Caminando en la luz
La semana pasada estudiamos acerca de los propósitos del
Espíritu Santo, y aprendimos que cuando confiamos y nos
dejamos guiar por Él, entonces nunca seremos apartados
de la presencia de Dios. El Espíritu Santo es la luz
que alumbra nuestro camino para que nunca nos salgamos
de los caminos de Dios. Es por eso que hoy vamos a
estudiar acerca de la luz; esa luz que Dios envió al
mundo para que nunca más tuviéramos que andar en
tinieblas. Hoy quiero que examinemos bien este tema,
porque existen muchos que no alcanzan comprender muy
bien este concepto. Existen muchos que no alcanzan
comprender el significado verdadero de lo que es vivir
en la luz. Es por esta razón que hoy vamos a estudiar
acerca de la luz de este mundo. Hoy vamos a explorar
tres verdades acerca de la luz de este mundo que nos
ayudaran en nuestro diario caminar. Hoy aprenderemos
que no podemos dar luz sino tenemos luz, la luz revela,
y donde existe la luz no pueden existir las tinieblas.
Con esto en mente pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Juan 8:12
- Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz
del mundo; el que me sigue, no andará en
tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
En este texto que acabamos de leer Jesús hace una
declaración de suma importancia, Él les revela a este
grupo de fariseos que Él es la luz del mundo. Esta
declaración y gran verdad fue rechazada por ellos
inmediatamente. Ellos respondieron diciendo “…Tú das
testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es
verdadero.” ¿Qué quisieron hacer ellos con esta
declaración? Lo que ellos hicieron no es muy diferente
a lo que el mundo hace con frecuencia en cuanto a los
creyentes. Lo que ellos trataron de lograr fue
desacreditar y ridiculizar a Jesús. ¿Por qué
necesitaban hacer esto? Para poder entender bien la
razón de esto, nos será necesario hacer un breve viaje
al pasado para comprender bien quien ellos eran y lo que
representaban. En el tiempo que Jesús estuvo aquí en la
tierra existían dos grupos religiosos que eran los más
influénciales y poderosos. Estaban los fariseos y los
saduceos. No estaremos profundizando mucho en ambos
grupos, sino más bien nos concentraremos en los
fariseos. Los fariseos creían en un Dios personal y en
las escrituras como la Palabra de Dios, pero ellos le
añadían a las escrituras. Ellos añadían reglas y
regulaciones, rituales y ceremonias, imponiendo así
restricciones a las personas. Fíjense como esto queda
bien reflejado en las palabras de Jesús como encontramos
en Mateo 23:13 cuando
leemos “Mas !!ay de vosotros, escribas y fariseos,
hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos
delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni
dejáis entrar a los que están entrando.” Esta
conducta les condujo a dos grandes errores. El primero
fue que ellos estaban conduciendo al pueblo a creer que
con un buen comportamiento y a través de rituales serian
aceptable a Dios. El segundo fue que ellos estaban
conduciendo al pueblo a una religión de respeto social,
una religión externa. En otras palabras, si una persona
era respetada socialmente y hacia todas las cosas bien
hechas, entonces era juzgado como aceptable a Dios. Pero
el problema estaba en que ellos no practicaban lo que
predicaban. Ellos profesaban una cosa, pero practicaban
otra. Es por esa misma razón que vemos que Jesús tuvo
palabras bien fuertes para ellos, y les llamo
hipócritas. Ellos hacían las cosas no para la gloria de
Dios sino para obtener reconocimiento. Y esto mismo nos
conduce a la primera verdad que Jesús nos revela acerca
de la luz. La primera verdad es que no se puede dar lo
que no se tiene.
