Inicio
 El Obispo
 Sermones
 Buscador
 Nuestra Visión
 Declaración de Fe
 Iglesias
 Fotos
 Libro de Visitas
 Contáctenos
 Donaciones
 
 
 
Donaciones Contáctenos

Suscripción

 
 
Obispo José R. Hernández

Como niños

La semana pasada exploramos un tema que nos hizo reflexionar a todos en cuanto a como vemos las cosas.  Si se acuerdan, les dije que una gran realidad es que todos vemos las cosas de diferentes maneras.  Es decir todo vemos las cosas basado en nuestras experiencias y opiniones. Pero esto es algo que en la mayoría de las ocasiones le facilita al enemigo una entrada en nuestra vida. En otras palabras, le facilita al enemigo la oportunidad de encerrarnos en prisiones de preocupación y tristeza para que no alcancemos ver la gloria de Dios.  Es por ésta razón que hoy deseo que examinemos éste tema más de cerca.  Hoy deseo que aprendamos lo simple que es alcanzar ver la gloria de Dios en todo momento.  Hoy estaremos explorando el secreto de cómo mantener una fe que agrada a Dios.  Pasemos ahora a la Palabra de Dios. 

Lucas 18:15-17 - Traían a él los niños para que los tocase; lo cual viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 17De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 

Estoy seguro que la mayoría de ustedes, sino todos, han leído estos versículos en numerosas ocasiones, pero también creo que muchos no se han dado cuenta de la importancia tan grande que existe en ellos.  Digo porque cuando nos limitamos a solamente leer los versículos, y no tomamos el tiempo de meditar en ellos, lo único que recibiremos de ellos es que al Señor le traían niños para que Él orare por ellos.  También recibiéremos que los discípulos no actuaron de una manera debida, es decir, ellos reprendían a las personas por traerle los niños.  Y descubriremos que Él Señor nos enseña que los niños también necesitan de nuestras oraciones.  Pero todo esto es lo que podemos recibir y apreciar a primera vista, en otras palabras, esto es lo evidente, pero aquí en estos versículos existe un mensaje muy profundo acerca del caminar Cristiano.  Encerrado en estos versículos encontramos la llave para abrir nuestro entendimiento y alcanzar ver la gloria de Dios en todo momento.  ¿Cómo así?  Continuemos ahora con nuestro estudio para descubrir lo que les hablo.

Aquí leemos que Él Señor nos dice: …Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.”  Pero, ¿qué nos está diciendo el Señor con esto?  ¿Nos está diciendo que nos tenemos que mantener niños espiritualmente?  La respuesta es No.  No podemos dejar de crecer, ya que esto seria una anormalidad.   Pero desdichadamente esto algo que se manifiesta con mucha frecuencia en el pueblo de Dios.  Esto por supuesto no es un problema nuevo o moderno, en realidad es algo que ha afectado a la iglesia desde el inicio.  Fíjense bien en lo que encontramos en Hebreos 5:11-14 cuando leemos “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.”   Como les dije no es un problema nuevo o moderno, es un problema que ha afectado la iglesia desde el inicio y en estos versículos encontramos por qué se detiene el crecimiento espiritual en muchos.  La razón principal es que no queremos escuchar o no prestamos atención a cuando Dios nos habla.  Pero, ¿por qué sucede esto?

Lo que sucede en la mayoría de los casos es que las personas se proponen leer la Biblia, pero pronto se aburren y la dejan porque no alcanzan entender el significado de algunas cosas.  No alcanzan entender algunas o la mayoría de las cosas debido a que cometen un gran error, y éste error es que leen la Biblia.  Seguramente que la mayoría de ustedes ya están pensando que me he vuelto loco, porque les acabado de decir que el problema está en que lean la Biblia, pero les puedo decir confiadamente que leer la Biblia es un grave problema. 

