Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

Cruzando la línea

¿Cuantos han visto por el televisor o en el cine las escenas policíacas?  Me refiero a los sitios donde se ha cometido un crimen, llegan los policías, y con una cinta plástica rodean el sitio donde se ha cometido el delito.  Estoy seguro que todos aquí en un momento u otro han visto esta cinta plástica que normalmente es amarilla, con letras negras grades que dice “línea policíaca no cruzar,” ¿vedad?  Ya sea en el noticiero, en las películas o en la vida real, todos aquí hemos visto esta cinta, algunos de nosotros más que otros.  También todos sabemos que esa cinta fue diseñada para mantener afuera a las personas.  Fue diseñada para que las personas no puedan entrar en la escena del crimen y contaminen la evidencia que se halla dentro de ella.  Ya sé que muchos están preguntándose ¿por qué estoy dando esta clase en procedimientos policíacos?  Pero les aseguro que no es una clase de procedimientos policíacos que les traigo hoy.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios y veamos en mensaje de la cinta amarilla.   

Santiago 4:4-10 - !Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. 5 ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. 8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará. 

Cuando leemos el capitulo desde el inicio vemos claramente que Santiago nos dice que la principal causa de nuestros problemas es la lujuria o pasión (Santiago 4:1-2;) la pasión de satisfacer los deseos de la carne. Esto es una guerra interna que todos nosotros enfrentamos diariamente, algo bien difícil de controlar, y muy pocas personas logran hacerlo.   Segundo vemos que Santiago nos enseña acerca de nuestras oraciones (Santiago 4:3;) nos advierte que en muchas ocasiones pedimos indebidamente. Aunque puede ser que conozcamos a Dios, que tengamos una confraternidad con Él, debemos tener mucho cuidado de no orar indebidamente. ¿Que les quiero decir con esto? Hermanos en muchas ocasiones nuestras oraciones son codiciosas, son oraciones en las que pedimos satisfacer nuestras pasiones y lujurias. Estas son oraciones indebidas, estas son oraciones que no alcanzan los oídos de nuestro Padre celestial. Les digo esto porque Él sabe lo que necesitamos, Él conoce lo que es bueno para nosotros y lo que no (Mateo 7:7-11.)  Pero no es en esto que quiero concentrarme en el día de hoy.  Hoy quiero que veamos la cinta amarilla que Dios ha puesto alrededor de la escena del delito.   

Para que pueda haber una escena policíaca, lo primero que tiene que existir es un delito, ¿verdad?  Así que vamos todos a examinar nuestra vida, examinemos nuestro alrededor, y juguemos a los detectives para ver si encontramos una escena de delito.  En el versículo cuatro vemos que Santiago nos dice: "¡Gente adúltera! ¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Por tanto, cualquiera que quiere ser amigo del mundo se constituye enemigo de Dios." Aquí vemos que Santiago usa unas palabras bien fuerte, palabras que nos hacen reflexionar. ¿Pero qué nos esta diciendo con esto? Simplemente puesto lo que estamos viendo aquí es la escena del delito, estamos viendo el crimen contra Dios que muchos cometemos.  ¿Cómo así?  En la Palabra de Dios encontramos que la segunda venida de Cristo es descrita como la boda del Cordero (Apocalipsis 19:7; 19:9.)  Así que al leer esto podemos ver que aquí que Santiago no se esta refiriendo a un adulterio físico, sino más bien a un adulterio espiritual. Reflexionemos en esto por unos momentos;  reflexionemos en el adulterio espiritual.  Desdichadamente, este es el crimen contra Dios que ocurre con mucha frecuencia.  Digo esto porque en muchas ocasiones nosotros no le damos a Dios el lugar en nuestra vida que Él merece.  El problema esta en que cuando dejamos que las cosas de este mundo tomen el primer lugar en nuestra vida, en si lo que le estamos diciendo a Dios es que no le necesitamos; de esa manera despreciamos Su bendición, y estamos rechazando toda Su gloria, señoría y poder.  

