Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

Bienvenido eres Señor

Hoy es el día cuando tradicionalmente se estudia acerca del domingo de ramos, hoy es el día cuando se estudia acerca de la entrada de nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén.  Hoy es el día que marca cuando el Rey de Reyes y Señor de Señores fue grandemente honrado por el pueblo, ya que todos le ofrecieron lo mejor que le podían ofrecer.  Estoy seguro que todos aquí estamos familiarizados con los eventos que trascurrieron ese día, y sé que seguramente muchos digan que lo que les he dicho no puede ser posible, ya que ¿cómo puede ser que una rama de un árbol o un manto sea lo mejor de una persona?  Si piensas así tienes razón; una rama de un árbol o palmera, o un manto no representa lo mejor de una persona.  Así que obviamente no les puedo estar hablando de lo material, no les puedo estar hablando de las ramas o mantos.  Pero, si no les estoy hablando de eso, entonces, ¿de qué les hablo?  Estudiemos ahora lo que aconteció en este día histórico, para encontrar la respuesta a esta pregunta.   

Mateo 21:1-11 - Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. 3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. 4 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: 5 Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga. 6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; 7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. 8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: !!Hosanna al Hijo de David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna en las alturas! 10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? 11 Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.  

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  En este tiempo de la historia, el pueblo judío  se sentía grandemente oprimido.  Ellos estaban bajo el dominio del imperio Romano, que gobernaba con mano fuerte.  Ellos tenían que pagar los impuestos que exigía Roma, tenían fuertes restricciones, y la ejecución por medio de la crucifixión era algo común.  Permítanme detenerme aquí por un breve instante para compartir un pequeño pedazo de información referente a este tipo de ejecución, que ilustrara muy bien de la manera que el imperio se sentía en cuanto al pueblo judío.  Como todos sabemos, la crucifixión era el método de ejecución preferido por el imperio romano.  Pero algo que muchos desconocen es que ellos consideraban esto como una manera de morir tan cruel, que todo ciudadano romano era exento de morir por este medio.  Morir en la cruz era considerado como la muerte para un esclavo. Con esta pequeña porción de información, ¿pueden imaginarse ya de la manera que el imperio se sentía y pensaba del pueblo judío?  Es por esta y numerosas otras razones que el pueblo judío estaba ansioso de que llegara el Mesías. El pueblo estaba ansioso de llegara el rey que les libraría del sufrimiento que padecían, tal como lo había dicho el profeta en Zacarías 9:9 cuando escribió “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”   Como les dije, ellos estaban ansiosos de que se cumpliera la profecía, ellos estaban ansiosos de que llegara el rey que vencería el imperio romano.  Con esto en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.   

Estos acontecimientos que estamos estudiando en el día de hoy, marcan el comienzo de la última semana de nuestro Señor en la tierra.  Demás esta decir que en este punto de la historia, Jesucristo era bastante reconocido; sin duda alguna podemos decir que Su reputación le precedía.  Esto significa que en este punto de la historia, este pueblo había presenciado con sus propios ojos o había escuchado acerca de cómo el Señor le había restaurado la visión a los ciegos.  Este pueblo había presenciado o había escuchado de cómo el Señor había sanado a los leprosos.

Este pueblo había presenciado o había escuchado de cómo el Señor había sanado a los paralíticos.  Este pueblo había presenciado o había escuchado de cómo el Señor había resucitado a Lázaro.  Este pueblo había presenciado o había escuchado de cómo Él le había dado de comer a la multitud con solo cinco panes y dos peces.  En este punto de la historia este pueblo había presenciado o había escuchado de todos los milagros, sanidades, y señales que Cristo había hecho, así que este pueblo que ahora salía a recibirle estaba bastante convencido de que Él era la solución a sus problemas.   

Ellos estaban bastante convencidos de que Él cumpliría la profecía, y que finalmente serian liberados, y por eso ahora estaban tan contentos y le ofrecían lo mejor de ellos.  Fíjense bien como lo dice aquí cuando leemos “Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: !!Hosanna al Hijo de David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna en las alturas!!  ¿Lo pueden ver ya?  ¿Pueden ver qué fue lo mejor que ellos le ofrecieron a Jesús?  Ciertamente no fueron las ramas de un árbol, ciertamente no fueron los mantos.  Pero si no fue nada de eso, entonces ¿qué fue?  Hermanos lo mejor que ellos le ofrecieron a Jesús en ese momento, y lo mejor que nosotros le podemos ofrecer a Él ahora es nuestra alabanza. Según Jesús iba entrando en Jerusalén, este pueblo adoraba a Jesús; este pueblo alababa al Rey de Reyes y Señor de Señores, fíjense bien como ellos decían.  Ellos aclamaban “!!Hosanna al Hijo de David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna en las alturas!!”  Estas son palabras de celebración; estas son palabras de júbilo.  El rey que había sido profetizado finalmente había llegado, pero algo sucedió.  Después de un pequeño tiempo, las alabanzas y el júbilo se termino.  Pero ahora debemos detenernos y preguntarnos, ¿por qué se terminaron?  La respuesta es que se terminaron por la misma razón que continúan terminándose hoy en día.  Se terminaron porque Jesús no actuó de la manera que ellos deseaban o esperaban que Él actuara. Sé que algunos quizás piensen, ¿cómo es eso pastor?  Pero pensemos en esto por un breve instante, y veamos si lo que les digo tiene sentido.  Como les dije hace un breve momento, este pueblo estaba esperando ser liberado del imperio romano.  Ellos estaban esperando que llegara el rey que reuniría un ejército, y echaría de la tierra al imperio romano, pero esto no fue lo que sucedió. 

