Ayúdate que Dios te ayudara
Estaba hablando con un amigo en el trabajo el otro día y
él me dijo algo que me dejo pensando. Él me dijo algo
semejante a “es como nos dice la Biblia, "ayúdate que
Dios de ayudara." ¿Cuántos han escuchado esa frase
alguna vez? Les puedo decir que yo la he escuchado en
numerosas ocasiones, pero aunque suena muy bonita y
correcta, no es algo que puede ser encontrado en la
Biblia. Pero no obstante esto, decidí buscar con más
profundidad el tema, y creo haber encontrado de donde
pudo haber originado ésta frase tan popular. Creo haber
encontrado el origen de ésta frase que tantos usan a
diario, y deseo compartirla con ustedes en el día de
hoy. Pasemos ahora a la lectura de la Palabra y
exploremos éste tema.
Marcos 10:17-22
- Al salir él para seguir su camino, vino uno
corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le
preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida
eterna? 18Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas
bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. 19Los
mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes.
No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu
padre y a tu madre. 20El entonces,
respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado
desde mi juventud. 21Entonces Jesús,
mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda,
vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás
tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.
22Pero él, afligido por esta palabra, se fue
triste, porque tenía muchas posesiones.
Es mi opinión que ésta frase tan popular origino de la
interpretación de estos versículos. Digo esto porque
creo sin duda alguna que en ellos encontramos que Dios
ayuda y bendice a todos aquellos que primero se ayudan.
¿Qué les quiero decir con esto? Examinemos estos
versículos detalladamente para encontrar la respuesta a
esa pregunta, y para determinar si lo que les digo tiene
sentido. Primero de todo debemos tener un conocimiento
básico de lo que estaba sucediendo en éste instante. En
éste punto de su ministerio Jesús ya había hecho
numerosos milagros; Él había sanado a leprosos, había
echado fuera demonios, y había sanado a muchos de
diversas enfermedades. Porque el tiempo que compartimos
es limitado no les expondré todos los milagros y señales
que Él había hecho, pero creo que un buen resumen para
comprobar lo que les ha dicho queda bien declarado en
Marcos 1:32-34 cuando
leemos, “Cuando llegó la noche, luego que el sol se
puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a
los endemoniados; 33y toda la ciudad se
agolpó a la puerta. 34Y sanó a muchos que
estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera
muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios,
porque le conocían.” Estos y los otros numerosos
milagros que Él hizo a través de su ministerio causaron
que su fama creciera por día, algo que encontramos
claramente expuesto en Marcos
1:28 cuando leemos, “Y muy pronto se difundió
su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.”
Pero ésta fama y reconocimiento produjo una tremenda
oposición por los grupos religiosos de éste tiempo, los
que comenzaron a obrar para destruirle. Esto es algo
que queda claramente expuesto en
Marcos 3:6 cuando
leemos, “Y salidos los fariseos, tomaron consejo con
los herodianos contra él para destruirle.”
Manteniendo estos breves detalles en mente continuemos
ahora con nuestro estudio de hoy.
En los versículos que estamos estudiando en el día de
hoy encontramos algo que quizás algunos no han logrado
entender completamente. Aquí leemos, “Al salir él
para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la
rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué
haré para heredar la vida eterna? 18Jesús le
dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino
sólo uno, Dios.” Si nos limitamos a solamente leer
estos versículos sin profundizar un poco en el asunto, a
primera vista aparenta que Jesús reprendió a éste hombre
por llamarle “Maestro bueno”, pero en realidad
éste no es el caso. Jesús aquí no le estaba
reprendiendo, sino que deseaba que él reconociera que
Jesús era mucho más que un maestro. En otras palabras
Él deseaba que éste hombre reconociera que ningún hombre
podría jamás pararse ante la presencia de Dios en
rectitud. Es por eso que le dijo, “Ninguno hay
bueno, sino sólo uno, Dios.” Con esto aquí Jesús le
estaba diciendo, si yo soy un simple hombre, un buen
maestro, entonces no soy “bueno” y no puedo tener el
poder de la vida eterna; sin embargo, si soy Dios,
entonces si tengo el poder de la vida eterna. Así que
podemos ver que lo que sucedió aquí no fue una
reprensión sino una enseñanza. Jesús le estaba
enseñando lo que encontramos en
Juan 14:6-7 cuando leemos, “Jesús le dijo: Yo
soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al
Padre, sino por mí. 7Si me conocieseis,
también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le
conocéis, y le habéis visto.”
Cuando hacemos un contraste entre lo que sucedió en ese
entonces y nosotros, creo que todos estaremos de acuerdo
cuando digo que no existe mucha diferencia entre éste
hombre y muchos de nosotros. Digo esto porque cuando
inicialmente llegamos a los pies de Jesús, todos
estábamos ansiosos, estábamos deseosos de saber,
estábamos impacientes por conocer más y más. En otras
palabras, hicimos lo mismo que hizo éste hombre,
corremos hacia Jesús. Es decir, aquí comienza lo que
muchos llaman el primer amor, pero el problema está en
lo que sucede a continuación del tiempo. El problema
está en que existen muchos que permiten que las
circunstancias de ésta vida les robe éste sentimiento
tan bello que Dios nos entrega cuando llegamos a Su
presencia. Esto es algo que queda muy bien expresado en
Mateo 24:12 cuando
leemos, “y por haberse multiplicado la maldad, el
amor de muchos se enfriará.” Algo que queda muy
evidente aquí es que éste hombre tenía un deseo genuino
de aprender, y un corazón completamente dispuesto a
recibir y es por eso que aquí vemos que Jesús comienza
diciéndole, “Los mandamientos sabes: No adulteres. No
mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No
defraudes. Honra a tu padre y a tu madre.” Y éste
hombre no titubeo en contestar, “…Maestro, todo esto
lo he guardado desde mi juventud.” Pero ahora
debemos preguntarnos, ¿por qué le respondió Jesús de
ésta manera inicialmente? Jesús le respondió de ésta
manera inicialmente porque los diez mandamientos de Dios
son los que nos guían a conducir una vida moral
agradable a Dios. En otras palabras, los diez
mandamientos sirven para enseñarnos entre el bien y el
mal.
Al igual que todos nosotros que estamos aquí, éste
hombre conocía la diferencia entre el bien y el mal y
había sido criado de manera que obedecía las leyes de
Dios. Pero Jesús sabia todo esto cuando Él estaba
hablando con éste hombre, pero Él deseaba enseñarle a
éste hombre al igual que a todos nosotros hoy en día una
lección muy valiosa. Cuando el hombre le contesto a
Jesús diciéndole que él cumplía la ley, la Palabra nos
dice, “Entonces Jesús, mirándole, le amó”.
¿Por qué sucedió esto? Esto sucedió porque el Señor
escudriño el corazón de éste hombre; el Señor miro muy
dentro de él y encontró un corazón dispuesto y
genuinamente sincero. Y porque vio ésta genuina
sinceridad y deseo Él le revelo el próximo paso a seguir
para que obtuviese el regalo que el Padre nos ha
enviado. Él le dijo y nos dice a todos hoy que seguir
los mandamientos de Dios es algo que todos debemos
hacer, pero que ahora él tendría que hacer más de eso;
el Señor le revelo que ahora él tenia que seguirle. El
Señor le dijo, “Una cosa te falta: anda, vende todo
lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en
el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.” Con
éstas palabras aquí Jesús le dijo, "Ayúdate que Dios te
ayudara". ¿No lo pueden ver? Permítanme ilústrales el
punto que deseo hacer de otra manera.
Una gran realidad es que no existe nada malo en ser una
persona rica; no existe nada malo en tener mucho dinero
o posesiones. El problema no está en eso, el problema
sucede cuando el amor por estas cosas pasa a ser el
factor dominante de nuestra vida. Fíjense bien como
esto es algo que queda muy bien declarado en
1 Timoteo 6:10 cuando
leemos, “porque raíz de todos los males es el amor al
dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la
fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” Una
gran realidad es que no todos poseemos grandes riquezas
materiales, y que entre nosotros siempre existirán
personas pobres. Esto es algo que el Señor nos deja muy
bien declarado en Mateo 26:11
cuando leemos, “Porque siempre tendréis pobres con
vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.”
Siempre existirán personas más pobres o menos
afortunadas que nosotros, pero recordemos que no podemos
cerrar nuestros ojos a una necesidad. Y siempre
recordemos lo que encontramos en
Proverbios 19:17 cuando
leemos, “A Jehová presta el que da al pobre, Y el
bien que ha hecho, se lo volverá a pagar“. No
todos somos ricos de en cosas materiales, pero somos
ricos de muchas otras maneras. Detengámonos aquí por un
breve momento para determinar si lo que les digo tiene
sentido. Examinemos la palabra "rico;" ésta palabra no es usada
exclusivamente para describir a una persona con mucho
dinero. La realidad de todo es que existen numerosos
pobres, ricos. Digo esto porque una persona puede ser
considerada pobre de dinero o posesiones materiales,
pero a la misma vez puede ser considerada extremadamente
rica porque tiene una bella y amorosa familia, hijos,
hijas, esposo, esposa. Éstas con cosas que el dinero
no puede comprar, y existen muchos ricos en dinero que
añoran poder tener. Una persona puede considerarse
pobre de dinero, pero a la misma vez vivir una vida rica
y llena de gozo, disfrutando a diario las bendiciones
que Dios derrama sobre Su pueblo fiel. Una persona
puede ser pobre en dinero, pero a la misma vez ser rica
en tiempo, es decir tener el tiempo disponible para
efectuar una buena campaña de evangelización en su
vecindario, distribuir tratados en los mercados, y obrar
de todo corazón para la obra de Dios. Pudiéramos seguir
explorando ejemplos, pero creo que todos ya entienden
muy bien el concepto de que aunque quizás seamos
considerados pobres en lo material, tenemos riquezas que
el dinero no puede comprar. Por eso es que existen
muchos que aunque ricos en dinero, viven una vida
miserable porque no tienen a Jesús en su corazón.
El Señor le dijo a éste hombre que le faltaba algo, Él
le dijo que regalara todas sus riquezas y que le
siguiera, “Pero él, afligido por esta palabra, se fue
triste, porque tenía muchas posesiones.” Éste
hombre no pudo seguir lo que Jesús le indico hacer
porque él le dio más valor a las posesiones materiales
que al reino de Dios. Éste hombre no pudo seguir lo que
Jesús le indicaba porque él no estaba dispuesto a dejar
todas las comodidades a las que estaba acostumbrado, y
subsecuentemente no pudo seguir al Señor. En otras
palabras el permitió que las cosas de éste mundo
ahogaran el deseo genuino que él sintió en su corazón al
ver a Jesús. Aprendamos mucho de ésta lección.
Recordemos que nunca podemos permitir que las cosas de
éste mundo dominen nuestras decisiones y acciones, sino
tenemos que permitir que sea Dios quien éste en control
en todo momento. Recordemos que si deseamos recibir las
bendiciones de Dios, primero tenemos que comenzar ha
ayudarnos a nosotros mismos. Dile a la persona que
tienes a tu lado, ayúdate que Dios te ayudara. ¿Cómo
podemos ayudarnos? Lo hacemos recordando que nuestro
Señor es un perfecto caballero, y que nunca se impondrá
en nuestra vida. Nuestro Señor es un perfecto caballero,
y Él no entra donde Él no es invitado. Así que el primer
paso que tenemos que tomar es arrepentirnos de nuestros
pecados, y aceptarle como nuestro Rey y Salvador
personal.
El segundo paso que tenemos que dar es tomar el tiempo
de conocerle; y esto es algo que solo podremos hacer a
través de Su palabra. Tenemos que tomar el tiempo de
orar diariamente, tomar el tiempo de alabarle a Él y
solo a Él. Tenemos que dejar atrás nuestras riquezas y
comodidades, y concentrarnos solo en Él. Esto quiere
decir que tenemos que esforzarnos y asumir nuestra
responsabilidad de llevar el evangelio a todas las
personas en el mundo sin preocuparnos de cómo o que
pensaran de nosotros. Tenemos comenzar ha acumular
nuestras riquezas no en la tierra sino en el reino de
Dios. El Señor lo dice bien claro en
Mateo 6:19-20 cuando
leemos, “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la
polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y
hurtan; 20sino haceos tesoros en el cielo,
donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde
ladrones no minan ni hurtan.” La triste realidad es
que muchos solo se concentran en lo material, e ignoran
la realidad de que todo eso es solo pasajero. Pero
cuando nos concentramos más en lo material que en Dios,
entonces el mensaje que estamos enviando es que nuestras
necesidades, lujurias y deseos son más importantes que
seguir a Jesús. Que todas estas cosas son más
importantes que verdaderamente conocerle en toda Su
gloria.
Para concluir.
Lo que sucedió en el caso de éste hombre no es muy
diferente a lo que le sucede a muchos hoy en día. Éste
hombre tenía un gran deseo en su corazón, él reconoció
que Jesús era bueno, pero permitió que las
circunstancias de éste mundo le detuvieran de conocerle
por quien Él era. Éste hombre no quiso deshacerse de sus
riquezas y de su comodidad para seguirle. Existen muchos
hoy en día que hacen igual; muchos de nosotros
reconocemos que Él es nuestro Rey y Salvador,
reconocemos que Él es el único que nos puede salvar;
pero en muchas ocasiones no estamos dispuestos a
deshacernos de nuestras comodidades, y dejar atrás las
cosas que bien sabemos que no agradan a Dios. Por eso
les digo en el día de hoy "!Ayúdate que Dios te
Ayudara!" Tenemos que ayudarnos a nosotros mismos;
primero, tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados;
segundo, tenemos que limpiar nuestros corazones y
empezar a seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo.
Todos queremos recibir todas las bendiciones que Dios
tiene para nosotros, pero primero tenemos que empezar
por ayudarnos. ¿Quieres ser ayudado por Dios? Entonces
empieza a ayudarte a ti mismo, empieza por aceptar a
Jesucristo como tu Rey y Salvador personal, empieza en
creer con toda tu fe que solo Él te puede dar esa paz que
todos anhelamos. Y siempre tenemos que estar listos para
seguirle sin importar las circunstancias confiando que
Él nos guiara.
© Copyright José R. Hernández