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Obispo José R. Hernández

Ayuno y oración

La semana pasada examinamos la oración de nuestro Señor al Padre, y aprendimos que existen varios elementos que debemos incluir en nuestras oraciones.  Si se acuerdan aprendimos que nuestras oraciones tienen que iniciar en nuestro corazón; aprendimos que nuestras oraciones tienen que reflejar nuestra dependencia de Él; aprendimos que nuestra oraciones deben buscar la voluntad de Dios en nuestra vida; aprendimos que debemos tener cuidado de no iniciar oraciones motivadas por la avaricia y/o codicia; aprendimos que debemos pedir perdón por nuestras ofensas, y que tenemos que perdonar a aquellos que nos ofenden; y aprendimos que tenemos que pedir que el poder de Dios sea manifestado en nuestra vida, ya que sin Su poder nunca lograremos obtener la victoria.  ¿Se acuerda alguien de todo esto?  Estas son todas las cosas que deben ser incluidas en nuestra oraciones, pero ahora debemos preguntarnos, ¿qué otra cosa podemos hacer?  Cómo les dije también la semana pasada, la oración es una arma poderosa.  Pero, ¿qué otra cosa podemos hacer que intensifique su eficacia?  Éste es el tema que estaremos analizando hoy; pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Marcos 9:14-29 - Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. 15Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron. 16El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? 17Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. 19Y respondiendo él, les dijo: !!Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo. 20Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. 21Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. 22Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. 23Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 24E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad. 25Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto. 27Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó. 28Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.

Cómo acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento de lo que está sucediendo aquí, debemos hacer un pequeño repaso de historia.  En éste punto de la historia Jesús había hecho milagros; no estaremos examinando todas estas cosas hoy pero si es necesario saber que Sus enseñanzas y señales le habían hecho alguien bien reconocido y buscado.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en Marcos 7:24 cuando leemos “Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse.”  Jesús había andado sobre el mar, había sanado enfermos, había dado de comer a cinco mil en una ocasión a cuatro mil en otra, pero yo diría que la señal más grande que los discípulos presenciaron fue la transfiguración de Jesús.  Fíjense bien lo que ellos vieron como encontramos en Mateo 17:1-2 cuando leemos “Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; 2y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.”   ¿Por qué digo que ésta es la señal más grande que ellos vieron?  Digo esto porque ellos pudieron presenciarle en toda Su gloria y majestad.  Nuestro Señor escogió revelarles cómo Él verdaderamente luce.  Ahora bien, después de ellos presenciar ésta bella revelación de la identidad de Cristo, ellos presenciaron algo completamente opuesto.  Ellos pasaron de ver a Jesús en toda Su gloria a ver un demonio.  Los ojos espirituales de los discípulos fueron abiertos en el monte con el Señor al verle en toda su Gloria, pero ahora confrontaban al demonio y no podían vencerle.  Manteniendo estos pequeños detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

Continuando leemos “Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.”  Examinemos esto con más detalle.  En éste pequeño versículo encontramos que los discípulos estaban discutiendo con la multitud.  En realidad lo que estaba sucediendo es que la multitud estaba tratando de desacreditarlos.  Si hacemos un contraste entre lo que estaba sucediendo en ese entonces, y lo que sucede en actualidad, pronto descubrimos que ésta táctica del enemigo no ha cambiado mucho.  Digo esto porque una gran realidad es que nuestro enemigo trata de desacreditar la gloria, majestad, y poder de Dios por todos lo medios habidos y por haber.  Pero desdichadamente en un gran por ciento de las ocasiones lo hace a través de los creyentes. Fíjense bien cómo es la cosa, en este caso ellos estaban discutiendo y si usamos nuestra imaginación estoy seguro que todos podremos oír las acusaciones y criticas que les estaban haciendo.  Estoy seguro que ellos escucharon cosas similares a: Si ustedes fueran realmente hombres de Dios pudieran reprender este demonio.  O quizás: ¿qué poderes puede tener tu Señor cuando ni si quiera pueden reprender?  Es por está razón que nosotros tenemos que mantener un testimonio limpio y sano, viviendo nuestra vida cómo verdaderos Cristianos y basándonos en la palabra de Dios.   Es por eso mismo que en la Palabra de Dios se nos dice claramente que debemos siempre movernos hacia la santidad de Dios.  Es como encontramos en 1 Pedro 1:16 cuando leemos “porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”  Tenemos que siempre movernos hacia la santidad de Dios, es decir, conducir una vida de santidad porque cuando no hacemos esto, entonces le estamos facilitando una entrada al enemigo en nuestra vida.  Le estamos facilitando al enemigo la oportunidad que él busca para desacreditar a nuestro Señor y Salvador.  Dile a la persona que tienes a tu lado, no le des una oportunidad al diablo.  

Continuando leemos “Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.”  Imaginemos la escena; la multitud esta criticando y acusando a los discípulos.  La multitud disputaba con ellos, cuando de repente vieron que Jesús se acercaba. Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué se sorprendieron? Yo diría que lo que sucedió en éste caso no es muy diferente a lo que a muchos de nosotros, si no a todos, nos ha pasado en un momento de nuestra vida.  Es decir, comenzamos a hablar con una persona de otra persona, y de buenas a primera esa otra persona de la que estábamos hablando se aparece.  ¿A cuantos le ha pasado eso?  Yo creo que esto fue lo que sucedió aquí, ellos criticaban a los discípulos y trataban de desacreditar a Jesús, pero de repente Él llego.  E inmediatamente de su llegada comenzaron las quejas.  Fíjense como nos dice la Palabra cuando leemos “El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? 17Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, ellos no pudieron.  Pero ahora debemos preguntarnos, ¿por qué no pudieron? Una gran realidad es que ellos tenían el poder y autoridad de reprender y echar fuera demonios.  Jesús les había entregado éste poder y eso es algo que encontramos claramente declarado en Marcos 6:7 cuando leemos “Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos.”  Pero teniendo ellos ésta autoridad, ¿por qué no pudieron ellos echar fuera éste demonio?  ¿Seria porque el poder que Él les entrego era algo temporáneo?  Absolutamente NO.  La razón por la que ellos no pudieron echar fuera éste demonio es porque ellos desconocían que existen diferentes tipos de demonios.  En otras palabras, existen demonios más poderosos que otros.  Esto es algo que queda muy bien declarado en las palabras de nuestro Señor cuando les enseño a los discípulos acerca de los espíritus inmundos, según encontramos en Mateo 12:45 cuando leemos “Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.”  Cómo podemos ver existen unos demonios más poderosos que otros, y en éste caso ellos estaban peleando contra uno que era bien poderoso.  Esto es algo que ellos aun no habían entendido o quizás que no conocían, y es por eso que leemos “Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?” La respuesta es fácil, y se las dije hace un breve instante, existen demonios más poderosos que otros. Existen aquellos que todo lo que tenemos que hacer es mirarles y corren, es decir, porque ven el reflejo del Señor en nuestros ojos, pero existen otros que son más difíciles de reprender. 

Pero, ¿existe algo que nosotros podamos hacer para echar fuera de nuestra vida a esos poderosos demonios?  La respuesta es si, y la encontramos continuando con nuestro estudio.   Cuando los discípulos le preguntaron por qué no habían podido ellos reprender a ese demonio, Jesús les contesto: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.” Hermanos, aquí está nuestra respuesta; cómo les dije la semana pasada, la oración es un arma muy poderosa.  Fíjense como esto es algo que queda muy bien reflejado en las palabras de apóstol según encontramos en Santiago 5:16 cuando leemos “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.”  ¿Por qué es la oración tan poderosa?  La razón es porque la oración demuestra una total confianza y dependencia de Dios cuando nos humillamos ante Él.  No existe substituto para la oración, especialmente cuando nos encontramos en situaciones difíciles.  Jesús les dijo: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”  Permítanme explicarles esto de otra manera para que entiendan bien el punto que deseo hacer.  Cuando los soldados son enviados a pelear, a ellos se les equipa.  En otras palabras ellos reciben diferentes armas, entre ellas el rifle, y por supuesto las balas.  Los cristianos hemos recibido el mismo armamento.  Tenemos el ayuno y tenemos la oración.  El ayuno es al igual que un rifle, y la oración es igual que las balas.  Si un soldado va a la batalla y solo lleva el rifle, ese rifle ya no es un rifle, sino que es solo un garrote, y esto por supuesto no es un arma eficaz.  Al igual, si va a la batalla y solo lleva las balas, pues entonces lo más que puede hacer es tirarlas y tener esperanza de que exploten, de nuevo, el arma no es eficaz.    Pero cuando un soldado entra en la batalla con las dos cosas, entonces es un soldado eficaz.  Lo mismo es verdad para nosotros, si ayunamos pero no oramos, entonces no estamos haciendo mucho. Y si oramos pero no ayunamos, entonces estamos orando con la esperanza de que nuestras oraciones sean escuchadas, y lo serán.  Esto es algo que queda bien declarado en Proverbios 15:29 cuando leemos “Jehová está lejos de los impíos; Pero él oye la oración de los justos.”  Pero cuando combinamos la oración con el ayuno, entonces tenemos el arma más eficaz que el mundo ha visto.  ¿Por qué digo esto?  ¿Qué propósito sirve al ayuno? 

