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Obispo José R. Hernández

Alerta

Estaba hablando con unos compañeros de trabajo el otro día, cuando de repente caímos en el tema de la religión y de los tiempos finales.  Durante esta conversación ellos me contaron que habían visto un programa de televisión acerca del fin del mundo, y basado en almanaques de civilizaciones antiguas al mundo no le queda mucho.  Después de unos días también hablamos acerca de los recientes acontecimientos; cosas como la guerra en el medio oriente, las recientes inundaciones y catástrofes que ocurren en todas partes del mundo, y nuevamente caímos en el tema de las profecías acerca de la segunda venida de Cristo.  Mis compañeros de trabajo son muy buenas personas, y ambos claman ser cristianos.  Uno clama ser Cristiano, pero a su manera; mientras que el otro no logra superar ciertas dudas, y esto le detiene de poderse entregar completamente a Dios.  Como se pueden imaginar, yo no pierdo la oportunidad de ministrarles cuando se presentan los momentos debidos, pero el mensaje que he tratado de comunicarles siempre es recibido, pero no siempre es aceptado por completo.  Yo estoy seguro que a todos aquí nos ha tocado pasar o estamos pasando por situaciones idénticas o quizás muy parecidas, pero la falta de aceptación por aquellos a los que le ministramos nunca debe desalentarnos o descorazonarnos, digo esto porque si no estamos siendo rechazados por algunos, esto quiere decir que estamos haciendo algo muy mal.  Si no estamos siendo rechazados por algunos, esto quiere decir que no estamos viviendo según la voluntad de nuestro Dios, sino que estamos viviendo según el mundo.  Es por ésta  razón que hoy deseo que examinemos una de las parábolas de nuestro Señor que nos revelara lo que muchos hacen cuando llega el tiempo de servir a Dios.      

Mateo 25:14-30 - Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. 16Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. 18Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. 21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 22Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 24Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. 26Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 

Cuando tomamos el tiempo de analizar ésta parábola detalladamente, pronto encontramos que en estas palabras existe un mensaje que nos revela de la manera que todos dentro del Cuerpo de Cristo deben actuar, es decir un mensaje poderoso; pero a la misma vez, nos revela algo extremadamente alarmante.  Digo que aquí encontramos un mensaje poderoso y a la misma vez alarmante porque algo que es muy evidente aquí es que Jesús aquí no está hablando acerca un propietario de tierra o de un comerciante; aquí Jesús  estaba hablando acerca de Él mismo y la misión que Él nos encomendó; la parte que llamo alarmante es que Él nos dice claramente lo que todo creyente escuchara cuando llegue el día que nos encontremos ante Su presencia.  Y lo que escucharemos puede ser algo muy positivo, pero también puede ser algo muy negativo.   

Algo que causa que algunos no entiendan bien el mensaje que Él nos dejo en estos versículos es el hecho de que Jesús aquí usa la ilustración de un comerciante que se fue de viaje y que dejo a otros encargados de sus asuntos.  Así que, permítanme detenerme aquí por un breve momento y explicar esto un poco mejor.  Jesús aquí dijo, “Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.”  ¿Por qué uso Jesús éste ejemplo?  La razón numero uno fue para que todos lo que le escucharan en ese entonces entendieran bien en mensaje que Él les estaba entregando.  Como les dije previamente, para algunos ésta ilustración quizás no tenga mucho sentido, pero esto es debido a que las comodidades modernas nos proveen o suplen casi todas nuestras necesidades sin tener que viajar muy lejos de nuestro hogar.  Así que para poder tener un mejor entendimiento de esto, tendremos que transportarnos a esa era.  Recordemos que las cosas en el tiempo de Jesús eran muy diferentes a hoy en día.  Durante el tiempo que nuestro Señor camino aquí en la tierra, los supermercados no existían; las autopistas y automóviles no existían; los trenes y aviones no existían; en otras palabras no existían todas esas cosas modernas que facilitan suplir nuestras necesidades.  En ese entonces era muy común que un comerciante tuviera que viajar a ciudades específicas para reabastecer su inventario, o para obtener nuevos bienes que ofrecerle a sus clientes.  Así que no era fuera de lo normal que el amo o jefe dejara su hogar y viajara para ir en busca de nuevos negocios y productos que le proveerían mejores ganancias.  Eso por supuesto les conllevaba a que depositaran su confianza en otros para que el negocio o comercio no quebrara durante su ausencia.  Manteniendo esto en mente, continuemos ahora nuestro estudio de hoy. 

