Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

¿Como caemos?

Desdichadamente, algo que sucede con mucha frecuencia, es que encontramos como personas que proclaman estar fuertes en el Señor, personas que aparentan estar parados firmes en la roca de nuestra salvación, por una razón u otra se apartan de los caminos de Dios.

En otras palabras, vemos como personas caen a un lado, y el problema esta en que al ellos caer, en casi toda ocasión, aquellos que le rodean son afectados de una manera directa o indirecta, y ellos también caen o titubean.  Lo que muchos de nosotros nos preguntamos al ver esto suceder es: ¿quién será el próximo en caer?  Esta es una pregunta que se hace todo ministro, todo pastor, y toda persona que ha hecho un compromiso genuino con Dios y ahora le sirve fielmente, pero estoy seguro que esta pregunta se la han hecho muchos de ustedes.  La semana pasada les hable brevemente del peligro que existe en caer.  Les hable acerca del andar como saltamontes de la luz a las tinieblas, les hable brevemente de las maneras que nuestro enemigo nos pone traspiés para que caigamos.  En el día de hoy quiero que examinemos esta tema mas de cerca; quiero que examinemos las cosas que causan nuestra caída, los resultados, y el llamado de Dios cuando esto sucede.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

1 Corintios 10:12-13 -   Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 13 No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 

Antes de proceder, examinemos la definición de esta palabra “caer”.  Según el diccionario de la lengua Española, la palabra caer es definida de diferentes maneras según su uso; examinemos algunas de las definiciones y usos: “Venir un cuerpo de arriba abajo por la acción de su propio peso; Decaer, extinguirse, bajar; Desaparecer, dejar de ser lo que era; Morir”.  Esta es de la manera que el mundo define esta palabra,   y en realidad no se diferencia mucho en lo que significa para un creyente.  Si nos ponemos a pensar en lo que significa caer para nosotros, todos veremos que cuando un creyente cae, su caída abarca todas estas definiciones que el mundo provee.  Les digo esto porque cuando caemos, en toda ocasión, caemos “por la acción de nuestro propio peso,” en otras palabras caemos a causa de nuestra propia concupiscencia (Santiago 1:13-14.)  Cuando caemos, en toda ocasión caemos porque “decaemos, se extingue el fuego del Espíritu Santo, y dejamos caer nuestra guardia” (1 Pedro 5:8-9.)  Cuando caemos, en toda ocasión caemos porque “desaparecemos, dejamos de ser lo que éramos,” rechazamos la bendición de ser salvos, rechazamos la bendición de vivir en el Reino de Dios y regresamos a lo desagradable y malo (2 Pedro 2:22.)  Cuando caemos, en toda ocasión caemos “muertos,” caemos muertos porque regresamos al pecado (Romanos 6:23.)  Como hemos visto, la caída de un creyente abarca todas las definiciones que el mundo emplea para esta palabra tan pequeña.  Lo más curioso de todo, es decir lo más curioso de cómo caen por montones los creyentes, es que casi siempre caen cuando más seguros están de que no podrán ser derrotados.  En los años que llevo en el ministerio he visto como en numerosas ocasiones, personas que profesan confiar en Dios, personas que han resuelto en sus mentes confiar en Dios, personas que están completamente convencidas que están caminando con Cristo, aparentemente caen de buenas a primera y cuando caen, caen con fuerza.  Pero sepamos que si nos dejamos tumbar, si no estamos atentos a los traspiés que el enemigo nos pone con frecuencia, existen consecuencias por nuestras acciones que tendremos que pagar (1 Reyes 11:9.)  Es por eso que encontramos aquí esta gran advertencia de Pablo para el pueblo de Dios cuando nos dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”  Aquí Pablo les advertía a ese pueblo de tener mucho cuidado de no caer en la idolatría, algo que le ha servido de tropiezo al hombre casi desde el comienzo de la historia.  Es algo que le ha servido de tropiezo al hombre porque el hombre, desdichadamente, necesita ver para creer.  Recordemos también que la idolatría no solo se refiere a estatuas o ídolos, la idolatría toma muchas formas y maneras.   

