Ayuno y oración
La semana pasada examinamos la oración de nuestro Señor
al Padre, y aprendimos que existen varios elementos que
debemos incluir en nuestras oraciones. Si se acuerdan
aprendimos que nuestras oraciones tienen que iniciar en
nuestro corazón; aprendimos que nuestras oraciones
tienen que reflejar nuestra dependencia de Él;
aprendimos que nuestra oraciones deben buscar la
voluntad de Dios en nuestra vida; aprendimos que debemos
tener cuidado de no iniciar oraciones motivadas por la
avaricia y/o codicia; aprendimos que debemos pedir
perdón por nuestras ofensas, y que tenemos que perdonar
a aquellos que nos ofenden; y aprendimos que tenemos que
pedir que el poder de Dios sea manifestado en nuestra
vida, ya que sin Su poder nunca lograremos obtener la
victoria. ¿Se acuerda alguien de todo esto? Estas son
todas las cosas que deben ser incluidas en nuestra
oraciones, pero ahora debemos preguntarnos, ¿qué otra
cosa podemos hacer? Cómo les dije también la semana
pasada, la oración es una arma poderosa. Pero, ¿qué
otra cosa podemos hacer que intensifique su eficacia?
Éste es el tema que estaremos analizando hoy; pasemos
ahora a la Palabra de Dios.
Marcos 9:14-29
- Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio
una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que
disputaban con ellos. 15Y en seguida toda la
gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le
saludaron. 16El les preguntó: ¿Qué disputáis
con ellos? 17Y respondiendo uno de la
multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene
un espíritu mudo, 18el cual, dondequiera que
le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los
dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo
echasen fuera, y no pudieron. 19Y
respondiendo él, les dijo: !!Oh generación incrédula!
¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os
he de soportar? Traédmelo. 20Y se lo
trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con
violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se
revolcaba, echando espumarajos. 21Jesús
preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede
esto? Y él dijo: Desde niño. 22Y muchas veces
le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si
puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y
ayúdanos. 23Jesús le dijo: Si puedes creer,
al que cree todo le es posible. 24E
inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;
ayuda mi incredulidad. 25Y cuando Jesús vio
que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu
inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando,
sal de él, y no entres más en él. 26Entonces
el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia,
salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos
decían: Está muerto. 27Pero Jesús, tomándole
de la mano, le enderezó; y se levantó. 28Cuando
él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte:
¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29Y
les dijo: Este género con nada puede salir, sino con
oración y ayuno.
Cómo acostumbro a decir, para tener un mejor
entendimiento de lo que está sucediendo aquí, debemos
hacer un pequeño repaso de historia. En éste punto de
la historia Jesús había hecho milagros; no estaremos
examinando todas estas cosas hoy pero si es necesario
saber que Sus enseñanzas y señales le habían hecho
alguien bien reconocido y buscado. Esto es algo que
queda muy bien reflejado en
Marcos 7:24 cuando leemos “Levantándose de
allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando
en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo
esconderse.” Jesús había andado sobre el mar, había
sanado enfermos, había dado de comer a cinco mil en una
ocasión a cuatro mil en otra, pero yo diría que la señal
más grande que los discípulos presenciaron fue la
transfiguración de Jesús. Fíjense bien lo que ellos
vieron como encontramos en
Mateo 17:1-2 cuando leemos “Seis días después,
Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los
llevó aparte a un monte alto; 2y se
transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro
como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la
luz.” ¿Por qué digo que ésta es la señal más
grande que ellos vieron? Digo esto porque ellos
pudieron presenciarle en toda Su gloria y majestad.
Nuestro Señor escogió revelarles cómo Él verdaderamente
luce. Ahora bien, después de ellos presenciar ésta
bella revelación de la identidad de Cristo, ellos
presenciaron algo completamente opuesto. Ellos pasaron
de ver a Jesús en toda Su gloria a ver un demonio. Los
ojos espirituales de los discípulos fueron abiertos en
el monte con el Señor al verle en toda su Gloria, pero
ahora confrontaban al demonio y no podían vencerle.
Manteniendo estos pequeños detalles en mente continuemos
ahora con nuestro estudio de hoy.
Continuando leemos “Cuando llegó a donde estaban los
discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y
escribas que disputaban con ellos.” Examinemos esto
con más detalle. En éste pequeño versículo encontramos
que los discípulos estaban discutiendo con la multitud.
En realidad lo que estaba sucediendo es que la multitud
estaba tratando de desacreditarlos. Si hacemos un
contraste entre lo que estaba sucediendo en ese
entonces, y lo que sucede en actualidad, pronto
descubrimos que ésta táctica del enemigo no ha cambiado
mucho. Digo esto porque una gran realidad es que
nuestro enemigo trata de desacreditar la gloria,
majestad, y poder de Dios por todos lo medios habidos y
por haber. Pero desdichadamente en un gran por ciento
de las ocasiones lo hace a través de los creyentes.
Fíjense bien cómo es la cosa, en este caso ellos estaban
discutiendo y si usamos nuestra imaginación estoy seguro
que todos podremos oír las acusaciones y criticas que
les estaban haciendo. Estoy seguro que ellos escucharon
cosas similares a: Si ustedes fueran realmente hombres
de Dios pudieran reprender este demonio. O quizás: ¿qué
poderes puede tener tu Señor cuando ni si quiera pueden
reprender? Es por está razón que nosotros tenemos que
mantener un testimonio limpio y sano, viviendo nuestra
vida cómo verdaderos Cristianos y basándonos en la
palabra de Dios. Es por eso mismo que en la Palabra de
Dios se nos dice claramente que debemos siempre movernos
hacia la santidad de Dios. Es como encontramos en
1 Pedro 1:16 cuando
leemos “porque escrito está: Sed santos, porque yo
soy santo.” Tenemos que siempre movernos hacia la
santidad de Dios, es decir, conducir una vida de
santidad porque cuando no hacemos esto, entonces le
estamos facilitando una entrada al enemigo en nuestra
vida. Le estamos facilitando al enemigo la oportunidad
que él busca para desacreditar a nuestro Señor y
Salvador. Dile a la persona que tienes a tu lado, no le
des una oportunidad al diablo.
Continuando leemos “Y en seguida toda la gente,
viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.”
Imaginemos la escena; la multitud esta criticando y
acusando a los discípulos. La multitud disputaba con
ellos, cuando de repente vieron que Jesús se acercaba.
Ahora debemos preguntarnos, ¿por qué se sorprendieron?
Yo diría que lo que sucedió en éste caso no es muy
diferente a lo que a muchos de nosotros, si no a todos,
nos ha pasado en un momento de nuestra vida. Es decir,
comenzamos a hablar con una persona de otra persona, y
de buenas a primera esa otra persona de la que estábamos
hablando se aparece. ¿A cuantos le ha pasado eso? Yo
creo que esto fue lo que sucedió aquí, ellos criticaban
a los discípulos y trataban de desacreditar a Jesús,
pero de repente Él llego. E inmediatamente de su
llegada comenzaron las quejas. Fíjense como nos dice la
Palabra cuando leemos “El les preguntó: ¿Qué
disputáis con ellos? 17Y respondiendo uno de
la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que
tiene un espíritu mudo, 18el cual,
dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos,
y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus
discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.”
Dile a la persona que tienes a tu lado, ellos no
pudieron. Pero ahora debemos preguntarnos, ¿por qué no
pudieron? Una gran realidad es que ellos tenían el poder
y autoridad de reprender y echar fuera demonios. Jesús
les había entregado éste poder y eso es algo que
encontramos claramente declarado en
Marcos 6:7 cuando leemos
“Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de
dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus
inmundos.” Pero teniendo ellos ésta autoridad, ¿por
qué no pudieron ellos echar fuera éste demonio? ¿Seria
porque el poder que Él les entrego era algo temporáneo?
Absolutamente NO. La razón por la que ellos no pudieron
echar fuera éste demonio es porque ellos desconocían que
existen diferentes tipos de demonios. En otras
palabras, existen demonios más poderosos que otros.
Esto es algo que queda muy bien declarado en las
palabras de nuestro Señor cuando les enseño a los
discípulos acerca de los espíritus inmundos, según
encontramos en Mateo 12:45
cuando leemos “Entonces va, y toma consigo otros
siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y
el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que
el primero. Así también acontecerá a esta mala
generación.” Cómo podemos ver existen unos demonios
más poderosos que otros, y en éste caso ellos estaban
peleando contra uno que era bien poderoso. Esto es algo
que ellos aun no habían entendido o quizás que no
conocían, y es por eso que leemos “Cuando él entró en
casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué
nosotros no pudimos echarle fuera?” La respuesta es
fácil, y se las dije hace un breve instante, existen
demonios más poderosos que otros. Existen aquellos que
todo lo que tenemos que hacer es mirarles y corren, es
decir, porque ven el reflejo del Señor en nuestros ojos,
pero existen otros que son más difíciles de reprender.
Pero, ¿existe algo que nosotros podamos hacer para echar
fuera de nuestra vida a esos poderosos demonios? La
respuesta es si, y la encontramos continuando con
nuestro estudio. Cuando los discípulos le preguntaron
por qué no habían podido ellos reprender a ese demonio,
Jesús les contesto: “Este género con nada puede
salir, sino con oración y ayuno.” Hermanos, aquí
está nuestra respuesta; cómo les dije la semana pasada,
la oración es un arma muy poderosa. Fíjense como esto
es algo que queda muy bien reflejado en las palabras de
apóstol según encontramos en
Santiago 5:16 cuando leemos “Confesaos
vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros,
para que seáis sanados. La oración eficaz del justo
puede mucho.” ¿Por qué es la oración tan poderosa?