En esencia y simplemente puesto, le estamos siendo infiel. Cometemos adulterio espiritual porque dejamos de confiar en Él.  Es fácil caer en esta trampa, es fácil pensar que podemos resolver las situaciones por nuestra propia habilidad. Es una trampa que fue diseñada con el propósito de alejarnos de la voluntad de Dios. Es por esa razón que encontramos la advertencia de Santiago aquí cuando nos dice: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? 6 Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.7 Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”  No podemos dejar que nuestros deseos,  lujurias, y apetito por las cosas de este mundo controlen nuestra vida. De permitir esto en nuestra vida le estamos entregando el arma al delincuente; le estamos dando una espada al enemigo la cual pueda usar en contra nuestra. Tenemos que examinarnos con frecuencia, tenemos que reflexionar a diario en nuestras acciones, palabras, y testimonio, para ver si le estamos siendo fiel a Dios. Nosotros tenemos que confiar en Dios en todo momento, y estar convencidos por completo de que Él se ocupa de nosotros (Hebreos 11:6.)  Tenemos que someternos a Dios, de otra manera no le estamos siendo fiel.  Bueno, creo que como buenos detectives, todos pudimos localizar la escena del crimen.  Todos encontramos que el delito del hombre siempre ha sido su infidelidad  a Dios.  ¿Pero qué de la cinta amarilla? 

Continuando leyendo estos versículos que estamos usando en el día de hoy vemos que Santiago nos dice: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. 9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.”  ¿Pueden ver la cinta amarilla que detiene la entrada de Dios en la escena del crimen?  La primera pista para encontrar la cinta amarilla a nuestro alrededor es “Acercaos a Dios.”  ¿No la ven todavía?  Hermanos la cinta amarilla es la Palabra de Dios.  La Palabra de Dios es la barrera que existe entre Dios y nosotros.  Me explico un poco; en el mundo existen muchas personas que piensan que pase lo que pase o hagan lo que hagan, Dios esta con ellos.  Existen muchas personas que piensan que una vez que aceptaron a Cristo pueden continuar pecando y que Dios les guía y los bendice en todo momento.  Esta es la mentira más grande que existe.  La mayor causa por la cual muchas personas caen en esta trampa es porque desconocen la Palabra de Dios.  Cuando conocemos la Palabra de Dios, cuando tomamos el tiempo para conocer a Dios, no tendremos que buscar mucho antes de poder encontrar la verdad; la verdad siendo que no podemos decir que servimos a Dios si continuamos en el pecado.  No podemos servir a Dios si vivimos en pecado (1 Corintios 10:21-23.)  Es muy triste el ver a las personas que una vez  que se les demuestra su error, una vez que se les demuestra la verdad, no lo aceptan.  Son esos momentos cuando escuchamos cosas como "Dios me conoce y sabe como yo soy;" "acuérdese Pastor que somos salvos por gracia y no por la ley."  Existe una gran verdad en estas dos respuestas; Dios si nos conoce a nosotros individualmente, Él nos conoce a nosotros mejor que nosotros nos conocemos.  Si somos salvos por gracia ya que ningún hombre ha podido  cumplir con la ley de Dios (Romanos 3:23.)   Pero porque somos salvo por gracia,  ¿significa esto que podemos continuar pecando?  La respuesta a esto es también ¡NO! (Romanos 6:15).  Aquí es donde esta el mayor problema en el pueblo de Dios, aquí es donde esta el mayor problema en muchos que piensan que están bien con Dios.  El estar bien con Dios significa que buscamos más de Él en todo momento, significa que caminamos hacia la perfección que es Cristo Jesús.  No somos perfectos, no seremos perfectos, no podremos cumplir con Su ley, y es por eso que el derramo Su gracia sobre el hombre para que podamos tener el privilegio de ser llamados hijos de Dios (Juan 1:12; Gálatas 3:25-27; 1 Juan 3:1-2.)  Pero esto no significa ni implica que tenemos una licencia para pecar.  Esto no significa ni implica que Dios estará presente en nuestra vida pecaminosa.  Cuando dejamos que el pecado abunde en nuestra vida, cuando nos dejamos dominar por el pecado, entonces no estamos con Dios.  Cuando dejamos que el pecado domine nuestra manera de pensar, actuar y ser, Dios NO esta con nosotros (1 Juan 3:6.)  Existe la barrera, existe la cinta amarilla, existe la Palabra de Dios.  La verdad del caso es que Dios es Santo y Dios no habita en el pecado; Dios no compromete Su santa y divina Palabra por nadie (Mateo 24:35.)     

