¡Ojalá fueses frío o caliente!
Si se
acuerdan, la semana antes pasada estudiamos el tema de la
profecía. Estudiamos ese sujeto a luz de los eventos
históricos que han sucedido y continúan sucediendo en
Israel, y lo hicimos con el propósito de hacernos despertar
a la realidad de que las profecías se están desarrollando
ante nuestros ojos actualmente. Lo hicimos con el propósito
de estar preparados en todo momento, no sea que llegue el
Señor y nos encuentre desprevenidos, ¿amen? Pero si
recuerdan, durante ese servicio también les dije que un
problema que confronta la iglesia de hoy es que muchos
creyentes han caído en un estado de complacencia. En otras
palabras, muchos piensan que todo continuara como siempre.
Pero la realidad del caso es que esta manera de pensar no
puede estar más lejos de la verdad porque simplemente sería
algo imposible. La realidad del caso es que tarde o
temprano, todos aquí seremos juzgados por Dios. Es por esta
razón que en el día de hoy les traigo un mensaje que muchos
de ustedes sino todos encontraran un poco fuerte. Digo que
es un mensaje fuerte porque nos forzara a examinar nuestra
relación con Dios, y donde nos podemos encontrar en nuestro
caminar cristiano. Pasemos ahora a la Palabra de Dios.
Apocalipsis 3:14-22
- Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí
el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la
creación de Dios, dice esto: 15 Yo conozco tus
obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o
caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no
frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 17
Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de
ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un
desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. 18
Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en
fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para
vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez;
y unge tus ojos con colirio, para que veas. 19 Yo
reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y
arrepiéntete. 20 He aquí, yo estoy a la puerta y
llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él,
y cenaré con él, y él conmigo. 21 Al que
venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así
como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su
trono. 22 El que tiene oído, oiga lo que el
Espíritu dice a las iglesias.
Ahora, como
acostumbro a decir, para tener un mejor entendimiento del
mensaje que Dios tiene para nosotros en el día de hoy, nos
será necesario hacer un breve repaso de historia. Laodicea
era la ciudad principal de Phrygia, y era una de las
ciudades más florecientes e influénciales en Asia menor.
Era una ciudad muy prospera y rica; la razón por esto es
porque la ciudad estaba centrada en las tres carreteras más
importantes en esos tiempos, y tenía las tres industrias más
grandes de ese entonces. Esta ciudad era considerada como el
centro bancario y financiero, ellos tenían una buena
industria de algodón, y también era el lugar donde se
encontraba la escuela de medicina que era muy reconocida por
el colirio. Manteniendo esto en mente continuemos ahora
examinando esta carta y examinemos como se aplica a nuestro
diario vivir, ya que a través de leer, estudiar, y mantener
Su palabra encontraremos la bendición de Dios para nuestra
vida como encontramos que se nos dice en
Apocalipsis 1:3 al leer "Bienaventurado
el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y
guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está
cerca."
Cuando
estudiamos el libro de Apocalipsis, una de las primeras
cosas que encontramos es que el Señor escribe siete cartas
que contienen grandes advertencias. Algo a notar que es de
suma importancia es que estas cartas no fueron dirigidas a
los no creyentes; estas cartas fueron dirigidas a los
creyentes y a los lideres de las congregaciones. Algo
también a notar es que de estas siete cartas, solo una fue
positiva. Es decir, el Señor no tuvo queja de esta
congregación. Les hablo de la iglesia en Filadelfia, y esto
es algo que queda bien reflejado en
Apocalipsis 3:10 cuando leemos "Por cuanto has
guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré
de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo
entero, para probar a los que moran sobre la tierra."
Pero algo también a notar en todo esto es que de las siete
cartas, la carta a la iglesia de Laodicea es la carta más
fuerte que nuestro Señor escribo. En las restante cinco
cartas encontramos que el Señor le advirtió o reprendió a
los líderes de las iglesias, pero aunque les reprendió,
siempre encontramos como el Señor primero reconoció lo bueno
que hacían.