¿Qué sucedió?  Este hombre llamado Jesús, en quien ellos habían depositado su fe de ser liberados de la opresión romana no trato de reclutar o reunir un ejército.  Este hombre en quien ellos habían depositado su fe que seria el próximo rey según la profecía, no trato de unificar al pueblo para que se alzaran.  Este hombre en quien todos depositaron su fe hizo lo que ellos nunca se imaginaron.  ¿Qué hizo este hombre?  Jesús llego acabando con la tradición.  Fíjense bien como dice Mateo 21:12-12 cuando leemos “Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.”  Jesús en vez de quitarles el tributo que le pagaban a Roma, les enseño que lo pagaran.  Fíjense bien como nos dice la Palabra en Mateo 22:17-21Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? 18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20 Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción? 21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.”   Jesús en vez de llegar a unificar al pueblo, llego insultando y acusando a los líderes religiosos de ese entonces.  Fíjense bien como nos dice la Palabra en Mateo 23:27 cuando leemos “!!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.”   ¿Se están dando cuenta de lo que hizo Jesús?  Jesús hizo exactamente lo opuesto de lo que este pueblo esperaba, y es por esa razón que la alabanza fue silenciada, es por esa razón que el pueblo dejo morir su jubilo. 

Hermanos y esta actitud es una que aun se manifiesta hoy en día.  ¿Por qué digo esto?  Digo esto porque es muy fácil alabar a Dios cuando las cosas marchan van de la manera que nosotros pensamos tienen que ir.  Es muy fácil honrar y alabar a Dios cuando las circunstancias aparecen completamente favorables.  Es muy fácil mantener el júbilo cuando Cristo se glorifica en nuestra vida, y los obstáculos son vencidos.  Pero, ¿qué sucede cuando las cosas no marchan como pensamos que deban marchar?  ¿Qué sucede cuando las circunstancias no aparecen tan favorables, y experimentamos dificultades?  Creo que si somos honestos con nosotros mismos, la mayoría de ustedes estarán de acuerdo cuando digo que el júbilo muere, y alabar a Dios se convierte en algo difícil, ¿verdad? 

En ocasiones Dios nos da lo que le pedimos, pero de lo que si podemos estar absolutamente seguros es que Dios siempre nos da lo que necesitamos.  Fíjense bien como lo dijo el Señor en Mateo 6:8, “No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.”  Esto me deja saber que Dios esta atento a lo que cada uno de nosotros necesita.  También en Filipenses 4:19 leemos “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”  Esto me deja saber que siempre recibiremos de Dios lo que necesitamos, algo que no siempre concuerda con lo que queremos.  Fíjense bien como lo dijo Pablo en 1 Corintios 10:23  cuando dijo "Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica."  Lo que sucede con frecuencia es que nuestros deseos por las cosas de este mundo influencian de la manera que actuamos y nos comportamos.  Nuestros deseos y ambiciones nos sirven de obstáculo en nuestro caminar cristiano. Nuestros deseos y ambiciones nos ciegan a la realidad, y dejamos de fijarnos en lo que se fija Dios.  ¿Qué sucede entonces? Lo que sucede es que perdemos de vista lo que verdaderamente necesitamos, y esto nos conduce a disgustarnos con Dios.  Nos conduce a disgustarnos con Dios porque no recibimos lo que pensamos que merecemos. Una vez que esto sucede nuestras oraciones ya no son hechas con fe, son hechas por si acaso.  Cuando esto sucede nuestras oraciones son hechas con el propósito de satisfacer nuestros deseos de la carne.  Esto fue lo que le paso a ese pueblo, y eso es lo que sucede aun hoy.  Porque ellos se fijaron solo en lo que querían, porque ellos se fijaron solo en las circunstancias que le rodeaban, ellos dejaron de ver que el Rey que esperaban si había llegado. Ellos no lograron ver que el Mesías había llegado para liberarles de mucho más que de las  circunstancias terrenales; ellos no llegaron ver, y aun no pueden ver, que Él les abrió las puertas del reino de Dios.  Él vino para entregarles la vida eterna, y para liberarles de la opresión del pecado, pero ellos no entendieron.  Y porque no pudieron comprender estas cosas, porque Jesús no actúo de la manera que ellos esperaban, el júbilo de su llegada murió, y la alabanza fue silenciada.  Porque Jesús no actuó de la manera que ellos esperaban, todo lo que habían aprendido, todo lo que habían presenciado, todo lo que habían escuchado, todos los milagros, todas las señales, todo, pero todo, quedo como si hubiese sido borrado.   

Para concluir.  El pueblo judío deseaba ser liberado de la opresión del imperio romano, pero Jesús llego a liberarles de mucho más.  El pueblo judío esperaba que Jesús actuara de cierta forma, pero Jesús actuó de manera completamente opuesta.  Ellos no lograron entender que la profecía se había cumplido, y que el Rey de Reyes y Señor de Señores había llegado a Jerusalén.  No lograron entender estas cosas porque su mirada estaba fija en las cosas de este mundo, y no en la divina voluntad de Dios.  En ocasiones a nosotros nos toca pasar por momentos difíciles, quizás existan algunos que en este momento estén atravesando por situaciones desagradables, situaciones donde tal parece que Dios se ha olvidado de nosotros, pero si ese es el caso recuerda que eso no es verdad.  Si ese es el caso recuerda las palabras de nuestro Señor cuando dijo, y te dice ahora como esta escrito en Juan 16:33,  “…En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”  No permitas que las circunstancias que te rodean te hagan perder tu júbilo.  No permitas que las circunstancias que te rodean detengan tu adoración a Él. 

 Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

 
email: José R. Hernández
 

  © Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved.