Como niños
La semana pasada exploramos un tema que nos hizo
reflexionar a todos en cuanto a como vemos las cosas.
Si se acuerdan, les dije que una gran realidad es que
todos vemos las cosas de diferentes maneras. Es decir
todo vemos las cosas basado en nuestras experiencias y
opiniones. Pero esto es algo que en la mayoría de las
ocasiones le facilita al enemigo una entrada en nuestra
vida. En otras palabras, le facilita al enemigo la
oportunidad de encerrarnos en prisiones de preocupación
y tristeza para que no alcancemos ver la gloria de Dios.
Es por ésta razón que hoy deseo que examinemos éste
tema más de cerca. Hoy deseo que aprendamos lo simple
que es alcanzar ver la gloria de Dios en todo momento.
Hoy estaremos explorando el secreto de cómo mantener una
fe que agrada a Dios. Pasemos ahora a la Palabra de
Dios.
Lucas 18:15-17
- Traían a él los niños para que los tocase; lo cual
viendo los discípulos, les reprendieron. 16Mas
Jesús, llamándolos, dijo: Dejad a los niños venir a mí,
y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de
Dios. 17De cierto os digo, que el que no
recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él.
Estoy seguro que la mayoría de ustedes, sino todos, han
leído estos versículos en numerosas ocasiones, pero
también creo que muchos no se han dado cuenta de la
importancia tan grande que existe en ellos. Digo porque
cuando nos limitamos a solamente leer los versículos, y
no tomamos el tiempo de meditar en ellos, lo único que
recibiremos de ellos es que al Señor le traían niños
para que Él orare por ellos. También recibiéremos que
los discípulos no actuaron de una manera debida, es
decir, ellos reprendían a las personas por traerle los
niños. Y descubriremos que Él Señor nos enseña que los
niños también necesitan de nuestras oraciones. Pero
todo esto es lo que podemos recibir y apreciar a primera
vista, en otras palabras, esto es lo evidente, pero aquí
en estos versículos existe un mensaje muy profundo
acerca del caminar Cristiano. Encerrado en estos
versículos encontramos la llave para abrir nuestro
entendimiento y alcanzar ver la gloria de Dios en todo
momento. ¿Cómo así? Continuemos ahora con nuestro
estudio para descubrir lo que les hablo.
Aquí leemos que Él Señor nos dice: “…Dejad
a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de
los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que el
que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará
en él.” Pero, ¿qué nos está diciendo el Señor con
esto? ¿Nos está diciendo que nos tenemos que mantener
niños espiritualmente? La respuesta es No. No podemos
dejar de crecer, ya que esto seria una anormalidad.
Pero desdichadamente esto algo que se manifiesta con
mucha frecuencia en el pueblo de Dios. Esto por
supuesto no es un problema nuevo o moderno, en realidad
es algo que ha afectado a la iglesia desde el inicio.
Fíjense bien en lo que encontramos en
Hebreos 5:11-14 cuando
leemos “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y
difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos
para oír. 12Porque debiendo ser ya maestros,
después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os
vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de
las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que
tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.
13Y todo aquel que participa de la leche es
inexperto en la palabra de justicia, porque es niño;
14pero el alimento sólido es para los que han
alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los
sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del
mal.” Como les dije no es un problema nuevo o
moderno, es un problema que ha afectado la iglesia desde
el inicio y en estos versículos encontramos por qué se
detiene el crecimiento espiritual en muchos. La razón
principal es que no queremos escuchar o no prestamos
atención a cuando Dios nos habla. Pero, ¿por qué sucede
esto?
Lo que sucede en la mayoría de los
casos es que las personas se proponen leer la Biblia,
pero pronto se aburren y la dejan porque no alcanzan
entender el significado de algunas cosas. No alcanzan
entender algunas o la mayoría de las cosas debido a que
cometen un gran error, y éste error es que leen la
Biblia. Seguramente que la mayoría de ustedes ya están
pensando que me he vuelto loco, porque les acabado de
decir que el problema está en que lean la Biblia, pero
les puedo decir confiadamente que leer la Biblia es un
grave problema.
