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Obispo José R. Hernández

Mirad cómo andéis

Yo diría que una de las cosas que impide que muchos dentro del pueblo de Dios puedan vivir en paz, disfrutando de las ricas y abundantes bendiciones que Dios nos da, son los malos recuerdos.  En otras palabras muchos viven prisioneros del pasado y esto es algo que detiene su crecimiento, y prohíbe que puedan avanzar hacia la victoria que Dios nos ha entregado.  Es por eso que no es fuera de lo común escuchar como muchos al hablar solo pueden articular palabras de derrota y maldición en vez de victoria y bendición. Pero, ¿es así como debemos comportarnos?  Una gran realidad es que nuestro futuro será determinado según las acciones y determinaciones que tomamos hoy.  Es por eso que hoy deseo que estudiemos acerca de cómo debemos comportarnos y lo que debemos estar buscando en todo momento.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios.  

Efesios 5:15-20 - Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. 17Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 

Ahora, cómo acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Pablo escribió esta carta durante su primer encarcelamiento romanos alrededor del 60-62 d.C.  Su encarcelamiento es algo que queda bien declarado en Efesios 3:1 cuando leemos “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles.”  Demás esta decir que cuando él escribió todo esto, él estaba pasando por unos momentos muy difíciles en su vida, ya que las prisiones de ese entonces no eran nada como hoy en día.  Recordemos que en es entonces no existían los grupos y movimientos de derechos humanos, y que la crueldad y maltrato en las prisiones era algo común.  Pero a pesar de toda mala situación, Pablo no permitió que nada detuviera el propósito de Dios en su vida.  Él no se desanimo ni se descorazono, sino que continuo su ministerio y escribió esta carta a este grupo de creyentes que siendo extremadamente ricos en Cristo, vivían derrotados y como mendigos porque no tenían el crecimiento para reconocer las riquezas espirituales que Dios les había entregado.  Fíjense bien como se los dijo el apóstol en Efesios 2:4-7 cuando leemos “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.”    

Ahora bien, cuando tomamos el tiempo de leer detalladamente y estudiar la epístola a la iglesia en Efeso, pronto nos damos cuenta de que ésta epístola no fue escrita con el propósito de corregir un problema específico en la iglesia.  La epístola fue escrita con el propósito de prevenir que surgieran problemas, y para alentar a los creyentes a madurar en Cristo.  En otras palabras, la espitota fue escrita con el propósito de guiar a los creyentes a cómo conducir su vida de forma agradable a Dios.  Pablo escribió esta carta con el propósito de motivar a los creyentes a conectarse al poder de su fuente espiritual, para recibir la fortaleza que les ayudaría en el comportamiento de su vida diaria. Esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras del apóstol como encontramos en Efesios 4:1-2 cuando leemos “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, 2con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor.”  Las palabras claves en este pequeño versículo son “como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.”  Digo que estas son las palabras claves porque si tuviéramos que describir todos los problemas que enfrenta la iglesia hoy en día en solo uno, yo diría que la falta de caminar dignos de la vocación con la que fuimos llamados seria la mejor descripción.  Y es por eso que no es fuera de lo común escuchar como muchos, al igual que este pueblo, siendo ricos viven como mendigos, teniendo la victoria viven derrotados.  Manteniendo estas cosas en mente regresemos ahora a la pregunta de hoy, ¿es así como debemos comportarnos? Continuemos con nuestro estudio de hoy para descubrir la respuesta. 

