En
camino al zoológico, el camión se le rompió, y estaba al
lado de la carretera pensando que ahora se le morirían los
pingüinos, y que tendría que pagar por su costo.
Levantando su vista del motor, y mirando a su alrededor, el
hombre vio a un camión que se le acercaba y lo paro. El
hombre entonces hablando con el camionero le dijo: “te doy
500 dólares para que me lleves a estos pingüinos al zoológico”.
El camionero pronto accedió, recogió a los pingüinos y se
fue. Al otro día, el hombre fue al pueblo, y cual fue
su sorpresa al ver que el camionero iba cruzando la calle, y
los 500 pingüinos iban detrás de él todos en fila. Al
ver esto, el hombre le dijo al camionero: “¿no te di yo
ayer 500 dólares para que llevases a estos pingüinos para el
zoológico?” El hombre entonces respondió, “si, y
los lleve, pero me sobro un poco de dinero así que hoy nos
vamos para el cine”. ¿Qué cómico, verdad? Sin duda
alguna este camionero no entendió lo que se la había pedido.
Igualmente, muchos creyentes hoy en día no entienden lo que
Dios quiere en sus vidas, no entienden el propósito de Dios.
Quiero que hoy nos concentremos en este tema, busquemos hoy el
propósito de Dios.
Colosenses
1:24-29 - Ahora me gozo en lo
que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de
las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; 25
de la cual fui hecho ministro, según la administración de
Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie
cumplidamente la palabra de Dios, 26 el misterio
que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que
ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a
quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de
este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros,
la esperanza de gloria, 28 a quien anunciamos,
amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda
sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a
todo hombre; 29 para lo cual también trabajo,
luchando según la potencia de él, la cual actúa
poderosamente en mí.
Cuando
examinamos las palabras de Pablo aquí, encontramos que él
dice algo que quizás no entendamos, el aquí dice: “Ahora
me gozo en lo que padezco por vosotros”.
Como les dije, estas son palabras que quizás no entendamos,
pero preguntémonos, ¿hemos sufrido desde que nos entregamos
a Cristo? La mayoría de todo creyente responderá que sí.
Respondemos de una manera afirmativa porque cuando vivimos en
Cristo, como les dije la semana pasada, ya no somos como
fuimos, somos criaturas nuevas. Cuando llegamos a
Cristo, cuando hacemos un compromiso con Él y nuestras vidas
comienzan a cambiar; en muchas ocasiones nos sentimos
aislados. Les digo esto porque la mayoría de las veces,
nuestros amigos, nuestras familias, y casi todos los que
nos rodean se alejan de nosotros; y esto es algo que nos causa
un sufrimiento o padecer. Quiero que notemos que cuando
Pablo escribió esta carta a la iglesia, él estaba encerrado
en una prisión romana, él estaba sufriendo en las manos del
imperio romano a causa de su fe Cristiana. Quiero que
notemos bien que el hecho de que estaba encerrado en esa prisión
no lo detuvo. El hecho de que estaba sufriendo
grandemente, y estoy seguro que sufrió grandemente porque las
prisiones de ese entonces no eran como las de hoy en día,
pero esa situación difícil, ese sufrimiento, ese
padecimiento, no detuvo su ministerio, y diría que ni
siquiera retardo su progreso. Desdichadamente hoy en día
la iglesia sufre, y los ministerios se detienen o retardan,
porque muchos en el pueblo de Dios permiten que situaciones, y
emociones interfieran con su fe. Como he dicho en
numerosas ocasiones, es bien fácil tener fe cuando las cosas
marchan de la manera que nosotros queremos o deseamos.
Es bien fácil confiar en Dios cuando no existe adversidad en
nuestro diario vivir, pero en el momento que algo malo nos
sucede, o en el momento cuando las cosas no marchan de la
manera que nosotros deseamos, entonces comenzamos a
padecer y sufrir. El problema no esta en que padecemos,
el problema esta en que cuando comenzamos a padecer, cuando
empezamos a sufrir, en vez de orar y alabar a Dios, nos
olvidamos y tendemos caer más profundo en el problema,
tendemos a sufrir más y más.
Aquí
leemos que Pablo dice que se gozaba en lo que estaba
padeciendo, esto es algo que como dije es difícil de
entender, después de todo ¿es posible estar gozoso en medio
de un sufrimiento? Esto es algo que se contradice ya que
es imposible decir que estamos gozosos si estamos padeciendo,
¿verdad? En realidad esto no es imposible (1
Pedro 4:16), pero si es algo difícil de hacer.
Es difícil de hacer porque si nuestra fe no esta firme, si
nuestra confianza en Dios no es absoluta, entonces se nos hará
muy difícil sino imposible ver que el padecer a causa de
Cristo es algo que nos debería traer gran gozo. ¿Cómo así?
