Bienvenido eres Señor
Hoy es el día cuando tradicionalmente se estudia acerca del
domingo de ramos, hoy es el día cuando se estudia acerca de la
entrada de nuestro Señor Jesucristo en Jerusalén.
Hoy es el día que marca cuando el Rey de Reyes y Señor de
Señores fue grandemente honrado por el pueblo, ya que todos le
ofrecieron lo mejor que le podían ofrecer. Estoy seguro que
todos aquí estamos familiarizados con los eventos que
trascurrieron ese día, y sé que seguramente muchos digan que lo
que les he dicho no puede ser posible, ya que ¿cómo puede ser
que una rama de un árbol o un manto sea lo mejor de una
persona? Si piensas así tienes razón; una rama de un árbol o
palmera, o un manto no representa lo mejor de una persona. Así
que obviamente no les puedo estar hablando de lo material, no
les puedo estar hablando de las ramas o mantos. Pero, si no
les estoy hablando de eso, entonces, ¿de qué les hablo?
Estudiemos ahora lo que aconteció en este día histórico, para
encontrar la respuesta a esta pregunta.
Mateo 21:1-11
- Cuando se acercaron a Jerusalén,
y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos
discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está
enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un
pollino con ella; desatadla, y traédmelos. 3 Y si
alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego
los enviará. 4 Todo esto aconteció para que se
cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: 5
Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y
sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de
carga. 6 Y los discípulos fueron, e hicieron como
Jesús les mandó; 7 y trajeron el asna y el pollino,
y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. 8
Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el
camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en
el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba
detrás aclamaba, diciendo: !!Hosanna al Hijo de
David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna
en las alturas! 10 Cuando entró él en Jerusalén,
toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? 11
Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de
Galilea.
Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del
mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será
necesario hacer un breve repaso de historia. En este tiempo de
la historia, el pueblo judío se sentía grandemente oprimido.
Ellos estaban bajo el dominio del imperio Romano, que gobernaba
con mano fuerte. Ellos tenían que pagar los impuestos que
exigía Roma, tenían fuertes restricciones, y la ejecución por
medio de la crucifixión era algo común. Permítanme detenerme
aquí por un breve instante para compartir un pequeño pedazo de
información referente a este tipo de ejecución, que ilustrara
muy bien de la manera que el imperio se sentía en cuanto al
pueblo judío. Como todos sabemos, la crucifixión era el método
de ejecución preferido por el imperio romano. Pero algo que
muchos desconocen es que ellos consideraban esto como una
manera de morir tan cruel, que todo ciudadano romano era exento
de morir por este medio. Morir en la cruz era considerado como
la muerte para un esclavo. Con esta pequeña porción de
información, ¿pueden imaginarse ya de la manera que el imperio
se sentía y pensaba del pueblo judío? Es por esta y numerosas
otras razones que el pueblo judío estaba ansioso de que llegara
el Mesías. El pueblo estaba ansioso de llegara el rey que les
libraría del sufrimiento que padecían, tal como lo había dicho
el profeta en Zacarías 9:9
cuando escribió “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de
júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y
salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino
hijo de asna.” Como les dije, ellos estaban ansiosos de
que se cumpliera la profecía, ellos estaban ansiosos de que
llegara el rey que vencería el imperio romano. Con esto en
mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.
Estos acontecimientos que estamos estudiando en el día de hoy,
marcan el comienzo de la última semana de nuestro Señor en la
tierra. Demás esta decir que en este punto de la historia,
Jesucristo era bastante reconocido; sin duda alguna podemos
decir que Su reputación le precedía. Esto significa que en
este punto de la historia, este pueblo había presenciado con
sus propios ojos o había escuchado acerca de cómo el Señor le
había restaurado la visión a los ciegos. Este pueblo había
presenciado o había escuchado de cómo el Señor había sanado a
los leprosos.
Este pueblo había presenciado o había escuchado de cómo el
Señor había sanado a los paralíticos. Este pueblo había
presenciado o había escuchado de cómo el Señor había resucitado
a Lázaro. Este pueblo había presenciado o había escuchado de
cómo Él le había dado de comer a la multitud con solo cinco
panes y dos peces. En este punto de la historia este pueblo
había presenciado o había escuchado de todos los milagros,
sanidades, y señales que Cristo había hecho, así que este
pueblo que ahora salía a recibirle estaba bastante convencido
de que Él era la solución a sus problemas.