¿Qué significado tiene esto para nosotros hoy?  El significado del viaje de éste negociante es la partida de Cristo de éste mundo, y los talentos simbolizan los dones que hemos recibido. En realidad no existe ninguna diferencia entre los siervos descritos en ésta parábola y nosotros hoy en día.  Digo esto por dos razones;  numero uno, al aceptar a Cristo, todos aquí recibimos talentos o dones.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en 1 Corintios 12:7-11 cuando leemos, “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;   9a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” Pero el problema que surge aquí es que existen muchos que lo quieren todo; existen muchos que quieren ser profetas, existen muchos que quieren el don de sanidad, existen muchos que quieren hablar en lenguas; existen muchos que quieren demostrar o exhibir lo que ellos entienden ser poderosas señales o talentos, y cuando no logran poder demostrarlo, se descorazonan y se desalientan o frustran.  La razón por la que esto sucede es porque a ellos se les olvida que Él reparte los dones “a cada uno en particular como él quiere.”  Y es por eso que te digo hoy, no busques exhibir señales y talentos poderosos, solamente busca agradar a Dios.    

Numero dos, al partir de éste mundo, Cristo nos dejo encargados del negocio del Padre; esto es algo que queda bien declarado en Mateo 28:18-20 cuando leemos, “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”  Él no partió de éste mundo para abandonarnos sino para preparar algo mucho mejor para todos nosotros.  Esto es algo que Él nos deja saber claramente en Juan 14:2 cuando leemos, “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”  ¿Qué debemos y tenemos que hacer nosotros mientras esperamos esto?  La respuesta a esta pregunta es encontrada en los próximos versículos.   

Continuando con nuestro estudio leemos, “Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.”  ¿Qué quiere decir todo esto?  Esto significa que como fieles siervos de Dios, nosotros tenemos la obligación y responsabilidad de evangelizar, testificar, y enseñar a toda persona que todavía no conoce a Cristo lo que encontramos en Hechos 4:11-12 cuando leemos, “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo.   12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”  Tenemos que testificarle a ese mundo ansioso y lleno de tensión  lo que encontramos en Mateo 11:28 cuando leemos, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”  Tenemos que testificarle a ese mundo lleno de dudas y inquietudes que Dios no se ha olvidado o ha abandonado al hombre; tenemos que testificarle lo que encontramos en Juan 14:16-17 cuando leemos, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”  En otras palabras tenemos que invertir lo que Dios nos ha dado. 

Desdichadamente existen muchos dentro del pueblo de Dios que no hacen esto, existen muchos que no invierten los talentos que Dios le ha entregado porque no le han sabido reconocer.  Muchos son los que piensan que no ha recibido nada, pero la realidad es que todos hemos recibido talentos de Dios, pero no todos hemos recibido los mimos lo que causa que algunos lleguen a pensar que no tienen nada que ofrecer o invertir en la obra de Dios.  Es por eso que debemos notar que aquí Jesús nos dice, que los talentos fueron entregados “a cada uno conforme a su capacidad.” En otras palabras aquí el Señor nos deja saber que Él nos ha entregado a cada uno de nosotros lo que somos capaces de administrar. Él sabe exactamente lo que cada uno de nosotros somos capaces de hacer o lograr.  

Estoy seguro que todos aquí estaremos de acuerdo cuando digo que lo que éste mundo más necesita es un avivamiento. Digo esto porque si todos los que viven en el mundo regresaran a los pies de nuestro Padre celestial, y aprendieran ha confiar en Él, entonces las cosas no estarían como están.  Pero el problema no se limita a solo aquellos que habitan en el mundo, desafortunadamente existe un buen número de personas dentro del pueblo de Dios que se han alejado de Él, y que no están cumpliendo con la obligación que se nos ha entregado.  Dentro del pueblo de Dios existen muchos que son igual que los primeros dos hombres en esta parábola. Personas que reconocen sus talentos; personas que han entendido que su misión no es guardar lo que Dios nos ha dado, sino de compartirlo y de multiplicarlo. Existen muchas personas en el cuerpo de Cristo dispuestos a tomar riesgos, dispuestos a hacer todo lo que éste a su alcance para que el Reino de Dios crezca cada día más aquí en la tierra. Personas que están dispuestas a enfrentarse al enemigo y dar la buena batalla sabiendo que no existe nada que los pueda derrotar.  Personas que han aprendido a confiar en lo que encontramos en 1 Juan 4:4 cuando leemos, “Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.”  Pero lo triste de todo es que al igual que existe un gran grupo de personas que están dispuestas a tomar el riego, también existe un grupo más grande aun en el cuerpo de Cristo que no está dispuesto a obrar. Esto es algo mejor declarado por el Señor en Mateo 9:37 cuando leemos, “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.”  Estamos hablando de un gran número de personas que por falta de conocimiento bíblico, o quizás por falta de fe, no logran reconocer los talentos que Dios les ha dado. Existe un gran grupo de personas en el cuerpo de Cristo que han dejado que el enemigo les convenza que con ser salvos es suficiente, y que Dios no le ha dado talentos para utilizar. Hermano, si usted piensa que Dios no le ha dado un talento, repréndalo en el nombre de Jesús, porque todos aquí hemos recibido talentos. Todos aquí hemos recibido no una, no dos, pero numerosas bendiciones. 