Permítanme ilustrárselo de esta manera. Digamos que
ahora mismo yo supiera que una persona esta pasando por
una situación económica grave. Digamos que yo sepa que
esta persona no tiene ni un centavo para poder resolver
su situación. Digamos que ahora yo vaya a esa persona y
le pida veinte dólares; ¿podrá darme esa persona lo que
pido? Por supuesto que no, todos sabemos que por mucho
que queramos no podemos dar lo que no tenemos. Esto
exactamente fue lo que sucedió aquí con Jesús y los
fariseos, ellos no le podían dar lo que ellos no
tenían. Ellos no podían demostrarle un genuino amor de
Dios. Este es uno de los problemas más grave que
confronta el cuerpo de Cristo hoy en día. Muchos
profesan caminar en la luz, pero la realidad del caso es
que se encuentran aun perdidos en las tinieblas. Les
digo esto porque cuando examinamos los mensajes de
Cristo encontraremos que el punto principal de sus
enseñazas es el amor. Fíjense bien como esto queda bien
declarado en Mateo 22:37-39
cuando leemos “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente.
38Este
es el primero y grande mandamiento.
39Y
el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo.”
Pero la realidad del caso es que el amor con frecuencia
es algo que falta en la vida de muchos creyentes.
Quizás algunos estén pensando que lo que les digo no
tiene sentido, ya que todos aquí amamos a nuestra
familia, ¿verdad? Todos aquí amamos a nuestros hijos,
hijas, esposos, esposas, y nuestros familiares, pero no
es de este amor que les hablo en el día de hoy. Hoy les
hablo acerca del desamor e indiferencia tan grande que
existe por nuestros hermanos en Cristo; el desamor o
indiferencia tan grande que existe por la obra; el
desamor o indiferencia tan grande que existe por las
almas que se pierden a diario. ¿Por qué abunda el
desamor? El desamor abunda porque el verdadero amor de
Dios se ha enfriado en el corazón de muchos. Jesús lo
dijo de esta manera en Mateo
24:12 cuando leemos “y por haberse
multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”
Es por esta frialdad de corazón que no es fuera de lo
común ver como existen numerosas personas que asisten a
los servicios de las iglesias, semana tras semana, pero
que salen tal como han entrado. Pero si te has sentido
así, o quizás te estés sintiendo así ahora, tengo muy
buenas noticias para ti. La luz de este mundo esta aquí
presente para alumbrar tu camino, y guiarte fuera de la
oscuridad.
Es imposible decir que vivimos en Cristo si no sentimos
y compartimos su amor. Fíjense como nos dice la Palabra
en 1 Juan 4:8 cuando
leemos “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque
Dios es amor.” Es imposible decir que caminamos en
la luz, si no amamos tal como Cristo nos ama. Esto
queda bien declarado en 1 Juan
2:9 cuando leemos “El que dice que está en la
luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.”
Los fariseos no podían entender lo que Cristo les estaba
diciendo, ellos no podían comprender Su mensaje
simplemente porque ellos no amaban a Dios, ellos se
amaban a sí mismos. Como cristianos, nosotros no
podemos ser como ellos, nosotros tenemos que
imitar a Jesús en todo momento. Tenemos que darnos
cuenta que nuestro Padre celestial tiene un propósito
con cada uno de nosotros. Como cristiano fiel, no
podemos permitirle al enemigo que entre nuevamente en
nuestra vida para apagar la luz que Dios nos ha dado.
Fíjense bien lo que nos dice el Señor en
Mateo 5:14 cuando leemos
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada
sobre un monte no se puede esconder.” No podemos
permitir ser conducidos nuevamente a las tinieblas de
donde hemos salido. Estoy seguro que todos aquí podemos
recordarnos muy bien del lugar de donde Dios nos
rescato. Estoy seguro que todos aquí nos podemos
acordar de cuando andábamos perdidos en las tinieblas de
este mundo, perdidos en los sufrimientos y agonías,
perdidos en las preocupaciones y dolores, perdidos
pensando que nunca obtendríamos una solución. Pero
entonces algo maravilloso sucedió, alguien nos hablo de
Jesús. Alguien permitió que la luz que llevaba dentro
resplandeciera en nuestra tiniebla, y nuestro Padre se
glorifico en nuestra vida Fue como encontramos en Mateo
5:16 cuando leemos “Así alumbre vuestra luz
delante de los hombres, para que vean vuestras buenas
obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos.” Esa luz que llevaba dentro esa persona que
nos hablo de Cristo resplandeció, y fue exactamente lo
que nosotros necesitábamos. Hermanos y esa luz
resplandeciente es exactamente lo que este mundo
necesita. El mundo necesita conocer que si existe una
solución, el mundo necesita saber que si existe una luz
al final de ese túnel, el mundo necesita saber que esa
luz es Jesús; “Yo soy la luz del mundo; el que me
sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de
la vida.” Es hora de fortalecer nuestro amor de
Dios. Tenemos que permitir que esta luz que brilla
dentro de nosotros resplandezca en todo lo que somos.
Es hora de llevar la luz del mundo a todos aquellos que
aun están perdidos en el mundo de tinieblas, y a
aquellos que se pueden haber extraviado del camino
verdadero. Es hora de permitir que esta luz le revele a
toda persona que si existe esperanza, y que si existe
una solución; esto me conduce al segundo punto. La luz
revela.
En Juan 1:3-5
encontramos que se nos dice “Todas las cosas por él
fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho,
fue hecho.
4En
él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
5La
luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no
prevalecieron contra ella.”
Dile a la persona que tienes a tu lado, la luz revela.
Si pensamos en esto por un instante, pronto veremos que
lo que les acabo de decir es una gran verdad.
Permítanme ilustrárselo de otra manera. Preguntémonos,
¿qué es lo primero que hacemos cuando se apagan las
luces de repente o cuando oscurece? Lo primero que
hacemos es encender algo ya sea una vela o una
linterna. Lo primero que hacemos es encender una luz.
¿Porque lo hacemos? Lo hacemos para poder descubrir
cual fue el problema que causo que se fueran las luces,
pero también lo hacemos porque queremos ver lo que nos
rodea. En otras palabras lo hacemos para recibir una
revelación. Hermanos, la luz del mundo nos trae
revelación. Cuando recibimos a Cristo Jesús, cuando le
permitimos que obre en nosotros a través del Espíritu
Santo, pues entonces recibiremos revelación de su
propósito en nuestra vida. Jesús les dijo a los
fariseos que Él había venido para revelarle al Padre.
Estas personas pensaban conocer a Dios muy bien, pero la
realidad es que no le conocían. Muchos hoy piensan de
la misma manera, muchos piensan conocer a Dios bien,
pero la realidad del caso es que no le conocen. Digo
esto porque cuando conocemos al Padre conocemos Su
voluntad, y esto nos conduce a obrar y actuar según Él
en todo momento. Cuando permitimos que la
luz brille en nuestra vida, recibiremos revelación de
todas esas cosas que desagradan a Dios. Cuando
permitimos que la luz brille en nosotros, entonces
nuestro sendero por esta vida siempre estará claramente
iluminado. Cuando permitimos que la luz brille en
nosotros, entonces recibimos liberación. Fíjense como
esto queda bien reflejado cuando leemos acerca del
apóstol Pedro en Hechos 12:6-7
cuando leemos “Y cuando Herodes le iba a sacar,
aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos
soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante
de la puerta custodiaban la cárcel.
7Y
he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz
resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el
costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las
cadenas se le cayeron de las manos.”
Cuando la luz nos revela la voluntad del Padre, las
cadenas se rompen, los yugos desaparecen, las cargas son
quitadas. La luz nos da revelación del camino que hemos
de seguir. La luz nos demuestra por los senderos que
debemos andar. Cuando permitimos que nuestra vida sea
alumbrada por Cristo Jesús nunca más andaremos en
oscuridad. Esto me conduce al tercer punto.
