Alerta
Estaba hablando con unos compañeros de trabajo el otro
día, cuando de repente caímos en el tema de la religión
y de los tiempos finales. Durante esta conversación
ellos me contaron que habían visto un programa de
televisión acerca del fin del mundo, y basado en
almanaques de civilizaciones antiguas al mundo no le
queda mucho. Después de unos días también hablamos
acerca de los recientes acontecimientos; cosas como la
guerra en el medio oriente, las recientes inundaciones y
catástrofes que ocurren en todas partes del mundo, y
nuevamente caímos en el tema de las profecías acerca de
la segunda venida de Cristo. Mis compañeros de trabajo
son muy buenas personas, y ambos claman ser cristianos.
Uno clama ser Cristiano, pero a su manera; mientras que
el otro no logra superar ciertas dudas, y esto le
detiene de poderse entregar completamente a Dios. Como
se pueden imaginar, yo no pierdo la oportunidad de
ministrarles cuando se presentan los momentos debidos,
pero el mensaje que he tratado de comunicarles siempre
es recibido, pero no siempre es aceptado por completo.
Yo estoy seguro que a todos aquí nos ha tocado pasar o
estamos pasando por situaciones idénticas o quizás muy
parecidas, pero la falta de aceptación por aquellos a
los que le ministramos nunca debe desalentarnos o
descorazonarnos, digo esto porque si no estamos siendo
rechazados por algunos, esto quiere decir que estamos
haciendo algo muy mal. Si no estamos siendo rechazados
por algunos, esto quiere decir que no estamos viviendo
según la voluntad de nuestro Dios, sino que estamos
viviendo según el mundo. Es por ésta razón que hoy
deseo que examinemos una de las parábolas de nuestro
Señor que nos revelara lo que muchos hacen cuando llega
el tiempo de servir a Dios.
Mateo 25:14-30
- Porque el reino de los cielos es como un hombre que
yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus
bienes. 15A uno dio cinco talentos, y a otro
dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y
luego se fue lejos. 16Y el que había recibido
cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros
cinco talentos. 17Asimismo el que había
recibido dos, ganó también otros dos. 18Pero
el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y
escondió el dinero de su señor. 19Después de
mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y
arregló cuentas con ellos. 20Y llegando el
que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco
talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste;
aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.
21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y
fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré;
entra en el gozo de tu señor. 22Llegando
también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor,
dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros
dos talentos sobre ellos. 23Su señor le dijo:
Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel,
sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
24Pero llegando también el que había recibido
un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre
duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no
esparciste; 25por lo cual tuve miedo, y fui y
escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es
tuyo. 26Respondiendo su señor, le dijo:
Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no
sembré, y que recojo donde no esparcí. 27Por
tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al
venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los
intereses. 28Quitadle, pues, el talento, y
dadlo al que tiene diez talentos. 29Porque al
que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no
tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30Y
al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera;
allí será el lloro y el crujir de dientes.
Cuando tomamos el tiempo de analizar ésta parábola
detalladamente, pronto encontramos que en estas palabras
existe un mensaje que nos revela de la manera que todos
dentro del Cuerpo de Cristo deben actuar, es decir un
mensaje poderoso; pero a la misma vez, nos revela algo
extremadamente alarmante. Digo que aquí encontramos un
mensaje poderoso y a la misma vez alarmante porque algo
que es muy evidente aquí es que Jesús aquí no está
hablando acerca un propietario de tierra o de un
comerciante; aquí Jesús estaba hablando acerca de Él
mismo y la misión que Él nos encomendó; la parte que
llamo alarmante es que Él nos dice claramente lo que
todo creyente escuchara cuando llegue el día que nos
encontremos ante Su presencia. Y lo que escucharemos
puede ser algo muy positivo, pero también puede ser algo
muy negativo.
Algo que causa que algunos no entiendan bien el mensaje
que Él nos dejo en estos versículos es el hecho de que
Jesús aquí usa la ilustración de un comerciante que se
fue de viaje y que dejo a otros encargados de sus
asuntos. Así que, permítanme detenerme aquí por un
breve momento y explicar esto un poco mejor. Jesús aquí
dijo, “Porque el reino de los cielos es como un
hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les
entregó sus bienes. 15A uno dio cinco
talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno
conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.”