Lo que sucede es que el talento es algo que tenemos aprender a reconocer.  Una vez que aceptamos a Jesucristo como nuestro Rey y Salvador personas, el Espíritu Santo hace morada en nosotros, y comenzamos a recibir los talentos, comenzamos a recibir las bendiciones de Dios. Pero no todos aprenden a reconocer lo que Dios les ha dado, y hacen como encontramos aquí al leer, “Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.”  ¿Qué representa esto?  Esto aquí representa el conformismo; esto aquí representa el espíritu de conformidad que muchos dentro del pueblo de Dios han adoptado.  Pero cuando nos conformamos con solo asistir a los servicios de la iglesia, y no estamos dispuestos a hacer más.  Cuando nos conformamos con saber que somos salvo, y no estamos dispuestos a hablarles a otros acerca de la salvación.  Cuando nos conformamos y estamos contentos con nuestro servicio a medias al Señor, entonces nunca reconoceremos nuestro potencial. Cuando nos conformamos con el regalo inicial, entonces nunca alcanzaremos entender lo que Dios desea hacer en nuestra vida.  Si no estamos dispuestos a tomar el riesgo, entonces nunca conoceremos Su propósito, nunca descubriremos los talentos que se nos han entregado.  Si no estamos dispuestos a tomar el riesgo, entonces no existe ninguna diferencia entre nosotros y el tercer hombre en ésta parábola. Pensemos en esto por un momento, ¿dónde estuviéramos hoy si la persona que nos hablo de Cristo no lo hubiese hecho?  Es hora de reconocer que como el pueblo de Dios, nosotros hemos recibido una misión y que es nuestra responsabilidad aprender a reconocer el propósito de Dios en nuestra vida. Nuestro entendimiento humano quizás no nos permita ver inicialmente el propósito de Dios en una situación determinada, pero recordemos que Él conoce muy bien nuestro potencial; Él conoce muy bien lo que somos capaces de hacer, y que Él nos ha dado, “a cada uno conforme a su capacidad.”   

Para concluir.  A nosotros fue entregada una gran responsabilidad, a nosotros fue entregada la responsabilidad de llevar la Palabra de Dios a toda persona en éste mundo. No podemos permitir que el enemigo se cuele en nuestra vida y nos detenga de cumplir con nuestra misión. No podemos permitir que la obra de Dios, y que Su voluntad divina sea interrumpida por nada ni nadie. Después de todo, ¿cómo alcanzaremos conocer nuestros talentos si no tomamos el tiempo de obrar? La realidad es que nunca lograremos reconocerlos si no estamos dispuestos a obrar. Nunca lograremos reconocer los talentos depositados en nuestra vida si permitimos que el temor nos detenga.  Nunca lograremos reconocer los talentos depositados en nuestra vida si permitimos que el orgullo nos detenga. Nunca lograremos reconocer los talentos depositados en nuestra vida si permitimos que la vanidad nos detenga.  Nunca lograremos reconocer los talentos depositados en nuestra vida si permitimos que el deseo de ser aceptado por todos lo que nos rodean domine nuestra manera de ser.  Recordemos siempre lo que nos dice la Palabra en 1 Juan 2:16 cuando leemos, “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.”  Reprendamos en el día de hoy todas esas actitudes y pensamientos que nos detienen de obrar para Dios; reprendamos en el día de hoy todas esas actitudes y pensamientos que no edifican, sino que destruyen lo que Dios desea para con nosotros.    

Como dije previamente, lo que éste mundo más necesita es un avivamiento, y esto es algo que a todos nos gustaría ver.  Pero la pregunta que debemos hacernos es, ¿qué estamos haciendo para que esto acontezca? Hermanos, si no estamos usando los talentos que Dios nos ha dado, si no estamos por lo menos tratando de descubrir el potencial que existe en nosotros, entonces somos igual que el tercer hombre en ésta parábola. Y si nos encontramos en la misma posición de éste hombre, entonces escucha hoy que el Señor te dice ¡ALERTA! 

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