Digo que leer la Biblia es un grave problema porque la
realidad de todo es que ninguna persona puede obtener el
significado de la Palabra de Dios con simplemente
leerla. Para poder escuchar la voz de Dios que nos habla
claramente, y para poder obtener el significado de la
Palabra de Dios para con nosotros, entonces tenemos que
estudiarla, meditar en ella, y más importante de todo,
tenemos que aplicarla en nuestro diario vivir. De no
hacer esto, entonces se nos hará muy difícil poder
entender lo que Dios quiere con nosotros. Se nos hará
muy difícil llegar a conocer el verdadero significado de
Su mensaje. Demás esta decir que una vez que esto
sucede, entonces nuestro crecimiento espiritual se
detiene. Pero la triste realidad de todo es que la
mayoría de los creyentes detienen su crecimiento
espiritual intencionalmente. Muchos dejan de crecer
espiritualmente porque no quieren asumir las
responsabilidades y obligaciones que un creyente maduro
asume. La mayoría del pueblo de Dios está completamente
contento y cómodo en el conocimiento que tendremos vida
eterna, y en que Cristo murió por nuestros pecados. En
otras palabras, están completamente cómodos en las
enseñanzas básicas. Pero los principios básicos de
Jesucristo no son para que nos acomodemos y nos sentemos
sobre ellos; los principios básicos de Jesucristo son
para que construyamos sobre ellos. Esto es algo que
queda claramente declarado por el Señor en
Mateo 7:24 cuando leemos
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las
hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su
casa sobre la roca.” Así que cuando mantenemos ésta
enseñanza de nuestro Señor en mente al leer los
versículos que estamos estudiando en el día de hoy, no
se nos hace difícil entender que cuando Jesús les dijo
esto a los apóstoles, Él no estaba diciéndoles ni
implicando que el creyente tiene que permanecer como un
niño espiritualmente, la realidad es que tenemos que
crecer espiritualmente. Pero la pregunta que
seguramente algunos ya han formulado es, ¿qué nos está
diciendo el Señor aquí? Para poder responder esa
pregunta tendremos que analizar tres características muy
especiales de un niño. Un niño confía implícitamente,
un niño esta dispuesto a aprender, y un niño ama
incondicionalmente.
La primera característica de un niño es que confía
implícitamente. Muchos aquí que somos padres de
familias sabemos que ésta es una gran realidad. Nunca
se me olvidara una vez que mi hijo cuando tenía solo
unos siete u ocho años de edad me hizo una pregunta
acerca de un personaje muy reconocido en la música; él
me pregunto que ¿como había ésta persona obtenido tanta
fama? La realidad es que yo no tenia ni la menor idea
de la respuesta, así que le conteste en forma de broma,
y lo que le dije no era nada cierto. Le dije que el
cantante había obtenido gran fama rápidamente porque él
cantaba disfrazado con un traje de bailarina, y se ponía
una nariz roja y grande de payazo, así que el público lo
reconocía e iban a ver sus conciertos para ver el
espectáculo. Les puedo decir que después de esa
conversación no pensé más en el asunto hasta que un día
mi hijo llego a la casa de la escuela muy triste, y al
preguntarle que le pasaba, él me contó que había pasado
un gran bochorno en su clase de música. Resulta ser que
en la clase de música surgió el tema de éste cantante
tan famoso, y el maestro pregunto quien sabia como y
cuando había éste cantante obtenido su fama. Mi hijo
fue el primero en levantar su mano y fue seleccionado
por el maestro. Pero, al dar la respuesta que él había
obtenido de mí, me contó que todos le habían mirado con
una cara muy rara y se habían reído de él. No se pueden
imaginar lo mal que esto me hizo sentir.