Simplemente puesto, el padecer a causa de Cristo no es un
sufrimiento, el padecer es un privilegio y razón de gozo (Romanos
5:3-4). Les digo esto porque la mayoría de
nosotros aprendemos a través de nuestro padecimiento.
El padecimiento es parte de nuestro crecimiento y no es algo
que nos debe tomar por sorpresa, sino tenemos que esperarlo (1
Pedro 4:12-14). Como dice ese refrán, “guerra
avisada no mata a soldado”. En otras palabras nuestra
fe no será afectada negativamente sabiendo que seremos
atacados, y que tendremos que sufrir a causa de Cristo.
La realidad de nuestra fe es que muchos tendremos que sufrir
por causa de nuestra creencia, pero aun en medio del
sufrimiento, el Señor nos bendecirá (Lucas
6:22-23). La pregunta que nos debemos hacer es ¿estamos
dispuestos a sufrir?
Cuando
estudiamos la Palabra y buscamos acerca del ministerio de
Pablo, en el libro de Hechos, encontramos que Pablo había
sido un gran enemigo del cuerpo de Cristo (Hechos
9:1-2); también encontramos que fue escogido por el Señor
con un propósito (Hechos 9:15-16).
Quiero que notemos aquí cuando él dice: “de la cual fui
hecho ministro, según la administración de Dios que me fue
dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la
palabra de Dios, 26 el misterio que había estado
oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido
manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso
dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre
los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de
gloria”. Este fue el propósito de Pablo, el
anunciar la Palabra de Dios, y este mismo es el propósito de
Dios con cada uno de nosotros. No tenemos que ser
pastores, diáconos o ministros para anunciar las buenas
nuevas, solo tenemos que ser Cristianos. Muchos piensan
que para poder ministrar se necesita un titulo otorgado por
universidades o seminarios, pero esto no es cierto. No
hay que ser un sabio, no hay que ser un genio, no hay que ser
maestros en teología (1 Corintios
1:27), lo único que se necesita es un corazón
dispuesto. Lo que necesitamos es reconocer el propósito
de Dios en nuestra vida, y aceptar la responsabilidad que se
nos ha encargado. Si lo oyeron bien, responsabilidad.
Cuando decidimos caminar con Cristo, todos obtuvimos el
privilegio de ser llamados hijos de Dios, y de pasar a ser
coherederos con Cristo (Romanos
8:16-17). Pero también asumimos una gran
responsabilidad; asumimos la responsabilidad de anunciar las
buenas nuevas de Jesús a todos aquellos que aun no le conocen
(Mateo 28:19). Asumimos
la responsabilidad de amonestar, y de enseñar a todos
aquellos que puedan estar confundidos o apartados. Aquí
leemos: “para que anuncie cumplidamente la palabra de
Dios”. En otras palabras, el propósito es
presentar la Palabra de Dios en toda situación, aun cuando
esto no pueda ser lo más popular o nos pueda causar un
padecimiento (2 Timoteo 4:1-3).
Hermanos, como iglesia, tenemos que reconocer que es nuestra
responsabilidad el no escatimar esfuerzos para cumplir con el
propósito de Dios en nuestra vida. Es por eso que aquí
se predica la Palabra de Dios completa, es por eso que aquí
no se predica para agradar los oídos de los hombres; aquí se
predica la Palabra de Dios completa. Al pecado se le
llama pecado, y no tratamos de esconder o toleramos las cosas
que no agradan a Dios. Los falsos maestros en Colosas
enseñaban y creían que la perfección espiritual era un plan
escondido o misterio, y que solo un pequeño numero de hombres
privilegiados lo conocerían. Pero Pablo enseño la
verdad, el enseño que Dios estaba llamando a todos a la
fe en Cristo (Efesios 3:6).
Si nos ponemos a mirar a nuestro alrededor veremos que tal
como en esos tiempos, ahora existen también maestros y falsos
profetas que están engañando y confundiendo a muchos en este
mundo. Solo tenemos que abrir nuestros ojos y veremos
que a través de la historia, y en nuestros días, han
existido, y existen numerosas personas que claman ser los únicos
que conocen o saben la verdad. Si nos ponemos ha
analizar todas las diferentes sectas y religiones que existen
en este mundo podremos ver que todas claman exactamente esto,
todas claman que a través de sus doctrinas y teologías se
puede alcanzar a Dios.
No
quiero profundizarme mucho en este tema, ya que de hacer eso
no lo pudiéramos terminar en este corto tiempo que tenemos,
pero sé que todos ustedes conocen muy bien lo que les estoy
diciendo. Conocen muy bien que existen sectas y
religiones que no siguen la doctrina de Jesús, y que nunca
lograran alcanzar a Dios; solo existe una menara de alcanzar a
Dios y su nombre es Jesús (Juan 14:6).
Continuando
leemos: “a quien anunciamos,
amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda
sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a
todo hombre”.
Hermanos, si queremos cumplir con el propósito de Dios en
nuestra vida, entonces tenemos que anunciar a Cristo en todo
lo que hacemos (2 Corintios 4:5).