En muchas ocasiones escuchamos de hermanos y hermanas que vienen a nosotros con un gran sufrimiento; casi siempre escuchamos que fue algo que sucedió de repente. Escuchamos que todo iba bien y de momento esa persona se encuentra en una gran dificultad, en un gran sufrimiento. Les puedo decir que las cosas que nos suceden a nosotros no son cosas que nos suceden de un golpe. La mayoría de las veces nuestras situaciones se comienzan a deteriorar gradualmente. Nuestros hogares no se rompen de hoy para mañana, nuestras finanzas no se agotan de un día para otro, estas cosas suceden a través del tiempo. Estoy seguro que nadie ha escuchado que un matrimonio se rompió de un día para otro. Cuando escuchamos que un matrimonio se ha separado, mucho antes de la separación ya estábamos escuchando que no estaban contentos los unos con los otros. Escuchamos acerca de los problemas y discusiones, escuchamos acerca de los engaños y desilusiones. Escuchamos acerca de la falta de comprensión y comunicación, asta que llega el día cuando finalmente hay una separación.  Al igual con nuestras finanzas, nunca escuchamos de personas que lo han perdido todo de un día a otro. Nadie sale de su casa en un momento determinado y decide gastar o malgastar todos sus ahorros.  El agotamiento de unas finanzas es un gasto gradual; siempre hubo un desperdicio sin control hasta que llega el día cuando se agota lo que teníamos. Al igual es la caída de un creyente.  Como les dije, la caída del creyente es un proceso gradual, particularmente cuando se habla de un creyente fiel.  La realidad de todo es que el demonio mentiroso no tiene poder ni potestad para causar un desvío completo e inmediato.  Nadie se desvía de repente, si somos sacudidos por situaciones o circunstancias repentinas, esto no es la causa de nuestro caer, pero si pueden ser cosas que influencian en una caída. Las cosas que influencian en nuestro caer son cosas que han socavado nuestra vida por largo tiempo; son cosas que le hemos permitido al enemigo siembre en nuestra mente y que han sido cultivada lentamente.   ¿De que les hablo?  Les hablo de la codicia, de la envidia, de los celos, del rencor, de la ira; les hablo de los deseos de lascivia y del apetito por las cosas de este mundo; les hablo de la desobediencia y el desamor.  Estos deseos y sentimientos son las cosas que influencian nuestro caminar, y son cosas que van socavando nuestra fe.  Bueno, ya hemos descubierto lo que influye la caída de un creyente, pero ¿qué causa que un creyente caiga?   

Una de las principales razones por la cual caen numerosos creyentes es porque se enfrían y dejan el primer amor, algo que desagrada a Dios grandemente (Apocalipsis 2:4.)  El creyente cae porque se aparta de la sencillez del evangelio para procurar la salvación por medio de las obras de la ley, somos nosotros los que elegimos apartamos de la gracia (Gálatas 5:4.)  Lo que les estoy diciendo es que caemos porque nos enfriamos y perdemos interés en el Señor, en Su palabra, en la oración, en asistir a la iglesia, y en testificar de Su gloria, majestad y poder.  Pero, ¿es esto algo que sucede repentinamente? La respuesta a esta pregunta es NO.   

La verdadera causa de la caída es porque no hemos pasado tiempo a solas con Dios; la verdadera causa de la caída es porque no estamos orando (1 Tesalonicenses 5:16-18.)     La verdadera causa de la caída es porque el creyente le ha creído la mentira al enemigo de que no tiene tiempo para meditar en la Palabra de Dios (2 Timoteo 2:15.)  El enemigo nos preocupa con el obtener más bienes, más dinero, mejor nivel social o más reconocimiento, y por consecuencia las cosas de Dios quedan en segundo lugar. Le damos más importancia a las pasiones y a nuestra lujuria que a las cosas de Dios.   La verdadera causa de la caída es porque el creyente deja de congregarse (Hebreos 10:25.)  Cuando decidimos no compartir con nuestros hermanos y entrar en comunión con Dios estamos rechazando una bendición. Estamos hablando de la bendición que nosotros tenemos de poder alabar a Dios públicamente, pero que la tomamos por alto. Somos libres de alabar a Dios públicamente pero preferimos no hacerlo. Preguntémonos, ¿es posible vivir una vida Cristiana aislado de la iglesia? Aunque si es posible vivir fuera de la iglesia, no es lo normal.  Un Cristiano que no se reúne con su iglesia puede racionalizar actitudes o acciones pecadoras así mismo. Es por eso que en ocasiones oímos que las personas dicen que la Palabra de Dios no es para aplicarla en todo momento; escuchamos cosas así porque el creyente fuera de la iglesia, fuera de una comunión con Dios, entonces como les dije la semana pasada, comienza a racionalizar y justificar en su mente esas cosas que bien sabe que no agradan a Dios.  Contacto con los hermanos en Cristo sirve para mantenernos firmes en la fe. 

Nos reunimos para compartir nuestra fe y fortalecernos los unos a los otros en nuestro Señor. Dificultades nunca deben de ser excusas para no asistir a la iglesia. Según surjan las dificultades tenemos que saber que son ataques del enemigo quien quiere que no crezcamos y busca arrebatarnos los regalos que Dios nos ha dado. Cuando surjan esas cosas tenemos que hacer el esfuerzo más grande que podamos; tenemos que vencer esa tentación de no asistir y  congregarnos.  La verdadera causa de la caída es porque no obedecemos al Espíritu Santo cuando nos da convicción (Efesios 4:30.)    La verdadera causa por la caída es porque como les dije la semana pasada, muchos andan como saltamontes brincando de la luz a las tinieblas.  Recordemos que si andamos en esa condición, entonces nos estamos engañando a nosotros mismos porque no existe comunión alguna entre la luz y las tinieblas (1 Juan 1:5-7.) 

Para concluir.  Si dejamos que nuestros deseos gobiernen nuestras vidas, si cedemos al pecado, entonces moriremos. No les estoy hablando de una muerte física, no les estoy diciendo que Dios nos matara al instante que pequemos, pero si les estoy diciendo que con cada pecado, con cada tentación que no resistamos, empezamos a morir espiritualmente, empezamos a morir a las cosas de Dios. Nuestro espíritu se empieza ha alejar más y más de la voluntad de Dios, y eventualmente morimos por dentro. Una ves que morimos por dentro, entonces caemos, tropezamos y sufrimos grande heridas.  Pero fijémonos bien en lo que Pablo nos dice aquí en estos versículos que estamos utilizando hoy: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.”  Esto nos dice que Dios siempre nos dará una salida. Hermanos no podemos dejar que las tentaciones nos tomen por sorpresa, tenemos que estar listos para combatirlas en todo momento. No podemos permitir  ser engañados en medio de las tentaciones, no podemos permitir que el enemigo ponga traspiés para hacernos caer.  Tenemos que caminar en la luz de Dios, tenemos que caminar con nuestros ojos bien abiertos.  Tenemos que tomar un tiempo al vernos confrontados con las situaciones y tentaciones de este mundo y siempre preguntarnos,  ¿qué desea Dios de mí? Hermanos Dios nos ha dado el poder para resistir y derrotar toda tentación. El Espíritu Santo mora en nosotros, Cristo nos ha dado la victoria. Tomemos entonces el primer paso hacia la victoria y reconozcamos que la tentación comienza con nosotros y nos conducirá a caer en el pecado si no la sabemos reprender. 

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

Predicado:  28 de Septiembre del 2003

email: José R. Hernández
 

  © Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved.