Paz en la tormenta
Una gran realidad de nuestro caminar es que nosotros no
somos exentos de pasar por tribulaciones o momentos
difíciles. Esto por supuesto no quiere decir que Dios
se ha olvidado de nosotros o que no está atento a lo que
nos sucede. Una gran realidad es que Dios si está
atento a la situación, y escucha la oración de todo
creyente fiel; Dios nunca abandona a Su pueblo. Sin
embargo esté conocimiento o convicción no nos detiene de
cuestionar a Dios en esos momentos. Es por eso que en
ocasiones podemos llegar a pensar que Dios se ha
olvidado de nosotros o que es indiferente a lo que nos
sucede. Pero ahora la pregunta es, ¿por qué llegamos a
pensar de ésta manera? Este es el tema que estaremos
estudiando en el día de hoy, así que pasemos ahora a las
escrituras que estaremos empleando en el día de hoy.
Marcos 4:35-41
- Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos
al otro lado. 36Y despidiendo a la multitud,
le tomaron como estaba, en la barca; y había también con
él otras barcas. 37Pero se levantó una gran
tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de
tal manera que ya se anegaba. 38Y él estaba
en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le
despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado
que perecemos? 39Y levantándose, reprendió al
viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el
viento, y se hizo grande bonanza. 40Y les
dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis
fe? 41Entonces temieron con gran temor, y se
decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aun el viento
y el mar le obedecen?
Como acostumbro a decir, para tener un mejor
entendimiento del mensaje de Dios para nosotros hoy, nos
será necesario hacer un breve repaso de historia. En
éste punto de la historia Jesús ya había iniciado su
ministerio, y había hecho varios milagros. Él había
liberado a un hombre que estaba poseído por un espíritu
inmundo. Esto es algo que queda bien declarado en
Marcos 1:23-26 cuando
leemos "Pero había en la sinagoga de ellos un hombre
con espíritu inmundo, que dio voces, 24diciendo:
!!Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has
venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de
Dios. 25Pero Jesús le reprendió, diciendo:
!!Cállate, y sal de él! 26Y el espíritu
inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran
voz, salió de él." Él había sanado a la suegra de
Pedro. Esto es algo que queda bien declarado en
Marcos 1:30-31 cuando
leemos "Y la suegra de Simón estaba acostada con
fiebre; y en seguida le hablaron de ella. 31Entonces
él se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e
inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía."
Él había sanado a muchos en una tarde; fíjense lo que
encontramos en Marcos 1:34
cuando leemos "Y sanó a muchos que estaban enfermos
de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios;
y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían."
Él había sanado a una persona de la enfermedad mas
temida de ese entonces. Fíjense bien lo que encontramos
en Marcos 1:40-42 cuando
leemos "Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la
rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. 41Y
Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y
le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. 42Y
así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de
aquél, y quedó limpio." El había sanado un
paralítico como encontramos en
Marcos 2:10-12 cuando leemos "Pues para que
sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la
tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico):
11A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a
tu casa. 12Entonces él se levantó en seguida,
y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera
que todos se asombraron, y glorificaron a Dios,
diciendo: Nunca hemos visto tal cosa." Y también
había sanado al hombre con la mano seca, como
encontramos en Marcos 3:5
cuando leemos "Entonces, mirándolos alrededor con
enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo
al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano
le fue restaurada sana." ¿Por qué es necesario
saber estas cosas? Es necesario saber estos pequeños
detalles porque ellos nos demuestran que Jesús en más de
una ocasión había demostrado el poder de Dios. Jesús en
más de una ocasión les había demostrado Su identidad, y
Su autoridad, sin embargo en éste momento ellos nos se
acordaron de nada de lo que habían presenciado. Pero
la pregunta que continua es, ¿por qué sucedió esto?
¿Por qué ellos teniendo una completa confianza en lo que
habían presenciado sintieron ese temor y dudaron de
Dios? Continuemos ahora con nuestro estudio y
descubramos la razón.
En los versículos que estamos estudiando en el día de
hoy leemos “Aquel día, cuando llegó la noche, les
dijo: Pasemos al otro lado. 36Y despidiendo a
la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y
había también con él otras barcas.” Quiero que
prestemos mucha atención aquí a estos versículos porque
en ellos encontramos muy bien reflejado lo que les dije
hace un breve momento; en ellos encontramos que debido a
que ellos habían elegido a Jesús, ahora ellos estaban en
medio de un serio problema. Hermanos y esto es algo que
es una gran realidad; cuando decidimos seguir a Jesús
genuinamente, a nuestro alrededor se levantaran grandes
tormentas. Esto es algo que queda bien reflejado en las
palabras del apóstol como encontramos en
1 Pedro 4:12 cuando
leemos “Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba
que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os
aconteciese.”
