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Obispo José R. Hernández

¿Por qué no vuelven?

La semana pasada estuve hablando con un hermano de la congregación, y él me hizo una pregunta que yo, y todos los que aquí servimos a Dios nos hemos hecho en numerosas ocasiones.  Este hermano me pregunto, ¿por qué tantas personas dejan de asistir a la iglesia?  Yo creo que esta pregunta ha pasado por la mente de todo pastor y líder en la iglesia, y es una que ha sido hecha en más de una ocasión.  Esta es la pregunta del millón de dólares como le digo yo.  Digo esto porque a través del tiempo, yo, y todos los que aquí obramos para el Señor hemos visto como el Señor se ha glorificado en Su pueblo.  Hemos visto como muchos han llegado a este lugar herido, maltratado, sufriendo, y en numerosas ocasiones completamente derrotados y el Señor les ha restaurado y sanado.  Nosotros aquí hemos escuchado como las personas testifican que han sentido la presencia de Dios en este lugar, y el mover del Espíritu Santo en su vida.  Nosotros aquí hemos visto y escuchado testimonio acerca de cómo el Señor ha derramado bendiciones abundantes de acuerdo a las necesidades de las personas.  Bendiciones como la restauración de un hogar, la reconciliación y unión de familias, la prosperidad, y tantas otras cosas más.  Nosotros aquí hemos visto y escuchado como tantos testifican del poder de Dios, pero tristemente también hemos visto como muchos después de recibir la bendición o bendiciones, en vez de acercarse más a Dios, simplemente se apartan.  Se apartan de Dios, y se apartan de la congregación.  Así que la pregunta que estaremos explorando en el día de hoy es, ¿por qué es que después de recibir las bendiciones las personas vienen a la iglesia solo de vez en cuando, y muchos no vuelven más?  Pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Mateo 13:18-23Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: 19Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.   20Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.   22El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.  23Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

Creo que sin duda alguna aquí encontramos la respuesta a nuestra pregunta de hoy.  Digo esto porque en la explicación de nuestro Señor de la parábola del sembrador, encontramos cuatro grupos de personas que existen en el mundo, y definitivamente también describe a cuatro grupos de personas dentro de la iglesia.  Estudiemos ahora detenidamente la explicación de la parábola para determinar en que grupo nos podemos encontrar.    

El primer grupo de personas son todos aquellos que no entienden o simplemente rehúsan creer completamente la Palabra de Dios.  Aquí leemos “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.”  Sin duda alguna esto describe al primer grupo de personas que puede ser encontrado en el mundo, pero desdichadamente también describe a un gran grupo dentro de la iglesia.  Estamos hablando acerca de todas esas personas que han escuchado la Palabra de Dios, pero que simplemente rehúsan creerla completamente.  ¿Por qué rehúsan creerla?  En la mayoría de los casos es porque no pueden entender cómo puede ser que exista un Dios tan poderoso, y tan misericordioso.  No logran entender esto porque estas personas no tienen fe, o su fe ha sido destruida por aquellos que clamando servir a Dios, solo sirven su apetito por las cosas de este mundo.  Y demás esta decir que la fe es algo imprescindible cuando decimos servir a Dios.  Esto es algo que queda bien declarado en Hebreos 11:6 cuando leemos “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”  En realidad este grupo de persona no es una minoría en la iglesia.  Digo esto porque existen muchos que nunca logran entender el significado de los estudios y predicaciones, en otras palabras, no entienden la palabra de Dios, y no es porque no se este enseñando.  La razón principal por la que nunca logran entender es porque no buscan más de Dios.  Hermanos la triste realidad del caso es que existen muchas iglesias llenas de personas que no toman las cosas de Dios en serio.  Existe un gran grupo de personas que ocupan el espacio en un banco o silla de una congregación, pero nunca alcanzan ver lo que Dios desea de ellos.  Nunca alcanzan ver el propósito de Dios en su vida, y como les dije, la razón principal de esto es porque no buscan más de Dios, porque si buscaran más de Él, promesa tenemos que lo encontraremos.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado en Mateo 7:7-8 cuando leemos “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”  Entonces lo que sucede es que como no están buscando más de Dios, como no están buscando crecer espiritualmente, tal como nos dice aquí el Señor, llega el enemigo y arrebata lo que fue sembrado en el corazón de la persona.  Llega el enemigo y les arrebata la paz, el gozo, y las bendiciones que Dios le entrega a todo persona cuando llega a los caminos de Jesucristo.  Así que aquí encontramos al primer grupo que deja de asistir a la iglesia.  Dile a la persona que tienes a tu lado, busca más de Dios.  

