Como escogidos de Dios
No sé si se acuerdan, pero la semana pasada les dije que
tal parecía que cuando más cansados o preocupados
estábamos, Dios nos proporcionaba la oportunidad de
ministrarle a una persona. En otras palabras, tal
parece que las pruebas difíciles son una indicación que
Dios está a punto de derramar una bendición en nuestra
vida. Esto es algo bien difícil entender y muy pocos
logran hacerlo. Muy pocos logran entender éste concepto
porque la mayoría de nosotros somos personas
impacientes, entonces al vernos confrontado con una
situación difícil, perdemos la paciencia y a
consecuencia nos falla la fe. Pero la pregunta que
debemos hacernos es ¿por qué nos falla la fe? En
realidad existe una gran variedad de razones, pero yo
diría que la razón principal es porque la mayoría de
nosotros andamos por el mundo vestido indebidamente. Sé
que la mayoría de ustedes ya deben estar pensando que la
predica de hoy será acerca de la armadura de Dios, pero
si piensas así estas parcialmente correcto. La armadura
de Dios es algo que todo creyente fiel debe usar en todo
momento, y es algo que el apóstol Pablo deja muy bien
declarado en Efesios 6:11
cuando leemos, “Vestíos de toda la armadura de Dios,
para que podáis estar firmes contra las asechanzas del
diablo.” Pero la armadura, aunque imprescindible, no
puede ser nuestra única vestimenta. Digo esto porque
ningún soldado se pondría la coraza, es decir, esa parte
esencial de la armadura que protege el área del pecho y
los órganos vitales, sin algo debajo. No lo harían
porque las corazas de ese entonces eran hechas de varias
gruesas capas de piel, o de metal esculpido; unas eran
mejores que otras y unas más livianas que otras, pero en
todo caso el uso de éste tipo de armamento sin algún
tipo protección debajo, causaría que el armamento fuera
algo irritante e incomodo. Éste es el tema que
estaremos explorando en el día de hoy; hoy vamos a
preguntarnos, ¿qué tenemos que ponernos antes de
ponernos la armadura de Dios? Pasemos ahora a la
Palabra de Dios para encontrar la respuesta a nuestra
pregunta.
Colosenses 3:12-14
- Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y
amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de
humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13soportándoos
unos a otros, y perdonándoos unos a otro si alguno
tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os
perdonó, así también hacedlo vosotros. 14Y
sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el
vínculo perfecto.
Como acostumbro a decir, para obtener un menor
entendimiento de nuestro estudio hoy, nos será necesario
hacer un breve repaso de historia. Ésta carta fue
escrita por el apóstol Pablo a la iglesia que estaba en
Colosas durante su primer encarcelamiento romano,
alrededor del 60-61 d.C. Esto es algo que podemos
confirmar cuando leemos
Colosenses 1:1-2 que declara, “Pablo, apóstol
de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano
Timoteo, 2a los santos y fieles hermanos en
Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a
vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”
La razón por la que Pablo escribió ésta carta es porque
en la iglesia de Colosas, formada en la mayor parte de
gentiles; algo que queda bien ilustrado en
Colosenses 1:27 cuando
leemos “a quienes Dios quiso dar a conocer las
riquezas de la gloria de este misterio entre los
gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de
gloria;” se estaba introduciendo una herejía que
amenazaba a la iglesia. Evidentemente la iglesia de
Colosas estaba siendo invadida por un sistema religioso
que combinaba los elementos de las especulaciones
Griegas, el legalismo Judío, y el misticismo del
Oriente. Y es por eso que el tema resonante de ésta
epístola es la preeminencia y suficiencia de Cristo en
todo.[1] Esto es algo que queda claramente
declarado en Colosenses 2:8-10
cuando leemos “Mirad que nadie os engañe por medio de
filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de
los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no
según Cristo. 9Porque en él habita
corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10y
vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de
todo principado y potestad.” Así que podemos decir
confiadamente que Pablo escribió ésta epístola con la
intención de detener que ésta herejía tómase raíz en la
iglesia. ¿Por qué debemos saber estas cosas?
