¿Por qué no vuelven?
La semana pasada estuve hablando con un hermano de la
congregación, y él me hizo una pregunta que yo, y todos
los que aquí servimos a Dios nos hemos hecho en
numerosas ocasiones. Este hermano me pregunto, ¿por qué
tantas personas dejan de asistir a la iglesia? Yo creo
que esta pregunta ha pasado por la mente de todo pastor
y líder en la iglesia, y es una que ha sido hecha en más
de una ocasión. Esta es la pregunta del millón de
dólares como le digo yo. Digo esto porque a través del
tiempo, yo, y todos los que aquí obramos para el Señor
hemos visto como el Señor se ha glorificado en Su
pueblo. Hemos visto como muchos han llegado a este
lugar herido, maltratado, sufriendo, y en numerosas
ocasiones completamente derrotados y el Señor les ha
restaurado y sanado. Nosotros aquí hemos escuchado como
las personas testifican que han sentido la presencia de
Dios en este lugar, y el mover del Espíritu Santo en su
vida. Nosotros aquí hemos visto y escuchado testimonio
acerca de cómo el Señor ha derramado bendiciones
abundantes de acuerdo a las necesidades de las
personas. Bendiciones como la restauración de un hogar,
la reconciliación y unión de familias, la prosperidad, y
tantas otras cosas más. Nosotros aquí hemos visto y
escuchado como tantos testifican del poder de Dios, pero
tristemente también hemos visto como muchos después de
recibir la bendición o bendiciones, en vez de acercarse
más a Dios, simplemente se apartan. Se apartan de Dios,
y se apartan de la congregación. Así que la pregunta
que estaremos explorando en el día de hoy es, ¿por qué
es que después de recibir las bendiciones las personas
vienen a la iglesia solo de vez en cuando, y muchos no
vuelven más? Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Mateo 13:18-23
– Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador:
19Cuando alguno oye la palabra del reino y no la
entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado
en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al
camino. 20Y el que fue sembrado en
pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento
la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en
sí, sino que es de corta duración, pues al venir la
aflicción o la persecución por causa de la palabra,
luego tropieza. 22El que fue sembrado entre
espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de
este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la
palabra, y se hace infructuosa. 23Mas el que
fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y
entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a
sesenta, y a treinta por uno.
Creo que sin duda alguna aquí encontramos la respuesta a
nuestra pregunta de hoy. Digo esto porque en la
explicación de nuestro Señor de la parábola del
sembrador, encontramos cuatro grupos de personas que
existen en el mundo, y definitivamente también describe
a cuatro grupos de personas dentro de la iglesia.
Estudiemos ahora detenidamente la explicación de la
parábola para determinar en que grupo nos podemos
encontrar.
El primer grupo de personas son todos aquellos que no
entienden o simplemente rehúsan creer completamente la
Palabra de Dios. Aquí leemos “Cuando alguno oye la
palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y
arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el
que fue sembrado junto al camino.” Sin duda alguna
esto describe al primer grupo de personas que puede ser
encontrado en el mundo, pero desdichadamente también
describe a un gran grupo dentro de la iglesia. Estamos
hablando acerca de todas esas personas que han escuchado
la Palabra de Dios, pero que simplemente rehúsan creerla
completamente. ¿Por qué rehúsan creerla? En la mayoría
de los casos es porque no pueden entender cómo puede ser
que exista un Dios tan poderoso, y tan misericordioso.
No logran entender esto porque estas personas no tienen
fe, o su fe ha sido destruida por aquellos que clamando
servir a Dios, solo sirven su apetito por las cosas de
este mundo. Y demás esta decir que la fe es algo
imprescindible cuando decimos servir a Dios. Esto es
algo que queda bien declarado en
Hebreos 11:6 cuando
leemos “Pero sin fe es imposible agradar a Dios;
porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que
le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”
En realidad este grupo de persona no es una minoría en
la iglesia. Digo esto porque existen muchos que nunca
logran entender el significado de los estudios y
predicaciones, en otras palabras, no entienden la
palabra de Dios, y no es porque no se este enseñando.
La razón principal por la que nunca logran entender es
porque no buscan más de Dios. Hermanos la triste
realidad del caso es que existen muchas iglesias llenas
de personas que no toman las cosas de Dios en serio.
Existe un gran grupo de personas que ocupan el espacio
en un banco o silla de una congregación, pero nunca
alcanzan ver lo que Dios desea de ellos. Nunca alcanzan
ver el propósito de Dios en su vida, y como les dije, la
razón principal de esto es porque no buscan más de Dios,
porque si buscaran más de Él, promesa tenemos que lo
encontraremos. Fíjense bien como esto queda bien
reflejado en Mateo 7:7-8
cuando leemos “Pedid, y se os dará; buscad, y
hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque
todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al
que llama, se le abrirá.” Entonces lo que sucede es
que como no están buscando más de Dios, como no están
buscando crecer espiritualmente, tal como nos dice aquí
el Señor, llega el enemigo y arrebata lo que fue
sembrado en el corazón de la persona. Llega el enemigo
y les arrebata la paz, el gozo, y las bendiciones que
Dios le entrega a todo persona cuando llega a los
caminos de Jesucristo. Así que aquí encontramos al
primer grupo que deja de asistir a la iglesia. Dile a
la persona que tienes a tu lado, busca más de Dios.
El segundo grupo de personas son aquellos que obran por
emoción. Fíjense bien como esto queda bien reflejado
aquí cuando leemos “Y el que fue sembrado en
pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento
la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en
sí, sino que es de corta duración, pues al venir la
aflicción o la persecución por causa de la palabra,
luego tropieza.” Lo que sucede es que existen
muchos que han hecho un compromiso con Dios simplemente
por emoción y no por convicción. Yo no se ustedes, pero
yo encuentro imposible no emocionarme cuando siento la
presencia del Espíritu Santo. Es algo que no puedo
explicar, al sentir la manifestación del Espíritu Santo
siento tantas emociones a la misma vez que me dejan
extasiado, pero mi relación con Dios no puede basarse en
solo esto. Las emociones son cosas superficiales, pero
nuestra relación con Dios tiene que ser a profundidad.
Les puedo decir que si yo, o algunos de los ministros o
líderes de este ministerio nos dejáramos llevar por las
emociones, y no por la convicción que Dios nos ha dado,
esta iglesia no estuviera abierta hoy. Digo esto porque
ustedes no se pueden imaginar el dolor, y la tristeza
que todos los que aquí trabajamos sentimos al ver como
muchos dejan de asistir a la iglesia. No se pueden
imaginar el dolor que sentimos al mirar a nuestro
alrededor y ver todas esas sillas vacías. En otras
palabras, pasamos por momentos difíciles, momentos de
emociones negativas que si permitimos que nos dominen o
influencien, causara que caigamos del lugar donde Dios
nos ha puesto. Es por eso que un creyente fiel nunca
puede permitir que el emocionalismo controle su vida,
sino tiene que permitir que el Espíritu Santo sea quien
le guíe sus pasos en todo momento. Porque si esto no
sucede, entonces lo que se escucha y aprende nunca hecha
raíz en el corazón. Lo que se escucha y aprende pronto
es descartado para seguir una emoción o deseo. Es por
esta misma razón que en Efesios
4:22 se nos dice “En cuanto a la pasada manera
de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado
conforme a los deseos engañosos.” Así que aquí
tenemos al segundo grupo de personas que dejan de
asistir a la iglesia, aquellos no nunca logran tener una
verdadera relación con Dios porque actúan por emoción o
impulsos. Dile a la persona que tienes a tu lado, no
actúes por emoción.
El tercer grupo de personas son aquellos que permiten
que las cosas de este mundo influencien su relación con
Dios. Fíjense bien como esto queda bien reflejado aquí
cuando leemos “El que fue sembrado entre espinos,
éste es el que oye la palabra, pero el afán de este
siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y
se hace infructuosa.” Hermanos, este es un grave
problema que existe en toda congregación. Digo esto
porque la avaricia y el apetito por las cosas de este
mundo conducen a las personas lejos de la voluntad de
Dios. Una gran realidad es que la mayoría de las
personas son avariciosas, en otras palabras, mientras
más tienen más quieren. Si tienen una casa, quieren una
más grande. Si tienen un auto, quieren uno del año. Si
le gusta la pesca, quieren un bote, y la lista puede
continuar y continuar para nunca acabar. Pero lo que
sucede en la mayoría de los casos es que todas estas
cosas conducen a la persona a hacer compromisos
financieros que se les hace difícil de cumplir, entonces
para poder cumplirlos tienen que trabajar más horas, y
hasta tienen que trabajar en los días de descanso. En
otras palabras, el afán por las cosas de este mundo y
por las riquezas ahoga lo que han aprendido. El afán
por las cosas de este mundo y por las riquezas les aleja
de la voluntad de Dios. Es por eso que si decimos que
somos cristianos tenemos que caminar lejos de una vida
de avaricia, porque la avaricia no proviene de Dios.
Fíjense bien como nos dice la Palabra en
1 Juan 2:15-16 cuando
leemos "No améis al mundo, ni las cosas que están en
el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no
está en él. 16Porque todo lo que hay en el
mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y
la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino
del mundo." Si decimos que somos cristianos,
entonces tenemos que estar dispuestos a caminar lejos de
todo eso. Tenemos que caminar lejos de una vida de
lujuria y avaricia, porque esto no proviene de Dios.
Fíjense bien como nos dice la Palabra en
Colosenses 3:5 cuando
leemos “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros:
fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos
deseos y avaricia, que es idolatría.” Así que aquí
tenemos el tercer grupo de personas que dejan de asistir
a la iglesia con regularidad; esto son todos aquellos
que solo vienen de vez en cuando. Personas que permiten
que el afán y la avaricia por las riquezas ahoguen lo
que han aprendido, y a lo que están llamados. ¿A que
estamos llamados? La respuesta es fácil y la
encontramos en 1 Corintios 1:9
cuando leemos “Fiel es Dios, por el cual fuisteis
llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro
Señor.” Estamos llamados a entrar en comunión con
Jesucristo, y ¿qué mejor lugar que la iglesia podremos
encontrar? Lugar donde podemos alabarle libremente con
instrumentos, y cantos. Podemos alabarle como el se
merece. Pero el afán y la avaricia detendrán este
llamado. Dile a la persona que tienes a tu lado, por
nada te afanes. Recordemos siempre lo que nos dice
Salmos 39:6 cuando
leemos “Ciertamente como una sombra es el hombre;
Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no
sabe quién las recogerá.”
El cuarto grupo de personas somos todos aquellos que
hemos escuchado la Palabra de Dios, y nos mantenemos
fiel en todo momento. Fíjense bien como esto queda bien
declarado aquí cuando leemos “Mas el que fue sembrado
en buena tierra, éste es el que oye y entiende la
palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a
treinta por uno.” En esta descripción aquí es
donde cae un gran porcentaje de las personas que asisten
a las iglesias. Estamos hablando de todos nosotros que
permanecemos fieles a la Palabra de Dios y conducimos
una vida en santidad. Pero es nuestra responsabilidad
predicar la verdad de Dios a todos, este es el fruto que
estamos llamados a producir. Una gran realidad es que
el mundo esta buscando la verdad en la ficción, y la
felicidad en lugares oscuros. Un gran ejemplo de esto
es esa película que ahora esta de moda, les hablo del
“Davinci Code”. En el mundo existen muchos que
profesando enseñar la verdad manipulan, y engañan a
muchos con el propósito de satisfacer su avaricia.
Muchos se han apartado de las verdaderas enseñanzas y de
la verdadera doctrina, y es por eso que les digo, que
nosotros, todos aquellos que tenemos la Palabra de Dios
en nuestro corazón, tenemos que producir el fruto que
estamos llamados a producir. Tenemos que conducir una
vida en santidad, y tenemos que ministrar la Palabra de
Dios. ¿A quien debemos ministrarle? La respuesta es a
todos los que nos rodean. Tenemos que ministrarle al
religioso porque la religión no puede salvar, solo
Cristo salva como encontramos en
Hechos 4:11-12 cuando
leemos “Este Jesús es la piedra reprobada por
vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser
cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado
a los hombres, en que podamos ser salvos.” Tenemos
que ministrar sin cesar a todos aquellos creyentes que
por una razón u otra hoy no se encuentren en los caminos
adecuados, fíjense bien como dice
1 Tesalonicenses 5:14
cuando leemos “También os rogamos, hermanos, que
amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco
ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes
para con todos.” Tenemos que predicarle a todos
aquellos que aun no le conocen, predicarle a todos
aquellos que aun andan perdido en este mundo de
tinieblas. Dile a la persona que tienes a tu lado,
tenemos que dar frutos.
Para concluir.
Hoy debemos examinarnos detalladamente para encontrar en
que grupo de personas nos podemos encontrar. En el
mundo y en la iglesia existen todos aquellos que no
logran entender la Palabra de Dios, y si has encontrado
que te encuentras en este grupo, hoy puedes cambiar tu
vida positivamente. Lo único que debes hacer es buscar
más de Dios, y lo recibirás. En la iglesia existen
todos aquellos que obran por emoción, y no por
convicción, pero esto no es agradable a Dios. Como
creyente fiel tienes que permitir que el Espíritu Santo
sea quien guíe tus pasos en todo momento. En la iglesia
existen todos aquellos que permiten que las cosas de
este mundo influencien su relación con Dios. Pero esto
nunca debe suceder, ya que Dios tiene que ocupar el
primer lugar en nuestra vida. Examinémonos bien hoy, y
si encontramos que formamos parte de estos tres grupos
movámonos hoy de lugar, porque de no movernos pronto
dejaremos de agradar a Dios, y nos apartaremos de la
iglesia. Busquemos hoy ser parte del cuarto grupo,
busquemos ser personas que hemos escuchado la Palabra de
Dios, y nos mantenemos fiel en todo momento.
© Copyright José R. Hernández