El segundo grupo de personas son aquellos que obran por emoción.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado aquí cuando leemos “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.”  Lo que sucede es que existen muchos que han hecho un compromiso con Dios simplemente por emoción y no por convicción.  Yo no se ustedes, pero yo encuentro imposible no emocionarme cuando siento la presencia del Espíritu Santo.  Es algo que no puedo explicar, al sentir la manifestación del Espíritu Santo siento tantas emociones a la misma vez que me dejan extasiado, pero mi relación con Dios no puede basarse en solo esto.  Las emociones son cosas superficiales, pero nuestra relación con Dios tiene que ser a profundidad.  Les puedo decir que si yo, o algunos de los ministros o líderes de este ministerio nos dejáramos llevar por las emociones, y no por la convicción que Dios nos ha dado, esta iglesia no estuviera abierta hoy.  Digo esto porque ustedes no se pueden imaginar el dolor, y la tristeza que todos los que aquí trabajamos sentimos al ver como muchos dejan de asistir a la iglesia.  No se pueden imaginar el dolor que sentimos al mirar a nuestro alrededor y ver todas esas sillas vacías.  En otras palabras, pasamos por momentos difíciles, momentos de emociones negativas que si permitimos que nos dominen o influencien, causara que caigamos del lugar donde Dios nos ha puesto.  Es por eso que un creyente fiel nunca puede permitir que el emocionalismo controle su vida, sino tiene que permitir que el Espíritu Santo sea quien le guíe sus pasos en todo momento.  Porque si esto no sucede, entonces lo que se escucha y aprende nunca hecha raíz en el corazón.   Lo que se escucha y aprende pronto es descartado para seguir una emoción o deseo.  Es por esta misma razón que en Efesios 4:22 se nos dice “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos.”  Así que aquí tenemos al segundo grupo de personas que dejan de asistir a la iglesia, aquellos no nunca logran tener una verdadera relación con Dios porque actúan por emoción o impulsos.  Dile a la persona que tienes a tu lado, no actúes por emoción.   

El tercer grupo de personas son aquellos que permiten que las cosas de este mundo influencien su relación con Dios.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado aquí cuando leemos “El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa.”  Hermanos, este es un grave problema que existe en toda congregación.  Digo esto porque la avaricia y el apetito por las cosas de este mundo conducen a las personas lejos de la voluntad de Dios.  Una gran realidad es que la mayoría de las personas son avariciosas, en otras palabras, mientras más tienen más quieren.  Si tienen una casa, quieren una más grande.  Si tienen un auto, quieren uno del año. Si le gusta la pesca, quieren un bote, y la lista puede continuar y continuar para nunca acabar.  Pero lo que sucede en la mayoría de los casos es que todas estas cosas conducen a la persona a hacer compromisos financieros que se les hace difícil de cumplir, entonces para poder cumplirlos tienen que trabajar más horas, y hasta tienen que trabajar en los días de descanso.  En otras palabras, el afán por las cosas de este mundo y por las riquezas ahoga lo que han aprendido.  El afán por las cosas de este mundo y por las riquezas les aleja de la voluntad de Dios.  Es por eso que si decimos que somos cristianos tenemos que caminar lejos de una vida de avaricia, porque la avaricia no proviene de Dios.  Fíjense bien como nos dice la Palabra en 1 Juan 2:15-16 cuando leemos "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo."  Si decimos que somos cristianos, entonces tenemos que estar dispuestos a caminar lejos de todo eso.  Tenemos que caminar lejos de una vida de lujuria y avaricia, porque esto no proviene de Dios.  Fíjense bien como nos dice la Palabra en Colosenses 3:5 cuando leemos “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.”  Así que aquí tenemos el tercer grupo de personas que dejan de asistir a la iglesia con regularidad; esto son todos aquellos que solo vienen de vez en cuando.  Personas que permiten que el afán y la avaricia por las riquezas ahoguen lo que han aprendido, y a lo que están llamados.  ¿A que estamos llamados?  La respuesta es fácil y la encontramos en 1 Corintios 1:9 cuando leemos “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor.”  Estamos llamados a entrar en comunión con Jesucristo, y ¿qué mejor lugar que la iglesia podremos encontrar?  Lugar donde podemos alabarle libremente con instrumentos, y cantos.  Podemos alabarle como el se merece.  Pero el afán y la avaricia detendrán este llamado.  Dile a la persona que tienes a tu lado, por nada te afanes.  Recordemos siempre lo que nos dice Salmos 39:6 cuando leemos “Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá.” 

