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Obispo José R. Hernández

Bautizado con fuego

Como todos sabemos, hace unas semanas atrás un grupo de hermanos fueron bautizados en las aguas. 

Manteniendo el bautizo en las aguas en mente, quiero hablarles de otro tipo de bautizo; hoy quiero hablarles de un regalo muy especial. Antes de pasar a la lectura de la palabra del día de hoy, quiero preguntarles algo. ¿Has recibido alguna ves un regalo que no has sabido lo que hacer con él?  Les hablo de alguna cosa rara que mientras más la miras menos sabes que hacer con ella.  Me acuerdo que cuando era chico en la escuela teníamos clases de artesanía, y teníamos que hacer proyectos para obtener los grados y así pasar la clase.  Me acuerdo que el maestro siempre nos daba instrucciones especificas, y nos ayudaba en todo, pero, a mí nunca me salían bien las cosas.  No obstante como luciera, yo siempre le llevaba a mi mama las cosas que había hecho, y ella siempre me decía "que lindo, esto mismo era lo que yo necesitaba," pero en realidad reflexionando en ese entonces, estoy seguro que muchas de las cosas que le di, ella no sabia que iba hacer con ellas, o en realidad que eran.  Ahora hablemos acerca de algo muy diferente, hablemos del fuego.  El fuego es algo fascinante, algunos niños hablan de ser bomberos; cuando oímos que hay un fuego en un lugar vamos a verlo; en una noche de invierno nos gusta el calor que emite, etc. Ya sé que muchos están tratando de hacer una conexión entre el fuego y un regalo extraño.  Ya sé que muchos se están preguntado ¿por qué les he dicho estas cosas?  Pero permítanme contestar esa pregunta con una que quizás los confunda más; ¿te han regalado fuego alguna vez?  Quizás respondes que no, y si te lo regalaran seguramente estarías fascinado. Busquemos en la palabra de Dios y encontraremos del fuego que les estoy hablando. 

Hechos 2:1-13 - Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto. 

Como siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje que Dios tiene para nosotros, tenemos que hacer un pequeño repaso de historia.  Primeramente, examinemos la palabra “Pentecostés;”  ¿cuántos conocen el significado de esta palabra?  Muchos piensan que esta palabra solo marca el día cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre el hombre, pero esta manera de pensar no es completamente correcta.  Esta palabra viene de la palabra Griega “pentekostos” que significa “quincuagésimo.”   Esta palabra es el nombre de una celebración judía cual es observada el quincuagésimo día después de la fiesta de la pascua.  En otras palabras, celebrada cincuenta días después de la celebración del día cuando Dios hirió al pueblo de Egipto con la plaga de la muerte de todos los primogénitos (Éxodo 11:4-5;) pero quedaron a salvo todos aquellos que siguieron sus instrucciones (Éxodo 12:7; 12:13.)  Así que el día de Pentecostés no es solo y exclusivamente el nombre del día cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre el hombre, sino que es el segundo de los tres grandes banquetes judíos, celebrado en Jerusalén anualmente, la séptima semana después de la “Pascua,” en reconocimiento de agradecimiento a Dios por la cosecha terminada.  Pero, ¿por qué escogió el Señor este día en especifico para cumplir su promesa?   

La razón exacta no es conocida, pero seguramente fue porque este era un día cuando el pueblo judío demostraba su obediencia a Dios al celebrar esta fiesta o banquete; seguramente lo escogió porque Él sabia que habrían muchos reunidos tal como Dios había mandado que fuese (Levíticos 23:21.) 