Por ejemplo,
aunque el Señor reprendió la iglesia en Efeso, por haber
dejado su primer amor, o como decimos en actualidad, haberse
enfriado, Él primero reconoció sus buenas obras y su
esfuerzo como encontramos en
Apocalipsis 2:2-3 cuando dijo "Yo conozco tus
obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes
soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser
apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; 3
y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado
arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.”
Cuando leemos la carta a la iglesia en Esmirna pronto
encontramos que el Señor les dice que Él está al tanto de lo
que está sucediendo, y una advertencia de lo que vendrá
sobre ellos, pero seguidamente encontramos una gran promesa
como podemos ver en Apocalipsis 2:10
cuando leemos "No temas en nada lo que vas a padecer. He
aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel,
para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez
días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la
vida." Cuando leemos la carta a la iglesia en Pérgamo
encontramos que Él les reprende por no seguir la sana
doctrina, pero reconoce su fidelidad como podemos ver en Apocalipsis
2:13 cuando dijo “Yo conozco tus obras, y dónde
moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi
nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que
Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde
mora Satanás.” Cuando leemos la carta a la iglesia de
Tiatira encontramos que Él les reprende por dejarse
influenciar por una falsa profeta, pero Él reconoce el amor
que ellos demostraban y la fortaleza de su fe como podemos
ver Apocalipsis 2:19 cuando
dijo “Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y
tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las
primeras.” Cuando leemos la carta a la iglesia en Sardis
encontramos que Él les reprende por estar muertos en el
espíritu, pero vemos que Él reconoce a aquellos que se
habían mantenido firmes en la fe, como podemos ver en
Apocalipsis 3:4 cuando dijo "Pero
tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus
vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque
son dignas." Pero aquí en la carta a la iglesia en
Laodicea, el Señor no tuvo nada bueno que decir de ellos.
Yo diría que la razón principal por esto fue porque como
podemos interpretar en el versículo 16, ellos en vez de
acercarse más a Dios, se alejaban de Él. Ellos estaban en un
camino que no agradaba a Dios y por lo tanto vemos que Él
les dice: “…te vomitaré de mi boca."
Esta
amonestación a la iglesia en Laodicea es una que continua
vigente, y se aplica a toda congregación que clama seguir a
Jesucristo como su Rey y Salvador. Hermanos, esta carta
contiene una advertencia que todos nosotros debemos mantener
muy presente. Es algo que tenemos que mantener muy presente
porque como les dije hace un breve momento, tarde o temprano
cada uno de nosotros tendremos que darle cuentas al Señor
por nuestras acciones y o falta de ellas. Fijémonos ahora
bien en la queja principal de Jesús. La Palabra nos dice “Yo
conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá
fueses frío o caliente!” Como podemos ver aquí, la
queja principal de Jesús fue que ellos aparentemente habían
caído en un estado de complacencia. A ellos aparentemente
les daba lo mismo una cosa que otra. Desdichadamente ese
estado es algo que como les dije la semana pasada, refleja
muy bien un gran numero de personas dentro de la iglesia.
Muchos son los que hoy en día se encuentran tibios en su
relación con Dios. Pero, ¿qué quiere decir esto?
Simplemente puesto, un creyente tibio es un cristiano
indiferente, un cristiano tibio es una persona que esta
parcialmente comprometida a la obra de Dios. Un cristiano
tibio es todo aquel que lo mismo le da venir a la iglesia
que no. Un cristiano tibio es todo aquel que compromete su
testimonio, y el testimonio de la iglesia por agradar al
hombre, o por complacer un deseo de la carne. Un cristiano
tibio es todo aquel que desecha o menosprecia las
enseñanzas de Jesucristo, de esta manera pisoteando Su
sacrificio perfecto en la cruz. Un cristiano tibio es todo
aquel que pone por delante del reino de Dios todas las cosas
de este mundo. Haciendo memoria del breve repaso de
historia que les hice al inicio acerca de esta ciudad,
pronto nos damos cuenta de que este mismo fue el caso en la
iglesia de Laodicea. Digo esto porque como era una ciudad
rica, como era una ciudad prospera e importante, pues sus
miembros también eran igual. Puedo decir esto con tanta
certeza porque los miembros de una congregación casi siempre
son de la misma región o área, especialmente en esos tiempos
ya que no existían todos los medios de transportación
modernos que tenemos hoy. Así que podemos asumir
correctamente que los miembros de la iglesia en Laodicea
eran personas que vivían en esa ciudad y como era una ciudad
prospera, ellos en si no tenían mucha necesidad.
Ahora bien,
se que muchos dicen que no se debe asumir porque cuando se
asume siempre hay un gran espacio para cometer errores. Así
que no quiero que piensen que estoy asumiendo todo esto por
mi propia cuenta. Les digo que podemos asumir que ellos
eran personas que gozaban de riquezas y de prosperidad
porque Cristo lo dijo claramente como podemos encontrar al
leer "Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido,
y de ninguna cosa tengo necesidad." Pero, ahora debemos
examinarnos y preguntarnos, ¿decimos nosotros igual?
¿Decimos nosotros cosas similares? ¿Decimos, hoy no voy a
la iglesia porque tengo un almuerzo? ¿Decimos, me voy a
reunir con mis amigos o amigas para salir a beber?
¿Decimos, el pastor esta a cargo de la iglesia, así que la
sostenga Él? ¿Decimos, ese pastor habla mucho, pero nada de
lo que dice se aplica a mí? ¿Qué decimos? ¿Qué pensamos?
¿Pensamos que lo tenemos todo? Hermanos, este era el grave
problema que ellos tenían. Ellos pensaban que lo tenían
todo, y desdichadamente esto también es el problema que
existe en el cuerpo de Cristo hoy en día. Hoy en día existe
un gran número de creyentes que se encuentran tal como los
creyentes de la iglesia de Laodicea. Existe un gran grupo de
personas en el cuerpo de Cristo que piensan que porque
tienen posesiones materiales, que piensan que porque están
bien económicamente, que piensan que porque en realidad no
tienen muchas necesidades, pues todo tiene que ser una
bendición de Dios y no tienen más responsabilidad. Pero te
digo hoy que si piensas así debes examinar más de cerca tu
vida porque es bueno abundancia de todo, pero si no tienes a
Dios, entonces de nada te valdrá todo lo que tienes. Esto
es algo que queda bien reflejado en las palabras de Jesús en
Marcos 8:36 al leer "Porque
¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y
perdiere su alma?" Les digo en el día de hoy que toda
persona que piense que porque tiene pocas necesidades
materiales, no le hace falta Dios, o no le de la importancia
necesaria a su relación con Dios, es un cristiano tibio. ¿De
que tipo de personas estoy hablando? Estoy hablando de
todos aquellos que pudiendo hacer más por la obra no lo
hacen. Estoy hablando de todos aquellos que pudiendo ayudar
en el crecimiento de una iglesia no lo hacen. Esto hablando
de todos aquellos que se encuentran contentos y felices con
la relación a medias que tienen con Cristo. Si hermanos lo
oyeron bien, una relación a medias.
Una relación
a medias porque cuando un cristiano tiene una relación
completa con Cristo, cuando un cristiano se somete
completamente a la voluntad de Dios, es imposible mantenerse
tibio. Cuando un cristiano tiene una relación completa con
Cristo, es imposible quedarse frío. Esto es imposible
porque cuando nos encargamos de nuestra relación con Dios,
el fuego del Espíritu Santo desciende sobre nosotros,
arrasando y consumiendo todo desanimo, toda duda, y todo lo
que desagrada a Dios. Fíjense bien como nos dice la Palabra
en Hebreos 12:28-29 “Así
que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos
gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con
temor y reverencia; 29 porque nuestro Dios es
fuego consumidor.” Te digo en el día de hoy, no pierdas
este fuego. No permitas que nada interrumpa el fluir del
Espíritu Santo en tu vida. Te digo en el día de hoy busca
de Dios en todo momento, porque una persona que no busca de
Dios, es una persona que ha perdido el fuego. Dile al
hermano que tienes a tu lado, busca de Dios. Una persona que
no busca de Dios es una persona que se encuentra tal como
los de la iglesia en Laodicea. ¿Cómo se encontraban ellos?
