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Obispo José R. Hernández

Ayúdate que Dios te ayudara

Estaba hablando con un amigo en el trabajo el otro día y él me dijo algo que me dejo pensando. Él me dijo algo semejante a “es como nos dice la Biblia, "ayúdate que Dios de ayudara."  ¿Cuántos han escuchado esa frase alguna vez?  Les puedo decir que yo la he escuchado en numerosas ocasiones, pero aunque suena muy bonita y correcta, no es algo que puede ser encontrado en la Biblia.  Pero no obstante esto, decidí buscar con más profundidad el tema, y creo haber encontrado de donde pudo haber originado ésta frase tan popular.  Creo haber encontrado el origen de ésta frase que tantos usan a diario, y deseo compartirla con ustedes en el día de hoy.  Pasemos ahora a la lectura de la Palabra y exploremos éste tema.

Marcos 10:17-22 - Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.

Es mi opinión que ésta frase tan popular origino de la interpretación de estos versículos.  Digo esto porque creo sin duda alguna que en ellos encontramos que Dios ayuda y bendice a todos aquellos que primero se ayudan.  ¿Qué les quiero decir con esto?  Examinemos estos versículos detalladamente para encontrar la respuesta a esa pregunta, y para determinar si lo que les digo tiene sentido.  Primero de todo debemos tener un conocimiento básico de lo que estaba sucediendo en éste instante.  En éste punto de su ministerio Jesús ya había hecho numerosos milagros; Él había sanado a leprosos, había echado fuera demonios, y había sanado a muchos de diversas enfermedades. Porque el tiempo que compartimos es limitado no les expondré todos los milagros y señales que Él había hecho, pero creo que un buen resumen para comprobar lo que les ha dicho queda bien declarado en Marcos 1:32-34 cuando leemos, “Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; 33y toda la ciudad se agolpó a la puerta. 34Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían.”  Estos y los otros numerosos milagros que Él hizo a través de su ministerio causaron que su fama creciera por día, algo que encontramos claramente expuesto en Marcos 1:28 cuando leemos, “Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.”  Pero ésta fama y reconocimiento produjo una tremenda oposición por los grupos religiosos de éste tiempo, los que comenzaron a obrar para destruirle.  Esto es algo que queda claramente expuesto en Marcos 3:6 cuando leemos, “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle.”  Manteniendo estos breves detalles en mente continuemos ahora con nuestro estudio de hoy.

En los versículos que estamos estudiando en el día de hoy encontramos algo que quizás algunos no han logrado entender completamente.  Aquí leemos, “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.”  Si nos limitamos a solamente leer estos versículos sin profundizar un poco en el asunto, a primera vista aparenta que Jesús reprendió a éste hombre por llamarle “Maestro bueno”, pero en realidad éste no es el caso.  Jesús aquí no le estaba reprendiendo, sino que deseaba que él reconociera que Jesús era mucho más que un maestro.  En otras palabras Él deseaba que éste hombre reconociera que ningún hombre podría jamás pararse ante la presencia de Dios en rectitud.  Es por eso que le dijo, “Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.”  Con esto aquí Jesús le estaba diciendo, si yo soy un simple hombre, un buen maestro, entonces no soy “bueno” y no puedo tener el poder de la vida eterna; sin embargo, si soy Dios, entonces si tengo el poder de la vida eterna.  Así que podemos ver que lo que sucedió aquí no fue una reprensión sino una enseñanza.  Jesús le estaba enseñando lo que encontramos en Juan 14:6-7 cuando leemos, “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. 7Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.” 