Cómo les expuse en el ejemplo del soldado, el ayuno agrega poder y eficacia a nuestras oraciones.  Ahora deseo detenerme por un breve instante y hacer una breve aclaración.  Quiero que quede bien claro que no estoy diciendo que el ayuno y oración es algo que garantiza que nuestra oración será contestada; recordemos lo que aprendimos la semana pasada acerca de las oraciones motivadas por la avaricia y codicia.  Recordemos que por mucho que oremos y ayunemos por un asunto, si por lo que estamos orando y ayunando no cae dentro de la voluntad de Dios o es algo que no será para nuestro beneficio, entonces Dios no contestara esa oración.  ¿Amen?  El ayuno es algo que nos ayuda a enfocar nuestro amor, adoración, y dependencia a nuestro Padre celestial.  Es por esa misma razón que encontramos que Jesús antes de iniciar Su ministerio hizo esto exactamente.  Fíjense bien lo que encontramos en Mateo 4:1-2 cuando leemos “Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. 2Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.”  Por cuarenta días Jesús dependió solo del Padre; ignoro los dolores de hambre y se nutrió con solo la Palabra de Dios.  Pero recordemos que el ayuno no es algo que debemos hacer porque pensamos que por hacerlo recibiremos mayores recompensas o para demostrarle a otros que somos personas espirituales.  Recordemos lo que nos enseña el Señor acerca de esto según encontramos en Mateo 6:16-18 cuando leemos “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 17Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”   El ayuno no es un rito religioso que sirve para limpiar nuestros pecados.  El propósito de ayunar es de ayudarnos a concentrarnos en Dios.  El ayuno nos enseña disciplina y nos ayuda a apreciar los regalos que Dios nos ha dado.  Ayuno y oración es el arma eficaz que puede usar el pueblo de Dios contra los poderes de las tinieblas.   

Para concluir.  Preguntémonos, ¿cuando fue a última vez que pasamos tiempo a solas con nuestro Padre?  Me refiero a un tiempo sin televisor, esposo, esposa, niños, un tiempo completamente a solas con Él. ¿Cuando fue la última vez que dijimos: esta media hora es para estar con Dios?  Estar a solas con Dios es una prioridad; a pesar de que el ministerio de Jesús era grande, Él siempre encontró tiempo para estar a solas con el Padre.  Preguntémonos también, ¿cuando fue la última vez que alguno de nosotros ayunamos?  Hermanos, cuando oramos, ayunamos y pasamos tiempo a solas con nuestro Padre, esto nos fortalece. Esto sucede porque dejamos de depender de nuestra propia habilidad, y somos nutridos por Su presencia.  En otras palabras, nuestra fe se solidifica.   Pero para obtener esto tenemos que crecer, tenemos que disciplinarnos. Recordemos siempre que nuestro Señor nos ha entregado la victoria.  Así que, cuando estemos resentidos a causa de problemas que nos rodean, tenemos que acordarnos que el Señor nunca nos abandona.  Cuando le pedimos fuerzas Él nos la da; cuando le pedimos que nos respalde, el nos carga.  Cuando tenemos un problema y buscamos de Él, los problemas desaparecen.  Cuando oramos Él escucha nuestras oraciones, pero cuando oramos y ayunamos nuestras oraciones llegan más directas.

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