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Obispo José R. Hernández

Caminando en la luz

La semana pasada estudiamos acerca de los propósitos del Espíritu Santo, y aprendimos que cuando confiamos y nos dejamos guiar por Él, entonces nunca seremos apartados de la presencia de Dios.  El Espíritu Santo es la luz que alumbra nuestro camino para que nunca nos salgamos de los caminos de Dios.  Es por eso que hoy vamos a estudiar acerca de la luz; esa luz que Dios envió al mundo para que nunca más tuviéramos que andar en tinieblas.  Hoy quiero que examinemos bien este tema,  porque existen muchos que no alcanzan comprender muy bien este concepto.  Existen muchos que no alcanzan comprender el significado verdadero de lo que es vivir en la luz. Es por esta razón que hoy vamos a estudiar acerca de la luz de este mundo.  Hoy vamos a explorar tres verdades acerca de la luz de este mundo que nos ayudaran en nuestro diario caminar.  Hoy aprenderemos que no podemos dar luz sino tenemos luz, la luz revela, y donde existe la luz no pueden existir las tinieblas.  Con esto en mente pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Juan 8:12 - Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.   

En este texto que acabamos de leer Jesús hace una declaración de suma importancia, Él les revela a este grupo de fariseos que Él es la luz del mundo.  Esta declaración y gran verdad fue rechazada por ellos inmediatamente.  Ellos respondieron diciendo “…Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.”  ¿Qué quisieron hacer ellos con esta declaración?  Lo que ellos hicieron no es muy diferente a lo que el mundo hace con frecuencia en cuanto a los creyentes.  Lo que ellos trataron de lograr fue desacreditar y ridiculizar a Jesús.  ¿Por qué necesitaban hacer esto?  Para poder entender bien la razón de esto, nos será necesario hacer un breve viaje al pasado para comprender bien quien ellos eran y lo que representaban.  En el tiempo que Jesús estuvo aquí en la tierra existían dos grupos religiosos que eran los más influénciales y poderosos.  Estaban los fariseos y los saduceos. No estaremos profundizando mucho en ambos grupos, sino más bien nos concentraremos en los fariseos.  Los fariseos creían en un Dios personal y en las escrituras como la Palabra de Dios, pero ellos le añadían a las escrituras.  Ellos añadían reglas y regulaciones, rituales y ceremonias, imponiendo así restricciones a las personas. Fíjense como esto queda bien reflejado en las palabras de Jesús como encontramos en Mateo 23:13 cuando leemos “Mas !!ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.”  Esta conducta les condujo a dos grandes errores. El primero fue que ellos estaban conduciendo al pueblo a creer que con un buen comportamiento y a través de rituales serian aceptable a Dios. El segundo fue que ellos estaban conduciendo al pueblo a una religión de respeto social, una religión externa. En otras palabras, si una persona era respetada socialmente y hacia todas las cosas bien hechas, entonces era juzgado como aceptable a Dios. Pero el problema estaba en que ellos no practicaban lo que predicaban.  Ellos profesaban una cosa, pero practicaban otra.  Es por esa misma razón que vemos que Jesús tuvo palabras bien fuertes para ellos, y les llamo hipócritas. Ellos hacían las cosas no para la gloria de Dios sino para obtener reconocimiento. Y esto mismo nos conduce a la primera verdad que Jesús nos revela acerca de la luz.  La primera verdad es que no se puede dar lo que no se tiene.   

Permítanme ilustrárselo de esta manera.  Digamos que ahora mismo yo supiera que una persona esta pasando por una situación económica grave.  Digamos que yo sepa que esta persona no tiene ni un centavo para poder resolver su situación.  Digamos que ahora yo vaya a esa persona y le pida veinte dólares; ¿podrá darme esa persona lo que pido?  Por supuesto que no, todos sabemos que por mucho que queramos no podemos dar lo que no tenemos. Esto exactamente fue lo que sucedió aquí con Jesús y los fariseos, ellos no le podían dar lo que ellos no tenían.  Ellos no podían demostrarle un genuino amor de Dios.  Este es uno de los problemas más grave que confronta el cuerpo de Cristo hoy en día.  Muchos profesan caminar en la luz, pero la realidad del caso es que se encuentran aun perdidos en las tinieblas.  Les digo esto porque cuando examinamos los mensajes de Cristo encontraremos que el punto principal de sus enseñazas es el amor.  Fíjense bien como esto queda bien declarado en Mateo 22:37-39 cuando leemos “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Este es el primero y grande mandamiento. 39Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”  Pero la realidad del caso es que el amor con frecuencia es algo que falta en la vida de muchos creyentes.  Quizás algunos estén pensando que lo que les digo no tiene sentido, ya que todos aquí amamos a nuestra familia, ¿verdad? Todos aquí amamos a nuestros hijos, hijas, esposos, esposas, y nuestros familiares, pero no es de este amor que les hablo en el día de hoy.  Hoy les hablo acerca del desamor e indiferencia tan grande que existe por nuestros hermanos en Cristo; el desamor o indiferencia tan grande que existe por la obra; el desamor o indiferencia tan grande que existe por las almas que se pierden a diario.  ¿Por qué abunda el desamor?  El desamor abunda porque el verdadero amor de Dios se ha enfriado en el corazón de muchos.  Jesús lo dijo de esta manera en Mateo 24:12 cuando leemos “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”  Es por esta frialdad de corazón que no es fuera de lo común ver como existen numerosas personas que asisten a los servicios de las iglesias, semana tras semana, pero que salen tal como han entrado.  Pero si te has sentido así, o quizás te estés sintiendo así ahora, tengo muy buenas noticias para ti.  La luz de este mundo esta aquí presente para alumbrar tu camino, y guiarte fuera de la oscuridad.   