Cuando hacemos un contraste entre lo que sucedió en ese entonces y nosotros, creo que todos estaremos de acuerdo cuando digo que no existe mucha diferencia entre éste hombre y muchos de nosotros.  Digo esto porque cuando inicialmente llegamos a los pies de Jesús, todos estábamos ansiosos, estábamos deseosos de saber, estábamos impacientes por conocer más y más. En otras palabras, hicimos lo mismo que hizo éste hombre, corremos hacia Jesús. Es decir, aquí comienza lo que muchos llaman el primer amor, pero el problema está en lo que sucede a continuación del tiempo.  El problema está en que existen muchos que permiten que las circunstancias de ésta vida les robe éste sentimiento tan bello que Dios nos entrega cuando llegamos a Su presencia.  Esto es algo que queda muy bien expresado en Mateo 24:12 cuando leemos, “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.”  Algo que queda muy evidente aquí es que éste hombre tenía un deseo genuino de aprender, y un corazón completamente dispuesto a recibir y es por eso que aquí vemos que Jesús comienza diciéndole, “Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.”  Y éste hombre no titubeo en contestar, “…Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.” Pero ahora debemos preguntarnos, ¿por qué le respondió Jesús de ésta manera inicialmente?  Jesús le respondió de ésta manera inicialmente porque los diez mandamientos de Dios son los que nos guían a conducir una vida moral agradable a Dios.  En otras palabras, los diez mandamientos sirven para enseñarnos entre el bien y el mal. 

Al igual que todos nosotros que estamos aquí, éste hombre conocía la diferencia entre el bien y el mal y había sido criado de manera que obedecía las leyes de Dios. Pero Jesús sabia todo esto cuando Él estaba hablando con éste hombre, pero Él deseaba enseñarle a éste hombre al igual que a todos nosotros hoy en día una lección muy valiosa. Cuando el hombre le contesto a Jesús diciéndole que él cumplía la ley, la Palabra nos dice, “Entonces Jesús, mirándole, le amó.  ¿Por qué sucedió esto?  Esto sucedió porque el Señor escudriño el corazón de éste hombre; el Señor miro muy dentro de él y encontró un corazón dispuesto y genuinamente sincero.  Y porque vio ésta genuina sinceridad y deseo Él le revelo el próximo paso a seguir para que obtuviese el regalo que el Padre nos ha enviado.  Él le dijo y nos dice a todos hoy que seguir los mandamientos de Dios es algo que todos debemos hacer, pero que ahora él tendría que hacer más de eso; el Señor le revelo que ahora él tenia que seguirle.  El Señor le dijo, “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.”  Con éstas palabras aquí Jesús le dijo, "Ayúdate que Dios te ayudara".  ¿No lo pueden ver?  Permítanme ilústrales el punto que deseo hacer de otra manera.

Una gran realidad es que no existe nada malo en ser una persona rica; no existe nada malo en tener mucho dinero o posesiones.  El problema no está en eso, el problema sucede cuando el amor por estas cosas pasa a ser el factor dominante de nuestra vida.  Fíjense bien como esto es algo que queda muy bien declarado en 1 Timoteo 6:10 cuando leemos, “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.”  Una gran realidad es que no todos poseemos grandes riquezas materiales, y que entre nosotros siempre existirán personas pobres.  Esto es algo que el Señor nos deja muy bien declarado en Mateo 26:11 cuando leemos, “Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.”  Siempre existirán personas más pobres o menos afortunadas que nosotros, pero recordemos que no podemos cerrar nuestros ojos a una necesidad.  Y siempre recordemos lo que encontramos en Proverbios 19:17 cuando leemos, “A Jehová presta el que da al pobre, Y el bien que ha hecho, se lo volverá a pagar“.   No todos somos ricos de en cosas materiales, pero somos ricos de muchas otras maneras. Detengámonos aquí por un breve momento para determinar si lo que les digo tiene sentido.  Examinemos la palabra "rico;" ésta palabra no es usada exclusivamente para describir a una persona con mucho dinero. La realidad de todo es que existen numerosos pobres, ricos.  Digo esto porque una persona puede ser considerada pobre de dinero o posesiones materiales, pero a la misma vez puede ser considerada extremadamente rica porque tiene una bella y amorosa familia, hijos, hijas, esposo, esposa. Éstas con cosas que el dinero no puede comprar, y existen muchos ricos en dinero que añoran poder tener.  Una persona puede considerarse pobre de dinero, pero a la misma vez vivir una vida rica y llena de gozo, disfrutando a diario las bendiciones que Dios derrama sobre Su pueblo fiel.  Una persona puede ser pobre en dinero, pero a la misma vez ser rica en tiempo, es decir tener el tiempo disponible para efectuar una buena campaña de evangelización en su vecindario, distribuir tratados en los mercados, y obrar de todo corazón para la obra de Dios.  Pudiéramos seguir explorando ejemplos, pero creo que todos ya entienden muy bien el concepto de que aunque quizás seamos considerados pobres en lo material, tenemos riquezas que el dinero no puede comprar.  Por eso es que existen muchos que aunque ricos en dinero, viven una vida miserable porque no tienen a Jesús en su corazón. 

El Señor le dijo a éste hombre que le faltaba algo, Él le dijo que regalara todas sus riquezas y que le siguiera, “Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.”  Éste hombre no pudo seguir lo que Jesús le indico hacer porque él le dio más valor a las posesiones materiales que al reino de Dios. Éste hombre no pudo seguir lo que Jesús le indicaba porque él no estaba dispuesto a dejar todas las comodidades a las que estaba acostumbrado, y subsecuentemente no pudo seguir al Señor.  En otras palabras el permitió que las cosas de éste mundo ahogaran el deseo genuino que él sintió en su corazón al ver a Jesús. Aprendamos mucho de ésta lección.  Recordemos que nunca podemos permitir que las cosas de éste mundo dominen nuestras decisiones y acciones, sino tenemos que permitir que sea Dios quien éste en control en todo momento. Recordemos que si deseamos recibir las bendiciones de Dios, primero tenemos que comenzar ha ayudarnos a nosotros mismos.  Dile a la persona que tienes a tu lado, ayúdate que Dios te ayudara.  ¿Cómo podemos ayudarnos?  Lo hacemos recordando que nuestro Señor es un perfecto caballero, y que nunca se impondrá en nuestra vida. Nuestro Señor es un perfecto caballero, y Él no entra donde Él no es invitado. Así que el primer paso que tenemos que tomar es arrepentirnos de nuestros pecados, y aceptarle como nuestro Rey y Salvador personal.

El segundo paso que tenemos que dar es tomar el tiempo de conocerle; y esto es algo que solo podremos hacer a través de Su palabra. Tenemos que tomar el tiempo de orar diariamente, tomar el tiempo de alabarle a Él y solo a Él. Tenemos que dejar atrás nuestras riquezas y comodidades, y concentrarnos solo en Él.  Esto quiere decir que tenemos que esforzarnos y asumir nuestra responsabilidad de llevar el evangelio a todas las personas en el mundo sin preocuparnos de cómo o que pensaran de nosotros. Tenemos comenzar ha acumular nuestras riquezas no en la tierra sino en el reino de Dios.  El Señor lo dice bien claro en Mateo 6:19-20 cuando leemos, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.”  La triste realidad es que muchos solo se concentran en lo material, e ignoran la realidad de que todo eso es solo pasajero.  Pero cuando nos concentramos más en lo material que en Dios, entonces el mensaje que estamos enviando es que nuestras necesidades, lujurias y deseos son más importantes que seguir a Jesús. Que todas estas cosas son más importantes que verdaderamente conocerle en toda Su gloria. 

Para concluir. Lo que sucedió en el caso de éste hombre no es muy diferente a lo que le sucede a muchos hoy en día. Éste hombre tenía un gran deseo en su corazón, él reconoció que Jesús era bueno, pero permitió que las circunstancias de éste mundo le detuvieran de conocerle por quien Él era. Éste hombre no quiso deshacerse de sus riquezas y de su comodidad para seguirle. Existen muchos hoy en día que hacen igual; muchos de nosotros reconocemos que Él es nuestro Rey y Salvador, reconocemos que Él es el único que nos puede salvar; pero en muchas ocasiones no estamos dispuestos a deshacernos de nuestras comodidades, y dejar atrás las cosas que bien sabemos que no agradan a Dios. Por eso les digo en el día de hoy "!Ayúdate que Dios te Ayudara!" Tenemos que ayudarnos a nosotros mismos; primero, tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados; segundo, tenemos que limpiar nuestros corazones y empezar a seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo. Todos queremos recibir todas las bendiciones que Dios tiene para nosotros, pero primero tenemos que empezar por ayudarnos. ¿Quieres ser ayudado por Dios? Entonces empieza a ayudarte a ti mismo, empieza por aceptar a Jesucristo como tu Rey y Salvador personal, empieza en creer con toda tu fe que solo Él te puede dar esa paz que todos anhelamos. Y siempre tenemos que estar listos para seguirle sin importar las circunstancias confiando que Él nos guiara. 

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