Hermanos, los niños confían en lo que le decimos sin
dudar, pero desdichadamente esto es algo que muchos
cristianos no logran hacer. Muchos proclaman que
confían en Dios, que confían en nuestro Padre celestial
implícitamente, pero en realidad éste no es el caso. No
les digo que no confiemos en Dios nunca, pero si les
digo que existen numerosas personas que dudan más de lo
que confían. Es por eso que el Señor también duda de lo
que pueda hallar en la tierra cuando regrese. Fíjense
bien como esto queda muy bien declarado por el Señor en
Lucas 18:8 cuando leemos
“Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga
el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” La fe,
en otras palabras, confiar en Dios en todo momento, es
algo esencial en la vida de todo creyente. Si queremos
vivir vidas victoriosas, nuestra fe no puede ser una que
se bandee de un extremo a otro, nuestra fe tiene que ser
constante y firme. Sé que en ocasiones debido a las
circunstancias o situaciones a nosotros se nos hace
difícil mantenernos firmes; se nos dificulta cuando
tenemos que pasar por situaciones difíciles, pero
fíjense bien que dije que es difícil, pero no dije que
es imposible. No es imposible porque todo creyente
tiene a quien acudir en todo momento para recibir
fortaleza. Todo creyente puede decir y tiene que saber
lo que encontramos en Filipenses
4:13 cuando leemos “Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece.”
Continuando con nuestro estudio encontramos que la
segunda característica de un niño es que siempre está
dispuesto a aprender. Les pregunto, ¿cuántos han
escuchado esa pregunta tan famosa “por qué?” de nuestros
hijos. Ésta es la pregunta sin fin, ya que una vez que
contestamos el primer “por qué” siempre es seguido por
el segundo y el tercero y por mucho que expliquemos
siempre surge otro “y por qué”. Pero ésta tan
insignificante pregunta es la que nos demuestra ésta
característica tan especial de los niños; nos demuestra
el apetito que ellos tienen de aprender y conocer. Pero
desdichadamente ésta característica es una que muchos
dentro del pueblo de Dios carecen. Y esto es algo que
sucede porque existen muchos que al enfrentarse a
problemas, situaciones, o momentos difíciles cierran su
mente y no están dispuestos a aprender. Tal parece que
desconocen o se les olvida lo que encontramos en
Romanos 5:3 cuando leemos
“Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en
las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce
paciencia.” Y una vez que ignoramos esto, entonces
dejamos de buscar más de Dios, y no podemos ver Su
rostro en todo lo que abarca nuestro diario vivir. Algo
que les he dicho en numerosas ocasiones, y que nunca me
cansare de repetir es que una vez que llegamos a los
caminos del Señor, un cambio radical tiene que suceder
en todo lo que somos. Pero el problema está en que
muchos no están dispuestos a cambiar. Existen muchos
que no están dispuestos a cambiar porque el cambio es
algo que asusta a muchas personas, y es algo que es
resistido en casi toda ocasión. Esto es algo que toda
persona que desarrolla un papel de líder ha
experimentado. Digo esto porque todo líder o
administrador al tratar de introducir un cambio siempre
ha escuchado mil razones por la que no se puede hacer lo
que pide. Todos suelen decir, todo estaba bien hasta
ahora, no vamos a cambiar nada. Pero la gran realidad
del caso es que esto nunca puede ser aplicado a la vida
de un creyente. En la vida de todo creyente tiene que
suceder un cambio drástico porque si esto no sucede,
entonces le será muy fácil al enemigo encerrarnos en las
prisiones de “¿por qué a mí?” y dejaremos de preguntarle
a nuestro Padre “¿por qué?” Ésta pregunta a nuestro
Padre es de suma importancia porque en todo lo que nos
sucede, ya sea bueno o malo, siempre existe algo que
debemos aprender. No podemos dejarnos encerrar en la
ignorancia, no podemos dejarnos encerrar en una prisión
de sufrimiento, tenemos que aprender nuestra lección en
todo. Tenemos que estar dispuestos a aprender para
poder alcanzar ver la gloria de Dios.
Continuando con nuestro estudio encontramos que la
tercera característica de un niño es que ama
incondicionalmente. Ésta es una característica que yo
he alcanzado ver con mucha frecuencia, y en ocasiones
con mucho dolor. Les digo esto porque en mi trabajo
secular yo he presenciado cosas que no todos
resistirían; he presenciado cosas bastante desagradables
y bien feas. Digo esto porque durante mi carrera he
encontrado que no es fuera de lo común investigar casos
donde los niños son las victimas; victimas de abusos
físicos y mentales, y en la mayoría de los casos han
sufrido estos abusos en las manos de sus mismos padres.
Pero lo más interesante de todo es que cuando se toma
acción, es decir cuando tratamos de apartar al niño del
padre o la madre que le abusa, el niño sufre y llora
porque no desea ser apartado de ellos. ¿Por qué sucede
esto? Esto sucede porque el amor de un niño es mucho
mayor que cualquier sufrimiento o aflicción, y tal es el
amor de Dios por nosotros, y éste es el amor que Dios
quiere que nosotros sintamos por Él en todo momento.
Desde el inicio del mundo el hombre le ha faltado a
Dios; desde el inicio del mundo el hombre ha puesto
condiciones en su amor; ¡Gloria a Dios! que Él no lo
hace como nosotros. Siendo pecadores, siendo malos, Él
nos ama dé tal manera que siempre esta dispuesto a
perdonar nuestras ofensas. Pero el hombre no obra de la
misma manera, nosotros amamos condicionalmente. Si NO
nos ofenden, amamos; si nos llevamos bien, amamos; si la
situación no está muy difícil, amamos; si no se demanda
mucho de nosotros, amamos; pero si estas condiciones NO
existen, protestamos. Muchos en el pueblo de Dios
profesan amar a Dios, pero continúan conduciendo una
vida de pecado. Ahora pregunto, ¿podemos decir
honestamente que amamos a una persona a quien herimos
intencionalmente a diario? La respuesta es ¡NO! La
respuesta es no porque cuando se ama realmente entonces
buscamos por todos los medios habidos y por haber de
nunca herir a esa persona. Entonces, ¿cómo se puede
decir que amamos a Dios si continuamos conduciendo una
vida de pecado?, la realidad es que se puede decir, pero
no es la verdad. Hermanos, el amor incondicional es un
amor que vence toda oposición, es un amor que no tiene
límites ni barreras, y es el amor que Dios desea recibir
de Su pueblo. Él busca que le amemos en todo momento,
Él busca que amemos Su obra, y Él busca que nos amemos
los unos a los otros de la misma manera.
Para concluir.
La Palabra nos dice: “De cierto os digo, que el que
no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en
él.” Recordemos siempre que con esto Él NO nos dice
que nos mantengamos como niños. Esto es porque en la
niñez también existe la inocencia, y nosotros no estamos
llamados a permanecer en la inocencia, sino que estamos
llamados a ser sabios. Fíjense bien como esto es algo
que queda bien reflejado en
Mateo 10:16 cuando leemos “He aquí, yo os
envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues,
prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.”
La Palabra “prudentes” usada aquí viene de la palabra
griega “phronimos” que es definida como “inteligencia,
sabiduría.” [1] Hermanos si queremos ver la
gloria de Dios en todo entonces tenemos que crecer,
tenemos que madurar, tenemos que abrir nuestros ojos y
ver donde está el peligro, pero también tenemos que
retener algunas de las características de los niños.
Primero; tenemos que confiar implícitamente en nuestro
Padre celestial y tener una fe inmovible. Demostrar lo
que encontramos en Hebreos 11:1
cuando leemos “Es, pues, la fe la certeza de lo que
se espera, la convicción de lo que no se ve.”
Segundo; tenemos que estar dispuestos ha aprender no
obstante la situación. Aprender de nuestros errores al
igual que de nuestras buenas obras; y más importante de
todo, aprender cual es la voluntad de Dios en nuestra
vida. Tenemos que buscar aprender cual es el propósito
de Dios para cada uno de nosotros. Tercero; tenemos que
amar incondicionalmente; es fácil amar cuando todo va
bien, ¿verdad? Pero, ¿amamos igual cuando las cosas no
funcionan de la manera que queremos o pensamos debieran
funcionar?, esa pregunta se las dejo para que se la
respondan a ustedes mismos. Recibamos pues el reino de
Dios confiando en Él para todo, dispuestos a aprender, y
más importante que todo, amando incondicionalmente.
Recordemos siempre lo que nos dijo el Señor como
encontramos en Mateo 22:37-39
cuando leemos “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente. 38Este es el primero y grande
mandamiento. 39Y el segundo es semejante:
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Recordemos
que solo por su amor incondicional estamos nosotros
todos reunidos aquí.
[1] Blue Letter Bible Lexicon
© Copyright José R. Hernández