Santiago aquí nos dice: “Acercaos a Dios.”  Nosotros somos los que tenemos que cruzar la barrera que existe, nosotros somos los que tenemos que santificarnos; la verdad del caso es que nosotros estamos llamados a ser santos (1 Pedro 1:16.)  La verdad del caso es que si continuamos en una vida de pecado, pues entonces nunca obtendremos la vida eterna que Cristo murió en la cruz para entregarnos (Romanos 6:23.) 

Santiago aquí nos dice: “....Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.”  Hagámonos una pregunta, cuando nos ensuciamos las manos de tierra o grasa,  y vamos a lavárnosla, ¿lo hacemos a media o nos las lavamos hasta que no quede suciedad?  Claro que nos las lavamos hasta que queden limpia, pero desdichadamente este no es el caso de muchos en el Cuerpo de Cristo.  Una ves que llegamos a los caminos del Señor su sangre nos lava, y nos deja limpios (1 Corintios 6:11; Apocalipsis 1:5,) pero nosotros nos volvemos a ensuciar.  Muchos de nosotros no mantenemos nuestras manos limpias, sino más bien continuamos metiéndolas en la suciedad, continuamos jugando con el pecado.  Pero sepamos que el pecado nos separa de la presencia de Dios (Isaías 59:2.)  Nosotros tratamos de justificar el pecado, tratamos de justificar nuestras malas acciones, pero Dios ha puesto Su Palabra alrededor de esa escena criminal y no la cruzara.  Él no la puede cruzar para llegar a nosotros porque Él es santo (Levítico 20:6-8), nosotros somos los que la tenemos que cruzar para llegar a Él (Mateo 11:28.)  Recordemos siempre que Dios nunca cambiara Su Palabra para agradar al hombre. Es el hombre el que debe cambiar su vida y dejar el pecado para agradar a Dios; porque ¿qué sentido tendría entonces el haber recopilado las sagradas escrituras, y qué sentido tendría hablarle a los profetas indicando al mundo lo que agrada y desagrada a Dios? Porque Dios nos advierte y amonesta diariamente a través de Su Palabra con el propósito de que seamos salvos. La variación de ideas en el hombre lo hace cada día más imperfecto y lo separa más de Dios, al creer que Él puede ser burlado. 

Para concluir.   Aquí leemos que Santiago nos dice:  “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.”  Dios envió a su hijo primogénito para que muriese por el hombre porque Dios ama al hombre (Juan 3:16; 1 Juan 4:10.)  Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado. Dios quiere que tengamos una relación intima con Él, Dios quiere que le demos la espalda al pecado y caminemos en Cristo Jesús.  Pero aunque Dios nos ama fuertemente, Él no comprometerá su Palabra y carácter por ninguno de nosotros; pero si esta dispuesto a perdonarnos y limpiarnos.   Si no tomamos bien en serio la advertencia contenida aquí en estos versículos, pues entonces se nos hará bien fácil el caer en vidas de pecado, lugar donde Dios nunca habitara. Le será muy fácil al enemigo encerrarnos en una prisión de sufrimiento, en una prisión de dolor, en una prisión de tristeza, en una prisión de depresión. Cristo esta aquí para liberarte, Cristo esta aquí para limpiar tus manos y quitar las cadenas que te atan (Gálatas 5:1.)  Cristo esta aquí llamándonos a que crucemos la cinta amarilla que nos separa; esta aquí llamándonos a que nos apartemos del pecado y caminemos con Él (1 Juan 3:6.)  Escucha hoy Su voz, escucha Su advertencia, limpiemos hoy nuestra vida, y busquemos Su rostro.  Cristo vino a llamarnos a todos nosotros (Lucas 5:32.)    Escucha hoy que Él te dice: cruza la cinta amarilla.

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

Predicado: 8 de Junio del 2003

email: José R. Hernández
 

  © Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved.