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Obispo José R. Hernández

Prepara tu vida

En estos días he recibido bastante correspondencia de personas que se encuentran preocupadas debido a los acontecimientos que están ocurriendo en el mundo.  Muchos están temerosos porque piensan que esta guerra es una señal de que el tiempo del fin, o mejor dicho, de que el tiempo del regreso de nuestro Señor Jesucristo ya esta bien cerca.  No es posible saber el tiempo exacto de Su regreso, esto es algo que solo el Padre sabe, pero tampoco debemos estar temerosos de ese tiempo.  Como el pueblo de Dios no podemos temer Su regreso, lo que sí debemos hacer es prepararnos para el.  Es por eso que quiero enfocar este tema en el día de hoy.  Hoy vamos analizar una parábola de nuestro Señor que nos enseñara la importancia del estar preparados, y lo que debemos hacer para prepararnos.   

Mateo 25 1:1-13 - Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. 2 Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. 3 Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; 4 mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. 5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. 6 Y a la medianoche se oyó un clamor: !Aquí viene el esposo; salid a recibirle! 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. 8 Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9 Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. 10 Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: !Señor, señor, ábrenos! 12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. 13 Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir. 

Lo primero que leemos aquí es: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo.”  Es bien interesante como el Señor compara al reino de los cielos con una boda.  Pero, ¿por qué esta comparación?  Para que podamos tener un mejor entendimiento de lo que el Señor nos dice en el día de hoy, nos será necesario que examinemos las tradiciones y costumbres del pueblo de Dios en ese entonces.  La costumbre en ese entonces era que el día de la boda el novio iba a la casa de la novia donde se celebraba la ceremonia de matrimonio.  Después de la concluir la ceremonia, entonces el novio y la novia, acompañados por todos los invitados regresaban a la casa del novio en un desfile donde se celebraría una gran cena o fiesta que podría durar hasta una semana.   Con esto en mente continuemos examinando esta parábola y aprendamos una gran lección.  El aceite en esta parábola es una representación de nuestra vida espiritual, nuestro carácter Cristiano, y de la relación que existe entre nosotros y el Espíritu Santo que ahora mora en nosotros.  La lámpara en esta parábola es una representación de nuestra vida individual. 

Aquí el Señor nos deja una gran lección; esta lección es que el creyente tiene que estar preparado para su regreso en todo momento.  Tenemos que estar vigilando y ser prudentes, en otras palabras estar listos.  Aquí vemos que eran diez vírgenes, pero que solamente cinco eran prudentes.  Si nos ponemos ha analizar  en la manera que se encuentra la iglesia hoy en día veremos que esto mismo es lo que esta sucediendo.  Existen muchos en la iglesia que tal como las cinco vírgenes insensatas han descansado en su pensamiento de que ellos están bien con Dios.   Pero si pensamos de esa manera, sepamos que estamos equivocados (Romanos 3:10).  La realidad del caso es que ninguno de nosotros podemos pensar que estamos bien con Dios, siempre existirá algo que debemos superar, siempre existirá algo por lo que debemos pedir perdón, y no existe excepción de persona.  Esto que les acabo de decir es confirmado por las mismas palabras de Cristo.  Fíjense bien en este detalle, Él nos dice: “Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.”  ¿Se están dando cuenta de lo que les digo?  Aquí podemos ver que aun las cinco prudentes también durmieron.  La razón por la que todas durmieron es porque el novio se demoraba en llegar. 

Esto también es un problema grave en la iglesia, desde el inicio de la iglesia muchos creyentes han tenido su lámpara encendida esperando recibir al novio, esperando recibir a Cristo, pero porque su llegada se ha tardado, muchos se han quedado dormidos.  En los ojos de muchos el regreso de nuestro Señor se ha tardado tanto que esta demora es utilizada para desalentar y destruir al pueblo de Dios con pensamientos y sentimientos malignos (2 Pedro 3:3-4).   Pero sepamos que la demora del regreso del Señor no es porque Él desea retardar Su promesa, la demora del regreso de Cristo es porque Él nos esta dando aun mas oportunidad para que podamos reconocer nuestros errores, nos esta dando aun mas tiempo para que podamos arrepentirnos de nuestros pecados, pero también sepamos que si regresara y puede regresar en cualquier momento (2 Pedro 3:9-10).  Dile al hermano que tienes a tu lado, “vamos a prepararnos” (Romanos 13:11).   