Ahora, para que entiendan bien el mensaje de hoy,
detengámonos aquí por un breve momento y examinemos el
significado de la “tempestad.” Una tempestad en el mar
es algo impresionante y amedrentador; el cielo se vuelve
todo negro, el viento comienza a soplar, la lluvia
comienza a caer, el sonido de los truenos es
ensordecedor, y la luz de los relámpagos deslúmbrate. A
todo esto ahora añadamos las olas del mar que crecen a
grandes alturas; olas capaces de tomar el buque más
grande que pueda existir, y lanzarlo de un lado a otro
como si fuera un simple barquito de papel. Ésta era la
situación en la que ellos se encontraban en ese
entonces, fíjense bien como nos dice la Palabra aquí
cuando leemos “Pero se levantó una gran tempestad de
viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que
ya se anegaba.” Dile a la persona que tienes a tu
lado, la barca estaba a punto de hundirse. Escúchenme
bien pueblo de Dios, al demonio no le importa cuando
estamos frió. Al demonio no le importa que nos sintamos
indiferentes, no le importa que seamos complacientes. Al
demonio no le importa que despreciemos o menospreciemos
las bendiciones de Dios. Pero cuando decidimos seguir a
Jesús genuinamente, el demonio causara que se desaten
tempestades a nuestro alrededor. ¿A qué tempestades me
refiero? Me refiero a todas esas situaciones y
circunstancias que surgen en nuestra vida una vez que
decidimos seguir al Señor y cruzamos de vivir en el
mundo a vivir en el Reino de Dios. Me refiero a esas
situaciones y momentos difíciles en nuestro hogar, con
nuestra esposa o esposo, con nuestros hijos, con
nuestros familiares, en nuestros trabajos, con nuestras
amistades, y demás. Todo cambia en cuestión de minutos,
pasamos de estar navegando por esta vida quizás
tranquilos a navegar en medio de una gran tempestad.
¿Por qué una tempestad? Existen tres razones.
Número uno;
una tempestad nos puede desanimar o desalentar. Esto
mismo fue lo que sucedió con los discípulos en ese
entonces; cuando las olas de adversidad comenzaron a
levantarse, y el viento de oposición comenzó a soplar, a
pesar de todo lo que ellos habían presenciado, ellos se
desanimaron y pensaron que Jesús dormía y que no le
importaba lo que estaba sucediendo. Lo mismo sucede con
muchos de nosotros cuando nos toca atravesar por esos
momentos difíciles; el diablo nos susurra en el oído que
a Dios no le importa por lo que estamos atravesando y
que nos ha abandonado. Pero en momentos como esos
recordemos que el diablo es el padre de la mentira.
Esto es algo que queda bien declarado en
Juan 8:44 cuando leemos “Vosotros
sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro
padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el
principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no
hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla;
porque es mentiroso, y padre de mentira.” Dile a
la persona que tienes a tu lado, el diablo es un
mentiroso.
Número dos;
una tempestad nos puede debilitar. Esto fue lo segundo
que les sucedió a ellos en ese instante, a pesar de todo
lo que ellos habían presenciado; su fe fue debilitada de
tal forma que no pudieron confiar en el hecho de que Él
estaba presente, y que no permitiría que nada les
sucediera. Fíjense bien lo que ellos hicieron, la
Palabra nos dice “Y él estaba en la popa, durmiendo
sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron:
Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Su fe
debilitada causo que ellos cuestionaran las intenciones
del Señor. Pero en momentos como esos recordemos
siempre lo que nos dice la Palabra según leemos en
Romanos 8:26 “Y de
igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad;
pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos,
pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles.” Y también
Salmos 28:8 “Jehová es
la fortaleza de su pueblo, Y el refugio salvador de su
ungido.” Dile a la persona que tienes a tu lado,
Dios nos fortalece.
Número tres;
una tempestad nos puede derrotar. Una tempestad en el
mar es capaz de hundir el barco mas grande y mejor hecho
en el mundo, igualmente una tempestad en nuestra vida es
capaz de derrotar el propósito de Dios para con
nosotros. Yo sé que no es fácil mantenerse firme
durante momentos difíciles, yo no soy exento de ellos.
No es fácil perseverar en la fe cuando esa perseverancia
aparenta empeorar nuestra situación, y es por eso que no
es fuera de lo común ver como algunos permiten ser
derrotados. Existen muchos que son derrotados y que se
alejan de los caminos del Señor por completo, y otros
que se marchan del lugar donde Dios les ha puesto, de
esa forma cambiando las bendiciones de Dios por la
conveniencia. Pero recordemos que cuando nos mantenemos
fiel a Dios y perseveramos en nuestro caminar, no existe
nada que nos pueda derrotar. Esto es algo que queda
bien claro en 1 Juan 5:4
cuando leemos “Porque todo lo que es nacido de Dios
vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al
mundo, nuestra fe.” Dile a la persona que tienes a
tu lado, el diablo no te puede derrotar.