Sabiendo ya estas pequeñeces de historia, continuemos entonces con el estudio de hoy.  Cuando leemos el versículo uno vemos que la Palabra nos dice que estaban todos juntos; ellos estaban reunidos en obediencia a las ultimas palabras que les había hablado Jesús, ellos estaban reunidos confiando que recibirían la promesa del Padre (Hechos 1:4-5;)  estaban todos esperando tal como el Señor les había instruido.  El Señor les había hecho la promesa de que ellos recibirían al Espíritu Santo quien estaría con ellos por siempre (Juan 14:16; 14:26,) pero ellos no comprendían exactamente que era esto.  Igualmente algunos Cristianos hoy en día no lo comprenden; no comprenden que el fuego del Espíritu Santo no es algo que sucedió en ese entonces solamente, no entienden que esta aquí con nosotros (2 Timoteo 1:13-14.)  Lo que sucede con mucha frecuencia es que nosotros permitimos que el diablo venga y apague el fuego.  Estoy seguro que no tengo que decirles esto, pero el diablo es el mejor bombero del mundo. Pero para que este fuego que vive en nosotros pueda ser consumidor, para que pueda destruir toda obra del enemigo, el fuego tiene que ser alimentado.  Pensemos en esto por unos segundos; para que un fuego arda tiene que haber oxigeno, tiene que haber algún tipo de combustible.  Si el oxigeno no esta presente el fuego se apaga, si el combustible no esta presente el fuego será muy difícil de iniciar.  Pero ¿por qué les digo esto?  Les digo esto porque para el fuego del Espíritu Santo, el oxigeno es la Palabra de Dios; para el fuego del Espíritu Santo el combustible es nuestra completa dependencia en las promesas de Dios.  Hermanos, la promesa de nuestro Señor, el fuego que Cristo nos dejo es más poderoso que cualquier demonio.  ¿Que tan poderoso es?  

Continuando leemos “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”  Aquí leemos que ellos oyeron un gran estruendo; detengámonos aquí por unos instantes y analicemos bien esta señal.  Imaginémonos lo que ellos vieron y sintieron; de repente fue como un huracán o tornado, pero nada se movió, no hubo destrucción alguna.  No se movieron ni las hojas de los árboles.  Esto fue el cumplimiento de las palabras de Juan el bautista acerca del bautismo y Espíritu santo Lucas 3:16 “...el os bautizara en el Espíritu Santo y fuego.”  Dios manifestó su presencia de una manera espectacular.  Imaginémonos esta escena; todos miraron a su alrededor observando lo que estaba aconteciendo, y vieron que asentado encima de cada uno había un fuego.  No quemaba, no se movía pero había fuego.  El fuego que es el regalo de Cristo a su iglesia.  El fuego que es el Espíritu Santo. Continuando leemos: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.”  Llenos del Espíritu Santo hablando en lenguas.  Todos los creyentes deben buscar y esperar la promesa del Padre, el Bautismo del Espíritu Santo y fuego, según lo manda nuestro Señor Jesucristo (Lucas 24:49.)  Esto fue una experiencia normal de todos en las primeras iglesias Cristianas. Acompañado de este bautizo viene la dotación del poder de vida y servicio, la Dádiva de los dones y sus usos en la obra de Dios (Hechos 1:4, 8; I Corintios 12:1-13.)  El Bautismo del Espíritu Santo conlleva a experiencias como un sobre abundante llenar del Espíritu (Juan 7:37-39; Hechos 4:8,) una profunda reverencia a Dios (Hechos 2:43; Hebreos 12:28,) una intensificada consagración a Dios y dedicación a Su obra (Hechos 2:42,) y un amor mas activo por Cristo, por su Palabra y por los perdidos.   El bautizo de los creyentes por el Espíritu Santo es inicialmente evidente según la señal física de hablar en lenguas según el Espíritu y Dios tal como leímos aquí; el hablar en lenguas en este instante es igual al don de lenguas (I Corintios 12:4-10, 28,) pero diferente en su propósito y uso.  El gran error que cometen muchas personas es pensar que el hablar en lenguas es cuando hablamos exclusivamente en un idioma que no entendemos, esto no es completamente correcto.  Como les dije el hablar en un idioma que no entendemos es una evidencia del bautizo por el Espíritu Santo; el hablar en lenguas que no entendemos es una comunicación de nuestro espíritu con Dios (1 Corintios 14:2;)  pero no es lo único que lo indica.

