En
otras palabras, vemos como personas caen a un lado, y el
problema esta en que al ellos caer, en casi toda ocasión,
aquellos que le rodean son afectados de una manera directa o
indirecta, y ellos también caen o titubean. Lo que
muchos de nosotros nos preguntamos al ver esto suceder es: ¿quién
será el próximo en caer? Esta es una pregunta que se
hace todo ministro, todo pastor, y toda persona que ha hecho
un compromiso genuino con Dios y ahora le sirve fielmente,
pero estoy seguro que esta pregunta se la han hecho muchos de
ustedes. La semana pasada les hable brevemente del
peligro que existe en caer. Les hable acerca del andar
como saltamontes de la luz a las tinieblas, les hable
brevemente de las maneras que nuestro enemigo nos pone traspiés
para que caigamos. En el día de hoy quiero que
examinemos esta tema mas de cerca; quiero que examinemos las
cosas que causan nuestra caída, los resultados, y el llamado
de Dios cuando esto sucede. Pasemos ahora a la Palabra
de Dios.
1
Corintios 10:12-13 - Así
que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 13
No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana;
pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo
que podéis resistir, sino que dará también juntamente con
la tentación la salida, para que podáis soportar.
Antes
de proceder, examinemos la definición de esta palabra
“caer”. Según el diccionario de la lengua Española,
la palabra caer es definida de diferentes maneras según su
uso; examinemos algunas de las definiciones y usos: “Venir
un cuerpo de arriba abajo por la acción de su propio peso;
Decaer, extinguirse, bajar; Desaparecer, dejar de ser lo que
era; Morir”. Esta es de la manera que el mundo define
esta palabra, y en realidad no se diferencia mucho
en lo que significa para un creyente. Si nos ponemos a
pensar en lo que significa caer para nosotros, todos veremos
que cuando un creyente cae, su caída abarca todas estas
definiciones que el mundo provee. Les digo esto porque
cuando caemos, en toda ocasión, caemos “por la acción de
nuestro propio peso,” en otras palabras caemos a causa de
nuestra propia concupiscencia (Santiago
1:13-14.) Cuando caemos, en toda ocasión caemos
porque “decaemos, se extingue el fuego del Espíritu Santo,
y dejamos caer nuestra guardia” (1
Pedro 5:8-9.) Cuando caemos, en toda ocasión
caemos porque “desaparecemos, dejamos de ser lo que éramos,”
rechazamos la bendición de ser salvos, rechazamos la bendición
de vivir en el Reino de Dios y regresamos a lo desagradable y
malo (2 Pedro 2:22.)
Cuando caemos, en toda ocasión caemos “muertos,” caemos
muertos porque regresamos al pecado (Romanos
6:23.) Como hemos visto, la caída de un creyente
abarca todas las definiciones que el mundo emplea para esta
palabra tan pequeña. Lo más curioso de todo, es decir
lo más curioso de cómo caen por montones los creyentes, es
que casi siempre caen cuando más seguros están de que no
podrán ser derrotados. En los años que llevo en el
ministerio he visto como en numerosas ocasiones, personas que
profesan confiar en Dios, personas que han resuelto en sus
mentes confiar en Dios, personas que están completamente
convencidas que están caminando con Cristo, aparentemente
caen de buenas a primera y cuando caen, caen con fuerza.
Pero sepamos que si nos dejamos tumbar, si no estamos atentos
a los traspiés que el enemigo nos pone con frecuencia,
existen consecuencias por nuestras acciones que tendremos que
pagar (1 Reyes 11:9.) Es
por eso que encontramos aquí esta gran advertencia de Pablo
para el pueblo de Dios cuando nos dice: “Así que, el que
piensa estar firme, mire que no caiga.” Aquí
Pablo les advertía a ese pueblo de tener mucho cuidado de no
caer en la idolatría, algo que le ha servido de tropiezo al
hombre casi desde el comienzo de la historia. Es algo
que le ha servido de tropiezo al hombre porque el hombre,
desdichadamente, necesita ver para creer. Recordemos
también que la idolatría no solo se refiere a estatuas o ídolos,
la idolatría toma muchas formas y maneras.
En
muchas ocasiones escuchamos de hermanos y hermanas que vienen
a nosotros con un gran sufrimiento; casi siempre escuchamos
que fue algo que sucedió de repente. Escuchamos que todo iba
bien y de momento esa persona se encuentra en una gran
dificultad, en un gran sufrimiento. Les puedo decir que las
cosas que nos suceden a nosotros no son cosas que nos suceden
de un golpe. La mayoría de las veces nuestras situaciones se
comienzan a deteriorar gradualmente. Nuestros hogares no se
rompen de hoy para mañana, nuestras finanzas no se agotan de
un día para otro, estas cosas suceden a través del tiempo.
Estoy seguro que nadie ha escuchado que un matrimonio se rompió
de un día para otro. Cuando escuchamos que un matrimonio se
ha separado, mucho antes de la separación ya estábamos
escuchando que no estaban contentos los unos con los otros.
Escuchamos acerca de los problemas y discusiones, escuchamos
acerca de los engaños y desilusiones. Escuchamos acerca de la
falta de comprensión y comunicación, asta que llega el día
cuando finalmente hay una separación. Al igual con
nuestras finanzas, nunca escuchamos de personas que lo han
perdido todo de un día a otro. Nadie sale de su casa en un
momento determinado y decide gastar o malgastar todos sus
ahorros. El agotamiento de unas finanzas es un gasto
gradual; siempre hubo un desperdicio sin control hasta que
llega el día cuando se agota lo que teníamos. Al igual es la
caída de un creyente. Como les dije, la caída del
creyente es un proceso gradual, particularmente cuando se
habla de un creyente fiel. La realidad de todo es que el
demonio mentiroso no tiene poder ni potestad para causar un
desvío completo e inmediato. Nadie se desvía de
repente, si somos sacudidos por situaciones o circunstancias
repentinas, esto no es la causa de nuestro caer, pero si
pueden ser cosas que influencian en una caída. Las cosas que
influencian en nuestro caer son cosas que han socavado nuestra
vida por largo tiempo; son cosas que le hemos permitido al
enemigo siembre en nuestra mente y que han sido cultivada
lentamente. ¿De que les hablo? Les hablo de
la codicia, de la envidia, de los celos, del rencor, de la
ira; les hablo de los deseos de lascivia y del apetito por las
cosas de este mundo; les hablo de la desobediencia y el
desamor. Estos deseos y sentimientos son las cosas que
influencian nuestro caminar, y son cosas que van socavando
nuestra fe. Bueno, ya hemos descubierto lo que influye
la caída de un creyente, pero ¿qué causa que un creyente
caiga?
Una
de las principales razones por la cual caen numerosos
creyentes es porque se enfrían y dejan el primer amor, algo
que desagrada a Dios grandemente (Apocalipsis
2:4.) El creyente cae porque se aparta de la
sencillez del evangelio para procurar la salvación por medio
de las obras de la ley, somos nosotros los que elegimos
apartamos de la gracia (Gálatas 5:4.)
Lo que les estoy diciendo es que caemos porque nos enfriamos y
perdemos interés en el Señor, en Su palabra, en la oración,
en asistir a la iglesia, y en testificar de Su gloria,
majestad y poder. Pero, ¿es esto algo que sucede
repentinamente? La respuesta a esta pregunta es NO.
La
verdadera causa de la caída es porque no hemos pasado tiempo
a solas con Dios; la verdadera causa de la caída es porque no
estamos orando (1 Tesalonicenses
5:16-18.) La verdadera causa de
la caída es porque el creyente le ha creído la mentira al
enemigo de que no tiene tiempo para meditar en la Palabra de
Dios (2 Timoteo 2:15.)
El enemigo nos preocupa con el obtener más bienes, más
dinero, mejor nivel social o más reconocimiento, y por
consecuencia las cosas de Dios quedan en segundo lugar. Le
damos más importancia a las pasiones y a nuestra lujuria que
a las cosas de Dios. La verdadera causa de la caída
es porque el creyente deja de congregarse (Hebreos
10:25.) Cuando decidimos no compartir con
nuestros hermanos y entrar en comunión con Dios estamos
rechazando una bendición. Estamos hablando de la bendición
que nosotros tenemos de poder alabar a Dios públicamente,
pero que la tomamos por alto. Somos libres de alabar a Dios públicamente
pero preferimos no hacerlo. Preguntémonos, ¿es posible vivir
una vida Cristiana aislado de la iglesia? Aunque si es posible
vivir fuera de la iglesia, no es lo normal. Un Cristiano
que no se reúne con su iglesia puede racionalizar actitudes o
acciones pecadoras así mismo. Es por eso que en ocasiones oímos
que las personas dicen que la Palabra de Dios no es para
aplicarla en todo momento; escuchamos cosas así porque el
creyente fuera de la iglesia, fuera de una comunión con Dios,
entonces como les dije la semana pasada, comienza a
racionalizar y justificar en su mente esas cosas que bien sabe
que no agradan a Dios. Contacto con los hermanos en
Cristo sirve para mantenernos firmes en la fe.
Nos
reunimos para compartir nuestra fe y fortalecernos los unos a
los otros en nuestro Señor. Dificultades nunca deben de ser
excusas para no asistir a la iglesia. Según surjan las
dificultades tenemos que saber que son ataques del enemigo
quien quiere que no crezcamos y busca arrebatarnos los regalos
que Dios nos ha dado. Cuando surjan esas cosas tenemos que
hacer el esfuerzo más grande que podamos; tenemos que vencer
esa tentación de no asistir y congregarnos. La
verdadera causa de la caída es porque no obedecemos al Espíritu
Santo cuando nos da convicción (Efesios
4:30.) La verdadera causa por la caída
es porque como les dije la semana pasada, muchos andan como
saltamontes brincando de la luz a las tinieblas.
Recordemos que si andamos en esa condición, entonces nos
estamos engañando a nosotros mismos porque no existe comunión
alguna entre la luz y las tinieblas (1
Juan 1:5-7.)
Para
concluir. Si dejamos que
nuestros deseos gobiernen nuestras vidas, si cedemos al
pecado, entonces moriremos. No les estoy hablando de una
muerte física, no les estoy diciendo que Dios nos matara al
instante que pequemos, pero si les estoy diciendo que con cada
pecado, con cada tentación que no resistamos, empezamos a
morir espiritualmente, empezamos a morir a las cosas de Dios.
Nuestro espíritu se empieza ha alejar más y más de la
voluntad de Dios, y eventualmente morimos por dentro. Una ves
que morimos por dentro, entonces caemos, tropezamos y sufrimos
grande heridas. Pero fijémonos bien en lo que Pablo nos
dice aquí en estos versículos que estamos utilizando hoy:
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea
humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más
de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente
con la tentación la salida, para que podáis soportar.”
Esto nos dice que Dios siempre nos dará una salida. Hermanos
no podemos dejar que las tentaciones nos tomen por sorpresa,
tenemos que estar listos para combatirlas en todo momento. No
podemos permitir ser engañados en medio de las
tentaciones, no podemos permitir que el enemigo ponga traspiés
para hacernos caer. Tenemos que caminar en la luz de
Dios, tenemos que caminar con nuestros ojos bien abiertos.
Tenemos que tomar un tiempo al vernos confrontados con las
situaciones y tentaciones de este mundo y siempre
preguntarnos, ¿qué desea Dios de mí? Hermanos Dios
nos ha dado el poder para resistir y derrotar toda tentación.
El Espíritu Santo mora en nosotros, Cristo nos ha dado la
victoria. Tomemos entonces el primer paso hacia la victoria y
reconozcamos que la tentación comienza con nosotros y nos
conducirá a caer en el pecado si no la sabemos reprender.