Continuando leemos “Y él estaba en la popa, durmiendo
sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron:
Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? 39Y
levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla,
enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
40Y les dijo: ¿Por qué estáis así
amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Entonces
temieron con gran temor, y se decían el uno al otro:
¿Quién es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”
Imaginémonos esto, el viento estaba soplando reciamente,
los truenos eran ensordecedores, las olas cubrían la
barca y la tiraban de un lado a otros, y el Señor
dormía. El Señor estaba comodito durmiendo como si nada
estuviese ocurriendo. ¿Por qué dormía Jesús? Jesús
dormía porque Jesús tenia paz; Jesús tenia paz en el
conocimiento de que Él estaba cumpliendo la voluntad del
Padre. Fíjense bien como esto queda bien declarado en
Juan 6:38 cuando leemos “Porque
he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino
la voluntad del que me envió.” Jesús podía dormir
cómodamente a pesar de ésta gran tempestad porque Él
confiaba absolutamente en que el Padre le mantendría
seguro a pesar de toda situación. Éste tipo de
confianza absoluta no es algo fácil lograr, pero si es
algo que tenemos que luchar por obtener. Pero este tipo
de confianza solo puede ser obtenido cuando dejamos de
escuchar los susurros del diablo, y estamos atentos a la
voz de Dios. Tenemos que dejar de escuchar el ruido
ensordecedor de los truenos que tratan de ahogar la voz
de Dios; tenemos que dejar de fijarnos en los fogonazos
deslumbrantes de los relámpagos que tratan de cegarnos a
la realidad de que no existe poder ni potestad mayor que
nuestro Dios. Fíjense bien a quien nosotros servimos
como encontramos en Filipenses
2:9-11 cuando leemos “Por lo cual Dios también
le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre
todo nombre, 10para que en el nombre de Jesús
se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y
en la tierra, y debajo de la tierra; 11y toda
lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria
de Dios Padre.” Dile a la persona que tienes a tu
lado, yo sirvo al Dios todopoderoso.
Para concluir.
Todos tendremos que a atravesar por momentos difíciles;
tarde o temprano todos aquí nos encontraremos en medio
de una gran tempestad donde todo aparenta estar
perdido. Pero recordemos en esos momentos que a pesar
de toda situación, y por muy duro que soplen los vientos
de adversidad, Jesús siempre está presente. Jesús nunca
nos abandona, y cuando depositamos toda nuestra
fe en
Él, Él derramara sobre nosotros la paz en medio de la
tormenta. Fíjense bien como nos dice la Palabra en
Filipenses 4:6-7 cuando
leemos "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas
vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y
ruego, con acción de gracias. 7Y la paz de
Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará
vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús." El Señor calmo la tormenta que aparentaba
estar a punto de costarles la vida, y el Señor puede y
desea calmar esa tormenta en la que te puedas encontrar
hoy. Recordemos que en esos momentos cuando pensamos
que no existe nadie quien nos pueda ayudar, Él hace
exactamente lo que necesitamos. Las tempestades son
calmadas, y las preocupaciones se desvanecen. En solo
un momento el recio viento de la tempestad pasa a ser
una brisa que nos conforta, y las poderosas olas que
azotaban nuestra barca ahora son un bello rocío que nos
refresca. Los discípulos en ese entonces no lograron
ver que existía paz en medio de esa tempestad, y esto
les sucedió porque ellos permitieron que la situación
que les rodeaba les cegara a la realidad de que Dios
estaba con ellos. Es por eso que vemos que ellos
dijeron “¿Quién
es éste, que aun el viento y el mar le obedecen?”
Ellos permitieron que la duda contaminara sus
pensamientos y los cegara a la realidad. No permitas
que lo mismo te suceda a ti, más siempre recuerda las
palabras del apóstol como encontramos en
2 Timoteo 1:12 cuando
leemos "Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me
avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy
seguro que es poderoso para guardar mi depósito."
¿Tendremos que atravesar por momentos difíciles? Si.
¿Nos encontraremos en medio de fuertes tempestades?
Si. ¿Nos ha abandonado Dios como nos susurra el enemigo
al oído? Absolutamente ¡NO! Nunca nos olvidemos que a
través de todo Dios está con nosotros; Dios está con
nosotros dispuesto a ayudarnos, a fortalecernos, y a
calmar la tempestad. Fíjense bien lo que encontramos en
Isaías 41:10 cuando
leemos “No temas, porque yo estoy contigo; no
desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre
te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi
justicia.” Él está con nosotros, y podemos decir
confiadamente como nos dice la palabra en
Romanos 8:37 “Antes,
en todas estas cosas somos más que vencedores por medio
de aquel que nos amó.”
© Copyright José R. Hernández