Si aceptaste a Jesucristo como tu rey y salvador personal, si has hecho un compromiso genuino con Dios, entonces el Espíritu Santo mora en ti, el fuego arde en ti (Juan 14:16-17.)  Las lenguas también simbolizan el mensaje y la comunicación del evangelio; cuando Pedro le hablo al pueblo que estaba presente criticando lo que estaban viendo, no encontramos aquí que él habla en lenguas.  Él se dirigió a ellos en su idioma,  él utilizo el fuego del bautismo del Espíritu Santo para llegar a todas esas almas y proclamar a Cristo Jesús (Hechos 2:38-40.)  Cristo nos dio el regalo del fuego en nuestras lenguas con un propósito.  Nos dio el regalo de fuego en nuestras lenguas para que evangelicemos; para que llevemos la palabra de Dios a todo el que la escuche.  En Éxodo 19:16-18 Dios confirmo las leyes del viejo testamento con fuego.  En el día Pentecostés lo hizo con fuego igual, pero de una manera muy diferente.  En el Sinaí el fuego descendió en un solo lugar, pero en el día Pentecostés descendió sobre muchos.  Esto simboliza que la presencia de Dios esta al alcance de todos.  El fuego del Espíritu Santo esta presente para que lo usemos. A muchas personas hoy en día se les ha olvidado que tienen fuego; esto sucede porque como les dije al inicio, el fuego cuando no tiene que quemar se apaga.  El fuego necesita oxigeno, y algún tipo de combustible, para mantenerse ardiendo. Para mantener el fuego del Espíritu Santo en nuestras vidas ardiendo con furor, tenemos que suplirle con obediencia a Dios, sometimiento en todo, oración, lealtad a Su palabra y a nuestra misión.  Estas son las cosas que alimentan el fuego del Espíritu Santo en nosotros.  Estas son las cosas que lo mantienen ardiendo, y consumiendo toda obra del enemigo.   

Pensemos en esto por unos segundos; cuando escuchamos de un Cristiano que esta en fuego todos queremos verle y escuchar el mensaje, ¿verdad?  Todos queremos recibir del Espíritu Santo. Todos estamos dispuestos a oír el mensaje y recibir, pero el problema esta en que muchos de nosotros no estamos dispuestos a pagar el precio para ser nosotros los que estemos en fuego.  La Palabra nos dice: “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo...”  Pero para estar llenos del Espíritu Santo, para recibir el fuego, para recibir este bautismo, tenemos que estar dispuestos a pagar el precio.  Todo tiene su consecuencia, la iglesia necesita hermanos dispuestos a pagar el precio. Necesita que el fuego del Espíritu Santo sea encendido en cada uno de nosotros.  Queremos crecer queremos recibir bendiciones, pero no queremos pagar el precio.  No estamos alimentando el fuego del Espíritu Santo.  Estamos contentos con venir a la iglesia, sentarnos y oír el mensaje pero eso es todo.  ¿Se pueden imaginar si este hubiese sido el caso en el día Pentecostés?  Si ellos hubiesen decidido no hacer nada, si hubiesen decido solamente recibir ese día y nada más, entonces hoy no estuviéramos aquí.  Se hubieran ido todos a sus casas y ya.  Pero no, ellos fueron y llevaron el evangelio, a causa de esto, lo recibiste tu y yo.  El resultado ese día fue grandioso (Hechos 2:41;) cuando utilizamos el fuego del Espíritu Santo grandiosas cosas ocurrirán igual.   

Para concluir. Les pregunto de nuevo: ¿te han regalado fuego alguna vez?  La respuesta es SI; ¡Cristo te regalo el fuego del Espíritu Santo!  Alimentemos ese fuego, alimentemos ese fuego con la palabra de Dios, con oración, con alabanza.  No hay nada que nos pueda detener, nuestra victoria esta garantizada por el Señor (1 Juan 5:4;) pero tenemos que alimentar el fuego.  Tenemos que estar dispuestos a pagar el precio, tenemos que orar mucho, someternos a la voluntad de Dios.  Tenemos que hacerlo de tal manera que cuando nos vean griten: ¡FUEGO, FUEGO!  Que cuando nos vean hablando digan ese hermano o esa hermana esta en fuego.  Ese hermano o esa hermana tiene el fuego del Espíritu Santo. Porque donde existe el fuego del Espíritu Santo no existe nada malo.  El fuego del Espíritu Santo en un fuego consumidor de todo pecado.  Una evidencia del bautismo del Espíritu Santo es el hablar en lenguas, y esto es don de Dios, pero no es la única evidencia.  Mayor evidencia del bautismo del Espíritu Santo es nuestra manera de vivir, nuestro testimonio.  Mayor evidencia es el propagar el evangelio a toda criatura que lo escuche; mayor evidencia es vivir vidas en santidad.  Si sientes que el fuego del Espíritu Santo que mora en ti, se ha apagado, o se ha debilitado, y lo quieres sentir ardiendo dentro de ti, te invito a que pases al frente y lo recibas o lo alimentes.  ¿Todavía piensas que no has sido bautizado en el Espíritu Santo y fuego?  Examina tu vida, reflexiona en Dios, recibe hoy ¡FUEGO!

© Copyright José R. Hernández

  

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Predicado: 20 de Julio del 2003

email: José R. Hernández
 

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