Continuando leemos: “Y a la medianoche se oyó un clamor: !Aquí viene el esposo; salid a recibirle! 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.” Este clamor aquí era parte de la costumbre de ese entonces, antes de que llegara el novio siempre salía uno a pregonar su llegada.  Este clamor es escuchado a diario a través del mundo en incontable lugares.  Este mismo clamor es hecho por todos aquellos que predican a Cristo, por todos aquellos siervos fieles que están dedicados a la obra de Dios.  El reino de Dios es anunciado, Su presencia es anunciada para que muchos que duermen despierten.  Fíjense bien que aquí se nos dice que todas se levantaron, que todas despertaron y comenzaron hacer los preparativos para recibir al novio.  Pero al despertar algo serio sucedió, aquí leemos “Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.”  En ese momento cinco de ellas, en otras palabras, la mitad de ese grupo se dio cuenta que en realidad no estaban preparadas para recibirle.  Hermanos esta es la triste realidad del cuerpo de Cristo hoy en día.  Muchos confiesan estar listos, muchos están convencidos de estar listos, pero si en nosotros no ha sucedido un cambio completo, si nuestra vida continua tal como éramos, entonces esa confesión no significa nada (Marcos 7:6). La realidad del caso es que en la lámpara de nuestra vida, todos necesitamos el aceite cual es la justicia de Cristo (2 Corintios 5:21).  La justicia de Cristo es el único aceite que Dios reconoce.  Una persona que dependa solamente en el aceite de su vida, y no busque del aceite que solo Cristo le puede dar, es una persona tal como las cinco vírgenes insensatas.  No podemos ser de esa manera, no podemos estar convencidos en nuestras propias mentes de que estamos listos, tenemos que buscar mas de Dios en todo momento.  Tenemos que pedirle a Cristo aceite adicional, aceite de reserva, tenemos que pedirle que llene nuestras vidas con su rectitud y justicia.  Pensemos en la función de una lámpara por unos segundos.  Cuando se prende una lámpara y se mantiene encendida por largo tiempo, llega el momento cuando el aceite o combustible se termina, eventualmente la lámpara se apaga.  Si no estamos pidiéndole a Cristo que llene nuestras vidas con Su presencia, entonces llegara el momento cuando nuestra lámpara también se apagara.   Muchos no están cumpliendo con el propósito de Dios en su vida, muchos no están cumpliendo con la misión que se nos ha encomendado, y una de las razones es porque el aceite de su lámpara se ha agotado o esta a punto de agotarse.  No es porque no aman a Dios, porque sin duda alguna se que todos aquí amamos a Dios, pero el problema esta en que muchos han perdido el primer amor (Apocalipsis 2:2-4).   

Continuando leemos: “Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas.”  Al leer esto aquí rapidito podemos pensar que estas cinco vírgenes eran un poco egoístas, ¿verdad?  Porque después de todo ellas le pudieron haber dado un poco de su aceite para que ellas también tuvieran suficiente,  pero recordemos que aquí no se esta hablando de una simple boda, se esta hablando de la boda del Cordero con su iglesia (Apocalipsis 19:7), aquí se nos esta hablando acerca de la segunda venida de Cristo.  Jesús aquí nos esta advirtiendo que cuando Él regrese muchos no estarán listos. Lo que Él nos esta advirtiendo es que es que la salvación es algo individual y personal.  Por mucho que nosotros queramos, nosotros no podemos obligar a nadie a que sea salvo, no podemos obligar a nadie a creer, lo único que podemos hacer es llevar la Palabra de Dios, predicar la verdad (Marcos 16:15-16).  Estas mujeres sabían que el novio vendría por ellas, en otras palabras conocían la verdad. 