Debemos saber estas cosas porque una gran realidad es
que no existe mucha diferencia entre la iglesia de ese
entonces y la iglesia de hoy. El plan del enemigo no
cambia; el plan del enemigo es destruir la obra de Dios
aquí en la tierra, y su ataque es constante. Mientras
que nosotros dormimos o descansamos, los poderes de las
tinieblas buscan destruir lo que Dios ha iniciado en
nuestra vida. ¿Cómo tratara de hacer esto? Lo tratara
de hacer empleando las mismas tácticas ya probadas que
funcionan; lo tratara de hacer sembrando duda, rebelión,
ira y contienda. Lo tratara de hacer sembrando herejía,
en otras palabras, sembrando pensamientos erróneos que
van en contra de los verdaderos principios cristianos.
Esto todo es hecho con un propósito, y éste propósito es
separarnos de la presencia de nuestro Rey y Salvador.
Esto es algo que queda muy bien declarado en la
advertencia del apóstol Pedro según encontramos en
1 Pedro 5:8 cuando
leemos, “Sed sobrios, y velad; porque vuestro
adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor
buscando a quien devorar.” Sin embargo, esto es
algo que sucederá solo si no estamos debidamente
vestidos y equipados.
Tenemos que estar equipados con la armadura de Dios para
que podamos dar la buena batalla, pero antes de ponernos
ésta armadura primero tenemos que deshacernos esos
trapos de inmundicia que una vez tuvimos puesto, y
vestirnos con la ropa que Dios nos ha proporcionado.
Esto es algo que queda claramente declarado cuando
leemos “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos
y amados.” Dile a la persona que tienes a tu lado,
vístete de santidad. Si queremos que la armadura de
Dios nos quede cómoda, la primera pieza que tenemos
ponernos es la santidad. Esto es algo que Dios nos dice
claramente en Levíticos 11:45
cuando leemos, “Porque yo soy Jehová, que os hago
subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios:
seréis, pues, santos, porque yo soy santo.” Dios
libero al pueblo judío de la esclavitud de Egipto, y Él
nos ha liberado a nosotros de la esclavitud a éste mundo
de maldad. Él nos proporciono el camino que nos conduce
a Su presencia, y su nombre es Jesús. Pero ahora
estamos llamados ha andar buscando siempre la voluntad
de Dios para con nosotros, estamos llamados a ser
imitadores de Cristo. Fíjense bien como esto es algo
que queda muy bien declarado en
Efesios 5:1 cuando leemos “Sed, pues,
imitadores de Dios como hijos amados.”
La segunda pieza que debemos vestir es la misericordia;
la Palabra nos dice, “de entrañable misericordia”.
Ésta es una pieza esencial en la vestidura de Dios, pero
desdichadamente es una pieza que a muchos se les olvida
poner. La palabra misericordia significa compasión y
piedad. Dios nos ha demostrado tanta misericordia y
piedad que ambas cosas deben sobreabundar en todo
creyente por todos aquellos que nos rodean que puedan
estar heridos, solitarios, y hambrientos. En otras
palabras el creyente no puede ignorar las necesidades de
otros, sino que estamos llamados a actuar para suplir
las necesidades de aquellos que han caído en la batalla,
o que aun se encuentran perdidos en el desierto de éste
mundo sin esperanza de encontrar la salida. Recordemos
siempre como nos dice el Señor según encontramos en
Mateo 5:7 cuando leemos,
“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia.”
La tercera pieza que debemos vestir es la “benignidad.”
¿Por qué es tan importante vestir ésta pieza? Ésta pieza
de de suma importancia porque es la que nos permite
mantenernos considerados y amables, buenos y bondadosos
a pesar de las circunstancias que nos puedan rodear.
Una persona benévola o piadosa es una persona que ama a
los que le rodean de la manera que Dios nos ha llamado
ha amar. Recordemos siempre lo que nos dice el Señor
como encontramos en Lucas 6:35
cuando leemos “Amad, pues, a vuestros enemigos, y
haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será
vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo;
porque él es benigno para con los ingratos y malos.”
La cuarta pieza que debemos vestir es la “humildad.”
A través de los tiempos el hombre ha visto esto como una
debilidad o como una especie señal de esclavitud, y
debido a esto ignoran por completo lo que el Señor nos
enseña acerca de éste tema según encontramos en
Mateo 11:29 cuando leemos
“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que
soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso
para vuestras almas.” Muchos son los que ven la
humildad como una señal de debilidad, pero la verdad es
que no es una debilidad sino que es una virtud. La
humildad es la virtud que nos permite deshacernos de
nuestra arrogancia, y nos permite rendirnos
completamente a Dios. La humildad es la que nos permite
que reconozcamos nuestras limitaciones y debilidades, y
nos conduce a confiar completamente en el poder de
Dios.
La quinta pieza que debemos vestir es la “mansedumbre”.
Ésta vestimenta va conjuntamente con la humildad, y es
visto por muchos como una debilidad. Esto sucede porque
una persona que demuestra mansedumbre es una persona
noble, humilde, y considerada. Una persona que
demuestra mansedumbre es una persona amistosa que
genuinamente ama la paz y aquellos que le rodean. Pero
esto nunca debe ser confundido por una debilidad sino
tiene que ser visto por lo que es, una fortaleza de
Dios. La mansedumbre es lo que permite que podamos
escuchar la Palabra de Dios y conozcamos Sus caminos.
Esto es algo que queda muy bien reflejado en
Santiago 1:21 cuando
leemos “Por lo cual, desechando toda inmundicia y
abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la
palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”
La sexta pieza es la “paciencia.” Ésta
vestimenta también es de suma importancia porque la
realidad de todo es que
el ser humano es impaciente. Existen algunos que son más
pacientes que otros, pero tarde o temprano a todos se
nos agota la paciencia. Tarde o temprano llega el
momento cuando no queremos esperar más y hacemos las
cosas por nuestra propia voluntad y de la manera que
pensamos que es mejor. Pero lo que sucede es que la
impaciencia con frecuencia detiene que obtengamos las
bendiciones de Dios. Ser paciente en ocasiones es algo
difícil, pero cuando esperamos en Dios siempre
recibiremos fuerzas nuevas, siempre recibiremos las
bendiciones que Él tiene para nosotros. Fíjense como
esto es algo que queda muy bien reflejado en
Isaías 40:31 cuando
leemos, “pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas
fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y
no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”
Cuando esperamos en Dios, cuando demostramos paciencia,
recibiremos la bendición que Él tiene para nosotros en
el debido tiempo. Esto es algo que queda muy claramente
declarado en Gálatas 6:9
cuando leemos “No nos cansemos, pues, de hacer bien;
porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” La
paciencia es lo que permite que esperemos en Dios y
recibamos las bendiciones. Dile a la persona que tienes
a tu lado, no te impacientes.
La séptima pieza es la tolerancia. La Palabra nos dice
“soportándoos
unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno
tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os
perdonó, así también hacedlo vosotros.”
La palabra “soportándoos” empleada aquí viene de la
palabra Griega “aneko” que significa “tolerar, soportar,
apoyar, respaldar.” [2] Pero ésta pieza es
una que en ocasiones a muchos se nos olvida vestir. Una
gran realidad es que existen numerosas cosas de cada uno
de nosotros que otras personas tienen que tolerar. Una
gran realidad es que ninguno de nosotros somos perfectos
y todos estamos llenos de defectos. Todos nosotros aquí
tenemos algo que le puede desagradar a otra persona,
quizás sea alguna debilidad, algún tipo de
comportamiento feo, algún mal habito, en si, numerosas
cosas que pueden desagradar a aquellos que nos rodean.
Pero como creyentes estamos llamados a vestir la
vestimenta de tolerancia. Nunca podemos olvidar ésta
pieza en nuestro armario porque ésta pieza es la que
permite que podamos vivir en armonía y paz. Ésta pieza
es la que nos permite que podamos perdonar las ofensas
de otros. Todos tenemos defectos, pero cuando
aprendemos a tolerarnos entonces es como nos dice la
Palabra en Filipenses 4:7
cuando leemos “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros
pensamientos en Cristo Jesús.”
La octava y ultima pieza es el “amor.” La Palabra
nos dice, “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor,
que es el vínculo perfecto.” Hermanos, la santidad,
misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre,
paciencia y tolerancia son las vestimentas de Dios, y el
amor es el hilo usado para cocer y sujetar todo en
lugar.
La palabra “amor” usada aquí viene de la palabra griega
“agapao” o como mejor se conoce ágape. Ahora bien, algo
muy importante a notar es que el idioma griego tiene
varias palabras para describir éste sentimiento tan
fuerte. Una palabra describe el amor que se siente por
un familiar, otra para describir el amor físico y
demás. Pero la palabra “ágape” usada aquí no es usada
para definir afección, emoción, o pasión. La palabra
“ágape” significa benevolencia, y buenos deseos [2].
¿Por qué debemos hacer ésta distinción en las palabras?
Es necesario que hagamos ésta distinción porque éste
pequeño detalle nos revela lo que el Señor nos está
enseñando en estos versículos; el Señor nos está
enseñando que tenemos que ser benevolentes y solo desear
lo bueno aun para aquellos que nos ofenden o hieren.
Cuando nos vestimos con la vestimenta del amor ágape
entonces podemos cumplir con la misión que Dios nos ha
encomendado.
¿Por qué tanta importancia al amor? La respuesta la
encontramos en 1 Corintios
13:4-7 cuando leemos, “El amor es sufrido, es
benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es
jactancioso, no se envanece; 5no hace nada
indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor; 6no se goza de la injusticia, mas se
goza de la verdad. 7Todo lo sufre, todo lo
cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
Para concluir.
Una gran realidad es que todo creyente se encuentra en
medio de la guerra espiritual. A diario todos luchamos
de una forma u otra en contra de los poderes de las
tinieblas que tratan de separarnos de la voluntad de
Dios; que tratan de separarnos de la presencia de
nuestro Salvador. Pero una gran realidad también es que
nosotros no fuimos abandonados, y no estamos
desamparados. Todo creyente fiel ha recibido el
armamento adecuado para que podamos soportar todo ataque
del enemigo, y para que podamos obtener la victoria.
Todos aquí tenemos la armadura de Dios a nuestro alcance
y es algo que siempre debemos tener puesto. Pero
desdichadamente éste armamento no es usado por muchos,
sino que queda tirado e ignorado por una esquina
colectando polvo. ¿Por qué sucede esto? Esto sucede
porque existen muchos que se han enfrentado a la batalla
con el armamento puesto, pero que no han podido dar la
buena batalla. No se han sentido cómodos y confiados.
¿Por qué no han podido usar el armamento más poderoso
que existe en el universo? No lo han podido usar porque
han tratado de ponérselo y usarlo sin antes quitarse los
trapos de inmundicia que tenían puesto. La Palabra nos
dice “Vestíos,
pues, como escogidos de Dios.”
Desásete hoy de todas esas cosas que desagradan a Dios,
y vístete como Él desea. Escoge hoy la nueva vestimenta
que Dios te proporciona, y veras que bien te quedara tu
armadura.
[1] The Wilkinson & Boa Bible Handbook
[2] Blue Letter Bible Lexicon
© Copyright José R. Hernández