Ellos estaban bastante convencidos de que Él cumpliría la
profecía, y que finalmente serian liberados, y por eso ahora
estaban tan contentos y le ofrecían lo mejor de ellos. Fíjense
bien como lo dice aquí cuando leemos “Y
la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el
camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en
el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba
detrás aclamaba, diciendo: !!Hosanna al Hijo de
David! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor! !!Hosanna
en las alturas!! ¿Lo
pueden ver ya? ¿Pueden ver qué fue lo mejor que ellos le
ofrecieron a Jesús? Ciertamente no fueron las ramas de un
árbol, ciertamente no fueron los mantos. Pero si no fue nada
de eso, entonces ¿qué fue? Hermanos lo mejor que ellos le
ofrecieron a Jesús en ese momento, y lo mejor que nosotros le
podemos ofrecer a Él ahora es nuestra alabanza. Según
Jesús iba entrando en Jerusalén, este pueblo adoraba a Jesús;
este pueblo alababa al Rey de Reyes y Señor de Señores, fíjense
bien como ellos decían. Ellos aclamaban “!!Hosanna
al Hijo de David! !!Bendito el que viene en el nombre del
Señor! !!Hosanna en las alturas!!” Estas son palabras de
celebración; estas son palabras de júbilo. El rey que había
sido profetizado finalmente había llegado, pero algo sucedió.
Después de un pequeño tiempo, las alabanzas y el júbilo se
termino. Pero ahora debemos detenernos y preguntarnos, ¿por
qué se terminaron? La respuesta es que se terminaron por la
misma razón que continúan terminándose hoy en día. Se
terminaron porque Jesús no actuó de la manera que ellos
deseaban o esperaban que Él actuara. Sé que algunos quizás
piensen, ¿cómo es eso pastor? Pero pensemos en esto por un
breve instante, y veamos si lo que les digo tiene sentido.
Como les dije hace un breve momento, este pueblo estaba
esperando ser liberado del imperio romano. Ellos estaban
esperando que llegara el rey que reuniría un ejército, y
echaría de la tierra al imperio romano, pero esto no fue lo que
sucedió.
¿Qué sucedió? Este hombre llamado Jesús, en quien ellos habían
depositado su fe de ser liberados de la opresión romana no
trato de reclutar o reunir un ejército. Este hombre en quien
ellos habían depositado su fe que seria el próximo rey según la
profecía, no trato de unificar al pueblo para que se alzaran.
Este hombre en quien todos depositaron su fe hizo lo que ellos
nunca se imaginaron. ¿Qué hizo este hombre? Jesús llego
acabando con la tradición. Fíjense bien como dice
Mateo 21:12-12 cuando leemos “Y
entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que
vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los
cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; 13
y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será
llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.”
Jesús en vez de quitarles el tributo que le pagaban a Roma, les
enseño que lo pagaran. Fíjense bien como nos dice la Palabra
en Mateo 22:17-21 “Dinos,
pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?
18 Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo:
¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19 Mostradme la
moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20
Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?
21 Le dijeron: De César. Y les dijo: Dad, pues, a
César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.”
Jesús en vez de llegar a unificar al pueblo, llego insultando y
acusando a los líderes religiosos de ese entonces. Fíjense
bien como nos dice la Palabra en Mateo
23:27 cuando leemos “!!Ay de vosotros, escribas y
fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros
blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos,
mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda
inmundicia.” ¿Se están dando cuenta de lo que hizo
Jesús? Jesús hizo exactamente lo opuesto de lo que este pueblo
esperaba, y es por esa razón que la alabanza fue silenciada, es
por esa razón que el pueblo dejo morir su jubilo.
Hermanos y esta actitud es una que aun se manifiesta hoy en
día. ¿Por qué digo esto? Digo esto porque es muy fácil alabar
a Dios cuando las cosas marchan van de la manera que nosotros
pensamos tienen que ir. Es muy fácil honrar y alabar a Dios
cuando las circunstancias aparecen completamente favorables.
