Manteniendo
el bautizo en las aguas en mente, quiero hablarles de otro
tipo de bautizo; hoy quiero hablarles de un regalo muy
especial. Antes de pasar a la lectura de la palabra del día
de hoy, quiero preguntarles algo. ¿Has recibido alguna ves un
regalo que no has sabido lo que hacer con él? Les hablo
de alguna cosa rara que mientras más la miras menos sabes que
hacer con ella. Me acuerdo que cuando era chico en la
escuela teníamos clases de artesanía, y teníamos que hacer
proyectos para obtener los grados y así pasar la clase.
Me acuerdo que el maestro siempre nos daba instrucciones
especificas, y nos ayudaba en todo, pero, a mí nunca me salían
bien las cosas. No obstante como luciera, yo siempre le
llevaba a mi mama las cosas que había hecho, y ella siempre
me decía "que lindo, esto mismo era lo que yo
necesitaba," pero en realidad reflexionando en ese
entonces, estoy seguro que muchas de las cosas que le di, ella
no sabia que iba hacer con ellas, o en realidad que eran.
Ahora hablemos acerca de algo muy diferente, hablemos del
fuego. El fuego es algo fascinante, algunos niños
hablan de ser bomberos; cuando oímos que hay un fuego en un
lugar vamos a verlo; en una noche de invierno nos gusta el
calor que emite, etc. Ya sé que muchos están tratando de
hacer una conexión entre el fuego y un regalo extraño.
Ya sé que muchos se están preguntado ¿por qué les he dicho
estas cosas? Pero permítanme contestar esa pregunta con
una que quizás los confunda más; ¿te han regalado fuego
alguna vez? Quizás respondes que no, y si te lo
regalaran seguramente estarías fascinado. Busquemos en la
palabra de Dios y encontraremos del fuego que les estoy
hablando.
Hechos
2:1-13 - Cuando llegó el día
de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2
Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento
recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban
sentados; 3 y se les aparecieron lenguas
repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de
ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo,
y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu
les daba que hablasen. 5 Moraban entonces en
Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones
bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó
la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía
hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y
maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos
que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros
hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido? 9
Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia,
en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, 10
en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más
allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos
como prosélitos, 11 cretenses y árabes, les oímos
hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12
Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a
otros: ¿Qué quiere decir esto? 13 Mas otros, burlándose,
decían: Están llenos de mosto.
Como
siempre digo, para tener un mejor entendimiento del mensaje
que Dios tiene para nosotros, tenemos que hacer un pequeño
repaso de historia. Primeramente, examinemos la palabra
“Pentecostés;” ¿cuántos conocen el significado de
esta palabra? Muchos piensan que esta palabra solo marca
el día cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre el
hombre, pero esta manera de pensar no es completamente
correcta. Esta palabra viene de la palabra Griega
“pentekostos” que significa “quincuagésimo.”
Esta palabra es el nombre de una celebración judía cual es
observada el quincuagésimo día después de la fiesta de la
pascua. En otras palabras, celebrada cincuenta días
después de la celebración del día cuando Dios hirió al
pueblo de Egipto con la plaga de la muerte de todos los primogénitos
(Éxodo 11:4-5;) pero quedaron
a salvo todos aquellos que siguieron sus instrucciones (Éxodo
12:7; 12:13.) Así
que el día de Pentecostés no es solo y exclusivamente el
nombre del día cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre
el hombre, sino que es el segundo de
los tres grandes banquetes judíos, celebrado en Jerusalén
anualmente, la séptima semana después de la “Pascua,” en
reconocimiento de agradecimiento a Dios por la cosecha
terminada. Pero, ¿por qué escogió el Señor este día
en especifico para cumplir su promesa?
La
razón exacta no es conocida, pero seguramente fue porque este
era un día cuando el pueblo judío demostraba su obediencia a
Dios al celebrar esta fiesta o banquete; seguramente lo escogió
porque Él sabia que habrían muchos reunidos tal como Dios
había mandado que fuese (Levíticos
23:21.)
Sabiendo
ya estas pequeñeces de historia, continuemos entonces con el
estudio de hoy. Cuando leemos el versículo uno vemos
que la Palabra nos dice que estaban todos juntos; ellos estaban
reunidos en obediencia a las ultimas palabras que les había
hablado Jesús, ellos estaban reunidos confiando que recibirían
la promesa del Padre (Hechos 1:4-5;)
estaban todos esperando tal como el Señor les había
instruido. El Señor les había hecho la promesa de que
ellos recibirían al Espíritu Santo quien estaría con ellos
por siempre (Juan 14:16; 14:26,)
pero ellos no comprendían exactamente que era esto.
