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Obispo José R. Hernández

¿Cómo has edificado?

Como todos sabemos hoy es un día muy especial para nosotros.  Es un día muy especial porque hoy celebramos el séptimo aniversario de este ministerio.  Pero déjenme decirles que durante estos siete años las cosas no han sido siempre agradables. Ya que hemos pasado por el dolor de todo siervo fiel al ver como muchos después de ser bendecidos, por razones que solo ellos conocen, se apartan de los caminos de Dios.  Estos son momentos que causan desanimo, pero una gran realidad es que no podemos detenernos.  Ya que si nos dejáramos llevar por el desanimo, nos retiraríamos del campo de batalla cediéndole el territorio al enemigo, y esto es algo que ningún creyente fiel puede hacer.  Porque de hacer eso entonces no estaremos cumpliendo con el propósito que Dios tiene con nosotros.  ¿Cómo hemos podido mantenernos firmes en todo momento?  La única razón por la que nos hemos podido mantener firmes es porque este ministerio no fue edificado sobre la fundación de un hombre, este ministerio no fue edificado sobre la fundación del capricho de un grupo de personas.  La fundación de este ministerio es el nombre que es sobre todo nombre, este ministerio esta fundado completamente en Cristo Jesús.  Pero desdichadamente existen muchos en este mundo y en este caminar que no tienen esta convicción, es decir, todo lo que son no esta edificado en Cristo.  Es por eso que deseo que en el día de hoy estudiemos acerca de este tema.  Hoy vamos a estudiar acerca de la fundación del templo que le hemos construido a Dios. 

Mateo 7:24-27 - Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. 25Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. 26Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.

Una gran realidad de vivir en este mundo es que todos aquí tenemos una estructura que construir, es decir, tenemos una vida que construir.  No podemos escapar de la realidad que nuestra vida es una obra en construcción, y qué de la manera que construyamos determinara nuestro destino.  Tampoco podemos escapar de la realidad que ahora nosotros hemos pasado a ser morada de Dios.  Fíjense bien como lo dijo el Señor en Juan 14:16-17 cuando leemos “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”   Este concepto es algo que también queda bien claro en Efesios 2:19-22 cuando leemos “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,  21en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;   22en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, el Espíritu Santo vive en ti. 

Nosotros todos hemos pasado a ser la morada del Espíritu Santo, y esto es una gran bendición, pero debemos examinar la fundación y la construcción de esta morada.  Debemos examinar esta fundación  y construcción porque existen muchos que no han fabricado correctamente.  ¿Cómo tenemos que fabricar?  La respuesta la encontramos al leer “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”  Una gran realidad acerca de la construcción es que para erigir ya sea un simple edificio, o un rasca cielos, hacen falta planes y dibujos que contienen instrucciones específicas de lo que hacer, y las especificaciones de los materiales que deben ser usados.  Pero más importante de todo, los responsables de la construcción tienen que seguir estos planes y dibujos al pie de la letra, o si no, el edificio se derrumbara.  El desastre puede que no ocurra de inmediato, aunque en ocasiones si puede suceder.  Pero de algo que si se puede estar seguro es que una obra mal construida eventualmente se derrumbara.  Permítanme ilústrales esto de otra manera para que entiendan bien el punto que deseo hacerles.  Me recuerdo que hace un tiempo atrás se derrumbo parte de un centro de comercio en uno de los estados del norte.  Gracias a Dios el desastre ocurrió durante horas de la noche, es decir cuando el lugar estaba cerrado al público, y debido a esto nadie fue herido o aleccionado.  ¿Se acuerda alguien de estas noticias?  Como les dije esto sucedió hace un tiempo atrás, y yo no me recuerdo exactamente en que estado fue, pero si fue una cosa que salio por casi todos los noticieros.  Y la razón por la que fue tan publicado esto fue porque descubrieron que la estructura se había derrumbado debido a que no habían utilizado los materiales indicados en los planos.  La investigación que hicieron revelo que habían usado materiales inferiores a lo que llamaban los planos, para tratar de reducir los costos y terminar la obra más rápido.  Si no me equivoco, todo giraba alrededor de las vigas de acero que sostenían el techo y el segundo piso.  ¿Por qué les he dicho esto? Les he dicho esto porque en las palabras de Jesús lo primero que podemos observar es que para edificar la morada para el Espíritu Santo de Dios tenemos que escuchar, y tenemos que hacer.  El Señor nos dice “que me oye estas palabras, y las hace.”  El Señor mismo nos ha dibujado el plano que debemos seguir con instrucciones específicas, y este plano es la Biblia.   Dile a la persona que tienes a tu lado, Dios nos dio el plano. 