Ellas estaban más o menos preparadas, pero más o menos no cuenta.  Hay que estar preparados completamente y más que nada, hay que estar preparados en todo momento.  Las cinco vírgenes prudentes no compartieron su aceite con las insensatas, pero esto no fue un acto de egoísmo, esto fue un acto de necesidad.  Les digo que fue un acto de necesidad porque ellas necesitarían asta la ultima gota del aceite para asegurar su desfile con el novio.  Nosotros al igual necesitamos toda nuestra fe para poder caminar con Cristo.  No es que nosotros podamos prestarle fe a nadie, esto es imposible de hacer.  Pero si podemos perder nuestra fe debido a aquellos que nos rodean.  Hermanos, lo he dicho en muchas ocasiones y lo repito una ves más, nuestra fe no puede decaer, nuestra fe es lo único que nos separa a nosotros del mundo.  Pero si permitimos ser influenciados por aquellos que nos rodean, nuestra fe puede decaer, y más peligroso aun, la podemos perder.  Muchos de nosotros sufrimos al ver como numerosas personas se apartan a diario de los caminos de Dios, sufrimos al ver como otros conociendo la verdad la tergiversan para cumplir con deseos pecaminosos, pero les digo que tenemos que aprender a ser como las cinco vírgenes prudentes.  No podemos continuar en un sufrimiento constante por aquellos que han escuchado la verdad, que han recibido la Palabra de Dios, pero que rehúsan cambiar y dejar atrás las cosas de este mundo.  No quiero que me mal interpreten con lo que les acabo de decir, no estoy diciendo que no nos preocupemos por las personas que buscan de Dios, no estoy diciendo que no nos encarguemos de aquellos que se puedan haber apartado de los caminos,  el preocuparse y el ayudar, restaurar, y orar por todos esos no es algo que debemos hacer de ves en cuando, es algo que tenemos hacer siempre (Romanos 15:1-3).  Lo que sí estoy diciendo es que tenemos que estar muy atentos para que lo que hagamos primero que todo sea la voluntad de Dios, y segundo que sea por verdaderos creyentes, es decir por personas que legítimamente buscan de Dios y no los muchos aprovechados que existen en este mundo (Mateo 7:15; Hechos 20:29).   Esas cinco mujeres conocían la verdad, conocían que el novio vendría, pero no hicieron los suficiente para prepararse.  Dile al hermano que tienes a tu lado: “hay que prepararse”.     

Para concluir.  Esta parábola es una que no le agrada a muchas personas.  No les agrada porque esta parábola contiene palabras fuertes; “Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. 11 Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: !Señor, señor, ábrenos! 12 Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco”.  El esposo llego, tres palabras fuertes.  Pero existen dos palabras más fuertes, ¡Cristo  llegara! (Mateo 25:31; 1 Tesalonicenses 4:16). Jesús nos dejo saber que Él regresaría y nos recibirá (Juan 14:2-3).  ¡El mismo Jesús que ascendió al cielo regresara por Su iglesia! (Hechos 1:11).  Porque no hemos negado su nombre, porque le aceptamos, Él ha abierto las puertas del Reino de Dios. Él es el único que las pudo abrir y es el único que las puede cerrar. Las novias que estaban preparadas pudieron entrar en las bodas, ellas obtuvieron la recompensa.  Las insensatas pidieron que se les dejase entrar, pero ellas llegaron ya tarde.  Ellas llegaron tarde para formar parte del desfile como se acostumbraba, y llegaron tarde para poder entrar por la puerta cual era cerrada para mantener a personas que no habían sido invitados afuera.  Igual sucederá con muchos creyentes, en ese día cuando llegue el Señor muchos todavía no estarán preparados, muchos estarán todavía dormidos pensando que Él se demorara aun más, pero recordemos que Él nos dice hoy: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.”  No seamos como las cinco que conociendo que el esposo llegaría se descuidaron y no se prepararon debidamente.  Busquemos de Dios, analicemos nuestra vida con cuidado, velemos por ella, no seamos tomados por sorpresa, sino esperemos Su llegada con anticipación y listos para acompañarle al lugar que Él tiene escogido para nosotros.

© Copyright José R. Hernández

  

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Predicado: 23 de Marzo del 2003

email: José R. Hernández
 

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