Continuando con nuestro estudio leemos “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, 16aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.” Las palabras claves aquí son “aprovechando bien el tiempo.”  Digo que estas son las palabras claves porque nuestra estancia en éste mundo es limitada.  Fíjense bien como lo dijo el salmista en Salmos 90:10 cuando leemos “Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años, Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.”  Y es algo que también encontramos muy bien declarado en Santiago 4:13-14 al leer “!!Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”  La vida es algo frágil y no existe una persona que tenga garantizado el día de mañana, y es por eso mismo que somos llamados a aprovechar bien el tiempo.  Sin embargo,  existen muchos que continúan desaprovechando o menospreciando su tiempo aquí en la tierra.  Existen muchos que permiten que los malos recuerdos o experiencias les detengan de vivir una vida fructuosa y en victoria.  Existen muchos que permiten que un mal entendido u opiniones les separen de la paz que Cristo les ha entregado.  Existen muchos que siendo ricos en bendiciones, viven encerrados en las maldiciones de su pasado.  En otras palabras, viven como necios.  ¿Quiénes son los necios?  Los necios son todos aquellos que teniendo ricas bendiciones las menosprecian, y se piensan pobres y desafortunados.  Los necios son todos aquellos que rodeado de personas que le aman, se sienten solos y desolados.  Los necios son todos aquellos que pudiendo ser feliz viven agobiados y agrios.  Los necios son todos aquellos que escogen vivir en contiendas, alimentando la ira de su pasado la cual no les permite perdonar.  Los necios son todos aquellos que escogen perseverar en su terquedad e ignorar Palabra de Dios la que nos declara como encontramos en Romanos 12:17-18 cuando leemos “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. 18Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”  Y lo que el Señor nos dice en Mateo 6:14-15 cuando leemos “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”  Dile a la persona que tienes a su lado, “mirad, pues, con diligencia cómo andéis.”   

Continuando con nuestro estudio leemos “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. 18No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”  En estos dos versículos encontramos la respuesta a nuestra pregunta de hoy, ¿cómo debemos actuar y comportarnos?  Debemos actuar y comportarnos de manera que siempre busquemos la voluntad del Señor para con nosotros.  Debemos actuar y buscar la voluntad de nuestro Dios en todo momento.  Existen muchos que declaran que no conocen la voluntad de Dios para con ellos, pero esto es porque la mayoría de ellos confunden la voluntad de Dios con el llamado a un ministerio.  Pero para aquellos que puedan estar un poco confusos acerca de esto, hoy todo quedara bien claro.  Escúchenme bien, todos somos llamados a propagar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, pero no todos somos llamados a un ministerio en la iglesia. Que alguien sirva en un ministerio en la iglesia cae dentro de la voluntad de Dios, pero esto no es toda la voluntad de Dios solamente.  ¿Qué es la voluntad de Dios para nuestra vida?  La pregunta aparenta ser algo difícil de contestar, pero en realidad no lo es.  Con solo tomar el tiempo de estudiar la Palabra descubriremos exactamente la voluntad de Dios para con nosotros.  Permítanme exponerles algunos ejemplos.  ¿Qué es la voluntad de Dios para nuestra vida? 

  1. En Colosenses 3:12-14 encontramos que se nos dice “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.” 
  1. En 1 Pedro 4:11 encontramos que se nos dice “Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” 
  1. En Romanos 12:14-17 encontramos que se nos dice “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. 15Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. 16Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. 17No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.”
  1. En Juan 13:34 encontramos que el Señor nos dice “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. “
  1. En Efesios 4:22-24 encontramos que se nos dice “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,    23y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

Pudiéramos continuar haciendo una gran lista, pero creo que todos ya tienen un buen entendimiento acerca de la voluntad de Dios para con nosotros.   La voluntad de Dios para cada uno de nosotros es que seamos completamente diferentes a lo que una vez erramos; la voluntad de Dios para con nosotros es que conduzcamos una vida perseverando en la santidad; la voluntad de Dios para con nosotros es que imitemos a nuestro Señor Jesucristo en todo momento, y que Su amor, misericordia, y poder sea reflejado en todo lo que somos.  Pero, ¿qué detiene que esto suceda en la vida de muchos?  La Palabra nos dice “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”  Quizás algunos ya estén pensando que esto no puede contener la respuesta a nuestra pregunta, ya que ninguno de nosotros nos embriagamos con vino, pero si piensas así te invito a que pienses de nuevo.  