La razón es porque la oración demuestra una total
confianza y dependencia de Dios cuando nos humillamos
ante Él. No existe substituto para la oración,
especialmente cuando nos encontramos en situaciones
difíciles. Jesús les dijo: “Este género con nada
puede salir, sino con oración y ayuno.” Permítanme
explicarles esto de otra manera para que entiendan bien
el punto que deseo hacer. Cuando los soldados son
enviados a pelear, a ellos se les equipa. En otras
palabras ellos reciben diferentes armas, entre ellas el
rifle, y por supuesto las balas. Los cristianos hemos
recibido el mismo armamento. Tenemos el ayuno y tenemos
la oración. El ayuno es al igual que un rifle, y la
oración es igual que las balas. Si un soldado va a la
batalla y solo lleva el rifle, ese rifle ya no es un
rifle, sino que es solo un garrote, y esto por supuesto
no es un arma eficaz. Al igual, si va a la batalla y
solo lleva las balas, pues entonces lo más que puede
hacer es tirarlas y tener esperanza de que exploten, de
nuevo, el arma no es eficaz. Pero cuando un soldado
entra en la batalla con las dos cosas, entonces es un
soldado eficaz. Lo mismo es verdad para nosotros, si
ayunamos pero no oramos, entonces no estamos haciendo
mucho. Y si oramos pero no ayunamos, entonces estamos
orando con la esperanza de que nuestras oraciones sean
escuchadas, y lo serán. Esto es algo que queda bien
declarado en Proverbios 15:29
cuando leemos “Jehová está lejos de los impíos; Pero
él oye la oración de los justos.” Pero cuando
combinamos la oración con el ayuno, entonces tenemos el
arma más eficaz que el mundo ha visto. ¿Por qué digo
esto? ¿Qué propósito sirve al ayuno?
Cómo les expuse en el ejemplo del soldado, el ayuno
agrega poder y eficacia a nuestras oraciones. Ahora
deseo detenerme por un breve instante y hacer una breve
aclaración. Quiero que quede bien claro que no estoy
diciendo que el ayuno y oración es algo que garantiza
que nuestra oración será contestada; recordemos lo que
aprendimos la semana pasada acerca de las oraciones
motivadas por la avaricia y codicia. Recordemos que por
mucho que oremos y ayunemos por un asunto, si por lo que
estamos orando y ayunando no cae dentro de la voluntad
de Dios o es algo que no será para nuestro beneficio,
entonces Dios no contestara esa oración. ¿Amen? El
ayuno es algo que nos ayuda a enfocar nuestro amor,
adoración, y dependencia a nuestro Padre celestial. Es
por esa misma razón que encontramos que Jesús antes de
iniciar Su ministerio hizo esto exactamente. Fíjense
bien lo que encontramos en
Mateo 4:1-2 cuando leemos “Entonces Jesús fue
llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado
por el diablo. 2Y después de haber ayunado
cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.” Por
cuarenta días Jesús dependió solo del Padre; ignoro los
dolores de hambre y se nutrió con solo la Palabra de
Dios. Pero recordemos que el ayuno no es algo que
debemos hacer porque pensamos que por hacerlo
recibiremos mayores recompensas o para demostrarle a
otros que somos personas espirituales. Recordemos lo
que nos enseña el Señor acerca de esto según encontramos
en Mateo 6:16-18 cuando
leemos “Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los
hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para
mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que
ya tienen su recompensa. 17Pero tú, cuando
ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, 18para
no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que
está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te
recompensará en público.” El ayuno no es un rito
religioso que sirve para limpiar nuestros pecados. El
propósito de ayunar es de ayudarnos a concentrarnos en
Dios. El ayuno nos enseña disciplina y nos ayuda a
apreciar los regalos que Dios nos ha dado. Ayuno y
oración es el arma eficaz que puede usar el pueblo de
Dios contra los poderes de las tinieblas.
Para concluir.
Preguntémonos, ¿cuando fue a última vez que pasamos
tiempo a solas con nuestro Padre? Me refiero a un
tiempo sin televisor, esposo, esposa, niños, un tiempo
completamente a solas con Él. ¿Cuando fue la última vez
que dijimos: esta media hora es para estar con Dios?
Estar a solas con Dios es una prioridad; a pesar de que
el ministerio de Jesús era grande, Él siempre encontró
tiempo para estar a solas con el Padre. Preguntémonos
también, ¿cuando fue la última vez que alguno de
nosotros ayunamos? Hermanos, cuando oramos, ayunamos y
pasamos tiempo a solas con nuestro Padre, esto nos
fortalece. Esto sucede porque dejamos de depender de
nuestra propia habilidad, y somos nutridos por Su
presencia. En otras palabras, nuestra fe se
solidifica. Pero para obtener esto tenemos que crecer,
tenemos que disciplinarnos. Recordemos siempre que
nuestro Señor nos ha entregado la victoria. Así que,
cuando estemos resentidos a causa de problemas que nos
rodean, tenemos que acordarnos que el Señor nunca nos
abandona. Cuando le pedimos fuerzas Él nos la da;
cuando le pedimos que nos respalde, el nos carga.
Cuando tenemos un problema y buscamos de Él, los
problemas desaparecen. Cuando oramos Él escucha
nuestras oraciones, pero cuando oramos y ayunamos
nuestras oraciones llegan más directas.
© Copyright José R. Hernández