¿Por qué uso Jesús éste ejemplo? La razón numero uno
fue para que todos lo que le escucharan en ese entonces
entendieran bien en mensaje que Él les estaba
entregando. Como les dije previamente, para algunos
ésta ilustración quizás no tenga mucho sentido, pero
esto es debido a que las comodidades modernas nos
proveen o suplen casi todas nuestras necesidades sin
tener que viajar muy lejos de nuestro hogar. Así que
para poder tener un mejor entendimiento de esto,
tendremos que transportarnos a esa era. Recordemos que
las cosas en el tiempo de Jesús eran muy diferentes a
hoy en día. Durante el tiempo que nuestro Señor camino
aquí en la tierra, los supermercados no existían; las
autopistas y automóviles no existían; los trenes y
aviones no existían; en otras palabras no existían todas
esas cosas modernas que facilitan suplir nuestras
necesidades. En ese entonces era muy común que un
comerciante tuviera que viajar a ciudades específicas
para reabastecer su inventario, o para obtener nuevos
bienes que ofrecerle a sus clientes. Así que no era
fuera de lo normal que el amo o jefe dejara su hogar y
viajara para ir en busca de nuevos negocios y productos
que le proveerían mejores ganancias. Eso por supuesto
les conllevaba a que depositaran su confianza en otros
para que el negocio o comercio no quebrara durante su
ausencia. Manteniendo esto en mente, continuemos ahora
nuestro estudio de hoy.
¿Qué significado tiene esto para nosotros hoy? El
significado del viaje de éste negociante es la partida
de Cristo de éste mundo, y los talentos simbolizan los
dones que hemos recibido. En realidad no existe ninguna
diferencia entre los siervos descritos en ésta parábola
y nosotros hoy en día. Digo esto por dos razones;
numero uno, al aceptar a Cristo, todos aquí recibimos
talentos o dones. Esto es algo que queda muy bien
reflejado en 1 Corintios
12:7-11 cuando leemos, “Pero a cada uno le es
dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8Porque
a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a
otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones
de sanidades por el mismo Espíritu. 10A otro,
el hacer milagros; a otro, profecía; a otro,
discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de
lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11Pero
todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu,
repartiendo a cada uno en particular como él quiere.”
Pero el problema que surge aquí es que existen muchos
que lo quieren todo; existen muchos que quieren ser
profetas, existen muchos que quieren el don de sanidad,
existen muchos que quieren hablar en lenguas; existen
muchos que quieren demostrar o exhibir lo que ellos
entienden ser poderosas señales o talentos, y cuando no
logran poder demostrarlo, se descorazonan y se
desalientan o frustran. La razón por la que esto sucede
es porque a ellos se les olvida que Él reparte los dones
“a cada uno en particular como él quiere.” Y es
por eso que te digo hoy, no busques exhibir señales y
talentos poderosos, solamente busca agradar a Dios.
Numero dos, al partir de éste mundo, Cristo nos dejo
encargados del negocio del Padre; esto es algo que queda
bien declarado en Mateo
28:18-20 cuando leemos, “Y Jesús se acercó y
les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo
y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced
discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
20enseñándoles que guarden todas las cosas que os
he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo. Amén.” Él no partió
de éste mundo para abandonarnos sino para preparar algo
mucho mejor para todos nosotros. Esto es algo que Él
nos deja saber claramente en
Juan 14:2 cuando leemos, “En la casa de mi
Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo
hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”
¿Qué debemos y tenemos que hacer nosotros mientras
esperamos esto? La respuesta a esta pregunta es
encontrada en los próximos versículos.