Es imposible decir que vivimos en Cristo si no sentimos y compartimos su amor.  Fíjense como nos dice la Palabra en 1 Juan 4:8 cuando leemos “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.”  Es imposible decir que caminamos en la luz, si no amamos tal como Cristo nos ama.  Esto queda bien declarado en 1 Juan 2:9 cuando leemos “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas.”  Los fariseos no podían entender lo que Cristo les estaba diciendo, ellos no podían comprender Su mensaje simplemente porque ellos no amaban a Dios, ellos se amaban a sí mismos.  Como cristianos, nosotros no podemos ser como ellos, nosotros tenemos que imitar a Jesús en todo momento.  Tenemos que darnos cuenta que nuestro Padre celestial tiene un propósito con cada uno de nosotros.  Como cristiano fiel, no podemos permitirle al enemigo que entre nuevamente en nuestra vida para apagar la luz que Dios nos ha dado.  Fíjense bien lo que nos dice el Señor en Mateo 5:14 cuando leemos “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.”  No podemos permitir ser conducidos nuevamente a las tinieblas de donde hemos salido.  Estoy seguro que todos aquí podemos recordarnos muy bien del lugar de donde Dios nos rescato.  Estoy seguro que todos aquí nos podemos acordar de cuando andábamos perdidos en las tinieblas de este mundo, perdidos en los sufrimientos y agonías, perdidos en las preocupaciones y dolores, perdidos pensando que nunca obtendríamos una solución.  Pero entonces algo maravilloso sucedió, alguien nos hablo de Jesús.  Alguien permitió que la luz que llevaba dentro resplandeciera en nuestra tiniebla, y nuestro Padre se glorifico en nuestra vida  Fue como encontramos en  Mateo 5:16 cuando leemos “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”  Esa luz que llevaba dentro esa persona que nos hablo de Cristo resplandeció, y fue exactamente lo que nosotros necesitábamos.  Hermanos y esa luz resplandeciente es exactamente lo que este mundo necesita.  El mundo necesita conocer que si existe una solución, el mundo necesita saber que si existe una luz al final de ese túnel, el mundo necesita saber que esa luz es Jesús; “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”  Es hora de fortalecer nuestro amor de Dios.  Tenemos que permitir que esta luz que brilla dentro de nosotros resplandezca en todo lo que somos.  Es hora de llevar la luz del mundo a todos aquellos que aun están perdidos en el mundo de tinieblas, y a aquellos que se pueden haber extraviado del camino verdadero.  Es hora de permitir que esta luz le revele a toda persona que si existe esperanza, y que si existe una solución; esto me conduce al segundo punto.  La luz revela.      