Donde existe la luz no existe tiniebla. En
1 Juan 1:5 encontramos
que se nos dice “Este es el mensaje que hemos oído de
él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas
tinieblas en él.” Una de las cosas más bella
acerca de la luz es que mientras más oscura este la
noche o el sitio, más brilla la luz. Pensemos en esto
por un momento. Si en este mismo momento prendiéramos
una vela en este sitio cual esta tan bien iluminado, su
luz no seria muy potente. Igualmente sucedería si
saliéramos ahora de día a la calle con una vela o una
linterna en la mano, la luz de ambas no se verían muy
bien y no iluminarían nada, ¿verdad? Pero, hagamos el
mismo experimento en una noche oscura, en una noche
nublada cuando no se alcanza ver la luna ni las
estrellas. El resultado seria completamente diferente,
la luz de una simple vela será vista a una gran
distancia, el reflejo de una pequeña luz atravesara toda
oscuridad y la oscuridad desaparece. Esto es lo más
bello y la gran verdad acerca de la luz; las tinieblas
tienen que huir de donde esta la luz. Es por esta misma
razón que Dios envió a nuestro Señor Jesús al mundo.
Dios envió a su hijo primogénito a este mundo de
tinieblas para que las tinieblas tuviesen que huir de
nosotros. Fíjense como esto queda bien reflejado en
2 Corintios 4:6 cuando
leemos “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas
resplandeciese la luz, es el que resplandeció en
nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de
la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.” Y
también en Colosenses 1:12-14
cuando leemos “con gozo dando gracias al Padre que
nos hizo aptos para participar de la herencia de los
santos en luz;
13el
cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y
trasladado al reino de su amado Hijo,
14en
quien tenemos redención por su sangre, el perdón de
pecados.”
Cuando realmente hacemos un compromiso con Cristo y
permitimos ser llenos del Espíritu Santo, entonces no
existe potestad o poder de las tinieblas que nos pueda
afectar. No nos puede afectar porque cuando la luz
resplandece, las tinieblas se desvanecen. Como el
pueblo de Dios que somos debemos buscar que Su luz
brille en nosotros en todo tiempo. Tenemos que hacer un
compromiso genuino con Dios para que Su luz brille en
nosotros en todo momento, y desaparezcan de nuestra vida
todas esas cosas que en ocasiones nos hacen tropezar, y
en ocasiones caer. En otros tiempos éramos diferentes,
en otros tiempos andábamos según las cosas del mundo,
pero ahora tenemos que andar en la luz, tenemos que
comportarnos y andar como lo que somos, hijos de Dios.
Es como nos dice la Palabra en
Efesios 5:8 cuando leemos “Porque en otro
tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor;
andad como hijos de luz.”
Para concluir.
Como hijos de Dios, tenemos que permitir que la luz
resplandezca en nosotros en todo momento. Esto
significa que cuando nos vean a nosotros, no nos vean a
nosotros, sino vean el amor de Cristo reflejado en
nosotros. Esto significa que en todo momento el mundo
vea lo que realmente somos, un pueblo escogido por Dios,
un pueblo que anuncia y proclama Su gloria, misericordia
y poder en todo momento. ¿Quiénes somos y qué deben ver
en todo momento? La Palabra nos dice en
1 Pedro 2:9 “Mas
vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las
virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz
admirable.” Caminemos en la luz que alumbra al
mundo, caminemos en Cristo Jesús en todo momento.
Nosotros fuimos liberados de las tinieblas, Su luz
alumbra nuestros caminos. Cuando las tinieblas traten
de apoderarse de nosotros, cuando las cosas más oscuras
aparezcan, recordemos que nosotros no pertenecemos en
ese mundo, nosotros no somos hijos de las tinieblas sino
hijos de la luz. Recordemos lo que encontramos en 1
Tesalonicenses 5:5 cuando leemos “Porque todos
vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de
la noche ni de las tinieblas.” Estemos siempre
alertas y no le permitamos al enemigo que nos encierre
en la oscuridad, caminemos siempre en la luz y
caminaremos siempre en victoria.
© Copyright José R. Hernández