Continuando con nuestro estudio leemos, “Y el que
había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y
ganó otros cinco talentos. 17Asimismo el que
había recibido dos, ganó también otros dos.” ¿Qué
quiere decir todo esto? Esto significa que como fieles
siervos de Dios, nosotros tenemos la obligación y
responsabilidad de evangelizar, testificar, y enseñar a
toda persona que todavía no conoce a Cristo lo que
encontramos en Hechos 4:11-12
cuando leemos, “Este Jesús es la piedra reprobada por
vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser
cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado
a los hombres, en que podamos ser salvos.” Tenemos
que testificarle a ese mundo ansioso y lleno de tensión
lo que encontramos en Mateo
11:28 cuando leemos, “Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”
Tenemos que testificarle a ese mundo lleno de dudas y
inquietudes que Dios no se ha olvidado o ha abandonado
al hombre; tenemos que testificarle lo que encontramos
en Juan 14:16-17 cuando
leemos, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no
puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero
vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará
en vosotros.” En otras palabras tenemos que
invertir lo que Dios nos ha dado.
Desdichadamente existen muchos dentro del pueblo de Dios
que no hacen esto, existen muchos que no invierten los
talentos que Dios le ha entregado porque no le han
sabido reconocer. Muchos son los que piensan que no ha
recibido nada, pero la realidad es que todos hemos
recibido talentos de Dios, pero no todos hemos recibido
los mimos lo que causa que algunos lleguen a pensar que
no tienen nada que ofrecer o invertir en la obra de
Dios. Es por eso que debemos notar que aquí Jesús nos
dice, que los talentos fueron entregados “a cada uno
conforme a su capacidad.” En otras palabras aquí el
Señor nos deja saber que Él nos ha entregado a cada uno
de nosotros lo que somos capaces de administrar. Él sabe
exactamente lo que cada uno de nosotros somos capaces de
hacer o lograr.
Estoy seguro que todos aquí estaremos de acuerdo cuando
digo que lo que éste mundo más necesita es un
avivamiento. Digo esto porque si todos los que viven en
el mundo regresaran a los pies de nuestro Padre
celestial, y aprendieran ha confiar en Él, entonces las
cosas no estarían como están. Pero el problema no se
limita a solo aquellos que habitan en el mundo,
desafortunadamente existe un buen número de personas
dentro del pueblo de Dios que se han alejado de Él, y
que no están cumpliendo con la obligación que se nos ha
entregado. Dentro del pueblo de Dios existen muchos que
son igual que los primeros dos hombres en esta parábola.
Personas que reconocen sus talentos; personas que han
entendido que su misión no es guardar lo que Dios nos ha
dado, sino de compartirlo y de multiplicarlo. Existen
muchas personas en el cuerpo de Cristo dispuestos a
tomar riesgos, dispuestos a hacer todo lo que éste a su
alcance para que el Reino de Dios crezca cada día más
aquí en la tierra. Personas que están dispuestas a
enfrentarse al enemigo y dar la buena batalla sabiendo
que no existe nada que los pueda derrotar. Personas que
han aprendido a confiar en lo que encontramos en
1 Juan 4:4 cuando
leemos, “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis
vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el
que está en el mundo.” Pero lo triste de todo es
que al igual que existe un gran grupo de personas que
están dispuestas a tomar el riego, también existe un
grupo más grande aun en el cuerpo de Cristo que no está
dispuesto a obrar. Esto es algo mejor declarado por el
Señor en Mateo 9:37
cuando leemos, “Entonces dijo a sus discípulos: A la
verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.”
Estamos hablando de un gran número de personas que por
falta de conocimiento bíblico, o quizás por falta de fe,
no logran reconocer los talentos que Dios les ha dado.
Existe un gran grupo de personas en el cuerpo de Cristo
que han dejado que el enemigo les convenza que con ser
salvos es suficiente, y que Dios no le ha dado talentos
para utilizar. Hermano, si usted piensa que Dios no le
ha dado un talento, repréndalo en el nombre de Jesús,
porque todos aquí hemos recibido talentos. Todos aquí
hemos recibido no una, no dos, pero numerosas
bendiciones.