Para que me entiendan bien, detengámonos aquí por un breve momento y examinemos lo que es el vino.   El vino es el licor alcohólico que se hace del zumo de las uvas exprimido, y cocido naturalmente por la fermentación.  Al igual que toda bebida alcohólica el vino es algo que interrumpe el razonamiento racional, y es algo causa que actuemos y reaccionemos de una forma muy diferente.  Es por eso que no es fuera de lo común ver como una persona embriagada dice y hace cosas que con frecuencia hieren o causan un mal en otros.  ¿A dónde voy con todo esto?  Hermanos, existe una gran variedad de cosas que al igual que el vino interrumpen el racionamiento racional.  Por ejemplo, la ira, la contienda, y la soberbia, para nombrar solo algunas.  Estas son cosas que cuando las alimentamos nos conducen a actuar y a reaccionar de una forma muy diferente a lo que Dios espera y demanda de nosotros.  Estas son cosas que nos entorpecen de tal forma que somos cegados a las bendiciones de Dios que nos rodean.    Desdichadamente existen muchos dentro del pueblo de Dios que se encuentran en esta misma situación, se encuentran embriagados por la ira, la contienda, las malas experiencias, y los remordimientos de esta vida, de esta forma ignorando lo que encontramos en Isaías 43:18-19 cuando leemos “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. 19He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad.” Y también en 2 Corintios 5:17 cuando leemos “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”  Tenemos que dejar de vivir en el pasado, y movernos hacia el presente de Dios.  ¿Cómo podemos lograr esto?  La respuesta la encontramos en la última sección de los versículos que estamos estudiando en el día de hoy. 

La Palabra de Dios nos dice “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.”  En estos pequeños versículos encontramos de las dos maneras que nosotros debemos comportarnos.  Número uno; debemos bendecir a todos aquellos que nos rodean.  En otras palabras, nosotros les podemos servir de bendición a otros en la manera que hablamos.  Y es por eso que en Efesios 4:29 encontramos que se nos dice “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”  Recordemos que de nuestra boca pueden salir palabras de bendición o de maldición.  Generalmente cuando se habla de maldecir, la mayoría de las personas piensan en cosas como los insultos, la gritería, las groserías y demás.  Pero el maldecir es mucho más que esto; el maldecir es todo aquello que podemos decir que puede herir o dañar a aquellos que nos rodean.   Tengamos siempre en mente que si nuestra manera de expresarnos no refleja todo lo que hemos aprendido a través de la Palabra de Dios, entonces nuestras palabras maldicen.  Número dos; tenemos que darle gracias a Dios por todo y en todo.  Existen tantas cosas por la que debemos darle gracias a Dios que no existe suficiente tiempo para enumerarlas todas. Como he dicho en más de una ocasión, existe una bendición de Dios en todo.

Para concluir.  Cómo les dije al inicio, una de las cosas que impide que muchos dentro del pueblo de Dios puedan vivir en paz, disfrutando de las ricas y abundantes bendiciones que Dios nos da, son los malos recuerdos.  Muchos viven prisioneros del pasado lo que detiene su crecimiento, y prohíbe que puedan avanzar hacia la victoria que Dios le ha entregado.  Existen muchos que al hablar solo pueden articular palabras de derrota y maldición en vez de victoria y bendición.  Recordemos siempre que nuestro futuro será determinado según las acciones y determinaciones que tomamos hoy.  Recordemos siempre lo que nos dice la Palabra de Dios en Isaías 65:17-18 cuando leemos “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 18Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo.”   Cuando llegamos a los caminos del Señor, Dios creo todo nuevo.  Determinemos hoy conducir una vida bendecida, dejando entonces de revolver memorias del pasado, eliminando la ira, la contienda, la soberbia, y concentrándonos en la voluntad de Dios para con nosotros.   Vivamos en el gozo y la paz que Dios nos ha dado, y no le permitamos al enemigo que nos aleje de la voluntad de Dios.  No le permitamos al enemigo que destruya lo que Dios nos ha entregado.  Por eso te digo hoy, “Mirad cómo andéis”. 

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