Ellos como pudimos ver en la Palabra estaban cómodos, en
otras palabras ellos le decían a Dios que no tenían
necesidad de nada más. Con esa actitud ellos le estaban
diciendo a Dios que lo material, que la comodidad, que los
placeres de la carne, que las cosas que no son duraderas
eran más importantes que Él. Y ¿que nos dijo el Señor acerca
de estas personas? "te vomitaré de mi boca."
El Señor aquí
les dijo a ellos, y le dice a Su pueblo hoy, “Por tanto,
yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para
que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no
se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con
colirio, para que veas.” Y esto aquí tiene un gran
significado. Aquí Él dice “unge tus ojos con colirio,
para que veas.” Pero, ¿qué quiere decir esto? El
colirio era lo que producía la escuela de medicina en esa
ciudad y era algo muy bueno para ungir los ojos y sanar la
ceguera y otras enfermedades. Así que esto quiere decir que
ellos, al igual que muchos hoy en día se encontraban ciegos
a la realidad. Ellos al igual que muchos hoy en día no
podían ver que aunque lo tuvieran todo, nada tenían si no
tenían a Dios.
Para concluir.
Cuando estudiamos las siete cartas a las iglesias, pronto
encontramos que todas tienen algo en común. Pronto
encontramos que el Señor esta llamando a su iglesia al
arrepentimiento. Así que podemos decir con certeza que
Cristo no escribió esta carta tan impactante a la iglesia en
Laodicea para condenar a la iglesia, Él no escribió esta
carta para abochornar a la iglesia, sino Él escribió esta
carta para llamar a su iglesia al arrepentimiento.
Fijémonos bien en un detalle final. Fíjense bien como nos
dice el Señor: "Yo reprendo y castigo a todos los que
amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete." Con este detalle
final podemos ver que la razón por la cual Él dijo estas
cosas tan chocantes, que la razón por la que Él amonesta a
Su pueblo es porque nos ama. Cristo no quiere que nos
acomodemos de tal manera que pensemos que no tenemos nada
que mejorar, que pensemos que no existe nada más que podamos
hacer, que pensemos que podemos continuar nuestros caminos
tal como estamos, y que continuemos en caminos que nos
pueden alejar de Dios.
Él nos dice:
"He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en
mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi
Padre en su trono." Hermanos, tengamos siempre en mente
que Dios escudriña los corazones. Recordemos que no podemos
profesar ser cristianos si no hacemos un compromiso genuino
con Dios. Todo el que profesa ser cristiano tiene que hacer
un compromiso con Dios y reconocer que siempre existe algo
que podemos mejorar, y que siempre existirá algo que
tendremos que superar. No somos perfectos, nunca lo seremos,
pero si pensamos que no existe mucho que podamos mejorar, si
pensamos que estamos cómodos y no nos movemos hacia Dios en
todo momento, pues entonces caemos en los mismos pasos de la
iglesia de Laodicea. Tengamos siempre en mente que Dios
esta presente en todo momento, y que conoce a cada uno de
nosotros individualmente. Tengamos siempre en mente que
Cristo no nos condena, sino nos reprende y amonesta porque
nos ama. Somos hijos de nuestro Padre celestial y Él no
quiere que nada malo nos suceda. Él no quiere que nos
apartemos de Él; Él quiere lo mejor para nosotros. Te digo
en el día de hoy, examina tu relación con Dios. “El que
tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
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