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Obispo José R. Hernández

Nos bendijo con toda bendición espiritual

En el día de hoy quiero que hablemos acerca de las bendiciones. En casi toda ocasión, cuando se habla de las bendiciones, lo primero que llega a la mente de las personas son las posesiones materiales.  Lo primero que llega a la mente son las cosas como el automóvil, la casa, el trabajo, la cuenta de ahorro, y todas esas demás cosas que nosotros tenemos la oportunidad de poseer a través de nuestro esfuerzo humano.  Pero la realidad del caso es que las bendiciones de Dios son mucho más que cualquier cosa que podamos poseer. Las bendiciones de Dios no son materiales, sino celestiales y espirituales. Es de esto mismo que estaremos estudiando en el día de hoy.  En el día de hoy vamos a estudiar unos versículos bíblicos que tratan directamente con las bendiciones que Él derrama sobre cada persona que cree y confía en Su Hijo amado, pero que muchos no saben que las tienen, o no se han dado cuenta de ellas y su significado. 

Efesios 1:3-14 - Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, 7 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Como les dije anteriormente, las bendiciones de Dios son más espirituales y celestiales que materiales. Con esto no quiero decir que Dios no nos bendice en lo material, sino les estoy diciendo que lo material en si no es de gran importancia. Lo más importante es lo espiritual.  Esto es algo que queda bien declarado en este versículo cuando leemos "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo." Pero esto aquí es algo que no todos estamos bien conciente de ello.  Desdichadamente,  la mayoría de las personas suelen no ver las bendiciones de Dios debido a situaciones o circunstancias difíciles por las que pueden estar pasando.  Como seres humanos al fin, en ocasiones nosotros nos podemos sentir mal.  En ocasiones podemos estar deprimidos o tristes.  En ocasiones nos podemos sentir oprimidos por situaciones o circunstancias.  Pero si nuestro espíritu esta fuerte, si nuestra fe y confianza en Cristo no flaquea o nos falla, entonces podemos levantarnos y conquistar cualquier situación que pueda surgir.  Es como nos dice la palabra en Filipenses 4:13 cuando leemos “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”  En otras palabras, podemos vivir días victoriosos porque sabemos que Cristo nos fortalece para obtener la victoria sobre las pruebas y tribulaciones.  Sabemos que Cristo nos fortalece para que podamos vencer las tentaciones.  Sabemos que no existe problema o situación que Él no pueda vencer. Pero, si nuestra condición espiritual es débil, si no estamos parados firmes en las promesas de Dios y confiamos en Él absolutamente, entonces no importa cuantas veces vallamos a la iglesia y escuchemos los mensajes.  No importa donde estemos o quien nos pueda acompañar; nada de esto importa porque pase lo que pase, siempre nos sentiremos desamparados y solos.  Y una gran realidad acerca de nuestro Dios es que este no es Su plan para nuestra vida.  Dios no quiere que Su pueblo viva derrotado y a la merced de los poderes de las tinieblas.  Dios no quiere que vivamos derrotados y a la merced de este mundo de maldad. 

Cristo no vino a este mundo para que nosotros conduzcamos una vida en constante sufrimiento y dolor.  Claro esta en que en ocasiones nos tocara pasar por momentos difíciles, pero para esos momentos tenemos Su promesa.  Fíjense como nos dice el Señor en Juan 16:33 cuando leemos "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo."  Cristo no vino a este mundo para entregarnos una vida llena de sufrimiento y dolor.  Él no quiere que su pueblo viva derrotado, y no existe ninguna razón para que vivamos de esta manera. Pero el problema consiste que en muchas ocasiones nuestro espíritu se encuentra débil. Esto por supuesto solo conduce a una cosa, esto solo conduce a que en momentos de dificultad nos falle la fe.  Es por eso que les digo en el día de hoy que la mayor bendición que Dios derrama sobre nosotros es la bendición espiritual.   ¿Por qué digo esto?  Digo esto porque las bendiciones espirituales son completamente diferentes a las bendiciones temporarias, o materiales. Las bendiciones espirituales son gloriosas, son las bendiciones que borran la tristeza, borran el dolor, la angustia, y las preocupaciones. Son las bendiciones que le entregan al hombre una vida abundante. Son las bendiciones que son superiores a todas las bendiciones materiales. Una gran realidad es que nosotros todos nos podemos considerar bendecidos por nuestras posesiones materiales, pero nada de eso es duradero.

Como he dicho en numerosas ocasiones, todo lo material se puede perder en un abrir y cerrar de ojos. Esto es algo que queda bien reflejado en la declaración de nuestro Señor Jesucristo en Mateo 6:19-20 cuando leemos “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan 20 sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.”  Nada de lo que podemos acumular aquí en esta tierra es permanente, solo las bendiciones que Dios derrama sobre nosotros son permanentes. Solo las bendiciones espirituales son perfectas en todo aspecto. Es por eso que cuando buscamos ser bendecidos espiritualmente, entonces nos podemos enfrentar a cualquier situación, y podemos dar la buena batalla sin desmayar. Pero la única manera de poder recibir las bendiciones espirituales es de permanecer siempre firmes en Cristo. Dios quiere que nosotros vivamos confiando en Él.  Él no quiere que nos separemos o apartemos, no quiere que estemos sufriendo o apenados. Dios quiere que cada uno de nosotros vivamos bendecidos.  Dile al hermano que tienes a tu lado, Dios te ha bendecido.  Pero como les dije no todos alcanzan ver las bendiciones que Dios ha derramado y esta derramando sobre ellos. Pero si piensas que Dios no te bendice, o que no te ha bendecido, presta atención.  Presta atención porque en estos versículos que estamos estudiando en el día de hoy encontraremos siete bendiciones que toda persona que se entrega a Cristo ha recibido.  Bendiciones que no podemos tocar, y que no podemos ver, pero bendiciones que hemos recibido desde un primer momento, perfectas y duraderas. 

La primera bendición es que Dios nos ha escogido a ser santos y sin mancha. "Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él." Él nos ha escogido individualmente para que estemos con Él. Dile al hermano que tienes a tu lado, Dios pensó en ti. Ahora pregunto, ¿no es esto la bendición más grande que podemos recibir? Dios ha escogido a los creyentes para que seamos perfectos. Dios nos ha escogido antes de la fundación del mundo para que vivamos en su reino. No para que vivamos tristes, no para que vivamos angustiados, porque en el reino de Dios esas cosas no existen. Dios nos ama de tal manera que nos ha aceptado en la justicia de Jesucristo. Él ha tomado nuestra fe en Cristo y lo ha contado como la justicia de Cristo. Esto es algo que queda bien reflejado en 2 Corintios 5:21 cuando leemos “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”  Es solo por esta razón que nosotros somos aceptables a Dios.  No somos perfectos, no somos sin manchas, pero hemos recibido la bendición que algún día estaremos ante Su presencia en justicia y verdad porque Cristo nos lo entrego en la cruz.  Hemos recibido la perfección a través de Cristo.  

La segunda bendición es que fuimos adoptados como sus hijos. "En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad." Dile al hermano que tienes a tu lado, somos hijos de Dios.  Esto pinta la más bella imagen de lo que Dios ha hecho por nosotros. Nosotros fuimos adoptados por Dios como sus hijos. Esto nos esta diciendo que nada nos puede detener. Nada ni nadie puede detener el propósito que Dios tiene con nuestra vida. Nosotros podemos pasar por situaciones que encontremos difíciles; podemos sufrir a causa del pecado y deshonra de este mundo, y hasta podemos caer y sentirnos abandonados.  Pero cuando somos hijos genuinos de Dios, no seremos vencidos. Si nos encontramos en situaciones difíciles y hemos bajado nuestra guardia o hemos caído, tenemos que levantarnos rápidamente y seguir a Cristo. Fíjense como lo dijo el Señor en Lucas 9:23 cuando leemos "Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame."  Las palabras claves aquí son “cada día.”  ¿Por qué cada día?  Hermanos es porque cada día trae un nuevo desafió. Cada día trae una nueva tentación, y solo a través de Cristo lograremos vencer.  A través de su hijo Jesucristo, Dios nos ha entregado la victoria sobre todas las cosas.  Esto es algo que queda bien declarado en Romanos 8:37 cuando leemos “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”  Dile al hermano que tienes a tu lado, somos vencedores.   

La tercera bendición es que fuimos redimidos y nuestros pecados perdonados. "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia." Jesús nos ha hecho libre, y nos ha entregado la salvación. El hombre estaba cautivo por el pecado, estábamos cautivos por las cosas de este mundo, pero cuando llegamos a Cristo somos redimidos de todas esas cosas. La sangre de Cristo nos lava de todo pecado y pasamos a ser criaturas nuevas.  Más confirmación de esto lo encontramos en 2 Corintios 5:17 cuando leemos “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 

La cuarta bendición es que Dios nos da sabiduría e inteligencia. "Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia." De nuevo les digo que esta bendición solo viene a través de Jesucristo. Digo esto porque Dios solo le dará Su sabiduría e inteligencia a aquellos que honran a Su Hijo. ¿De qué sabiduría les hablo?  La sabiduría es el saber que hacer en esos momentos determinados. La sabiduría es el ver las soluciones a los problemas según surjan usando la Palabra de Dios.  Esto es algo que queda bien reflejado en las palabras de nuestro Señor como encontramos en Lucas 21:15 cuando leemos "porque yo os daré palabra y sabiduría, la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se opongan." 

La quinta bendición es que Dios nos ha revelado el misterio de Su voluntad.  Fíjense bien como leemos aquí "dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra." El misterio de la voluntad de Dios es de recoger y unir a todos los creyentes en un espíritu de paz y armonía. Todas las cosas son reunidas bajo la autoridad y justificación de Jesucristo. La iglesia de Cristo es el instrumento de reconciliación y paz, el cuerpo representativo de Él aquí en la tierra.   

La sexta bendición es que Dios nos ha dado una herencia. "En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo." Dios toma al creyente y lo hace su posesión. Él nos toma a cada uno de nosotros y nos da el privilegio de vivir ante Su presencia y de tener vida eterna. Viviremos por siempre en el nuevo cielo y la nueva tierra como una perfecta demostración de Su gloria. ¿Como podemos recibir esta herencia? Aquí vemos que nos habla de dos maneras. La primera manera es oyendo la Palabra de Dios. Porque una persona tiene que oír la Palabra de Dios antes de que pueda conocer la verdad del evangelio de salvación. Y la segunda manera es creyendo y confiando en nuestro Señor Jesucristo.  Fíjense bien como nos dice la palabra en Romanos 10:11 cuando leemos “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.”  

La séptima bendición que hemos recibido es que Dios nos ha sellado con el Espíritu Santo. "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria" El Espíritu Santo nos fue dado a cada uno de nosotros como una seguridad de nuestra salvación. Nosotros todos sabemos que fuimos redimidos, que somos hijos de Dios por mediación al Espíritu Santo que mora en nosotros. El Espíritu Santo es el sello de Dios de que le pertenecemos a su depósito o arras; nos garantiza que Él hará lo prometido.   

Para concluir. Con frecuencia contamos las bendiciones de Dios según nuestra necesidad material. No nos damos cuenta que las bendiciones de Dios son mucho más que esto. Como hemos visto Dios nos empieza a bendecir desde el primer instante que llegamos a Él, pero nosotros en muchas ocasiones somos impacientes y solo alcanzamos ver lo material. Tenemos que pedirle a nuestro Señor bendiciones, pero no cosas materiales, ya que lo material son cosas temporarias. ¿Qué debemos estar buscando de Dios?  Debemos hacer como nos dice el Señor en Mateo 6:33 cuando leemos “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.”  En otras palabras pedirle y buscar que nos bendiga espiritualmente. Pedirle que nos de la sabiduría de como resolver las situaciones, pedirle que nos de la fuerza espiritual para que nunca le fallemos. Pedirle que fortalezca nuestra fe, y aumente nuestra paciencia. 

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