El problema que existe es que en muchas ocasiones el hombre se desvía de estos planes, y busca remplazar lo que Dios ha especificado y ordenado con su propia opinión y sabiduría.  Pero la realidad de todo es que por muy sabios que pensemos que somos, nuestra sabiduría y opinión nunca podrán igualarse o remplazar  lo que Dios nos ha dicho.  Es por eso que en Proverbios 3:7 encontramos una gran advertencia de esto cuando leemos “No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal.”  Lo que sucede con frecuencia es que existen muchos que empiezan a construir sobre la roca.  En otras palabras, hay muchos que han aceptado a Jesucristo como su rey y salvador, y comienzan a edificar pero a mitad de la obra comienzan a sustituir el material requerido, con algo completamente inferior. ¿De qué material les hablo? Les hablo del material más importante de nuestra vida, les hablo de la fe.  ¿Por qué es la fe el material más importante?  La respuesta es fácil y la encontramos en Hebreos 11:6 cuando leemos “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”   Aparte de la fundación, el cemento y el concreto son los materiales más importantes en toda obra de construcción, y la razón es porque el cemento es lo que fija permanentemente en lugar todas las piezas, y el concreto es lo que soporta el peso de la estructura.  Igualmente, la fe es el cemento que sujeta nuestra convicción; la fe es el concreto que sostiene nuestra vida.  Y cuando esto todo existe en nuestra vida, en otras palabras cuando todo lo que somos esta fundado, cementado, y edificado en Cristo, entonces es como nos dice el Señor aquí cuando leemos “Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.”  Estas palabras aquí nos dejan saber claramente que cuando fundamos nuestra vida en Cristo, que cuando poseemos una fe genuina, pase lo que pase, nada podrá derrumbar la morada de nuestro Dios en nosotros.  Cuando fundamos, cementamos, y edificamos en Cristo, Dios nos dice que todo se resolverá a nuestro favor.  Fíjense como esto queda bien reflejado en Romanos 8:28 cuando leemos “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”  Cuando fundamos, cementamos, y edificamos en Cristo, Dios nos librará de la corriente de maldad que arrastra a este mundo, y nos preservara para vivir en Su reino.  Fíjense bien como esto queda bien reflejado en 2 Timoteo 4:18 cuando leemos “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.”  Pero como les dije, el problema esta en que no todos continúan edificando según las instrucciones.  No todos continúan edificando usando el mejor material, y/o la única fundación.  Y es por eso que encontramos que aquí el Señor nos habla acerca de esta segunda fundación.  Dile a la persona que tienes a tu lado, cuidado donde edificas.   

Aquí leemos que nos dice “Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.”  Si nuestra vida no esta edificada en la roca, y si nuestra construcción no esta cementada y fundida con una fe genuina, entonces la estructura no soportara las tormentas que surgirán en nuestra vida.  Es más, yo diría que no podrán ni soportar la carga normal del diario vivir, tal como la estructura que les dije que se había derrumbado.  Lo que ha sucedido y desdichadamente continúa sucediendo es que muchos han sustituido el material más importante que existe, muchos han sustituido la fe genuina por una fe fingida.  ¿Qué quiero decir con esto?  Una fe fingida es cuando lo que hacemos para Dios no lo hacemos con la única intención de agradar a Dios, sino con la intención de agradar a aquellos que nos rodean. 

Una fe fingida es cuando lo que hacemos para Dios lo hacemos para que todos vean lo bueno que somos o lo mucho que hacemos.   Pero sepamos que si estamos usando una fe fingida para cementar las piezas en nuestra vida, entonces tarde o temprano todo se derrumbara.  Ahora bien, deseo detenerme aquí y hacer una aclaración.  Una gran realidad es que ninguno de nosotros aquí somos perfectos, y les puedo asegurar que debido a esto nuestra fe nos puede fallar en momentos determinados.  Pero el que nuestra fe nos haya fallado en un momento determinado no quiere decir que estamos derrotados. El que nuestra fe nos haya fallado en un momento determinado no quiere decir que la estructura completa se ha derrumbado.  Si la fundación es buena, en otras palabras, si tu vida esta fundada sobre Cristo, esto quiere decir que aun estas a tiempo de reparar el resto de la estructura.  Dile a la persona que tienes a tu lado, estas a tiempo.   

Recordemos que cuando a Pedro le fallo la fe, él inmediatamente busco al único que le podía ayudar.  Fíjense como esto queda bien ilustrado en Mateo 14:30-31 cuando leemos “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: !!Señor, sálvame! 31Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: !!Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”  En este momento Pedro reconoció que su fe le había fallado, pero él sabía quien le podía ayudar.  Esto es algo que muchos de nosotros tenemos que hacer, tenemos que buscar la asistencia del único que nos puede ayudar.  Tenemos que identificar y fortalecer esas áreas que puedan estar débiles, que pueden estar a punto de derrumbarse. Y esto es algo que solo lograremos cuando buscamos más de Dios en todo momento, y el momento es ahora.  Fíjense bien como nos dice la palabra en Isaías 55:6 cuando leemos “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”  Todos nosotros que hemos aceptado a Cristo debemos buscar más de Él con todo nuestro corazón. Esto significa buscar de Él en todo momento, y no solamente para cumplir con las apariencias.  Dile a la persona que tienes a tu lado, evalúa tu fe. 

Para concluir.  El Señor nos llama hoy a la reflexión.  Debemos reflexionar en nuestra vida y debemos examinar la construcción del templo que le hemos hecho al Espíritu Santo.  Muchos oyen, pero desdichadamente pocos son los que están dispuestos a edificar de la manera que Jesús nos ha instruido.  Es por eso que encontramos como Él nos dice en Mateo 7:22-23Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”  Muchos oyen, pero pocos edifican de la manera que Jesús desea que se edifique.  Existen muchos edificadores insensatos, y muy pocos prudentes.  Recordemos que la obra de todo hombre será manifiesta, y que nuestra obra será probada en esta vida a través de diversas pruebas y tribulaciones.  Fíjense como nos dice 1 Corintios 3:13 cuando leemos “la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.”   Es por esta razón que todos debemos reflexionar, y todos debemos examinar bien de cerca la estructura que hemos construido.  Solo existen dos maneras de edificar, de manera prudente, es decir obedeciendo y manteniéndote en los caminos de Dios.  O  de manera insensata, es decir, oyendo pero no haciendo lo que Él pide.  La decisión es tuya. 

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