Digo que leer la Biblia es un grave problema porque la realidad de todo es que ninguna persona puede obtener el significado de la Palabra de Dios con simplemente leerla. Para poder escuchar la voz de Dios que nos habla claramente, y para poder obtener el significado de la Palabra de Dios para con nosotros, entonces tenemos que estudiarla, meditar en ella, y más importante de todo, tenemos que aplicarla en nuestro diario vivir.  De no hacer esto, entonces se nos hará muy difícil poder entender lo que Dios quiere con nosotros.  Se nos hará muy difícil llegar a conocer el verdadero significado de Su mensaje.  Demás esta decir que una vez que esto sucede, entonces nuestro crecimiento espiritual se detiene.  Pero la triste realidad de todo es que la mayoría de los creyentes detienen su crecimiento espiritual intencionalmente.  Muchos dejan de crecer espiritualmente porque no quieren asumir las responsabilidades y obligaciones que un creyente maduro asume.  La mayoría del pueblo de Dios está completamente contento y cómodo en el conocimiento que tendremos vida eterna, y en que Cristo murió por nuestros pecados.  En otras palabras, están completamente cómodos en las enseñanzas básicas.  Pero los principios básicos de Jesucristo no son para que nos acomodemos y nos sentemos sobre ellos; los principios básicos de Jesucristo son para que construyamos sobre ellos.  Esto es algo que queda claramente declarado por el Señor en Mateo 7:24 cuando leemos “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.”  Así que cuando mantenemos ésta enseñanza de nuestro Señor en mente al leer los versículos que estamos estudiando en el día de hoy, no se nos hace difícil entender que cuando Jesús les dijo esto a los apóstoles, Él no estaba diciéndoles ni implicando que el creyente tiene que permanecer como un niño espiritualmente, la realidad es que tenemos que crecer espiritualmente.  Pero la pregunta que seguramente algunos ya han formulado es, ¿qué nos está diciendo el Señor aquí?  Para poder responder esa pregunta tendremos que analizar tres características muy especiales de un niño.  Un niño confía implícitamente, un niño esta dispuesto a aprender, y un niño ama incondicionalmente.

La primera característica de un niño es que confía implícitamente.  Muchos aquí que somos padres de familias sabemos que ésta es una gran realidad.  Nunca se me olvidara una vez que mi hijo cuando tenía solo unos siete u ocho años de edad me hizo una pregunta acerca de un personaje muy reconocido en la música; él me pregunto que ¿como había ésta persona obtenido tanta fama?   La realidad es que yo no tenia ni la menor idea de la respuesta, así que le conteste en forma de broma, y lo que le dije no era nada cierto.  Le dije que el cantante había obtenido gran fama rápidamente porque él cantaba disfrazado con un traje de bailarina, y se ponía una nariz roja y grande de payazo, así que el público lo reconocía e iban a ver sus conciertos para ver el espectáculo. Les puedo decir que después de esa conversación no pensé más en el asunto hasta que un día mi hijo llego a la casa de la escuela muy triste, y al preguntarle que le pasaba, él me contó que había pasado un gran bochorno en su clase de música.  Resulta ser que en la clase de música surgió el tema de éste cantante tan famoso, y el maestro pregunto quien sabia como y cuando había éste cantante obtenido su fama.  Mi hijo fue el primero en levantar su mano y fue seleccionado por el maestro.  Pero, al dar la respuesta que él había obtenido de mí, me contó que todos le habían mirado con una cara muy rara y se habían reído de él.  No se pueden imaginar lo mal que esto me hizo sentir.

Hermanos, los niños confían en lo que le decimos sin dudar, pero desdichadamente esto es algo que muchos cristianos no logran hacer.  Muchos proclaman que confían en Dios, que confían en nuestro Padre celestial implícitamente, pero en realidad éste no es el caso.  No les digo que no confiemos en Dios nunca, pero si les digo que existen numerosas personas que dudan más de lo que confían.  Es por eso que el Señor también duda de lo que pueda hallar en la tierra cuando regrese.  Fíjense bien como esto queda muy bien declarado por el Señor en Lucas 18:8 cuando leemos “Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”  La fe, en otras palabras, confiar en Dios en todo momento, es algo esencial en la vida de todo creyente.  Si queremos vivir vidas victoriosas, nuestra fe no puede ser una que se bandee de un extremo a otro, nuestra fe tiene que ser constante y firme.  Sé que en ocasiones debido a las circunstancias o situaciones a nosotros se nos hace difícil mantenernos firmes; se nos dificulta cuando tenemos que pasar por situaciones difíciles, pero fíjense bien que dije que es difícil, pero no dije que es imposible.  No es imposible porque todo creyente tiene a quien acudir en todo momento para recibir fortaleza.  Todo creyente puede decir y tiene que saber lo que encontramos en Filipenses 4:13 cuando leemos “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” 

Continuando con nuestro estudio encontramos que la segunda característica de un niño es que siempre está dispuesto a aprender.  Les pregunto, ¿cuántos han escuchado esa pregunta tan famosa “por qué?” de nuestros hijos. Ésta es la pregunta sin fin, ya que una vez que contestamos el primer “por qué” siempre es seguido por el segundo y el tercero y por mucho que expliquemos siempre surge otro “y por qué”.  Pero ésta tan insignificante pregunta es la que nos demuestra ésta característica tan especial de los niños; nos demuestra el apetito que ellos tienen de aprender y conocer.  Pero desdichadamente ésta característica es una que muchos dentro del pueblo de Dios carecen.  Y esto es algo que sucede porque existen muchos que al enfrentarse a problemas, situaciones, o momentos difíciles cierran su mente y no están dispuestos a aprender.  Tal parece que desconocen o se les olvida lo que encontramos en Romanos 5:3 cuando leemos “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia.”  Y una vez que ignoramos esto, entonces dejamos de buscar más de Dios, y no podemos ver Su rostro en todo lo que abarca nuestro diario vivir.  Algo que les he dicho en numerosas ocasiones, y que nunca me cansare de repetir es que una vez que llegamos a los caminos del Señor, un cambio radical tiene que suceder en todo lo que somos.  Pero el problema está en que muchos no están dispuestos a cambiar.  Existen muchos que no están dispuestos a cambiar porque el cambio es algo que asusta a muchas personas, y es algo que es resistido en casi toda ocasión.  Esto es algo que toda persona que desarrolla un papel de líder ha experimentado.  Digo esto porque todo líder o administrador al tratar de introducir un cambio siempre ha escuchado mil razones por la que no se puede hacer lo que pide.  Todos suelen decir, todo estaba bien hasta ahora, no vamos a cambiar nada.  Pero la gran realidad del caso es que esto nunca puede ser aplicado a la vida de un creyente.  En la vida de todo creyente tiene que suceder un cambio drástico porque si esto no sucede, entonces le será muy fácil al enemigo encerrarnos en las prisiones de “¿por qué a mí?” y dejaremos de preguntarle a nuestro Padre “¿por qué?”  Ésta pregunta a nuestro Padre es de suma importancia porque en todo lo que nos sucede, ya sea bueno o malo, siempre existe algo que debemos aprender.  No podemos dejarnos encerrar en la ignorancia, no podemos dejarnos encerrar en una prisión de sufrimiento, tenemos que aprender nuestra lección en todo.  Tenemos que estar dispuestos a aprender para poder alcanzar ver la gloria de Dios.

Continuando con nuestro estudio encontramos que la tercera característica de un niño es que ama incondicionalmente.  Ésta es una característica que yo he alcanzado ver con mucha frecuencia, y en ocasiones con mucho dolor.  Les digo esto porque en mi trabajo secular yo he presenciado cosas que no todos resistirían; he presenciado cosas bastante desagradables y bien feas.  Digo esto porque durante mi carrera he encontrado que no es fuera de lo común investigar casos donde los niños son las victimas; victimas de abusos físicos y mentales, y en la mayoría de los casos han sufrido estos abusos en las manos de sus mismos padres.  Pero lo más interesante de todo es que cuando se toma acción, es decir cuando tratamos de apartar al niño del padre o la madre que le abusa, el niño sufre y llora porque no desea ser apartado de ellos.  ¿Por qué sucede esto?  Esto sucede porque el amor de un niño es mucho mayor que cualquier sufrimiento o aflicción, y tal es el amor de Dios por nosotros, y éste es el amor que Dios quiere que nosotros sintamos por Él en todo momento.  Desde el inicio del mundo el hombre le ha faltado a Dios; desde el inicio del mundo el hombre ha puesto condiciones en su amor; ¡Gloria a Dios! que Él no lo hace como nosotros.  Siendo pecadores, siendo malos, Él nos ama dé tal manera que siempre esta dispuesto a perdonar nuestras ofensas.  Pero el hombre no obra de la misma manera, nosotros amamos condicionalmente.  Si NO nos ofenden, amamos; si nos llevamos bien, amamos; si la situación no está muy difícil, amamos; si no se demanda mucho de nosotros, amamos; pero si estas condiciones NO existen, protestamos.  Muchos en el pueblo de Dios profesan amar a Dios, pero continúan conduciendo una vida de pecado.  Ahora pregunto, ¿podemos decir honestamente que amamos a una persona a quien herimos intencionalmente a diario?  La respuesta es ¡NO!  La respuesta es no porque cuando se ama realmente entonces buscamos por todos los medios habidos y por haber de nunca herir a esa persona.  Entonces, ¿cómo se puede decir que amamos a Dios si continuamos conduciendo una vida de pecado?, la realidad es que se puede decir, pero no es la verdad.  Hermanos, el amor incondicional es un amor que vence toda oposición, es un amor que no tiene límites ni barreras, y es el amor que Dios desea recibir de Su pueblo.  Él busca que le amemos en todo momento, Él busca que amemos Su obra, y Él busca que nos amemos los unos a los otros de la misma manera. 

Para concluir.  La Palabra nos dice: “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.”  Recordemos siempre que con esto Él NO nos dice que nos mantengamos como niños.  Esto es porque en la niñez también existe la inocencia, y nosotros no estamos llamados a permanecer en la inocencia, sino que estamos llamados a ser sabios.  Fíjense bien como esto es algo que queda bien reflejado en Mateo 10:16 cuando leemos “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.”  La Palabra “prudentes” usada aquí viene de la palabra griega “phronimos” que es definida como “inteligencia, sabiduría.” [1] Hermanos si queremos ver la gloria de Dios en todo entonces tenemos que crecer, tenemos que madurar, tenemos que abrir nuestros ojos y ver donde está el peligro, pero también tenemos que retener algunas de las características de los niños. Primero; tenemos que confiar implícitamente en nuestro Padre celestial y tener una fe inmovible.  Demostrar lo que encontramos en Hebreos 11:1 cuando leemos “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”  Segundo; tenemos que estar dispuestos ha aprender no obstante la situación.  Aprender de nuestros errores al igual que de nuestras buenas obras; y más importante de todo, aprender cual es la voluntad de Dios en nuestra vida.  Tenemos que buscar aprender cual es el propósito de Dios para cada uno de nosotros.  Tercero; tenemos que amar incondicionalmente; es fácil amar cuando todo va bien, ¿verdad?  Pero, ¿amamos igual cuando las cosas no funcionan de la manera que queremos o pensamos debieran funcionar?, esa pregunta se las dejo para que se la respondan a ustedes mismos.  Recibamos pues el reino de Dios confiando en Él para todo, dispuestos a aprender, y más importante que todo, amando incondicionalmente.  Recordemos siempre lo que nos dijo el Señor como encontramos en Mateo 22:37-39 cuando leemos “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38Este es el primero y grande mandamiento. 39Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”  Recordemos que solo por su amor incondicional estamos nosotros todos reunidos aquí. 

[1] Blue Letter Bible Lexicon

© Copyright José R. Hernández

  

Imprimir sin gráficos

 
email: José R. Hernández
 

  © Copyright El Nuevo Pacto Corporation. All Rights Reserved.