En Juan 1:3-5 encontramos que se nos dice “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 4En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, la luz revela.  Si pensamos en esto por un instante, pronto veremos que lo que les acabo de decir es una gran verdad.  Permítanme ilustrárselo de otra manera.  Preguntémonos, ¿qué es lo primero que hacemos cuando se apagan las luces de repente o cuando oscurece?  Lo primero que hacemos es encender algo ya sea una vela o una linterna.  Lo primero que hacemos es encender una luz.  ¿Porque lo hacemos?  Lo hacemos para poder descubrir cual fue el problema que causo que se fueran las luces, pero también lo hacemos porque queremos ver lo que nos rodea.  En otras palabras lo hacemos para recibir una revelación.  Hermanos, la luz del mundo nos trae revelación.  Cuando recibimos a Cristo Jesús, cuando le permitimos que obre en nosotros a través del Espíritu Santo, pues entonces recibiremos revelación de su propósito en nuestra vida.  Jesús les dijo a los fariseos que Él había venido para revelarle al Padre.  Estas personas pensaban conocer a Dios muy bien, pero la realidad es que no le conocían.  Muchos hoy piensan de la misma manera, muchos piensan conocer a Dios bien, pero la realidad del caso es que no le conocen.  Digo esto porque cuando conocemos al Padre conocemos Su voluntad, y esto nos conduce a obrar y actuar según Él en todo momento.  Cuando permitimos que la luz brille en nuestra vida, recibiremos revelación de todas esas cosas que desagradan a Dios.  Cuando permitimos que la luz brille en nosotros, entonces nuestro sendero por esta vida siempre estará claramente iluminado.  Cuando permitimos que la luz brille en nosotros, entonces recibimos liberación.  Fíjense como esto queda bien reflejado cuando leemos acerca del apóstol Pedro en  Hechos 12:6-7 cuando leemos “Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel. 7Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos.”  Cuando la luz nos revela la voluntad del Padre, las cadenas se rompen, los yugos desaparecen, las cargas son quitadas.  La luz nos da revelación del camino que hemos de seguir.  La luz nos demuestra por los senderos que debemos andar.  Cuando permitimos que nuestra vida sea alumbrada por Cristo Jesús nunca más andaremos en oscuridad.  Esto me conduce al tercer punto.   

Donde existe la luz no existe tiniebla.  En 1 Juan 1:5 encontramos que se nos dice “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.”   Una de las cosas más bella acerca de la luz es que mientras más oscura este la noche o el sitio, más brilla la luz.  Pensemos en esto por un momento.  Si en este mismo momento prendiéramos una vela en este sitio cual esta tan bien iluminado, su luz no seria muy potente.  Igualmente sucedería si saliéramos ahora de día a la calle con una vela o una linterna en la mano, la luz de ambas no se verían muy bien y no iluminarían nada, ¿verdad?  Pero, hagamos el mismo experimento en una noche oscura, en una noche nublada cuando no se alcanza ver la luna ni las estrellas.  El resultado seria completamente diferente, la luz de una simple vela será vista a una gran distancia, el reflejo de una pequeña luz atravesara toda oscuridad y la oscuridad desaparece.  Esto es lo más bello y la gran verdad acerca de la luz; las tinieblas tienen que huir de donde esta la luz.  Es por esta misma razón que Dios envió a nuestro Señor Jesús al mundo.  Dios envió a su hijo primogénito a este mundo de tinieblas para que las tinieblas tuviesen que huir de nosotros.  Fíjense como esto queda bien reflejado en 2 Corintios 4:6 cuando leemos “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”  Y también en Colosenses 1:12-14 cuando leemos “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; 13el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”  Cuando realmente hacemos un compromiso con Cristo y permitimos ser llenos del Espíritu Santo, entonces no existe potestad o poder de las tinieblas que nos pueda afectar. No nos puede afectar porque cuando la luz resplandece, las tinieblas se desvanecen.  Como el pueblo de Dios que somos debemos buscar que Su luz brille en nosotros en todo tiempo.  Tenemos que hacer un compromiso genuino con Dios para que Su luz brille en nosotros en todo momento, y desaparezcan de nuestra vida todas esas cosas que en ocasiones nos hacen tropezar, y en ocasiones caer.  En otros tiempos éramos diferentes, en otros tiempos andábamos según las cosas del mundo, pero ahora tenemos que andar en la luz, tenemos que comportarnos y andar como lo que somos, hijos de Dios.  Es como nos dice la Palabra en Efesios 5:8 cuando leemos “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.”     

Para concluir.  Como hijos de Dios, tenemos que permitir que la luz resplandezca en nosotros en todo momento.  Esto significa que cuando nos vean a nosotros, no nos vean a nosotros, sino vean el amor de Cristo reflejado en nosotros.  Esto significa que en todo momento el mundo vea lo que realmente somos, un pueblo escogido por Dios, un pueblo que anuncia y proclama Su gloria, misericordia y poder en todo momento.  ¿Quiénes somos y qué deben ver en todo momento?  La Palabra nos dice en 1 Pedro 2:9Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”  Caminemos en la luz que alumbra al mundo, caminemos en Cristo Jesús en todo momento.  Nosotros fuimos liberados de las tinieblas, Su luz alumbra nuestros caminos.  Cuando las tinieblas traten de apoderarse de nosotros, cuando las cosas más oscuras aparezcan, recordemos que nosotros no pertenecemos en ese mundo, nosotros no somos hijos de las tinieblas sino hijos de la luz.  Recordemos lo que encontramos en  1 Tesalonicenses 5:5 cuando leemos “Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas.”  Estemos siempre alertas y no le permitamos al enemigo que nos encierre en la oscuridad, caminemos siempre en la luz y caminaremos siempre en victoria.

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