sobre todas estas cosas. Podemos obtener la victoria porque el Espíritu Santo mora en nosotros y nos cuida celosamente. Pero solo podremos obtener la victoria si no dudamos, solo podremos obtener la victoria cuando hacemos tal como nos dice Santiago en los versículos del siete al diez: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10Humillaos delante del Señor, y él os exaltará." Es hora de que el pueblo de Dios se someta a Dios sin condiciones. No podemos permitir que las cosas de este mundo, que las dudas, o la desconfianza detengan la obra de Dios en cada uno de nosotros. No existe poder ni potestad que pueda derrumbar lo que Dios ha hecho, no existe poder ni potestad que nos pueda quitar la victoria que Cristo murió en la cruz para entregarnos. No podemos ser personas de doble ánimo, tenemos que confiar que Dios está con nosotros en todo momento. Humillémonos delante del Señor, reconozcamos nuestros pecados y tal como nos dice la Palabra: "y él os exaltará."

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