Tenemos que permitir que el Espíritu Santo obre, y esto es
algo que en muchas ocasiones nosotros no permitimos (Efesios
4:30); tenemos que testificar y hablarle a las personas
de nuestra fe. El propósito de Dios con un siervo fiel
es el de amonestar, en otras palabras el de ayudar ha aquellos
que puedan estar confundidos, y el de advertirle ha aquellos
que puedan estar en malos caminos. El propósito de Dios
con un siervo fiel es el de enseñar a todos aquellos que aun
no conocen a Cristo. Enseñar la grandeza, majestad,
misericordia y poder de Dios a este mundo de tinieblas.
Sé que muchos ya están diciendo que eso suena todo muy
lindo; también sé que a muchos todavía les falta la
confianza para poder entablar una conversación acerca de
Cristo con otra persona; sé que a muchos les falta la
confianza para evangelizar. Si este es el caso, reprende
eso hoy, porque esta manera de pensar solo sirve para
atraparnos en la autosuficiencia, sirve para atraparnos y
confiar más en nuestras habilidades que en Dios. Digo
esto porque cuando confiamos en Dios y su poder, entonces Él
pondrá las palabras que se necesitan, Él nos guiara en esos
momentos de debilidad (Lucas 12:12;
21:14-15 ). Fíjense
bien como Pablo dice aquí: “para lo cual también
trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa
poderosamente en mí.” Pablo trabajaba y
obraba para engrandecer el reino de Dios aquí en la tierra.
Pablo luchaba en contra de los poderes de ese entonces,
luchaba en contra de las religiones establecidas y populares.
Pero quiero que notemos bien cuando dice: “según la
potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí”.
Pablo no dependía de sus fuerzas, él no estaba dependiendo
de su sabiduría, él estaba dependiendo del Espíritu Santo
que ahora moraba en él. Hermanos, nosotros tenemos que
hacer lo mismo. Si deseamos que el propósito de Dios se
cumpla en nuestras vidas, entonces tenemos que aprender a
depender menos de nosotros y más del Espíritu Santo.
Tenemos que permitir que el Espíritu Santo nos guíe en todo
momento, que guié nuestros pensamientos, nuestras pisadas, y
nuestras palabras. Pablo no dependió de su propia
fuerza para cumplir con el propósito de Dios en su vida.
Nosotros tampoco podemos depender de nuestra propia fuerza
porque de hacer eso, entonces le fallaremos a Dios en todo
momento. El ser humano es débil, nosotros todos somos débil,
y es por eso que tenemos que depender en el poder de Dios.
Hermanos, cuando nos dejamos guiar por el Espíritu Santo,
entonces aprenderemos a confiar más en Dios que en nuestras
habilidades. Aprenderemos que por mucho que nosotros
podamos hacer, en realidad no podremos obtener una victoria
total sobre las situaciones, tribulaciones o dificultades por
nuestras propias fuerzas. Todos sabemos que cuando el
Espíritu Santo mora en nosotros, el temor tiene que huir (Santiago
4:7). Pero, si no confiamos y dependemos de ese
poder, entonces nunca cumpliremos con el propósito de Dios
con nosotros. Cuando no confiamos y dependemos del poder
de Dios, entonces no evangelizaremos y testificaremos.
Para
concluir. Son muchos los
que se han levantado clamando ser los poseedores de la verdad,
son muchos los que se han levantado clamando que solo a través
de su religión o secta podrá una persona ser salva o obtener
vida eterna (Marcos 13:21-23).
Pero la salvación y la vida eterna no son porque
pertenezcamos a una iglesia, o seamos miembros de un concilio
o denominación. Tal como les dije la semana pasada, la
salvación es solo por obra y gracia de Dios (Efesios
2:8-9). No existe nada en este mundo, o nadie en
este mundo que nos pueda salvar, no existe institución que
nos pueda garantizar vida eterna, solo existe uno y su nombre
es Jesús (Hechos 4:11-12).
Pero esto no ha detenido a todos aquellos que predican un
evangelio diferente; que tergiversan las escrituras para
acomodarlas según sus necesidades, y para cumplir con sus
propósitos. Lo único que puede detener a estas
personas malvadas son creyentes que comprenden el propósito
de Dios. Creyentes que estén dispuestos a
cumplir con lo que Dios nos ha encargado, a cumplir con la
responsabilidad que se nos ha entregado. Acepta hoy tu
responsabilidad y comprende tu propósito. La iglesia,
el Cuerpo de Cristo necesita creyentes tal como Pablo.
Se necesitan creyentes dispuestos a sufrir y padecer; se
necesita creyentes dispuestos a obrar para Dios en todo
momento aun cuando el obrar nos pueda causar un padecer o
dolor. La iglesia necesita que muchos reconozcan el propósito
de Dios en su vida; ¿lo reconoces tu?