El cuarto grupo de personas somos todos aquellos que hemos escuchado la Palabra de Dios, y nos mantenemos fiel en todo momento.  Fíjense bien como esto queda bien declarado aquí cuando leemos “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.”   En esta descripción aquí es donde cae un gran porcentaje de las personas que asisten a las iglesias.  Estamos hablando de todos nosotros que permanecemos fieles a la Palabra de Dios y conducimos una vida en santidad.  Pero es nuestra responsabilidad predicar la verdad de Dios a todos, este es el fruto que estamos llamados a producir.  Una gran realidad es que el mundo esta buscando la verdad en la ficción, y la felicidad en lugares oscuros.  Un gran ejemplo de esto es esa película que ahora esta de moda, les hablo del “Davinci Code”.  En el mundo existen muchos que profesando enseñar la verdad manipulan, y engañan a muchos con el propósito de satisfacer su avaricia.  Muchos se han apartado de las verdaderas enseñanzas y de la verdadera doctrina, y es por eso que les digo, que nosotros, todos aquellos que tenemos la Palabra de Dios en nuestro corazón, tenemos que producir el fruto que estamos llamados a producir.  Tenemos que conducir una vida en santidad, y tenemos que ministrar la Palabra de Dios.  ¿A quien debemos ministrarle?  La respuesta es a todos los que nos rodean.  Tenemos que ministrarle al religioso porque la religión no puede salvar, solo Cristo salva como encontramos en Hechos 4:11-12 cuando leemos “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. 12Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”  Tenemos que ministrar sin cesar a todos aquellos creyentes que por una razón u otra hoy no se encuentren en los caminos adecuados, fíjense bien como dice 1 Tesalonicenses 5:14 cuando leemos “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.”  Tenemos que predicarle a todos aquellos que aun no le conocen, predicarle a todos aquellos que aun andan perdido en este mundo de tinieblas.  Dile a la persona que tienes a tu lado, tenemos que dar frutos.   

Para concluir.  Hoy debemos examinarnos detalladamente para encontrar en que grupo de personas nos podemos encontrar.  En el mundo y en la iglesia existen todos aquellos que no logran entender la Palabra de Dios, y si has encontrado que te encuentras en este grupo, hoy puedes cambiar tu vida positivamente.  Lo único que debes hacer es buscar más de Dios, y lo recibirás.  En la iglesia existen todos aquellos que obran por emoción, y no por convicción, pero esto no es agradable a Dios.  Como creyente fiel tienes que permitir que el Espíritu Santo sea quien guíe tus pasos en todo momento.  En la iglesia existen todos aquellos que permiten que las cosas de este mundo influencien su relación con Dios.  Pero esto nunca debe suceder, ya que Dios tiene que ocupar el primer lugar en nuestra vida.  Examinémonos bien hoy, y si encontramos que formamos parte de estos tres grupos movámonos hoy de lugar, porque de no movernos pronto dejaremos de agradar a Dios, y nos apartaremos de la iglesia.  Busquemos hoy ser parte del cuarto grupo, busquemos ser personas que hemos escuchado la Palabra de Dios, y nos mantenemos fiel en todo momento.

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