Lo que sucede es que el talento es algo que tenemos
aprender a reconocer. Una vez que aceptamos a
Jesucristo como nuestro Rey y Salvador personas, el
Espíritu Santo hace morada en nosotros, y comenzamos a
recibir los talentos, comenzamos a recibir las
bendiciones de Dios. Pero no todos aprenden a reconocer
lo que Dios les ha dado, y hacen como encontramos aquí
al leer, “Pero el que había recibido uno fue y cavó
en la tierra, y escondió el dinero de su señor.”
¿Qué representa esto? Esto aquí representa el
conformismo; esto aquí representa el espíritu de
conformidad que muchos dentro del pueblo de Dios han
adoptado. Pero cuando nos conformamos con solo asistir
a los servicios de la iglesia, y no estamos dispuestos a
hacer más. Cuando nos conformamos con saber que somos
salvo, y no estamos dispuestos a hablarles a otros
acerca de la salvación. Cuando nos conformamos y
estamos contentos con nuestro servicio a medias al
Señor, entonces nunca reconoceremos nuestro potencial.
Cuando nos conformamos con el regalo inicial, entonces
nunca alcanzaremos entender lo que Dios desea hacer en
nuestra vida. Si no estamos dispuestos a tomar el
riesgo, entonces nunca conoceremos Su propósito, nunca
descubriremos los talentos que se nos han entregado. Si
no estamos dispuestos a tomar el riesgo, entonces no
existe ninguna diferencia entre nosotros y el tercer
hombre en ésta parábola. Pensemos en esto por un
momento, ¿dónde estuviéramos hoy si la persona que nos
hablo de Cristo no lo hubiese hecho? Es hora de
reconocer que como el pueblo de Dios, nosotros hemos
recibido una misión y que es nuestra responsabilidad
aprender a reconocer el propósito de Dios en nuestra
vida. Nuestro entendimiento humano quizás no nos permita
ver inicialmente el propósito de Dios en una situación
determinada, pero recordemos que Él conoce muy bien
nuestro potencial; Él conoce muy bien lo que somos
capaces de hacer, y que Él nos ha dado, “a cada uno
conforme a su capacidad.”
Para concluir.
A nosotros fue entregada una gran responsabilidad, a
nosotros fue entregada la responsabilidad de llevar la
Palabra de Dios a toda persona en éste mundo. No podemos
permitir que el enemigo se cuele en nuestra vida y nos
detenga de cumplir con nuestra misión. No podemos
permitir que la obra de Dios, y que Su voluntad divina
sea interrumpida por nada ni nadie. Después de todo,
¿cómo alcanzaremos conocer nuestros talentos si no
tomamos el tiempo de obrar? La realidad es que nunca
lograremos reconocerlos si no estamos dispuestos a
obrar. Nunca lograremos reconocer los talentos
depositados en nuestra vida si permitimos que el temor
nos detenga. Nunca lograremos reconocer los talentos
depositados en nuestra vida si permitimos que el orgullo
nos detenga. Nunca lograremos reconocer los talentos
depositados en nuestra vida si permitimos que la vanidad
nos detenga. Nunca lograremos reconocer los talentos
depositados en nuestra vida si permitimos que el deseo
de ser aceptado por todos lo que nos rodean domine
nuestra manera de ser. Recordemos siempre lo que nos
dice la Palabra en 1 Juan 2:16
cuando leemos, “Porque todo lo que hay en el mundo,
los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la
vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del
mundo.” Reprendamos en el día de hoy todas esas
actitudes y pensamientos que nos detienen de obrar para
Dios; reprendamos en el día de hoy todas esas actitudes
y pensamientos que no edifican, sino que destruyen lo
que Dios desea para con nosotros.
Como dije previamente, lo que éste mundo más necesita es
un avivamiento, y esto es algo que a todos nos gustaría
ver. Pero la pregunta que debemos hacernos es, ¿qué
estamos haciendo para que esto acontezca? Hermanos, si
no estamos usando los talentos que Dios nos ha dado, si
no estamos por lo menos tratando de descubrir el
potencial que existe en nosotros, entonces somos igual
que el tercer hombre en ésta parábola. Y si nos
encontramos en la misma posición de éste hombre,
entonces escucha hoy que el Señor te dice ¡ALERTA!
© Copyright José R. Hernández