Es muy fácil mantener el júbilo cuando Cristo se glorifica en
nuestra vida, y los obstáculos son vencidos. Pero, ¿qué sucede
cuando las cosas no marchan como pensamos que deban marchar?
¿Qué sucede cuando las circunstancias no aparecen tan
favorables, y experimentamos dificultades? Creo que si somos
honestos con nosotros mismos, la mayoría de ustedes estarán de
acuerdo cuando digo que el júbilo muere, y alabar a Dios se
convierte en algo difícil, ¿verdad?
En ocasiones Dios nos da lo que le pedimos, pero de lo que si
podemos estar absolutamente seguros es que Dios siempre nos da
lo que necesitamos. Fíjense bien como lo dijo el Señor en
Mateo 6:8, “No os hagáis,
pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué
cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.”
Esto me deja saber que Dios esta atento a lo que cada uno de
nosotros necesita. También en
Filipenses 4:19 leemos “Mi Dios, pues, suplirá todo
lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo
Jesús.” Esto me deja saber que siempre recibiremos de Dios
lo que necesitamos, algo que no siempre concuerda con lo que
queremos. Fíjense bien como lo dijo Pablo en
1 Corintios 10:23 cuando dijo "Todo
me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no
todo edifica." Lo que sucede con frecuencia es que
nuestros deseos por las cosas de este mundo influencian de la
manera que actuamos y nos comportamos. Nuestros deseos y
ambiciones nos sirven de obstáculo en nuestro caminar
cristiano. Nuestros deseos y ambiciones nos ciegan a la
realidad, y dejamos de fijarnos en lo que se fija Dios. ¿Qué
sucede entonces? Lo que sucede es que perdemos de vista lo que
verdaderamente necesitamos, y esto nos conduce a disgustarnos
con Dios. Nos conduce a disgustarnos con Dios porque no
recibimos lo que pensamos que merecemos. Una vez que esto
sucede nuestras oraciones ya no son hechas con fe, son hechas
por si acaso. Cuando esto sucede nuestras oraciones son hechas
con el propósito de satisfacer nuestros deseos de la carne.
Esto fue lo que le paso a ese pueblo, y eso es lo que sucede
aun hoy. Porque ellos se fijaron solo en lo que querían,
porque ellos se fijaron solo en las circunstancias que le
rodeaban, ellos dejaron de ver que el Rey que esperaban si
había llegado. Ellos no lograron ver que el Mesías había
llegado para liberarles de mucho más que de las circunstancias
terrenales; ellos no llegaron ver, y aun no pueden ver, que Él
les abrió las puertas del reino de Dios. Él vino para
entregarles la vida eterna, y para liberarles de la opresión
del pecado, pero ellos no entendieron. Y porque no pudieron
comprender estas cosas, porque Jesús no actúo de la manera que
ellos esperaban, el júbilo de su llegada murió, y la alabanza
fue silenciada. Porque Jesús no actuó de la manera que ellos
esperaban, todo lo que habían aprendido, todo lo que habían
presenciado, todo lo que habían escuchado, todos los milagros,
todas las señales, todo, pero todo, quedo como si hubiese sido
borrado.
Para concluir.
El pueblo judío deseaba ser liberado de la opresión del imperio
romano, pero Jesús llego a liberarles de mucho más. El pueblo
judío esperaba que Jesús actuara de cierta forma, pero Jesús
actuó de manera completamente opuesta. Ellos no lograron
entender que la profecía se había cumplido, y que el Rey de
Reyes y Señor de Señores había llegado a Jerusalén. No
lograron entender estas cosas porque su mirada estaba fija en
las cosas de este mundo, y no en la divina voluntad de Dios.
En ocasiones a nosotros nos toca pasar por momentos difíciles,
quizás existan algunos que en este momento estén atravesando
por situaciones desagradables, situaciones donde tal parece que
Dios se ha olvidado de nosotros, pero si ese es el caso
recuerda que eso no es verdad. Si ese es el caso recuerda las
palabras de nuestro Señor cuando dijo, y te dice ahora como
esta escrito en Juan
16:33, “…En el mundo
tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
No permitas que las circunstancias que te rodean te hagan
perder tu júbilo. No permitas que las circunstancias que te
rodean detengan tu adoración a Él.
Copyright José R. Hernández