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Obispo José R. Hernández

Como escogidos de Dios

No sé si se acuerdan, pero la semana pasada les dije que tal parecía que cuando más cansados o preocupados estábamos, Dios nos proporcionaba la oportunidad de ministrarle a una persona.  En otras palabras, tal parece que las pruebas difíciles son una indicación que Dios está a punto de derramar una bendición en nuestra vida.  Esto es algo bien difícil entender y muy pocos logran hacerlo. Muy pocos logran entender éste concepto porque la mayoría de nosotros somos personas impacientes, entonces al vernos confrontado con una situación difícil, perdemos la paciencia y a consecuencia nos falla la fe.  Pero la pregunta que debemos hacernos es ¿por qué nos falla la fe?  En realidad existe una gran variedad de razones, pero yo diría que la razón principal es porque la mayoría de nosotros andamos por el mundo vestido indebidamente.  Sé que la mayoría de ustedes ya deben estar pensando que la predica de hoy será acerca de la armadura de Dios, pero si piensas así estas parcialmente correcto.  La armadura de Dios es algo que todo creyente fiel debe usar en todo momento, y es algo que el apóstol Pablo deja muy bien declarado en Efesios 6:11 cuando leemos, “Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” Pero la armadura, aunque imprescindible, no puede ser nuestra única vestimenta.  Digo esto porque ningún soldado se pondría la coraza, es decir, esa parte esencial de la armadura que protege el área del pecho y los órganos vitales, sin algo debajo.  No lo harían porque las corazas de ese entonces eran hechas de varias gruesas capas de piel, o de metal esculpido; unas eran mejores que otras y unas más livianas que otras, pero en todo caso el uso de éste tipo de armamento sin algún tipo protección debajo, causaría que el armamento fuera algo irritante e incomodo.  Éste es el tema que estaremos explorando en el día de hoy; hoy vamos a preguntarnos, ¿qué tenemos que ponernos antes de ponernos la armadura de Dios?  Pasemos ahora a la Palabra de Dios para encontrar la respuesta a nuestra pregunta.   

Colosenses 3:12-14 - Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otro si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto

Como acostumbro a decir, para obtener un menor entendimiento de nuestro estudio hoy, nos será necesario hacer un breve repaso de historia.  Ésta carta fue escrita por el apóstol Pablo a la iglesia que estaba en Colosas durante su primer encarcelamiento romano, alrededor del 60-61 d.C.  Esto es algo que podemos confirmar cuando leemos Colosenses 1:1-2 que declara, “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, 2a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”  La razón por la que Pablo escribió ésta carta es porque en la iglesia de Colosas, formada en la mayor parte de gentiles; algo que queda bien ilustrado en Colosenses 1:27 cuando leemos “a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria;” se estaba introduciendo una herejía que amenazaba a la iglesia.   Evidentemente la iglesia de Colosas estaba siendo invadida por un sistema religioso que combinaba los elementos de las especulaciones Griegas, el legalismo Judío, y el misticismo del Oriente. Y es por eso que el tema resonante de ésta epístola es la preeminencia y suficiencia de Cristo en todo.[1] Esto es algo que queda claramente declarado en Colosenses 2:8-10 cuando leemos “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.”  Así que podemos decir confiadamente que Pablo escribió ésta epístola con la intención de detener que ésta herejía tómase raíz en la iglesia.  ¿Por qué debemos saber estas cosas? 

Debemos saber estas cosas porque una gran realidad es que no existe mucha diferencia entre la iglesia de ese entonces y la iglesia de hoy.  El plan del enemigo no cambia; el plan del enemigo es destruir la obra de Dios aquí en la tierra, y su ataque es constante.  Mientras que nosotros dormimos o descansamos, los poderes de las tinieblas buscan destruir lo que Dios ha iniciado en nuestra vida.  ¿Cómo tratara de hacer esto?  Lo tratara de hacer empleando las mismas tácticas ya probadas que funcionan; lo tratara de hacer sembrando duda, rebelión, ira y contienda.  Lo tratara de hacer sembrando herejía, en otras palabras, sembrando pensamientos erróneos que van en contra de los verdaderos principios cristianos.  Esto todo es hecho con un propósito, y éste propósito es separarnos de la presencia de nuestro Rey y Salvador.  Esto es algo que queda muy bien declarado en la advertencia del apóstol Pedro según encontramos en 1 Pedro 5:8 cuando leemos, “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”   Sin embargo, esto es algo que sucederá solo si no estamos debidamente vestidos y equipados.  

Tenemos que estar equipados con la armadura de Dios para que podamos dar la buena batalla, pero antes de ponernos ésta armadura primero tenemos que deshacernos esos trapos de inmundicia que una vez tuvimos puesto, y vestirnos con la ropa que Dios nos ha proporcionado.  Esto es algo que queda claramente declarado cuando leemos “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados.”  Dile a la persona que tienes a tu lado, vístete de santidad.  Si queremos que la armadura de Dios nos quede cómoda, la primera pieza que tenemos ponernos es la santidad.  Esto es algo que Dios nos dice claramente en Levíticos 11:45 cuando leemos, “Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo.”  Dios libero al pueblo judío de la esclavitud de Egipto, y Él nos ha liberado a nosotros de la esclavitud a éste mundo de maldad.  Él nos proporciono el camino que nos conduce a Su presencia, y su nombre es Jesús.  Pero ahora estamos llamados ha andar buscando siempre la voluntad de Dios para con nosotros, estamos llamados a ser imitadores de Cristo.  Fíjense bien como esto es algo que queda muy bien declarado en Efesios 5:1 cuando leemos “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” 

La segunda pieza que debemos vestir es la misericordia; la Palabra nos dice, “de entrañable misericordia”.  Ésta es una pieza esencial en la vestidura de Dios, pero desdichadamente es una pieza que a muchos se les olvida poner.  La palabra misericordia significa compasión y piedad.  Dios nos ha demostrado tanta misericordia y piedad que ambas cosas deben sobreabundar en todo creyente por todos aquellos que nos rodean que puedan estar heridos, solitarios, y hambrientos.  En otras palabras el creyente no puede ignorar las necesidades de otros, sino que estamos llamados a actuar para suplir las necesidades de aquellos que han caído en la batalla, o que aun se encuentran perdidos en el desierto de éste mundo sin esperanza de encontrar la salida.  Recordemos siempre como nos dice el Señor según encontramos en Mateo 5:7 cuando leemos, “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”   

La tercera pieza que debemos vestir es la “benignidad.”  ¿Por qué es tan importante vestir ésta pieza? Ésta pieza de de suma importancia porque es la que nos permite mantenernos considerados y amables, buenos y bondadosos a pesar de las circunstancias que nos puedan rodear.  Una persona benévola o piadosa es una persona que ama a los que le rodean de la manera que Dios nos ha llamado ha amar.  Recordemos siempre lo que nos dice el Señor como encontramos en Lucas 6:35 cuando leemos “Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.” 

La cuarta pieza que debemos vestir es la “humildad.”  A través de los tiempos el hombre ha visto esto como una debilidad o como una especie señal de esclavitud, y debido a esto ignoran por completo lo que el Señor nos enseña acerca de éste tema según encontramos en Mateo 11:29 cuando leemos “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”  Muchos son los que ven la humildad como una señal de debilidad, pero la verdad es que no es una debilidad sino que es una virtud.  La humildad es la virtud que nos permite deshacernos de nuestra arrogancia, y nos permite rendirnos completamente a Dios.  La humildad es la que nos permite que reconozcamos nuestras limitaciones y debilidades, y nos conduce a confiar completamente en el poder de Dios. 

La quinta pieza que debemos vestir es la “mansedumbre”. Ésta vestimenta va conjuntamente con la humildad, y es visto por muchos como una debilidad.  Esto sucede porque una persona que demuestra mansedumbre es una persona noble, humilde, y considerada.  Una persona que demuestra mansedumbre es una persona amistosa que genuinamente ama la paz y aquellos que le rodean.  Pero esto nunca debe ser confundido por una debilidad sino tiene que ser visto por lo que es, una fortaleza de Dios.  La mansedumbre es lo que permite que podamos escuchar la Palabra de Dios y conozcamos Sus caminos.  Esto es algo que queda muy bien reflejado en Santiago 1:21 cuando leemos “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.” 

La sexta pieza es la “paciencia.”  Ésta vestimenta también es de suma importancia porque la realidad de todo es que el ser humano es impaciente. Existen algunos que son más pacientes que otros, pero tarde o temprano a todos se nos agota la paciencia.  Tarde o temprano llega el momento cuando no queremos esperar más y hacemos las cosas por nuestra propia voluntad y de la manera que pensamos que es mejor.  Pero lo que sucede es que la impaciencia con frecuencia detiene que obtengamos las bendiciones de Dios.  Ser paciente en ocasiones es algo difícil, pero cuando esperamos en Dios siempre recibiremos fuerzas nuevas, siempre recibiremos las bendiciones que Él tiene para nosotros.  Fíjense como esto es algo que queda muy bien reflejado en Isaías 40:31 cuando leemos, “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”  Cuando esperamos en Dios, cuando demostramos paciencia, recibiremos la bendición que Él tiene para nosotros en el debido tiempo.  Esto es algo que queda muy claramente declarado en Gálatas 6:9 cuando leemos “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”  La paciencia es lo que permite que esperemos en Dios y recibamos las bendiciones.  Dile a la persona que tienes a tu lado, no te impacientes. 

La séptima pieza es la tolerancia.  La Palabra nos dice “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.”  La palabra “soportándoos” empleada aquí viene de la palabra Griega “aneko” que significa “tolerar, soportar, apoyar, respaldar.” [2] Pero ésta pieza es una que en ocasiones a muchos se nos olvida vestir.  Una gran realidad es que existen numerosas cosas de cada uno de nosotros que otras personas tienen que tolerar.  Una gran realidad es que ninguno de nosotros somos perfectos y todos estamos llenos de defectos.  Todos nosotros aquí tenemos algo que le puede desagradar a otra persona, quizás sea alguna debilidad, algún tipo de comportamiento feo, algún mal habito, en si, numerosas cosas que pueden desagradar a aquellos que nos rodean.  Pero como creyentes estamos llamados a vestir la vestimenta de tolerancia. Nunca podemos olvidar ésta pieza en nuestro armario porque ésta pieza es la que permite que podamos vivir en armonía y paz.  Ésta pieza es la que nos permite que podamos perdonar las ofensas de otros.  Todos tenemos defectos, pero cuando aprendemos a tolerarnos entonces es como nos dice la Palabra en Filipenses 4:7 cuando leemos “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

La octava y ultima pieza es el “amor.” La Palabra nos dice, “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.”  Hermanos, la santidad, misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre, paciencia y tolerancia son las vestimentas de Dios, y el amor es el hilo usado para cocer y sujetar todo en lugar.  La palabra “amor” usada aquí viene de la palabra griega “agapao” o como mejor se conoce ágape.  Ahora bien, algo muy importante a notar es que el idioma griego tiene varias palabras para describir éste sentimiento tan fuerte.  Una palabra describe el amor que se siente por un familiar, otra para describir el amor físico y demás.  Pero la palabra “ágape” usada aquí no es usada para definir afección, emoción, o pasión.  La palabra “ágape” significa benevolencia, y buenos deseos [2].  ¿Por qué debemos hacer ésta distinción en las palabras?  Es necesario que hagamos ésta distinción porque éste pequeño detalle nos revela lo que el Señor nos está enseñando en estos versículos; el Señor nos está enseñando que tenemos que ser benevolentes y solo desear lo bueno aun para aquellos que nos ofenden o hieren.   Cuando nos vestimos con la vestimenta del amor ágape entonces podemos cumplir con la misión que Dios nos ha encomendado.  ¿Por qué tanta importancia al amor?  La respuesta la encontramos en 1 Corintios 13:4-7 cuando leemos, “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Para concluir.  Una gran realidad es que todo creyente se encuentra en medio de la guerra espiritual.  A diario todos luchamos de una forma u otra en contra de los poderes de las tinieblas que tratan de separarnos de la voluntad de Dios; que tratan de separarnos de la presencia de nuestro Salvador.  Pero una gran realidad también es que nosotros no fuimos abandonados, y no estamos desamparados.  Todo creyente fiel ha recibido el armamento adecuado para que podamos soportar todo ataque del enemigo, y para que podamos obtener la victoria.  Todos aquí tenemos la armadura de Dios a nuestro alcance y es algo que siempre debemos tener puesto.  Pero desdichadamente éste armamento no es usado por muchos, sino que queda tirado e ignorado por una esquina colectando polvo.  ¿Por qué sucede esto?  Esto sucede porque existen muchos que se han enfrentado a la batalla con el armamento puesto, pero que no han podido dar la buena batalla.  No se han sentido cómodos y confiados.  ¿Por qué no han podido usar el armamento más poderoso que existe en el universo?  No lo han podido usar porque han tratado de ponérselo y usarlo sin antes quitarse los trapos de inmundicia que tenían puesto.  La Palabra nos dice “Vestíos, pues, como escogidos de Dios.”  Desásete hoy de todas esas cosas que desagradan a Dios, y vístete como Él desea.  Escoge hoy la nueva vestimenta que Dios te proporciona, y veras que bien te quedara tu armadura. 

[1] The Wilkinson & Boa Bible Handbook

[2] Blue Letter Bible Lexicon

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