Igualmente algunos Cristianos hoy en día no lo comprenden; no
comprenden que el fuego del Espíritu Santo no es algo que
sucedió en ese entonces solamente, no entienden que esta aquí
con nosotros (2 Timoteo 1:13-14.)
Lo que sucede con mucha frecuencia es que nosotros permitimos
que el diablo venga y apague el fuego. Estoy seguro que
no tengo que decirles esto, pero el diablo es el mejor bombero
del mundo. Pero para que este fuego que vive en nosotros pueda
ser consumidor, para que pueda destruir toda obra del enemigo,
el fuego tiene que ser alimentado. Pensemos en esto por
unos segundos; para que un fuego arda tiene que haber oxigeno,
tiene que haber algún tipo de combustible. Si el
oxigeno no esta presente el fuego se apaga, si el combustible
no esta presente el fuego será muy difícil de iniciar.
Pero ¿por qué les digo esto? Les digo esto porque para
el fuego del Espíritu Santo, el oxigeno es la Palabra de
Dios; para el fuego del Espíritu Santo el combustible es
nuestra completa dependencia en las promesas de Dios.
Hermanos, la promesa de nuestro Señor, el fuego que Cristo
nos dejo es más poderoso que cualquier demonio. ¿Que
tan poderoso es?
Continuando
leemos “Y de repente vino del cielo un estruendo como de
un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde
estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas
repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de
ellos.” Aquí leemos que ellos oyeron un gran
estruendo; detengámonos aquí por unos instantes y analicemos
bien esta señal. Imaginémonos lo que ellos vieron y
sintieron; de repente fue como un huracán o tornado, pero
nada se movió, no hubo destrucción alguna. No se
movieron ni las hojas de los árboles. Esto fue el
cumplimiento de las palabras de Juan el bautista acerca del
bautismo y Espíritu santo Lucas 3:16
“...el os bautizara en el Espíritu Santo y fuego.”
Dios manifestó su presencia de una manera espectacular.
Imaginémonos esta escena; todos miraron a su alrededor
observando lo que estaba aconteciendo, y vieron que asentado
encima de cada uno había un fuego. No quemaba, no se
movía pero había fuego. El fuego que es el regalo de
Cristo a su iglesia. El fuego que es el Espíritu Santo.
Continuando leemos: “Y fueron todos llenos del Espíritu
Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu
les daba que hablasen.” Llenos del Espíritu Santo
hablando en lenguas. Todos los creyentes deben buscar y
esperar la promesa del Padre, el Bautismo del Espíritu Santo
y fuego, según lo manda nuestro Señor Jesucristo (Lucas
24:49.) Esto fue una experiencia normal de todos
en las primeras iglesias Cristianas. Acompañado de este
bautizo viene la dotación del poder de vida y servicio, la Dádiva
de los dones y sus usos en la obra de Dios (Hechos
1:4, 8; I
Corintios 12:1-13.) El Bautismo del Espíritu
Santo conlleva a experiencias como un sobre abundante llenar
del Espíritu (Juan 7:37-39; Hechos
4:8,) una profunda reverencia a Dios (Hechos
2:43; Hebreos 12:28,)
una intensificada consagración a Dios y dedicación a Su obra
(Hechos 2:42,) y un amor mas
activo por Cristo, por su Palabra y por los perdidos.
El bautizo de los creyentes por el Espíritu Santo es
inicialmente evidente según la señal física de hablar en
lenguas según el Espíritu y Dios tal como leímos aquí; el
hablar en lenguas en este instante es igual al don de lenguas
(I Corintios 12:4-10, 28,)
pero diferente en su propósito y uso. El gran error que
cometen muchas personas es pensar que el hablar en lenguas es
cuando hablamos exclusivamente en un idioma que no entendemos,
esto no es completamente correcto. Como les dije el
hablar en un idioma que no entendemos es una evidencia del
bautizo por el Espíritu Santo; el hablar en lenguas que no
entendemos es una comunicación de nuestro espíritu con Dios
(1 Corintios 14:2;) pero
no es lo único que lo indica.
Si
aceptaste a Jesucristo como tu rey y salvador personal, si has
hecho un compromiso genuino con Dios, entonces el Espíritu
Santo mora en ti, el fuego arde en ti (Juan
14:16-17.) Las lenguas también simbolizan el
mensaje y la comunicación del evangelio; cuando Pedro le
hablo al pueblo que estaba presente criticando lo que estaban
viendo, no encontramos aquí que él habla en lenguas.
Él se dirigió a ellos en su idioma, él utilizo el
fuego del bautismo del Espíritu Santo para llegar a todas
esas almas y proclamar a Cristo Jesús (Hechos
2:38-40.) Cristo nos dio el regalo del fuego en
nuestras lenguas con un propósito. Nos dio el regalo de
fuego en nuestras lenguas para que evangelicemos; para que
llevemos la palabra de Dios a todo el que la escuche. En
Éxodo 19:16-18 Dios confirmo
las leyes del viejo testamento con fuego. En el día
Pentecostés lo hizo con fuego igual, pero de una manera muy
diferente. En el Sinaí el fuego descendió en un solo
lugar, pero en el día Pentecostés descendió sobre muchos.
Esto simboliza que la presencia de Dios esta al alcance de
todos. El fuego del Espíritu Santo esta presente para
que lo usemos. A muchas personas hoy en día se les ha
olvidado que tienen fuego; esto sucede porque como les dije al
inicio, el fuego cuando no tiene que quemar se apaga. El
fuego necesita oxigeno, y algún tipo de combustible, para
mantenerse ardiendo. Para mantener el fuego del Espíritu
Santo en nuestras vidas ardiendo con furor, tenemos que
suplirle con obediencia a Dios, sometimiento en todo, oración,
lealtad a Su palabra y a nuestra misión. Estas son las
cosas que alimentan el fuego del Espíritu Santo en nosotros.
Estas son las cosas que lo mantienen ardiendo, y consumiendo
toda obra del enemigo.
Pensemos
en esto por unos segundos; cuando escuchamos de un Cristiano
que esta en fuego todos queremos verle y escuchar el mensaje,
¿verdad? Todos queremos recibir del Espíritu Santo.
Todos estamos dispuestos a oír el mensaje y recibir, pero el
problema esta en que muchos de nosotros no estamos dispuestos
a pagar el precio para ser nosotros los que estemos en fuego.
La Palabra nos dice: “Y fueron todos llenos del Espíritu
Santo...” Pero para estar llenos del Espíritu
Santo, para recibir el fuego, para recibir este bautismo,
tenemos que estar dispuestos a pagar el precio. Todo
tiene su consecuencia, la iglesia necesita hermanos dispuestos
a pagar el precio. Necesita que el fuego del Espíritu Santo
sea encendido en cada uno de nosotros. Queremos crecer
queremos recibir bendiciones, pero no queremos pagar el
precio. No estamos alimentando el fuego del Espíritu
Santo. Estamos contentos con venir a la iglesia,
sentarnos y oír el mensaje pero eso es todo. ¿Se
pueden imaginar si este hubiese sido el caso en el día
Pentecostés? Si ellos hubiesen decidido no hacer nada,
si hubiesen decido solamente recibir ese día y nada más,
entonces hoy no estuviéramos aquí. Se hubieran ido
todos a sus casas y ya. Pero no, ellos fueron y llevaron
el evangelio, a causa de esto, lo recibiste tu y yo. El
resultado ese día fue grandioso (Hechos
2:41;) cuando utilizamos el fuego del Espíritu Santo
grandiosas cosas ocurrirán igual.
Para
concluir. Les pregunto de
nuevo: ¿te han regalado fuego alguna vez? La respuesta
es SI; ¡Cristo te regalo el fuego del Espíritu Santo!
Alimentemos ese fuego, alimentemos ese fuego con la palabra de
Dios, con oración, con alabanza. No hay nada que nos
pueda detener, nuestra victoria esta garantizada por el Señor
(1 Juan 5:4;) pero tenemos que
alimentar el fuego. Tenemos que estar dispuestos a pagar
el precio, tenemos que orar mucho, someternos a la voluntad de
Dios. Tenemos que hacerlo de tal manera que cuando nos
vean griten: ¡FUEGO, FUEGO! Que cuando nos vean
hablando digan ese hermano o esa hermana esta en fuego.
Ese hermano o esa hermana tiene el fuego del Espíritu Santo.
Porque donde existe el fuego del Espíritu Santo no existe
nada malo. El fuego del Espíritu Santo en un fuego
consumidor de todo pecado. Una evidencia del bautismo
del Espíritu Santo es el hablar en lenguas, y esto es don de
Dios, pero no es la única evidencia. Mayor evidencia
del bautismo del Espíritu Santo es nuestra manera de vivir,
nuestro testimonio. Mayor evidencia es el propagar el
evangelio a toda criatura que lo escuche; mayor evidencia es
vivir vidas en santidad. Si sientes que el fuego del Espíritu
Santo que mora en ti, se ha apagado, o se ha debilitado, y lo
quieres sentir ardiendo dentro de ti, te invito a que pases al
frente y lo recibas o lo alimentes. ¿Todavía piensas
que no has sido bautizado en el Espíritu Santo y fuego?
Examina tu vida, reflexiona en Dios, recibe hoy ¡FUEGO!